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Los cuentos tradicionales en Los cuentos y romances andaluces, cuadros y rasgos meridionales (1844-1869) de Manuel María de Santa Ana (1820-1894)
(Parte I)

AGUNDEZ GARCIA, José Luis

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 195.

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Mi agradecimiento al Dr. D. José Fradejas Lebrero por su inapreciable ayuda.

Está aún reciente el primer centenario de la muerte de uno de los literatos que con mayor ahínco acometió, a mediados del siglo pasado, la labor de inmergirse en el mundo del folklore, de los cuentecillos orales, del chascarrillo tradicional para darle un tratamiento culto.

Si bien efímeramente, gozó del éxito; pero hoy en día sufre injustamente el olvido de cuantos empeñan su esfuerzo en el estudio del folklore, o de la literatura, tanto oral, como escrita. Sorprende no hallar ningún estudio, ninguna referencia, ni una sola mención a este autor por parte de los folkloristas, que, por lo demás, han conservado fresca la memoria de decenas de autores del pasado siglo que aceptaron, al menos esporádicamente, lo popular: Trueba, Fernán Caballero, Valera, Pardo Bazán, Palacio Valdés, Blasco Ibáñez, Hartzenbush, Hilario Blanco, Doncel y Ordaz, Campillo, Nogués, Luis Rivera, Manuel del Palacio, Manuel Besco Almudévar, Fernán Flor (Isidro Fernández Flórez), Cosme Blanco y Val, Juan Gualberto López-Valdemoro (Conde de las Navas), Ángel Rodríguez Chavez, Miguel de los Santos Alvarez, Manuel Bueno, Salvador Rueda, Romualdo Nogués...

No puede silenciarse por más tiempo a un hombre que, tanto como Trueba o Fernán Caballero, o al menos como otros autores considerados hoy, mantuvieron dentro de la literatura escrita los cuentecillos tradicionales. Para algunos ya llegó aquel reconocimiento que esperaba Trueba:

"Es muy posible que esta perseverancia mía no tenga la debida recompensa en mi tiempo, pero estoy seguro de que al fin se ha de reconocer, tarde ó temprano, que algún servicio prestó á la literatura patria, y aun á la historia del espíritu y la lengua populares de España" (1).

Pero, para otros, eso no ha sido así, y ya es tiempo de que se considere su labor o, al menos, se avive la chispa de su recuerdo.

En aquel reverdecer del interés por los cuentos populares del pasado siglo, fueron trascendentales algunos que empezaron a aparecer en periódicos y revistas, especialmente el Semanario Pintoresco Español y el Museo Universal (2), que publicaron cuentos de los pioneros, como Juan de Ariza o Fernán Caballero, incluso desde 1834; ellos precedieron a las primeras colecciones de Trueba (1859).

Pues bien, en la década de los cuarenta (como nos dice Méndez Bejarano), Santa Ana, en la prensa periódica de aquel tiempo, publicó muchas poesías amatorias y romances del género andaluz (3). Es más, continúa Méndez Bejarano, su avispado ingenio no reposa en estos lauros y con nuevos alientos emprende la edición de la Correspondencia Autógrafa, hoja de noticias de la cual sacaba limitado número de ejemplares para el Duque de Montpensier y otros conspicuos personajes. De esta modesta gaceta salió la actual Correspondencia de España, cimiento del crédito e influencia que tuvo después Santa Ana, a quien se juzga, no sin razón, como iniciador de la información periodística moderna.

En la medida que crecía la importancia de su periódico, no circunscrito ya a un selecto número de lectores, iba descollando la personalidad de su director, quien en 1858 toma asiento en el Congreso de los Diputados representando el distrito de Burgos.

El éxito que disfrutó con la publicación de algunas poesías en su periódico le impulsó a publicar algunos libros, como Cosas de mujeres, e incluso, el libro que nos ocupa en esta ocasión: Romances y leyendas andaluzas (Sevilla, 1844), del que, nos dice Méndez Bejarano: "Logró esta obra poética bastante popularidad, tanto, que se reeditó en Madrid el año 1869". Creemos que las fechas proclaman, por sí solas, la importancia que Santa Ana tuvo en aquel florecer de los cuentos populares.

