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POR SAN JUAN… APORTACIONES AL CALENDARIO FESTIVO CACEREÑO

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 190.

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San Juan es uno de los santos que ha gozado de mayor predicamento en toda la provincia de Cáceres. Su fiesta, y aquí no debemos ver el azar, coincide con el solsticio de verano, por lo que nada tiene de extraño que el Bautista se haya convertido en el legítimo heredero de todo un cúmulo de ritos, prácticas y costumbres que ya en un período precristiano se desarrollaban en estas fechas. Un somero análisis nos dará unas claras coincidencias entre los ritos propios de los sanjuanes cacereños y los de algunos de los pueblos celtibéricos, romanos, indogermanos o preindoeuropeos, sin que esto suponga el aceptar un entronque originario común. Por el contrario, nuestra opinión defiende la hipótesis de que en la festividad cacereña confluyen una serie de ritos y creencias aportados por la amalgama de civilizaciones que pisan estas tierras y que acaban unificándose bajo la impronta de San Juan Bautista. El sol, el agua, el fuego, las prácticas adivinatorias y médicas, los bailes y las más inverosímiles creencias fantásticas y míticas van a encontrar en el Bautista el "numen" cristianizador, aunque ello no signifique de pronto la pérdida total de la vieja concepción paganizante. No obstante, el paso del tiempo se encargará de eliminar la huella cultural de las antiguas ritualizaciones, hasta el punto de que las que se conservan en la provincia no van más allá de meros componentes festivos. Aún así, profundizando en los entresijos de ciertas manifestaciones o ritos solsticiales nos es posible verificar un sentimiento del pueblo arraigado a las más antiguas concepciones o creencias.

Al hilo de lo anterior cabe fijarse en el poder profiláctico que en AHIGAL se le atribuye a las hogueras de San Juan. Los habitantes de este pueblo encienden pequeñas fogatas de tomillo a las puertas de las casas. Exige la costumbre mojar los manojos para eliminar las llamas y provocar la mayor cantidad de humo. Estos zajumerios son pasados por las personas que habitan en las proximidades y por la turba de muchachos que van recorriendo las calles. El paso por el humo se acompaña del recitado de una monótona cantinela que enuncia la creencia en la virtud del fuego sanjuanero en relación con los males dérmicos:

Por aquí pasó San Juan,
yo no lo ví;
sarna en ti,
salud en mí.

Mas no sólo se ritualiza el trasvase de la enfermedad sárnica a la hoguera. Esto sucede en un primer paso, cuando se hace la propia prevención del interesado o protagonista del salto. En una segunda vuelta se ha de buscar la protección del dueño del zajumerio y la formulilla que se entona trata de adherir su posible mal a otro cualquier objeto:

Sarna en un cesto,
salud pa tío Modesto;
sarna en un candil,
salud pa Justo Barril.

En el ínterin se abren las casas para que en ellas penetre la virtud benefactora del humo. Antaño fue costumbre que, al amanecer, se les hiciera a los animales domésticos andar sobre las cenizas para evitarle posteriores torceduras, accidentes y ataques de las alimañas. Estos mismos zajumerios, aunque en menor medida, se encienden también en la noche de San Pedro. En las mismas fechas indicadas en MONTEHERMOSO se preparan igualmente estas hogueras de tomillo.

