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La función del Desenclavo en un cuadro de 1722. Objetos mágicos y simbólicos en algunos de sus personajes

SANCHEZ DEL BARRIO, Antonio

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 187.

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En la clausura del convento de Santa María Magdalena de MM. Agustinas, en Medina del Campo, se conserva un lienzo (194 x 194 cm.) en el que aparece representada la escena del Desenclavo de Cristo tal como se efectuaba en la citada villa vallisoletana hasta el tiempo de la exclaustración de 1835 (1). Dejando a los historiadores del arte el estudio de las calidades pictóricas de la obra -su autor es un artista local, desconocido hasta ahora, que firma "El mudo Neira faciebat"-, hemos de destacar sobre otros aspectos el altísimo interés iconográfico de la misma: en primer lugar, por ser éste del Desenclavo un tema prácticamente inédito en el arte español (2) y, en segundo término, por la forma precisa y pormenorizada de narrar la escena, con la aparición de personajes principales y secundarios, cada cual ocupado en su cometido o simplemente posando para dejar constancia de su participación en otras partes de la ceremonia general; incluso, es representado el mobiliario litúrgico -la urna del Cristo y las andas de la Soledad (3)- que será utilizado en la posterior procesión del Santo Entierro. Por si hubiera dudas de localización, en la parte baja del cuadro puede leerse la leyenda:

"ESE QVADRO MANDO PINTAR FRANZCO BVENO Y ROSA GOMEZ SV MvGER POR TENER DEVOZION CON ESTE SANCTO PASO QUE SE EGECVTA EL VIERNES SANCTO EN EL CONVENTO DE SAN AVGVSTIN DESTA VILLA DE MEDINA DEL CAMPO. ANNO DE 1722"

Estamos, por tanto, ante un documento gráfico excepcional que nos informa, al modo de una "fotografía de época", no sólo de la escena representada sino también de otros aspectos añadidos que abordaremos más adelante.

EL CUADRO: LA ESCENA REPRESENTADA y SUS PERSONAJES

Como es bien sabido, la "Función del Descendimiento" o representación dramática del acto del desenclavo de Cristo crucificado fue una de las ceremonias religiosas más extendidas en la península, sobre todo a partir del impulso dado a este tipo de actos piadosos por el Concilio de Trento (1545-1563). Son numerosos los artículos y monografías que han abordado tan interesante rito (varios de ellos en esta misma revista), analizando sus antecedentes, formas particulares y vestigios tardíos, por ello no insistiremos en sus generalidades; sin embargo, sí comentaremos, muy resumidamente, la forma en que se realizaba esta representación en Medina del campo cada Viernes Santo, a la luz de las informaciones que, fundamentalmente, nos ofrece el cuadro en cuestión.

En el crucero de la iglesia conventual de los agustinos de N.a Sra. de Gracia se instalaban, no sabemos con qué ceremonial (4), un Cristo crucificado con los brazos articulados y dos escaleras tras la cruz; a su lado izquierdo una imagen vestidera de la Virgen de la Soledad sobre unas andas. Durante el sermón de este señalado día y llegado el pasaje del descendimiento del Señor, varios frailes, dos de ellos encaramados en las escaleras, seguían los pasos marcados por el predicador quien, tradicionalmente por este orden, ordenaba retirar la corona de espinas de la cabeza del crucificado, los clavos de las manos derecha e izquierda y, por último, el de los pies (dos en nuestro caso); paso a paso, corona y clavos eran entregados al oficiante principal -el que aparece arrodillado y revestido con capa pluvial- y éste los presentaba a la Virgen mientras el orador hacía un comentario piadoso alusivo a cada elemento pasional. La imagen de Cristo, una vez desenclavada y sostenida con una sábana por el torso, era descendida, presentada a la Dolorosa y por último depositada en una urna (5). Acabada la escenificación, ambas imágenes, el ahora Yacente y la Dolorosa de bastidor, saldrían en andas por las calles cercanas al convento en comitiva fúnebre rememorando el Entierro de Cristo. En la procesión de este nombre participarían, junto con los religiosos agustinos, los hermanos de la cofradía de la Virgen de la Misericordia y San Nicolás de Tolentino -hermandad establecida en dicho convento (6)- así como los restantes personajes representados en el cuadro: tres hombres tocados con amplios sombreros, velo negro sobre el rostro en señal de luto, banda roja sobre el pecho y varas floreadas en las manos, que pueden ser identificados con los "soldados", "romanos" o "judíos" de otros lares, aunque cabe la posibilidad de que se trate de los tres oficiales (alcalde-mayordomo, mayordomo del lecho y mayordomo de penas y demandas), vestidos para la ocasión, que tenía la citada cofradía de la Misericordia; por último, aparecen, al pie del púlpito, tres niños que portan en sus manos un paño y algunos de los instrumentos de la Pasión (una lanza el de la izquierda y las escaleras los dos restantes) cuyas características estudiaremos a continuación con más detenimiento.

