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ALGUNOS ANTECEDENTES A LA CREACION DE UN MUSEO ETNOGRAFICO

VIERNA GARCIA, Fernando de

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 199.

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Desde que se celebró la Fiesta Montañesa el 12 de agosto de 1900, un reducido grupo de intelectuales de Cantabria había realizado incursiones en los estudios etnográficos y folklóricos de la región pero seguía sin existir una institución o un museo que aglutinara esos trabajos. Hermilio Alcalde del Río, Adriano García Lomas, Sixto Córdova y Oña o Fermín de Sojo y Lomba son algunos de los autores que realizan un trabajo más científico del que se había realizado hasta entonces. Mención especial merece la figura de Luis de Hoyos Sainz, madrileño de nacimiento pero montañés y campurriano de corazón, se había formado en España con las máximas autoridades del momento y posteriormente había ampliado estudios en Francia y Alemania. Representaba con Aranzadi, a quien le unía una entrañable amistad, la máxima autoridad en la ciencia etnográfica de nuestro país. Desde 1914 dirigía el seminario de Etnografía en la Escuela Superior de Magisterio y había sido director de la Exposición del Traje Regional Español que se había presentado en la Biblioteca Nacional en la primavera de 1925. El éxito de esta exposición le había proporcionado prestigio internacional en cuestiones museológicas.

Hoyos publica en octubre de 1921, en la revista "Cantabria" un artículo, Etnografía y folk-lore del pueblo montañés, en el que recuerda las palabras de Menénqez Pelayo cuando le pidió su colaboración para el número extraordinario que estaba preparando "El eco montañés", con motivo de la Fiesta Montañesa. Señalaba don Marcelino su deseo de que aquella fiesta sirviera de punto de partida para unos estudios, que hasta entonces no se habían realizado, de todos los datos que pudieran ser útiles a la etnografía y al folklore montañés. Habían pasado más de veinte años, se habían realizado algunos estudios, pero aquella labor seguía sin plasmarse en un museo. Anima don Luis a la creación de un museo montañés y una sociedad de estudios cántabros, y añade:

Y la obra es urgente, pues la Montaña es de las regiones españolas, en virtud de su incremento económico y de su descastamiento... Mas por ahora seamos meros recolectores de objetos reales o de sus reproducciones y fotografías salvando toda una industria y técnica de la madera para citar un caso que yo estimo genuinamente montañesa... Pronto si el pequeño núcleo de fundadores se constituye, la Montaña tendrá su colección primero, su museo después como los varios que honran a Cataluña, Guipúzcoa y Galicia...

En el año 1924 la Sociedad Menéndez Pelayo inicia unos cursos para los estudiantes ingleses que llegan a Santander en verano para ampliar sus conocimientos del idioma y la cultura españolas. Estos cursos evolucionaron hasta conseguir una proyección internacional por la calidad y el rigor en la selección del profesorado. La colaboración de Luis de Hoyos comienza dos años más tarde en el verano de 1926 en que pronuncia los días 30 y 31 de agosto y 2 y 3 de septiembre un ciclo sobre "Geografía humana en España".

