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Teatro popular en la Sierra de Francia. Dos “Loas” perdidas de La Alberca (I)

PUERTO, José Luis

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 191.

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No es la primera vez que tratamos sobre el teatro popular en la Sierra de Francia. En anteriores artículos, aparecidos en esta misma revista, hemos publicado y estudiado la Loa del Cristo de Monforte de la Sierra y la Loa de la Virgen del Robledo de Sequeros.

Ya se sabe -y Fernando Lázaro Carreter, por ejemplo, ha insistido en ello- que escasean los textos de teatro popular en España (1); debido, quizás, como todo lo que tiene vida en la transmisión oral, al hecho de que, si no termina recogido y fijado por escrito, se pierde irremediablemente.

En nuestro rastreo del teatro popular de la Sierra de Francia y del teatro popular salmantino, nos hemos ido encontrando con textos perdidos, de los que incluso ni se tenía noticia, como los que hoy publicamos. Dichos textos suelen estar apuntados en hojas sueltas, formando pliegos, o en cuadernos, de puño y letra de quien tenía que aprendérselos para memorizar un papel que había de representar. Y, a partir de una copia inicial, se han ido ejecutando copias de copias, con lo que ello lleva de cambios y variantes, como todo lo que está sujeto a este tipo de transmisión. En ocasiones, cuando la memoria no es frágil, una persona mayor, que ha intervenido en ella, se sabe de memoria toda una Loa, no sólo el papel que le tocó representar, sino el texto completo (así, por ejemplo, descubrimos la Loa de Monforte de la Sierra, ignorada por todos los vecinos del pueblo, pero recordada por una mujer que nos la recitó).

LAS LOAS

Según lo que hoy conocemos del teatro popular en la provincia de Salamanca y de los textos que se conservan del mismo, las Loas son, sin duda, las piezas más hermosas y significativas del mismo. Todas ellas configuran, debido a un conjunto de invariantes estructurales que las definen, un conjunto dramático muy definido y con rasgos muy precisos.

Se trata de piezas en las que es posible advertir una doble herencia dramática: La del teatro medieval (presente en una serie de rasgos) y la del teatro barroco español. Y de ambas, nacen los rasgos que en buena parte las caracterizan.

Posiblemente, sus textos son creaciones no populares, obras de clérigos o de gentes ilustradas, de los que, sin embargo, no guardamos memoria, puesto que nos han llegado como anónimas; pero lo importante es que el pueblo las ha asumido, las ha hecho suyas, y han llevado una vida enteramente tradicional.

Nos conviene, en primer lugar, caracterizar los rasgos, las invariantes estructurales de las Loas, tal como se conocen y tienen vida en la Sierra de Francia; rasgos e invariantes que las definen como subgénero dramático, en este caso de tipo tradicional:

-Son obras teatrales breves, cuya representación apenas sobrepasa la media hora.

-Son obras anónimas.

-Están escritas enteramente en verso.

-Se representan en un espacio abierto de la localidad: Atrio de la iglesia, plaza junto al tempo, plaza mayor...

-Se representan en un momento festivo, generalmente en el marco de la fiesta patronal de la localidad. Y están ligadas, por tanto, a una fiesta

-Están dedicadas al patrón o a la patrona de la localidad.

-Mezclan lo religioso y lo profano.

-Mezclan lo serio y lo cómico.

-Desarrollan un didactismo, de tipo religioso, mediante una pugna entre el Bien y el Mal, con victoria clara y sin paliativos del primero.

-Intervienen en ellas personajes profanos y religiosos: Dentro del primer grupo, personajes rústicos (uno o varios pastores, uno o varios labradores, un segador...), en los que recaen dos rasgos llamativos: la comicidad y la religiosidad popular. Y dentro del segundo grupo: El Demonio, como figura del mal y del terror, al que siempre se opone el Angel (generalmente, el arcángel San Miguel), encarnación del Bien y coadyuvante de los personajes rústicos. Y, dentro de este grupo, suelen aparecer también figuras alegóricas: encarnaciones dramáticas de virtudes, pecados, cualidades o vicios.

-Tras la representación de la Loa -y aquí caracterizamos la secuencia dramática, tal y cómo se produce en la Sierra de Francia-, se produce, siempre, la representación de la comedia: una obra teatral ya larga, generalmente del repertorio teatral español (a veces, comedias de capa y espada), y, en ocasiones, creada expresamente por algún autor relacionado con la localidad, sobre algún tema serrano de la zona.

Las Loas, tal y como hemos ya indicado, constituyen hoy la muestra más valiosa y acabada del teatro popular salmantino, si consideramos en un sentido estricto lo teatral: como escenificación dramática con texto fijo. Y, al ser así, creemos que merecen, como patrimonio que son de la cultura popular, una protección por parte de las autoridades y de los vecinos, para que no se pierdan las que siguen vivas, e incluso para volver a representar aquellas otras (en Monforte de la Sierra, en Sequeros, en Puebla de Yeltes, en La Alberca mismo, éstas que hoy editamos...) de las que conservamos sus textos.

La Loa, como subgénero teatral que es, puede ser definida del siguiente modo, por ejemplo: "es obra de circunstancias, frecuentemente alegórica, escrita en alabanza de alguien o para conmemorar algún hecho" (2). Dicha definición cuadra bastante bien a las Loas populares salmantinas de la Sierra de Francia, de las que aquí tratamos. Son obras de circunstancias en el sentido de que están creadas para una determinada fiesta religiosa; tienen un claro carácter alegórico, en primer lugar, porque la acción de los personajes encarna una nítida contraposición de los conceptos de bien y mal, y, en segundo, porque incluso aparecen personajes alegóricos (las Virtudes, los Pecados, el Contento, el Festejo...); y son obritas, en definitiva, creadas como alabanza de la patrona o del patrón de la localidad que celebra la fiesta. Hay que añadir que se trata de obras breves; su representación no suele sobrepasar la media hora, tal y como ya indicamos.

El argumento de las Loas es muy sencillo y esta estructura del contenido es aplicable a todas ellas: Unos lugareños (pastores, agricultores, segadores...) marchan a celebrar la fiesta de la patrona o el patrón del lugar de que se trate; en su itinerario, se encuentran con el Demonio que trata de impedirlo, reduciéndolos bajo su poder, mediante las amenazas y la fuerza; tratan de oponerle resistencia, pero es inútil; y, en ese momento, aparece el Angel, por mandato divino, que vence al Demonio y lo manda al infierno, y que libera a los lugareños, con lo que, finalmente, acuden a los oficios religiosos de la celebración festiva; el Angel, en una moraleja final, invita a los vecinos, espectadores todos, a seguir el camino del bien.

Estas Loas hay que pensar que posiblemente fueron creadas y empezaron a ser representadas en la época del Barroco, a lo largo del siglo XVII, en aquel siglo de auge del teatro español, que tuvo sin duda influencia en lo popular. Pero sus raíces arrancan de la Edad Media, pues su componente religioso es manifiesto y su contenido obedece muy bien al sentido etimológico que tiene el término laudes de alabanza, en este caso a una figura religiosa. Por otra parte, la contraposición tan nítida y tan rudimentaria entre el bien y el mal, encarnados por el Angel y el Demonio respectivamente, con el triunfo del primero sobre el segundo, nos hacen pensar en las moralidades medievales. Es decir, que estas Loas, aunque textos seguramente de los tiempos modernos, albergan en su contenido un espíritu claramente medieval.

