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NOTAS DE MITOLOGÍA POPULAR MANCHEGA

VILLAR ESPARZA, Carlos

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 188.

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«A la abuela Celedonia Patón Ginés. Con su Verbo y sabidurías me sedujo. Con sus historias aprendí a soñar, a caminar por las maravillas de nuestro folklore manchego».

Torre de Juan Abad 1920 (Campo de Montiel).

Junto a los materiales de cimentación para la futura casa se depositaban algunas monedas como ofrenda, a no se sabe quién, ni por qué. Nadie guardaba memoria. Suaves, gelatinosos posos de temores ancestrales les empujaban a cumplir con aquella ceremonia fundacional. Con el ¿inconsciente...? gesto se intentaba aplacar a los airados genius loci por la herida producida en la tierra; escandalosa, irreverente intromisión humana en sus dominios.

Restos de sacrificios sangrientos, desagravios que fueron evolucionando con los años. La Tierra era sagrada por aquellos días, y lo sagrado produce temor.

Hoy.
Tenninada la construcción del hogar, algún agorero vecino suelta lúgubre, aquello de "...jaula nueva, pájaro muerto", más que un refrán es una sentencia condenatoria, una sombría amenaza para la familia que está de estreno. Recuérdese lo de "...casa nueva, sepultura abierta".

Por ello hacían pasar la primera noche a un gallo negro o gallina del mismo color, para que sea el animal, la víctima propiciatoria de las iras desatadas por las invisibles e irritadas quimeras, que afirman, corretean por las humildes habitaciones vacías. Las familias con posibles usaban para tal fin un cordero.

Al día siguiente el ave sigue con vida: es la señal esperada, se puede habitar el nuevo hogar. Las furias han sido aplacadas y contentadas. A la par de la mesa: pan, sal y muchas esperanzas.

¿Pero quiénes son estos seres sobrenaturales...?

Susurran son espíritus malignos que, a pesar del gallo, siguen con su maléfica influencia en la casa, por eso es menester la consagración sacerdotal, usar del hisopo y aguas benditas; "entronizar" algún santo o santa; colocar estampas apotropáicas, con todo ello quedan si no vencidos definitivamente, si contenidos. Un limes espiritual de benévolas vibraciones hace de frontera. No estarán de más ramejos de ruda o torvisco, oasis en desiertos de cal.

¿Pero quiénes son estos personajes que animaron de pavores las noches de nuestros hombres y mujeres?

Diez, generalizando, que son fantasmas, almas en pena, feroces y deformes estantiguas, encantos maravillosos. Seres tenebrosos, con dolor paridos por la Fantasía humana. Otros deciden que son proyecciones, espectrogénesis, de mentes neuróticas e histerismos visionarios. La ortodoxia, pedagógica ella, afirma: divinidades tónicas. Y nosotros pensamos que son genios exiliados de mundos mágicos.

Los mitos, las leyendas de nuestro folklore popular, que agazapadas respiran en nuestras llanuras manchegas, han conservado algunos de estos personajes mitológicos: "El Tío Lobo", "Camuñas", "El Perro Negro", "Las Encantás", "El Tío Aguilí", duendes trasgos, "El Martinico", "El Sacamantecas", "El Basilisco", "El Osuñón", "La Mano Negra", "Los Finaos", "El Hombre del Saco", "El Coco", "El lobo echaizo", "La Garduña", "La Pejiguera"...

DUENDES

...y la sempiterna sabiduría de nuestras abuelas deja caer son... ¡duendes!... duendes poderosos, "malismos", perillanes, adanascos, que enduendan casas y hacen "echar las muelas" al personal con sus picajosas actividades.

¡Duendes...! Eso deben ser, duendes. Una extraordinaria raza imaginaria que se extingue. Herederos milenarios de manes, lemures, panes y de criaturas nacidas en sueños primigénios.

Sobreviven, hoy, cansinos y escasísimos ejemplares de estos singulares reyes de burlas.

¿Cómo son nuestros duendes...?