Al año siguiente los cursos se celebran entre el 10 de agosto y 20 de septiembre. La intervención de Hoyos se produce los días 9, 10 y 12 de septiembre. El tema en esta ocasión es "El traje regional en España". A lo largo de las tres intervenciones hace una clasificación geográfica de los trajes regionales. Distingue la zona Cantábrica, la Central y la Mediterránea y dedica a cada una de ellas una conferencia. La región Cantábrica se extiende desde Galicia hasta las estribaciones de los Pirineos, comprende las tierras litorales y los partidos montañosos de León, Palencia, Burgos y Alava. Es la región de los trajes ajustados, monocromos, de materiales fuertes y ornamentación escasa y sobria. En la segunda conferencia analiza las diversas formas de vestimenta en la región Central, que corresponde a toda la zona occidental española hasta Andalucía, incluyendo la región manchega y algunas comarcas aragonesas. Esta región la forman tres zonas diferenciadas. La leonesa-extremeña, desde la Maragatería hasta Badajoz, de trajes ricos en telas, colores y adornos; la Serrana, que comprende tierras de Avila, Segovia y Soria hasta llegar a las tierras aragonesas y de la Alcarria. Aparecen las diferentes formas de cubrirse la cabeza, los trajes de alcaldesa, las capas blancas y las distintas formas de atuendo pastoril. La última de las zonas es la Manchega, mezcla de las anteriores, con influencias levantinas y andaluzas. Por último, el lunes 12 celebra la última de las conferencias; está dedicada a la región Mediterránea, desde Francia comprende Cataluña, Levante, Andalucía y una parte importante de Aragón, es de una gran diversidad que viene dada por la propia extensión de la zona, pero tienen en común la luminosidad de los trajes y la ornamentación que alcanzan su máxima expresión en los trajes de las mujeres de Málaga y Sevilla. La crónica periodística destaca la objetividad de los datos, apoyados en proyecciones de mapas y fotografías, como prueba de la utilidad y trascendencia de la ciencia etnográfica. La dedicación de Hoyos al trabajo de campo, la ampliación de esos estudios, así como la intervención de sus discípulos y colaboradores tuvo su culminación en la exposición del año 1925.

Al finalizar la última conferencia Hoyos invita al público a constituir un grupo de "colectores y organizadores del Museo Cántabro" para estudiar todas las materias de las que tratan la etnografía y el folklore. La idea es recogida por la prensa local que ha informado de las intervenciones de Hoyos y Miguel Artigas publica el día 14 un artículo en la Voz de Cantabria con el título de "El Museo Etnográfico", en el que incide en la necesidad de aprovechar los espacios que, por falta de presupuesto, quedaron sin completar del proyecto de centro cultural que había diseñado leonardo Rucabado:

Y lo posible y lo oportunamente inmediato ha de ser ahora la formación del "Museo etnográfico". Hace años, hace meses, no podía soñarse en tal cosa...parece lo más prudente empezar por la etnografía. Precisamente el interés y la curiosidad que han despertado las conferencias del señor Hoyos Sáinz, sobre el traje regional, nos advierten que el terreno está preparado...ya advertía en su primera conferencia el señor Hoyos Sáinz, que en estas cuestiones año que se pierde, es año irremisible. La civilización iguala y arrasa.

En definitiva un museo etnográfico provincial, para el que se contaría con la colaboración del propio Luis de Hoyos y la necesaria aportación de algunos intelectuales locales como Elías Ortiz de la Torre, Tomás Maza Solano, Valentín Lavín del Noval o Fernando Barreda. El primero de estos autores publica este mismo año el segundo tomo de "la Montaña artística", dedicado a la arquitectura civil y tenía varios artículos en diversas publicaciones sobre arquitectura tradicional montañesa. Maza Solano está trabajando en esos momentos en su obra, publicada en colaboración con José María de Cossío, "Romancero popular de la Montaña", cuyo primer tomo vería la luz seis años después. Valentín Lavín del Noval, por su parte, era un arquitecto de la escuela regionalista neomontañesa seguidora de la obra de Leonardo Rucabado, era además concejal del ayuntamiento de Santander y vocal de las comisiones de Bibliotecas y Museos municipales. El último de los citados por Miguel Artigas es Fernando Barreda y Ferrer de la Vega, presidente de la Coral de Santander y estudioso de la historia de la navegación, que sería alcalde de Santander pocos meses después de estos hechos. Dos de ellos, Elías Ortiz de la Torre y Fernando Barreda habían colaborado en una guía sobre Santander que se publica ese mismo año y en la que también habían participado Hoyos y Artigas. Todos estos autores, a excepción naturalmente de Luis de Hoyos, pertenecían a la Sociedad Menéndez Pelayo y al Ateneo de Santander lo que facilitaba el contacto entre ellos.