Los vecinos de HERRERUELA conocen a la noche de San Juan con el elocuente nombre de Noche de los tomillos, aunque en los últimos tiempos en lugar de esta planta aromática se recogen ramajes de encina. La hoguera es el preludio de unos festejos en los que se incluyen verbenas, bailes folklóricos y, por supuesto, los insustituibles actos religiosos. Centenares de devotos de ZARZA LA MAYOR honran el día 24 a San Juan en su ermita. En la noche anterior, a la puerta del santuario, se desarrolla la velada, consistente en una gran fogata en torno a la que se canta y se baila. Impone la tradición que los mayordomos tengan a bien mostrar su rumbosidad invitando a ponche y a perrunillas a todo el vecindario. Las calles de VALVERDE DE LA VERA se iluminan con las llamaradas de esa noche, la misma que se aprovecha para rociar con agua bendita todos los rincones de las casas en evitación de posibles maleficios. Por la misma comarca de La Vera la población de CUACOS DE YUSTE celebra ferias por San Juan y en su víspera aparecen los bailes, que continúan en los días siguientes, las clásicas hogueras y la colocación del roble por los mozos en la plaza. Un antiguo viajero, Ciro Bayo, describe con cierto detenimiento una noche de San Juan que tuvo la suerte de vivir en CUACOS, sin que mucho haya variado el actual festejo con aquel de principios de siglo que reflejara en El peregrino entretenido: "A Cuacos llegué la víspera de San Juan, en la noche, y como es consiguiente, hallé al vecindario entretenido en los preparativos de la verbena, fiesta que celebran los aldeanos con tanta o más alegría que en Nochebuena. Brillaban en los balcones linternas y faroles; algunos soportales se exornaban con arcos y guirnaldas de verdura, y erizábanse en las calles más anchas barricadas de leña y trastos viejos, cuyo incendio esperaba con impaciencia la gente menuda. Los más traviesos habían prendido fuego a algunas hogueras y hacían auto de fe en Judas, saltando y alborotando como diablillos".

Lejos de aminorar, la hoguera de San Juan es el elemento que con más fuerza se conserva en la mítica noche. Incluso en aldeas, pueblos y ciudades donde la tradición se había abandonado hace décadas se ha asistido en los últimos tiempos a una espontánea recuperación de la costumbre. Cualquier plazuela es buena para apilar cajas, trastos, maderas, muebles viejos y otros combustibles a los que se prenderá fuego a las doce de la noche. Los jóvenes más intrépidos no esperarán a que se debiliten las llamas para saltar a través de ellas. Curiosamente algunas poblaciones, mal que nos pese a etnólogos y antropólogos, han cambiado sus arcaicos festivales ígneos (capazos, zajumerios...) por la gran fogata encendida en la plaza principal o en cualquier llano del barrio, perdiéndose con ello uno de sus más valiosos rasgos definidores.

Don Francisco Gregorio de Salas, que naciera en JARAICEJO a principios del siglo XVIII, publicaba en el año 1772, su Observatorio rústico, en donde se hace una descripción de la vida del campo y sus ventajas. Este libro constituye un florilegio de la vida tradicional en la Extremadura de su tiempo. Como era de esperar, aquí tiene su hueco la referencia a la noche de San Juan y a uno de sus ingredientes significativos, las enramadas:

La noche de San Juan regocijados
se bajan á los sotos más cerrados
los mozos del lugar, cortando ramas,
olvidando el descanso de sus camas,
pasando toda la noche en alegría,
hasta que rompe el día
y adornando las puertas
de las novias despiertas,
de flores, y de frutas sazonadas,
hacen enramadas,
cantando mil canciones amorosas
con equívocas frases misteriosas.

Todo cuanto apunta el poeta extremeño puede considerarse como costumbre generalizada en la provincia hasta bien entrado el presente siglo. Actualmente la noche de San Juan ha dejado de ser la noche en la que los mozos de los pueblos exteriorizan sus amoríos mediante la colocación de enramadas en las ventanas de las jóvenes. Por otro lado, éstas tampoco aguardan tras los postigos la florida ronda de sus pretendientes. Los comportamientos de los unos y de los otros han cambiado y, aún cuando esta práctica folklórica no ha desaparecido en su totalidad, las enramadas cacereñas, allí donde se conservan, se manifiestan ausentes de la vieja intencionalidad. En algunas alquerías de Las Hurdes ha sido moneda corriente el que los mozos roben flores de los balcones y que con ellas fabriquen ramos que depositan en las puertas y ventanas de las muchachas en edad de merecer. Por SERRADILLA y pueblos del Marquesado puede decirse que estuvo institucionalizado el robo de flores y de frutas para colgarlas de las rejas de las mujeres pretendidas. La enramada de JARANDILLA va precedida de una ronda que tiene como finalidad el cortar las flores de las macetas que los cantantes encuentran a su paso. Posteriormente tiran por las ventanas de las alcobas en que duermen las mozas toda clase de plantas, frutos y dulces. Antaño, también en esta mítica noche, los quintos "plantaban" un descomunal árbol traído de alguna cercana chopera en el medio de la plaza, al tiempo de entonar la pertinente tonada:

A cortar el árbol,
el árbol, el árbol,
a cortar el árbol
la noche de San Juan.

