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"PARSIFAL" de Wagner y su centenario

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 1982 en la Revista de Folklore número 18.

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I
El Centenario de "Parsifal", de Ricardo Wagner, nos pone en contacto con una de las obras más extraordinarias de la historia de la cultura, precisamente porque supone la finalización de un mito y de una serie de leyendas que han surgido en diversos países y folklores alrededor del concepto espiritual del hombre como ser llamado a la perfección y al conocimiento. "Parsifal" de Wagner es, a la vez, el resultado de una serie de especulaciones sobre un tema concreto que, como hemos dicho, ha sido cantado en numerosas ocasiones por rapsodas y escritores, y toda una filosofía del artista que está a punto de morir. "Parsifal" fue el testamento artístico de Ricardo Wagner y también de una cultura; curiosamente si "Sigfrido" muere y los dioses se derrumban "Parsifal" adquiere el saber y el conocimiento y entra dentro del mundo del espíritu después de haber destruido el mundo del mal. Ambivalencia del bien y del mal, de la muerte, del sufrimiento, de la castidad, de la impotencia, de la senilidad, de la corrupción, aletean en este "Parsifal" que es una constante en la historia del pensamiento de todos los hombres.

El mito y la leyenda han sido estudiados por plumas autorizadísimas. Pero el Graal y los caballeros del Graal y Parsifal o Perceval son uno de los personajes más importantes de toda una saga, la saga arturiana que es ahora, con ocasión de dos películas distintas pero significativas como "Perceval le gallois" o "Excalibur" un sujeto de atención por parte de los espectadores del mundo presente. El "Parsifal" wagneriano, en cambio, pertenece a los arcanos de una cultura un tanto iniciática y que en nuestro país no ha pasado de un conocimiento esporádico. Pero no olvidemos que la acción de la última obra de Ricardo Wagner tiene lugar en Monsalve o Montserrat en la España gótica, e incluso el castillo encantado de Klingsor, aquel que surge del tiempo, procede de la otra raíz que es la España mora. Recordamos también la sucesión de leyendas que formaron los manuscritos del Conde Potocki y su Manuscrito encontrado en Zaragoza cuando España se veía como un lugar intemporal, donde todo lo mágico y lo inmaterial podían tener asiento. Quizás porque en algunas planicies de nuestro país, pudieran surgir las antiguas ceremonias de los celtas donde se celebraban los ritos extraños de la iniciación, donde surgían esas leyendas que corrían de boca en boca y que iban después a plasmarse en toda una mitología a la que Wagner pone fin con esta optimista en apariencia resolución de esa extensión divina del conocimiento al hombre, "Parsifal", al ser puro, al "inocente loco".

Un antropólogo tan conocido y estimado como Claudio Levi Strauss ha visto en los orígenes de "Parsifal" diversas posibilidades. Grecia, o Egipto, la historia de un dios que tiene que resucitar, llámese Osiris, Adonis o Demeter, también en los ritos cristianos de la antigüedad, por ejemplo los ritos bizantinos a los que tanto se asemeja la obra wagneriana, o, como han dicho muchos autores, la unión del Antiguo y del Nuevo Testamento, a través de ese templo de Salomón que sería el templo de los caballeros del Graal. Se ha hablado igualmente de orígenes iraníes; las leyendas, lo hemos dicho en otra ocasión se interfieren y la palabra Graal es también la palabra "cráter". En todo caso los símbolos fálicos pueden introducirse dentro de todas estas fórmulas de conocimiento. Pero tal vez sea la mitología céltica a través de su concreción en la Galia e Irlanda, "Nuadu" rey pescador se asemeja tanto al personaje de Anfortas, la que sea la base fundamental de toda esta leyenda, que ya se ha convertido en una oración o en un misterio sagrado e iniciático.

La primera obra escrita del mito del Graal está en un francés, Chretien de Troyes, y las fechas de 1180 a 1190 parecen ser las más aproximadas de la concepción de su texto ahora asequible al gran público. Ya en ella se dan muchos de los aspectos que recogerá Wagner en su obra. Luego vienen las continuaciones y más continuaciones, las obras del Caballero de Boron y así hasta llegar al otro autor fundamental que es Wolfgang Von Eschembach. "Perceval le gallois" por un lado, Parsival por otro, que serán en último término "Parsifal". Y siempre como signo fundamental el Graal, Graal que es para Chretien de Troyes el Cáliz de la Sangre de Dios, el Cáliz de la Ultima Cena, Graal que es para Wolfgang Von Eschembach la piedra de la que surge el alimento hecho concreción en platos y en bebidas: alimento en último término espiritual que nutre cual nuevo maná a los caballeros que se consagran al servicio de este Dios, que no es exactamente el Dios de los cristianos, sino producto de tantas formas, de tantas religiones, de tantas leyendas que se multiplican y unen.

