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COSTUMBRES Y TRADICIONES EN TORNO A LA CELEBRACIÓN DE LAS BODAS EN LA PROVINCIA DE BURGOS

VALDIVIELSO ARCE, Jaime L.

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 184.

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En el folklore de la provincia de Burgos, como en el resto de España, hay abundantes muestras de cantos de boda que tradicionalmente se cantaban para felicitar y dar la enhorabuena a los novios, padrinos, padres, familiares...Incluso cada pueblo puede aducir una auténtica antología de estos cantos fruto de la musa popular, y conservados y trasmitidos casi siempre por tradición oral.

Junto a estos cantos de boda, llamados "epitalamios" han existido costumbres en torno a la celebración de las bodas, que con múltiples variantes se han generalizado en otros tiempos, pero que en nuestros días casi ya no se practican, llegando a caer en el olvido. Estas costumbres, como por ejemplo las "empajadas", o las "cencerradas", la costumbre de cobrar "la patente" o el "botejón", daban o ponían la salsa popular en las celebraciones de las bodas en los pueblos llevando el regocijo y la alegría ante estos acontecimientos que entonces se celebraban en los mismos pueblos, siguiendo los ritos y ceremonias que habían pasado de padres a hijos.

I- LA "EMPAJADA"

La celebración de las bodas en los pueblos, sobre todo cuando se hacían "los tratos", la "pedida de mano" entre las familias del novio y de la novia se procuraban mantener en secreto el mayor tiempo posible por si las cosas no se encauzaban satisfactoriamente y el matrimonio que se pretendía celebrar no se llevaba a efecto o simplemente porque no se quería dar publicidad a los acontecimientos antes de celebrarlos ni dar pábulo a la curiosidad.

Cuando culminaban satisfactoriamente "los tratos" se fijaba la fecha de la boda así como los detalles y pormenores, como quiénes iban a ser los padrinos y todo lo referente a la dote, gastos, etc.

Cuando se comunica al párroco el deseo de celebrar la boda en la fecha que se había determinado, él fijaba los tres domingos o días festivos en los que, en la misa mayor, los novios deberían "leerse" o sea, el párroco, leería las tres canónicas moniciones, comunicando a la feligresía que querían contraer matrimonio, según establecía la Iglesia, fulano y fulana, pidiendo a los presentes que si conocían algún impedimento, por el cual este matrimonio no pudiera celebrarse, lo comunicasen cuanto antes...

Cuando se celebraba la primera lectura de las amonestaciones todo el pueblo se enteraba de que fulano y fulana se iban a casar y ya no había especulaciones.

Pero en los pueblos siempre hay habladurías, las idas y venidas de los novios o de sus padres, las visitas a casa del párroco, el amigo de los novios que sabe el secreto y se va de la lengua, lo cual daba como consecuencia que, siempre había algún "enteradillo" que sabía la noticia y para demostrar que la sabían de antemano y dársela a conocer a los demás antes de que lo divulgase el párroco en la iglesia, ponían en práctica la popular "empajada" que consistía en marcar durante la noche un sendero o camino con paja desde la casa del novio a la de la novia, arrancando desde las mismas puertas. Sendero que por sí solo delataba a los novios e informaba al vecindario del próximo acontecimiento antes de que tuviera lugar la lectura en la iglesia.

El sendero de paja se hacía con todo sigilo durante la noche procurando que nadie viese a los que lo hacían y a ser posible quedando en el más absoluto anonimato. Así la broma se atribuiría a la "vox populi" y a nadie en concreto, aunque en los pueblos pequeños no había secretos y casi siempre se sabía quienes habían sido los autores de la"empajada".

II.- PAGAR LA PATENTE; "EL BOTEJON"

En épocas pasadas la lectura de las amonestaciones antes de la boda era muy importante. En la actualidad se reducen a citar el nombre de los contrayentes en aras de la brevedad e incluso en algunas parroquias de las ciudades las listas de los contrayentes se ponen en el tablón de anuncios.

Quizá como ahora hacen cursillos prematrimoniales, se les da menos importancia a las costumbres antiguas.

El primer domingo en que se hacían las amonestaciones era normal que el novio invitase a los mozos después de misa en la taberna del pueblo. Si el novio era de otro pueblo estaba establecido que pagase el "canon", "la cuota", la "patente", el "botejón", o como se llamase en cada pueblo.