En BAÑOS DE MONTEMA YOR los jóvenes que quieren mantener viva la tradición cantan A coger el tréboli, el tréboli, el tréboli antes y después de colocar la enramada, subiendo para ello a las ventanas junto a la que duermen las mozas y enganchando a éstas ramos de guindos y de cerezos. Al amanecer marchan hacia algún lugar de las afueras de la población a tomar un reparador chocolate. Las canciones de enramada no se abandonan en ALCUESCAR, donde los mozos siempre echaron frutas por las gateras de las casas de sus novias. Esa misma noche se apañan determinadas hierbas y flores, que a las doce en punto se vierten en un barreño con agua que se mantiene al sereno. Con el agua de la maceración se lavan la cara al llegar la madrugada. Los habitantes de SERREJON mantuvieron esta última práctica con fines claramente utilitarios. El agua de flores sanjuaneras ha servido tanto para enguapar como para eliminar y prevenir los males de la piel. Y es que las aguas manipuladas en la noche de San Juan gozan en el sentir popular de las más insospechadas virtudes. Entre sus curiosos usos constatamos que en MONTANCHEZ las mujeres se valían del agua de la verbena para eliminar los celos de sus maridos y que en CABEZUELA lavaban con ella los tocinos para que no se enranciasen. Y muchos son los cacereños que todavían cascan un huevo a la medianoche en un vaso con agua para que la clara "dibuje" sobre el líquido el futuro que aguarda al que protagoniza el ritual. Y, por supuesto, no se han perdido del todo en la provincia los baños en arroyos, gargantas y torrenteras de personas a la luz de la luna con el fin de impregnarse de la fuerza vivificadora que San Juan imprime al líquido elemento, una fuerza vivificadora que en estos momentos del solsticio hace emerger de las profundidades a fantásticos seres encantados.

Señalemos, por último, que el lavatorio comunitario siempre tuvo en MADROÑERA unas muy especiales connotaciones. Previo a este acto de la madrugada se ha celebrado un baile, tras el cual las mozas se reúnen en una casa, a la que acuden los hombres solteros a echarles guindas, manzanas y otras frutas del tiempo. Una vez que llega el esperado instante del amanecer los jóvenes de ambos sexos, en animada comparsa, marchan hacia una fuente pública que hará las veces de gigantesca palangana. Durante el trayecto exige la tradición que salgan a flote las notas de la popular cantinela:

La mañana de San Juan,
cuando la zorra madruga,
el que borracho se acuesta
con agua se desayuna,
Qué ganas tengo que llegue
la mañana de San Juan,
para lavarme la cara
con mucha serenidad.
La mañana de San Juan
hace el agua gorgoritas;
yo te he de querer a ti
por aquella cruz bendita.