Trueba nos hace ver el estado en que se encontraba el tratamiento del cuento popular; pero tan sólo reconoce como propulsores sus trabajos y los de Fernán Caballero:

Los cantares populares y los cuentos de la misma procedencia ocupaban escasísimo y despreciado lugar en la literatura española al mediar el presente siglo, en que Fernán Caballero y yo, casi simultáneamente, empezamos á recoger y dar á luz unos y otros, cada cual á su manera. Desde entonces acá los cuentos y los cantares populares han adquirido grandísima importancia en nuestra literatura, y nadie podrá negarnos á Fernán Caballero y á mi lo mucho que hemos contribuido a ello (4).

Habían sido los hermanos Grimm quienes habían hecho ver al mundo la importancia de los cuentos populares. Ellos volvieron al público los cuentos respetando sus formas populares; pero ésta no fue línea seguida por nuestros escritores. Decía Trueba:

Este sistema no es de mi gusto, porque casi todos los cuentos populares, aunque tengan un fondo precioso, tienen una forma absurda (5).

Lo que yo hago con los cuentos populares, para que no sean del todo indignos de ingresar en nuestra literatura, es conservar el pensamiento capital y la forma de los que he recogido de boca de nuestro pueblo, y dotarlos hasta donde puedo de las condiciones literarias, morales y filosóficas de que carecían (6).

Quizá, considerados los cuentos populares únicamente como materiales de estudio, hubiera convenido que me hubiese limitado al modestísimo papel de recolector y editor; pero considerados como materia de estudio, de enseñanza y de recreo, que es como yo los considero, creo se aprobará el sistema que he preferido, y no pecaré de inmodesto (7).

No obstante, Bölh de Faber, que alaba la labor de Trueba (8), prefiere seguir otras formas: "Fácil, muy fácil nos hubiera sido poner lo que está en prosa y en lenguaje vulgar en lenguaje culto; pero hemos preferido presentarlo en el suyo propio para que no perdiese su forma peculiar y genuino" (9), que la aproximan más a los estudios folklóricos actuales; aunque no sea totalmente fiel transcriptora de los dictados populares. Esta fue una actitud posterior que no surgió hasta finales de siglo. Fue Rodríguez Marín quien criticó poco después la actitud de Trueba:

Conservo cuidadosamente la dicción de los narradores, campesinos de mi pueblo natal, y me abstengo de imitar, "verbi gratía", a D. Antonio de Trueba, que adorna con los encantos de buen ingenio las producciones populares y las amolda al gusto de los lectores no folkloristas (10).

Santa Ana, por su parte, sigue el gusto de Trueba. No sólo procura dar un tratamiento literario a sus cuentecillos, sino que los versifica y acomoda, eso sí, a la forma métrica más popular: el romance. Sin embargo, tampoco rechaza la conservación de las formas populares y, siempre que le es posible utiliza las expresiones fijas y los dichos tal como se podrían haber recogido oralmente.

En resumidas cuentas, debemos considerar a Santa Ana como uno de los pioneros que hicieron brotar el cultivo del cuento folklórico y tradicional en la literatura escrita a mediados del siglo pasado, siglo que, en este aspecto, disfrutó de amplia y extraordinaria producción, sólo comparable a la desarrollada en el Siglo de Oro, en que sobresalieron figuras descollantes en el tratamiento literario del cuento tradicional (Santa Cruz, Arguijo, Correas...). Esparció sus producciones por los periódicos y, lo que es más, formó una colección; lo cual ya sólo fue privilegio de unos pocos y mantuvo un equilibrio entre la recreación literaria y la fidelidad a las expresiones castizas, pese a versificar los temas.

Para acercarnos más, contemplar y completar plenamente la figura de Santa Ana, transcribimos lo que el Diccionario... de Méndez Bejarano nos dice:

Este claro escritor y procer del periodismo vio la luz en Sevilla el 7 de Febrero de 1820, en la calle Colchoneros (hoy Tetuán).

Tuvo que volver la espalda a Hipócrates y Galeno y suspender los estudios al fallecimiento de su padre, apremiado por la necesidad de buscar medios de subsistencia para su madre y para él. El juvenil ingenio de Santa Ana le fingió como fácil mina los triunfos de la escena, que escaló el año 1844, recibiendo el aplauso público en el Teatro Principal de Sevilla por el apropósito ¡Ya murió Napoleón!.