Este entrecruzamiento de leyendas es fundamental para explicar el "Parsifal" wagneriano. Quizás sea esta la definitiva página que cierra todo un ciclo. Desde luego, después de esta obra, ninguna otra se ha realizado con materiales nuevos sobre el Graal y el ciclo arturiano. Sólo se dan algunos textos, producto de una reelaboración que cuentan los textos antiguos tal por ejemplo como en la inacabada versión de Steinbeck, pero en la que el Graal permanece un tanto lejano. Ricardo Wagner al poner el punto final a la leyenda del Graal, cierra creemos una época determinada y abre el paso a la siguiente, en la que estamos sumidos. El proceso schopenhauriano de la antidialéctica, el mundo como voluntad y representación encuentra su eco máximo en esta obra que es, a la vez, como ocurre en toda la obra wagneriana, el crisol en el que se funden las leyendas, las sagas, el folklore, las canciones que formaron la estructura mística y la filosofía de un músico que quiso también ser el genio representativo de su época. Así el "Parsifal" desde su difícil caracterización cierra el telón sobre las leyendas sobre el Graal, y da una respuesta clara: la conquista del hombre es la propia sabiduría, es la renuncia, es la castidad. ¿También la impotencia, también esa exangüe característica del no ser? ¿También ese rechazo de la mujer: Kundry , la mujer ambigua, bien y mal como en las leyendas en las que se inspira y esa sexualidad apagada, avejentada y triste como alternativa ? Parece, a la vista de esta obra, bellísima por otra parte, como si la pulsión interna abandonara al músico para encontrar una especie de remanso como el lago en el que se baña Anfortas, aunque a lo mejor las aguas no sean cristalinas sino pútridas.

La iniciación que supone para "Parsifal" su camino hacia el Graal es uno de los misterios de nuestro tiempo, un misterio que ha quedado inconcluso y cerrado. El tiempo y el espacio se confunden, "el espacio se hace tiempo" se dice en "Parsifal". Efectivamente, esta es una de las piedras miliares del arte contemporáneo, que como se ve no procede de sí mismo sino de los viejos testimonios, de las viejas leyendas, de los viejos cuentos de la más remota antigüedad.

II

¿Qué es "Parsifal" en sí? Ya desde la preparación y la creación de la obra el gran misterio se había trazado. La tetralogía wagneriana, ese otro culmen de leyendas amalgamadas en una concepción filosófica y política de la época es, aunque en principio no lo parezca, una obra clara y sencilla. "Parsifal" en cambio es como una apocalipsis, es decir, como una obra llena de enigmas. En primer lugar el enigma de su origen, el enigma de su caracterización. ¿Es una obra, cristiana? Los caballeros del Graal parecen rezar; la transustanciación, la comunión asemeja la Misa católica; también algunos de los signos que en la obra se desenvuelven como el lavado de pies, pero pertenecen a otras religiones, pertenecen a otros misterios. En realidad el cristianismo de "Parsifal" es un cristianismo ambiguo y al mismo tiempo lleno de dudas, lleno de extraños ritos que parecen en ocasiones ir más allá de la propia fe cristiana. El Graal era la sangre de Cristo o es la sangre de todos los Cristos, el Graal también supone como la inversión, la fuerza: si da a los caballeros ésta, necesaria para su subsistencia, aviva los dolores de Anfortas tocado por la lanza en esa tremenda herida que jamás se cierra y a la que parece que la sangre o la Hostia la sumerge en sus puntos más vivos o mortíferos. Curiosamente toda esta ceremonia pueda verse como un misterio pagano y céltico, en el que la religión cristiana hubiera entrado añadiendo otros signos a aquellos que se desenvuelven de forma ritual. y además está el enigma del espacio y el tiempo, la itinerancia, el caso de las dos realidades: un mundo viejo el mundo de la fe, un mundo perdido en lo fantasmal, que es el mundo de Klingsor, tal vez el infierno en el que la belleza impera. Nietsche atacó duramente a Wagner por esta dualidad de los mundos reflejados en "Parsifal". Desde una ascesis, el protagonista de la obra, protagonista pasivo, persigue una encuesta, y hay aquí también otra fe las grandes preguntas de todas las leyendas, la encuesta y su final. "Parsifal" pregunta, se equivoca, responde, escucha su nombre por primera vez, al final, vencedor de Klingsor , destructor del imperio del mal pone la punta de su lanza en la herida de Anfortas, que se cierra, y lo que estaba muerto y corrupto, vuelve de nuevo a regenerarse. ¿ Es el nuevo héroe, el nuevo Sigfrido, esta vez capaz de llegar a la verdad desde su propio conocimiento?. Sigfrido fracasa en la empresa de salvar el mundo porque su eros se lo impide. Parsifal rehusa al eros y consigue la salvación del mundo. En estos momentos las ideas de Wagner estaban al lado de esta exangüe moribundia de la vejez, de esta terrible cerrazón del mundo real. y material, de esa búsqueda inaccesible de una espiritualidad que a veces aparece teñida por los aspectos de la decadencia.