De hecho, y tal como indica Margot Berthold, sabemos que las Loas dramáticas surgen en la Edad Media, en un momento determinado de la evolución del teatro en aquella época: "Las cofradías teatrales -nos indica Berthold- como iniciadoras de las loas dialogadas, Laudes drammaticae, ostentaban orgullosas en sus escudos la divisa de "jocularis Domini", juglares del Señor.

"En el ámbito de la lengua francesa las representaciones religiosas se cobijaron en las "confréries" (cofradías de la Pasión), fundadas a tal efecto. Aparecen en Limoges, escenario de las más antiguas celebraciones pascuales, en Ruán, Nantes, Amiens, Arras, Augers, Valenciennes y, naturalmente, en París" (3).

Esta relación entre las Loas y las cofradías, que se creaban incluso para representarlas, es de gran interés, pues nos habla de un soporte humano colectivo y organizado (como en la actualidad puede ser el grupo de teatro) que hacía posible que el fenómeno dramático se llevara a cabo en el ámbito popular.

En los lugares salmantinos, donde se representan o se representaban las Loas, después de las mismas se lleva a las tablas una comedia -tal como ya hemos indicado-, una obra teatral ya más larga, en tres actos generalmente, que suele ser también muy del gusto popular; en cada pueblo, solía ser una obra, creada por una persona culta, que trataba sobre algún asunto relacionado con el propio lugar; o también se sacaba, y se saca donde se sigue haciendo, del teatro de capa y espada, cuyos lances tanto apasionan a los espectadores. Miguel de Unamuno se lamenta de la puesta en escena de un teatro vulgar y pobre, en unos escenarios en los que podrían haber triunfado los grandes héroes de la dramaturgia; merece la pena traer a colación su texto tan crítico como certero:

"Este mismo verano vi en un pueblo de la sierra de Francia, en La Alberca, un drama moderno miserable y pésimamente escogido, Los dos virreyes, representado al aire libre, en la plaza del pueblo, delante de la iglesia, sobre un tablado y bajo un toldo que defendía a público y actores del sol. Y en aquel escenario, en que habrían no ya conservado, sino realzado su grandeza el Prometeo, el Edipo, la Fedra, el Rey Lear, el Hamlet, La vida es sueño, el Don Alvaro, resultaba profundamente grotesco aquel desdichado drama que tan mal se escogiera" (4).

Dentro de la Sierra de Francia, contamos con muestras de Loas en La Alberca, en Sequeros y en Soterrano. En La Alberca, la mañana del 16 de agosto, segundo día de la fiesta patronal, se representa, año tras año, la Loa a la Virgen de la Asunción; y, en primavera, el sábado siguiente al domingo de Pentecostés, la Loa a la Virgen de Majadas, esta segunda, obra del anterior cura párroco (D. Saturnino Jiménez Hernández), que la escribió siguiendo el modelo de la de agosto, pero que el pueblo ha hecho suya, al tradicionarla, representándola anualmente, en las peñas, cercanas a la ermita, donde se dice que apareció la imagen de la Virgen; pero conocemos, además, otras dos Loas de La Alberca, que estaban perdidas y de cuya existencia no guardan ya memoria los vecinos, se trata de la "Loa a San Juan Bautista" y de la "Loa del Moro y el Cristiano", que editamos hoy. También sigue viva la "Loa a San Ramón Nonato" de Soterrano, aunque, desgraciadamente, no se representa año tras año, sino sólo cuando los vecinos entusiastas tienen condiciones para ello; sería muy conveniente que las autoridades provinciales impulsaran y favorecieran la representación de la otra Loa popular que sigue viva, aportando todo tipo de ayudas. Y en Sequeros, rescatada por nosotros -en colaboración- del olvido y editada en esta misma revista (nº 117, pp. 97-108), existió también otra "Loa a la Virgen del Robledo", que debió de dejarse de representar hace ya mucho tiempo. Lo mismo que en Monforte de la Sierrá, la "Loa del Santo Cristo", que editamos en su momento en este medio, en colaboración (nº 104, pp. 70-72). La existencia de estas Loas en los lugares citados de la Sierra de Francia nos lleva a pensar que hubo otras varias, en distintos pueblos, hoy desgraciadamente perdidas, pero cuyos textos podrán aparecer algún día -como ha ocurrido con las de San Juan Bautista, del Moro y el Cristiano y del Robledo- en papeles viejos guardados en arcas, baúles y sobrados.

Así, tal y como están nuestros actuales conocimientos, nos encontramos con las siguientes Loas en la Sierra de Francia, que mostramos en el siguiente cuadro:

DOS LOAS ALBERCANAS PERDIDAS

En su momento, nuestro amigo Jesús Serrano nos pasó unos cuadernos y papeles viejos, actualmente en su poder, que contenían, entre otros materiales, las dos Loas que hoy editamos: la Loa de San Juan Bautista y la Loa del Moro y el Cristiano; consta la primera de 857 versos, incluyendo los textos de la Música inicial y final, que forman parte del texto dramático; y la segunda, de 209 versos, con todas las trazas de ser un texto fragmentario el que se halla en estos papeles y el que editamos hoy.

El cuaderno que contiene la Loa de San Juan Bautista lleva, a su vez, dos anotaciones de los copistas, que nos hablan a las claras de cómo se transmitían este tipo de textos: Unas veces, para aprenderlos, si quien lo hacía había de intervenir en la representación; y otras, por la curiosidad y la satisfacción de tener la obra, si uno se hallaba residiendo fuera de su pueblo, como parece ser este caso.

La primera nota del copista, en el cuaderno, indica, textualmente, en dos líneas:

"(La de los Siete Pecados) A Pablo Sánchez su amigo Vecinos -30-3-932, Antonio Alvarez".

Y aparece una segunda nota, al final del cuaderno, copiada a lápiz, que dice, textualmente, lo siguiente, en cuatro líneas:

Algunas faltas llevará, pues le ha copiado un niño.
Yo le he encargado que lo copie tal como está, pues le tengo del original de ese año de 1828, del tío Juan Bertolo.
Recuerdos Alvarez".

De ambas notas, se pueden deducir informaciones de interés:

-La primera es relativa a la fecha: La copia se realiza de un original de 1828, y está realizada en 1932. Podemos suponer que en 1828, la Loa de San Juan Bautista estaba viva y vigente en La Alberca, es decir, con toda probabilidad se representaría en la fiesta del santo. Mientras que, en 1932, ya se habría perdido. De hecho, en la actualidad, ningún vecino de La Alberca recuerda haber oído nada acerca de la existencia de esta Loa.

-La segunda es relativa al lugar donde se ha realizado la copia: En el pueblo salmantino de Vecinos, a escasos treinta kilómetros de Salamanca, dentro del camino, y luego de la carretera, de La Alberca a la ciudad; lugar en que residiría el albercano Antonio Alvarez, que mandaría copiar la Loa a un niño, posiblemente su hijo, del original que él guardaba de 1828.

