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Lengua y tradición del Bierzo Algo. (I continuación)

ARIAS BARREDO, Anibal

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 201.

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1.2. LA MOZADA DE AÑO NUEVO

1.-Concepto

Se trata de una actividad exclusiva de los mozos, en la que las mozas participaban sólo a la hora de disfrutar del botín en una comilona, y de un baile que se prolongaba hasta altas horas de la noche. La mozada se celebraba el día de Año Nuevo.

En esencia, consistía en lo siguiente: Se juntaban los mozos, y hacían un recorrido alrededor de todo el pueblo pidiendo de puerta en puerta la voluntad de cada familia. Los donativos recibidos se iban depositando en un carrito de manufactura casera, que llevaban "a modo de escarnio con uno, dos o tres burros". El arriero que cuidaba del carrito, siempre era un mozo que disfrutaba de gran popularidad y de un carácter extrovertido, frecuentemente alegre y guasón, “botarate” definirá ML al de este año sobre el que nos encontramos escribiendo. En efecto, de esta guisa eran los dos que participaron en estas mozadas de este pueblo. Para mí, es una satisfacción poder decir que tuve el gusto de conocer a ambos. De mi tío Lasho pude disfrutar algunas carnavaladas posteriores, al estilo de las mozadas que se describen. jHabía que verlo “arar» el pavimento encementado de las calles y de la “prazuela» con un aradín romano arrastrado por un burro!

El final de la mozada siempre era el mismo: consumición de los donativos recibidos, cosa que se llevaba a cabo en una fiesta organizada al caso, con baile hasta las tantas de la noche o de la madrugada.

Algunas de estas cuestaciones procesionales se siguieron desarrollando por tradición en el pueblo hasta la década de los ochenta. Pero de ninguna manera se podrían calificar de otra manera que “rapazadas”. Las hacían los muchachitos y, lo que es más importante, sin la conciencia de ese cordón umbilical que les podría unir a la tradición. Pienso, sin embargo, que, aunque inconsciente, había allí un incuestionable hilo de tradición.

La esencia de la mozada se materializaba de muy diversas maneras, según el carácter y la manera de ser del “animador” o arriero que, en todo caso, se convertía en alma de la celebración.

La cuestación en sí era un hábito muy arraigado en el pueblo de Quintana de Fuseros, aparte del caso de las mozadas. Se ejercía por otros motivos de carácter muy diferente. Por ejemplo, para lucrar ofrendas y bienes materiales de los devotos del señor o de algunos de los Santos, (entre los que cabe mencionar de manera especial a San Roque y a San Antonio), con el objeto de subvenir a las necesidades de la iglesia bajo esas advocaciones. El fruto de la recolección era objeto de subasta pública, y el producto resultante de la misma se destinaba al mantenimiento del culto de la devoción objeto de la misma.

Fuera del ámbito religioso, se pedía también de puerta en puerta, en calidad de recompensa por la captura de algún animal considerado dañino para los ganados y las cosechas (sobre todo zorros y lobos, que tantos destrozos causaban en gallineros y rebaños). Cada vez que alguien capturaba una alimaña, iba pidiendo con ella por todo el pueblo, exponiéndola como un trofeo para motivar la generosidad de los vecinos. Cuando ya estaba muerta, se exponía su piel.

Volviendo al eje de nuestro tema, advertiré que aquí se van a tratar dos mozadas concretas: una que nos describe mi tío Manuel Ortega, más conocido como el tiu lashu (1), y la otra, fruto de información de Miguel López, alias Miguel de Manolo, participantes ambos en los acontecimientos, aunque de diferente manera: protagonista el primero y testigo ocular, en ambos casos, el segundo.

2. La mozada del tiu Lasho

De esencia paródica, esta mozada forma parte de la trilogía de Navidad de 1922. Hiperboliza, ridiculizándola, la figura del típico “cacharrero” o cacharreiru “cuando allegaba al pueblu”, con su carro de mula cargado de ollas, pucheros, barrilas, cazuelas, jarros y tarteras de barro y de “perigüela”.

Así nos lo contó el propio arriero de turno (año 1922):

“Nusoutrus íbamus vestidus de blancu y una faja encarnada puraquí [por la cintura]... Porque you fui cun lus burrus alredó del pueblu, ontavía nuna palabra amentí [mencioné] a tou abuelu Dutinu. Y llevabai un'arriata, pu el pueblu arriba, y staba'l cunceju (2), qu'era pul Añu Nuevu y, entonces claru, you pedí permisu al Presidente, qu'era este Franciscu del Pemientu. Y yo iba cun unus seis u siete burrus ataus cumu lu cacharreru cuandu venía puraquí nel carru ¿Cumprendes? Y allí le pedí permisu pa ve si me dejaba allegá al pueblu, qu'era'l diá l'Añu Nuevu (3). Iban lus mozus todus y... llevábamus el carru cum'ahora estu de la mula de Ferreiru (4). Y allí íbamus pediendu... y nus daban churizus y güevus, jamón, en fin, íbamos llenandu'l carru... ¡Si tuvimus pa cuatru días! ¡Cum'est'era muzada! (5). ..Hacimus la cumida onde stá Cabezu ahora”.