¿Vejez o regeneración? Muchos escritores han hablado de esta posible y necesaria regeneración, regeneración de la sangre, regeneración de la tierra, de la raza, regeneración desde la castidad, regeneración desde la ascesis, como si el mundo real hubiera dejado de tener su plena eficacia. El camino de la iniciación que surge en "Parsifal" nos recuerda en ocasiones al de los personajes de "La flauta mágica" y Jacques Chailley, por ejemplo, ha hablado de los aspectos franc-masónicos de "Parsifal" aunque tal vez esta francmasonería sígnica no sea otra cosa que una utilización más de los signos de la época, signos que como antes afirmamos, eran compartidos por unas y otras doctrinas.

Un estudio profundo de la obra, esta obra culmen de los mitos percivalianos, esos mitos en los cuales se pone de relieve la castidad y la falta de vitalidad coetánea, es decir, la detención temporal de la vida frente a los mitos edipianos que tan bien distinguiera Levi Strauss, llevaría, como de hecho así ha sido, páginas y páginas. Hay una gran riqueza estructural en esta obra que junto a la importancia temática, a la filosofía más o menos profunda de cada una de sus partes que puede ser incluso vista por doctrinas más modernas como el psicoanálisis o el estructuralismo, se hace profesión de fe en el artista. El conocimiento alcanzado por "Parsifal", no cabe duda ninguna de que es, a fin de cuentas, el conocimiento del mundo que adquiere el artista en su madurez cuando ha pasado dos veces por idénticos lugares y ha llegado al fin a conocer la verdad, a regenerar el mundo, a ser redentor de éste, y a la vez de sí mismo y de la humanidad. Esto se llamó en otras ocasiones el "arte por el arte" y en pocas como con Ricardo Wagner se vio así sublimado. "Parsifal" es el norte de muchas leyendas, de muchas ideas ínsitas en el hombre y que, desenvueltas dentro de la contradicción absoluta entre carne y espíritu, finalizan en la utopía. Para Hans Jurgen Syberberg, el gran director de cine alemán, que ahora ,ante la expectación del mundo prepara su versión de "Parsifal", el cristianismo ha tenido que ver en la historia de la cultura alemana, pero "Parsifal" no es a su juicio una historia cristiana. Los caballeros del Graal son a la vez cristianos, árabes, judíos, moros, orientales; en el fondo son los caballeros de una gran utopía y como tal utopía el espejo de un mundo en el que el mal esté destruido y que el bien esté preservado. Un mundo que antes de eso se ha visto sometido, como ocurre con nuestra humanidad, al horror seco, a la lividez de los paisajes desiertos, al rechazo de la vida, a a impotencia. El sexo es el castigo de "Parsifal", los caballeros del Graal son seducidos por las mujeres-flores y así se hacen prisioneros de la tela de araña de Klingsor, sólo el rechazo del sexo dará el conocimiento. y este conocimiento al mismo tiempo se nos aparece como algo misterioso, extraño y mórbido que tampoco sabemos definir del todo.

III

La ópera de Wagner celebra su Centenario.

