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Reflexión sobre el tema de la pareja en cucharitas, cajitas y polvorines pastoriles salmantinos

GABAUDAN, Paulette

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 189.

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Entre los objetos de asta tallados y decorados por los pastores salmantinos, algunos nos llaman especialmente la atención por la calidad y refinamiento de su labra, por la identidad de su estilo y la recurrencia de algunas escenas.

Decimos escenas, y esto ya distingue esta decoración de la habitual en la ornamentación pastoril. En efecto, aunque existen, en los objetos de asta, otras escenas distintas de las que queremos destacar, escenas de la vida cotidiana por ejemplo, escenas de tauromaquia, etc., en verdad, no abundan. Los temas decorativos suelen ser motivos sueltos, dibujos geométricos con valores mágicos de tradición ancestral, temas florales o vegetales, eucarísticos, heráldicos, zoomorfos, sean animales del campo charro o exóticos y fantásticos, incluso temas antropomorfos, como ciertos charros y charras de algunas cucharas de mango largo, etc. pero esos motivos se encuentran yuxtapuestos al albur, sin constituir escenas.

Lo que distingue también estas obras es su factura. La decoración del asta, especialmente en cuernas grandes, es generalmente incisa y de trazo algo basto. Los objetos de los que vamos a hablar están todos tallados, con excepción de uno, y su relieve es incluso bastante acusado; la incisión en pirograbado se encuentra más bien en la pala de las cucharas, pero el mango, que ostenta el trabajo de más valía, está en relieve. A menudo están policromados con los típicos colores verde, amarillo y rojo, colores suaves, de tono pastel, que dan una gran delicadeza a la talla. Cuando no están policromados, la pátina les presta un tono cálido de gran belleza, el marfil de las figuras resaltando sobre el fondo oscuro.

El estilo tiene también una unidad que haría pensar en algunos casos en una misma mano, si no fuera atribuir demasiadas obras al mismo artista. En efecto, así como en algunos polvorines las formas son estilizadas, con líneas sencillas en su elegancia, aquí el dibujo es muy rico, con una profusión de minuciosos detalles que llenan todo el espacio, sin que el trazado pierda nada de su seguridad y belleza.

En cuanto al origen, las piezas a las que nos referimos son todas salmantinas, tanto las del Museo del Pueblo Español como las de la colección Cortés, que son nuestras fuentes de información.

La fecha posible nos lleva a pensar también en una unidad temporal bastante precisa: de las tres cajitas de la colección Cortés decoradas con el tema del paraíso, una, de Alba de Tormes, está fechada en 1810, y las otras dos tienen en el reverso escenas de combate con unos uniformes militares inconfundibles; una de las dos nos evoca un Dos de Mayo con los húsares de Murat. Los mismos atuendos y la misma escena se reproducen casi como una copia en una cucharita de Forfoleda; la cual tiene a su vez grabada en su pala la misma espléndida águila bicéfala que una cuchara de Adán y Eva de Cipérez y que otra cuchara con la pareja a caballo y el halcón de la colección Cortés (1), o con una pareja de rústicos del Museo (nº 1.962). Las otras cucharitas no nos permiten arriesgarnos tanto en la fecha, pero, por su estilo como por lo que se desprende del contenido que vamos a analizar ahora, no deben de andar muy distantes en el tiempo.

Las escenas a las que vamos a referirnos son tres: la pareja de charros afrontada; la pareja de charros a caballo; una escena bíblica, Adán y Eva en el paraíso.

