Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

LAGARTIJAS, LAGARTOS Y CULEBRAS POR LA TIERRA MADRILEÑA: RIMAS Y CREENCIAS

FRAILE GIL, José Manuel

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 185.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 185 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


Tras un trabajo dedicado a la golondrina, a sus rimas y canciones en los pueblos madrileños (1), retomo ahora el hilo conductor que hilvane una serie de artículos sobre los animales libres más cercanos al hombre (2). Esta cercanía ha hecho gozar a algunos de ellos de su consideración y estima al liberarle de ciertos parásitos y sabandijas poco agradables, así cigüeñas y golondrinas son personajes habituales en los juegos y retahílas infantiles; otras veces por tratarse de seres inofensivos, son también cantados por los pequeños: caracoles, mariquitas, grillos...; pero los protagonistas de estas líneas son denostados implacablemente por un atávico terror ante aquello que se arrastra.

Mientras que la civilización clásica personificó en la serpiente el espíritu de la tierra y la sabiduría ancestral, la cultura judeo-cristiana descargó en el reptil la responsabilidad de un pecado que, por original, pesa sobre la humanidad entera. Cuando en el Génesis (3) se trama la expulsión del Paraíso, son Eva y la serpiente quienes se encargan de arrastrar a Adán a la perdición del género humano; desgraciadamente este reparto de papeles se ha mantenido durante siglos en el subconsciente colectivo, ni la mujer ni el reptil salieron muy bien parados. De ahí, que para los cristianos, María simbolice la victoria sobre el maligno cuando muchas veces se la representa, en la apoteosis de su triunfo, pisoteando a la serpiente-dragón (Vers. 15 Pongo perpetua enemistad entre ti y la mujer y entre tu linaje y el suyo, éste te aplastará la cabeza y tú le acecharás el calcañar).

Así se la retrata en diversas manifestaciones de la poesía popular. En el área madrileña hay algunos mayos a la Virgen que introducen en sus estrofas el asunto de la sierpe pisoteada, veamos un par de ejemplos:

Debajo de los pies
tienes la serpiente
con esa manzana
que peca la gente

(Velilla de San Antonio) (4)

A tus plantas tienes
¡Oh, Virgen María!
rendido al demonio
que nos oprimía

(Perales de Tajuña) (5)

Aunque a veces asociados en la imaginación popular, pues son muchas las personas que afirman: cuando se ve al lagarto anda cerca la culebra, repasemos por separado algunas de las creencias más comunes que sobre estos animales corren por los pueblos madrileños.

Conocemos por los lagartos y lagartijas que gozan, en general, de mucha más simpatía entre las gentes que la culebra. Sin duda el hecho de asimilarse al hombre, por su género y por la forma fálica del cuerpo, le ha granjeado al lagarto las simpatías del pastor y del campesino.

Una antigua cosmogonía, aplicada a la Creación, debió circular por el medio rural en los pasados siglos. Lo digo porque en dos núcleos bien arcaizantes en su modo de vida y a la par harto alejados entre sí he recogido versiones madrileñas; permanecen además en la memoria de dos mujeres analfabetas y de edad muy avanzada. La primera fue recogida entre las peñas serranas de Valdemanco:

Cuando Dios perguntó a tos los bichitos si iban a ser malos, si iban a ser güenos, la perguntó a la culebra, dice:

-¿Vas a ser mala?

-Yo sí.

-Pues a rastras te verás.

Y así es, que a rastras andan. Luego le perguntó al legarto:

-¿Tú vas a ser malo? -Yo si me hacen, haré, si no, no.

-Patitas tendrás (6).

La segunda versión me la dictó una antigua espartera en Villarejo de Sálvanos:

Mire usté, a tos los bichos les perguntó el Señol: Si te ofenden, ¿vas a defendete? Unos decían que no, otros que sí, y le llegó a la selpiente, dice:

-¿Y tú? -Yo si me hacen, hago, y si no, también.

-Pues a rastra.

Como la culebra, verdá usté. Y el lagarto dijo:

-Si me hacen, hago, si no, no.

-Bueno, pues tendrás patillas (7).

En algunos lugares de Europa esta afinidad entre el varón y el lagarto llega incluso a dar nombre a la bestezuela, así ami del homo en el Valle de Aosta, salva uomo en los Alpes, o salva cristiano en la Lombardía. Por toda España está muy difundida la idea de que el lagarto despierta al hombre dormido, cosquilleándole en los dedos o en las orejas, para advertirle de la presencia cercana de alguna culebra venenosa (Casarrubuelos, Robledondo, El Berrueco, La Acebeda). Pero esta simpatía del lacértido hacia los machos conlleva implícito un odio cerval por las mujeres, a las que intenta siempre agredir sexualmente; son muchísimos los refranes y cantares que comparan al lagarto con el miembro masculino, así:

Remendado calzones
dijo una moza
¡Quién pillara el lagarto
que aquí retoza!

(Estremera de Tajo) (8)

……………………………………
-¿Dónde llegamos, hermanos
-A la guseta
-No se llama la guseta,
que se llama boca tragalagarto.
-¡Oh boca tragalagarto,
oh botón de mi vestido...

