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ATABAL (A) TAMBOR Y SUS DERIVADOS: ESTUDIO ETIMOLOGICO Y PERFIL ORGANOGRAFICO

FASLA, Dalila

Publicado en el año 1996 en la Revista de Folklore número 191.

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A don Eugenio de Bustos Tovar (in memoriam)

(…)llevaréys por instrumentos,/
por trompetas y atambores /
mis verdaderos amores
Juan del Encina

Dentro de los límites precisos que acotan las fuentes documentales de nuestra lírica castellana durante el período comprendido entre el bajomedievo y el primer Renacimiento (1330-1557), encontramos testimonios de dos arabismos que se documentan con una continuidad notable desde Juan Ruiz, arcipreste de Hita, hasta los últimos textos incluidos en el Apéndice del Cancionero General (II); ambos términos, el atabal y el tanbor (hoy tambor), designan dos instrumentos musicales de percusión de madera, elemento primordial en la construcción de instrumentos árabes.

Así pues, considerando este vasto corpus de lírica castellana rigurosamente consultado y analizado, cuya enumeración detallada sería árida e infructuosa, la frecuencia de uso de tales vocablos puede concluirse como sigue: el arabismo atabal se documenta en el Libro de Buen Amor (1234a), en el Poema de Alfonso XI (1491c, 1647b), en el Cancionero de Baena (v. 26,172; v. 128, 575; v. 1698, 1219), en el de Fray Iñigo de Mendoza (19a, 240) en el Triunfo de Amor de Juan del Encina (v. 1130,128), en el Cancionero General (I, 60) y en el Apéndice (II, 602); más restringido se muestra el uso del arabismo tanbor, que se registra únicamente en el Libro de Buen Amor (894c, 895c, 898b, 899d, 1227d), en el Cancionero de Baena (v. 814, 1188), en el de Fray Iñigo de Mendoza (19b, 240), y en el Triunfo de Amor de Juan del Encina (v. 1130,128).

Tal como se muestra en los epígrafes que se desarrollan a continuación, atabal, ataual, atanbal, y tanbor, atabor, atambor son las variantes ortográficas con que se han documentado estos arabismos en su constatación a través de las fuentes literarias.

ATABAL, ATAUAL, ATANBAL

Del árabe (---) at-tabal, de la raíz trilítera t-b-l, 'tocar el tambor, redoblar'; derivados de esta raíz son, el ya citado (---)tabl, 'atabal, tambor, bombo, caja';(---) tablat, 'tambor menor'; (---) tablat al-udni, 'tímpano';(---) tabliyya, 'en forma de tambor'; (---) tibalat, 'oficio de (---) tabbal', es decir, el que toca el atabal; y por último, (---) tabbal, 'atabalero', 'tambor', entendiendo en este caso atabalero como el que toca el atabal, término éste que posteriormente ha servido tanto para designar el instrumento propiamente dicho, como la persona que lo toca. La primera edición del DHLE, anota: (del ár. atabl). Timbal (tambor), y en el Diccionario académico, se lee: del ár. at-tabal, el tímpano (1992). El DCECH establece la primera documentación del término hacia 1300 (...). La variante timbal se debe a un cruce con tímpano; en el ms. S de J. Ruiz 1234 [a], sale la forma atanbal (atabal en T y G) debida aun cruce con atambor (cf. I, 386).

En 1495, Nebrija recoge por primera vez el vocablo en su Vocabulario Esp.-Lat., donde se lee: "atabal o pandero, tympanum, -i; atabalero, tympanistres, -ae; atabalera, tympanistria, -ae", y no se observa ninguna rectificación posterior en la edición de Sevilla (cf. Vocabulario de romance en latín, 1516).

Covarrubias señala en su Tesoro que es "por otro nombre dicho atambor o caxa, por ser una caxa redonda, cubierta de una parte y de otra con pieles rasas de bezerros, que comúnmente llamamos pergaminos, al son de los quales el campo se mueve, o marchando o peleando (...). Y díxose atabal por el sonido que haze tocando, aunque en razón de la forma que tiene redonda podría ser nombre hebreo (...). También significa los instrumentos de regozijo que se tocan a los juegos de cañas y fiestas. Estos no tienen más que una haz y llévanlos en bestias (...)". Autoridades también lo define, diciendo que es "instrumento bélico, que se compone de una caxa de metal en la figúra de una media esphéra, cubierta por encima de pergamino, que se toca con dos palos pequeños, que rematan en bolas (...). Este instrumento se usa en la caballería, llevando un caballo un atabál a cada lado de la silla; y modernamente se llama Timbal".