LA PAREJA AFRONTADA

Empezaremos por este tema que ha tenido una gran difusión en las cucharitas de mango corto. Hay que señalar que no lo hemos encontrado en cajitas y sólo en una cuerna del Museo, la nº 8.299. El Catálogo de la colección de cucharas de madera y asta del Museo del Pueblo Español, publicado por J. Pérez Vidal en 1958, señala seis entre sus fondos, la nº 1.962, procedente de Salamanca, la nº 7.753, de Salamanca también casi igual a la anterior, la nº 7.719, de Salamanca, la nº 7.747, de Carbajosa de la Sagrada (Salamanca), la nº 7.748, de Tabera de Arriba (Salamanca), la nº 7.749, de Buenamadre (Salamanca) y la nº 7.754, de Salamanca. Cinco de ellas figuran en la ilustración (2). En su artículo sobre las cucharas de mango corto (3), Luis Cortés señala dos de su colección personal, la nº 2, de Galinduste (Salamanca) y la nº 3, de tierra de Alba. La ilustración permite apreciarlas. El Arte popular salmantino del mismo autor, ya citado, ofrece dos piezas más de la misma colección entre sus ilustraciones, una de Beleña y la otra salmantina también aunque sin procedencia concreta. Señalemos que el mismo tema se encuentra en una cucharita de mango largo, nº 1.963, y en un tenedor articulado con la cuchara, nº 1.964 del Museo, bastante inferiores en calidad. Aparece también en un polvorín del Museo, el nº 8.299, de gran calidad, con la disposición medieval en franjas, y en otro polvorín de la colección Cortés, fechado en 1848, con la misma disposición en franjas (4).

La posición de la pareja es muy parecida en todas, de pie, con el cuerpo algo ladeado, la cabeza vuelta y los personajes mirándose. Sólo en la nº 7.754 del Museo del Pueblo Español los personajes aparecen sentados en sillas. La indumentaria es la misma también, el hombre con calzones y medias, chaquetilla corta, montera o sombrero; en varios casos se puede apreciar los cordones o botones en la bocapierna del calzón; la mujer con saya, mandil y corpiño, moño o algún tocado o cintas, es decir el típico traje aldeano charro. A veces lleva una vasija en la cabeza. Sólo en la cuchara de Galinduste el hombre lleva un pantalón campero. Haremos observar que esta cucharita no está tallada, sino grabada, y seguramente más tardía. En casi todas, las manos de la pareja se unen para sostener un objeto. Y en estos objetos está la variación:

Un elemento vegetal, árbol, ramo o flor entre los dos, figura en todas las cucharas del catálogo del Museo citado; hay una gran rosa encima de la pareja de Galinduste (fig. 1), un árbol frondoso en medio de la pareja en la de Alba (fig. 2). Los dos personajes sostienen la flor, un tulipán estilizado o tal vez un lirio, en la primera de las cucharas del Arte popular, p. 83; la flor, tulipán también, está a sus pies en la de Beleña (fig. 3). En el polvorín del Museo la pareja sostiene una rosa en forma de rueda solar; y lo mismo pasa en el de la colección Cortés.

Otro atributo no menos frecuente es el corazón; está en cuatro de las seis cucharas del catálogo, en la de Galinduste y en una de las del Arte popular. A veces esta figura se desdobla y se puede llegar incluso a cuatro corazones en la nº 7.754, doble corazón invertido en la 7.747, corazón dentro del corazón y transformándose en flor en la primera del Arte popular.

Un tercer atributo interesante es la bolsa o hatillo que algunos sostienen entre los dos. Si ciertos corazones así mantenidos podrían ser vistos como bolsas, en el caso de la cucharita de Beleña no es dudoso: es una bolsa auténtica lo que los dos rústicos agarran entre sus manos.

Menos frecuentes, pero no desprovistos de interés son los dos pájaros que aparecen en lo alto de algunas de estas escenas, en la nº 7.719 y en la cuchara de Beleña. Nos fijaremos también en los cipreses que señala el Catálogo en las nº 7.748 y 7.749, especialmente en la primera por la presencia de los dos cipreses. En la cuchara de Galinduste un perro de pie apoya sus patas en la pierna del hombre. Por fin indiquemos, aunque no le vemos más sentido que el de una inicial, la T de la cuchara de Alba.

Estos atributos tienen, no hay duda, un sentido simbólico simple:

El tema vegetal, tan frecuente en el arte popular como mero adorno, cuando aparece en una escena con un mensaje simbólico, va casi siempre ligado a la vida y la fecundidad, a un nuevo despertar; se presta muy bien a evocar la nueva vida que empieza y a expresar los deseos de fecundidad para la pareja. Por consiguiente favorece la interpretación de pareja de novios para los personajes.