(Villabrágima. Valladolid) (9)

Piensan las gentes además que el lagarto puede averiguar con su potente olfato cuándo una mujer está menstruando; si esto acaece, sólo acercándole un pan caliente se le puede desprender de la mujer agredida: Eso pasó aquí, en el río, fueron a lavar unas cuantas mujeres, que siempre iban varias para entretenerse. El caso es que una estaba mala y se conoce que el lagarto lo olió y se la pegó. Gracias que pasaron por allí con un carro que llevaba pan caliente y con un pan se lo quitaron.

(Guadalix de la Sierra) (10).

Veamos otro testimonio: El legarto es más enemigo de la mujer que del hombre, porque es que el legarto... ¡coño, mi mujer misma! Fueron una vez unas mujeres a coger yerbas, porque es que antes se iba por ahí a coger yerbas pa los cerdos, cardillos y cosas de esas, y había una señora que tenía el perioro, y escapó tras de ella y si no hay quien la auxilie... pues que le echa mano. Ellos, según se ve, por el fato o por lo que sea, les da el fato ese.

(Robledillo de la Jara) (11).

Se cazaron mucho los lagartos para saciar el hambre. Para ello se utilizaron largos y curvos ganchos de hierro a introducir en sus madrigueras, mientras se increpaba al bicho con exhortaciones como ésta:

Lagarto, lagarto, si sales te parto.

(Robregordo de la Sierra)

Y como el animal, al verse acosado, hace frente a su agresor y enseña a veces unos picudos y afilados dientes, se procuraba lanzarle alguna prenda de vestir a fin de que la mordiera y, al tirar fuerte y repentinamente de ella, perdiera sus dientes. En este sentido hay una curiosa creencia, el animal morderá cualquier superficie alargada que se le acerque a la boca, excepción hecha del dedo corazón:...él estaba con la boquita abierta, con la boquita abierta y a cualquier dedo que fuera, o a un palo que le pusiera, se enganchaba. Pero usté le ponía así el dedo corazón y en el dedo corazón no se prendía, ahí no había nada que hacer. Eso lo he comprobao porque lo he hecho yo.

(Robledillo de la Jara).

La hermana pequeña del lagarto, la simpática lagartija, es sinónimo de vivaracha alegría. Su pequeño tamaño, sus colores brillantes, su dieta a base de molestos insectos y, sobre todo, su desvergüenza ante el hombre la han hecho ser bien vista por las gentes. Claro que los niños, incansables hostigadores de todo lo que se mueve, han puesto en ella muchas veces su instinto un tanto sádico. Es frase corriente, refiriéndose a una persona inquieta, la de está hecho de rabo de lagartija. Y es que su apéndice caudal sigue en movimiento aún después de amputado. Por cierto, que ese movimiento convulsivo del rabo cercenado, piensan los niños que son maldiciones e insultos que les lanza el animalito atacado.

Ya en las paredes semiderruidas, ya entre las peñas soleadas, las lagartijas calientan su frío cuerpo en los meses estivales; si bien, ante el menor atisbo de movimiento, huyen a ocultarse en las grietas y oquedades. Es entonces cuando los niños, armados muchas veces de una varita, golpean los agujeros repitiendo unas retahílas con las que se aseguran la salida del animal al instigar su curiosidad. Estas rimas, frecuentes en todo el norte peninsular, tienen un antecedente antiguo que recogió ya Correas en el siglo XVII:

Sal, lagartixa
que matan a tu hixa
sal al sol, sal
que te la llevan a quemar (12)

Y además el maestro Correas nos adoba los versillos con el siguiente comentario: Dizen esto los chiquillos buscando lagartixas entre las piedras.

Muchas son las denominaciones con que este animalito es conocido: sargantanas (Cataluña y Aragón), legaternas y lechiternas (Burgos), llagartexas o tsagartexas (Asturias), lagartiñas (Galicia), lagartesas (Cantabria), gartexas (sefardíes de oriente)..., y en Madrid lagartijas, si bien hay ciertos localismos del nombre tales como legartija (La Somosierra toda) y lagartija (Fresnedillas de la Oliva y acaso en todo El Guadarrama). Pero volvamos a las cantinelas que exhortan a los bichitos a salir; se pretende conminarles con diferentes argumentos: ya comunicándoles el trágico fin de sus parientes cercanos (como en la rima de Correas o como en el caso de muchas que perviven en el norte peninsular) (13); ya haciéndoles saber el peligro que corren ellas mismas si no abandonan su escondite. A este último grupo pertenecen los dos ejemplos madrileños que citamos a continuación:

Legartija tuerta
asómate a tu puerta
que viene Juan Blanco
con un gorro blanco
y viene diciendo
que te va a matar
con una espada alante
y un cuchillito atrás.

(Gandullas) (14)

Merece la pena decir dos palabras sobre este Juan Blanco, personaje que aparece en el norte peninsular con diferentes advocaciones. Así en el occidente Astur es sinónimo de nubeiro (personaje mitológico asturiano que desencadena tormentas si se lo propone); lo encontramos mencionado en un conjuro contra la niebla:

Escampla, nublina, escampla
de vatse en vatsina
regueiros abaxu
canales arriba
que ahí vién Xuan Blancu
jurando y botando (15).
…………………………….

Con otro sentido aparece mencionado también, entre otros personajes de la imaginación popular, en la obra de Montóto (16).

El siguiente conjuro se articula ya con el segundo tipo de versiones, las que excitan a la salida mencionando una enorme cantidad de grano o sal:

Legartija, tija, tija
sal a tu puerta
que viene tu marido
con un costal de trigo
y viene diciendo
que te va a matar
con un cuchillo alante
y otro atrás.