Poco después, en el Teatro Principal de Sevilla, alcanzaba otro triunfo con su obra: Mi Dios, Yo.

(…)

Corresponde también a este período de la vida de Santa Ana el Catecismo de la Doctrina Cristiana, escrito en verso con sujeción a las palabras del Padre Ripalda (Sevilla, 1845). Vuelve al teatro y el 19 de Diciembre de 1846 estrena en Sevilla José María o Vida nueva, en un acto y en verso.

(...)

Seducido por la vida política, viene a Madrid el año 1848, y de su labor en esta fecha dan testimonio las obras dramáticas: De casta le viene al galgo, en un acto en verso; Otro perro del hortelano, en un acto y en verso; El Dos de Mayo, en tres actos, en colaboración con su paisano Montemar, y Los Mosqueteros, en seis cuadros, arreglo de la novela de Dumas.

(…)

La senda política, cubierta unas veces de palmas y otras de abrojos, brindó a Santa Ana la variedad de sus frutos, y así, después de esta gloria, hubo de buscar asilo para su seguridad en el destierro. Restaurada la dinastía de Borbón en el trono, comenzó para el periodista una vida sosegada y de glorificación. El año 1877 tuvo la representación de la provincia de Alicante en el Senado; en 1879 la de Toledo; otra vez la de Alicante en 1884, y la de Murcia en 1886. El 27 de Febrero de 1887 se le concedió la categoría de Senador vitalicio. Dióle su investidura política ocasión para intervenir en los debates de los asuntos nacionales, principalmente en los tocantes a la Beneficencia, con interés y altruismo, por lo cual le otorgó el Gobierno, como galardón a su caridad, el título de Marqués de Santa Ana, en 1889.

Feneció en Madrid el 11 de Octubre de 1894, dejando en la prensa un vacío que perdura. La Correspondencia, el periódico de mayor circulación de España, se ha reducido a una sombra de su pasado.

A la última época de la vida de Santa Ana Pertenece el libro Cien páginas de amor en cien sonetos (Madrid, 1884) (11).

Por otra parte, él mismo, en la fecha de la reedición de la obra que nos ocupa, se nos presenta físicamente postrado y abatido:

Víctima, á principios de 1869, de una dolencia que me ataba á un sillón, pero que me dejaba libres todas las facultades del alma; ataraceado mi cuerpo por los dolores, y sintiendo, mas que los dolores mismos, la inacción y la tristeza á que me condenaban, recordé que en 1844 había yo escrito y publicado un tomo de Romances, que ya era difícil encontrar en las librerías; y me propuse hacer de él una nueva edición [...].

Retirado el mes de febrero último á Sevilla; metido, por desgracia de familia, en el cuarto siempre triste de una fonda, que la soledad entristece los salones mas espléndidamente alhajados; paseando unas veces con el lápiz en la mano por las deliciosas y casi siempre desiertas márgenes del Guadalquivir, ó confundiéndome otras, liado en mi capa con los hombres del pueblo, identificándome con su lenguaje, sus ideas y hasta sus sentimientos; siendo en fin en 1869, si no el mismo, la sombra de lo que era en bien lejanos dias, abrí mi libro de 1844... (12).

Por lo anterior, descubrimos, por lo demás, sus fuentes populares de inspiración para la reedición, que, según nos indica, sufre una remodelación total de la edición príncipe del 44, que, al parecer, tuvo un origen distinto, más semejante al que había impulsado a otros sevillanos del Siglo de Oro (Arguijo, Tamariz, Farfán...) a recopilar tantos cuentecillos:

Los cuentos que tenia escritos revelaban por su pensamiento capital, y á veces por su forma, que no habían sido compuestos para ser publicados. Se conocía que habían tenido su origen en alguna de aquellas inolvidables comidas que en 1844 y 1845 nos veían reunidos, amigos y satisfechos de nuestra pobreza, á una docena de hombres jóvenes, de los cuales casi todos han llegado á ser la gloria del pais; pero no por esto mas dichosos; y eran mas para contados que para impresos (13).