“Pedí permisu, y claru me lu dio. Entón le di las gracias, di la vuelta y outra ve pabaju, y lus mozus cantandu detrás”.

En la mozada referida por ML encontraremos algunas muestras de cantos proporcionados por el mismo ML y por Mariano Alvarez Arias, ya que mi tío Lasho no supo darme ninguno. Cantos de éstos, de mozadas y de rondas nos encontraremos con ellos en sucesivas publicaciones en las que aparecen otros géneros de tradiciones.

Una vez otorgado el permiso por el señor alcalde, MO recita para el público presente un pequeño parlamento sarcástico, que resulta un juego ideológico con la cronología del tiempo de las cosechas, que distorsiona deliberadamente de la forma más escandalosa. Por ejemplo, el hecho de colocar la cosecha de la paja en diciembre, cuando en realidad es una faena propia de los meses calurosos de julio y primera quincena de agosto. Juega además con la estima que le merecen sus pobres animales, a los que valora por debajo de la paja ya medio podrida, (paja sarnienta nos dirá ML) que les da como pienso. El buen hombre no siente la pérdida de su reata; le duele la paja que le ha comida porque, según él mismo nos explicó, había tenido mala temporada, es decir, además del mal año de cosecha, el tiempo que hacía (nevaba ese primero de enero en que él hacía la representación) tampoco le permitía tener una buena “cosecha”. Y ¡con justa razón! no sentía la pérdida de los animales (cuyo estado físico era bastante precario), sino la de la paja, aunque ésta se encontraba en un estado deplorable. Al fin y al cabo, la condición física de aquéllos no merecía ni siquiera consumir tan “suculento” pienso.

Recita:

Hay venidu cun mi riata / He venido con mi reata
Nu sientu perdela, / No siento perderla
que sientu la paja, / que siento la paja,
purqu'hay teníu / porque he tenido
muy mala tempurada. / muy mala temporada.

Un burru lu tenía ciegu,
outru coju.
El que estaba ciegu,
se nu lu crees,
preguntá a Dutinu (6) / preguntad a Dictino
a ver se nu es ciertu.

“¡Unas risas na igresia...!”, comenta él mismo.

You he andadu cun mis riatas
nu sientu perdelas;
sien tu la paja.

Las escenas burlescas se sucedían a intervalos, como intentar darles el pienso (la paja podrida) a los burros y abrevarlos con agua dentro de un caldero roto, cuando la mayor parte del recorrido la tenían que hacer caminando por un canal, “’l rigueiru”, seguramente de origen romano, que fluye por el medio del pueblo como arteria vertebral de regadío para los huertos, corradas y una buena extensión de fincas situadas a continuación del núcleo urbano. De ahí el sarcasmo de la explicación que sigue:

“Cuando alleguei a casa cunellus, todus se me escangarrisharum ¡Buenas ganas tenían lus burrus d'agua! ¡Venían andandu pul rigueiru!

3. La mozada del tiu Sherra (7)

Aunque reconstruida en segundo lugar, cronológicamente se desarrolló algunos años antes. Y eso se deduce con facilidad de las edades que presentan los protagonistas: el tiu Sherra podía ser el padre del tiu Lasho.

Tomaremos la descripción, del material que nos proporciona la entrevista tenida con don ML.

En esencia, consistió en lo mismo: un desfile alrededor del pueblo con la consabida reata de burros, un arriero sui generis (magistralmente descrito por nuestro amigo ML) llamado Angel Sierra, 'l tiu Sherra, uno de los herreros de aquel momento.

La diferencia esencial y digna de notar, entre ambas mozadas, radica en la organización: en esta mozada, un grupo de niños representaban un entretenimiento que consistía en un juego de manos sincronizado bajo un ritmo marcial. Además, en este caso, tenemos la suerte de haber recuperado algunas de las coplillas que entonaban los mozos. A través de los comentarios de los informantes ML y MAA, es posible acceder a contenidos sociosemánticos de gran interés costumbrista. La descripción la tomaré literal o casi literalmente de nuestro informante ML, que me lo contó en estos términos:

“Lus mozus y las mozas cuando pedían era el día de Año Nuevo -eso on lo hice yo con otros cuando erai chaval algu mayorico ya”. Continúa diciendo que se hacía un carrito, y lo llevaban como escarnio, con uno, dos o tres burros... ”Nus entrenó el tio Steban Fernández, “La Cabra”. Los mozos mayores iban cantando, y los chavales de esa edad íbamos con una vestimenta lo mismo que militarizada, y tocábamos unos timbales que i llamaban (8), que nu era nada: llevábamus cada uno dos palitos, dos tablillas, una'n cada mano; íbamos así, caralante. Al hacer parada se revolvían de dos en dos -ya íbamos preparados así, el d'alante cara al d'atrás- y tocábamos [de la siguiente manera]: yo tocaba en la tablilla que el otro llevaba en su mano izquierda; a su vez él tocaba en la tablilla que yo llevaba en mi mano izquierda con la qu'él sostenía en su derecha. Lo hacíamos de maravilla todos al mismo golpe, como los militares cuando mandan el paso. ¡Le llamaba más la atención al público!... Los mozos, que tenían tres años más que yo, cantaban a las mujeres cuando llegaban a la casa de cada una. Cantábanles:

Soba, soba la señora...