(La Acebeda) (17)

Los conjuros en los que el trigo sirve de señuelo son el grupo más numeroso. Aparecen por toda la mitad norte de Madrid que, dicho sea de paso, es la única zona de la provincia en la que he encontrado rimas sobre las lagartijas. Veamos algunas que, como en ésta de Somosierra, añaden al alimento el regalo de la música:

Legartija tuerta
sal a tu puerta
que viene tu marido
con un costal de trigo
que viene tu agüela
tocándote la vigüela
¡que te den, que te den,
con el rabo la sartén! (18)

El último verso indica la acción que los muchachos realizan cuando, armados con sus varas, golpean los escondrijos; veamos otro ejemplo:

Legartija tuerta
sal a tu puerta
que vie tu marido
cargado de trigo
¡que le dan, que le dan,
con la pala en el pan!

(La Puebla de la Sierra) (19)

Y por último, transcribiremos algunas rimas más en las que se exagera la cantidad de trigo que transporta el lagartijo:

Legartija tuerta
sal a tu puerta
que viene tu marido
con un saco de trigo
sal a por él
que no puede con él.

(Lozoyuela) (20)

Variantes: 3 ab:

Para hoy, para mañana
para toda la semana.

(Las Herreras) (21)

3:

Lagartija, sal
pa que se lo ayudes a llevar.

(Paredes de Buitrago) (22)

Por último reseñaremos la única versión madrileña en la que la sal es el supuesto regalo para el curioso animal; téngase en cuenta además, que el término sal da pie a un juego de palabras entre el condimento y la exhortación a salir:

Sal, logartijita,
que viene mariquita
con un costal de sal
¡Sal, sal!
Que se come toa la sal.

(Fresnedillas de la Oliva) (23)

A veces, las lagartijas que han sido víctimas de los muchachos, regeneran una nueva cola que, cuando aún les queda un resto de la anterior, les hace parecer animales de dos rabos. Estos ejemplares son tenidos por verdaderos talismanes: Había legartijas que tenías dos rabos y, si te encontrabas una, tenías buena suerte, te salían las cosas bien. (El Atazar) (24).

En muchos lugares de España se ha mantenido la creencia de que estos animales, colocados sobre una superficie polvorienta, podían caligrafiar, con su cola, el número de la suerte para el próximo sorteo. Dice al respecto Rodríguez Marín: ...no hay como coger una lagartija, encerrarla en sitio amplio, rociar en parte de él para que coma un poco de harina y leer luego en esta harina como por brújula el número predestinado. El bichillo ha de haberlo garrapateado al andar por ello (25).

Pero sin duda, la respuesta que más me sobrecogió, cuando inquiría por historias sobre lagartijas, fue la que me dio una mujer en las faldas de Somosierra: ...Sobre todo no matarlas, porque decían que llevan agua a los muertos. (Cervera de Buitrago) (26).

Esta creencia nos lleva a un mundo de ultratumba, de magia y de supersticiones aún poco conocidas, no sé si por poco estudiadas.

Al otro lado del camino que va a Francia recogí unos informes sobre hechicería que, ya en el umbral del siglo XXI, no dejaron de asombrarme: ...y para la rija era la legartija, la rija, esto que hay aquí donde nace el ojo. Mi suegra tenía una, una rija, y entonces un primo la cogió una legartija y la metió en un alfiletero (¿sabes lo que es un alfiletero?, donde se metían las agujas); ahí metieron a la legartija y de la forma que se disecó la legartija se la fue quitando la rija, y se murió y nunca la volvió a salir. El alfiletero había que llevarlo consigo, que ella lo llevaba en la faldiquera, de aquéllas que llevaban las mujeres, y había que meterla en el alfiletero con la cabeza pa’abajo, pero que estuviera viva. (La Acebeda) (27). Este tipo de curaciones basadas en el concepto de magia simpática son muy frecuentes en la medicina popular y se manifiestan con suma vitalidad en la curación de las verrugas o clavos, se usan para ello bolas de enebro (El Berrueco, La Acebeda), corteza de tocino (Fuentidueña de Tajo) o nudos en la retama (Estremera de Tajo); cuando todo ello se seca las verrugas desaparecen.

Seguramente relacionado con el ejemplo de La Acebeda, pero mucho más confuso en su relación, me refirieron un caso en El Berrueco. Al parecer, un señor de Madrid llegó hasta aquel pueblo ofreciendo una cantidad de dinero a cambio de un lagarto vivo; se trataba, según refirió el señor, de curar a un hijo suyo herniado: ...se llevó el legarto, nos pagó, pero no supimos cómo le iban a curar, sólo que el legarto tenía que estar vivo (El Berrueco).

Pero volviendo a la lagartija, protagonista de estas líneas, dice de ella Carmen Baroja, en relación con los amuletos y la magia: ...Asimismo se usaron, con ese mismo fin, nueces cerradas con cera, generalmente de tres costuras; y esferas llenas de azogue o con arañas y lagartijas dentro, animales muy usados contra hechizos y ligaduras (28).