Y la tercera información se refiere al destinatario de la copia: Pablo Sánchez, conocido en La Alberca como "el tío Pablo Caetano", que, hasta su muerte, representó, de manera inigualable, el papel de Demonio en la "Loa de la Virgen de la Asunción", de la fiesta patronal de La Alberca. De hecho, en el II Congreso de Poesía, celebrado en Salamanca en verano de 1953, cuando los poetas fueron a La Alberca, les impresionó mucho la representación que hizo del Demonio, en la Loa de la Virgen de la Asunción, "el tío Pablo Caetano"; impresión que recogen las crónicas de dicho Congreso (5). Esta anécdota nos habla de la vida de la tradición teatral en la Sierra de Francia: las gentes asumen encarnar los papeles de los personajes, dándoles vida con vigor y verosimilitud, como ocurrió con el personaje del Demonio, tal como lo interpretó siempre Pablo Sánchez.

LOA DE SAN JUAN BAUTISTA. ANALISIS

1.-Contenido

El canto inicial de la Música invita a ángeles y serafines a solemnizar la fiesta de la natividad de San Juan Bautista.

Tras la Música, el Demonio, en un tono de arrebato y de cólera, lleno de interrogaciones retóricas, y asociándose con un cosmos que ha perdido el estado de gracia ("soy planeta infortunado"; "y el sol el más derrocado"; "el infeliz de los astros"), muestra su agravio por el culto que se tributa al nacimiento de San Juan Bautista, se pregunta cómo los albercanos no temen sus amenazas, y se consuela diciendo que nada puede temer del cielo con sus siete Pecados mortales.

El Angel, en su primera aparición, tachándolo de "vil cocodrilo", o "monstruo de engaño", increpa al Demonio, diciéndole que no podrá perturbar la función festiva que los lugareños profesan al Bautista.

Se entabla, a partir de este momento, un diálogo entre ambos personajes. El Demonio amenaza con los siete Pecados mortales ("infernales ministros") "para vencer esta empresa", el Angel opone a ellos sus siete Virtudes, y se retan al combate. Y ambos van nombrando a cada uno de ellos; en el momento en que son nombrados, van apareciendo personificados: Soberbia frente a Humildad, Avaricia frente a Largueza, Lujuria frente a Castidad, Ira frente a Paciencia, Gula frente a Templanza, Envidia frente a Caridad, y Pereza frente a Diligencia.

El Demonio, una vez sobre el escenario Pecados y Virtudes, afirma su propio poder, al que el Angel opone el de Dios. Y termina la primera escena, con una representación de claro mensaje moralizador: Con el Demonio a los pies del Angel, los Pecados fuera del escenario, mientras que las Virtudes permanecen con él. En ese momento, aparece una imagen o una lámina de San Juan Bautista, coronada por un arco, y las Virtudes, una a una, presentan sus ofrendas ante el santo.

La segunda escena se inicia con la aparición del personaje del Gracioso, que, sobre el escenario, en un tono distendido y cómico que contrasta con la tensión anterior, comienza a contar los espectadores que hay, como si fueran lobos con los que se encuentra "en esta Sierra de Francia". Se presenta como pastor y hace gala, de modo desenfadado y humorístico, de su buen apetito y de sus facultades para el canto ("y, cuando empiezo a entonar, / no me gana ningún burro / de los que hay en el lugar"), metiéndose de nuevo con los espectadores.

Y, en su camino desde las sierras, donde ha dejado su ganado, hacia la fiesta que el vecino pueblo de La Alberca -según él- celebra al Santo Juan Bautista, se encuentra con unos bultos que él confunde con lobos. Se trata de quienes lo acompañan y del ángel, que le pregunta entonces que hacia dónde camina; el Gracioso responde que a la fiesta de San Juan, "que dicen hay en La Alberca / una función sin igual / de comedia, novillada / y muchas cosas más".

El Demonio, en ese punto, interrumpe su camino, y el Gracioso lo reconoce como el "escarabajo, truhán" que le espantó las cabras, para que rabiara, y lo amenaza con su porra. El Demonio no se atreve a oponérsele, ante la presencia del Angel, y le pide a éste último que lo deje marchar "a la eterna oscuridad". El Angel se lo permite, forzándolo primero a pregonar las virtudes de San Juan Bautista.

El Demonio, forzado, declara que el Bautista "fue ejemplo de santidad" y que las virtudes son eficaz remedio para alcanzar la gloria celestial el cristiano. Y se hunde en el infierno enseguida, insultado por el Gracioso, que se hace entonces el valentón.

En la tercera escena es donde se desarrolla la loa o alabanza de San Juan Bautista. Un cantar habla de su final, degollado por Herodes, para entregar su cabeza a la bailarina Salomé.

El Angel incita entonces a cada una de las Virtudes a explicar la "inocente vida" del Bautista. Pero el Gracioso, picado en su orgullo, trata de comenzar haciéndolo él; la Humildad le pide que aguarde, algo que logra, a pesar de cierta inicial resistencia del Gracioso.

Y ella misma comienza, relatando su gestación, la visita de la Virgen María a Santa Isabel; su nacimiento y sus virtudes ya desde niño; al final de su intervención, coloca su atributo, un sol, junto al arco que corona la figura o la imagen del Bautista (algo que harán, sucesivamente, las demás Virtudes, cuando les llegue el turno de intervenir).

El Gracioso, en el momento en que va a intervenir la Largueza, quiere continuar él, pero ésta se lo impide y habla ella (éste es el mecanismo dramático que se irá repitiendo al inicio de la elocución de cada una de las Virtudes).

La Largueza interviene y, tras ella, lo harán sucesivamente la Castidad, la Paciencia, la Templanza, la Caridad y la Diligencia. En las palabras de cada una de ellas, irán apareciendo los diversos episodios de la vida del Bautista: Su bautismo; la huida de su madre con el hijo al desierto, para librarlo de la persecución de Herodes; su vida en el desierto y su salida del mismo, a los veintiocho años, para predicar la venida y la redención del Mesías; su predicación en el río Jordan y el bautismo que daba a quienes se convertían; el bautismo que otorgó a Cristo; sus amonestaciones a Herodes, para que abandonase la vida de pecado; y, en fin, su degollación final por parte de Herodes, que entrega su cabeza a Salomé.

Una vez que las Virtudes han terminado sus respectivos parlamentos, la Diligencia da el turno de palabra al Gracioso, quien, enojado, no quiere proseguir. Ante la amenaza de esta Virtud de dar entonces fin a la Loa, el Gracioso se arranca y se dispone a ofrecerle su caudal al santo: "Las castañuelas, un pito, / un cencerro y un collar" (instrumentos musicales todos ellos, relacionados con lo pastoril); aceptando que termine la Loa tras su ofrenda, "porque el poeta no quiso / que con vosotras yo hable".

Y entonces las Virtudes indican que bendigan y alaben al santo y su natividad todos los ángeles del cielo, y, en la tierra, "hombres, aves y animales". Y termina la obra con el canto de un motete, que alude a la celebración de la fiesta de San Juan Bautista por parte de los albercanos.

2.-Estructura teatral

La obra puede ser dividida en distintas secuencias, desde el principio al final de la misma, que pasamos a indicar:

Versos 1-4.
Canta la música Invitación a ángeles y serafines a acudir a solemnizar la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista.