El día 29 es el propio Luis de Hoyos quien utiliza las páginas de La Voz de Cantabria para continuar el tema en un amplio artículo, reduce la ambiciosa idea del museo a la de sección etnográfica de un Museo Cántabro. A su juicio la urgencia de recogida de materiales en Santander es la misma que para toda España, una urgencia que ya fue denunciada en París por Marcel Mauss para Francia y por otros autores para países como Alemania o Estados Unidos. Indica la necesidad de organizar un "núcleo directivo y organizador en relación con un cuerpo de corresponsales y colaboradores que, repartidos por toda la provincia, son la base indispensable del trabajo". La última parte del trabajo la dedica Hoyos a definir los puntos de trabajo de la recogida del folklore y la etnografía, a saber:

1º. Recoger todos, absolutamente todos, sin temor a la cosa inútil, nimia o trivial, ni al ridículo del envío, cuantos objetos se emplean o han empleado, los habitantes de los pueblos y aldeas, por ellos construidos o usados, en su vida primitiva e independiente de la moderna industria o fabricación.

2º. Recoger todo, absolutamente todo, lo que constituye el material folklórico, o sea el saber propio del pueblo, no lo que se sabe de él, sino lo que él sabe, tradiciones, leyendas, supersticiones y cuantas manifestaciones de su lenguaje, de su cultura, y de su pensamiento puedan ser expuestas oral o gráficamente.

3º. Recoger, ordenar y analizar las publicaciones desperdigadas sobre hechos etnográficos y datos folklóricos, en obras y revistas nacionales y extranjeras, de cualquier clase y condición que éstas sean, y principalmente en las históricas, geográficas y literarias.

4º. Formación desde el primer momento, de un doble registro, por objetos y materias, y por su distribución geográfica.

5º. Preparación y redacción de los cuestionarios para repartir por toda la provincia, "y todos los partidos judiciales limítrofes de la misma", en Vizcaya, Burgos, Palencia, León y Oviedo, pues ellos nos darán el interés real de cada zona, y el personal de los colaboradores que remitan objetos o contestaciones.

6º. Preparar viajes y excursiones, para la recogida directa de datos, fotografías, y a ser posible cinematrografía de los últimos restos de la vida popular montañesa.

Lo que supone una adaptación del plan de trabajo para un museo nacional, que expuso en el curso del Ateneo de Madrid en 1914.

Concluye el artículo recordando la "espléndida" recolección de objetos que se hizo en Cantabria con motivo de la exposición sobre el Traje Regional.

Por fin, el día 10 de noviembre, Elías Ortiz de la Torre, dedicado a su amigo Valentín Lavín del Noval, publica en el mismo periódico el artículo "El futuro museo etnográfico". Se trata de una denuncia del silencio de las autoridades y la pasividad de las personas interesadas en que este proyecto se lleve acabo:

A mí me consta, sin embargo, que todas ellas están animadas de las mejores intenciones; pero quizás hayan pensado, como yo pienso, que existiendo en Santander una Comisión de Bibliotecas y Museos municipales, en cuyo seno figuran personas de gran actividad y cultura, a dicha Comisión incumbe la iniciativa para la formación del referido Museo.

Anima a los folkloristas a que continúen con sus recolecciones, como la anteriormente mencionada, de romances de Maza y Cossío o la de refranes, formada por el abogado Buenaventura Rodríguez Parets. Anuncia la intención de la Sociedad Menéndez Pelayo y del Ateneo de Santander de "organizar concursos y establecer premios para estimular los estudios folklóricos". Alguno de los cuales fue ganado por autores a los que se ha hecho referencia en estas líneas.

En enero de 1930 comienza a publicarse "La revista de Santander". Esta revista tendrá una corta historia ya que dejó de publicarse en 1933 pero la calidad de sus contenidos la convierten en referencia obligada sesenta años después. La revista trató los temas etnográficos y folklóricos de la mano de autores, además de los ya citados, como Francisco González Camino y Aguirre, Manuel Llano o Tomás Maza Solano.