La culebra, llamada casi siempre la bicha en tierras madrileñas, por evitar hasta el nombrarla, es en el universo entero misterioso objeto de veneración o de repulsa, pero siempre de interés. La maldición bíblica: ...maldita serás entre todos los ganados y entre todas las bestias del campo, te arrastrarás sobre tu pecho y comerás el polvo todo el tiempo de tu vida (29) contrasta con el texto que, líneas arriba, ya hemos visto en dos versiones. Para la cosmogonía tradicional la culebra repta para castigar su mal instinto; no hay mayores complicaciones.

Resulta curioso que mientras en la Biblia Dios pone eterna enemistad entre la mujer y la sierpe, en el código tradicional, éstas se identifican frente a la pareja opuesta hombre-lagarto. En muchas obras se menciona esta amistad; veamos un ejemplo tomado de la novela costumbrista del siglo XIX. En El Niño de la Bola el cura Don Trinidad reprende al protagonista, tempranamente enamorado diciéndole: ...pero no quisiste hacerme caso y el resultado lo estás viendo, ¡temprano empiezan a gustarte las amigas de la serpiente! (30). Toda una serie de creencias supersticiosas se entretejen alrededor de este extraño animal y es, precisamente con las mujeres, con quienes se le emparenta en una relación imposible científicamente hablando. Por más que los zoólogos insistan en que la boca de la culebra está incapacitada para succionar la leche, los campesinos de toda España afirman, con nombres y apellidos como veremos, haber oído e incluso presenciado este fenómeno. Ya sea de las cántaras de leche puestas a serenar (Somosierra), ya de las vacas: ...las culebras maman a las vacas y el choto se queda muy cansino y no promete, y como la culebra se cebe a la vaca, no la deja (31) (El Berrueco); ya, en fin, de las propias madres que amamantaban a sus hijos. Hay elementos comunes a estas historias todas, la ceniza por la que se adivina el rastro sinuoso, o el rabito del reptil colocado en la boca del niño para evitar su llanto. Veamos algunos ejemplos de los muchos que hemos escuchado por toda la geografía madrileña: ...eran casas viejas y estaban a la salida del pueblo y la madre estaba criando al niño; estaban las mujeres al sol y a la madre la daba mucho sueño, y la daba mucho sueño -María se llamaba- y decían las mujeres: y...esta mujer que tos los días, que tos los días se mete a casa porque la da mucho sueño. Entonces ya notaron que el niño se quedaba muy delgao, y ya las vecinas, que ya lo observaron, pues echaron ceniza por alrededor de la cama y vieron que era una culebra. Eso lo vigilaron en guerra (Guerra Civil, 1936—39) y los mismos soldaos de la guerra fueron y mataron la culebra. Vieron que la estaba mamando y el rabito de la culebra le tenía en la boca del niño para que no llorara; la madre tenía un sueño tan terrible que no sentía nada. Y la mataron la culebra y... ¿sabe qué hicieron?, la cogieron los soldaos y la abrieron, y tenía una tripa de leche, que pa qué. La abrieron, la lavaron bien en el grifo de la fuente y se la comieron, y dicen que es el mejor pescao. (La Puebla de la Sierra) (32). Como vemos el mito aparece claro, bien definido, gozando de una vitalidad extrema que le hace vivir en docenas de relatos salpicados de nombres, fechas y lugares bien concretos. Veamos otro recogido en la sierra oeste de la provincia: ...y a las madres que tienen niños, sí señor. Florentino Villena tenía una pastora, que el marido era pastor del señor Florentino, que vivían en la dehesa, en un pajar. Pues resulta que tuvo dos niños, uno le tendría a lo mejor este año y otro cuando fuera, pero vamos, en lo que estuvo allí tuvo dos niños. Dice que muy encanijaínes y decían: pero bueno, esta mujer... pero si dicen que tié mucha leche y que toda la noche se la lleva mamando el niño y ¡qué encanijaínes están! Cuando dicen: no vaya a ser que te esté mamando una culebra y creas que es tu muchacho. Dice: y, ¿cómo puedo saberlo yo eso? Dice: anda, pues echando ceniza, tú echas ceniza y sabes si ha pasao la culebra o no. Lo echó y efetivamente. La primer vez, no la pudieron apañar, no la pudieron coger, pero después ya sí, (Robledondo) (33).

El gusto de estos ofidios por la leche de cualquier tipo es tan grande que, cuando una culebra se ha alojado en el intestino de una mujer, no hay sino colocar entre sus piernas un recipiente con leche para que, a su olor, el animal salga de su entraña (Brea de Tajo).

Otra creencia mucho menos extendida en el ámbito madrileño, pero bien representada en el noroeste peninsular, es la del hombre que, compadecido de la culebrilla, la alimenta y es al fin devorado por ella. Se trata en realidad de un viejo topos folklórico, el del individuo que sustenta un vicio, inofensivo al principio, y causa al fin de su propia muerte. Este lugar común de cuentos y romancillos fue tratado ya por el Arcipreste en su XIII dama, la monja Doña Garofa, donde incluye el ejemplo del aldeano y la serpiente.
……………………………………………

como con una sierpe le pasó al hortelano
muy sencillo y sin mal
en un día de enero con fuerte temporal
andando por su cuenta vio al lado de un peral
una serpiente chica, fría y casi mortal
con la nieve y el viento, y con la helada fría
estaba aquella sierpe de frío adormecida
el hombre compasivo cuando la vio aterida
compadecióse de ella y quiso darle vida
abrigóla en su ropa y la llevó a su casa
púsola junto al fuego, cerca de buena brasa
cuando quiso cogerla, ya repuesta, fracasa
pues ella, por un hueco de la cocina pasa
el hombre bondadoso dábale cada día
de comer pan y leche y de cuanto él comía
creció tanto por ello, por el bien que tenía
que serpiente muy grande a todos parecía.
Venido ya el estío, la canícula entrada
salió del agujero iracunda y malvada
y comenzó a esparcir veneno en la posada
le dijo el hortelano: vete de este lugar
no hagas aquí daño, se quiso ella vengar
abrazólo muy fuerte, casi lo llegó a ahogar
cruelmente apretaba, airada, sin parar.
En dar por miel veneno, complácese el mezquino
y en dar penas por frutos al amigo y vecino (34).

