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LAS FIESTAS DE LAS CANDELAS EN LA PROVINCIA DE CACERES

DOMINGUEZ MORENO, José María

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 195.

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Ya estamos en el "mes mocho”, por aquello de sus veintitantos días, un mes que en la provincia de Cáceres no ha dudado en tomarse juego en forma de adivinanza: Dime un mes, con las Candelas a dos y San Blas a tres. No hay en la respuesta secreto para los vecinos de estas tierras, que en su gran mayoría una de las dos celebraciones festejan. Mas si quedara alguna duda, he aquí la solución romanceada:

Los disantos de febrero:
el segundo candelero
y el tercero gargantero.

Pues vayamos al candelero. Las Candelas o La Candelaria, es decir, al 2 de febrero, fecha en la que con gran solemnidad se conmemora por estos lares la Purificación de la Virgen. Es una celebración que tiene lugar cuarenta días después de la Navidad, del nacimiento del Niño Jesús, tras la cuarentena o reclusión a la que se ha visto sometida María tras el virginal parto, tal y como marcara la Ley de Moisés. En esta presentación la Virgen, a tenor de su condición económica, hace la ofrenda de dos tórtolas o de dos pichones. Esta oblación es la que rememoran las jóvenes en distintas dramatizaciones que ejecutan en las iglesias el día 2 de febrero. Sin embargo, hay un elemento, las velas, que en este acontecimiento no concuerda con la tradición judía. Santiago de la Vorágine apuntaba en el siglo XIII que la costumbre de encender candelas en esta fecha durante la celebración de la misa responde a un claro deseo de suplantar una práctica pagana, y añade: "Viendo el papa Sergio lo difícil que resultaba apartarlos de semejantes prácticas, tomó la encomiable decisión de dar a la fiesta de las luces un sentido nuevo: consintió que los cristianos tomaran parte en ellas, pero cambiando la intencionalidad que entre los paganos tenían, y dispuso que los cortejos luminosos que los romanos organizaban por aquellos días y habían hecho populares en todas las provincias del Imperio, los fieles lo hicieran el dos de febrero de cada año, mas en honor de la Madre de Cristo y en forma de procesiones y llevando en sus manos candelas previamente bendecidas".

La susodicha fiesta de las luces que sincretiza el señalado pontífice se desarrollaba a comienzos de febrero y tenía por protagonistas a las mujeres. Estas trataban de recordar las búsquedas nocturnas, ayudadas con teas y linternas, que hicieron los padres de Proserpina para encontrar a la diosa raptada por Plutón. Otro posible origen de Las Candelas lo ve el propio Santiago de la Vorágine en la costumbre que había por estas fechas, cada cinco años, de inundar la ciudad de Roma de teas y antorchas en la noche en honor de Februna, madre de Marte, para que propiciara la derrota de los enemigos del Imperio. Otros autores, Frazer entre ellos, creen que fue el papa Gelasio, en el 496, quien instituyó la fiesta de la Purificación de la Virgen como única forma de aniquilar por asimilación los festejos romanos de las Lupercalia. Sean unos u otros los comienzos de Las Candelas, lo cierto parece que la fiesta que hoy conocemos responde a una amalgama de elementos judeo-cristianos y de elementos de origen pagano.

El rito popular de Las Candelas que se conserva en la provincia de Cáceres se enmarca en un esquema generalizado en buena parte de la Península, si bien por estas tierras se halla impregnado de ciertas peculiaridades localistas que reflejaremos al referirnos a la celebración en algunas de nuestras poblaciones.

En SANTIAGO DEL CAMPO, uno de los pueblos que configura los llamados cuatro lugares junto a TALAVAN, HINOJAL y MONROY, las purificadas protagonizan los festejos del 2 de febrero. Son éstas cinco jóvenes, de entre 16 y 18 años, elegidas previamente por la mayordoma.