La mención más antigua de esta ceremonia y la consiguiente procesión en Medina data de 1626, año en el que el monasterio de Nª. Sra. de Gracia vende una capilla de su iglesia, titulada del Sepulcro, al Dr. Baltasar Tapia Balttodano y su esposa Antonia de Espinosa Vergara, entre cuyas cargas se halla la de "hazer todos años la procession del entierro de Xptto" (7); también conocemos al respecto una noticia trágica ocurrida durante el desenclavo ritual celebrado tres años más tarde (8).

LOS OBJETOS MAGICOS Y SIMBOLICOS DE "LOS NIÑOS DE LA PASION"

A. Los amuletos

De este lienzo, aparte de lo ya comentado, nos ha interesado en particular el atuendo y los elementos simbólicos que lucen los tres niños. Respecto a la indumentaria vemos cómo se cubren con coronas doradas que contienen elementos de pedrería y están rematadas por una cruz; la del niño situado bajo el púlpito se cierra con bonete mientras que las de los dos restantes se hace con plumas. Los trajes son propios de la época y están compuestos por: chaquetilla ajustada a la cintura, con amplias mangas vueltas y realizada en tejido brocado de seda de color salmón (de color marrón la del niño de la izquierda); faldón hasta los pies del mismo color (de bandas verticales verdes y rosadas el mismo niño de la izquierda) y, al igual que la chaqueta, posiblemente ornamentado con labores de brocado en plata a base de rameados; sobrepuesto en la delantera, un mandil de hilo rematado con un bordado y a la cintura un dijero; las zapatillas son blancas y lucen sobre el empeine una banda transversal de color.

Los elementos que penden del dijero, nos informan de un mundo mágico y simbólico, propio de una religiosidad popular ya perdida (9). En principio, señalemos que las sartas de amuletos que lucen dos de los "niños de la Pasión" constan en ambos casos de las mismas piezas, curiosamente dispuestas en forma inversa o especular (una respecto a la otra) y que son: una higa de azabache, una campanilla con vástago, una bolsita de tela con tres borlas que identificamos como "los evangelios" y otra higa de coral; excepto la campanilla del niño que aparece a la derecha, que cuelga de una cadena plateada, los restantes elementos penden de cintas encarnadas a juego con las prendas del traje.

La higa o figa es la representación de una mano cerrada con el pulgar colocado entre los dedos índice y corazón (10); rechaza el mal de ojo y protege en general a los niños de poderes hostiles y maléficos. La realizada en azabache es reconocida como típicamente hispánica (11). Conocemos una referencia directa de sus poderes protectores, en Medina del Campo, gracias a las respuestas dadas en la Encuesta hecha por el Ateneo de Madrid en 1901 (12): Sobre el temido mal de ojo, los medinenses consultados entonces afirmaban creer en él y "como prevención, recomiendan no sacar al niño a paseo siendo guapo, sin que lleve pendiente del pecho alguna medalla con la Virgen o Santo, escapulario, etc. Otras veces se le pone un cuernecito de ciervo y antes se usaba un objeto de azabache que dicen se quebraba al hacer mal de ojo" (13).

Las ramitas de coral alargadas, talladas en forma de higa (14), además de sus consabidos poderes contra el aojamiento, previenen a los niños contra los vómitos, el rayo y los torbellinos (15). El hermoso color rojizo del coral le confirió, desde muy antiguo, virtudes fantásticas como restañar la sangre en las heridas de difícil curación, contra los males de estómago, etc., siendo considerado más como "piedra preciosa" que atendiendo a su origen orgánico (16).

La campanilla, quizá el elemento que nunca falta en las representaciones de amuletos de esta índole, aparece aquí en tanto que su tintineo ahuyenta a brujas, demonios y demás seres y espíritus malignos (17); también se cree que su sonido protege a los niños contra los males de oído. A veces sustituidas por cascabeles o figuras de sirenas, estas campanillas "brujeriles", casi siempre con vástago, solían ser de plata o de bronce y eran heredadas o encargadas para la ocasión con inscripciones alusivas.