Veamos como subsiste en la sierra madrileña la historia glosada por Juan Ruiz, tomaremos dos ejemplos:...yo he oído contar que antiguamente vivía por ahí un cabrero y tenía una culebra que la llamaba María y tos los días la ordeñaba, en una pila de piedra, la ordeñaba la leche a la culebra, y tos los días la llamaba y iba. Y él se fue a la mili. Y luego ya, como antes tardaban dos o tres años de volver, pues volvió y fue allí. La llamó a la culebra, vino, y se le enroscó en el pescuezo y le ahogó. (El Berrueco) (35). El segundo relato es el siguiente:...Un chiquito tenía un enfriadero de la leche, y iban a meter los cántaros a enfriarse por la noche, a meterlos en el agua. Y entonces venía una culebrita, y él la empezó a echar un poquito leche, y la llamaba mi chiquita. Mi chiquita, mi chiquita, pues cuando ya era la hora de la leche iba la chiquita. Mira por donde se marchó a la mili él y claro, no dijo a nadie lo que estaba haciendo con la chiquita, el caso es que se bebía la leche. Bueno, pues cuando vino de la mili dice él: ay, pues la voy a llamar, si está por aquí, verás como viene. La empezó a llamar: chiquita, chiquita. Salió y dice que se fue a él, que ya era muy grandona, grandísima, se le empezó a arrollar y le asfixió. (Robledondo) (36).

Créese también a pies juntillas que las culebras crían pelo. Si bien es cierto que en algunas zonas, especialmente en el sureste de la provincia, piensan que el pelo aparece cuando el animal es viejo, lo cierto es que son muchos los campesinos que me aseguraron haber visto el fenómeno. Esta idea está presente en muchas regiones de España. En Mallorca creen que el pelo aparece en los animales que llevan siete años en la isla (37); mientras que en el Pirineo aragonés oriental se cree que la culebra que tiene un pelo en la cabeza es portadora de una piedra preciosa (38). He aquí una descripción tomada a orillas del Tajo: ...Iba yo caballera en la burra y salió una culebra y hincó la cabeza en el suelo, pero no me acobardé porque estaba allí el pastor y le dije: haz el favol de venil que me está avasallando una culebra aquí, a la borrica y a mí. Entonces llegó él con la garrota y cuando ella levantó pa 'arriba la cabeza, que es cuando van a picar, ¡zas!, y la dio: Y tenía un pelo así de largo la culebra ya (y señaló a su mano abierta) porque era vieja ya. (Brea de Tajo) (39). Veamos ahora dos ejemplos de tierra serrana: ...mi abuela salía del molino y entonces, por lo que se llama el caz, lo que es el caz, donde cae el agua de los rodeznos, salió la mujer corriendo, porque vio un fenómeno, una culebra grandísima con clines como una yegua, pero pa'arriba. Venía del caz pa'arriba, pero no era de agua, era de terreno. (La Acebeda) (40)....En el Güerto Las Navazuelas la vieron en una zaucera (mimbrera); fueron a segar al Prao la Manzana y le dio gana de hacer de cuerpo al que fuera, viene y dice: uy, si vierais lo que he visto, una gorrinita con una tanda jatos, pero es diforme, es diforme. Y, ¿qué era?, que estaba tumbá la culebra y hacía un cerco, y tenía unas cornejas de pelo como una persona, y era como una faja de larga (Robledondo) (41). Está muy extendida también la idea de que la sierpe es capaz de hipnotizar, no sólo pequeñas aves, sino incluso a bestias de carga y al propio hombre. Así nos describía el fenómeno un labrador víctima de esta hipnosis: ...iba y o un día arando con la pareja, con las vacas y iba ligero, que me gustaba arar ligero, cuando se para la pareja en seco, pero para radical, y yo, ¿qué pasará aquí?, y con la vara ¡zas! Cuando la yunta pegó el apretón salió una culebra..., que era la que las tenía parás. Pero es que a mí me ha pasao. Ibamos un primo mío y yo atapando una paré (se refiere a una pared de piedras sueltas en el campo), yo llegar a coger una piedra y yo ya no poder hablar; y mi primo, ¿qué te pasa, qué te pasa?, y nada, sin poder contestar. Entonces él se dio cuenta que había una culebra delante mía, mu verde, con la cabeza levantá hacia mí. Entonces ¿qué hizo?, la tiró una piedra y en cuanto se fue, yo ya normal. (El Berrueco) (42).