Los Cuentos y Romances Andaluces publicados en 1869 forman, finalmente, un cuerpo de noventa y una composiciones poéticas de diversa índole: chascarrillos, estampas, romances, chistes... Extractamos una buena variedad y escogemos preferentemente, para esta ocasión, los cuentos folklóricos, los cuentecillos tradicionales y las reelaboraciones de temas de larga trayectoria en la cultura hispánica.

La confesión del gitano (pp. 35-36). En la confesión, un fraile quiere saber los conocimientos del gitano sobre la doctrina y le pregunta sobre la muerte de Cristo. El gitano piensa que podrían implicarle en tal suceso y dice que él no sabe nada. Cuando sale topa con otro gitano, al que advierte:

...-Compare,
vuelva usté y toque soleta,
que anda el fraile averiguando
quién diñó muerte violenta
a un chaval, que el tio Gabriel...

Es cuento folklórico: Aarne-Thompson, n.° 1806A*: Priest as Prosecutor, Hansen, n.° **1806. Robe, 1806A*.

Versiones populares españolas:

-Curiel Merchán (Extremeños, p. 352-353; CSIC, pp. 236-237): El Tonto y el Bizco.

-Cortés Vázquez (Cuentos populares salmantinos, I, pp. 119-124), 54: El Pastor Bobo.

-Puerto (C... Sierra de Francia, p. 165), n.° 120: Los Gitanos en Misa.

-Agúndez (La tradición oral... Sevilla, p. 540), n.° 220: Gitanos precavidos.

Versiones populares hispanoamericanas:

-Jameson-Robe (Híspame Folktales..., p. 198), n.°173.

-Robe (Mexican Tales... from Los Altos, p. 534), n.° 181: El chico ranchero que se fue a confesar.

Versiones literarias:

-Chascarrillos... por un Andaluz (pp. 63—64).

-Luis León Domínguez (Los cuentos de Andalucía..., pp. 173-175): El serio.

-Pabanó (Historias y costumbres de los gitanos, p. 93): La muerte e un hombre.

Refrán:

Ladislau Batalha (Introduçáo á Historia Geral dos Adagios Portugueses, pp. 129-136) estudia un adagio que podría disculpar a los gitanos temerosos de ser perseguidos: "Nem morte de homen nem rombo de Igreja".

El viudo (pp. 191-192). Casóse un mozo de masa / con una moza de humos. La joven se dio por muerta, pero yendo a ser enterrada un zarzal la arañó y la joven se incorporó. Pasado un tiempo, murió irremisiblemente. Entonces el marido advirtió:

...al sacritán: -Tío Curro,
que no le toque el zarzal,
que aun muerta, la quiero mucho.

Es variante de una versión popular muy extendida en el ámbito hispano (donde el muerto es el marido y no la mujer); aunque la versión del catálogo general de Aarne-Thompson (n.° 1350: The Loving Wife) parece un poco alejada de la hispánica (Thompson: H446, K2213). Véase Chevalier (Cuentos Folklóricos), n.° 151.

Versiones populares:

-Rodríguez Almodóvar (Cuentos al Amor de la lumbre, II, p. 401), n.° 84: No lo arriméis al Castaño.

-Espinosa (CPC, "col. Austral"), n.° 6: No le arrimen al castaño.

-Espinosa (CPCL), n.° 291: ¡No le arrimen al castaño!, n.° 292: ¡No le arriméis al castaño!, n.° 293: ¡No le arriméis al castaño!

-Puerto (C... Sierra de Francia, pp. 133-134), n.° 81: No le paséis por donde el castaño.

-Cortés Vázquez (C. P. Salmantinos, I, pp.41-43), n.° 18: Retirailo del castaño, 19: Retiraimelo del castaño, 20: Desviamiento del castaño. [C... Ribera del Duero (pp. 39-40), n.° 7: Retirailo del castaño, n.° 8: Retiráimelo del castaño].

-Fernández Insuela ("Cuentos... de Orense", pp. 170-171), n.° 13: ¡Nono arrimen ó carballo! –

-Agúndez (La tradición oral... Sevilla, pp.410-411), n.° 132: [No le paséis por la parra].

