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DE LOS MITOS Y CUENTOS DE ANTAÑO

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 186.

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¿Qué poder tienen algunos temas, algunos cuentos, algunos personajes, para romper todas las barreras geográficas y temporales? ¿Qué carisma ostentan algunas figuras de cualquier arte para quedarse fijas en la historia y convertirse en mitos futuros? La reflexión surge desde la noticia diaria, desde la permanencia y enriquecimiento de los viejos temas, de la ratificación de artistas que van más allá de su condición presente y se incorporan a ese reducido mundo de nombres propios, toreros, futbolistas, cantantes, bailarines, etc. que serán referencia por muchos lustros venideros. Lagartijo, Frascuelo, Zamora, DiStefano, Samitier, Gayarre, Manolo Caracol, La Argentinita, Raquel Meller, la Fornarina, o Lola Flores... fueron figuras en su género pero tuvieron (podíamos citar unos nombres más) esa especie de "algo más" que resulta decisivo para entrar en la historia.

El folklore en sus múltiples manifestaciones, alumbra historias, músicas, fiestas, costumbres, ritos de toda índole y en número casi infinito. Unas cuantas se incorporan al acervo local, menos al nacional, y todavía de forma más reducida a lo universal. Las razones de este diverso tratamiento no son siempre racionales. La memoria selectiva del pueblo o de los pueblos no son siempre objetivas. La memoria selectiva del pueblo o de los pueblos resulta sabia y hay siempre temas que resultan atractivos para gentes de todas las razas y de todas las épocas. La investigación de antropólogos como Margaret Mead o Levi Strauss han probado esta coincidencia e incluso los trabajos del hombre de teatro Jerzy Grotowsky han detectado aspectos homogéneos y diferenciales del ritual (sagrado o escénico) en civilizaciones absolutamente distintas. La pregunta continuada sobre las razones de un reconocimiento universal de historias o leyendas determinadas no ha contribuido sino a que éstas sean estudiadas por especialistas en cada uno de los casos. Quizás la razón genérica estribe en la confluencia de lo real con el sueño o el deseo, en la interrelación de dos mundos, el cotidiano, por una parte, y su superación por lo imaginativo, embelleciendo las duras aristas de aquél. Que las historias terminen bien (en su mayoría) o mal no es dato significativo para definir su capacidad de apropiación por el folklore de todos los países.

Este año se ha celebrado el centenario del estreno de la Opera de Giacomo Puccini: "La Boheme". El dato no sería transcendente si no fuera por dos cosas: primero que se trata de una obra lírica, que en principio parece ser, sólo parece ser, género que no resulta asumible en lo popular, pero que sólo a través de ella han quedado configurados dos personajes emblemáticos: Rodolfo y Mimi, de esos que como Romeo y Julieta, Tristán-Isolda, Manon-Des Grieux, representan la pareja: el amor feliz y transcendido en principio para llegar a su destrucción y la entronación de Tánatos. El segundo aspecto a considerar tiene un carácter social: el mundo reflejado: la bohemia será el principio de toda una filosofía de la vida que dará lugar a unas "formas de comportamiento" que traspasarán las fronteras francesas originando esa obra maestra de Valle Inclán titulada precisamente "Luces de Bohemia" para no hablar de la zarzuela de Vives, "Bohemios" que en una de sus romanzas "Allá en lo profundo del alma bohemia, alienta en los pechos la loca pasión..." rinde el mayor homenaje a los otros bohemios puccinianos (Rodolfo, Mimi, Marcelo, Mussetta...). También otro músico español, Pablo Sorozábal consiguió una de sus mejores obras con la breve ópera "Adiós a la Bohemia" con libreto firmado nada menos que por Pío Baroja. Todas estas formas de vida han pasado ya, no nos cabe duda, a ese mundo del folklore pasado que revive precisamente cuando se representa esta ópera que ha superado en mucho, como tantas veces ocurre, la novela en la que se basa: "Escenas de la vida bohemia" de Henri Murger, hoy casi olvidada, pero que ha tenido la virtualidad de proyectar al mundo del folklore y la cultura mundial esta melódica y perfecta obra musical. En las fechas del Centenario, Conmemoración en el Teatro de la Zarzuela Madrileño, se han hecho coincidir funciones emblemáticas el mismo día del aniversario. En Turín, lugar del suceso, fueron los Rodolfo y Mimi de estos años (Pavarotti y Mirella Freni) quienes, a pesar de que su edad en poco corresponden a la de los artistas y modistillas que representan, han creado historia en su interpretación, por otra parte conservada para la posteridad en dos vídeos aceptables en su calidad media.