Veamos ahora dos relatos en los que los pequeños animales son víctimas del poder ejercido por la culebra ...sí, sí, los enclisan las culebras a los pájaros; están así mirándolos y el pájaro que no se puede mover (Robledondo) (43) ...Cuando estaba tirá la casa el cura, que t'alcordarás tú, un gato estaba allí y venga a mayar, venga a mayar. ¿Qué le pasará al gato?, ¿qué le pasará al gato?, hasta que van a ver, y una culebra. Y estuvo el gato tres días allí, tanto mayar, tanto mayar, que fueron y una culebra le tenía... eso. Apuesto que estaba el gato agotaíto. (El Berrueco) (44).

Por fin, para ir terminando, hablaremos sobre el cuerpo de la culebra, que por cierto, creen los campesinos que es refractario a las balas y cartuchos, y de las muchas virtudes medicinales que a él se atribuyen desde antiguo. Covarrubias (1611) decía al hablar de la culebra: ...la culebra está consagrada a Esculapio, así por ser símbolo de prudencia como por tener en sí grandes provechos medicinales en el pellejo, en la carne, en la enjundia (45). Este principio se asienta en la idea de que cualquier animal venenoso debe portar en sí mismo un fuerte contraveneno, pues de no ser así él mismo moriría víctima de su ponzoña.

Despabilada de su letargo invernal, la culebra vuelve al mundo de los vivos arrullada por el tibio sol de primavera. Casi lo primero que hace es despojarse de su antigua piel que dejará en cualquier angostura del campo. A este hecho, que desde antiguo fascinó al hombre llaman muda, y camisa al despojo abandonado. Estas camisas fueron recolectadas ávidamente por los campesinos de España entera. Más tarde, guardadas en bolsitas de lienzo, constituyeron la base de un sinfín de remedios medicinales y de prácticas mágico—religiosas sin cuento. En 1904 Blasco Ibáñez insertaba en una obra de ambiente rural andaluz el siguiente párrafo al hablar de los yegüeros y boyeros: ...buscaban las pieles viejas de culebra, abandonadas entre los guijarros al cambiar de envoltura el reptil, y festoneaban los caños de las fuentes con estos pellejos oscuros atribuyendo a su ofrenda influencias misteriosas (46).

En tierras madrileñas estas camisas sirvieron, cortadas en pedacitos y untadas con miel (El Alazar) o aceite (La Puebla de la Sierra), para sacar las astillas y espinas que se enconaban. Fritas daban un aceite que, como el oli de serpe mallorquín, curaba diviesos y golondrinos (Guadalix de la Sierra). Atada como diadema alrededor de la cabeza, liberaba a su portador de jaquecas y dolores (Extremera y Brea de Tajo). Y por último, puesta como gargantilla aliviaba el mal de anginas (Villaconejos) (47).

Los animales también se beneficiaban con sus propiedades; cuando una bestia de carga se resfriaba, se le daba a comer una camisa enrollada a un mendrugo de pan (Estremera y Brea de Tajo) y conste que las camisas que tuvieren pelo eran las más efectivas. Otras veces se sahumaba el hocico del animal con camisas puestas sobre ascuas (Villarejo de Salvanés). Se aplicaron también, troceadas y revueltas en la comida, para evitar el celo de las cerdas:...a los gorrinos que estaban en engorde se la echaban pica y con eso las gorrinos, pues no salían a macho (Lozoya del Valle) (48). Y por último, creen en la Sierra Oeste que las vacas que han comido víboras, lejos de sufrir daño, están más lustrosas.

Pero el relato más sobrecogedor al respecto, donde verdaderamente pervive la descripción de Covarrubias, nos lo dio una mujer de la Puebla: ...mi padre, que en paz descanse, iba por ahí mucho a segar el campo arriba. Y había un señor que era muy rico, y no tenía más que un hijo, y aquel hijo que tenía, pues tenía un cáncer en la nariz y ya no sabían qué iban a hacerle al niño pa que se le quitara el cáncer. Y que fue una señora muy pobre que estaba pidiendo, y le dijo al padre: si ustedes hacen lo que yo les mando, el niño se cura. Entonces la señora ancianita, aquella que iba pidiendo, les dijo: si van ustedes al campo y cogen una culebra, la matan y le hacen una sopita al niño, con los trozos de la culebra los ponen a cocer, y al niño le hacen comerse la sopa, y después de que se coma la sopa le hacen comerse la carne, y así bastantes días, hasta que el niño mejoró que se le quitó el cáncer de la nariz. (La Puebla de la Sierra) (49).

Muchos viejos labradores me aseguraron haber oído, en las tardes que barruntan lluvia, el canto de las culebras; cantar que definen como parecido al de las ranas, pero más recio. Alguno de ellos en su juventud llevó a gala tener su cachaba forrada con la piel multicolor de una bicha.

Por último, me señalaron como el mejor escudo contra culebras y lagartos, rodear la choza, la casa, o la porción de tierra donde uno duerme, con cebollas, pues afirman que su olor resulta repulsivo para estos animales.

En estos trabajos de campo siempre tiene uno, y más en estas tierras, la sensación de llegar tarde. Acaso una generación antes, recuerdos que hoy son sólo ecos hubiesen tenido voz propia. Pero aquí quedan recogidos los relatos que el tiempo se encargará de borrar en muy pocos años; para que su estudio sea posible cuando la voz se apague, conviene dejar aquí el testimonio de quienes me ayudaron con su saber.