Visten para la ocasión el típico traje de la localidad. Tras acudir a casa de una devota a recoger el roscón que ofrece para la fiesta, las purificadas, asisten a la procesión con la Virgen alrededor de la iglesia. Cuando finaliza, las cinco jóvenes quedan fuera del templo. La puerta se cierra, abriéndose ésta luego que las purificadas, al ritmo del pandero que toca una de ellas, cantan dos estrofas solicitando permiso para entrar. Concedido éste por el celebrante, las doncellas penetran en el recinto sagrado y van entonando la larga serie de versos que enuncian los "pasos" que dan camino del altar para ofrecer el roscón y las correspondientes palomas:

Dadnos licencia. Señor,
para entrar en vuestra casa;
confesaremos tu nombre,
muy humildes a tus plantas.
Niño, que estás en los brazos,
más hermoso que un clavel;
a tu Madre, que nos abra,
la venimos a ofrecer.
Y pues nos la concedéis,
Redentor de nuestras almas,
de rodillas por el suelo
os pedimos esta gracia.
Y para que resplandezca
en nosotras dicha tanta,
tomemos agua bendita
para entrar limpias de mancha.
Al señor cura rector,
pues que manda en esta casa,
también pedimos licencia
con petición muy cristiana.
A publicar el misterio
de esta solemnidad santa
venimos con vuestra ayuda,
Madre de Dios Soberana.
Y para que comencemos
a elogiaros. Virgen Santa,
rendida a vuestros pies
pido supláis nuestras faltas.
Y para entrar en el Templo
la ofrenda que acostumbraba
era un cordero o paloma,
con cinco siclos de plata.
A los pobres permitían,
pues que en todo tiempo se hallan,
dos tórtolas o palomas,
por la Ley observaban.
Vais a ofrecer vuestro hijo,
Madre de Dios Soberana,
para que vean los hombres
la humildad que en Vos se halla.
En la Ley de Moisés
ninguna mujer entraba
al Santo Templo de Dios
sin estar purificada.
Pues Vos, Reina, como pobre,
con la humildad que en Vos se halla,
vais a cumplir con la Ley
que Moisés os tiene dada.
A vos. Reina de los Cielos,
no se extiende dicha tanta;
estás más pura que el sol,
pues en Vos no se halla mancha.
No porque a Vos os obliguen,
Madre de Dios Soberana,
sino por dar buen ejemplo
a toda alma cristiana.
Recibirle, sacerdote,
y mostradle en el altar,
y admirad que es una ofrenda
de la Reina Celestial.
La muerte de vuestro Hijo
os la anunció Simeón;
ese fue el primer cuchillo
que pasó tu corazón.
Ahí está el profetizado
del profeta Patriarca;
recibidle, Simeón,
dándole infinitas gracias.
Presentar en ese Agnus-Dei
y atender a las palabras
que dice San Simeón
en la Escritura Sagrada.
Bendita seáis. Señora;
alabada seáis. Reina;
reverenciada de todos
los nacidos en la tierra.
Presentar esas palomas,
que es ofrenda acostumbrada,
que en la Ley de Moisés
todas las pobres llevaban.

Una vez concluida la oblación cambia el ritmo de la música, dando comienzo al canto que en SANTIAGO DEL CAMPO, en atención a la primera estrofa, conocen por "El alégrense":

Alégrense los mortales,
muera de rabia el infierno,
que ya ha ofrecido la Virgen
a Dios y Hombre verdadero.
Para todo este auditorio,
Reina y Madre esclarecida,
pedimos que con tu Hijo
alcancéis gracias cumplidas.
Bendita seáis, Señora,
y alabada seáis, Reina;
reverencia os den todos
los nacidos de la tierra.
De corazón le pedimos
a esta Soberana Reina
que a nuestro párroco le dé
salud y gracia completas.
A la señora justicia,
que asisten a su gobierno,
merezcan de este Dios Niño
gozar de su santo reino.
Y a nosotras, Virgen Pura,
con la obediencia debida,
os pedimos vuestra gloria
en saliendo de esta vida.