Nótese la frecuente simbiosis de los instrumentos de viento y de percusión, sobre todo en el marco guerrero o bélico, y en concreto, la ineludible asociación de atabales y trompetas:

Trompas e añafiles salen, con atabales.
(J. Ruiz, Libro de Buen Amor, 1234a)

Moros estauan tañiendo / atabales marroquiles, / de la otra respondiendo / tronpas con añafiles.
(Poema de Alfonso XI, est. 1647)

(...) çesaran por esta guisa / atabales e tronpetas
(Canc. de Baena, vv. 1697-1698,1219)

Atabales y trompetas, / tamborinos y atambores, / son las bozes muy perfectas.
(Fray Iñigo de Mendoza, Cancionero, 19a-c, 240)

Originalmente, el instrumento árabe llamado atabal, que era de madera (dado que en la época que nos ocupa, esta civilización no empleaba el metal en su construcción), debió tocarse con una sola baqueta, a diferencia del atambor que se percutía con dos (cf, Covarrubias, Tesoro, voz atambor); si bien, esta sobria diferencia contribuyó a que ambos términos se utilizaran accidentalmente como sinónimos. No obstante, la coexistencia de ambos en el mismo contexto literario (vid. supra, Fray Iñigo de Mendoza, Cancionero, 240) permite saber con certeza que estos dos arabismos designan sendas realidades diferentes, y en consecuencia, atabal y atambor son dos instrumentos musicales distintos.

El arabismo (---) at-tabl, ha pasado al castellano con su significado arábigo original, y por coincidencia de ambas consonantes solares, la vocal del artículo árabe asimilado se ha fusionado al resto de la palabra en una primera fase, evolucionando hasta la forma actual, con la consiguiente pérdida de la vocal inicial a- en posición átona: at-tabl>atabal>timbal (el DCECH explica el cambio de timbre de la vocal átona por posible cruce con tímpano, vid. supra).

Tamarid recoge el término en su Compendio (cf. Orígenes de la Lengua Española, Madrid, 1873, p. 201), y también lo registra Aldrete (cf. "Vocablos arábigos que hay en el Romance" en Orígenes, op. cit., p. 191); asimismo, Kazimirski, registra el vocablo en su Dictionnaire, que interpreta como "tambour" y "timbale", en primera y segunda acepciones respectivamente; igualmente, recoge el nombre verbal de la forma segunda, (---) tatbil, que significa "tambouriner sans cesse" (cf, Dictionnaire Arabe-Français, París, 1860, II, p, 57). El término figura de forma sucinta en Mekinassi, que traduce: "atabal: timbal, timbale" (cf. Léxico de las palabras españolas de origen árabe, Tetuán, 1963, p. 41).

F. Pedrell define el arabismo como "instrumento árabe de percusión compuesto de dos timbales de diferente dimensión provistos de dos baquetas (...). En muchas ocasiones son perfectamente sinónimos Tambor y Tabal; en otras con las palabras Tabal ó Atabal suelen designarse no los tambores sino lo que entonces llamaban Tímpanos y hoy Timbales (...)" (cf. Diccionario técnico, Barcelona, 1894, pp. 31-32); igual observación hace posteriormente Brenet, subrayando que "a veces las palabras tabal y atabal no designaban los tambores, sino los que entonces llamaban tímpanos y actualmente timbales" (cf. Diccionario histórico, Barcelona, 1981, p. 52). Medio siglo después de que Pedrell publicara su Dicc. técnico, Querol Gavaldá, advertía: "no hay que confundir los atabales con los tambores o atambores. Los atabales son los antiguos timbales" (cf. M. Querol: "Los instrumentos mencionados por Cervantes", apart. D, en La música en las obras de Cervantes, Barcelona, 1948, p. 159).

TANBOR, ATABOR, ATAMBOR

Del persa tabîr, a través del árabe tanbûr (DRAE de 1992). El DCECH documenta el término por primera vez hacia 1140, atamor, Cid; atambor, 1251; tambor, 1615, poniendo de relieve que al pasar por el árabe, debió confundirse con tanbûr, s. XI, 'especie de lira o bandurria hecha con una piel tendida sobre un cuerpo hueco', palabra de origen diferente pero también persa (...). La forma atamor es muy frecuente en el Cid y en la 1ª Crón. Gral.; atambor, que ya aparece en las últimas partes de esta obra, es también la forma de la Gr. Conq. de Ultr., J. Ruiz, López de Ayala, Nebr. y todavía es de uso general en los clásicos, siendo la única que figura en C. de las Casas, Percivale, Oudin y Covarr ., y la que predomina en el Quijote (cf. V, 396).