Distintas son las interpretaciones que antropólogos, etnólogos, folkloristas e historiadores dan a una de las costumbres de la noche de San Juan que goza de relativa buena salud. Me refiero al hecho ya citado de "plantar" un árbol en la plaza de los pueblos, ritualización que a mi entender se relaciona con los viejos cultos a la fertilidad. Muy extendida la costumbre hasta hace unas décadas por toda la provincia, hoy prácticamente sólo la encontramos en las comarcas del Valle del Jerte y de La Vera. A estos árboles, a los que aún se les da el nombre de mayos en alusión al mes en que se pingaban mayoritariamente, defínelos sutilmente Covarrubias en los principios del siglo XVII: "Mayo suelen llamar en las aldeas un olmo desmochado con sola la cima, que los moços çagales suelen en el primer día de Mayo poner en la plaça, o en otra parte, y por usarse en aquel día se llamó Mayo: y assí dezimos al que es muy alto y enxuto, que es mas largo que Mayo, entiéndese deste árbol, y no del mes, pues otros meses traen tantos días como el". Por la misma época el cacereño Gonzalo Correas refiérese a la costumbre de manera más escueta: "Mayo son unos palos largos que levantan en alto por mayo en algunas tierras, por uso antiguo". Muchos de los mayos pasaron en siglos venideros, sin que ello signifique que antes no lo estuvieran en cierta medida, a integrarse en la noche de San Juan, mientras que otros se asimilaron a la Cruz de Mayo, como aún se constata en alguna población de la comarca de Los Ibores y como ya ponía de relieve hacia finales del siglo XVIII Francisco Gregorio de Salas:

Enfrente de la cruz ponen un tronco
del más crecido sauce, ó pino bronco,
con gracioso primor aderezado,
y de flores sembrado,
alrededor del cual hacen mudanzas,
y la tarde se pasa en simples danzas.

Los bailes alrededor del árbol de San Juan han tenido vigencia hasta los tiempos actuales. Tal es el caso de TEJEDA DE TIETAR. Talan aquí los mozos, lógicamente sin permiso del dueño, el mejor chopo que encuentran en el término municipal y lo arrastran hasta la plaza, donde luego de pelarlo a excepción de la pincolla lo dejan "plantado". En la copa suelen colgar un jamón que pasa a ser propiedad del que asciende por esta curiosa cucaña, que previamente ha sido untada de grasa o jabón. Para la colocación del árbol de San Juan se valen los mozos de sogas, escaleras e incluso carros, y cuando ello es necesario, que también suele ocurrir, buscan la ayuda fuera de la quinta, cual refleja la copla:

Ya está el árbol plantado
en el medio de la plaza;
si los casados no ayudan
los quintos no lo levantan.

El árbol de San Juan permanece en su sitio hasta la noche de San Pedro, en la que ha de ser arrancado. No obstante el deterioro de la costumbre ha hecho que algunos años nadie se acuerde del mismo, hasta el punto de que las mozas en distintas ocasiones han ironizado sobre la dejadez clavando sobre el solitario árbol la inscripción de En este pueblo no hay quintos.

La colocación del árbol ha supuesto siempre un reto para los quintos locales, puesto que tratan de superar, en lo referente al tamaño de la planta, a los mayos que se ponen en las poblaciones vecinas. Pero al mismo tiempo este afán competitivo también se manifiesta en relación con los quintos precedentes. Vemos cómo expresa esto último el cancionero de BARRADO:

No ha habido mejores quintos
que los quintos de este año;
aunque le pese a los otros,
han puesto el palo más alto.

En la última localidad citada el roble que instalan en la plaza, al que bautizan como palo de San Juan, permanece inhiesto, al igual que en TEJEDA, desde la noche del Bautista hasta el día de San Pedro. Mas no sólo ésta es la actividad de los quintos barradenses en estas fechas, ya que aprovechan la luz de la luna sanjuanera para verter paja en las puertas de las mozas. También el mayo es práctica habitual en MADRIGAL DE LA VERA, si bien aquí los quintos ponen alisos adornados con pañuelos de sus novias. Por la comarca verata hay que apuntar igualmente la costumbre de "plantar" el árbol en TORREMENGA, donde el castaño que se clava recibe el curioso nombre de pino en recuerdo de la planta que antaño se utilizaba, y en GARGANTA LA OLLA. Pero va a ser en el Valle del Jerte donde proliferen en mayor medida los árboles de San Juan. Apenas existen variantes reseñables en la ritualización, aunque se observan matices lingüísticos definidores y una selección de los árboles elegidos. En CABRERO "plantan" un roble, el robri, colgando un gallo de lo más alto, lo que anima a chicos y mayores a trepar por el palo embadurnado de sebo. En REBOLLAR proceden a ponel el palu sin olvidar atar en el extremo superior una bota de vino que intentan coger los más voluntariosos a la salida de misa del día de San Juan. Elocuente es la denominación de palo del queso que en VALDASTILLAS les dan al árbol sanjuanero, al igual que el de cucaña que recibe el aliso que se clava en CASAS DEL CASTANAR. Plantal el pinchoti denominan en PIORNAL al acto de hincar el roble en la plaza. Conviene recordar que en este pueblo también llaman pinchoti a un palo muy ramificado del que cuelgan quesos, frutos o embutidos y que es objeto de la correspondiente subasta. No dejamos en el tintero a JERTE, localidad que en esta noche también sorprende con su particular mayo.

