Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

ALGUNAS FIESTAS EN UN LIBRO DE CUENTAS DE MIRABUENO (GUADALAJARA)

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 183.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 183 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


Muchas de las fiestas que los pueblos celebraron en la antigüedad (no muy lejana) se costeaban a través de los bienes denominados de "propios", y ese era el caso, entre otros muchos, de Mirabueno.

En el Ayuntamiento de dicha villa se conserva, sin signatura alguna, un cuadernillo de pocas hojas, sin foliar, que comprende las cuentas que se tomaban a los mayordomos de propios de los años 1805 a 1819.

Las fechas son interesantes ya que entre ellas aparecen comprendidos aquellos años tan desastrosos para los pueblos de España que fueron los de la guerra de la Independencia.

Generalmente las fiestas solían ser siempre las mismas, o al menos las variaciones eran mínimas. Así tenemos que para 1805, fueron las siguientes: San Gregorio, seguramente celebrado por ser uno de los más importantes santos taumaturgos y el voto de la población sería adoptado por su concejo a raíz de algún beneficio conseguido por el pueblo: Posiblemente el que librase las cosechas de la langosta. Sea lo que fuere, el caso es que ese día señalado se repartía vino como caridad, a todos los vecinos, incluido el sacerdote, que recibía un cuartillo. Dicho vino salía de la Renta de la Taberna.

Otra de las fiestas más celebradas era la de Santa Águeda, que tanta tradición ha venido alcanzando como patrona de los lactantes y, por extensión, de todas las mujeres. Hay algo muy interesante en las descripciones de la fiesta, o mejor dicho, en la justificación de las cuentas efectuadas:

"Santa Águeda. Mas la Noche de Santa Águeda se les dio a los mozos catorze rs. según costumbre".

Es decir, que las mujeres nada parece que tuvieran que ver con la fiesta en sí y que realmente eran los mozos quienes debían organizar alguna merendola o cena. En algún otro pueblo de esta misma provincia de Guadalajara, como por ejemplo en Ruguilla (1), los mozos eran los encargados de adornar un macho cabrío con el que recorrían las calles del lugar solicitando ayudas en dinero y especie con que hacer una merienda en la que únicamente podían participar ellos, y uno de cuyos platos, precisamente, era a base de la carne del macho cabrío sacrificado. Al fin y al cabo un rito más de fecundidad masculina que no deja de contener cierta similitud con otras fiestas denominadas de la machorra (2).

Y lo que indica además la cita precedente es que esta entrega monetaria por parte del Ayuntamiento a los mozos, se hacía según costumbre.

A estos gastos habría que añadir los propios de la Semana Santa, que recibían el nombre de Religiosos y Sazerdotes, pues consistían en el pago de las predicaciones y los oficios. Se trata de una de las partidas presupuestarias más elevadas: Si a los mozos se les dio 14 reales, al religioso se le pagan 378. Veintisiete veces más.

Pero, sin lugar a duda, la festividad que más importancia debía tener -y así lo señalan los gastos- era la de Nuestra Señora, a la que, curiosamente, en ningún momento se le denomina "de Mirabueno", actual patrona; el caso es que se destinaron 372 reales, el año de 1805, para correr con los gastos de las veredas para las cruces, el sermón del predicador y otros.

(Quizá estas menciones sean las primeras de que exista constancia acerca de las veredas y romería de las cruces, o al menos datos auténticamente fehacientes).

Había también un día de propios, que en Mirabueno era el de Santo Tomé (o Tomás), el 3 de julio, en que el vecindario participaba de una nueva caridad, que ahora recibe el nombre de "refresco" y que en realidad eran dos arrobas de vino de la ya mencionada Renta de la Taberna.

Sigue la festividad del día del Señor, o sea el Corpus Christi, en que por lo común no se solía gastar nada. Así hasta llegar al Jueves Santo, en que se gasta una cuartilla de vino en el refresco de los Señores, y que nuevamente procedía de la Taberna. Es posible que ese día, los señores de la población acudieran a cobrar sus rentas y el común les invitase a un sencillo refrigerio.

En Todos los Santos se vuelve a dar caridad, aunque seguramente sólo a los pobres y transeúntes. Esa caridad consistía, como siempre, en vino, al que se añadía en esta ocasión un cantero de pan. Los dos elementos energéticos por excelencia en épocas de necesidad. No debía ser mucha la asistencia de tales pobres puesto que el gasto ascendió a la cantidad de 21 reales.

Finaliza el año, este año de 1805 -que nos puede servir de modelo y guía, ya que casi todos los años son similares en la realización de las festividades- con el pago de cuatro reales que se abonan al Cruzero por sacar la cruz parroquial.

Estas cuentas se solían tomar de un año para otro, es decir, en el año de 1806 se tomaron las de 1805, y así sabemos los nombres de quienes ocuparon el cargo de Mayordomos de Propios; en este caso y año lo fue Domingo Relaño, en 1807 Gregorio Pastor y en 1808, Gregorio Catalina.

Sin embargo las cosas no debieron ir con la misma parsimonia que hasta aquí hemos visto en los años comprendidos entre 1808 y 1814, el periodo bélico mencionado al principio. Las cuentas empiezan a enrarecerse y comprenden periodos de tiempo partidos; así, una cuenta va de 1808 al 11 de octubre de 1809 y se le reciben al mayordomo de propios que lo fue durante la fecha indicada, Paulino Roxo.

Hay que añadir a los gastos habituales el de una rogativa, por la que se pagan 130 reales y de la que no se indica la causa o motivo por la que se hace.