¿Qué ha pasado con los artistas que vivían del aire o de la trampa, cuando no tenían colaboraciones literarias o trabajos pictóricos? ¿O con las modistillas que hacen flores o cosían trajes? París y el folklore, un tanto tópico. Hambre y frío esperaban a estos tipos en el crudo invierno, siendo más feliz "la stagione dei fiori" la primavera.

¿Qué ha sido de aquellos y de otros bohemios? Los montajes de la ópera pucciniana admiten mal cualquier opción que no respete el tiempo de la acción. Las "modernizaciones" y "actualizaciones" no funcionan bien. La buhardilla por una parte, el paso de la barrera aduanera, o el Café Momus del II Acto en el que todo el mundo popular se da cita no tienen equivalencia en el momento actual. Por ello "La Boheme" se concreta siempre en escenografías veristas, con mayor o menor riqueza, según las condiciones técnicas de los teatros respectivos. En La Zarzuela se vio una clásica puesta en escena de Horacio Rodríguez Aragón con una escenografía adecuada de Hugo D'Ana, que tuvo en cuenta el espacio donde había de ponerse la obra. "La Boheme" en su realidad como recuerdo de un tiempo y también desde la permanencia de una historia de amor muy triste que soprano y tenor viven con bellas melodías desde su encuentro y enamoramiento hasta la extinción de la tísica Mimi (otra enfermedad que pertenece a un antiguo folklore) como el pábilo de una angosta vela. La música revivía, una vez más, un triste amor que hacíamos nuestro, como tantas veces ocurre en todas las manifestaciones del arte.

Eduardo Haro Tecglen, en un magistral artículo publicado en el programa de la representación (estos libros forman parte de un importante testimonio cultural) escribe sobre la actualidad de esas Grisettas, Bohemios, artistas del hambre y del frío marginales de un mundo próspero del que no forman parte. Son simpáticamente subversivos y condenados al fracaso, como ocurría con Alejandro Sawa que inspirara al Max Estrella de "Luces de Bohemia". No han sido invitados a la fiesta y organizan la suya propia, unida a la juventud y a la ¿efímera? libertad que proporciona el amor o la pasión. Los Bohemios de Murger y Puccini no romperán el sistema establecido, tampoco triunfarán en sus pretensiones artísticas. Lo saben perfectamente: les espera una rutina empobrecedora, un trabajo vulgar en el mejor de los casos, algún amor fugaz y el miedo a la vejez implacable, el ángulo sombrío de la vida. Algunos cambiarán y se irán al otro lado, pero las pobres Mimi y Musetta morirán de tisis o se prostituirán en un tremendo descenso a la degradación humana. Sombrío panorama que el propio Valle hizo aún más trágico en el suicidio final de la esposa e hija de Max Estrella incapaces de afrontar la dura vida de la implacable bohemia.

¿Y ahora? Haro menciona la generación beat, esos chicos y chicas que recorrían "El Camino" de las carreteras de América, o los hippies y sus viajes a Katmandu o a los que utilizaron el peyote o la L.S.D. para no hablar de la "movida" o de la última generación de personas sin futuro que encuentran a lo mejor en la droga el último refugio, una especie de "Bohemios" al día, que tampoco, como aquellos, alcanzarán la felicidad.

Mimi y Rodolfo forman parte del folklore universal desde una proyección mediática de la ópera de Puccini. ¿Por qué ésta y no la versión de Leoncavallo, un poco anterior y estrenada con éxito? Misterios que pueden entenderse desde la capacidad de libretista y músico para tocar todas las sensibilidades asumiendo una época y sus personajes. "Che gélida manina..." saluda Rodolfo a la muchacha que irrumpe en la triste buhardilla "Si mi chiamano Mimi" se define la muchacha "aunque mi nombre es Lucia". Una pareja eterna, aunque esta vez no surja de los mitos lejanos en el tiempo y en el espacio. El siglo XIX ha alumbrado algunos para que se incorporen a ese acervo universal que retiene la memoria de las gentes de todos los tiempos y todas las tierras.

Los bohemios, ¿qué decir de esa equiparación gitano-bohemio que tantos ejemplos tiene en la sociedad y la literatura española? son seres aparte. No pertenecen a la sociedad dominante, viven "al margen" y la ópera pucciana nos ha mostrado sólo la superficie de unos momentos históricos fugaces. No existen Grisettas, modistillas, ni estos anacrónicos artistas, pero sí son sucesores. La triste historia de Rodolfo y Mimi pertenece al folklore del pasado, pero el amor sin interés, efímero y espontáneo, la solidaridad y el afecto continúan siendo eternos. El grito final de Rodolfo "Mimi, Mimi..." sigue encarnando aquello que constituía lo más preciado de su vida. Las canciones de antaño resuenan, incluso, más allá de nuestra propia voluntad.

