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EL MITO DE DON JUAN

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 200.

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I
Una excelente representación del "Don Giovanni" mozartiano como despedida de muchos años de mantener el fuego lírico en la capital de España por el Teatro de la Zarzuela con algunos espectáculos de primerísima categoría, dentro de un buen nivel global, el recuerdo del Centenario de José Zorrilla y la publicación de un libro sobre el escritor vallisoletano debido a la pluma de Jorge Guillén, son puntos de partida para la reflexión sobre el mito. Cientos de obras se han ido sucediendo desde el personaje creado por Tirso de Molina en "El burlador de Sevilla" en la novela, el teatro, la ópera, la danza, el poema... Ha traspasado el personaje todos los niveles de conocimiento, desde la mayor profundidad a la más simple referencia inmediata... Se han publicado ensayos, múltiples trabajos sobre este personaje y su circunstancia. Es, como Don Quijote y Fausto, el signo más importante de la universalidad que parte de la concreción. Don Juan, el Burlador, plantea el tema de las relaciones hombre-mujer, de la monogamia o la poligamia, de la moral judeo cristiana y de la subversión casi apriorística y se fragmenta en multitud de temas aislados, cuya integración casi imposible hace aún más rico el personaje, y "a los otros" que se relacionan con él.

Quizás donde se encuentre la esencialidad del Don Juan que actúa en Sevilla es en la ópera mozartiana desde el espléndido libreto de Leonardo Da Ponte. Si "Don Juan Tenorio" con la musicalidad de sus versos y su final feliz (eso sí, con arrepentimiento en el último instante) ya anunciado por el personaje en sus intentos de cambiar de vida casándose con Doña Inés y dispuesto a la penitencia para redimir sus calaveradas, es popular en España, fuera de nuestras fronteras prácticamente no existe y cada país adopta sus Donjuanes peculiares. En Francia, el de Moliere, por ejemplo. La ópera de Da Ponte-Mozart es la que asume la universalidad por razones obvias. En principio porque al ser un drama en música su lenguaje llega a todos. Después, por la milagrosa calidad como obra global. Posiblemente se trate de una de las piezas más misteriosas de la historia de la ópera, a la que se han enfrentado los mejores directores musicales, los grandes directores de escena, todos los cantantes que han podido incorporar esos personajes tan difíciles tanto en la caracterización psicológica, como en la propia línea vocal.

Así, el mito de "Don Giovanni" ("Don Juan") se ha hecho eterno. En España, que ha ignorado, salvo algún montaje aislado la pieza madre de Tirso, el Tenorio zorrillesco ha contactado con el público de tal forma que ha llegado a saberse de memoria alguno de sus versos. "¿No es verdad, ángel de amor, que en esta apartada orilla más pura la luna brilla y se respira mejor?" y que acude una y otra vez a representaciones de desigual calidad. En el Tenorio no hay problemas: contraposición del amor carnal al amor puro. Necesidad del arrepentimiento para la salvación. Total ortodoxia sin que este Don Juan ofrezca aspectos de rebelión. En el mundo es Mozart el testimonio. Furtwangler, Klemperer, Giulini, Drips, Mitropoulos, Walter, Busch, Karajan... han dirigido esta obra maestra, como hoy los jóvenes y no tan jóvenes, Baremboin, Abbado, Mutti, Harnoncourt, Haitink, Ros Marbá, Ratle y un etc. muy largo. Como directores de escena todas las figuras: Strehler, Ronconi, Langhoffi, Chereau, Sellars, Bondy, Stein, Ponnelle, Deboray, Wagner y tantos otros se han enfrentado con esta obra misteriosa en todo tipo de opciones estéticas; clasicismo, búsqueda de Palladio, actualización de los más diversos lugares. Los vídeos de estos montajes se prestan a todo tipo de comparaciones y su visión resulta un apasionante discurso teatral y musical a la vez.