Destacable resulta a todas luces el aspecto verbenero de la noche de San Juan. Gran relieve alcanza el baile que en GUADALUPE se celebra en el barrio de Realejo. Por la tarde los vecinos sacan a la calle la imagen del Bautista que se custodia en una casa de la vecindad, adornando el entorno con ramajes, banderolas y muñecos. Las verbenas toman igualmente carta de naturaleza tanto esta noche como las sucesivas en buen número de las poblaciones citadas más arriba y en aquellas otras en las que San Juan adquiere alguna forma de patronazgo. Generalmente a los bailes callejeros se une una programación religiosa y recreativa. Tales son los casos de CEREZO, GUIJO DE CORIA, MADRIGALEJO, SAUCEDILLA, BERRERA DE ALCANTARA, CACHORRILLA, DELEITOSA, GUIJO DE GALISTEO o EL TORNO. En SEGURA DE TORO la fiesta del patrón San Juan, por razones achacables a la emigración, ha ido a parar al 22 de agosto. También TREVEJO tiene en cuenta el Bautista, ya que regenta la titularidad de la parroquia. En SANTIBAÑEZ EL ALTO el plato fuerte de la fiesta sanjuanera lo constituye el juego de los toros que se desarrolla en el castillo. Tienen aquí su apartado las denominadas Ferias de San Juan, que cada vez ceden mayor espacio a los elementos meramente festivos, cual sucede con las de GUIJO DE GRANADILLA, GARROVILLAS, GARCIAZ y la más rezagada, puesto que se celebra los días 26 y 27, de VILLAR DE PLASENCIA.

La relación, que algunas veces llega a plena coincidencia, de ciertas celebraciones de mayo y de San Juan se nos presenta nuevamente. Apuntamos a su debido tiempo la ornamentación de los zaguanes en ARROYO DE LA LUZ el día de la Cruz de Mayo. Esta misma decoración y el mismo comportamiento del vecindario nos las topamos en esta fecha del solsticio de verano. Con una música idéntica a la de entonces ahora se entonan las populares Coplas del pandero de la tarde de San Juan:

A San Juan he querido,
a San Juan quiero,
a San Juan he traído (bis)
en el pensamiento.
De San Juan a San Pedro
van cinco días;
cinco mil son las horas (bis)
tuyas y mías.
La tonadilla llana
ya la sabemos;
para el domingo de Pascua (bis)
la cantaremos.

Ciertas son las similitudes de esta celebración con las de las Arras de San Juan que se protagoniza en ALDEANUEVA DE LA VERA. Las fachadas de algunas casas se decoran profusamente con cuadros y fotografías de los antepasados familiares, cuando no de amigos y de personas fallecidas del vecindario. Cada uno de estos gráficos recordatorios está orlado por cintas y cordones con sus correspondientes lazos. Las mujeres son las encargadas de la organización de estas entrañables exposiciones y ellas mismas procuran su vigilancia y cuidado. En sus manos queda también la custodia del dinero que los muchos visitantes depositan en unas bandejas puestas al efecto. La recaudación se emplea para una merienda que se lleva a cabo al día siguiente, siendo éste un perfecto colofón para una de las celebraciones que se nos presenta con claras reminiscencias del culto a los antepasados.