Acuérdume del ton que cantaban y todo

(Canta):

Soba soba la señora, / Suba, suba la señora
soba soba’l tocinero: / suba, suba al tocinero
parta muchu, parta poco, / parta mucho, parta poco, pártanus un buen turreno. / pártanos un buen torrezno

“A las que le daban, cantábanl'un cantar, y s'alguna nu le daba, cantábanle otro”. “...peru dispués un arrieru era el que iba cuidando del carro aquel pa ond'echaban los donativos; iba vestido de maragatu, de muragato, cununas bragas y esu,... Aquella vé que fui yo era La Shierra, Angel La Shierra (9) ¡Y según era de botarate! -”¡Sho!, ¡sho!, al burro. ¡Sho! ¡Arre burro!”. Cogía un caldero que llevaba colgado del carro y decía: “Hay que dayes algu a lus burrus que tienen hambre, “que tien fame”, decía él. Y dábales paja sarnienta d'esa d'un techo (10)..., únicamente p'abonu. Y diba y dábales un puñau..., peru ¡claru! ¡cúmu la iban a cumer! [Decía]: “Peru ¡shandiós!, ¿tienes shede? ¿Nu la comesh? ¿Es que tienesh shede?”. Y cugía el caldeiru; a la presa; y diba a dal'agua cunu caldeiru. 'L caldeiru ya diba rotu... nu querían tampoucu l'agua. Y a cada cachu repetían esu... ¡Una risa...!¡Una juerga![…]

“Después de todo esto, hacían una cena, como un banquete. La hicieron nesa obra de mi hermano Domingo, qu'hora stá vacante. Yo ya estaba casado, y me llamaron también para eso...”.

Es evidente que el buen señor Miguel participó en más de una de estas celebraciones; pero no en ésta que venía describiendo, y que él mismo dice que tuvo que ser el año 1922, porque estaba recién casado, hecho que había ocurrido ese año 1922... Se entiende que la cena la hacían con las recaudaciones. Comenta ML que no se crea que daban tocino sólo, como se entona en la copla: “el tucinu decíanlu así... ¡churizus... Lenguanizas enteras... [...] Dependía de los chicos y chicas jóvenes que tuviera el que daba, que eso ya lo miraban también, y ya, a razón, ya daban [daban según eso, a razón de eso] .Nombraban dos mozas, o tres o cuatro para hacerlo. Doy fe de que una de las cocineras, en esa ocasión era Ana [la misma que nos ha servido de informante para el ramo de las mozas]. Las otras no m'acuerdo ¡Una juerga..., y baile! Hasta pula mañana. Pero deshonestidades y barbaridades, com'hora s'hacen barbaridades, ¡d'esu nada! [...] Baile de pandereta... Refiriéndose a la tia Ana dice que era una tocadora de pandereta de primera... tucadoras de pandereta eran ella y Natalia, cuandu yo me casé”.

Informaciones de estos acontecimientos las encontramos abundantes. Pero, por el momento, consideramos oportuno dejarlas para mejor momento. Algún día, Dios mediante, podremos sacar a luz anécdotas de gran interés etnológico y costumbrista. Pero, por ahora me doy por satisfecho presentando, en forma coherente, esta trilogía del Ciclo de Navidad, magistralmente urdida por los míos, que se celebró en Quintana de Fuseros, mi pueblo natal.

1.3. EL RAMO DE LOS MOZOS

1. El tema religioso de la Adoración de los Reyes como pretexto

Descripción general.-Se trata de una representación del pasaje bíblico que reza Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venían de Oriente se presentaron en Jerusalén diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Pues vimos su estrella en el Oriente y hemos venido a adorarle...(Mt. 2, 1-12).

En memoria de estos tres personajes consagrados por la tradición, en el pueblo de Quintana de Fuseros se propusieron escenificar lo más realmente posible tal acontecimiento, llevando a la realidad una adoración viviente: tres reyes en sendos caballos, ataviados en traje oriental (cual convenía a reyes), se acercan a la iglesia, calle arriba, se produce el encuentro con Herodes, hay la adoración al Niño, y huyen escondidos de la mirada del rey cruel. No faltó la presencia de la estrella orientadora, que los actores quisieron encarnar en una vela, que aparece y desaparece conforme lo exige cada circunstancia.