Es tarea harto difícil, en los tiempos que corren, seguirles rastro bueno. Acecha el siglo con ánimo homicida. En la actualidad confluyen en ellos sumas de otros seres fantásticos vecinos y foráneos, contemporáneos y de milenaria ancianidad, que han ido enriqueciendo su estirpe con aportaciones y características de sus parientes de fábula.

Encamadas liebres que duermen con ojos abiertos, y que saltan provocativas ante nosotros. Lechuzas que brotan en destellos de lo profundo de la negritud, para desaparecer engullidas de nuevo en ella. Se esconden resbaladizos en lo más recóndito e intrincado de los recuerdos de nuestras abuelas y abuelos, enredándose con vivencias temerosas de ser contadas.

"...el duende (español) puede tener 60 cm. de alto y tiene la facultad de hacerse invisible o cambiar de forma, en su forma auténtica viste de verde, rojo o gris y siempre lleva un sombrero pequeño que, en muchos casos, es rojo también, aunque hay algunos duendes que los prefieren oscuros..." (N. Arrowsmith y G. Moorse).

(La característica principal en todos ellos es su apariencia humana, indistintamente a su tamaño o estética).

Confirmadas están numerosas casas conocidas por la del "...Duende" o habitadas temporalmente por ellos, en la mayoría de nuestros pueblos: una de ellas la "Casa Grande" de Villamanrique lar un día del poeta que bebió los amaneceres de Montizón. Años ha, voz en quedo contábase por tierras de Manzanares (camino de San Clemente) de un antiguo caserón donde se reunían en multitudinario conventículo la grey duendil. Paraje siniestro pues siguen contando fue escenario de crímenes y otras violencias.

Sobreviven roales de tierras bermejas con el topónimo de "Duende". Pozos de encalados brocales un día habitación de ellos; bodegas familiares correteadas por extrañas figuras que rompen la medianoche, una de ellas por la cual tenían especial disposición los "Martinicos" se encontraba en un afamado pueblo albaceteño.

Rejuran abuelas y abuelos, aunque no es cristiano hacerlo, que todas las cosas que tienen nombre existen, aunque ellos y ellas nunca los hayan visto, o eso dicen y cuentan.

A pesar de sus razones, en las charlas se les escapa algún que otro detalle querido, confidencias deseosas de ser compartidas.

De la familia de estos "familiares", primos de gnomos y trasgos, hallados e "investigados" en nuestros trabajos de campo está en primer lugar el más popular de todos ellos: el duende "Martinico" "Martinillo" o "Martín". Dionisiaco y por exceso en sus impertinencias, malvado. Un duende deliciosamente acanallado.

Al "Martinico", ácrata, agitador profesional, que lleva el desorden y la subversión en las viviendas donde desarrolla sus actividades caseras, se le ha descrito generalmente como rechoncho, rabón, algo diablejo, (sin parentesco alguno con el Cojuelo literario amiguete de Don Cleofás) de estatura tirando a chaparro. Patituerto y cojitranco. Algún que otro abuelo nos ha comentado maliciosamente que tiene un punto de burriciego. Por lo recogido, bastante inestable emocionalmente; generoso, solidario con los hombres y mujeres, a los que no duda en dar mano en caso de necesidad, como de gastarle las peores judiás. Culo de mal asiento, como la cabra, le tira el monte. Oficia de consumado viajero, se le ha visto y padecido en numerosas zonas y comarcas españolas. Hogareño, los hubo monásticos, palaciegos, castellanos, y artistocráticos con grandes querencias a la suntuosidad. Se le ha visto "...como un hombre de baja estatura, con capita y sombrerete de plumas, casi asemejando aun enano...". Su color preferido es el rojo.

Escribió la condesa D' Aulnoy (Marie Catherine Le Jumel De Berneville, autora de seis libros dedicados a las Hadas) que durante su viaje por España en el año 1679 "...me había referido que pasaríamos cerca del castillo de Quevado, en el cual habitaba un duende. Me refirió muchas extravagancias creídas por los naturales del país, hasta el punto de no haber quién se refugie en el castillo...el dueño de la posada nos manifestó que al duende no le placía ser molestado y que, si le venían ganas, por muchos que fuéramos, nos golpearía a su sabor hasta dejarnos medio muertos...". El mentado e iracundo duende era cofrade "Martinico" pues son legendarios sus cabreos cuando es inoportunado.

