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GERALD BRENAN Y LA COPLA POPULAR EN ESPAÑA

BALTANAS, Enrique

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 197.

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Todo escritor guarda en su escritorio, entre sus carpetas, cuadernos y borradores, una serie de proyectos más o menos acariciados, que constituyen sus planes para el futuro. Muchos de estos proyectos no llegan nunca a materializarse, bien porque otros compromisos y otras empresas los van postergando una y otra vez, bien porque la muerte desbarata definitivamente planes y proyectos. Tras el óbito del escritor, sobre todo si ha sido de aquellos que alcanzaron renombre, los estudiosos suelen rastrear en estos materiales inéditos con la loable intención de satisfacer la demanda del público o de contribuir al redondeo del perfil literario del fallecido. Rara vez, sin embargo, suele aportar esta labor de husmeo ninguna obra maestra desconocida. Si el autor ha llegado a concluir una obra de la que se considera satisfecho, lo normal (como nos dejó Bécquer su Libro de los gorriones) es que la publique o, al menos, la deje dispuesta para su publicación. Lo que se queda en borrador no es más que... borrador. De ahí que resulte muy discutible el derecho que se arrogan herederos y editores para publicar estos materiales inéditos, que sin duda el propio escritor no consideró dignos -al menos en el estado en que los dejó- para darlos a la publicidad.

El libro que nos ocupa, La copla popular española, de Gerald Brenan, vuelve a suscitar esta cuestión polémica. Brenan se refirió a este proyecto en el último de sus escritos publicados en vida, Memoria personal (1920-1975), que apareció en 1976, es decir, cuatro años antes de su muerte, con estas palabras: "Si vivo lo suficiente espero terminar una breve antología de coplas populares españolas, acompañada de una larga introducción con ejemplos de este tipo de poesía en otros países. La investigación para este libro la realicé en Londres hace ya muchos años. Con ello creo podré dar por terminada mi tarea de escritor". Sin embargo, resulta evidente que este nunca fue un proyecto prioritario para Brenan, ya que en cuarenta años jamás encontró tiempo disponible para concluirlo. La intención del libro, en todo caso, quedaba muy clara para el propio Brenan, que la dejó explícita en el prólogo que dejó redactado: "Esta antología se ha hecho con la idea de presentar a los lectores ingleses la poesía popular de los últimos cien años". Que se trata de una antología, y no del resultado de un trabajo de campo, lo entendemos perfectamente, y se compadece con la naturaleza del corpus ofrecido por el libro, en su inmensa mayoría compuesto por acarreos de los cancioneros más célebres, esto es, los de Fernán Caballero, Machado y Alvarez, Lafuente Alcántara o (sobre todo) Rodríguez Marín, entre otros. En cambio, queda mucho más oscura la expresión "poesía popular de los últimos cien años", ya que incluye una amplia muestra de lírica tradicional de los Siglos de Oro, por lo que cabe sospechar que Brenan quiere referirse a cancioneros publicados en los últimos cien años.

Así, pues, se trata de material ya publicado por otros colectores, cuya edición sólo se justifica en cuanto a su condición de antología para lectores no españoles, y donde la contribución de Brenan se limita (y no es poco, dada la finalidad que perseguía) a la labor de antólogo y traductor, aunque no se puede conocer cuáles, finalmente, las coplas antologadas (¿sólo las traducidas al inglés?).

Pero, además de antologar y traducir, Brenan preparó el borrador de un prólogo y una introducción en donde pretendía subrayar los valores y las características de este tipo de poesía. En el prólogo fundaba el interés de la lírica popular española en tres puntos. Primero, porque "la poesía popular española pertenece a una especie sin analogías en otros países de la Europa Occidental". Segundo, "porque estos poemas nos ofrecen un conocimiento de las gentes de España que ninguna otra cosa puede ofrecer". Y, tercero y último, porque "intentar analizar, como mucha gente ha pretendido, a poetas modernos como García Lorca o Antonio Machado, sin tener en cuenta las fuentes donde encontraron su inspiración es, como Arturo Barea ha señalado, imposible". Si la primera razón es manifiestamente falsa, las dos últimas razones son plausibles, aunque parciales y necesitadas de matización. Es cierto, por ejemplo, que Federico García Lorca o Antonio Machado no pueden entenderse cabalmente sin la base de la poesía popular (como el Quijote no puede entenderse sin el refranero), pero tampoco se pueden entender sin movimientos como el modernismo, el simbolismo o el surrealismo (como tampoco el Quijote sin la influencia erasmista).

En la Introducción, tal como Brenan la dejó escrita, no encontraremos ideas novedosas ni análisis originales. El autor de Al sur de Granada se limitó a resumir los conocimientos corrientes sobre lírica popular y, cuando aporta una idea personal, ésta es errónea, como cuando confunde el flamenco con la poesía tradicional: "Pero el arte de cantar coplas es también una profesión. Cantaores, tanto hombres como mujeres, que han adquirido reputación en su ciudad natal, empiezan a cobrar dinero por sus actuaciones. Viajan por todo el país, asistiendo a fiestas, ya sean públicas o privadas, en compañía de guitarristas y, si llegan a ser bastante famosos o tienen personalidad suficiente para ser valorados en las candilejas, terminan haciendo su aparición en los escenarios de un teatro [...]. Pero no se puede decir que esta difusión generalizada del arte popular español haya sido buena, ni para el estilo del arte ni para la calidad poética de los versos" (pp. 142-143). Y más adelante reincidirá en lo mismo: "Otro rasgo de importancia para comprender el fondo de la copla es la forma o estilo con que son cantadas. En Andalucía este es conocido como cante jondo o canción profunda" (p. 159).