Aliado de este motivo religioso, sin embargo, se mezcla una temática carnavalesca, que forma parte de lo grotesco, elemento que, por consejo del sacerdote, se celebra fuera de la iglesia. Es la parte que se conoce con el nombre de “disputas”. Sin embargo, lo más suave de lo profano, que son los “dichos” no por eso deja de salpicar también el desarrollo del motivo religioso en toda su trayectoria.

Aunque sólo sea en letra pequeña, me parece oportuno brindar la visión personal de los informantes lo más ajustadamente posible a su versión literal. En parte como un testimonio de reconocimiento a estas dos personas que fueron tan amables y cariñosas conmigo, y en parte, porque en unas pinceladas rápidas, nos trazan una estampa muy precisa tanto de los personajes como de la acción y el escenario.

Entre “lus muzus y las mozas de entonces -nos decía Miguel López- hablábase siempre que lu qu'hacían antes: que [ahora] nu s'hace nada y que qué séi yo”. Y entonces se les ocurrió a los mozos hacer como que ir a cantar, una especie de comedia. Y lo hicieron allí en la iglesia. Aunque no fue cantado, hicieron La Adoración de los magos. Tu padre era uno de los que lo ideaban. Mi hermano Domingo estaba de Rey Herodes. Estaba junto al altar de San Pedro. Hicieron como una especie de confesionario, con la ropita nada más, y eso, para echar l'alto a los Reyes Magos, como ocurrió cuando Herodes. Y llevaban una vela que era la que los conducía. La llevó uno desde el altar. Según llegaron a junto a la pila del bautismo, ya se les presentó la vela [la estrella] delante. Y había una calle repleta de público. Ellos iban siguiendo la vela. Al llegar allí -que uno era Andrés el de Ana, y no sei quiénes eran otrus dos- [añado yo la información recibida de mi padre, en el sentido de que eran él mismo “y el tiu Domingo, 'l Coju Manolu]. Iban subiendu muy poucu a poucu. Al llegar [al medio de la iglesia, en donde estaba la especie de celdilla hecha de paños], salió del apusento aquél [el rey Herodes] vestido con una mitra cumu d'un obispo, hecha de papel...”.

La información anterior nos la completa Ana en un texto que, por su importancia, no querría suprimir por nada. Dice:

[Los mozos] punían unas curdelas. Que tenían que sé nuevas. Las curdelas cun velas todo alredó de la iglesia, [se entiende que por la parte de dentro] y dos illina nu coru (11)... Guiábanse pu la 'strella ¿Tú crees que nu sabían l'us d'antes, hiju, onque nu sabían lier ni escribiri? ¡Oy; madre mía, qué cencia, qué cabezas tenían! Tenían, monu. Y ellus pu lu qu'habían vistu. Esu, antes, a lus antepasaus, que lumás ellus..., nu tenían ni estu (12), ni tenían nada. Ni un reló de bulsillu. Y 'l miu Andrés fuei'l de lus mozus, ya te lu diji outra ve. Pus hora nu se m'acuerda. “Pedienun unus caballus, lus mujores caballus qu'había nu pueblu; y lus stribus y todu. Y pu la calle del siñor cura arriba...'L miou Andrés'l primeru, 'l primeru. Cuandu, toda la gente de Cabanillas, de Sanjustu, de Bueza, d'lgüeña... Toda la que pudu... Ya ves, qu'estuvu buen día: igual pa lus mozus que pa las mujeres. ¡Estaba, qu'aquellu metiá miedu! Cuandu, buenu, venían cunus caballus: unu era Usebiu, Eusebiu, l'harmanu de Cabezu, unu que se casau cun Benedita de Paniciu; y otru'l miu Andrés; outru nu sei s'era l'Angelón [ya queda dicho, y lo aclaramos ahora que era Quico Furriel]...”Vinienun pur illí'nbaju, pu la calle'l cura, pur onde yis mandonun. You qué sei ónde s'entamonun (13). Entamaríanse pur illí, hacia en ca de l'Angelón u d'Usebio, que viviá la tia Baltasara illí arriba. Pur illí, bobu, you qué sei.

...y muy preparaus, cununa scupeta, cunun fusil, ¡you qué sei qu'era! [coincidencia con FA], ¡Home, cumu tus suldaus ond'estaban! (14)”.

2. Estructura de la representación

Dado el interés que reviste este ramo, y lo especial de su concepción estructural, he creído conveniente adelantar la forma de organización antes de meterme en el desarrollo de cada una de las partes. El esquema que presenta es el siguiente:

2.1. Recorrido hasta el portal: la estrella.

1) Recorrido: De Oriente a Belén pasando por Jerusalén. Es decir, por las calles del pueblo hasta la iglesia.

2) Recorrido hasta el portal. O sea, el recorrido ya dentro de la iglesia.

a) en presencia de Herodes.
b) adoración al Mesías prometido
c) ofrecimientos y dichos:
-San Antonio Bendito
-Mandas
–Herrero

3) Celebración de la santa misa.