Versiones literarias:

-Correas (Vocabulario..., p. 57a), sub voce: Apartadle del manzano, no sea lo de antaño.

-Mal Lara (Filosofía Vulgar, I, pp. 334-335). Sub voce: Apartadlo del manzano, no sea lo de antaño.

-Castelar (Nueva Floresta, p. 24): El Letargo. El "muerto" es un sastre, y en la "muerte definitiva", es un deudor el que pide que no le pasen por la zarza.

-Ciro Bayo (El Lazarillo Español, pp. 174-176) localiza una anécdota, solamente diferente en algunos detalles, en tierras levantinas. Cuando iban a enterrar a la baronesa, la dejaron caer al suelo y despertó de una muerte aparente. Pasados unos años, la baronesa murió irremisiblemente. El esposo, a quien se creía compenetrado con la baronesa, se plantó en el lugar del antiguo percance y advirtió: "Mucho cuidado aquí; pero mucho cuidado! ¡No se os vaya a caer!".

-Chevalier recoge la versión de Mal Lara y menciona una de Fernán Caballero (Chascarrillos, n.° 18), otra de Contos de Lugo (n.° 38) y las de Cortés Vázquez.

Lo dijo el médico (pp. 45-46). Sufrió un gitano un insulto y el barbero de la Algaba le dio por muerto. Como era pobre, sólo un compadre suyo, viejo borrachín, se ofreció para llevarlo a enterrar a un majuelo. Cuando fue a echarlo a la fosa, el supuesto muerto volvió en sí y advirtió que estaba vivo aún. El compadre negó la realidad; insistió el otro. Reaccionó el borrachín:

-¡Embustero! ¿Si querrá usté saber mas,
compare, que el mismo méico?
Y dándole con la azada
en la mitad de los sesos,
el que era muerto de broma,
quedó al fin, de veras, muerto.

Es cuento folklórico, variante de Aarne-Thompson, n.° 1711* A Wood-cutter does not Fear the Dead. robe, 1711*. Thomspon: J2311.12.

Versiones populares:

-Espinosa (CPC "col. Austral", pp. 38-39), n.° 15: Los difuntos no hablan.

-Espinosa (CPCL), n.° 387: Tráemelos muertos del todo.

-Agúndez (La tradición oral... Sevilla, p. 530), n.° 211: [Se entierra con bastón].

-Serra i Boldú (Rondalles populars, I, pp. 14-17): El Rector de Pujol de Dalt.

-Cf. Azkue (Euskaleriaren..., pp. 349-350), n.° 127: Zapatari izukaitza. El Zapatero Impertérrito.

Versión literaria:

-Nogués (Cuentos, tipos y modismos de Aragón, pp.135-136).

La imprudencia de los niños (pp. 175-177).Una beata preguntaba insistentemente a la Virgen si se metería monja o si se casaría. El sacristán, oculto bajo los paños del hijo de María, pidió que profesase: ...

"-Calla monono:
Yo la pregunto a tu madre
y no á tí: los niños callan
cuando hay mayores delante.

Es cuento folklórico: Aarne-Thompson, n.° 1746A Prayer to Chrisfs Mother. Boggs, n.° 1476A.

Versiones populares españolas:

-Morote (Cultura tradicional de Jumilla, p.118): La solterona devota de San Antonio.

-Fernández Insuela ("Cuentos... de Orense", pp. 174—175), n.° 19: A muller, san Antonio e o sancristán, n.° 20: A muller que lle pedía novio ao san Antonio (dos versiones).

-Bertrán y Bros (Rondallística)', n.° 16: La vella acasarada: "-Callen vos, lémbaxador, / dexeu dí’á la vostra Mare” (p. 88).

-Serra i Boldú (Rondalles populars, II, pp.37-38): Mare de Déu del Palau...

-Azkue (Euskaleriaren..., pp. 458-459), n.º 228: Senargai-Galdez. En Demanda de Novio.

-Cf. Agúndez (La tradición oral... Sevilla, pp.406-407), n.° 129: [El aceite de la lámpara]. Se estudia un tipo con ciertas semejanzas (Boggs, 1476*A, Hansen, **1793B, Pujol, 1476A: La Vella Acaserada), porque le pide, en este caso aceite, ofrece idéntica respuesta al pillo que se hace pasar por Niño Jesús.