____________

NOTAS

(1) FRAILE GIL, J. M.: "La golondrina en el cancionero tradicional madrileño", Revista de Folklore. Obra Cultural de Caja España. Valladolid, 1994. Nº 167, pp. 166-170.

(2) Materiales sobre este campo de las rimas infantiles de animales aparecen publicados ya en: FRAILE GIL, J. Manuel: La poesía infantil en la tradición madrileña. Col. Biblioteca Básica Madrileña. Consejería de Cultura de Madrid. CEYAC. Madrid, 1994. Véase el capítulo: 6B, pp. 181-194.

(3) Los epígrafes que aquí nos interesan aparecen en el Génesis, cap. I, versículos 1-15.

(4) GARCÍA MATOS, Manuel: Cancionero Popular de la Provincia de Madrid. Ed. Instituto de Musicología-CSIC. Barcelona-Madrid, 1952. Vol I, p. 166.

(5) FRAILE GIL, José Manuel: El mayo y su fiesta en tierras madrileñas. Col. Biblioteca Básica Madrileña. CEYAC. Comunidad de Madrid. Consejería de Educación y Cultura. Madrid, 1995, p. 168.

(6) Narró Mercedes Serrano San José de 90 años. Grabado por J.M. Fraile Gil y M. León Fernández el día 15 de octubre de 1994 en Valdemanco.

(7) Informes dados por Gabina Díaz Garnacho de 90 años de edad, natural de Villarejo de Salvanés. Fueron recogidos en Villarejo el día 4 de marzo de 1995 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M.León Fernández y R. Cantarero Sánchez.

(8) Informes dados por Isidra Camacho Horcajo, nacida en Estremera de Tajo en 1927.

(9) DÍAZ GONZÁLEZ, Joaquín: La cultura oral. Folklore de Valladolid. Ed. Centro Etnográfico de Documentación. Excma. Diputación Provincial de Valladolid. Valladolid, 1989. Informante: Leovigildo Pérez. Cuando se trate de localidades pertenecientes a la provincia de Madrid, no haremos constar la provincia.

(10) Informes dados por Valeriana Gil Rubio, nacida en Guadalix de la sierra en 1927.

(11) Informes dados por Máximo Redondo Acevedo de 86 años de edad, nacido en Cabanillas pero criado en Robledillo. Recogidos por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y S. Alonso de Martín, el día 12 de octubre de 1994.

(12) Del Vocabulario de Correas (p. 267 a) la toma en su interesantísima obra: FRENK ALATORRE, Margit: Corpus de la antigua lírica popular hispánica. Ed. Castalia, Madrid, 1987, nº 2081, p. 1.004.

(13) Estas retahílas pueden verse en: AMADES, Joan (Para Cataluña) Folklore de Catalunya. Vol. II, Cançoners. Ed. Selecta, S. A. 3ª Edición. Barcelona, 1982; BOUZA BREY, Manuel (Para Galicia) "El lagarto en la tradición popular gallega", R. D. T. P. de C.S.I.C. Cuaderno 4°, pp. 531-550. Madrid, 1949; GARCÍA LOMAS, Adriano (Para Cantabria) Mitología y supersticiones de Cantabria. Ed. Excma.Diputación Provincial de Santander. Santander, 1964; LLANO DE ROZA AMPUDIA, Aurelio de (Para Asturias) Del folklore asturiano: Mitos, supersticiones, costumbres. Ed. Instituto de Estudios Asturianos, 4ª edición. Oviedo, 1983. En todas cuatro encontrará el lector rimas y noticias locales sobre las lagartijas. En la actualidad preparo un artículo-catálogo sobre rimas de animales.

(14) Recitada por María Lobo Sanz, de 87 años, natural de Gandullas. Fue grabada en Gandullas el día 24 de julio de 1994 por J. M.Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, S. Weich-Shahak y M. León Fernández.

(15) LLANO DE ROZA-AMPUDIA, Aurelio de: Op. Cit. Vid. nota 13. Recogido el 12 de marzo de 1921 en Brañaseca (Cudillero) y en Aguinos (Pola de Somiedo) el 23 de junio de 1921.

(16) MONTOTO RAUTENSTRAUTH, Luis: Personas, personajes y personillas que circulan por las tierras de ambas Castillas. Sevilla, 1888. Véase, en la letra J, el capítulo dedicado a los Juanes, p. 20.

(17) Recitada por Victoriano San Araujo, de 74 años de edad, natural de La Acebeda. Fue grabada en La Acebeda el 2 de junio de 1993 por J. M. Fraile Gil, A. Fernández Buendía y M. León Fernández.

(18) Recitada por Francisca San Alvarez de 70 años de edad, natural de Somosierra. Fue grabada en Somosierra el 23 de julio de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M. León Fernández, R. Cantarero Sánchez y S. Weich-Shahak.

(19) Recitada por Elena Nogal Bernal de 69 años de edad, natural de La Puebla de la Sierra (Antes Puebla de la Mujer Muerta). Fue grabada en La Puebla el día 15 de septiembre de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y M. León Fernández.

(20) Recitada por Elisa Velasco Orensanz de 46 años de edad, natural de Lozoyuela. Fue grabada en Lozoyuela el verano de 1994 por J. M. Fraile Gil y M. León Fernández.

(21) Recitada el 13 de noviembre de 1994 por Juana Herranz de 69 años.