II

Los cuentos, de hadas o de trasgos, de príncipes y princesas, o de terrosos hombrecillos del fondo de la tierra, constituyen la esencia, el motor de la fantasía, de la creatividad insita en el pueblo. Las más grandes obras creadoras del hombre tienen su base en alguna historia o leyenda surgida de la tradición oral. Así "Romeo y Julieta" no es sino la versión dramática de una vieja historia italiana de amores imposibles, que tenía su paralelo en otros lugares, otras etnias y así "El anillo del Nibelungo" la poderosa tetralogía wagneriana nace de viejas historias nórdicas y germánicas con el antecedente de la cultura griega...

Después de largos años de ausencia otra ópera que surge del cuento de los cuentos. La "Cenerentola" ("Cenicienta" en español, "Cenerillon" en francés). El jocundo Rossini compone su última ópera cómica que es en parte "ópera seria". Algunas representaciones fueron a precio muy moderado y con una nutrida representación de chicos y chicas de Institutos de Enseñanza Media y Colegios, que hicieron previamente al espectáculo versiones dibujadas de la historia de La Cenicienta y de la propia versión de Ferreri y Rossini. Su actitud ante la función, cantada por jóvenes españoles con envidiable porvenir, fue de lo más positiva. El entronque de unos muchachos y niños de hoy con el cuento de siempre, a partir de su translación operística en una puesta en escena clásica y de buen gusto que retrotraía también el aspecto maravilloso y artesanal de los teatros de antaño, constituye uno de esos datos positivos que pueden marcar el futuro cultural de un país. Ante una ópera, género en principio difícil, auxiliados por la sobretitulación en castellano y por una introducción a la obra, este público nuevo mostraba su entusiasmo y su alegría. ¿Qué más se puede pedir que la unión de unos jóvenes cantantes de futuro y un público que no lo es menos?

La Cenicienta, cuento, es patrimonio universal. Se conocen más de trescientas versiones de la historia. La más antigua que se conserva escrita es del siglo IX antes de Jesucristo y es de origen chino. También se mencionaba en la geografía de Estrabón un cuento del antiguo egipto en el que un Faraón, remueve cielo y tierra para encontrar la dueña de una sandalia. ¡Ay, el pie de Cenicienta tan pequeño, y el zapato que nadie puede usar! Un águila ha dejado caer delante del monarca el zapato. Su dueña no es Cenicienta, sino una cortesana famosa, Rhoope, pero la historia de amor, casi fetichista, abre una larguísima leyenda de siglos.

En Occidente también tenemos un antecesor Giambattista Basile (1575-1632) autor del llamado Pentameron (cincuenta cuentecillos entre los que se encuentra ya la primera Cenicienta, exactamente "La gatta cenerentola" que se llama Zazolla y que tiene casi todas las connotaciones del cuento que luego harán famoso, entre otros, los hermanos Grimm y Charles Perrault; está la madrasta, el hada madrina, las tres salidas del baile y la zapatilla reveladora.

En Perrault y Grimm se señalan los momentos cumbres de la historia, creándose incluso los aspectos más curiosos que de forma tan acertada estudia Bruno Bettelheim en su famoso libro "Psicoanálisis de los cuentos de hadas": las connotaciones edípicas; Cenicienta y su relación con el padre, envidiada por la madrastra y hermanastras, Cenicienta y su pulsión; la madre muerta, transformada en una mucho más confortable hada madrina.

El arte musical, la danza han acogido esta historia en sus variadas interpretaciones. En la ópera Rossini y su "Cenerentola" van en cabeza, aunque la "Cendrillon" de Massenet, mucho más fantástica no se queda a la zaga entre una veintena de versiones. En ballet destaca la espléndida partitura de Prokofieff de la que hizo una preciosa coreografía, afortunadamente conservada en vídeo, Maguy Marín. Acentuando la infantilidad de la historia y anticipándose a las cibernéticas y computerizadas historias de juguetes (la "Toy Story" de la casa Disney) que constituye la amenaza de un cine futuro realizado por ordenador. También "La Cenicienta" tuvo su versión en dibujos y sus translaciones modernas más o menos fieles de la que "Pretty Woman" (con una bella Julia Roberts sin madrastra ni hermanastras pero que tiene que superar el oscuro pozo de la prostitución) puede ser paradigmática.