Versiones populares no españolas:

- Vasconcellos (Contos e L., II, pp. 100—101), n.° 405: [A Preta e o Preto].

-Grimm (Cuentos completos, pp. 523—524), Knoist y sus Tres Hijos.

Versiones literarias:

-Valera (Chascarrillos, pp. 111-112): La Virgen y el Niños Jesús: "¡Ea, cállate. Niño, que estoy hablando con tu madre!".

-Cuentos y chascarrillos, 189-191: la Virgen y el Niño Jesús.

El Desconocido (pp. 285-286). Como no tenían una imagen decente de Cristo, vestían al hijo del sacristán con ropas humildes o lujosas, según quien fuese el mayordomo. Un año, el mayordomo era un viejo soldado y, como tal, vistieron al hijo del sacristán. El predicador estaba proclamando la crueldad de los judíos y, para comprobarla, ordenó que desvelasen su imagen. Al ver el inusual aspecto del ayudante, el propio predicador se extrañó: "¡Miradle! / ¿Quién le conoce? Decidlo.

Cuento catalogado por Robe, n.° *1764 [versión mejicana de Wheeler].

Se recoge oralmente en Burgos, Espinosa (Cuentos Populares de Castilla y León, n.° 401: el cristo desfigurado) y Murcia, Morote (Cultura Tradicional de Jumilla, pp. 201-202: El traje del santo).

La forma en que es sustituido el cristo, aunque no el final, recuerda el tipo de Aarne-Thompson, n.° 1826A* The Escaped Saint. En versiones españolas de este tipo, visten al sacristán de soldado, y cuando lo muestran al pueblo, dicen que está así vestido porque, siendo maltratado allí, se va a la guerra, a otra parte. Véanse García Surrallés Era... Gaditanos, n.° 106: San Simón), Espinosa (Supra, n.° 400: El Traje para el Santo Cristo), o nuestra propia versión recogida en la provincia de Sevilla (La Tradición Oral..., n.° 226: San Antonio se va a Cuba).

Una versión literaria hace presencia en los Chascarrillos Andaluces... por un Andaluz (pp.8—10: Así no se puede viajar).

El sermón á santa Clara (p. 37). El franciscano, buscando palabras para ensalzar a la santa, se pregunta reiteradamente dónde ponerla, hasta que cansado un feligrés, responde:

“...-No padre mío:
[...]
no la lleve usté y la traiga...
Póngala usté aquí, en mi sitio,
porque mi cuerpo se larga...".

La anécdota tenía larga tradición.

-Asensio (Floresta, part. II. clase I, cap. VII, n.° II): Otro Predicador había sido muy largo; y viendo que se cansaba la gente, dixo: Aguárdense, que sólo pondré tres lugares que me faltan: Padre, bien puede poner quatro, que yo me voy.

-Luis Zapata (Miscelánea, p. 370): Predicaba un predicador tardío en la fiesta de un santo, y por encarecerlo mas, dijo: ¿Dónde asentaremos á este bienaventurado, dónde pondremos este santo? Levantóse un caballero de su silla, y dijo: "Alto, póngale V. md. aquí, que yo me voy á comer; es la una y mi muger me espera".

-Francisco de Alvarado (Cartas críticas, carta XVI; II, 208-209): "Padre, póngalo vossa merced aqui que ya yo me voy".

—Valera (Cuentos y chascarrillo... por Fulano, p. 129: San Antonio).

-Rodríguez Marín (Los 6.666 refranes..., p.58a): ¿Dónde ponemos este santo, pues que lo alaban tanto? (sin explicación).

No obstante también es cuento folklórico que se cataloga en Aarne-Thompson como 1848C: Saint's Account Book y Bogs como *1836.

Aparece popularmente en las colecciones de Espinosa padre e hijo (Cuentos Populares de Castilla y León, n.° 423: el sermón del día de San Roque; Cuentos populares españoles, n.° 43: El día de San Roque. Y en la de Sánchez Pérez (Cien Cuentos, n.° 68: El sermón de san Roque). Estas versiones difieren de las tradicionales escritas en que las alabanzas al santo están motivadas: el predicador recibirá una moneda en sus honorarios por cada vez que nombre al santo.