2.2. Las disputas, fuera de la iglesia.

1) El diputado Lasho busca criado.
2) Ruchil y las llobas lliebres.

2.1. Recorrido hasta el portal: La estrella.

1) La llegada a Jerusalén. Tres jinetes, ataviados de soldados orientales, en sendos caballos, suben por la Calle El Cura (hoy C/. Quemada) hacia la iglesia.

“Vinienun, dice ANA, pur illí'mbaju (15), pu la calle'l cura, pur onde yis (16) mandonun.

Al llegar, Andrés Alvarez Arias, que venía delante, golpea la puerta, que se encontraba cerrada, y se franquea la entrada. Aquella noche brillaba la luna. Ana describe el acontecimiento en pocas palabras:

“...'l primeru Andrés. Tucou de la puerta. Staba cerrada. Y n'había luces cum'ahora. ¡Gracias qu'habiá luna, un buen día... Se no...”.

El apuesto caballero-Rey-Mago inquiere:

-¿Es aquí l'establu de Belén?

Al oír una voz afirmativa, se apearon los Magos, y se produce la entrada en la iglesia y el encuentro con Herodes. Otra vez tomamos la palabra de Ana:

“Diju l'outru que sí. Y pués l'outru nu sei qué diju. Y bajónunse. Y agarran lus caballus, y vuélvenlus a llevar... Llevaríanlus u you qué sei. Llevónunlus cada unu pa sua casa, pa onde staban”.

2) Recorrido hasta el portal:

a) Encuentro con Herodes

ML describe un cortejo, encabezado por los reyes Magos que avanzaban lentamente iglesia arriba, guiados por la estrella (una vela encendida). Al llegar junto al altar de San Pedro, que se halla en uno de los laterales, sale de una especie de tienda o confesionario un mozo (el rey Herodes), “vestido con una mitra cumu d'un ubispo, hecha de papel...” (ML), y les echa el alto en estos términos:

HERODES

Altu ¿Quién pasa por mis estados?
¿Es gente de mal vivir
u reyes u potestados?

MAGO

You soy un rey del Uriente
y lus que vienen cumigu (17),
vamus a ufrecé lus dones
al Mesías prumetidu.

“You estaba illí, yaún uyíamus (18) poucu lus de cerca”, comenta Ana, aludiendo al tono de voz casi imperceptible del actor.

HERODES

-Nu'ntiendu lu que me dices
del Mesías prumetidu.
¿Es algún testaferre
u tien algún puderíu?
Pasen, pasen, [lus siñores

“Ya lu dejou pasare...”

Versos completados por mí con material tomado de los informantes.

y seyan muy bien venidus;
de qu'alleguedes a El,
vulvéi a cuntar cunmigu
pa que you tamién lu adore
al Mesías prumetidu].

b. Licencia y adoración.

ML dicen que pasaron y llegaron al altar conducidos nuevamente por la vela. Tenían allí el Niño, porque entonces no había Nacimiento y dieron una especie de concierto. O sea, que cantaron algún villancico. Ana, en cambio, con mayor lógica por cierto, dice que pasó el que discutió con Herodes “a pedí la licencia”: “Ya fuei y you nu sei qué y'diju (19) al siñor cura... Esu nu l'aprendí. Tous y'emburriaban (20). Nu sé, queridu. Nu sei”. Los demás se quedan esperando la licencia. El emisario, una vez otorgada ésta, se la comunicó, y entonaron un canto coral de voces masculinas: “Cunque, buenu -dice ella-, ya staban lus mozus tous preparaus, ya cantonun. Ya'mpezonun ¡Lus mozus! ¡Una voz...! !Daba gustu!”.

Villancico 1.

(ANA canta, con voz grave, tratando de ser muy solemne):

Eso de la media noche
cuando canta el gallo negro,
también los ángeles cantan
que ha nacido el Rey del cielo.

[y tamién en dos filas]

En testimonio de ANA, “esus nu cantonun cumu nusotras que canteimus tres sones... Ellus namás ese”. Se explica que lo hicieran así con el fin de no hacer excesivamente largo el acto de adoración, porque todavía quedaban los dichos, la misa y las disputas. Pero parece que hubo otro villancico, que, en efecto nos da AM. No nos lo canta, porque no se acordaba del “ton”; así que nos lo recitó. En palabras suyas: “Cantábamuslu nusotrus. El ton ¡Yo qué sé! D'aquella, pus sí[que lu sabía]...”. De todos modos, la melodía se encuentra en la información de ML.

Villancico 2.

Ya vienen lus Angelines
a adorar al Niño Dios;
ya van entrando en Belén
cantando de dos en dos
las divinas alabanzas
debidas al Redentor
que por redimir al hombre
vino al mundo por su amor.

Vino con tanta pobreza
el Divino Salvador
que no tuvo una mantilla
con la que darse calor.