Una idea muy arraigada en Brenan es la de la que la alfabetización y el progreso arruinarán la poesía popular. No sólo eso, sino, todavía más, que el progresivo acceso de las clases populares a los bienes de la cultura dejará a éstas inermes: "Porque si la educación representa, en cierto aspecto, el dar nuevas fuerzas y facilidades al humilde, ésta también los coloca abiertamente frente a la tiranía. Destruye sus facultades artísticas, su poder de respuesta, de acuerdo con su propia naturaleza y habilidad para con el mundo que les rodea, al dejarlos en grandes mares de información y cultura superior. Su fuerza está en su ignorancia [el subrayado es nuestro, E. B.] y muy pocos de nosotros, cuando perdemos nuestra ignorancia, somos capaces de resistir el aire amargo de nuestro copernicano sistema" (p. 203). En realidad, esta idea concuerda con otras ya expuestas en otros libros suyos. Así, por ejemplo, en Al sur de Granada, escribía: "Es cierto que al sur de los Pirineos vive todavía una sociedad que antepone las más profundas necesidades del alma humana a la organización técnica necesaria para alcanzar un nivel de vida más alto. Es esta una tierra en la que crecen, juntamente, el sentido de la poesía y el sentido de la realidad. Ni uno ni otro engranan en una perspectiva utilitaria".

Mucho más exacto hubiera sido describir España como un país atrasado, donde el capitalismo era aún incipiente, y en el que por tanto sobrevivían formas de vida que ya habían desaparecido en otros países europeos. Pero Brenan era un desencantado de la civilización -acababa de pasar por la traumática experiencia de la primera guerra mundial, donde alcanzó el grado de capitán del ejército británico- e idealizaba una España arcádica que le parecía muy lejana de la utilitarista y pragmática Inglaterra. De España le atraía lo exótico, además de lo barato ("Elegí España porque pensé que era un país hermoso y barato").

Brenan perteneció sin duda a ese linaje de hispanistas que hicieron pingües negocios -y hacer negocios nada tiene de malo en principio- literarios y aún crematísiticos con la expendeduría abundante de una España "diferente", que se desangraba, alternativamente, en las plazas de toros y en las trincheras de sus reiteradas guerras civiles. En general, los libros de Brenan nos dicen más sobre él mismo y sobre la mentalidad del célebre grupo de Bloomsbury que sobre la España real. Son creaciones literarias o, todo lo más ensayos. La copla popular española no es una excepción sino una confirmación del hispanismo romántico -tan distinto del actual- que animaba a Brenan. En cualquier caso, muy negro será el futuro de la copla popular si ha de estar ligado a la ignorancia o el atraso, y no faltará quien crea que su muerte debe darse por buena si esto significa que el pueblo español ha adquirido niveles de vida similares a los de otros pueblos desarrollados. Afortunadamente, hoy no nos planteamos esta cuestión en los términos de una alternativa excluyente.

Que Brenan no realizó ningún trabajo de campo para este libro lo confirma el hecho de que los últimos textos allegados por él los recibió en su mayoría de labios de su criada María y de la hija de ésta, Angeles, es decir, que su encuesta se limitó prácticamente a las cuatro paredes de su casa. No obstante, constituye este el capítulo más interesante del libro, en cuanto testimonio de la cultura oral en Yegen, y es lo más fresco y aprovechable. De todas formas, sorprende que este vecino de las Alpujarras no hiciera referencia a los troveros y a la décima popular, tan característica de esa región.

Ningún libro hay inútil, y tampoco este lo es. Su desaseo tipográfico (profusión de erratas, uso arbitrario de negritas y comillas...) no contribuirá desde luego a reforzar el prestigio de las jóvenes editoriales andaluzas. Tampoco el estudio introductorio aclarará mucho al lector interesado, ya que el autor no parece estar suficientemente familiarizado con los estudios más recientes y solventes sobre literatura oral (por ejemplo, escribe a propósito del romance de "Catalina de Granada": "esta canción romance, puesto que en canción se ha convertido lo que posiblemente fuera en un principio un romance..." ¿Es que ignora el autor la clásica definición de romance de Menéndez Pidal, es decir, que los romances "son poemas épico-líricos breves que se cantan [de nuevo el subrayado es mío, E. B.] al son de un instrumento, sea en danzas corales, sea en reuniones tenidas para recreo simplemente o para el trabajo en común?, tampoco parece haberse esforzado lo que sería menester para situar este libro nonato en el contexto de la vida y la restante producción de Brenan o en el de los estudios sobre literatura oral en el ámbito hispánico. Pero, en cualquier caso, la publicación de estos materiales aporta una pieza más al laberinto español de Gerald Brenan, aquel en que vino a refugiarse cuando empezó a sentirse un mostruo desplazado y anacrónico en la Inglaterra de después de la primera guerra mundial. Tal vez ese laberinto fue lo que le protegió y definitivamente salvó de un destino más trágico, como el sinsentido en el que sucumbieron algunos de sus antiguos camaradas en Bloomsbury. Lo que otros encontraron en el suicidio, Brenan lo halló en España. En el fondo, pretendían lo mismo: huir de la realidad.

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NOTA

(1) BRENAN, Gerald: La copla popular española, edición y estudio a cargo de Antonio José López, Málaga, Miramar, 1995, 649 págs.