Andana (pp. 27-28). El alcalde quería poner orden entre las mujeres del pueblo; para poder distinguir a las que más necesitaban de ser encaminadas al orden, el cura acordó colocarse en la puerta de la iglesia para identificarlas y advertir con la consigna del título. Cuando las mujeres desfilaron ante el alcalde y el cura, éste, entre otras, señaló a la hermana y a la mujer de aquél.

Es cuento folklórico catalogado por Aarne Thompson con el n.° 1781 (Sexton’s Own Wife Brings her Offering, K1541).

En España, aparece en Camarena (Tradiciones orales leonesas, n.° 257: [El cura señala]) y en Díaz—Chevalier (Cuentos castellanos de tradición oral, n.° 44: El cura y el alcalde).

Lo recoge Fernán Caballero en Cuentos y Poesías Populares Andaluzas. Agudezas y Poesías (ed.1859, pp. 184-185; BAE, pp. 119b-120a): "...¡Haba! -dijo el cura / Señor, si es mi mujer".

Eche usted dioses... (p. 121). Asegura el gitano que hay siete dioses: Padre, Hijo, Espíritu Santo, tres personas distintas y un Dios verdadero.

Cf. Aarne-Thompson, n.° 1832G*: Four Persons of Trinity.

Versiones semejantes y afines:

-En Gaspar Lucas Hidalgo (Diálogos..., en A.de Castro, Curiosidades, p. 312a), se pide a una vieja, que se está confesando, que diga cuántas son las personas de la Trinidad; ella "respondió un poco tímida que tres. Y replicándole el confesor que mirase lo que decía, dijo la piadosa vieja: «Ay, señor mío, que mas deben de ser de trescientas, sino que yo no soy una pecadora»".

-Fernán Caballero (La Gaviota, cap. VII).

"¿Cuántos dioses hay?", respondió muy en sí: "¡Siete!" "¡Siete -exclamó atónito el confesor-. ¿Y cómo ajustas esa cuenta?" "¿Cómo? Asina: Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres; tres personas distintas son otros tres, y van seis, y un solo Dios Verdadero, siete cabales".

-Igualmente en Vasconcellos (Contos..., II, p.114), n.° 417: [O Rapaz Na Eîzêmina].

Existen otras variantes, todas muy semejantes, por ejemplo una de Ana María Cano González (...Folklor Somedán, pp. 51a; n.° 17), donde un recién confesado le asegura a otro que va a confesar que no diga que hay un sólo Dios porque él ha dicho que catorce y no habían sido suficientes. La de Narciso Díaz de Escovar (Cuentos Malagueños..., pp. 151—155: Examen de Doctrina), donde el feligrés le dice al confesor que habrá sólo dos dioses, porque uno se habría muerto desde la última vez que se había confesado. En nuestra versión (La tradición oral... Sevilla, n.° 230: [Hay cuatro dioses]), la gitana dice que hay cuatro dioses, el sacerdote hace un gesto ambiguo, entre sorprendido y admirado, y ella alardea de haberlo dicho al cálculo.

Hay bastantes versiones jocosas sobre la ignorancia de la doctrina y de las disparatadas respuestas dadas al confesor. Para los teóricos veladores de los buenos preceptos, fue preocupante esta ignorancia; ellos proclamaban con angustia esa realidad. El doctor Cristóbal Pérez de Herrera (1556-1620), médico de Felipe II y Felipe III, se dolía (Amparo de Pobres, p. 36): ...les he preguntado [a los pobres fingidos] el Páter Nóster y Ave María, y las demás oraciones, y casi todos nada dello saben. Ya uno que no sabía ninguna cosa de la doctrina cristiana, le pregunté cuántas eran las personas de la Trinidad, y respondió que cinco.