En el portal de Belén
y ciudad de Galilea
onde la Virgen parió
una relumbrante estrella.

Por allí pasó San Juan,
la bendita Madalena
-¿Cómo está Virgen parida,
como está Virqen doncella?

-Yo bien estoy. San José
no deja de tener pena,
sin tener ond'envolver
nu siendu una poca yerba.

La burra bien se la come,
el buey bien se la allega.
¡Maldita seas tú, mula,

que de ti n'hay de pruvechu!
¡Bendita seas tú, vaca,
cad'añu cun un becerru!
¡Maldita sea la mula
y la tierra que posea!

Irás al monte Calvario
y hallarás la escalera
y hallarás el crucifiju
que dirá desta manera:
Aquí murió Jesucristu
Rey de los cielus y tierra.
No murió por sus pecados,
que por los nuestros muriera
para alcanzarnos la gloria
y darnos la gloria eterna.

2) c. Ofrecimientos y dichos.

Eran recitados una vez terminado el acto de adoración.

Los “dichos” que incluyo aquí, es claro que son piezas ya tradicionales, según los testimonios de AB y de ML, y, sin duda, recreadas nuevamente para esta ocasión. Para mayor fidelidad con los informantes, incluiré las dos versiones recibidas del primero de ellos.

Dicho 1. Versión de ML

Esta pieza, entre los “dichos” y las “disputas”, es “una especie de comedia” que formó parte de una representación hecha aproximadamente entre 1906 y 1912, según el testimonio del propio ML. Se le da cabida dentro de la representación de 1922, sólo para que no quede suelto y descontextualizado, puesto que, dada la edad de uno de los protagonistas, el tiu Gusheiru y el testimonio de AB, no parecen justificar del todo su pertenencia aquí.

MOZO 1

-Oh, benditu San Adrián
qu'estades naques'altar
deparáime buena moza,
que you me quieru casar.

(el mismu):

Detrás de la pila hay una
que dicen qu'es quinquillera;
salga que la quieru ver
para casame cunella.

MOZO 2. (Sale de detrás de la pila del bautismo, que se encontraba al fondo de la iglesia, a la izquierda de la entrada. Según ML: “Entonces saliou lotru, questaba detrás de la pila-l-bautismu. En vez d'una moza era un mozu, peru vestidu así de mujer. Era mi cuñau Manuel. Traía un pañuelu puestu na cabeza, de seda -¡Pé que lu veu! (21 )'ncarnau, puestu en la cabeza como lo ponían entonces las mujeres. Cun un rudau, cun un cestu metíu nu brazu. Dallí sacou dos trozos de madera cuadrados como dos paneles de jabón. Al salir diju él:

-El que quiera gubernar / -Si alguien quiere arreglar barriñones y murterus / barreñones y morteros
aquí va un parafuseirus. / [sepa que] aquí va un reparahusos.

Comenta ML que la aparición del MOZO 2 cobra el sentido de parodia de la aparición de reparadores y vendedores ambulantes, parafuseirus, llamados más comúnmente quinquilleirus, que eran tratados con cierto desprecio. A esta actitud, ellos respondían con cantos, 'y hacían chistes cumu mediu de despreciu”. Entre esos quinquileirus era conocido uno llamado el tiu Blas. “M'acuerdu you, dice ML, cuandu venía el tiu Blas, y cantaba ¡tamién el pobre!:

-Las cintas y los gordones
varatus vos lus voy a dar:
a las mucicas a cuartu
y a lus mucicus a rial
purque tienen mujor bolsa
y puédenlus mujor pagar.

Versión de AB.

De este dicho recogía alguna variante como la referida por mi madre Avelina Barredo, que dice haberla aprendido, a su vez, de su madre María, mi abuela, la “tia Patona”, cuando aquélla era moza. Por la edad de la abuela Patona, resulta poco menos que imposible colocar esta pieza en 1922, a no ser que, como parece lo más probable, se volviera a recitar en el ramo de este año según se conservaba en la tradición. Mamá, nacida el 30 de marzo de 1906, comenta que “esu me lo cuntaba mi madre. Era cuando ella era moza, era joven. Había veces qu'estábamus juntos cumahora (22) y nus cuntaba las frases anteriores, nus cuntaba las vidas de antes”.

“El tio Gusheiru llevó -nos dice-

¡Oh! San Antonio Bendito
que estades n'aquel altar
repárame buena moza
que yo me quiero casar.

Atrás de la pila hay una,
quieru casarme cunella
que dicen qu'es buen moza
y d'uficio quenquillera.

Dicho 2. La “manda” del abuelo a la abuela.