Rossini quita a su "Cenerentola" la fantasía. No existe hada madrina ni calabaza que se convierta en carroza o ratoncitos en caballos enjaezados. Todo resulta mucho más racional. El padre ha sido sustituido por un padrastro bastante siniestro que con sus hijas desprecia y domina a nuestra Cenicienta que se llama Angélica, y que resulta de una bondad casi evangélica. Ferretti y Rossini racionalizan el cuento desde la presentación de dos itinerarios hacia la verdad y el amor; el de Angélica, que llega al amor del Príncipe creyéndolo un criado y el de D.Ramiro que ve a su amada en sus pobres harapos de Cenicienta, la reconoce y la acepta. La felicidad y perdón últimos forman parte de las ideas del "Siglo de las luces" en las que la razón y el sentimiento tienen que ir acordes.

Todavía flotan en "La Cenerentola" efluvios de la Commedia dell'arte. ¿No es Don Magnífico una reminiscencia del grotesco Pantalón? y de un cierto marivaudismo. Alidoro, filósofo, sustituto del hada madrina incita al Príncipe a escoger bien. "Educación de monarcas" como filosofía de la época y utópico triunfo del bien como resumen. "La bonta in triunfo" es el subtítulo de esta divertida a la vez que grave obra musical, tan exigente para las voces y en la que las conductas tiene importancia esencial. Las representaciones de La Zarzuela tuvieron esa virtud de la homogeneidad en un escenario reducido del que supo sacar partido un montaje oportuno, elegante en el vestuario, utilizando refinadamente la técnica de épocas anteriores con maquetas incluidas. El cuento de siempre fue vertido con propiedad vocal y escénica a un público de hoy en el que muchos niños significaban el anuncio de una época menos homogeneizada en lo lúdico y en lo cultural. Escuchar música, ver teatro o danza deben ser opciones válidas en el mundo del ordenador y la tecnología artificiosa.

"La Cenicienta" y tantos otros cuentos o leyendas tendrán, no nos cabe duda, distinta lectura o transformación propia de lo accidental y efímero de los tiempos pero permanecerán como significación de la memoria del pasado.

Volviendo a los puntos iniciales de este artículo, cada tiempo crea sus míticas figuras, unas pocas escogidas, no siempre las de mayor entidad intrínseca pero que consiguen esa especie de magia que las hace diferentes. No es necesario que pertenezcan a un ámbito mayoritario, aunque éste sea el más lógico para hacerlas nacer. Del fútbol quedarán algunos nombres: Pelé, Garrincha, Stanley Matthews, Kubala, DiStefano, Beckenbauer, Maradona, Cruyff... ¿Muchos más? En la música están otros nombres, aunque algunos pueden no perdurar. Los Beatles son míticos ¿lo es Michael Jackson? En el mundo más cerrado de la ópera unos nombres de cantantes Caruso, La Melba, Gayarre, María Callas... Chaliapin... De España dos figuras, Plácido Domingo y Alfredo Kraus. (Claro, la Caballé, la Berganza, Victoria de los Angeles tienen paralela calidad, pero...). Resulta curioso que el refinado Kraus, poco dado a exhibiciones mayoritarias, pertenece a esa privilegiada casta (¿lo titulamos así?) de los mitos. Un concierto excepcional en un teatro de 1.200 localidades (La Zarzuela) luego retransmitido por TV lo certificó: Un tenor de 68 años que canta milagrosamente. Un cantante que a esa edad, sustituye la idea de un Werther joven, así lo concibió Goethe, por un Werther maduro y filosófico, que se despide del amor tras toda una vida de soñarlo. El mito es capaz de transformar otro mito anterior.

Así, el compás de la historia está siempre abierto. Dentro de unos años Kraus será aquel mito que algunos privilegiados recuerden. "Yo vi torear a Joselito", "Yo estuve en el concierto homenaje al 40 aniversario de Kraus". Quizá algún historiador investigue las costumbres, la sociología de esa época, busque testimonios, tendrá también los audio visuales, los intérpretes, los interrelacione con su propio momento cultural.

El mecanismo del recuerdo, de la memoria, de las gentes, sigue siendo uno de los motores de la vida colectiva. Estos ejemplos aislados, producidos en 1996 enlazan el presente con esa fluencia casi eterna de cuentos y mitos que, surgiendo de lugares concretos, se incorporan al universo desde múltiples formas y variaciones.