Los "evangelios" son pequeñas hojitas varias veces plegadas conteniendo un texto sagrado impreso, generalmente con fragmentos de los cuatro Evangelios, aunque es muy frecuente encontrar ejemplares sólo con el comienzo del de San Juan, invocaciones y conjuros, "Consejos de una madre a su hijo", la regla de San Benito, etc. (18). Estas hojitas, guardadas dentro de una bolsa de tela bordada y decorada -en nuestro caso de color carmesí y con cinco borlas- servían, en su calidad de textos sagrados, coMo "detente" o escudo protector del niño frente a los males que le pudieran suceder en sus primeros meses de vida (19). La creencia en los textos sagrados como talismán ante espíritus malignos es común a casi la totalidad de las religiones antiguas; la práctica pagana de portarlos sobre el pecho no cabe duda que fue asimilada por el Cristianismo desde sus primeros tiempos (20) y su arraigo en toda España ha sido notable hasta hace poco, como hizo notar Gabriel Llompart en su citado artículo. Concretamente en la zona medinense, hasta hace apenas treinta años era una práctica común en todas las familias sea cual fuere su estrato social.

B. El modeló iconográfico de los niños: "El Niño Jesús de la Pasión"

El modelo iconográfico de estos niños portadores de elementos pasionales -y, como hemos visto, de amuletos-, hay que buscarlo en los llamados “Niños Jesús de la Pasión", cuyo origen, según Male, arranca de las palabras de San Agustín alusivas al primer pensamiento -la Cruz- que tuvo Jesús (21). En el ámbito de la piedad popular aparece en los comienzos del siglo XVI y se extiende enseguida -sobre todo en comunidades religiosas femeninas- con la idea de asociar los misterios de la Infancia y la Pasión de Jesús; de aquí se entiende que dichas comunidades encargaran un buen número de pequeñas esculturas del Niño Jesús, que eran vestidas de forma diferente en consonancia con el tiempo religioso del año; del mismo modo, se comprende la existencia en muchos conventos femeninos de un amplio vestuario infantil para una misma pieza de este género, que abarca desde el pasaje del Nacimiento hasta los de la Muerte y Resurrección (22).

Estas ingenuas imágenes infantiles de un Jesús protagonista los diferentes episodios de la Pasión, se pueden encontrar aún en infinidad de templos y clausuras conventuales, vestidas con atuendo religioso propio de la época en que fueron realizadas y, en muchos casos, provistas de los citados cinturones dijeros con varios amuletos y talismanes. Así en Medina del Campo, en el mismo convento de agustinas donde se conserva el lienzo del Desenclavo, se halla otro cuadro que representa al Niño Jesús de la Pasión, vestido de religioso, flanqueado por dos ángeles músicos que tocan uno la flauta travesera y otro el tamboril; porta una banderola blanca que contiene la Santa Faz rodeada por símbolos de la Pasión y, sobre su escapulario blanco, más elementos pasionales y una campanilla con vástago que cuelga de una cinta y llega a la altura de las rodillas (23). De factura similar son, por ejemplo: el cuadro del Niño Nazareno conservado en el monasterio leonés de Sª. María de Carrizo, en cuyo escapulario, además de varios instrumentos de la Pasión, aparece un dijero ceñido a la cintura del que penden una campanilla, una higa de coral, un relicario y lo que parece una piedra horadada (24); o las esculturas exentas del Niño que se conservan en el convento vallisoletano del Corpus Christi, o en la iglesia parroquial de la Pedraja de Portillo, obras, al igual que las anteriores, del siglo XVII (25).

C. Otras representaciones de niños con amuletos

Representaciones pictóricas del género de las que hemos tratado, en las que aparecen niños luciendo este tipo de conjuntos al tiempo mágicos y ornamentales son abundantes en el marco del arte español. Dentro de la obra de grandes pintores son muy conocidos: los de las infantas Ana y María de Austria, hijas de Felipe III, pintados en Valladolid en 1602 por Juan Pantoja de la Cruz, donde "María lleva un cuernecillo de coral sujeto por triple cadena, bolita de perfume y gran castaña con aro de plata; de una cadena más larga pende la campana con vástago; la mano derecha levanta otra cadena con un ramito de coral. Su hermana ostenta parecidos amuletos y ambas llevan grandes relicarios en medio del pecho. Ana en forma de cruz y María redondo " (26); el magnífico retrato del príncipe Felipe Próspero de Velázquez donde el malogrado personaje luce sobre el pecho una cinta cruzada con una joya, en su hombro izquierdo una higa de azabache y colgadas de la cintura una pata de tejón, una campanilla de plata y una bola horadada protectora (27); o el cuadro, también velazqueño, de Dª. Antonia de Ipeñarrieta y Galdós con su hijo Luis del Corral, quien luce una campanilla de plata colgada de una larga cadenita (28), etc.