Del periodo comprendido entre el 11 de octubre de 1809 y el 11 de febrero de 1810 se le reciben cuentas a Manuel de Águeda y a Diego Yela, Alcaldes Ordinarios, a Pedro Yela y Matías Valero, Regidores, y a Antonio Rojo Rojo, Procurador Síndico General, miembros de lo que se denominaba la Justicia, el 14 de febrero de 1810, por valor de 356 reales, correspondientes al cargo de la venta en público concejo del cerdo de San Antón.

En 1811, dos cerdos de San Antón alcanzan la cota de los 490 reales al ser adjudicados a Francisco González y a Francisco de la Plaza. Se toman las cuentas a Manuel Ortego en marzo del mismo año de 1811.

Es sintomático que no se realice gasto alguno con motivo de las fiestas pagaderas con los fondos de propios, excepto el día de Santa Águeda.

En 1812, las cuentas se le toman a la Justicia -no debían estar los ánimos muy serenos- y además el 2 de abril del mismo año, en que los gastos habidos se refieren a San Gregorio y al refresco que se hizo a la Señora Infanta. Total, 19 reales entre todo.

Significativo: en 1812 aparecen otras cuentas más que se reciben del mayordomo Ángel Pariente, pero no hay gasto de los mozos de Santa Águeda.

Luego se pierde el hilo de los pagos ya que faltan algunas hojas del cuaderno que consultamos, que pasa al año 1815 directamente.

En dicho año las cuentas se le piden a José Sopeña y a Santiago Relaño, Alcaldes, en 3 de marzo de 1816 y los gastos sólo aluden a los efectuados por el semanero, o sea, el predicador de Semana Santa.

Nuevamente faltan algunas hojas. Y el cuaderno continúa de la siguiente manera:

"Mirabueno año de 1818. Cuentas de Props. y arbitrios que dan los S. S. Antº Rojo Rojo, y Francº de la Pla(za); a los S. S. José García y Salbador Rojo y demás S. S. aquienes correspde".

Para después proseguir en 1817, con la recepción de las cuentas de Propios a la Justicia en fecha 15 de enero de 1818. Aquí se señalan algunos gastos que anteriormente no habían aparecido, como son siete arrobas de vino compradas para los gastos de arreglos de contribución y repartimientos, así como para varios solaces (diversiones), o como dos libras de pescado y media arroba de vino para cuando se fueron a señalar los chaparros de la Dehesa Vieja, o la arroba y media de vino más que se gastó por los soldados que fueron a las dos funciones de Nuestra Señora (¿serían soldados de verdad o formarían parte de una más que posible soldadesca, al modo de los danzantes?).

También se constata otro gasto con motivo de la celebración del novenario a dicha "Ntra Sra".

Ya en 1818 se vuelven a gastar 10 reales que se entregan a los mozos de Santa Águeda, y como cosa especial hay que dejar constancia de los gastos correspondientes al día del Diezmo: 36 reales de una fanega de trigo para hacer pan y repartirlo entre los vecinos, y los réditos -578 reales- de censos a la Cofradía de San Sebastián, atrasados a la sazón. Constan también 377,6 reales de fundir la campana pequeña, llamada de San Juan Nepomuceno.

1819 contiene reflejados los gastos normales de otros años y se le reciben en 30 de enero de 1820 a Diego Yela y a Alejandro Relaño, con su mayordomo Fernando Sanz, como Alcaldes y Depositario, respectivamente.

Hasta aquí este cuaderno de cuentas de propios y arbitrios de Mirabueno.

Nada hay que destacar en especial, como ha quedado de manifiesto, excepto que en el año de 1811 los mozos de Santa Águeda se tomaron alguna que otra licencia:

"Sta. Águeda. Eldia de Sta. Águeda seles dio alos Mozos, opor mejor decir setomaron ellos diez rrs.".

____________

NOTAS

(1) GARCÍA SANZ, Sinforiano: "Los aguinaldos de Santa Águeda. Fiesta de los mozos de Ruguilla (Guadalajara), Actas do Primer Congresso de Etnografía e Folklore (Braga, Portugal, 1951), Lisboa, I (1953), pp. 233-242. Es curioso señalar que, en tiempos pasados la fiesta de Santa Águeda de Valdeavellano contenía un carácter marcadamente escolar; los niños del colegio degustaban las típicas patatas de Santa Águeda. Hoy es un hecho en el que participa todo el vecindario, aunque siguen siendo los niños quienes se encargan de ir casa por casa solicitando los ingredientes con que, después, las mujeres obsequiarán a toda la población. Quizá sean restos de aquellos ágapes de mozos que tanta importancia tuvieron en Mirabueno. Vid. "Valdeavellano. Se celebrará el primer domingo de febrero. Fiesta de Santa Águeda", en Nueva Alcarria (27/1/1995) y "Valdeavellano. Fiesta de Santa Águeda", en Guadalajara 2.000 (31/1/1992). Recogido por nosotros en el libro Manifestaciones carnavalescas de la provincia de Guadalajara (e/p).

(2) BENITO, José Fernando: "La machorra de Valverde de los Arroyos", Cuadernos de Etnología de Guadalajara (en adelante CEGU), 6 (1988, 2º) pp. 41-43; TORRE GARCÍA, Leopoldo: "La machorra en Quintanilla de Tres Barrios (Soria)", CEGU, 6 (1988, 2º), pp. 44—50, y BENITO, José Fernando, "Notas comparativas entre las "machorras" de Quintanilla de Tres Barrios (Soria) y de Valverde de los Arroyos (Guadalajara)", CEGU, 6, (1988, 2º), p. 51.