Versos 5-46.
Personaje: Demonio.
Expresión del "enojo, rabia y furia" del Angel "derrocado", que encarna en la Loa el Mal. Exposición de su poder (los siete Pecados mortales), para provocar "estragos" en el hombre.

III. Versos 47-84.
Personajes: Angel. Demonio.
El Angel indica al Demonio que no podrá impedir la celebración festiva que los lugareños albercanos dedican al nacimiento de San Juan Bautista. El Demonio le contesta que lo hará, mediante los siete Pecados mortales. El Angel le indica que, contra ellos, tiene él las siete Virtudes. Se retan y se inicia el combate dramático entre los unos y las otras.

Versos 85-198.
Personajes: Demonio. Angel. Soberbia. Humildad. Avaricia. Largueza. Lujuria. Castidad. Ira. Paciencia. Gula. Templanza. Envidia. Caridad. Pereza. Diligencia.
En una pugna dialéctica, Demonio y ángel van presentando cada uno de los Pecados y Virtudes, mediante las siete oposiciones clásicas del catolicismo, contraponiendo, entre unos y otras, cualidades negativas frente a positivas. La secuencia alegorizante termina con el final moralizador del triunfo del Bien, encarnado en la victoria del Angel y sus Virtudes, sobre el Demonio, derrotado a los pies del primero, y los Pecados, que desaparecen de escena.

V. Versos 199-230.
Personaje: Gracioso.
La figura pastoril del Gracioso introduce un contrapunto en la Loa, tras el tenso combate dramático entre el Bien y el Mal. Este personaje logra el efecto de la comicidad mediante los siguientes elementos: Confusión deliberada de los espectadores con lobos; alusión al hecho de saber guardar no tanto los ganados como los alimentos; autoatribución de cualidades para el canto, comparándose, ventajosamente, con los burros (término este último que confunde, con ambigüedad deliberada, estos animales con algunos espectadores). Manifestación final, por parte del Gracioso, del camino que hace desde la sierra, en la que deja su ganado, hacia la fiesta albercana en honor de la natividad de San Juan Bautista.

VI. Versos 231-272.
Personajes: Angel. Gracioso. Demonio.
Ante la pregunta del Angel, el Gracioso manifiesta su intención de acudir ala fiesta de San Juan Bautista. El Demonio querría impedírselo, pero no puede, debido a la presencia del Angel, al que pide permiso para hundirse en el infierno, algo que no le es concedido hasta no pregonar las virtudes que adornan al Bautista; lo que hace, forzado, el Demonio, que se hunde, por fin, en las tinieblas, lo que jalea, valentón, el Gracioso, insultándolo.

VII. Versos 273-587.
Personajes: Música. Angel. Gracioso. Humildad. Largueza. Castidad. Paciencia. Templanza. Caridad. Diligencia.
Impulsadas por el Angel, cada una de las Virtudes, ordenadamente, y ante los deseos no logrados del Gracioso de intervenir en primer lugar, va enunciando hechos de la Vida de San Juan, elogiando sus virtudes y realizando su ofrenda. Termina la obra con la ofrenda del Gracioso, que logra al fin intervenir; con la invitación de las Virtudes a los ángeles del cielo y a los seres de la tierra a alabar la Natividad del Bautista; y con la dicha final -expresada por la Música- por la celebración en La Alberca de la fiesta de San Juan Bautista.

La estructura interna de la Loa de San Juan Bautista puede estar constituida -en correlación con las partes indicadas- por las siguientes secuencias de la acción, que pueden ser conceptualizadas del siguiente modo:

I. Invitación a la celebración solemne de la fiesta.

II. Expresión del enojo, rabia y furia por parte del personaje del Mal.

III. Desafío entre el Bien y el Mal, que se retan a combatir.

IV. Combate entre el Bien y el Mal, con todas sus armas: Virtudes y Pecados, respectivamente.

V. Distensión cómica, a través de diversos rasgos humorísticos, provocados por la figura del donaire.

VI. Itinerario del Gracioso, desde lo profano (la vida pastoril) a lo sagrado (la fiesta en honor del Bautista). Ante la ayuda del Bien (Angel), el Mal (Demonio) no puede oponerse a la realización de dicho itinerario.
Caída del Mal (Demonio) en la tiniebla (infierno).

VII. Enumeración de los distintos rasgos de la vida del Bautista, desde el nacimiento a la muerte.
Loa de sus virtudes.
Ofrenda de las Virtudes y del Gracioso al santo.
Dicha final por la celebración solemne de la fiesta.

3.-La Loa como relato popular: Estructura interna.

Toda obra dramática supone el relato de una acción que encarnan diversos personajes. En este sentido, tradicionalmente, se ha aplicado a la acción teatral la sucesión de las fases clásicas de exposición, nudo y desenlace, que, en la Loa de San Juan Bautista, estarían constituidas así:

I. Exposición o Planteamiento: En el lugar de La Alberca, los vecinos van a celebrar la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista. El Demonio entra en cólera por ello y trata de impedir su celebración. El ángel, por el contrario, ayuda a que nada impida el normal desarrollo festivo.

II. Nudo: Se establece, de este modo, una pugna entre Demonio y Angel; cada cual con sus armas: el primero con los siete Pecados y el segundo con las siete Virtudes, que van apareciendo en escena a medida que son convocados por cada uno de ellos.

El Demonio, a su vez, al enterarse de que el Gracioso acude a la fiesta, trata de impedirlo, a pesar de hallarse maniatado; el Angel, por el contrario, le ayuda a que vaya.

III. Desenlace: El Angel vence al Demonio, que queda a sus pies, derrotado. Las Virtudes permanecen sobre el escenario, mientras que los Pecados desaparecen del mismo. El Demonio, tras elogiar, forzado, las virtudes del Bautista, se hundirá en el infierno. Y ya entonces las Virtudes relatan la vida del Bautista y alaban su virtud, para terminar con la ofrenda al santo de ellas mismas y del Gracioso.

Podemos, a la hora de analizar la acción dramática, partir del concepto de relato como la representación de una serie de acontecimientos que transforman una situación. Y podemos, por ello, aplicar a esta Loa (texto teatral) el esquema de texto narrativo propuesto por J. M. Adam (6), a partir del cual observaremos cómo esta Loa de San Juan Bautista presenta una estructura de relato popular.

(1) Si - Situación inicial:

*La música, con la que se abre la Loa, invita a ángeles y serafines a solemnizar la Natividad de San Juan Bautista.

(2) Ft - Fuerza transformadora:

(Acontecimiento que rompe el equilibrio e inicia el proceso de transformación de la situación inicial).

*El Demonio, enojado, rabioso y enfurecido, va a tratar de impedir que la fiesta se realice.

(3) Da - Desarrollo de la acción:

* Aparece el Angel, que trata de poner freno a los planes del Demonio.

*Angel y Demonio se desafían a combatir.

*Cada uno presenta sus armas: el Demonio, sus siete Pecados mortales; el ángel, las siete Virtudes.

(4) Fe - Fuerza equilibrante:

(Acontecimiento que restituye el equilibrio).

*El Angel vence al Demonio, que queda rendido a sus pies.

*Los Pecados desaparecen de la escena, mientras que las Virtudes permanecen en ella.

*El Demonio pide permiso al Angel para hundirse en las tinieblas; éste no se lo concede hasta no alabar las virtudes del Bautista, algo que el Demonio hace forzado.