Una serie de actos deportivos, recreativos y culturales constituyen los prologómenos de los Sanjuanes de CORIA, unas fiestas que gozan del calificativo de Interés Turístico. Quede constancia, a modo de reseña, de los campeonatos de fútbol-sala, de tenis, de tenis de mesa o de tiro al plato, la marcha cicloturística "Sierra de Gata", el cros urbano, los concursos internacionales de pesca, canino "Ciudad de Coria" y comarcal de vinos, la doma vaquera y los festivales folklóricos. Pero a nadie escapa que los Sanjuanes son sinónimo de toros. Bonifacio Gil nos informa sobre los que serían los supuestos orígenes míticos de la fiesta cauriense, a tenor de un relato que le proporcionara el "erudito" Zacarias Manuel Delgado: "Nos contaban los viejos, como noticias que recogieron de sus abuelos, que era costumbre sacrificar cada año a un mozo (previo solemne sorteo entre los de la localidad), el cual era lidiado ni más ni menos como los toros actuales. Hubo un año en el que correspondió el sacrificio al hijo de una poderosísima viuda, quien, para salvar a su vástago de la cruel diversión, ofreció al pueblo una dehesa de su propiedad, para que, con sus productos, se lidiara un toro. Aceptó el pueblo y pasó la finca a poder del Municipio. Desde entonces se encarga el Ayuntamiento de la organización de la corrida y de proporcionar el toro". Algunos historiadores locales, lógicamente sin documentación que lo avale, pretenden que estos toros de San Juan arrancan de un privilegio que Alfonso VII concedió a los naturales de la ciudad por haber derrotado al moro en los cercanos llanos de Algodor.

Actualmente los Sanjuanes, en especial lo relacionado con el toro, están organizados por el ayuntamiento y por buen número de peñas que proliferan en la ciudad. Entre éstas cabe citar "El 27" y "La Junta de Defensa", nacida esta última con el propósito de servir de choque contra los ataqúes que esta tradición taurina viene sufriendo desde el exterior. Comienzan los festejos propiamente dichos a la media mañana del 23 con la lidia de la vaca de la rana. Para la tarde quedan los encierros de bueyes y capones. Siguen la misa y la procesión de San Juan, y cuando ambas concluyen se inicia un pasacalle a cargo de las peñas y la quema del correspondiente capazo en la plaza de toros. No faltan en esta noche los bailes públicos ni el ponche que las peñas invitan a quienes asoman por sus sedes. Entre los días 24 y 28, sobre las cuatro de la madrugada, hay encierro y toro. De una manera escueta pero precisa María Angeles Sánchez, una estudiosa de las fiestas tradicionales, nos informa sobre el particular: "...todos los días se celebra a las cuatro de la madrugada un encierro; tras el cual el toro (suelto, como hemos dicho, por todo el recinto antiguo, cuyas puertas han sido previamente cerradas) empieza a deambular por las calles, acosado por los mozos que andan entrando y saliendo de los locales de las "peñas", en donde a todo el mundo se ofrece el ponche típico. El espectáculo se suele prolongar hasta que amanece y, al final, se mata al animal, cuando el "abanderado" de la fiesta lo dispone, por verle suficientemente agotado". Unos peculiares toques de campana constituyen el aviso de que el toro comienza su recorrido callejero. Vuelve el astado a ser protagonista en novilladas, encierros infantiles, lidias vespertinas y nuevas salidas por el recinto amurallado.

Buen broche para los Sanjuanes de CORIA es la quema de fuegos artificiales en las márgenes del Alagón en la noche del 28. Mas la fiesta aún se alarga una jornada, ya que el día 29 los corianos aún tienen fuerzas para celebrar el tradicional mercado ganadero.

El punto y final al mes de junio lo pone la festividad de San Pedro y San Pablo, el día 29. Puesto que su celebración se halla enmarcada en lo que denominamos ciclo de San Juan, nada tiene de sorprendente que en su víspera se ritualicen comportamientos, cual es el caso de las hogueras, idénticos a los de la noche del Bautista. Si antaño San Pedro fue una fiesta preceptiva, hoy prácticamente sólo es TORREJONCILLO quien recuerda a este apóstol que ya fue conmemorada con romería en los días de Pascua.