El corazón es más frecuente aún en el arte popular. Lo encontramos en muebles, en el hierro forjado, en balcones y rejas, en los bordados, en la cerámica a veces, en el arte pastoril de la madera, bastones, ruecas, etc., en las cuernas de todo tipo. Su forma es altamente decorativa y se presta a distintas combinaciones armoniosas. Eso podría bastar para justificarlo. Pero ligar el corazón con el amor parece bastante obvio, desde tiempo inmemorial y hasta en los "graffiti" más modernos. ¡Cuántos corazones asaeteados y con las iniciales de las víctimas en tantos árboles de nuestro mundo occidental! Queda aún más patente cuando el corazón une a una pareja. Otro motivo más para pensar en novios o matrimonio. Relacionar pues las cucharitas con una ofrenda amorosa relativa a la unión matrimonial nos parece una interpretación evidente, sobre todo si se tiene en cuenta la tradición del regalo a la novia en el arte pastoril, y la calidad excepcional de las piezas referidas. R. Peesch, en su libro Art populaire européen, estudio tan rico y sugestivo sobre los temas ornamentales, dedica un capítulo a este tema, bajo el título: "El corazón, deseo de felicidad y símbolo de amor" (5). En tiempo del noviazgo es promesa de matrimonio, a la hora de la boda, deseo de felicidad.

El otro atributo, la bolsa o hatillo, más original si se quiere, puesto que parece exclusivo de nuestra cucharita de Beleña, va en el mismo sentido: la pareja es una pareja de novios y la bolsa ¿la dote, el ajuar, el dinero recogido al espigar, los ahorros para emprender la vida común?

Sobre pájaros, cipreses y perros volveremos más tarde.

El capítulo que Peesch dedica a esas parejas frontales o afrontadas en el libro ya citado es de un enorme interés (6). Lo titula: "Fiers seigneurs et nobles dames", lo cual indica a las claras que las hace partir de representaciones nobles o burguesas. La pareja frontal con todas sus galas, incluido el espadín, aparece en libros de modelos del siglo XVI y XVII. El hombre lleva a la mujer de la mano en una actitud que figura la danza (7).

En el siglo XVIII la pareja vuelve a aparecer en la ornamentación de tejidos populares, pero con nuevo significado. El traje ha cambiado. Si en algunos casos se ha querido resaltar la nobleza del tema representando simbólicamente a la pareja real coronada (armario danés del XVII), de modo general la pareja representada es popular con traje regional, traje de pastor o de cazador.

Peesch da como ejemplo los almohadones de novia de la región de Vierlanda, cerca de Hamburgo, donde la tradición se mantuvo hasta mediados del siglo XIX. Allí el hombre y la mujer van cogidos del brazo y entre los dos sostienen un gran corazón; por los lados se ven ramos de hojas a semejanza de árbol que da cobijo a pájaros. Por encima de la pareja una corona termina de indicarnos que se trata de una pareja de recién casados que quieren vivir su matrimonio en el honor. El hecho de que los bordados adornaran almohadones de novias ya lo dejaba entender.

Este grupo se encuentra en cartones pintados para cofias, en platos, en utensilios del hogar, en cajas para el espejo o la navaja barbera, en muebles, en moldes de repostería, e incluso, en Rumanía, en estufas de cerámica, donde los novios, cogidos de la mano tienen entre los dos un florero con un ramo de flores. Vemos pues que el tema ha tenido un gran éxito en la Europa central y nórdica, y que la representación de la pareja es muy parecida a la de nuestras cucharitas. Si en la decoración española no se cogen ni de la mano ni del brazo, llevan juntos un objeto simbólico que los une, corazón, bolsa o ramo, que nos indican el caminar común. El corazón y el tema vegetal se encuentran igual en Europa que en las cucharitas salmantinas.

La relación con la boda es evidente, no sólo por la ornamentación, sino por el destino de los objetos, relacionados con el hogar. Este parentesco indiscutible entre las piezas estudiadas por Peesch y las salmantinas nos confirma en nuestra conclusión: en Salamanca también esas cucharitas con las que no se puede comer, pero cucharas al fin, hogareñas, y tan primorosamente adornadas, fueron destinadas a regalos de boda, regalo del novio pastor a su novia, o de un amigo o familiar pastor a la pareja (8).