El mito es eterno porque sobrevive en cada representación de la ópera, al mismo tenor que cuando un autor se aproxima al personaje y lo disecciona desde su particular discurso. El "donjuanismo" supone ya por sí mismo una categoría, y si Peter Sellars desarrolla su visión de la ópera mozartiana ambientándola en época presente y en el Harlem neoyorkino va más allá de un mero decorativismo escenográfico al significar que el personaje existe en un mundo contemporáneo que parecía haber roto todas las barreras en materia de sexo y violencia. El carácter de "Don Juan" sigue siendo emblemático y no se ha deslindado del todo. Una parte muy importante de sus características queda subordinada a la pregunta inicial ¿ángel o diablo? ¿ser libre e independiente de las convenciones sociales o corruptor insaciable con el único motor del placer orgásmico? No se han puesto de acuerdo ni los dramaturgos, ni los compositores, ni los directores de escena sobre la definición última del Don Juan. Así, a primera vista el de Zorrilla parece mucho más frívolo que el de Moliere o el de Da Ponte-Mozart. Mucho menos transcendente y también un poco, o un mucho, más cobarde. El arrepentimiento es una solución cómoda para Tenorio, mientras que Don Giovanni sigue manteniendo su negativa a reconocer sus errores cuando está a las mismas puertas del infierno y sujetado por la mano maldita de la Estatua del Comendador, que, de forma un tanto contradictoria, lo arrastra al abismo al tiempo que le ofrece ese punto salvífico de contricción que Don Giovanni no acepta.

¿Cómo es el Burlador? Cada uno dibújele como quiera. El Don Giovanni mozartiano es al tiempo cínico y patético, vulgar y refinado, truhán y señor. Los directores de escena lo caracterizan de forma muy diversa en cada uno de sus montajes. Para Strehler es un refinado aristócrata sin demasiados escrúpulos pero altamente valeroso. Para Langhoff una especie de facineroso dotado de un alto poder erótico, Deborah Warner incide en esta visión negativa (ambos en versiones actualizadas), Sellars es más neutral. Antonio Gades en la estupenda coreograña de aquel ballet de García Abril y Mañas, tan interesante y comprensivo de su época, lo transforma en un héroe frente a la opresión del ambiente, lo mismo que paradójicamente hacía Karajan en su versión de Salzburgo 1968, en la que el personaje, un apuesto Ghiaurov era aplastado por los componentes escenográficos del enorme espacio del Grosses Festpielhaus. Es neutral la visión de Peter Hall-Abulafia en este último montaje visto en Madrid quizá por las características físicas del intérprete. Pero en ningún caso carga las tintas contra él. Doña Elvira y el propio Leporello, no participan de la alegría general tras el castigo del disoluto libertino que, a fin de cuentas, en su proclamación de la libertad y el gozo de vivir se fija en el vino y las mujeres. En este último punto, según el famoso catálogo, no existen exigencias. Todas son dignas del "amor" del burlador, o al menos de ser poseídas por él. "Un reconocimiento a la obra divina", como dirá el cínico Barón Scarpia en la "Tosca" pucciniana. Don Giovanni como Casanova en la práctica, pensaba que el amor dirigido sólo a una mujer significa despreciar a todas las demás. Curiosa filosofía que la tradición judeocristiana rechaza de forma absoluta, aunque el Tenorio salve su alma en el último minuto de su existencia, tras un público y espectacular arrepentimiento.

II

"Don Giovanni", drama giocoso, denominación que lleva por la calle de la amargura a todos los directores de escena que se enfrentan con esta obra maestra, penetra en la raíz de los comportamientos humanos y consigue la universalidad para un personaje y lo que es más importante, para unas formas que se unen a un cierto aspecto, que pudiéramos, aunque impropiamente, clasificar como culto, del folklore español. Don Giovanni Don Juan será, en la pluma de Torrente Ballester, Max Fritsch o Milosz para citar unos pocos ejemplos, absolutamente sevillano. Da Ponte-Mozart hacen de la capital española el lugar en el que la peripecia del libertino y su castigo consiguiente, tiene lugar. Así el folklore se superpone a la realidad, como tantas veces y hace suyo un personaje, un acontecimiento, ligándolo a una determinada localización geográfica. Para los siglos de los siglos, Sevilla será la ciudad en la que Don Giovanni bajó en cuerpo mortal a los infiernos, proyección universal, o Don Juan Tenorio subió, también en cuerpo y alma mortal, a los cielos llevado de la mano de la angelical Doña Inés, de cuya muerte, por cierto, nada nos dice José Zorrilla.