Este derecho se cobraba de un modo riguroso, principalmente en los pueblos en los que existía Sociedad de Mozos o Junta de Mozos. Estaba establecido en las reglas o en las Ordenanzas de la Sociedad o Junta de Mozos de una forma muy detallada el modo y la ocasión de cobrarlo. Si el novio forastero se negaba a abonarlo por chulería o por las razones que fuesen, podía pasarlo mal. En primer lugar y con buenas razones trataban de convencerle de que debía pagar puntualmente lo que estuviera establecido. Normalmente era una cantidad de dinero que se empleaba para invitar a los mozos, o también lo que se estipulaba era una cantidad concreta de vino, una cántara, o lo que fuese. Si el novio seguía negándose, los mozos estaban autorizados a quitar al novio alguna prenda de un valor equivalente o mayor y no devolvérsela hasta que pagase el canon correspondiente. Podían también gastarle bromas pesadas, como por ejemplo tirarlo al pilón abrevadero.

Normalmente el novio pagaba sin rechistar el "botejón" o "patente" porque no le interesaba entrar en la nueva familia con fama de "agarrado" o "tacaño". Y tampoco le interesaba enfrentarse con los mozos del pueblo de la novia por tan poca cosa, ya que esta costumbre tenía como finalidad el celebrar la despedida de la cuadrilla de los mozos de una compañera, como la celebraban normalmente cuando los dos contrayentes eran naturales del pueblo.

Y aunque esta práctica ha sido muy común en muchos pueblos en cada uno se realizaba con costumbres distintas, que es lo que daba personalidad y color localista a estas tradiciones.

III.- LAS BODAS

En lo que se llama Ciclo Vital del hombre y de la mujer, la boda constituía un momento solemne y los pueblos rodeaban a este momento de un cúmulo de costumbres, tradiciones, celebraciones y ritos que es curioso estudiarlos.

Hoy las bodas se han simplificado de tal forma que han perdido toda la riqueza folklórica que las rodeaba. En los pueblos pequeños ya no se celebran bodas, se prefiere desplazarse a la capital o a centros urbanos grandes para tener facilidad de celebrar el banquete en un restaurante, en el cual se remata la fiesta con una orquesta que ameniza el baile. Esto ha hecho que haya desaparecido todo el encanto de las bodas populares según la antigua usanza, con las coplas, los ritos y costumbres que habían pasado de padres a hijos y de abuelos a nietos.

Tenemos el testimonio de Federico Olmeda que escribía así a principios de este siglo o mejor a finales del anterior: "Cuando la política, fatal ariete del bienestar de España, no había penetrado tanto en la vida de los pueblos, reinaba en ellos mucha unidad y armonía; las bodas como otros sucesos a este tenor eran festejadas y celebradas por todo el pueblo. La víspera se reunían las mozas y se iban a endechar sendas y alusivas cantatas a la novia. Asistían también al acto de la boda y le solemnizaban a la vez, que obsequiaban a los novios y al cura con sus melodías más bonitas y escogidas que sabían. Acompañaban también durante el día a la boda y por fin a la tarde tomaban alegremente parte los mozos, concluyendo por celebrar en obsequio de los novios un Concejo por la noche al que asistía todo el pueblo. Hoy también (el día de la boda) es día de alegría para el pueblo pero ya ni se canta ni se goza tanto" (1).

En otros años, no lejanos, casi todas las bodas se celebraban en los pueblos y la costumbre aceptada era que se celebrara en el de la novia, si cada uno era de distintos pueblos. En ellas participaban los invitados por ambas partes, que eran casi todos los familiares más allegados y los amigos del novio y de la novia.

Pero además participaba de alguna manera todo el pueblo, sobre todo las mozas y mozos.

La celebración de la boda en los pueblos, normalmente había venido precedida de un prolongado noviazgo, con sus distintas etapas de trato mutuo por parte de los novios y de aceptación por parte de las respectivas familias.