Celebérrimos fueron en su momento los "Martinicos" que escandalizaron el buen orden y sosiego en las casas de las calles Juanelo, la Corredera y la plaza de los Afligidos de un "...Madrid corralón manchego". Siendo clásicos, el que aterrorizó a Villarroel y el duende culebrón de Guadalajara.

Tiene graves y secretos poderes que utiliza para metamorfearse en animal (motivo por el cual algunos autores los emparentan, en forma lejana, con las hadas). Consumado especialista en mover, desplazar y derribar muebles, grandes cuadros y valiosos tapices. Posee extrema debilidad por aparecer con hábitos de fraile, sin tener preferencia por orden religiosa alguna. Sobón e incólume al desaliento hace la vida imposible a los habitantes de la casa, que no tienen más remedio que optar por el cambio de domicilio. A pesar de esta trágica decisión, la desesperación no conoce límites si el "Martinico" en cuestión le tiene ley a la familia fugitiva: lean lo sucedido a un desdichado hidalgo...

...y estando hecho el apresto
toda la ropa liada,
cargados todos los tercios,
vio bajar por la escalera
un frailecillo pequeño
con las alforjas al hombro.
Y él, espantado de verlo
(si bien conoció quién era)
le dijo "Padre, ¿qué es esto?
¿Dónde bueno es el viaje?
Y respondió el frailezuelo:
"Pues ¿no nos mudamos? Voy
siguiendo el hato, y siguiendo
la Corte a Valladolid...

Las abuelas torreñas guardan memoria del duende que habitaba una de las casas de la calle Empedrá de Torre de Juan Abad, muchos años antes de nuestra locura cainita. Era un ejemplar de los más sosegados y pacíficos, por mor que en alguna que otra ocasión produjera ligeras escandaleras testimoniales. Recuerdan cómo siendo niñas sus abuelas les advertían de aligerar pies y no detenerse, curiosas, al pasar por la "Casa del Duende". Alguna mocica en su temor y fantasía creyó ver los ojillos maliciosos del duende brillando tras los sucios cristales o en lo alto de la piquera.

Refieren y aconsejan los "duendólogos" que el mejor método para librarse de este duende consiste en no prestarle atención, dificultad santificada. Al ser ignorado, herido en su desmedido ego, muy pícaro decide marcharse para no regresar.

Otro género de duendes, son los diminutos, los liliputienses que apenas levantan un suspiro del suelo. Hiperactivos, oscilan entre asilvestrados y residentes domésticos, pues si bien viven en las cavidades de los árboles, nidos de aves, bajo piedras, etc., pasan cortas temporadas en domicilios humanos para cometer sus pequeñas fechorías.

Muy aficionados a encabritar a los animales de corral y caballerías, las someten a mil trastadas. Sienten verdadera predilección por esconder y cambiar de lugar pequeños objetos: dedales, agujas, navajas, monedas, tijeras, etc. ¿No han oído nunca...? "¡...aquí hay duendes!..." al no hallar el objeto en el lugar esperado. Bien, éste es el duendecillo responsable.

Harto simplón e infantil se divierte a lo grande con sus intrascendentes pillerías. Posiblemente, el más amable y querido de todos ellos.

Solitario, independiente, recalcitrante, dado el caso de coincidir con el "Martinico", no quiere trato alguno con él, abandonando, chineros, poyetes, candiles. ..partiendo en busca de nuevos espacios cercanos a su antiguo habitáculo, donde reiniciar sus aventuras y travesuras. Se han recogido informaciones que corroboran la creencia que han sido abundantes los ancianos asistidos por estos personajillos en momentos de debilidad de memoria.