En 1495, Nebrija recoge por primera vez el término en su Vocabulario Esp.-Lat., haciendo constar: "atambor o atabal, timpanum, -i", pues no se registra en el Universal Vocabulario de Alfonso de Palencia. Más tarde, Covarrubias la define como "atambor de guerra o caxa (...) con dos hazes y un sonido, que parece encienden los corazones de los soldados para pelear; de manera que los demás que tienen vna haz, serán atabales o atabalillos (...)" (cf. Tesoro). En Autoridades, atambor "es una caxa de madéra redonda, cortada igualmente por el haz y el embés, y cubierta por abaxo y por arriba con pergamino. Tócase con los golpes de dos palillos llamados vaquétas, que dán en uno de los pergaminos, llamados parches (...). Llámase más comunmente Tambór"; y en la entrada siguiente añade: "atambor, se llama también el que toca por oficio el tambór" (para un estudio detallado sobre las baterías del tambor (golpes rítmicos y redobles), vid. Diccionario técnico de F. Pedrell; op. cit., p. 437).

El vocablo árabe tanbur (---) forma vulgar de tunbür (---) nada tenía que ver con nuestro actual tambor, término que se consigna en la primera acepción del Diccionario académico, como "instrumento musical de percusión, de madera o metal, de forma cilíndrica, hueco, cubierto por sus dos bases con piel estirada, y el cual se toca con dos palillos" (1992). Pese a funcionar como un arabismo en nuestra lengua, este término originalmente significaba pandore, fr., y así aparece recogido en la Encyclopédie de l'Islam: "la pandore peut en général etre distinguée du luth par sa caisse de résonance plus petite et son manche plus long. Nous la voyons dans l'ancienne Egypte, l'Assyrie et la Perse (...). Le tunbur est le nom classique pour la pandore en Orient" (cf. Encyclopédie de l'Islam, Suplemento, 1ª. ed., Leide, 1913-1938, pp. 269 y ss.).

La variante gráfica atambor, citada por Fray Iñigo de Mendoza (Cancionero, 240), y por Juan del Encina (cf. Triunfo de Amor, 128), se recoge en el Compendio de Tamarid (cf. op. cit., p. 201), y figura además en el Diccionario académico como "masculino desusado, tambor", proveniente "de la raíz árabe at-tunbür" (1992); dicha variante debió mantenerse en nuestra lengua hasta finales del siglo XVIII coexistiendo con atabor:

(...) vuestro atabor sonante, los sonetes que faz
(J. Ruiz, Libro de Buen Amor, 898b)

(...) atambores y atabales / con trompetas y añafiles, / clarines de mil metales
(J. del Encina,II, Triunfo de Amor, vv. 1130-1132,128)

La variante moderna tambor (doc. como tanbor), obedece a la coincidencia de la consonante enfática reduplicada en posición implosiva, (---) at-tunbúr, que provocó posteriormente la pérdida del artículo árabe asimilado a-, contrariamente a la evolución del grupo de solares en an-nafir, ár.> añafil, cast., que originó en romance la consonante prepalatal nasal sonora; un caso aislado de esta variante sin ase registra en el Cancionero de Baena:

(...) e por cortes los casaron / con mill justas e tanbores
(Canc. de Baena, vv. 813-814, 1188)

No obstante, la variante arcaica atambor sigue aún vigente en el léxico hispanoamericano, según el testimonio de Lapesa, donde el arabismo se mantiene junto con otros arcaísmos de diverso origen etimológico arraigados en la lengua (cf. "El español de América" en Historia de la lengua española, Madrid, 1986, 600).

Hoy día, el término tunbür (---)funciona en la lengua árabe, como un neologismo de cuatro sílabas, importado de la raíz trilítera persa t-b-r; esta forma neológica tunbur 'guitarrillo', 'tambor" 'cilindro', se origina en la raíz reduplicada tanna (---) que significa 'resonar, tintinear', 'zumbar'.

Por último, prueba fehaciente de que este arabismo se asoma incluso al nivel coloquial de la lengua bajomedieval, es el uso del mismo en sentido figurado, lo cual muestra su persistencia y arraigo en nuestra lengua; este uso se recoge en un poema enciniano, donde no debe entenderse el término como instrumento musical propiamente dicho sino como 'arma defensiva' de una mujer (cf. A. Mª Rambaldo: Juan del Encina. Obras Completas, III. Poemas de influjo trovadoresco-provenzal y popular, vv. 104-106, 105; vid. supra, cita que encabeza el presente artículo).

En cuanto a los derivados arábigos que se forman merced a un sufijo romance, no se ha documentado ninguna forma en el caso de atabal, mientras que tanborete, taborete y tanboril, tamborino, se registran como derivados de ta(n>m)bor, aunque de forma exigua: el arabismo tanborete aparece como caso aislado en el Libro de Buen Amor (1230d), y tanboril, se documenta en el Cancionero de A. de Montoro (v. 6,327), en el de Fray Iñigo de Mendoza (19b, 240), y en el Triunfo de Amor de Juan del Encina (v. 1134, 128).