En los meses de julio y agosto de este mismo año Elías Ortiz de la Torre aborda de nuevo el asunto del museo en unos artículos que publica la revista bonaerense "Cantabria" -de igual nombre que la que nueve años antes publicó el artículo de Hoyos, pero de concepto totalmente distinto, aquélla era una revista semanal ilustrada que se publicaba en Santander, ésta otra es el boletín mensual del Centro Montañés de Buenos Aires- en los que con el título de "El Museo de Santander", detalla lo que a su juicio debería ser la estructura de un museo que se podía instalar en "la vecindad de la Biblioteca municipal y de la Biblioteca Menéndez y Pelayo" y que se dividiría en tres secciones: prehistoria, etnografía y arte moderno. Al hablar de la sección etnográfica dice:

Hace ya dos o tres años que se publicaron en los periódicos de Santander algunos artículos de don Miguel Artigas, de don Luis Hoyos Sáinz y del autor de estas líneas sobre la conveniencia de organizar urgentemente el Museo etnográfico de Santander. "Ahora o nunca" decía el señor Hoyos Sáinz, repitiendo palabras de un eminente folklorista. "Hoy todavía es tiempo (añadía yo); dentro de algunos años, cuando se empiece a sentir en Santander más punzante la curiosidad por esta clase de estudios, ya será tarde".

El reciente éxito de las jornadas montañesas en la Exposición de Barcelona ha venido a confirmar nuestros avisos sobre el interés que hoy despiertan las manifestaciones del arte popular y ha servido para desvanecer los pesimismos de los que pensaban que en nuestra región no hay nada típico ni nada interesante.

"El traje, el mobiliario, los aperos de labranza, los útiles, los atalajes, los cacharros, todo lo que fue creación del espíritu popular y que en otro tiempo sirvió para personalizar al pueblo montañés, debe ser recogido sin pérdida de tiempo y después de una cuidadosa selección pasar a la sala que don Leonardo Rucabado asignó para tal fin en su proyecto de Biblioteca y Museo Municipal. Y con la misma urgencia se debe completar la recopilación ya iniciada por algunos folkloristas, de todo el material folklórico regional". Esto decía yo en aquella ocasión; de entonces acá se ha dado un gran paso en lo que se refiere a la segunda parte del programa, es decir, en la recopilación del material folklórico, gracias al entusiasmo de los distinguidos folkloristas montañeses José María de Cossío, Tomás Maza, Manuel Llano y Sixto Córdova. Ahora es preciso completar nuestro archivo familiar con la formación metódica y científica de la sección etnográfica del Museo santanderino, para lo cual se encuentran materiales dispersos por la región y hombres de buena voluntad en la capital y en la provincia para recogerlos y seleccionarlos. Con esto basta, pues un Museo etnográfico, a imitación de los admirables que poseen Bilbao y San Sebastián, no requiere grandes desembolsos.

Al comenzar el año 1934 se crea en Santander el "Centro de estudios montañeses" cuya estructura se divide en diez secciones. Al frente de la etnografía y folklore está Maza Solano. Entre los propósitos del Centro está realizar "una labor seria y eficaz": quiere servir de elemento que proporcione unidad y perspectiva de conjunto a una serie de investigadores que trabajan aisladamente. Estos propósitos se cumplen, con más o menos acierto, a lo largo de sus más de sesenta años de historia. Comienza a publicar la revista Altamira que toma el relevo de La revista de Santander, desaparecida unos meses antes. Nacido como iniciativa privada de unos cuantos autores, a los seis años pasa a depender de la Diputación de Santander y posteriormente se incorpora al Consejo Superior de Investigaciones Científicas, lo que garantiza su continuidad.

Pero las instituciones regionales y locales siguieron sin considerar merecedora de un museo la etnografía de esta región y lo que aquellos autores consideraron de "urgente necesidad", no lo fue para las autoridades ya que habrían de pasar más de treinta años para que la creación de un museo etnográfico fuese una realidad. En 1966 la Diputación provincial de Santander, siendo su presidente don Pedro de Escalante, crea el Museo Etnográfico de Cantabria -Casa de Velarde, donde, en extraña simbiosis, se intenta compaginar una visión etnográfica de la provincia con una colección de relicarios del héroe del 2 de mayo. El cambio en la dirección del museo ha supuesto un cambio en la filosofía del mismo y está ganando espacio la presencia del material etnográfico.