LA PAREJA A CABALLO Y LA CAZA

Sobre este tema en el Museo no hemos encontrado nada. Las escenas de caza del polvorín nº 8.988 son de un cazador solo. En cambio la colección Cortés posee tres cucharitas y el tema aparece también en una cuerna. Los cuatro objetos figuran en el Arte Popular del autor: Son una cuchara de Espadaña, entre Vitigudino y Ledesma (Salamanca), otra de la zona del Abadengo, una tercera sin localización concreta y una cuerna muy completa y muy hermosa, que conserva aún el labrado en franjas de los olifantes medievales, y donde, entre otros temas de gran interés, aparece éste, la pareja a caballo.

Diremos de entrada que estas escenas tienen una estrecha relación con las anteriores por el aspecto de los personajes. La indumentaria es exactamente la misma: calzón con botones, media, chaquetilla corta y bicornio en el hombre; para la mujer, saya, mandil y corpiño y ciertas variaciones en el tocado: sombrero alto con pluma, pelo recogido en moño o un velo que flota, en el grupo de la cuerna; en una palabra, el traje charro tradicional. Nos encontramos con la pareja de rústicos de antes.

La novedad está en su distinta actitud: aquí un jinete con mujer a la grupa. ¿Se trata forzasamente de escenas de caza? ¿Qué nos autoriza a afirmarlo?

En una de ellas, la del Abadengo (p. 89), es cierto que la identificación es dudosa. La pareja va sola, sin ningún atributo complementario. Puede tratarse de un desplazamiento cualquiera. De hecho Peesch señala el tema y lo asimila completamente al anterior, la pareja de novios. Lo indica como frecuente en las mantas sicilianas y lo describe así: "La pareja de novios en la cabalgata tradicional; el novio sentado delante sobre una silla, y la muchacha detrás en amazona" (p. 88). La interpretación puede valer perfectamente para nuestra cucharita salmantina.

Pero en las otras piezas de la colección, cuyas escenas son, por otra parte, tan semejantes a ésta, aparecen atributos determinantes de la caza, y nos atrevemos a pensar que se trata de cruce de dos temas. Señalemos, antes de pasar a su descripción, que en todo el repertorio de temas que estudia Peesch, centrado esencialmente en lo doméstico, la caza tiene un papel muy reducido, limitado a un breve comentario sobre el ciervo de San Huberto, que no tiene nada que ver con lo anterior.

La cucharita de Espadaña (fig. 4) lleva el significativo e inconfundible perro, corriendo entre las patas del caballo, y una rama en la mano derecha del hombre, que ella sí, tiene que ver con las escenas ya estudiadas de parejas de novios; una de las hojas además tiene forma de corazón. La escena análoga de la cuerna (fig. 5) tiene también el perro corriendo a los pies del caballo; una gran flor, especie de tulipán, se sitúa arriba, delante del jinete, recordando el detalle vegetal anterior, y dos pájaros vuelan encima de las dos cabezas, como los habíamos visto en la cucharita de Beleña y en los almohadones de Vierlanda. Para ser exactos digamos que uno de ellos podría pertenecer a la escena anterior de la misma cuerna, otro jinete con la idéntica indumentaria, con un perro también y otro hombre, un criado probablemente, que lleva dos bultos en las manos. Pero esto nos confirma que se trata visiblemente de dos escenas de caza.

Ahora bien, es en la tercera cucharita (fig. 6), de la que no hemos hablado aún, donde la escena está tratada de la manera más interesante: en ésta el jinete lleva un pájaro en el puño. Para mayor nobleza, la pala de la cucharita está adornada con un águila bicéfala. En este grupo se concreta pues el significado, al evocarnos las cazas señoriales de cetrería, propias de la Edad Media.

Aquí tocamos a temas nobiliarios, siendo la caza en el pasado la actividad noble por excelencia. De allí que la decoración sobre asta en el arte culto se centre y se limite tal vez a los polvorines de caza. Al tratar el tema de la caza el pastor imita lo culto, noble y cortesano.

Ese tema fue profusamente representado en cajitas de marfil para coloretes o ungüentos del siglo XIII y en las miniaturas del XV, que representaban la caza o la primavera. Es cierto que la dama entonces montaba su propio caballo. Pero eso no quitaba nada a la ternura y la intimidad de la escena que tenía un claro carácter amoroso, con muy elocuentes caricias. No nos debemos de sorprender, si tenemos en cuenta que esta decoración iba destinada a objetos dedicados a la galantería. Aparte del halcón, imprescindible, aparecían en la parte baja del cuadro perros y conejos para ambientar la cacería.