TANBORETE, TABORETE

El DCECH documenta tamborete como derivado de tambor hacia el s. XIII (cf. V, 397); esta forma derivada funciona como sustantivo masculino diminutivo merced al sufijo -ete, que en español interviene en la formación de algunos nombres sustantivos, una parte de los cuales son hipocorísticos (cf. S. Fernández Ramírez: La derivación nominal, Anejo XL del BRAE, Madrid, 1986, § [80], p.54).

La fuente de Juan Ruiz atestigua la frecuente asociación de flauta y tambor, en cuyo caso el tamaño de este último ha de ser notoriamente más pequeño, y este rasgo semántico es aportado por el sufijo; según el estudio crítico de Corominas, "flauta y tamborino van siempre juntos" (cf. LBA, ed. cit., 462, nota 1230c):

(...) la flauta diz con ellos, más alta que un risco, / con ella el taborete: sin él non vale un prisco
(J. Ruiz, L. de Buen Amor, 1230c, d).

El derivado no se registra en Autoridades en su acepción musical, y aunque figura en Brenet como m. d. de tambor (cf. Dicc. histórico, op. cit., p. 502), según Pedrell, tamborete es la "denominación antigua de la pandereta" (cf. Dicc. técnico, op. cit., p. 438).

TANBORIL, TAMBORINO

EL DCECH señala que en tamborino y tamboril la forma sin a- es más antigua que en tambor, pues es ya la que encontramos en Góngora y en los léxicos del Siglo de Oro. (...) Tamborino se documenta ya en el s. XV, y tamborín en 1591 (Percivale), luego disimilado en tamboril, 1609 (cf. V, 397).

El testimonio de Montoro se recoge bajo la rúbrica Montoro a un escudero que traya una ropa de muchas colores (cf. Montoro, Canc., rúb., CXIX, 327), y se inicia con los versos: "Dezid, amigo, ¿soys flor/ o obra morisca d'esparto,/ (...) o tanboril o tronpeta" (ibíd., vv. 1-2 y 6), originándose así una metonimia al llamar al instrumentista con el nombre del instrumento musical:

¿(...) o mariposa o lagarto, / o tanboril o tronpeta, / o menestril o faraute, / o tañedor de burleta, / o cantador de cosaute?
(Antón de Montoro, Cancionero, vv .5-9, 327).

El poeta salmantino Juan del Encina recrea bajo su pluma una asociación característica en el conjunto instrumental bajomedieval, que cuenta ya con un precedente en el Libro de Buen Amor (vid. supra), pues se trata de poner de relieve la relación de contigüidad flauta-tamboríno:

(...) clarines de mil metales, / dulçaynas, flautas reales, / tamborinos muy gentiles
(J. del Encina, II, Triunfo de Amor, vv. 1132-1134, 128)

Covarrubias observa que "(...) los atabalillos, a cuyo son bailan en las aldeas con el sonido de la flauta, [se llaman] tamboriles" (cf. Tesoro, voz atambor); y en la entrada correspondiente a tamborino, se lee: "tamborino y tamboril. Atambores pequeños para fiestas y regozijos. Tamborilero y tamboritero, los que tañen estos instrumentos"; pero ya en el Dicc. de Autoridades, la voz tamborino se declara como anticuada: "tamborin ó tamborino es lo mismo que Tamboril"; este instrumento se define como "tambor pequeño, que sirve regularmente a las danzas" (ibíd.).

En las lenguas lemosinas, Pedrell recoge las soluciones Tambourin, Tambori, y Tabalet; en italiano Tamborino y en castellano Temborino ó Tamboril; pero "no debe confundirse con su hermano mayor el Tambor ó Atambor, aunque ambos tienen el mismo origen. El Temborino ó Tamboril se cuelga del brazo izquierdo con cuya mano se toca la Flautilla ó Pito, Silbo, Chistua, Chirula, etc. , y con la mano izquierda, provista de un palillo ó baqueta, se marca el ritmo en el tamboril" (cf. Dicc. técnico, op. cit., 438).

Debemos puntualizar, finalmente, que los atabales recreados en las fuentes literarias del período acotado, son en realidad 'tambores de dos cajas', y este dato organográfico favorece el hecho de que su uso general no sea el singular sino el plural (dado que el vocablo se ha documentado también en singular, no cabe hablar aquí de pluralia tantum). Así, el arabismo hace referencia a un objeto de dos partes simétricas o cuasi simétricas, pero que no están realmente separadas; el término, en suma, es un caso de plural semidual, y esta particularidad morfológica, heredada por la variante moderna del arabismo (timbal), está en consonancia con su naturaleza referencial y organográfica.

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