*El Demonio se hunde en el infierno, con el regocijo y la valentonería del Gracioso.

(5) Sf - Situación final:

*Se celebra la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista.

*Las siete virtudes, una a una, relatan acontecimientos de la vida del Bautista, loan sus virtudes y realizan su ofrenda al santo.

*El Gracioso realiza también su ofrenda.

*Las Virtudes invitan a todos los seres de cielo y tierra a bendecir y alabar al Bautista.

*El motete final expresa la dicha de los albercanos por celebrar la fiesta de San Juan Bautista.

Toda la obra aparece marcada por fuerzas contrarias de equilibrio / desequilibrio, que estructuran de continuo la acción dramática, a través de oposiciones duales, que podemos expresar del siguiente modo:

-Bien / Mal……………………………………………Angel / Demonio.

-Pecados / Virtudes………………………Soberbia / Humildad.
Avaricia / Largueza.
Lujuria / Castidad.
Ira / Paciencia.
Gula / Templanza.
Envidia / Caridad.
Pereza / Diligencia.

En todo relato popular, se pueden establecer dos tiempos que enmarcan la acción: el Antes y el Después.

El Antes correspondería a la situación inicial; mientras que el Después, a la situación final. Entre ambos, se sitúa un tiempo intermedio, que es en el que se desarrolla todo el proceso de transformación. De tal modo, que podemos esquematizar la temporalidad del relato de la siguiente forma:

t1: Antes Si.
t2: Proceso Ft, Da, Fe
t3: Después St

Los actantes

Se puede acometer otro posible análisis de la estructura del relato en la presente Loa, recurriendo a los diversos actantes (o funciones que se desarrollan y se interrelacionan en el relato) propuestos por A. J. Greimas (7):

A1- Sujeto
A2- Objeto
A3- Destinador o Enviante
A4- Destinatario
A5- Adyuvante o Coadyuvante
A6- Oponente

Actantes que se agrupan por medio de dos categorías actanciales, a través de las siguientes oposiciones:

Sujeto vs Objeto

Destinador (o enviante) vs Destinatario

Adyuvante (o Coadyuvante) vs Oponente

En el presente relato teatral, podrían establecerse las oposiciones de los actantes del siguiente modo:

Sujeto vs Objeto

El Gracioso, figura pastoril vs La participación en la celebración de la fiesta de la Natividad de San Juan Bautista.

Destinador o Enviante vs Destinatario

Su fe religiosa, su devoción al santo cuya fiesta celebra vs San Juan Bautista, la fiesta cuya natividad se celebra.

Adyuvante o Coadyuvante vs Oponente

El Angel y las siete Virtudes vs El Demonio y los siete Pecados.

4.-Personajes

Podemos agrupar los personajes que aparecen en la Loa de San Juan Bautista en tres grupos bien definidos, a la hora de realizar un análisis de todos ellos:

Personajes religiosos: Son dos, fundamentalmente, y aparecen en una contraposición de claro carácter didáctico: El Demonio, Angel Malo que encarna y representa al mal en la obra; y el Angel (San Miguel), Angel Bueno que simboliza el bien. La oposición dualista entre Bien / Mal queda así nítidamente establecida, con una finalidad religiosa, a través de estos personajes. Se trata de encarnaciones de lo sobrehumano, de fuerzas que, aun actuando en el mundo del hombre, están más allá de él, por encima de él.

Personajes profanos: Solamente aparece uno, el único que está dentro de la esfera de lo humano y al que se puede atribuir cierto carácter realista: el Gracioso, personaje rústico, pastor, encargado de representar y expresar la religiosidad popular e ingenua de los aldeanos. El momento clave de su protagonismo en la obra se produce cuando, al final de la misma, le ofrece al santo su "caudal”: instrumentos musicales pastoriles ("Las castañuelas, un pito") y "un cencerro y un collar" del ganado; siempre, en todo caso, objetos que tienen que ver con lo sonoro, con la música; objetos que, por ello, acaso, simbolicen lo festivo.

Personajes abstractos y alegóricos: Son los siete Pecados y las siete Virtudes. Se encuentran ligados muy estrechamente con los personajes del primer grupo y ayudan también a la contraposición, de un didactismo religioso muy primario, entre el Bien y el Mal. Unos y otras conforman oposiciones dualistas, en las que a un vicio o pecado se contrapone una virtud o cualidad positiva. Se forman, de este modo, parejas de contrarios muy conocidas por los espectadores, debido a su instrucción religiosa:

Soberbia / Humildad
Avaricia / Largueza
Lujuria / Castidad
Ira / Paciencia
Gula / Templanza
Envidia / Caridad
Pereza / Diligencia

Pero el tratamiento de estos personajes abstractos y alegóricos es distinto, según se trate de Virtudes o Pecados. Las primeras tienen, en esta Loa, una mayor importancia dramática que los segundos, cifrada en los siguientes elementos:

-Intervienen verbalmente, una a una, en la obra, mientras que los Pecados sólo hacen acto de presencia.

-En el momento en que aparece, cada Virtud lo hace con su atributo: El sol; la palma; la estrella y la encomienda del santo; la bandera del Bautista; la espada; la corona de flores...; mientras que de los Pecados no se indica ninguno en las acotaciones.

-El tiempo en escena es mayor el de las Virtudes que el de los Pecados. Esta mayor preponderancia de las Virtudes sobre los Pecados parece obedecer a un claro sentido didáctico, que es el más importante al que estas obras obedecen.

El poner en relación el tiempo con los personajes, podemos establecer el siguiente esquema:

Tiempo / Personajes

t2 Ft, Da, Fe: Demonio. Angel. Pecados. Virtudes. Gracioso.

T1 Si: Canta la Música.

t3 Sf: Angel. Gracioso. Humildad. Largueza. Castidad. Paciencia. Templanza. Caridad, Diligencia. Música.

Dentro de esta incardinación de los personajes en los distintos momentos del tiempo dramático, habría que realizar las siguientes observaciones:

-La Música, aun sin ser un personaje, en el sentido clásico del término, abre y cierra el texto (pudiéndose considerar, de este modo, la Loa de San Juan Bautista como obra de estructura cerrada) y le da, tanto al tiempo inicial (t1) como al tiempo final (t3) cierto carácter de solemnidad (de hecho, en su letra, aparecen términos como "solemnizar" y "Solemne") y de alegría.

-El verdadero protagonista de la Loa es el Gracioso, que interviene en dos de los tiempos (t2 y t3) y que realiza un itinerario, sin duda simbólico, desde las sierras (natura; lo profano) hasta la fiesta religiosa (cultura; lo religioso); un itinerario que trata de ser obstaculizado por el Mal (encarnado, como sabemos, por el Demonio), cuya acción a su vez impide el Bien (el Angel).

Pero el Gracioso, a pesar de su protagonismo, interviene relativamente poco; quizás su función dramática más representativa sea la de servir de contrapunto, de personaje que, al estar apegado a la realidad, sirve de modelo a los campesinos. En esta obra, el Gracioso está trazado siguiendo el modelo del personaje también llamado Gracioso de la más importante Loa albercana, la Loa de Nuestra Señora de la Asunción, nada más que el personaje de esta última obra está mucho mejor trazado y más conseguido.