El eterno femenino... o el "odore di femmina" que anuncia indefectiblemente la llegada de la presa. En Zorrilla, Doña Inés es un "ángel de amor"... y poco más. Su pureza virginal es un tanto inocua, aunque uno se pregunta sobre lo que hubiera pasado si el Tenorio se hubiera planteado su conquista desde otros parámetros... sólo cuando actrices como María Jesús Valdés la encarnaron pareció salir de esa imagen preestablecida para mostrar vitalidad, energía, carnalidad... No hay más, salvo una Madre Abadesa tan torpe como predeterminadamente autoritaria. En el "Don Giovanni" la mujer es fundamental. "El otro" como signo de conflicto diversificado en tres personajes, tan difíles de interpretar como de cantar. Tres voces de soprano que deben ser diferenciadas desde la caracterización psicológica y la línea vocal correspondiente. La acción dramática se bifurca y pasa de un personaje a otro, e incluso Leporello, el criado, (infinitamente más rico que el Ciutti de Zorrilla) Masetto, el rústico casi engañado, antes de casarse, Octavio, el fiel acompañante de Doña Ana, siempre sumiso a sus exigencias, tienen momentos, y no sólo en sus arias, en los que son los esenciales conductores del drama. Esta característica enriquece la obra y aumenta las dificultades de plasmación escénica, de tal forma que es lícito considerar que no existe una versión definitiva, y que cada creador tiene su "Don Giovanni" en ese ámbito abierto de una ópera que no ofrece todos sus secretos. El aspecto folklórico del mito, tiene que ser acompañado de una serie de toques teatrales para que pueda contactar con las pulsiones de cada ópera determinada desde la visión de los responsables -directores de orquesta y escena, cantantes, escenógrafos o figurinistas- de cada puesta en escena. La multiplicación de su interpretación hace de "Don Giovanni" una de esas obras que son testigos de muchas épocas, de plurales visiones estéticas y éticas... El mito se reconduce pues, no sólo desde la creatividad de los escritores sino también de la de los intérpretes de lo ya escrito... privilegio excepcional y que corresponde a un numen reducido de personajes... Fausto, Don Juan y Don Quijote, son especímenes universales, a los que podría añadirse Hamlet desde un punto de vista totalmente diferente.

III

Reflexión continuada sobre los mitos, los muy escasos mitos que no tienen su origen en la Tragedia Griega y que nacen de esa otra vía que son las tradiciones orales, los cuentos. Luego, alguien o alguienes lo plasmarán en obras de creación que lo centren, lo dibujen, le dan una vida concreta. De ahí el desarrollo polisémico de personajes y situaciones. El Don Juan es un ejemplo, si el mercedario Fray Gabriel Téllez le confirió vida literaria, sus desarrollos han sido impresionantes en número y plurales en la calidad. El Tenorio ha alumbrado parodias, una, por cierto, de tipo pornográfico en una edición de la que han aparecido ejemplares en las Ferias de libros viejos, estudios más o menos eruditos y películas sobre todo a partir del Centenario de Zorrilla y sus conmemoraciones muy alejadas de lo popular y del "Don Giovanni" de Mozart (o el "Don Juan" de Moliere) han hecho correr ríos de tinta. Los amantes de mitos y folklore diversos tienen mucho que agradecer a estos escritores y músicos que lo han transcendido. La protección de estas "obras de arte de la humanidad" está asegurada por los testimonios que pueden ser estudiados, completados o discutidos, sin que se haga necesaria la declaración de "patrimonio oral de la humanidad" como en el caso de la maravillosa Plaza Xemaa el Fnaa en la ciudad de Marrakech que, con todo acierto y generosidad, se están intentando proclamar.

Una isla de la oralidad, en medio de un apabullante conjunto de información para aquello que ha pasado de lo oral a lo fijado. Ediciones múltiples, libros, films, músicas, danzas, soportes en vídeo o en ese progresivo lenguaje que tiene en el ordenador y sus infinitas capacidades de expansión técnica la visión del futuro. Hoy podemos estudiar "Don Giovanni" desde variados vídeos que permiten captar, no sólo las aproximaciones musicales sino también las dramáticas, así como su confrontación con el espectáculo que se produce en directo, y en el que la emoción se homologa desde idénticas consideraciones que las que le dan vida en el espacio mágico de Marrakech. Curiosas aproximaciones que pueden propiciar un trabajo en profundidad sobre las tradiciones orales y sus sucesivas transformaciones, aspectos que hemos tocado lateralmente en algún artículo publicado en esta Revista que tanto ha hecho por conservar desde su pluralidad de artículos el testimonio del pueblo en sus signos lúdicos, religiosos, sociales o estéticos.