(22) Recitada el 30 de octubre de 1994 por Catalina González, de unos 68 años de edad. Fue grabada en Paredes por J. M. Fraile Gil y M. León Fernández.

(23) Recitada por Juliana Botello de 70 años de edad, natural de Fresnedillas. Fue grabada en Fresnedillas el día 25 de febrero de 1996 por J. M. Fraile Gil y M. León Fernández.

(24) Informes dados por Pedro Martín Herranz, de 74 años de edad, natural de El Atazar. Se grabaron en El Atazar el día 12 de octubre de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y S. Alonso de Martín.

(25) RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco: Burla, burlando. Menudencias de varía, leve y entretenida erudición. Madrid, 1914. Vid. Cap. 21: "Las supersticiones del juego". Otros autores que citan este asunto de la lagartija y la lotería son: ALVAREZ CURIEL, Francisco y MORETA LARA, Miguel A.: para Andalucía: Supersticiones populares andaluzas. Ed. Argubal, Málaga, 1993; CABAL, Constantino: para Asturias: La mitología asturiana: los dioses de la muerte, los dioses de la vida, el sacerdocio del diablo. Ed. Instituto de estudios Asturianos. Principado de Asturias. Oviedo, 1983; RUBIO GAGO, Manuel E. y RÚA ALLER, Francisco: para León: La piedra celeste, creencias populares leonesas. Col. Breviarios de la Calle del Pez, nº 13. Ed. Diputación Provincial de León. León, 1986. Véase también, para Galicia: BOUZA BREY: Op. cit. Vid. nota 13.

(26) Informes dados por Paula García García de unos 60 años de edad, natural de Cervera de Buitrago. Se grabaron en Cervera el día 15 de septiembre de 1994 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y E. Santaren Jiménez.

(27) Informes dados por Victoriano Sanz Araujo de 76 años de edad, natural de La Acebeda. Fue grabado en La Acebeda el 26 de mayo de 1995 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y M. León Fernández.

(28) BAROJA, Carmen: Trabajos y materiales del Museo del Pueblo Español. Madrid, 1945. Vid. cap. V: "La luna, la castaña, el corazón, chupadores cromáticos, medallas de Santa Elena, campanillas, sirenas".

(29) Génesis 1-14.

(30) ALARCON, Pedro Antonio de: El niño de la bola. Librería general de Victoriano Suárez. XXII edición. Madrid, 1943. Cap. 7: "Varias y diversas opiniones de Don Trinidad".

(31) Informes dados por Eugenio Isabel Torralba, de unos 72 años de edad, natural de El Berrueco. Se recogieron en El Berrueco el día 10 de junio de 1995 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández y S. Weich-Shahak.

(32) Informes dados por Mónica García Suárez de 77 años de edad, natural de La Puebla de la Sierra (antes Puebla de la Mujer Muerta). Fue grabada en Paredes de Buitrago el 29 de abril de 1995 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y M. León Fernández.

(33) Informes dados por Florencia Angeles García Martín de 56 años de edad, natural de Fresnedillas de la Oliva, pero criada en Robledondo. Se grabaron en Robledondo el día 19 de marzo de 1995 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M. León Fernández, V. Herreros Heras y R. Cantarero Sánchez.

(34) JUAN RUIZ, ARCIPRESTE DE HITA: Libro del Buen Amor. Ed. Castalia, 4ª edición. Madrid, 1965. Edición a cargo de María Brey Marino.

(35) Informes dados por Juliana García Encina de 69 años de edad, natural de El Berrueco. Fueron grabados en El Berrueco el día 10 de Junio del 95 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández y S. Weich-Shahak.

06) Vid. nota 33.

(37) GARRIDO, Carlos: Mallorca Mágica. 2ª edición. La isla de la calma. 1988. Vid. cap. "El poder de la serpiente", p. 58.

(38) LISON HUGUET, José: Algunos aspectos del estudio etnográfico de una comunidad rural del Pirineo aragonés oriental. Ed. C.S.I.C. Zaragoza, 1984. P. 198.

(39) Informes dados por Basilisa Martínez Gárgoles de 77 años de edad. Fueron grabados en Estremera de Tajo el día 5 de marzo de 1995 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M. León Fernández y R. Cantarero Sánchez.

(40) Vid. nota 27.

(41) Vid. nota 33.

(42) Vid. nota 31.

(43) Informes dados por Aurelia Martín García de 64 años de edad, natural de Robledondo. Fue grabado en Robledondo el día 25 de marzo de 1995 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y M. León Fernández.

(44) Vid. nota 35.

(45) COVARRUBIAS Y OR0ZCO, Sebastián de: Tesoro de la lengua castellana o española. Madrid, l6ll. Manejo la reedición de Castalia, Madrid, 1995. Voz Culebra, p. 382.

(46) BLASCO IBAÑE2, Vicente: La Bodega. Ed. Aguilar, octava edición. Madrid, 1972.

(47) Informes dados por Agustín Ruiz Sánchez de 51 años de edad, natural de Villaconejos. Se grabaron en Villaconejos el día 13 de abril de 1996 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M. León Fernández y S. Weich-Shahak.

(48) Informes dados por Juan Iglesias Francisco de 93 años de edad, natural de Lozoya del Valle. Se grabaron en Lozoya el día 15 de abril de 1996 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández y J.M. Calle Ontoso.

(49) Vid. nota 32.