Su peligrosa pequeñez le obliga a ser muy prudente y cauto en sus desplazamientos y correrías. Su tamaño es un continuo riesgo, puede ser aplastado por algún pie humano, casco de mula, o devorado por la canalla gatuna, su mortal enemigo. Se cree que posee la facultad del lenguaje de los animales. Ciertamente sus aventuradas expediciones a campo abierto y calles transitadas, son mar de sobresaltos. Pero que se sepa, jamás se encontró cuerpo alguno del duendecillo accidentado.

A continuación tenemos los "malismos", semejantes a los trolls nórdicos. Babeantes, feos con avaricia. De aspecto feroz, llenos de pelos que le cubren todo el cuerpo en largas y grasientas guedejas, segunda piel que arrastran.

Moran en tenebrosas cuevas y antros preñados de tinieblas, junto a murciélagos y demás criaturas nocturnas. Algunos de ellos son los encargados de guardar los tesoros y riquezas que hay bajo tierra. Curiosamente nadie los ha visto, nunca acuden a la superficie, la luz les ofende y consume. (Para no haber sido descubiertos, ni ojeados por los hombres, su descripción no deja de resultar curiosa e intrigante). Los más peligrosos de todos los duendes, pues son diestros en encantos y hechicerías dañinas. Peores que el "Pernales". Quiere la tradición que alguno de ellos velan el cumplimiento de la maldición condenatoria de la "Encantá" sanjuanera.

Javier Villafañe* recogió en Arenas de San Juan, por boca de una anciana sabia en hierbas, tres familias de duendes, que según él no guardan parentesco alguno:

1. Duendes servidores del Diablo.

2. Duendes protegidos de la grey angelical.

3. Duendes al servicio de ellos mismos.

Los primeros primos hermanos de nuestros duendes trogloditas. También son fieros cancerberos de tesoros ocultos y gracias a sus poderes mágicos, en un pis-pas, convierten los dineros y joyas supultados, en repugnantes escamas, para evitar que les sean arrebatados. Igualmente están cubiertos de matas de pelos.

Los segundos tienen aires a querubín inocentón y bonachón: son los dulces duendes que ayudan a los humanos a hallar los pequeños objetos extraviados (quizás remedian la pequeña barrabasada cometida por sus otros diminutos parientes). Viven en los nidos de las poéticas golondrinas, que los cobijan y protegen maternalmente. Un abuelo cozareño los había visto. ..en una pintura de Murillo.

Y los terceros guardan algo más que un tufillo de "Martinico". Caóticos, pendencieros, arrastran pequeños muebles, los cambian de lugar, consumados maestros de la prestidigitación se divierten haciendo juegos de visibilidad e invisibilidad con toda suerte de utensilios domésticos.

De escasa alzada, su cubil son los costureros de las más ancianas y de hermanas que han quedado para vestir santos. Igualmente se esconden en los agujeros de nuestras bodegas, cuevas, chimeneas, etc., convirtiéndolos en confortables cortijillos. Bacines impenitentes, nocherniegos, bullangueros y como el resto, burlones y bailones.

Todos los duendes citados sienten primorosa y amorosa devoción por la música, en la cual algunos de ellos son verdaderos divos. Escribe Villafañe que en habiendo un piano en casa allá va con sus escasos bártulos a tomarlo como lugar de residencia.

Corren cuentos y "sucedíos" de campanas sonando a destiempo: ¡manos de duende!, sentencian los abuelos.

Dando de mano con estos geniecillos que formaron parte de millones de sueños infantiles, alguna que otra ilusión y temor de adulto, decir que: los duendes se explican facilmente, lo difícil es explicar ...que hay duendes.

Y como decía Montaigne "mi conciencia no falsifica nada, de mi ciencia no respondo".

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NOTAS

En el Corominas se encuentra: Duende. 1490, "espíritu travieso, que se aparece fugazmente", por lo común "el espíritu que se cree que habita en una casa". Significó antiguamente "dueño de una casa", 1221, y es contracción de duen de casa (éste con el sentido de "duende"), m. s. XV locución cuya primera palabra es forma apocopada de dueño.

* "Maese Trotamundos por el camino de Don Quijote", SEIX BARRAL, 1983.