La esencia de la creación de esta pieza radica en la ironía. Consiste ésta en que los bienes mandados (la “güerta”, la casa y el “payar”), que en sí mismos serían una dote estimadísima para aquel entonces, son de naturaleza tan irreal como extravagante: la huerta es un monte escarpado y de cascajos, del que no que se puede sacar nada; una casa con tres pisos tal como se pinta en el texto, pensable en aquellas circunstancias, aunque con cierta dificultad, tenía, sin embargo pocas probabilidades dada la imposibilidad de la huerta para producir tales cosechas; y el pajar, en lugar de tratarse de una construcción donde proteger el acopio de heno, de paja y de otoño, lo coloca el donante en un espacio abierto de la sierra que cubriría una superficie aproximada de unos 20 Km2.

ML asegura que esta manda fue incluida en el ramo, aunque resultó ser verdadera en la vida real. Verdadero, claro está, el hecho de la manda, no los bienes mandados: parece que en tiempos de los abuelos era costumbre que el pretendiente hiciera una manda a la pretendida. De ahí que el abuelo Miguel compusiera (o adaptara) la referida manda irónica para recitarla en una celebración de un ramo, que el informante fija a comienzos del s. XIX. El razonamiento es claro. Puesto que para 1852 ya su abuelo había hecho el altar de la iglesia del pueblo, el informante sitúa esta disputa, con muy buen criterio, hacia el 1820. Y dado que la manda no era original, habrá que retrotraerla, al menos otra generación, que nos situaría en los albores de 1800. Comenta que “esu lu decían como cosa de juerga, chascarrillo más bien”, cuando iban a cantar. “Iban los mozos, y iban las mozas: dos bandos”.

Podría muy bien considerarse una “disputa” similar a las que encontramos en otros pueblos: disputa de tema amoroso.

Salía uno del bando de los mozos y dicía:

EL -Aquí tengo you mia novia,
neste barrio tan decente;
pienso que m'ha dar el sí
naquesta hora presente.

“Entonces sale ella del otro bando, el de las mujeres:

ELLA -El sí te lo darei.
También te darei palabra;
peru cun la condición
que m'has facer una manda.

EL -Sí, querida amada prenda,
voy t'a mandar una güerta
desde el Altu-l-Sardunal
hasta la Chana Buyeza.

ELLA -Esa güerta que tú dices
téngula you bien mirada:
pur un lau pasa el riou,
y puloutru pasa l'agua.

Da la casualidad de que ni agua, ni río; riscos, encinas, urces y rebollas, es lo único que se encuentra allí.

EL -Tamién te voy mandar
una casa con tres pisos.
Nel del mediu mete el pan,
Nel d'ambaju mete el vinu.
Y tamién subes la fruta
de la güerta pal tresbán.

¿De dónde sacar el pan, el vino, la fruta y la hierba para llevarlos a la casa y al pajar, si la huerta no reúne las mínimas condiciones de producción?

-Tamién te mandu'n payar,
que tien buen descargadero
y nu lu escarban las gallinas:
de la sierra de Shibreiru
a la boca de Fuyinas.

Ya queda comentado lo extravagante de la superficie que ocupa.

EllA -Ese payar que tú dices
you nu y'atinu (23) la puerta.
¿Nu será una peña blanca
que relluce allí na Muela?

“Ya nu tengu más... u seguiría más y nu lu sei you”.

Dicho 3.

Un mozo del vecino pueblo de Noceda del Bierzo había venido a Quintana a aprender el oficio de herrero con el señor Angel Sierra, el tiu Sherra. El señor Andrés Castro, con la ayuda de mi suegro Isidro Segura y Leonisa (Lisa) hija de aquél, lo confirma como hecho verdadero. El texto ha sido reconstruido haciendo uso de la información que nos dieron los tres informantes anteriores, más la valiosa colaboración de Angel Molinero.

la reconstrucción definitiva es la siguiente:

Dispénseme lus señores
purque soy un forasteru
que he venido a Quintana
depredé l'uficiu herreru.

L'uficiu bien me gusta
per'es un pocu pesadu;
voy a stá cun don Rosendo
que me saque diputadu.

Que si salgu diputadu
pul partidu de Noceda,
prontu verán en Quintana
un ramal de carretera,
que vaya pur Rudamián

(estos topónimos designan lugares montañosos, por donde sólo pasaban las cabras).

y d'allí a la Peña l'Era
que baje puloutru lau
an ca Cristus de Nuceda.

(“Cristus era'l padre d'él, al parecer”(ML). Un señor de pueblo que tenía una cantina. El verdadero nombre era Rosendo, a quien más atrás hemos visto dignificado con el título de Don).

3) Celebración de la santa misa

A continuación de los dichos se celebró la misa: “La misa fuei dispués [de los dichos esos que había referido] (ANA). Coincide ML. Terminada ésta, salen (los que habían tenido la suerte de caber dentro) a reunirse con los que se habían quedado fuera, para proceder a las “disputas”, en la calle.