MONROY también cuenta en su haber con la fiesta de Las Candelas o de las purificás, que en poco difiere de la descrita anteriormente. El grupo de las purificas lo configuran nueve jóvenes elegidas por la mayordoma y que lucen durante el rito la sobria vestimenta tradicional: refajo granate o verde bordado en blanco, jubón negro, mandil de raso negro, pañoleta de tul blanca, mantón de Manila, pañuelo de raso blanco a la cabeza, medias blancas de hilo, zapatos negros y los inseparables pendientes y gargantillas. Comienza la ceremonia con una procesión alrededor de la iglesia, en la que los asistentes llevan velas encendidas. De mal augurio se estima en el pueblo el que a lo largo del trayecto se apague el cirio que han colocado en la mano de la Virgen. Las andas las transportan cuatro de las purificás. Estas mismas serán las que posteriormente conduzcan la imagen hasta el altar mayor para depositar en él la figura del Niño Jesús.

En el instante del ofertorio las purificás que quedaron fuera del templo cantan solicitando la licencia para entrar. Una vez concedida penetran en el recinto y entonan las mismas coplas, con idéntica música, de las purificadas santiagueñas. Una lleva la pandereta, otras tres sendas palomas y la quinta sostiene la rosca de piñonate que donó alguna vecina que paga la purificá. Este dulce, que se elabora a base de harina, huevos, azúcar y miel, se adorna con un ramo en el que se prenden los más valiosos billetes de curso legal.

En otro de los lugares, HINOJAL, este ceremonial del día 2 de febrero apenas varía nada del de las celebraciones precedentes, al igual que sucede en otras localidades de esta comarca del Marquesado, donde la ejecución del misterio posee un gran arraigo. Tal es el caso de MIRABEL. Aquí participan seis mozuelas ataviadas con la indumentaria típica. Al son de las enunciadas coplas, que acompañan con una pandereta, hacen la ofrenda de dos palomas, un bizcocho, pan y vino. Gran vistosidad revisten Las Candelas de TORREJON DEL RUBIO, en las que intervienen cuatro purificadas que llevan, respectivamente, una torta o roscón dulce, una pareja de palomas, un pandero y un pliego con las coplas. En el ofertorio, luego de lograr el permiso de rigor, penetran en el templo y ascienden hasta el altar, que es donde está colocada la imagen de la Virgen. En el momento que la canción lo requiere se sueltan las palomas. Al finalizar los actos religiosos se procede a la subasta del roscón. A las coplas señaladas anteriormente, que también son comunes a TORREJON EL RUBIO, hay que añadir algunas otras propias de este pueblo, que incluso ponen de manifiesto un cierto espíritu localista:

Ya tenemos la licencia,
que el Señor Cura la dio;
entrad, amigas, cantemos
a la que es Madre de Dios.
Ya venimos confesadas,
también limpias de pecados;
tomemos agua bendita
en este templo sagrado.
Bendita seáis, Señora;
alabada seáis, Reina;
reverenciada de todos
los nacidos en la tierra.
También a los mayordomos
ampáralos, Madre mía,
para poder celebrar
tus fiestas con alegría.
Un padrenuestro recemos,
recemos con devoción
por la paz y por el orden
del pueblo de Torrejón.

La Penillanura nos ofrece el recuerdo de Las Candelas en JARAICEJO, cuya celebración está estrechamente ligada con la de TORREJÓN EL RUBIO y de SANTA MARTA DE MAGASCA. En ARROYO DE LA LUZ se procesiona alrededor de la iglesia una imagen de la Virgen, a la que se le coloca una vela en la mano. Si ésta se apaga durante el camino se interpreta como una prueba vaticinadora de malos temporales. Luego, en el transcurso de la misa, las arroyanas hacen sus ofrendas, especialmente dulces y productos matanceros, que serán objeto de la correspondiente subasta. Finalizados estos actos hombres y mujeres participan en los corros y bailes tradicionales a los ritmos que marcan la tamboretilla y el pandero. CACERES, por su parte, conserva una interesante procesión de candelas en la que la imagen de la Virgen es trasladada desde la ermita hasta la plaza de San Mateo, acudiendo a la misma mujeres vestidas de campuza. Este traje se compone, en líneas generales, de jubón negro de raso con puntillas en el puño, tul blanco, refajo amarillo o rojo, medias blancas con espiguillas en color, pañuelo de palma o de merino de cien colores, pañuelo blanco de seda anudado al cuello y delantal de raso negro bordeado con puntilla. Por la tarde son centenares las campuzas que acuden a los aledaños de la ermita de San Blas en romería, una romería que reúne decenas de miles de personas y en la que es tradicional adquirir y degustar las tradicionales roscas de San Blas. Más al sur TORRE DE SANTA MARÍA nos ofrece una fiesta de Las Candelas representativa de toda la comarca de Montánchez.