-El Demonio, como oponente, es el personaje que desencadena los acontecimientos dramáticos de la obra, Sufre él mismo una evolución negativa, que va desde un dominio inicial, en el que alardea de su poder y del de los Pecados que él mismo desencadena sobre el mundo, pasa por una confrontación con el Angel y sus Virtudes (que acaba en una derrota sin paliativos), continúa por una humillación (tiene que pregonar, por mandato del Angel, las virtudes del Bautista) y termina en el descenso a las tinieblas infernales.

-El Angel y cada una de las Virtudes son personajes sin evolución a lo largo de la obra; el primero aparece en el t2 sobre todo, y menos en el t3; mientras que las segundas intervienen en el t3, y en el t2 solamente hacen acto de presencia, sin tomar la palabra. Se trata de personificaciones del Bien, con una clara finalidad didáctica y laudatoria.

5.-Lo rústico y lo popular

En todas las Loas de la Sierra de Francia que conocemos, aparece el elemento rústico, que suele encarnar un personaje popular; que desempeña un oficio campesino. Suele predominar -como ocurre en esta Loa de San Juan Bautista, así como en otras de La Alberca, Monforte de la Sierra y Sequeros- la figura del pastor; aunque no faltan las figuras -en otras Loas, de Puebla de Yeltes o de Sotoserrano- de labradores y segadores.

En esta Loa, la figura del Gracioso, desempeña -como acabamos de indicar- el oficio de pastor. Su intervención -si comparamos al personaje con la figura del Gracioso, también pastor, de la también albercana Loa de Nuestra Señora de la Asunción, con la que indudablemente está emparentado, como ya hemos dicho- es muy esquemática y su protagonismo -aun con los rasgos cómicos y chistosos que le son propios, y que se muestran- aparece bastante recortado y oscurecido, en parte, por la alegorización de la pugna entre el Bien y el Mal, con el triunfo final del primero, que quita a esta Loa, frente a otras de la Sierra de Francia que los poseen, realismo y viveza.

Este personaje pastoril del Gracioso nos da los siguientes datos sobre sí mismo y sobre la fiesta de San Juan en La Alberca:

-Su oficio: "Yo soy pastor, como veis" (verso 209).

-Su glotonería: Rasgo humorístico; cada día guarda -en lugar de ganado, algo que no sabemos cómo hará- "tres panes de a cuatro libras / acá dentro del morral" (vv. 211-212).

-Su afición al canto: Nuevo rasgo humorístico ("Sé cantar de mil primores", v. 217), que le permite compararse, al entonar, con ciertos "burros" del lugar.

-Su devoción: Acude, de camino, desde su majada pastoril en la Sierra, a la fiesta que celebra La Alberca a la Natividad de San Juan Bautista.

-Nos da una interesante noticia sobre lo que fue la fiesta de San Juan en La Alberca, algo hoy perdido; había:

.Función teatral: La Loa de San Juan Bautista (cuyo texto presentamos aquí), seguida de una comedia.

.Novillada: En La Alberca, los toros aparecen en la fiesta patronal (el segundo y tercer día de la fiesta de la Virgen de la Asunción, el 15 de agosto); y la novillada (La churra), en la romería de la Virgen de Majadas Viejas (lunes de la Octava de Pentecostés).

.Los datos de esta Loa nos permiten suponer que, en el pasado, la de San Juan fue una fiesta grande en esta localidad; fiesta de la que hoy quedan las hogueras (la noche del 24 de junio) y el san-juán (roble que se planta en cada barrio del pueblo, donde también se enciende cada hoguera).

6.-Métrica

Como todas las Loas de la Sierra de Francia, ésta se halla totalmente escrita en verso y, además, utiliza solamente, igual que todas ellas, versos de arte menor. Este rasgo, así como, por ejemplo, la aparición del personaje rústico del Gracioso (figura del donaire) -al que hay, sin embargo, que buscarle precedentes anteriores-, emparenta estas Loas serranas con el teatro barroco español, creado por Lope de Vega.

Dentro del empleo absoluto del arte menor, predomina el verso octosílabo, como se sabe, el más usual en nuestra poesía, cuando de la utilización de este arte se trata. Y, debido al uso este tipo de métrica y a este tipo de verso, podemos pensar que las Loas, y ésta de San Juan entre ellas, tienen un carácter, si no enteramente popular (ya indicábamos cómo, posiblemente, se trata de creaciones de clérigos o de gentes ilustradas), sí al menos popularizante.

El tipo de rima que recorre los versos de toda la Loa de San Juan Bautista es la asonante, no existiendo la consonante prácticamente en ningún caso. Este predominio absoluto de la asonancia se configura como otro rasgo popularizante en la obra. Un detalle que tampoco puede pasarnos desapercibido es el de la abundancia de rimas agudas, de palabras agudas en posición de rima, cuando, como bien es sabido nuestro idioma es de base llana.

En cuanto al uso estrófico, hemos de decir que no es muy variado, ya que, en esta Loa, se asienta prácticamente en dos estructuras: La del romance sobre todo, y la de la copla en segundo lugar; existiendo apenas algún caso de redondilla o de cuarteta, ambas asonantes.

Si existe algún tipo de irregularidad métrica, creemos que será debida, no tanto a la creación de la Loa, como a la transmisión a través de copias mañuscritas, o al trasvase de lo oral al soporte escrito. Pues, como acabamos de indicar, la métrica de esta Loa de San Juan Bautista se basa en el empleo del verso octosílabo, y del romance y de la copla.

7.-Léxico

Sobre el léxico de esta Loa, habría que hacer, ante todo, dos observaciones: Por una parte, la existencia de un léxico de procedencia culta, sobre todo en el empleo de antropónimos y de topónimos desconocidos para el pueblo, y que nunca hubieran aparecido en una creación literaria genuinamente popular, además de términos comunes cultos; Y, por otra, sin embargo, el empleo de coloquialismos, vulgarismos e incluso dialectalismos, acaso de modo intencionado, para recrear el ambiente rústico, cuando éste aparece. Léxico que señala la existencia de un contraste patente en la Loa.

El empleo de términos cultos como horrendo, infortunado, exhalando, fulminando, orbe, embriaguez, tartáreo, ensoberbece, adverso, adulterio, deleites, altivez, accidia [sic], concupiscible, invicto, perturbar, ancianidad, parabién, ostenta, refulgente, exhortación, engendró, contristó, infame, natividad o motete, por no espigar sino algunos ejemplos en el texto de esta Loa, nos habla bien a las claras de un lenguaje muy alejado de los usos populares. Lo mismo que el empleo del futuro subjuntivo (alcanzare, aguardare...), que a la vez también nos da señas de un raso lingüístico arcaizante.

Los topónimos y antroponónimos refuerzan el hecho de la existencia en la Loa de un registro culto en el uso del lenguaje. Entre los primeros, nos encontramos con algunos de procedencia clásica, como Capitolio; pero, sobre todo, abundan los bíblicos: Canaán, Jordán o Judea; sin olvidar Tártaro, que nombra al infierno a través de la voz latina.

Los antropónimos son abundantes; predominan casi exclusivamente los de procedencia bíblica o cristiana, y así nos encontramos con Isaac, el rey David, Job, Adán, Caín, José, Isabel, Herodes, Barrabás, Zacarías, Gabriel, San Pablo, Herodías, Salomé, Antonio Abad o San Jerónimo; aunque también aparecen el rey Antíoco o los nombres de diversos coros de ángeles: Serafines, Dominaciones y Potestades.

Pero junto a este léxico culto, nos encontramos con señales del lenguaje popular, con la finalidad de provocar el efecto rústico y, a la vez, el humorístico. Se trata de un lenguaje que utiliza, sobre todo, el personaje del Gracioso, a quien se le escapa en sus parlamentos, paradójicamente, algún que otro cultismo.

Términos como putos, encontrón, burro, escarabajo, tiñoso, espantajo o enfurruñado, y expresiones como papando moscas, nos hablan de la presencia en la obra del registro coloquial y vulgar.

Otros, como redució (redujo), señalan la presencia de vulgarismos; acaso, en este ejemplo, no tanto por recrear el habla popular, sino por ciertos imperativos de la rima.

Y otros, en fin, como lobá (lobada), toh (exclamación sorpresiva, equivalente a "¡todo!") o vaite (vete), nos están indicando que tampoco está ausente lo dialectal en el texto de esta Loa; se trata, en este caso, -como siempre, en el habla de la Sierra de Francia-, del dialecto leonés, contaminado por rasgos de las hablas meridionales extremeñas (la pérdida de la –d- intervocálica, en lobá; o la aspiración de la hache, en toh).

En todo caso, esta recreación del habla popular, que es muy escasa (ya que predomina el lenguaje culto) y que aparece ligada con el personaje del Gracioso, parece proceder de una mano clerical ilustrada, con dominio de lo histórico (lo clásico), lo lingüístico (dominio de los registros culto y coloquial y vulgar) y lo religioso (lo bíblico y lo cristiano, en general).

A esta Loa de San Juan Bautista, y al resto de las Loas de la Sierra de Francia -ya lo hemos indicado-, más que el calificativo de populares (no surgen del pueblo, sino posiblemente se trata de creaciones clericales), hay que darles el de tradicionales, ya que el pueblo las ha tradicionalizado, asumiendo su puesta en escena y su representación, de modo cíclico, en la fiesta con la que cada una de ellas está relacionada.

También hay que indicar, sin embargo, que la finalidad para la que fueron creadas es una finalidad popularizante, es decir, se escribieron para uso popular, para que los vecinos las representaran, y para promover, a través de ellas, la devoción y la religiosidad.

LOA DEL MORO y EL CRISTIANO

1.-Análisis

También procede del archivo de nuestro amigo Jesús Serrano, a quien, a través de su familia, le ha llegado, en hojas manuscritas (que en este caso no tienen ninguna anotación contextual que aclare nombre del copista, fecha de la copia o fiesta en la que se representaba); material todo él procedente de Pablo Sánchez ("el tío Pablo Caetano"), que representó -como ya hemos indicado- hasta su muerte el papel del Demonio en la Loa de la Asunción albercana.

2.-Las fiestas y las representaciones de moros y cristianos

Lo primero que llama la atención en esta Loa del Moro y el Cristiano albercana es su contenido, que podemos ligar enseguida con las conocidas fiestas de moros y cristianos, que ubicamos en el Levante español. Estas fiestas levantinas "rememoran unos siglos duros del arco mediterráneo, de angustiada incertidumbre y de exigencias imperiosas de defensa" (8).

En estas fiestas, -que, aparte del Levante, se extienden por Aragón- tienen una gran importancia los grandes espectáculos dramáticos, en los que participa durante varios días una buena parte de la población. Son significativas las fiestas de Alcoy, en las que la figura de San Jorge desempeña el mismo papel protector, según la conciencia religiosa de sus habitantes, que la de Santiago en la Meseta norte durante la llamada reconquista.

3.-Las representaciones dramáticas

Las representaciones dramáticas de moros y cristianos ocupan un lugar destacado dentro del teatro popular español y se extienden por un área bastante mayor que la levantina-aragonesa que acabamos de citar.

Arcadio de Larrea Palacín es quien ha estudiado, entre otros, estas representaciones de moros y cristianos, a las que caracteriza por los rasgos siguientes:

-Se extienden por un área muy amplia de la geografía española, que cuenta con los siguientes límites: Galicia señala su límite noroccidental, y Andalucía el meridional; por Aragón llega hasta los mismos Pirineos (la morisma de Ainsa es su más conocida representación).

-Se trata de representaciones del sentimiento patriótico (y religioso, añadimos nosotros), con diversas motivaciones y modos de expresión.

-En ellas, la contienda contra los moros tiene un carácter defensivo para los cristianos; luego no hay que pensar en episodios de la reconquista.

-Es imposible, a través de su contenido, contextualizar la acción que las mismas "relatan" en un determinado momento histórico; resulta más lícito pensar, en ellas, una acción intemporal y, por ello, actual y constante.

-El triunfo se obtiene siempre mediante la ayuda sobrenatural del patrón de la localidad donde se representan

-De ahí que, aunque pueda ser considerado como teatro religioso, por su contenido, hemos de intuir en él una ideología precristiana.

-La acción dramática suele plantearse porque los invasores tratan de apoderarse de la imagen del patrón o patrona de la localidad. Se trata, en realidad, de una disputa sobre el genius loci. Y, aunque dicha disputa esté dramáticamente cristianizada, manifiesta componentes precristianos, de momentos en los que cada lugar tenía su genio o su dios propio, y de momentos en los que la conquista de pueblos era, fundamentalmente, conquista de dioses.

-Los rasgos cristianos de estas representaciones son varios: La intervención de los ángeles, que, a ruegos del patrón o de la patrona, Dios envía; la conversión de los vencidos, tras la derrota; o las alabanzas, dentro de la más estricta ortodoxia, que realizan ellos mismos y los vencedores.

-Es interesante (como ocurre, por ejemplo, en la morisma de Ainsa, o en esta Loa del moro y el cristiano que editamos hoy) la aparición de la figura del Gracioso, siempre presente en las representaciones de moros y cristianos, "a veces como tambor y otros [sic] como rabadán" (en expresión de Larrea Palacín) (9).

4.-Loa del moro y el cristiano. Sufiliación

La Loa albercana del moro y el cristiano participa, por una parte, sin duda, del género teatral de las loas que definíamos al principio, y, más concretamente, de los rasgos con los que caracterizábamos las loas de la Sierra de Francia; y, por otra, de las representaciones de moros y cristianos, que Larrea Palacín veía extendidas en una amplia superficie española.

La relación con las loas serranas apenas necesita explicación. La que tiene con las representaciones de moros y cristianos podemos observarla, por ejemplo, en una serie de elementos, como son:

-El desafío y lucha entre moros y cristianos, y, más específicamente, entre el Moro y el Cristiano protagonistas. -La victoria del Cristiano sobre el Moro.

-La conversión del Moro al cristianismo, tras su derrota, al recibir el bautismo.

Acaso esta Loa -sobre todo, en la primera escena, en la que intervienen el Moro y el Cristiano- pudiera relacionarse también con el género medieval de los debates o disputas, obras muy difundidas por todos los países de la Europa cristiana, y que tuvieron un gran auge sobre todo en la época de esplendor de la filosofía Escolástica.

Estas disputas o debates podían tener lugar entre personas reales, de carne y hueso (como ocurre en esta Loa), o entre abstracciones y entes alegóricos, personificados.

No hay que olvidar que este género se considera entre los gérmenes que dieron origen al teatro medieval en Europa (10).

Como aclaración hemos de decir en este punto que, en nuestras indagaciones folklóricas y etnográficas en la Sierra de Francia, no nos hemos encontrado con ninguna manifestación (festiva o de otro tipo), salvo la presente, sobre moros y cristianos.

5.-Contenido

Aparece el Moro, airado contra los cristianos. Por su arrogancia, el Cristiano lo desafía y ambos pelean -observados por la figura cobarde del Gracioso, un auténtico fanfarrón en esta Loa, otro miles gloriosus como el que propusiera Plauto, escondido en la espesura-. El cristiano vence al Moro y le promete el bautismo, si primero confiesa sus maldades y yerros; algo que niega en principio el Moro, que sigue fiel a Mahoma y a sus creencias.

Reza entonces una oración por el Moro el Cristiano, debido a la cual aquél cae en la cuenta de su error y pide el bautismo; algo que el Cristiano le concede al instante.

El Gracioso, escondido en la espesura debido a su cobardía, sale muy quedo de ella. El Cristiano lo siente y pregunta que quién está allí. El miedo del Gracioso le hace creer que van a por él muchos hombres armados, y, pese a su cobardía, se propone, como un alarde, hacer el papel de "caballero Cid".

Vuelve a increparlo el Cristiano. Y entonces sale, haciéndose el valiente, dando órdenes, como si fuera un jefe militar, y como si registrara "aquestos espesos prados". El Cristiano vuelve a preguntarle que quién es. El contesta que un general, armado y con su ejército, con la misión de auxiliarlo.

El Gracioso, mentiroso y bravucón (cual un personaje salido de la comedia latina de Plauto), ante la pregunta del Cristiano sobre sus acciones heroicas en la guerra, le contesta, hiperbólicamente, que partió a un moro por la mitad, de arriba abajo, de un tajo de espada (algo que recuerda alguna escena guerrera del Cantar del Mío Cid; el episodio de la batalla de Alcocer, por ejemplo).

Y, envalentonado ante el crédito que el Cristiano le otorga, sigue relatando sus hazañas imaginarias. Y, en un rasgo de humor, al decirle el Cristiano que dónde están tantos muertos como ha matado su hipotética valentía, él responde que "Se fueron a darle cuenta / al zancarrón de Mahoma", impulsados por el propio soplo del "héroe".

Le sigue preguntando el Cristiano por el batallón a cuyo frente se halla, y continúa la respuesta desvergonzada y humorística de este miles gloriosus: "Todavía no han nacido / y los estoy esperando". Para terminar confesando que su única compañía es el miedo.

El Cristiano le perdona su fanfarronería, a cambio de que relate "la historia verdadera / del Mahoma de los diablos", Algo que hace el Gracioso, en un tono -imaginable desde la mentalidad cristiana tradicional- de falta de respeto hacia la otra confesión religiosa. Con lo que termina el fragmento que hemos recuperado de esta Loa del Moro y el Cristiano.

6.-Estructura

El presente fragmento de la Loa consta de dos escenas o secuencias dramáticas, diferenciadas claramente:

•Una primera (desde el principio hasta el verso 126), en la que los personajes del Moro y el Cristiano -con una aparición muy secundaria del Gracioso, que ya muestra rasgos de su cobardía- representan los siguientes aspectos:

-Actitud airada del Moro frente a los cristianos.
-Desafío entre el Moro y el Cristiano, por motivos religiosos.
-Lucha entre ambos.
-Victoria final del Cristiano.
-Caída en la cuenta de su error y arrepentimiento del Moro, debido a la oración del Cristiano.
-Conversión del Moro al cristianismo, y recepción del bautismo.
El aspecto didáctico y aleccionador de esta primera escena queda fuera de toda duda.

•Una segunda (desde el verso 127 hasta el final), en la que los personajes del Gracioso y del Cristiano -en un claro contrapunto humorístico, respecto a la seriedad y gravedad de la primera escena- dialogan entre sí y se nos muestran como representantes de actitudes humanas expuestas a través del contraste entre ambos:

-El Cristiano ha luchado en el campo de batalla, por sus ideas religiosas (rasgos de valentía y de la religiosidad).

-Mientras que el Gracioso ha permanecido, sin embargo, escondido en la espesura, debido a su miedo (rasgos de la cobardía y del carácter acomodaticio).

A través de un humor que se contrapone con la seriedad de la escena inicial, se va desvelando la fanfarronería y mentira de un personaje, el Gracioso, verdadera encarnación aquí -como venimos indicando- del personaje del soldado bravucón, con claros antecedentes en el teatro clásico latino, en concreto en la comedia Miles gloriosus de Plauto. Gracioso que ha de asumir, como penitencia, el relato, con el que termina el fragmento que mostramos de esta Loa, de "la historia verdadera" de Mahoma, modo indirecto de realizar una alabanza o loa del cristianismo.

Nos encontramos, por tanto, ante una estructura de contrapunto, muy característica, por otra parte, de las Loas de la Sierra de Francia.

7.-Personajes

De los personajes que aparecen en este fragmento de la Loa del Moro y el Cristiano, hemos de indicar que todos ellos -tanto el Moro, como el Cristiano y el Gracioso- pertenecen a un mismo ámbito, el de lo profano.

Los dos primeros están escasamente perfilados y definidos, y su función no es otra que la de encarnar, como protagonista (el Cristiano) y antagonista (el Moro), un debate entre religiones: la presentada como verdadera y como falsa, del cual ha de desprenderse, en la Loa, una moralidad obvia.

El personaje más conseguido en esta obra es el del Gracioso. Ya hemos apuntado varios rasgos del mismo: cobardía, fanfarronería, carácter acomodaticio e hiperbólico, doblez psicológica..., y lo hemos emparentado con la tradición literaria y dramática del soldado fanfarrón de la comedia latina, a la vez que alguna de sus imaginarias e hiperbólicas hazañas (la del descomunal tajo de su espada) con el Cantar del Mío Cid (héroe al que, por cierto, él mismo alude); sin olvidar tampoco la tradición del pastor cazurro, en la que muchas veces se inspira el personaje del Gracioso en las Loas de la Sierra de Francia.

Se trata de un verdadero antihéroe que sirve para plasmar en la Loa el contrapunto cómico y humorístico, que seguramente daría un verdadero juego dramático ante unos espectadores campesinos dispuestos a recibir una moralidad de tipo religioso fuera de toda duda o ambigüedad.

8.-Métrica

Valen, para esta Loa del Moro y el Cristiano, las indicaciones métricas que señalábamos al analizar la Loa de San Juan Bautista: Se trata de obras escritas totalmente en verso, de arte menor (con predominio del octosílabo) y con una mayor o menor variedad de estrofas (en la del Bautista, ya observamos la clara preponderancia del romance y de la copla).

En esta Loa, predomina en gran manera -en ocasiones, con una cierta irregularidad, tal y como nos ha llegado la copia- el romance. No falta, aunque, en número escasísimo, alguna redondilla (con asonancia o consonancia) o alguna copla, sin embargo.