Antes de celebrarse la boda tenía lugar la "petición de mano" y los "tratos", momentos en los que los padres del novio acudían a la casa de la novia a solicitar de los padres de ésta el consentimiento para que se celebrase la boda. Una vez obtenido éste, se trataban los detalles prácticos, todo lo relativo a fecha, invitados, y demás detalles incluso dote que cada uno iba a aportar al matrimonio, concretando quienes iban a ser los padrinos, la tortera de la boda, etc.

Una vez decidida la fecha, se avisaba al párroco, quien empezaba a "arreglar los papeles" y se fijaban los domingos o fiestas en que se leerían desde el altar mayor las amonestaciones.

Si había que pedir dispensa de algún impedimento, el párroco hacía los trámites.

El primer domingo o fiesta en que se leían las amonestaciones o proclamas había en el pueblo gran expectación y nerviosismo en los protagonistas. Y la expectación crecía cuando en la misa parroquial, acabado el sermón o terminada la lectura del evangelio, el párroco, casi siempre con la misma fórmula decía:

- "Sepan todos los presentes que, con el auxilio de la divina gracia, quieren contraer matrimonio, según lo manda la santa madre Iglesia y el Concilio de Trento lo dispone, de una parte Don... (nombres, datos de los contrayentes). Por todo lo cual, si alguno conoce algún canónico impedimento de consanguinidad, afinidad o espiritual parentesco, por el cual este matrimonio no pudiera ser válida o lícitamente contraído, debe manifestarlo en conciencia cuanto antes. Esta es la 1.a, 2.a o 3.a amonestación”.

Conocidos los nombres de los contrayentes y poco más o menos, la fecha de la boda, comenzaban los preparativos, se enviaban las invitaciones, se ponían las mozas a preparar las coplas que iban a cantar. Como la música era la misma de siempre y había versos que se podían aplicar a todas las bodas, a lo mejor sólo se trataba de cambiar los nombres o adaptar las "letrillas" ya sabidas al caso presente.

Para la celebración del banquete había que acondicionar la casa de los padres de la novia para recibir a los invitados. En cada pueblo había unas costumbres, respecto a comidas, menú de la boda y las otras comidas y cenas, así como de la tornaboda.

Estaba muy fijado por la tradición lo que había que hacer en cada momento, antes de ir a la iglesia, en la iglesia, a la salida de ella, en casa del novio o en casa de la novia. Y no había más que repetir lo que mandaba la tradición y la costumbre.

En algunos pueblos el ritual y todo el cúmulo de costumbres en torno a la boda era muy abigarrado y no se podía variar a voluntad sino que había que someterse al imperio de la costumbre.

Llegado el día señalado, toda la vida del pueblo giraba en torno al hecho de la boda porque todo el pueblo participaba de alguna manera no sólo en la ceremonia religiosa, sino sobre todo en el jolgorio consiguiente.

Los invitados participaban en el banquete, al cual se unían después las amigas de la novia y los amigos del novio, que acudían a tomar café y a cantar coplas alusivas.

Para amenizar el día de la boda no era necesario ni imprescindible contratar una orquesta. Siempre había mozas que sabían tocar la pandereta y otras que las acompañaban cantando. Con esto y el buen humor de la juventud y las ganas de jolgorio era suficiente para festejar a los novios, padrinos e invitados y divertirse todos en armonía popular.

En otro apartado estudiaremos o recogeremos coplas, letrillas y cantares, epitalamios de boda, etc.

Tras la ceremonia religiosa, en ciertos pueblos y localidades tenían lugar prácticas que se habían sucedido tradicionalmente vinculadas a las bodas.

Respecto a las costumbres en torno a la celebración de las bodas una de las más conocidas es el que las novias, terminada la ceremonia suelen depositar su ramo de novia a los pies de la Virgen a la que tengan mayor devoción que suele ser la patrona del pueblo, en la parroquia o en la ermita.

Tenemos el testimonio de Domingo Hergueta: "todos los recién casados, lo mismo de Aranda de Duero que de Roa, acostumbran a rezar una salve a las respectivas patronos de estas poblaciones, Nuestra Señora de las Viñas y Nuestra Señora de la Vega”

"A este respecto -dice el mismo Hergueta- que en Torres andino todas las bodas con los novios, padrinos y convidados, han de acudir indefectiblemente a la era que se ha formado en el solar de su antiguo castillo, porque dicen que si no se sigue esta práctica se suelen divorciar los matrimonios, pues así aseguran que aconteció a uno" (2).