Las Villuercas, Los Ibores y los Territorios de la Orden Militar de Alcántara son otras tantas comarcas en las que la festividad de La Candelaria destaca sobremanera. Vayamos a las dos primeras zonas, que constituyen una unidad geográfica en el sureste de la provincia de Cáceres. Interesante resulta la procesión de ALIA en torno a la iglesia, a la que asiste la madrina tocada de peineta con el velón encendido y la rosca de candelilla. Otro tanto sucede en NAVEZUELAS y en VALDELACASA DE TAJO. Mención especial requiere la ceremonia de las purificadas de DELEITOSA, que tiene lugar a la conclusión del evangelio de la misa. Previamente se ha desarrollado una procesión a la que han asistido las autoridades portando velas recién bendecidas, al igual que la que sostiene la Virgen en su mano. De las cinco purificadas, una lleva una pandereta con la que armonizar las coplas, otras dos agarran sendas palomas y las restantes portan las sabrosas roscas de la Virgen. A la puerta del templo entonan las primeras estrofas, repitiéndose el consabido esquema: solicitud de entrada al celebrante y a la Virgen, franqueo de las puertas, purificación mediante la toma del agua bendita, genuflexiones, seguimiento de la imagen mariana hasta el altar, suelta de las palomas, entrega del Niño que lleva la Virgen al sacerdote, ofrenda de dos roscas y conducción de la Virgen al punto de donde se saliera. Este es el momento de entonar "El alégrense". Concluida la misa se procede a la rifa de las roscas de la Virgen. Por lo que respecta a los cantos de DELEITOSA, sólo encontramos varias coplas introductorias que se adicionan a las reseñadas de SANTIAGO DEL CAMPO y de TORREJON EL RUBIO:

Ya hemos llegado al templo
del evangelista Juan;
bendito sea el Sacramento
Consagrado del Altar.
De la Inmaculada Virgen
bendigamos la pureza;
admiremos los cristianos
tanta virtud y pobreza.

Para el domingo más próximo al dos de febrero dejan en FRESNEDOSO DE IBOR su fiesta de la Virgen de la Candelaria, que al decir de los vecinos del pueblo tiene en su haber dos siglos de antigüedad. La correspondiente procesión es presidida por la mayordoma, que viste el traje típico con mantilla, al igual que las cuatro mozas que conducen a hombros a la Virgen y las cuatro que llevan las ofrendas. El suave golpeo de la pandereta marca el ritmo de las coplas que se cantan, alusivas a la presentación del Niño y a la purificación de Nuestra Señora. Cuando la letra lo requiere se sueltan las palomas y se hace la ofrenda de una gran rosca de piñonate, momento que se aprovecha para lanzar a la chiquillería puñados de caramelos. A la salida de la iglesia, mediante el sistema de "boletas" que las jóvenes han vendido días antes por las casas, se procede a la rifa de la rosca. Posteriormente la mayordoma, elegida cada año entre las mozas del pueblo, invita a todo el vecindario a degustar en su vivienda piñonates y otros dulces de la gastronomía local.