Centenario de una obra que nació casi exclusivamente para Bayreuth. Ricardo Wagner no quería que su obra fuera representada en otro sitio; el gran misterio, este misterio no sabemos si cristiano, pagano o iniciático, debía celebrarse allí en un altar, el teatro por él mismo diseñado y creado. El estreno en Bayreuth fue seguido de una prohibición de representar la obra durante muchos años. Anécdotas curiosísimas nos hablan del día en que el veto cayó, y muchos teatros, entre ellos el Real de Madrid, la estrenaron al minuto. Todo está preparado para ir a "Parsifal", al misterio, a la gran meditación wagneriana para los iniciados. De todas formas se trata de una obra difícil de escuchar, una obra casi sin acción, una obra estática, en la que los personajes no avanzan, no actúan externamente sino internamente, una obra en la que el tiempo, el espacio, las formas se confunden. Bayreuth vio aprovechar "Parsifal, como otras obras de Wagner, por los jerarcas nazis. La sangre corrupta, la renovación de la sangre que representaba "Parsifal podía entroncarse con el canto de la nueva era aunque los signos cristianos pudieran ser un obstáculo. No ha habido obra más interpretada gratuitamente, más llena de comentarios ridículos que "Parsifal". La tinta vertida sobre su tema, sobre su irracionalismo, sobre su pretendido espiritualismo forma montañas. Pero "Parsifal" ha quedado como testimonio último de la obra del artista Ricardo Wagner, una obra en la que la orquestación llega a su máximo milagro, en la que el cromatismo tiende también a marcar de manera definida todos los puntos de la obra, ese inmenso "largo" sólo en ocasiones sacudido por algún forte instantáneo. Wieland Wagner en 1951 acomete la revolución de la luz, y ese espacio que se pierde en el tiempo nunca se verá mejor reflejado que en este montaje excepcional que tuvimos ocasión de ver. "Parsifal" seguía siendo un misterio, pero no estaba gravado por una serie de irracionalismos decadentes sino por una búsqueda de la abstracción, de lo absoluto que la escena, iluminada magistralmente, decía por sí sola, y donde la música que parecía surgir como una ola, como en "Tristán", pero de forma diferente, invadía todos los espíritus. La regeneración, la redención, la muerte, la corrupción son varios de los temas que los hombres de todos los tiempos se han preocupado de averiguar. La encuesta sobre la propia condición del hombre procede del folklore y leyendas de todos los países. y "Parsifal", repetimos, es como el culmen de toda una línea que se encuadra en esa investigación del ser, en esa encuesta sobre su destino que ha creado tantos y tantos de los misterios de la cultura humana.

Hoy Rof Lieberman, antiguo director de la Opera de París, estrena en Ginebra su versión del "Parsifal". Y la lanza que arrebatara Klingsor a Anfortas, la lanza que produjera la herida eterna, es ahora el átomo y entonces la tierra lívida que hay que recuperar es la tierra producto de la explosión atómica y la búsqueda de la verdad es la búsqueda del hombre, la búsqueda de sus raíces, la búsqueda del mundo espiritual, pero que también tiene que ser el mundo físico. Creemos que aquí está la clave de este "Parsifal" que engloba todas las leyendas. El espíritu no tiene por qué aplastar la carne, el espíritu sin la carne produce la impotencia, el espíritu en soledad produce una llama que no es capaz de poblar la tierra de verdor y de vida. Carne y espíritu, esta integración querida, esta integración deseada por el hombre en su interrogación personal, sigue siendo uno de los misterios del "Parsifal" exangüe escrito por un hombre que veía acercarse el final de su vida.

Las reflexiones políticas y dialécticas de una obra antidialéctica pueden ir por otro camino. Pero "Parsifal" queda como el testimonio de una serie de leyendas que fue capaz de llevar a su crisol un músico y escritor y darles la sustancia de una obra susceptible aún hoy de emocionar y de compartirse por muchos seres. El problema de la integración de los mitos de todas estas épocas, en la búsqueda de un mundo mejor queda abierto todavía y ni siquiera el propio Wagner, a pesar de este final pretendidamente optimista, logró superar esta contradicción carne y espíritu que es, no cabe duda, la contradicción esencial del "ser en el mundo".

El folklore y las leyendas muestran muchas veces la ligazón de los hechos con la imaginación, la fantasía desbordante de los pueblos siempre interrogantes ante lo desconocido, siempre buscando la plenitud de su ser. Remover hasta las entrañas todos estos misterios es tarea apasionante y "Parsifal, una de las obras cumbres, uno de los testimonios más lúcidos, no cabe duda que seguirá siendo una de las claves fundamentales para seguir preguntándonos sobre el hombre. y esto incluso en una cultura como la nuestra que sólo de refilón, aunque sea en el espacio de Montserrat, ha recibido las influencias del idealismo alemán.

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BIBLIOGRAFIA

Numerosísimos son los trabajos realizados sobre Wagner y concretamente sobre "Parsifal ". Una bibliografía exhaustiva ocuparía prácticamente un libro entero.

Recomendaríamos, aparte de los escritos del propio Wagner y Nietzche:

-Adorno, Theodor.-"Ensayo sobre Wagner".

-Sanz, Eduard.-"Ricardo Wagner y el pensamiento de Schopenhauer".

-Scheneider, Marcel.-"Wagner".

-Gregor-Dellin, Martín.-"Ricardo Wagner, su vida, sus obras".

-Chailley, Jacques.-"Parsifal de Richard Wagner. Opera Initiaque".

-OBLIQUES. Número especial Wagner.

-L'avant-Scene de L'Opera. "PARSIFAL", nº 38 y 39 absolutamente fundamentales.

-En España lo más interesante son los comentarios de las Ediciones discográficas ; La de Philips, dirigida por Pierre Boulez y la de D.G.G. dirigida por Herbert Von Karajan. Estas versiones y la de Hans Knapperbutsch en DECCA, son las más importantes. En todo caso el libreto es absolutamente imprescindible.