Modernamente se han ido creando otras costumbres, ni mejores ni peores que las antiguas. Por ejemplo, a imitación de costumbres foráneas conocidas por la televisión o el cine, las novias arrojan el ramo de flores de su boda al grupo de invitados y existe la convicción de que la moza que recoge el ramo se casará próximamente.

A falta de otros alicientes, modernamente, durante el banquete nupcial, se tiene la costumbre de quitar la corbata al novio o alguna prenda de la novia y se hace una colecta entre los invitados, repartiendo fragmentos de estas prendas a cambio del dinero que ofrece cada uno, para entregar lo recogido a los novios para que hagan frente a sus gastos de viaje de novios y de su nuevo hogar.

Después del banquete, una orquesta profesional distrae el ocio de los asistentes a la boda con los bailes en uso porque la orquesta fue contratada junto con el menú.

En las bodas antiguas tenían la suficiente creatividad para saberse divertir por ellos mismos, cantando y bailando las canciones y los bailes que se conocían por tradición, con los cuales se identificaban.

IV - LAS "CENCERRADAS"

En su "Folklore de Castilla o Cancionero Popular de Burgos", Federico Olmeda, junto a un espléndido muestrario de cantos de boda, nos ofrece una canción que empleaban para dar cencerradas. Es la canción nº 9 y el mismo Olmeda la comenta así:

"La tonada número 9 la emplean para dar cencerradas. Los versos que aplican para estas serenatas son variables según el oficio, circunstancias y condiciones de los que contraen matrimonio, pues ya es sabido que tales obsequios en los pueblos se hacen sólo cuando se verifica el enlace de un soltero con una viuda o al contrario.

El cantar expuesto es de una cencerrada muy memorable que dieron en Barbadillo de Herreros al que antes había fraguado todas las cencerradas que se dieron en su tiempo; por lo mismo, en desquite, quisieron honrarle grandemente todos aquellos a quienes antes él había festejado, y así se puede decir que todo el pueblo tomó parte en ella. Merecía pasar a la historia con todo lujo de detalles esta cencerrada solemne, pues aparte del numerosísimo gentío que la celebró, se invirtieron innumerables y picarescos versos, se cantaron muchas clases de tonadas y para acompañamiento no quedaron en las cocinas almireces, cazos, sartenes, cencerros y demás instrumentos morenos y calderosos de esta especie.

Esta es la letra de la canción:

Si te casas con herrero
carita de serafín,
con el golpe del martillo
no te ha de dejar dormir.

En el año 1729 el diccionario de Autoridades definía la cencerrada como algo que "en los lugares cortos, suelen los mozos las noches de días festivos andar haciendo este ruido por las calles y también quando hai bodas de viejos o viudos, lo que llaman Noche de Cencerrada, Dar Cencerrada, Ir a la Cencerrada".

¿Qué es la cencerrada?

El diccionario de Autoridades la define someramente. Más explícito es el Diccionario de Ayala, fechado en 1693. Su autor escribe: "En el reyno de Valencia, quando un viejo se casa con una niña o un moço con una vieja, o dos sumamente viejos, o alguna, aunque no sea muy anciana, ha tenido muchos maridos y se casa tercera o quarta vez., la gente popular acostumbra darles chascos la noche de boda, habiendo ruido con sartenes y hierros viejos o cencerros, de donde tomó el nombre y a esto llaman cencerrada. También se usa en Francia y lo llaman charivari...".

Cuanto se señala para Valencia es común a toda la geografía peninsular. En Castilla y León tiene varios nombres: cencerrada, murga, matraca y chasco.

Con esto queda claro en qué consiste la cencerrada, que en casi todos los pueblos ha sido costumbre aunque en la actualidad haya desaparecido.

Hay trabajos que profundizan en estas costumbres con más extensión que la que nosotros concedemos al tema. En la Revista de Folklore hay dos trabajos importantes en los números 21 y 55.

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NOTAS

(1) OLMEDA, Federico: Folklore de Castilla o Cancionero Popular de Burgos. Edición facsímil, 1975, pp. 61-65.

(2) HERGUETA MARTÍN, Domingo: Folklore búrgales. Burgos, 1934, p. 170.