Entre las pinturas anónimas y populares de los siglos XVI, XVII y XVIII, encontramos muchas realizadas como exvotos que recogen motivos similares, como los publicados por Juan Francisco Blanco en su obra citada sobre la brujería (29), procedentes de la ermita del Cristo de Hornillos de Arabayona de Mógica (Salamanca), en los que aparecen niñas que muestran dijeros ceñidos a la cintura con diversos amuletos: higa, bolsita de tela con Evangelios, campanilla, pata de tejón o "pezuña de la gran bestia", cruz, chupador, cuerno, coral, etc. Su representación ofrece gran similitud con los que lucen nuestros niños de la Pasión del cuadro del Desenclavo, sobre todo la higa de azabache y la bolsita con borlas que contiene los evangelios.

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NOTAS

(1) El primer estudio de esta obra ha sido llevado a cabo en el libro de reciente aparición: M. Arias Martínez, J. I. Hernández Redondo y A. Sánchez del Barrio: Semana Santa en Medina del Campo. Medina del Campo, Junta de S. Santa, 1996, pp. 38-40 y 75-77.

(2) De hecho no conocemos ninguna representación pictórica o gráfica semejante con el tema concreto de la función del Desenclavo.

(3) Las piezas originales aún se conservan en el convento, respectivamente, en el coro alto y en una de las dependencias de la clausura.

(4) Era frencuente "robar" la noche anterior las imágenes y trasladarlas a toda carrera hasta otro templo, por parte de los denominados "romanos" o "judíos"; en la cercana villa de Olmedo así se hacía. A. Sánchez del Barrio: "El rito del descendimiento en la villa de Olmedo (Valladolid)", en Revista de Folklore, nº 127, 1991.

(5) Los religiosos encargados de realizar la ceremonia eran denominados en muchos lugares San Juan, Nicodemo, José de Arimatea, etc. A veces, la imagen de la Virgen era también articulada moviendo sus brazos para recibir el cuerpo de su Hijo.

(6) Idem. nota (1). Véase el capítulo dedicado a las cofradías penitenciales históricas.

(7) Ibidem., p. 39.

(8) El derrumbe de las bóvedas de la iglesia agustina, ocurrido el Viernes Santo, 13 de abril de 1629, tuvo lugar precisamente al comenzar la función del "Venerable Entierro de Christo", oficiada aquel año por fray Juan Deça; la repercusión del suceso fue tal que una curiosa relación impresa del mismo llegó incluso a circular como pliego suelto con el título: “Relación del lastimoso sucesso, que por secretos juyzios de Dios, sucedio Viernes Santo treze de Abril, deste Año de 1629, dia del glorioso San Hermenegildo, en el Conuento de San Agustin de la Villa de Medina del Campo ". Impreso en casa de Iuan Bautista Varesio, año de 1629. 2 ff. Ejemplar adquirido en 1995 por el Archivo Municipal de Medina del Campo (leg. 408, caja 568). El manuscrito original de este texto se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid (c. 1016-n.4-v).

(9) Junto con otras obras que iremos citando de forma concreta, véanse al respecto los artículos de Juan Francisco Blanco: "Magia y simbolismo en la indumentaria tradicional", en Moda en Sombras. Madrid, M. de Cultura, 1991, pp. 40-47, y Concepción Alarcón: " Amuletos españoles", en Koiné. Revista de Patrimonio Histórico, 6. Madrid, 1986, pp. 33-41.

(10) El gesto de "hacer la higa" ha sido interpretado como símbolo obsceno y representación del acto sexual. Vid. Hans Biederman: Diccionario de símbolos. Barcelona, Paidós, 1993, p. 227.

(11) BAROJA, Carmen: Trabajos y materiales del Museo del Pueblo Español. Catálogo de la colección de amuletos. Madrid, 1945, p. 16.

(12) Véase respecto a esta Encuesta la introducción que hace Pilar Romero de Tejada al libro dirigido por J. Fco. Blanco: /Usos y costumbres de nacimiento, matrimonio y muerte en Salamanca. Salamanca, Centro de Cultura Tradicional, 1986.