El Purgatorio (pp. 57-58). San Pedro niega la entrada al cielo a un pobre hombre que no trae la papelete del Purgatorio, por eso se lamenta éste en voz alta de su mala suerte, de haber soportado a una mujer que era un demonio. Conmovido el santo, tras escuchar el monólogo del apenado, y comprendiendo el mérito, le permite el paso. Otro personaje intenta, después de lo que ha visto y oído, colarse en el cielo; pero el portero celestial le cierra el paso. Declara el incauto que él ha sufrido dos matrimonios. San Pedro se enoja:

-Entonces (gritó San Pedro
cerrando el portón de pronto)
no espere entrar en la gloria,
ni ahora, ni nunca. ¡Eh, Jopo!
Aquí se admite a los mártires,
pero no cuelan los tontos.

-88 Es cuento folklórico: Aa-Th. 1516C* Twice a Fool (cf. también Aa-Th. 1516B* Long Marriage es Purgatory), Boogs: *1410, Thompson T251.0.1.

Lo refiere Sánchez Pérez (Cien Cuentos...), n.° 33: el casado por segunda vez como forma popular y lo incluye Fernán Caballero en Elia ([1881], cap. IX, pp. 115-115), termina: "Atrás compadre, que el cielo no se hizo para los tontos".

La política (p. 221). Un hombre tropieza en el lazo que habían colocado unos graciosos en la calle y se levanta lanzando improperios y amenazas hacia los graciosos; pero cuando mide las fuerzas del adversario, rectifica:

-¿Qué es lo que yo haría” Decirle
que fue chusca su ocurrencia;
que tiene en mí un servidor,
y un amigo que le aprecia;
y, en fin, que hasta le agradezco
haberme roto la pierna.

Cf. la catalogación de Hansen, 1419**K.

Mudar la intención.

Existen algunas anécdotas sobre el que debe desdecirse de sus alardes cuando la cosa se complica.

Sobre los portugueses, entre los castellanos, recayó fama de poco valerosos. De ellos corrieron algunas anécdotas de bravuconadas excusadas, aunque sosteniendo el orgullo. Así en el Sermón de Aljubarrota (en Sales, "Esc. Cast.”, n.° 80, p.146), el portugués es amenazado por el paje al que ha ofendido, y que desenvaina la espada; entonces replica: "Ten vos la, que eu nao vos farei tanta merced e honra como he mataros". En el mismo Sermón (p. 163), dos portugueses dejan las armas y pelean a dentelladas para no hacerse mayor daño.

En los Epitafios y Dichos Portugueses (Siglo XVIII.-B. del Duque de Osuna) [en Sales, "Esc.Cast.” 80, p. 397], riñendo dos portugueses, uno le pide amistad al otro, que dice: "La vida eu se la otorgo, que nâo lhe queiro fazer tanta merced como he matarlo; mais decepamento de membro, izo nâo".

Obsérvense algunas aproximaciones.

• Santa Cruz (Floresta):

•"Decía uno, voto á tal que quien me derribó estos dientes que me faltan, que cayó á mis pies. Preguntándole quién era? Respondió: Un guijarro" (I, IX, II, V; p. 346).

•Un labrador gimotea porque se le ha muerto el burro, mientras repite: "Bien sé yo lo que tengo de hacer". Compadecidos le dan cinco ducados y le preguntan qué habría hecho de no recibir los ducados: "Por Dios, señor, vender el albarda” (I, V, IV, IV; pp. 220-201).

-Arguijo (Cuentos):

•El corregidor le dice a un caballero que dormirá esa noche en la cárcel, pero éste replica que no lo hará. Llevado a la cárcel el corregidor advierte que se ha salido con la suya, pero el caballero replica: "-Pues ¿no puedo yo estar despierto?” (528;p.213).

Le pide a un portugués que quite su caballo de junto al suyo: "Juro á Dios que me coma yo á vos y á vuestro caballo. -Replicóle el portugués: «Voto á Dios de no ficar en cas de ome tan goloso»" –

Garibay (Cuentos, BAE, 176, p. 220b; en Paz, Sales..., p. 59) repite una versión de Santa Cruz: "Decía uno: -Voto a tal, que el que me derribó estos dientes, que cayó a mis pies. Preguntándole quién era, respondió: -Un guijarro".

-Alarcón en Los Pechos Privilegiados, 2, 12 (puede leerse en Jiménez Hurtado, Cuentos Españoles..., p. 139), también nos descubre a otro personaje miedoso: