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EL ROMANCERO PROFANO DE MIJARES (AVILA)

GONZALEZ MUÑOZ, José María

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 195.

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1- BREVE HISTORIA DE LA VILLA

La villa de Mijares se encuentra enclavada en la Cuenca Alta del Tiétar. La zona está delimitada entre la vertiente meridional de Gredos (Avila) y el bloque del Piélago (Toledo), en cuya fosa transcurre el río Tiétar (uno de los afluentes del Tajo). Existe constancia de poblamiento continuo desde al menos el siglo XV (González, 1996). Su situación en la parte baja de la fractura natural que crea el Puerto de Mijares, ha sido paso secular de la Mesta en diversas ocasiones; lo que ha acarreado varios pleitos: 1480 (Tejero, 1974), 1580 (Marín, 1987) y 1730 (AHN, Mesta). Sobre el topónimo original: Los Mijares, destacar la intuición sobre el mismo de Palomino, 1967 y la actual investigación del Dr. Juan A. Chavarría Vargas.

Perteneció al Estado de Mombeltrán, una de las posesiones del Duque de Alburquerque, del que se independizó el 14 de octubre de 1679. Tras las diversas cábalas jurídico-administrativas del s. XIX, se encuadró en el Partido de Arenas de San Pedro, al que sigue perteneciendo hoy en día (Jiménez, 1996).

2.- OBJETIVOS Y ANTECEDENTES

La villa de Mijares atesora en su memoria popular uno de los romanceros profanos de más bella factura del sur abulense. La tradición ha fosilizado diversos textos, que son impensables en otras poblaciones cercanas donde el romancero religioso impera en su totalidad, como es el caso de Casavieja (González, 1995) y Piedralaves (Anta, 1977); pero existen versiones diferentes de algunos romances en la cercana localidad de Gavilanes (Martino, 1996). El primer paso para un estudio riguroso del Romancero del Valle del Tiétar, tarea aún sin comenzar, es el inicio de la publicación de los diversos textos que se ofertan en las diferentes poblaciones; lo que representa el objetivo primordial de este artículo. Esta divulgación además ha de servir para evitar momentáneamente la pérdida irreparable de estos romances.

El conocimiento de los textos y sus variaciones por la vertiente oral de los mismos, opino es uno de los indispensables pasos en el estudio científico del romancero del Valle del Tiétar, siempre sin desdeñar sus influencias con el resto de la provincia y de Castilla. Posteriores investigaciones deberán intentar desentrañar las posibles vías de introducción de los textos: Cañadas de la Mesta, Vendedores ambulantes, u otras influencias.

Para emprender cualquier tarea de investigación es menester conocer el estado del tema. Hogaño es mencionable la ingente labor realizada por el catedrático Eduardo Tejero Robledo en el estudio y divulgación de las tradiciones abulenses. Uno de sus primeros recopilatorios de folklore de Avila lo publicó en 1988, al que siguieron "La literatura geográfica popular en el Valle del Tiétar” en 1990, y su culminación en 1994 con su excepcional obra denominada "Literatura de tradición oral en Avilaw.

El propósito del artículo es ofertar la presencia de nuevos textos fósiles en Mijares, que esperan con afán su publicación; como proceder a exponer una inicial visión de conjunto a este romancero profano con la recopilación de lo publicado.

3-TEXTOS

La loba parda (Sánchez, 1993)

Estando yo en mi vallejo
remendando mi zamarra,
vi de venir siete lobos
y en medio la loba parda.
¿Dónde vas loba parda?
¿Dónde vas loba malvada?
A por el mejor cordero
que tengas en tu majada.
Tengo yo siete cachorros
y mi perra segoviana
y mi perro el de los hierros
que te los clava en el alma.
No tiemblo yo tus cachorros
ni tu perra segoviana
que tengo yo mis colmillos
como puntas de navajas.
Dios tres vueltas a la red,
de ninguna sacó nada
y a la última que dio
sacó una cordera blanca.
Seguirla perritos míos
seguid a la loba parda,
que si la traéis aquí
tendréis la cena doblada.
Siete corderos de leche
y otros siete de cuajada
pan y medio "pa cada uno"
mientras ordeño las cabras.
Se corrieron siete leguas
por montañas y cañadas.
Al llegar a un arroyuelo
la loba ya iba cansada.
Tomad vuestra corderita
sana y buena como estaba.
No queremos la cordera
de tu boca maltratada,
que queremos tu pelliza
para hacer una zamarra,
de las patas, unas botas,
de las manos, unas mangas,
y de la cabeza un zurrón
para meter las cucharas.

Don Bueso o la hermana cautiva

(Díaz et al., 1989) (Colector Pedro Vaquero)

El día de los torneos
pasé por la morería
y había una mora lavando
cerca de la fuente fría.
Y aparta de ahí, mora bella,
y aparta de ahí, mora linda
que va a beber mi caballo
cerca de la fuente fría.
No soy mora caballero
que soy prisionera cautiva,
me cautivaron los moros
siendo pequeñita y linda.
Válgame Dios de los cielos
y la sagrada María,
pensaba encontrar mujer
y traigo una hermana mía.
Y abran ustedes las ventanas,
balcones y "cirujías"
que aquí les traigo la prenda
que lloran de noche y de día.

Tamar (Tejero, 1994)

Un rey moro tenía un hijo
más hermoso que la plata,
y a la edad de quince años
se enamoró de su hermana.
Viendo que no podía ser,
cayó malito en la cama.
Su madre que subió a verle:
-¡Hijo mío! ¿qué te pasa?
Su madre que subió a verle:
-¡Hijo mío! ¿qué te pasa?
-Tengo dolor de cabeza
y una calentura mala.
-Te mataremos un ave
y una palomita blanca.
-Yo no quiero ningún ave
y una palomita blanca,
que quiero una taza caldo,
que me la suba mi hermana,
y que suba ella solita,
que no suba acompañada,
que si acompañada sube,
soy capaz de fusilarla.
como era tiempo verano...

Los posteriores textos proceden íntegros de la memoria de mi abuelo, Don Mariano González, con 83 años, mijariego y que los atesora desde hace varias décadas.

Don Bueso o la hermana cautiva

(González, 1994)

Un lunes por la mañana
pasé por la morería,
había una mora lavando
al pie de una fuente fría,
apártate mora bella
apártate mora linda,
va a beber mi caballo
aguas claras cristalinas.
No soy mora caballero,
que soy cristiana cautiva,
me cautivaron los moros,
siendo pequeñita y linda.
Te quieres venir a España
y aquí en mi caballo irías.
Los pañuelos que yo lavo
y "adonde" los dejaría
los de seda y los de lana
y aquí en mi caballo irían,
y los que no valen nada
la corriente abajo irían.
Pasaron ríos y valles,
montañas y galerías,
llegaron a una ciudad
de lo más bello que había.
Ábrame las puertas madre,
ventanas y galerías;
pensaba traer mujer,
y traigo una hermana mía.
Ábrame las puertas madre,
ventanas y galerías.
Aquí la traigo el encanto
por quien llora noche y día.

La Serrana de la Vera (González, 1994)

En la garganta "La Joya"
habita una serrana negra,
cuando la da sed de agua,
se sube para la sierra,
cuando la da sed de hambre
se baja a la carretera.
Vio pasar a un pastorcito,
con una carga de leña.
Agarrado de la mano
para la cueva le lleva.
No le lleva por camino
ni tampoco por vereda,
le lleva por unos montes
floridos con mucha hierba;
ya llegaron a la cueva
le puso la rica cena,
de perdices y de conejos
y tórtolas y “aragueñas”
Terminaron de cenar,
le mandó cerrar la puerta,
y el pastor como era astuto,
la dejó medio abierta,
así que la vio dormida
el pastor tomó soleta.
Se ha tirado legua y media
sin revolver la cabeza,
a las tres ya la volvió
y ha visto venir la negra.
¡Espera partorcito, espera!
Puso una china en la honda
y se la tiró a la cabeza,
con el aire que llevaba
se le ha caído el sombrero.
¡Espera pastorcito, espera!
espérate a por tu sombrero.
-No quiero yo este sombrero
que llegando a mi choza
tengo allí otro nuevo.
Un poquito más adelante
se la cayó la cayada.
¡Espera pastorcito, espera!
Espera a por tu cayada.
-No quiero yo esa cayada
que llegando yo a mi choza
tengo yo allí varias colgadas.
Ya llegando a su choza,
ya da cuenta a los civiles,
en la garganta "La Joya”
habita una serrana negra,
dos cuartos de espalda tiene.
Ya llegaron los civiles
con sus machetes y espadas.
De los golpes que tiraban,
los machetes resbalaban,
la tiraron con la espada.
La cabeza la cortaron,
allí hicieron un barranco,
y allí mismo la enterraron.

El Conde Dirlos o la Condesita (González, 1994)

Fuertes guerras se han armado
entre España y Portugal,
y el conde de Monteflor
a defenderlas se va.
Le pregunta su romera
¿Para cuánto tiempo vas?
-No cuentes meses ni días
cuenta los años que van,
si a los siete no he venido,
Romera te puedes casar,
o soy muerto, o me han matado,
o sino me juzgarán.
Pasados los siete años
caminando para ocho van.
-Échame la bendición,
padre, que yo lo voy a buscar.
Los ojos de la Romera
no dejaban de llorar.
Con un palito en la mano,
para poder caminar
y a la mitad del camino,
¿De quién son estos caballos
de tanto salero y sal?
Son del conde Monteflor
que los vengo a pasear.
-¿Ya dónde está ese señor?
Que yo lo vengo a buscar.
-En la ciudad se ha quedado
tratadito de casar.
Ha arreado la Romera
todo cuanto ha podido arrear;
y a la puerta de la iglesia
se ha encontrado al general,
le ha pedido una limosna,
y le ha ofrecido un real.
-¡Qué limosna tan pequeña
para lo que solías dar!
-¿De dónde es la señorita?
que tan protestona está.
-Yo soy de lo mejor de Francia,
entre España y Portugal,
y vengo de la Argentina,
toda cansada de andar.
-Si vienes de la Argentina
Mi Romera ¿Cómo está ?
-Tú Romera aquí la tienes
para lo que gustes mandar.
Al oir estas palabras,
se ha caído el general,
le ha dado un fuerte desmayo
y no se ha podido levantar,
mientras no le dio la mano,
su esposita natural.
El pan que tengáis masado
a los pobres se lo dan,
la carne que hayan matado
echarla en adobo y sal,
que yo me voy con mi Romera
que es muy justo y natural.

Romance

Jesucristo iba de caza,
de caza como solía
se ha encontrado con un hombre
desnudo y de mala vida.
Le pregunta que si hay Dios,
le dice que no lo había.
Calla tonto, calla bobo,
que hay Dios y Santa María.

La bastarda y el segador

La bastarda y el segador Este romance profano está muy alterado respecto a su posible tema singular, que no es otro que "La Bastarda y el segador". Este arranca con la sabida historia donde el Emperador de Roma tiene una hija bastarda, que él desea hacer monja, pero ella prefiere desposarse; en ese afán ella rechaza a varios pretendientes, pero se enamora de un determinado segador con hoz de oro y empuñadura de plata. La adaptación popular de este romance es apreciable si se compara con otras versiones. En este texto se enamora del que mejor segaba, pero la coincidencia con otros trozos de este romance se da en llamar al segador por medio de la criada. Realmente es interesante encontrar esta variación puntual del Romance de la bastarda, que no es muy frecuente su localización en el Alto Tiétar; aunque aún se conserva en Piedralaves.

Una mañana de abril
se levantó doña Juana,
ha visto tres segadores
segando trigo y cebada.
Se enamora del de en medio
que la inclinación llevaba,
llevaba una inclinación
que era el que mejor segaba.
Lo ha mandado llamar
de parte con la criada.
Oiga usted buen segador
le ha llamado mi ama.
Que yo no le conozco a usted
ni tampoco a su ama.
Yo me llamo doña Petra
y mi ama doña Juana.
Cogen el camino "alante",
se marchan para la casa.
Aquí está el segador,
el que tanto suplicabas,
oiga usted buen segador
¿Quiere segar mi cebada?
si que se la segaría
si me enseña la labranza.
La labranza no está en alto,
ni está en bajo
ni tampoco en tierra llana
que está en un monte oscuro
debajo de mis enaguas.
A eso del amanecer
le ha llamado la criada,
oiga usted buen segador
que tal vamos de cebada.
De cebada vamos bien
ya voy de quince manadas,
mal haya el segador
que a diez y seis no llegaba.
Al otro día siguiente
por el segador doblaban.
¿Quién se ha muerto?
¿Quién se ha muerto?
El mejor segador de España,
no se ha muerto
que le ha matado mi ama,
se ha muerto de mal de amores
que le mató doña Juana.

4- CONCLUSIONES

Las compilaciones de textos y su publicación han de ser los primeros pasos para emprender la tarea del estudio e investigación del Romancero del Valle del Tiétar. En la misma proporción estas iniciales medidas han de facilitar la labor a los investigadores, ya que algunos de los textos se han publicado en revistas provinciales que suelen tener menor acceso o difusión. Destacar que en la memoria popular de Mijares aún perdura el romancero, cuyos textos en la actualidad denominan a las poblaciones. La publicación de éstos debe además preservarlos de una, quizá, futura desaparición.

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BIBLIOGRAFÍA

ARCHIVO HISTÓRICO NACIONAL. Mesta. Caja 128. Exp. 4

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