Por los Territorios de la Orden Militar la fiesta de Las Candelas goza de merecida fama en ALCÁNTARA, donde se conjugan la misa, la verbena y los bailes populares, en MATA DE ALCÁNTARA, con su reparto de velas a los lugareños por parte del ayuntamiento, y en HERRERA DE ALCÁNTARA. En esta última localidad tal fecha se conoce como Día de la Rosca en honor a las dos roscas de cinco kilos que para la ocasión fabrican los mayordomos con harina, azúcar, hierbabuena, aguardiente, anís y naranja. Uno de los dulces se coloca en las andas durante la procesión, delante de la Virgen, y luego es subastado. No faltan en la celebración la suelta de palomas, ni las canciones conmemorativas ni el sentido profético que se le atribuye a la vela que se coloca en las manos a la imagen. La segunda rosca es regalada al cura, que a su vez la ofrece a las autoridades.

Al norte del Tajo son numerosas las localidades en las que la fiesta de Las Candelas han venido a menos en las últimas décadas. Tales son los casos de TORIL, MADRIGAL DE LA VERA, PIORNAL, TORNAVACAS, AHIGAL, ACEITUNA, GUIJO DE GALISTEO y ELJAS. No ocurre así en SANTIBAÑEZ EL ALTO y en JERTE. Los quintos santibañejos se encargan de llevar las andas con una Virgen del Carmen que sostiene a un Niño Jesús y una vela augural encendida. Cuando el desfile procesional entra por la puerta opuesta a la que salió, quince mozas ataviadas con el traje típico quedan en el exterior de la iglesia prestas a cantar el "ramo" o coplas idénticas a las reseñadas para otros lugares, repitiéndose el consabido ritual.

En JERTE el día uno de febrero por la tarde, tras concluir el canto de las "vísperas", los doce mayordomos que componen la cofradía de la Virgen de la Candelaria invitan a los asistentes a un "refresco" de chocolate con churros y dulces. Entre las cuatro y las cinco de la madrugada del día dos se reúne un amplio grupo de mozas cantoras, al que se unen mayordomos y familiares, para cantar las "Alborás". Se forman dos conjuntos, separados entre sí por unos veinte metros, correspondiendo a cada uno de ellos, en rigurosa alternancia, el canto de una estrofa:

Virgen de la Candelaria,
hoy mismo será tu día;
te subirán a los cielos,
¡quién fuera en tu compañía!
Hoy en Belén ha salido,
más blanco que una azucena,
una paloma divina,
María llena de gracia.
Hoy sale a purificarse
la Madre del mismo Dios,
ofreciendo dos palomas
por su purificación.
Virgen de la Candelaria,
la del cabello dorado,
que linda sales a misa
con esa vela en la mano.
Dicen que sois toda hermosa
los profetas del Señor,
enriquecida de dones
y en tí mancha no cayó.
La que predicó Isaías,
la que cantó Salomón,
la que llaman profecías
Virgen y Madre de Dios.
Para cumplir una Ley,
a que no estaba obligada,
la Madre del mismo Dios
quiso ser purificada.
Ruega, Madre, por los pobres,
los enfermos y afligidos,
señor Cura y mayordomos,
y por todos los vecinos.
Doce son los mayordomos
de la Virgen del Rosario;
todos con fe te pedimos
la salud para otro año.
Vivan todos los cofrades
del Santísimo Rosario,
señor cura y mayordomos,
alcalde y secretario.

Concluyen las "Alborás" con los correspondientes convites a los rondadores en las viviendas de los mayordomos. A media mañana, entre toque y toque de misa, éstos y el tamborilero efectúan casa por casa el peditorio para la Virgen, recogiéndose especialmente platos de dulces. En esta ronda de colecta se lleva una pequeña imagen de La Candelaria, a la que popularmente conocen por la Maristela. Los productos recaudados se subastan tras la misa. Se pujan también las andas de la Virgen para meterla en la iglesia al término de una procesión en la que no faltó la profética vela.

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NOTA

Los pentagramas aquí insertados fueron elaborados por Angela Capdevielle y aparecen en su obra Cancionero de Cáceres y su provincia (Madrid, 1969).