Pensamos que todas esas escenas de a caballo, a pesar de sus diferencias y características propias, con o sin halcón, con o sin perro, pertenecen a una misma categoría donde la cacería antigua noble y con halcón proyecta aún su tradición, al lado de unas cacerías con perro solos, más actuales; pero que en todos los casos, y más aún sin cacería, el tema amoroso está presente como lo estuvo desde los orígenes, la correría a caballo siendo la ocasión de disfrutar de la soledad acompañada. Es otra manera de exaltar a la pareja.

LA ESCENA BIBLICA: ADAN y EVA EN EL PARAISO

El tema aparece en la colección del Museo en una cucharita de mango corto nº 7.752, de Salamanca por supuesto, y en un polvorín, el nº 8.988, comentado por Caro Baroja y procedente de Salamanca (9); en la colección Cortés, en tres cucharitas de mango corto, tres cajitas y un polvorín, todos reproducidos en el Arte popular (pp. 76, 88, 91).

Una de las cucharas procede de Cipérez (fig. 7), y una de las cajitas, fechada en 1810, de Alba de Tormes (fig. 8); las demás son salmantinas sin más precisión. Los dos polvorines, muy hermosos, conservan aún el labrado en franjas de los olifantes medievales (fig. 9).

Todos estos objetos son del mismo estilo, con las figuras, de trazo muy fino, en acusado relieve, y parecen a veces incluso de la misma mano. El tema tiene en todas las piezas, cucharas, cajitas y polvorines, el mismo tratamiento. La similitud es asombrosa: Adán y Eva con paño para él, paño, flor o mano en el sexo para ella; en la cuchara de Cipérez el paño de Eva es una magnífica rosa. Están situados simétricamente de cada lado del árbol, Adán a la izquierda nuestra, derecha del árbol y Eva del otro lado; cada uno, de un mismo movimiento, en todas las piezas observadas, coge con la mano una manzana. En todas, la serpiente enroscada al árbol, con dentadura amenazante, proyecta hacia delante su lengua hacia Eva, a la derecha. Sólo una pequeña variante aparece en el polvorín del Museo: la serpiente tiene la manzana en la boca y Eva la toca. Dos cipreses se yerguen, uno de cada lado del árbol, cuatro en una cuchara del Museo; flores y frutas aparecen en profuso desarrollo en el árbol. En la parte alta destaca sea una flor, sea un sol, o a veces una flor a punto de transformarse en sol, como en una de las cajitas.

Esta escena, común a todas las piezas, se ve completada en dos de las cajitas, donde el espacio es mayor, por dos ángeles trompeteros de cada lado de la pareja. En una de ellas estos ángeles tocan con su mano unos pájaros, aparentemente águilas, que tienen a sus pies. La primera cajita, la de tierra de Alba, tiene los mismos pájaros a los pies de Adán y Eva. El polvorín del Museo tiene también dos pájaros abajo, uno por cada lado. Así pues, ángeles o pájaros o las dos cosas.

Estas obras representan lo más logrado que puede ofrecer el arte pastoril en España.

El tema es viejo, como se puede suponer. En la Biblia de Burgos (Scriptorium de San Pedro de Cardeña, 1190-1200) aparece figurado de una manera bastante cercana a la de los pastores (en la actitud, el paño, el árbol, la serpiente), e incluso un árbol en forma de lanza, que separa esta escena de la otra, bien podría ser un ciprés.

Ha sido tratado con toda atención por Peesch (10), que lo encuentra figurado en lugares diversos con características análogas, un gran parecido y pequeñas variantes en los detalles, con lo que acabamos de describir: posición frontal de los personajes aliado del árbol, que los cubre con sus ramas; los nuestros en cambio se están mirando. Adán se sitúa a la izquierda nuestra y Eva a la derecha; tapan su desnudez con hoja, ramo o paño, como ya lo sabemos; pueden a veces estar vestidos, dato que no se ha dado con las piezas analizadas hasta ahora en Salamanca, pero sobre el que volveremos. El árbol es un manzano con sus manzanas; la serpiente se enrosca alrededor del tronco, muchas veces comiendo una manzana, como el polvorín del Museo. A veces unos angelitos tocando la trompeta adornan las cuatro esquinas del cuadro. Las láminas ofrecidas por Peesch: pequeños muebles esculpidos, o planchas, en Polonia y Dinamarca, son muy hermosos, pero no tienen la riqueza ornamental ni la finura de las obras de asta salmantinas.

Pero lo más interesante para nosotros en el estudio de Peesch es la pregunta que se formula sobre el significado. Le descubre tres valores diferentes: Si el tema está ligado al pecado original que, tal como nos lo cuenta el Génesis, condujo la humanidad a la muerte, la escena está puesta entonces en relación con la crucifixión redentora, y adorna los zócalos de madera de las tumbas o los cruceros, en los caminos de Moravia. Aparece también en una sábana mortuoria húngara, en vidrios pintados y cuadritos de madera, siempre en Rumanía.

Si se piensa en Dios creando a Adán, como el primer alfarero, según el dicho conocido: Dios fue el primer alfarero y Adán el primer cacharro, entonces el motivo irá ligado al gremio de los alfareros: se encuentra pintado en jarras rumanas y bohemias.

Pero si la escena adorna utensilios de hogar, como planchas o palas para lavar la ropa, en Dinamarca por ejemplo, o pequeños muebles familiares, rinconeras, etc., como en Alemania, Holanda o Escandinavia, o mejor aún, si constituye el motivo central de un tapiz ofrecido para una boda, o de guantes de novia como en Suecia, o si sirve para la decoración del ajuar, es evidente que no le conviene la interpretación funeraria ni la gremial. En este caso se puede tratar únicamente de objetos ligados a la boda. Adán y Eva son entonces la primera pareja creada por Dios y unida por El en matrimonio, ejemplo y símbolo de la unión matrimonial; y el objeto significa promesa de casamiento, o es ofrenda amorosa. El entorno de la pareja, con las ramas florecidas, las guirnaldas de flores y hojas, los angelitos tocando la trompeta, todos elementos vitales y alegres, y las iniciales de la novia atestiguan esta interpretación.

Es la que corresponde a nuestras cucharitas y cajitas, cuya belleza no tiene nada de fúnebre. Por consiguiente parece claro que Adán y Eva constituyen otra versión de la pareja matrimonial, lo mismo que la pareja a caballo o la pareja afrontada, los tres temas no formando más que uno. Y su destino será el mismo: una ofrenda amorosa o un regalo de boda.

Con las cucharas, donde aparecen los dos primeros tipos de parejas, no hay duda: ligadas al hogar, se prestan a ser regaladas a mujeres. ¿Y las cajitas? Se les suelen llamar tabaqueras; así están registradas en el Museo, con bastante verosimilitud, dada la difusión del rapé, que por cierto gustaba a unos y otras. Pero no sería demasiado descabellado tampoco que fueran cajitas para guardar pequeñas joyas, sortijas, pendientes, alfileres para el pelo, transformándose así en regalo típicamente femenino. En cuanto a las cuernas, los temas estudiados no son en ellas únicos, sino que alternan con otros, y es evidente que el regalo va destinado a un hombre; pero para una ocasión sonada, dada la calidad. ¿Qué ocasión más sonada que una boda?

LA RELACION ENTRE LOS TRES TEMAS

Peesch estudia estos temas aisladamente, sin tratar la relación entre ellos. Sin embargo nos parece clara e interesante.

La similitud simbólica de los temas, aunque con apariencia argumental diferente, se manifiesta primero en la posición de las figuras, diferente, es verdad en los ejemplos de Peesch y en el arte pastoril salmantino: frontales en Peesch y afrontados en Salamanca, pero iguales entre sí, novios y Adán y Eva colocados exactamente de la misma manera en cada país.

Sugerente también es el estudio de los atributos y adornos del cuadro:

El elemento vegetal por ejemplo, es indispensable en el grupo de Adán y Eva: no podemos concebir un paraíso sin árbol. Pero cuando vemos un árbol crecer entre los dos novios de pie, de la cuchara de Alba, ¿no se trata en realidad de la misma cosa, una transposición del árbol del paraíso a la pareja? El árbol -y la flor tiene el mismo valor simbólico-, simboliza el Arbol de la vida (11); y sabemos que en la iconografía, el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal se confunden; es el árbol del paraíso. La planta se conserva incluso en el tema de a caballo, y vemos el jinete de la cucharita de Espadaña llevar en la mano una especie de palma, que no se justifica si no se interpreta como un símbolo sacado de otro contexto (12).

El ciprés insiste más aún en el símbolo anterior: Arbre sacré chez de nombreux peuples, gráce á sa longévité et a sa verdure persistante il est nommé l'arbre de vie (13), uniendo el cielo y la tierra en su subida vertical, aparece como ritual en las escenas de Adán y Eva; no fallan en ninguna, e incluso, en la cucharita del Museo nº 7.752, se han duplicado. En la escena del paraíso, esta promesa de inmortalidad podría figurar la redención al lado de la caída. Pues bien, los cipreses del paraíso reaparecen de modo imprevisto en dos cucharas del Museo, en la de Tabera de Arriba, nº 7.748, dos como en el paraíso, y en la de Buenamadre, nº. 7.749, uno.

El pájaro es indispensable cuando se trata de cetrería, con halcón en el puño. Unos pájaros revolotean encima de la pareja en la escena de caza de la cuerna: hasta allí normal, en la caza. Hay pájaros en tres escenas del paraíso: ¿serán los animales de los que Adán era dueño? Pero hay pájaros también al lado de los novios en la cuchara de Beleña y en la nº 7.719 del Museo. Los pájaros están presentes también en el bordado de Vierlandia. Sin querer sacar demasiado de este detalle, de uso tan frecuente, sin embargo pensamos que el reempleo de elementos decorativos de una escena a otra subraya su parentesco: una misma escuela combina los mismos elementos.

Nos parece significativa la presencia del perro, como contaminación con el tema de la caza, en la cucharita de Galinduste en la que el perro de pie se apoya sobre la pierna del hombre.

Otra cuerna, de la que no hemos hablado (fig. 10), ofrece, a nuestro entender, una curiosa contaminación de los tres temas. Se trata de un polvorín, muy bello también, pero de una factura muy diferente a la de las piezas anteriores. Sobre un fondo más oscuro y completamente rayado en cuadriculado se destacan las figuras en color marfil claro y liso. El relieve es más plano, de menor bulto que en las piezas anteriores. La estructura en franjas ha desaparecido: abundan animales, flores y personajes diversos, sin conexión alguna, como es frecuente en las cuernas pastoriles; pero aparecen también algunas escenas, una de tauromaquia, una de paraíso y nuestra pareja de novios. La cuerna está fechada en la cenefa: 1875; es pues mucho más tardía, lo cual explica la diferente técnica artística.

En este polvorín la escena del paraíso aparece bastante transformada. Los personajes están sentados en sendas sillas y vestidos a la aldeana; él lleva pantalones, una faja y una boina; ella su saya y su moño con cintas; se miran el uno al otro, pero su colocación es opuesta a la tradicional, Eva a nuestra izquierda. Ahora bien, para que no haya duda sobre la interpretación, Eva tiene una gran E detrás de su silla y Adán una A. La serpiente, enroscada según costumbre, vuelve su boca hacia el lado izquierdo, es decir, hacia Eva, como siempre. El árbol, mucho más simplificado y estilizado, lleva unas frutas que parecen peras y de un enorme tamaño. Eva tiene una en su mano izquierda y Adán una en cada mano. Hemos visto que Peesch señala, sin mayor comentario, a Adán y Eva vestidos con el traje local en algunas de sus piezas; pero en las salmantinas de la otra época, no hemos encontrado ninguna. En el Museo se encuentra un caso, el nº. 7.754 de las cucharitas, con los personajes sentados, pero son los aldeanos y no Adán y Eva. Este deseo de modernizar a la primera pareja haciendo de ella un matrimonio campesino es muy novedoso.

Pero si consideramos la otra escena, nuestra sorpresa es mayor: los dos campesinos de pie, afrontados, visten el traje charro, incluso el chaleco y el sombrero ancho por parte del hombre. Llevan entre los dos una cesta, variante del corazón o de la bolsa. Pero la escena tiene también los atributos del cazador, dos perros y, puesto que nos hemos modernizado, un fusil, cuya maquinaria es muy aparente, y un polvorín colgado del hombro. Después del halcón el perro, después del perro el fusil. Pero tenemos más aún: la característica más imprescindible del paraíso, la serpiente. ¿Qué hace esta serpiente bíblica, coleando al pie de un charro que ha sustituido el halcón por la escopeta, y es, a la vez, el novio rústico y el cazador, y ahora, por si fuera poco, se transforma en Adán? El artista trata los temas tradicionales con desenvoltura; ya lo habíamos visto en la escena anterior. Pero al mismo tiempo pone en evidencia su identidad. Para él no son sino un mismo tema: la pareja de novios, la pareja de caza y la pareja del paraíso tienen un único sentido. Si tuviéramos aún algunas dudas sobre el significado de esta iconografía, me parece que con este último motivo quedan despejadas.

En conclusión, en las cucharitas sobre todo, pero también en las cajitas y en menor medida en las cuernas de los pastores salmantinos, un tema iconográfico ha tenido un tratamiento privilegiado y una difusión especial, el de la pareja, exaltada en sus tres formas, la primera pareja creada por Dios, la pareja humilde y sencilla de aldeanos recién casados, vistos de un modo realista, pero con sus atributos simbólicos, y la pareja a caballo en un momento de triunfo y evasión. Esta iconografía popular es conocida en diversas partes de Europa, aunque varíen las formas externas. Y si añadimos a la frecuencia del tema la calidad del resultado, podremos decir que el noviazgo y la boda han inspirado a los hombres del pueblo lo mejor de su arte.

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NOTAS
(1) CORTES VAZQUEZ, L.: Arte popular salmantino, Centro de Estudios Salmantinos, 1992, pp. 82-91.

(2) Una visita personal al Museo ahora, nos ha permitido comprobar que los catálogos antiguos tiene plena vigencia, puesto que, en estos temas concretos, los fondos no han variado prácticamente desde los años cincuenta. Pero, gracias a la amabilidad de Pilar Barraca, hemos tenido el gusto de estudiar las piezas directamente.

(3) CORTES VAZQUEZ, L.: "Las cucharas de mango corto salmantinas", Zepbyrus XIV, Salamanca, 1963, pp. 124-129.

(4) CORTES, L.: Arte..., p. 63.

(5) PEESCH, R.: Art populaire européen, Ed. Leipzig, 1981, Ed. francesa, SACELP, París, 1982, pp. 115-123.

(6) PEESCH, R.: op. cit., pp. 86-88 y 96-100.

(7) Señalaremos que en el Museo hemos podido ver una cuerna (nº. 8.916) de dibujo inciso, sin procedencia, que representa efectivamente una páreja cogida de la mano, bailando y vestida con traje del siglo XVI. Este dibujo, vecino en la misma cuerna de un soldado de 1900 con fusil y bayoneta, indica que ha sido copiada de un libro en época tardía y sin ninguna personalidad.

(8) Recordemos, en la cerámica valenciana de Paterna por ejemplo, los platos de boda con la pareja y los aderezos de la novia.

(9) CARO BAROJA, J.: Introducción al Catálogo de la Colección de cuernas talladas y grabadas. Museo del Pueblo Español, 1950, p. 18. Este polvorín y el de la colección Cortés tienen un gran parecido: escena religiosa, escena de caza, escena del paraíso y la estructura en franjas.

(10) PEESCH, R. : op. cit., pp. 82-85 y 92-94.

(11) Cf. CHAVALIER, J. y GHEERRANT, A.: Dictionaire des symboles, Seghers, 1973,s. u. Arbre: Symbole de vie en perpétuelle évolution, en ascension vers le ciel. ..Symbole de la régéneration perpétuelle... L`arbre de Vie est arbre central.

(12) Este elemento vegetal como eje mediano de la composición, ha sido estudiado desde Susa y el arte sumerio, ya con sus variantes: árbol sagrado, florero, gavilla, tallo, flor, muchas veces tulipán. BALTRUSAITIS, J.: Art sumérien, art roman, éd. E. Leroux, 1934, pp. 19-20 y 32-34.

(13) CHEVALIER-GHEERBRANT: Dp. cit., s. u. cyprés.