El mito y su perennidad. El de "Don Juan" ha llegado a crear conceptos e idioma. La palabra "donjuanismo" se incorpora al acervo popular y tilda a un tipo de cualquier ámbito social. Si el protagonista de Zorrilla, Moliere, Da Ponte-Mozart y demás es un caballero, la significación de su atracción devoradora por la mujer transciende a otros parámetros. Resulta significativa a este respecto la versión del "Don Giovanni" mozartiano de Peter Sellars al convertir al amo y al criado, cantantes de color y gemelos por más señas, en habitantes del submundo del Harlem newyorkino. Va más allá de lo anecdótico que el contexto global de la obra no se pierda y que los signos dramáticos musicales tengan plena y coherente riqueza. Lo popular y lo culto se integran pues, en el devenir de la ópera que reconstruye el mito desde sus específicos parámetros.

Así, a la hora de la verdad, el mito del "Don Juanismo" tendrá caracteres plurales, en sus vertientes estéticas, científicas, biológicas, eróticas... Si hasta hoy mismo surgen interpretaciones y desarrollos diferentes, en el futuro seguirán existiendo éstas y otras muchas... La historia de la cultura, el desarrollo de los conflictos de la humanidad se limitan, a la hora de la verdad, a cuatro o cinco motores: la lucha por el poder, el amor, la amistad... que, a su vez se bifurcan en poliédricas formas de expresión en la realidad de todos los tiempos y en la plasmación que se realiza por el folklore tradicional y por sus desarrollos artísticos o filosóficos. "Don Juan" y su perennidad se sitúa en este ámbito de reflexión continuada.

Los personajes que representan el mito en sus características universales serán Don Giovanni y su criado Leporello (dialéctica de la relación de poder entre servidor y amo) en la ambivalencia del libertino y su libertad proclamada o el doble de quien aspira a sucederle que le admira, más allá de sus críticas a ciertos aspectos de la conducta del señor, Doña Ana, la mujer víctima del engaño (aunque no siempre se considera así en las diferentes puestas en escena), Dª Elvira (la que se ha enamorado de Don Giovanni e intentará salvarlo hasta el último minuto), Zerlina, la muchacha de clase campesina a la que deslumbra el señorío del conquistador. El Comendador representará la venganza del poderoso capaz de subsistir más allá de la muerte, Masetto la ingeniosidad al tiempo práctica del campesino que conoce a su flamante esposa pero que comprende que hay que pasar un tupido velo y D. Octtavio, la fidelidad un poco tontorrona a Dª Ana, que pocos directores de escena han conseguido superar en el tratamiento teatral de esta obra maestra.

IV

Para el español medio, Don Juan será El Tenorio, y sus mujeres, la invisible Doña Ana de Pantoja y la ingenua novicia Dª Inés, que lo salvará en el último instante, diferencias esenciales, sobre todo si pensamos en el diferente final del drama. Don Giovanni admite la condenación por encima de la humillación. Don Juan se arrepiente con acierto pragmático. Las penas del infierno para uno, la salvación eterna para el otro. ¿A qué obedecerá que el personaje creado por Da Ponte y Mozart nos sea mucho más comprensivo y cercano? Quizá a que entre sus muchos defectos Don Giovanni no fue nunca sentimental ni lacrimógeno. Hasta el final intentó ser un hombre libre, aún forzando (o al menos así lo parece en algunos casos) la libertad de los demás. Castigado a las llamas eternas, vilipendiado en ese instante concertante de tal difícil comprensión en la época mozartiana, el genio del músico le convierte en un héroe, algo muy diferente de un santo. Así el mito se hace eterno, y las discusiones continúan sobre este personaje y su contexto. Mozart Da Ponte y quienes plasmaron el "donjuan" le han dado la luz definitiva para su eternidad.