(13) Encuesta del Ateneo de Madrid. Cit. en Juan Francisco Blanco: Brujería y otros oficios populares de la magia. Salamanca, Ambito, 1992, pp. 112-113.

(14) La del niño de la izquierda, sobre todo, es absolutamente similar a las conservadas en el hoy reconvertido Museo del Pueblo Español, con los números de catálogo 1.840 y 10.359, (como puede verse en citado Catálogo..., lám. XIV); también a las del Museo de la catedral de Astorga recogidas en el libro de Concha Casado: La indumentaria tradicional en las comarcas leonesas, León, Dip. Prov., 1991, fig. 63, p. 38.

(15) Carmen Baroja: Ob. Cit. p. 17.

(16) ARFE, Juan de: Quilatador de oro, plata y piedras...(Valladolid, 1572). Valencia: Ed. facs. de Lib. París-Valencia, 1985.

(17) Creencia extendida en todas las culturas de todos los tiempos, como bien puede verse en el último capítulo de la clásica obra de J. G. Frazer: El folklore en el Antiguo Testamento. Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1981, pp. 558-586; especialmente p.579.

(18) Gabriel Llompart estudió este tipo de nóminas estableciendo como selección evangélica más repetida la siguiente: Jn. 1, 1-14; Lc. 1, 26-38; Mt. 2, 1-12 y Mc. 16, 14-20, todas alusivas a la Epifanía y voluntad salvadora de Jesús. De otra parte apunta que: "el evangelio de San Juan gozó de una consideración particular, por su contenido cristológico, durante toda la Edad Media, siendo su lectura valorada como una verdadera bendición. Este era el criterio de la Cristiandad románica". G. Llompart: "Dos notas de folklore religioso levantino: "Evangelios de bautizo. y ”Peregrinos de representación” en Revista de Tradiciones Populares. Madrid, CSIC, 1966, t. XXII, c. 1º y 2º, p. 13. En este articulo se relacionan los "evangelios” con los ritos del bautismo y la bendición de los campos

(19) Concretamente, respecto a sus poderes contra el aojamiento y el "alunamiento", véase J .Fco. Blanco: Brujería...Ob. Cit., p. 146.

(20) CASADO, Concha: El nacer y el morir en tierras leonesas (León, Santiago García, 1992, pp. 28-30), recoge un fragmento de una predicación de San Juan Crisóstomo (s. IV) en Antioquía donde decía: "¿No ves cómo las mujeres y los niños pequeños se cuelgan al cuello los evangelios, a modo de gran protección, y los llevan consigo a donde quieran que van?".

(21) MÂLE, Emil: L'art religieux de la fin du XVe siécle, du XVIIe siécle et du XVIIIe siécle. Paris, Arman-Colin, 1951. Cit. en: Mª. Teresa de Vega Giménez: Imágenes exentas del Niño Jesús. Historia, iconografía y evolución (Catálogo de la provincia de Valladolid). Valladolid, C. de Ah. Prov., 1984, p. 41. Véase lo escrito sobre los "Niños Jesús de Pasión" en pp. 41-43.

(22) La tipología fue estudiada, especialmente para el caso vallisoletano, por Mª. Teresa de Vega, Ob. Cit. Una buena colección de estas imágenes, con un variado repertorio de atuendos (de Pasión, de peregrino, dormido, triunfante, resucitado, etc.) puede verse en el Museo de San Joaquín y Santa Ana de Valladolid. Agradezco a José Ignacio Hernández Redondo sus acertados consejos acerca de esta iconografía.

(23) Aparece en la portada del programa de mano de la Exposición "Testimonios inéditos de la Semana Santa de Medina del Campo". Medina del C., marzo-abril, 1996.

(24) CASADO, Concha: La Indumentaria..., Ob. cit., fig. 64, p.38.

(25) VEGA, Mª. Teresa de: Ob. cit., p. 127 (fig. abajo, izquierda) y p. 134 (fot. arriba, derecha) respectivamente.

(26) BAROJA, Carmen: Ob. cit., p. 9 y láms. I y III. También se recoge el cuadro de la infanta Ana en la Ob. cit. de Concha Casado, fig. 65, p. 39.

(27) Conservado en el Kunstbistoriches Museum de Viena, puede verse en: Velázquez (catálogo de la exposición celebrada en el Museo del Prado). Madrid, Ministerio de Cultura, 1990, p. 51.

(28) Ibid., p. 194.

(29) Brujeria...Ob. Cit. Fotografías de detalle entre las pp. 96 y 97.