2.2. Las disputas. Fuera de la iglesia

Estas solían estar prohibidas dentro de las celebraciones religiosas por su componente carnavalesco, tanto en su temática como en la forma de expresarla. Los sacerdotes trataban de orientar a los fieles hacia el desdoblamiento del valor religioso y del profano, tratando por todos los medios que a dentro de la iglesia trajeran las menos “barbaridades” posibles. Los participantes del presente ramo aceptaron de buen talante celebrar las disputas fuera del recinto sagrado, porque, además, la concurrencia era de tales proporciones que desbordaba la capacidad física de la iglesia.

Disputa primera: Don Lashu'l diputadu

Se conforma semánticamente como una reyerta verbal. El protagonista, un mozo hospiciano, apodado lashu, que siempre había estado trabajando al servicio de familias con apreciables propiedades rurales. Este pobretón intenta dárselas de hombre importante. Su interlocutor, Usebiu (Eusebio), es otro mozo, de una familia más o menos bien acomodada. El amigo lasho intenta, por todos los medios, contratar los servicios de éste. El se defiende del embaucador en un contraataque verbal, echándole en cara su condición real de pobretón y farsante.

La pieza, sencilla de verdad, es un divertido entretenimiento, fruto del ingenio popular. Fue compuesto por un señor llamado Macías, de apodo o “remote” Macicarras, quien se encargó, además, de ensayárselo. Este fue el diálogo que sostuvimos con nuestro informante:

AA. ¿Quién se la ensayó?
LSH. Macicarras.
AA. ¿Sabe cómo se le ocurrió a él?
LSH. Ah! yo no sé. Y entre que l'he dicho a ver si nus podía sacar una desputa, you y Usebiu... Era hermanu de Pedru Cabezu, que se casou cun Benedicta la de Apariciu [...].

Se escenifica a las puertas de la iglesia inmediatamente después de la misa de reyes, en una noche excelente, que, según la señora Ana, era despejada, de luna llena. A decir de los informantes, ésta fue la primera de las dos disputas. El escenario, de unos 200x200 metros, cogía la intersección de la calle principal del pueblo con la perpendicular que bajaba por delante de la puerta de la iglesia hasta el fondo, conocida como Calle del Cura o Calle'l cura. Ambas estaban abarrotadas de gente del pueblo, más la de los colindantes. Los disputantes se hallaban separados unos 20 metros entre sí, de manera que era forzoso que hablaran poco menos que a gritos.

“Salimus pa fuera; y allí yo me puse junt'a la casa donde tiene Adolfo ahora...-purque teníamus que punemus uno d'un lau y'otro... a la hondada, qu'antes era un corral del Pemientu, y ahí se pusu Eusebio. Y tu padre junt'a la casa del campinteru, y el Coju... Primeru la disputa. Emprencipiemus nusotrus”.

“Entonces les dije, -claru! you teniai qu'emprencipiar'l primeru- ¡Y toda la gente...! (24). Había mucha gente furestera, todu. Esu hasta la casa qu'está cayida, de Cabezu, y hasta la casa de la Pilarica tou era llenu de gente; y hasta casa de Pullín.

Entón, cuandu alleguemus ahí, ya you tuve que vení pa este lau, p'aquí p'abaju. Teníai qu'emprencipiá you. Dio [dije]:...

L

-Atención pido, señores
tan sólo por un momento
para poder despertarles
mi lligada neste pueblu.

Póngase la gente
póngase bien alta;
y aquel que nu alcance
que ponga una banca.

La frase que condensa los dos últimos versos representa, al propio tiempo, una ironía hacia sí mismo (porque mi querido tío era de una estatura muy baja) y un consejo natural en tal circunstancia de aglomeramiento de gente.

Alligou tantu mi fortuna
que traigu muchu hacendadu,
(Es decir, “he conseguido una gran hacienda”)
y pa pudé atendelu
necesitu un buen criadu.
Me encontré cun una mujer
al hondo del pueblo
y mi ha dichu qu'era
Usebiu'l qu'está solu

El propio informante comenta: “Y era Usebiu, que tenía qu'ir de criau pa mí. Estaba solu, nesa casa qu'era de lus padres: la casa de Miguel de Manolu, junt'a la casa d'Anicetu; pu lau d'abaju d'Anicetu.

Entonces ya me contesta él:

U

-Serví bien te servía,
peru me tienes qu'hacer recibu,
purqu'a todus oigu decir
qu'eres de Dumingu.

“Ser de Domingo” significa pertenecerle por ser su sirviente. Esto es lo que quiere decir el interesado con estas palabras: “Y you había stadu de criadu'n casa de Dumingo, el padre de Duardu”.

L

-Se quieres venir cunmigu
nu m'andes cun arrudeus
que para pagarte tu sueldu
tengu mil durus nu bancu.

U

-Se nu tienes más dineru qu'ése
tú nu precisas criadu.

L

-Además d'ese dineru
tengu una finca muy grande
pur arriba de Requeju (25).

Comenta que allí decían Requeju [rekéxu], aunque todos sabían que era Requeishu [rekeisu].

El sarcasmo es, pues, de doble naturaleza: de una parte, se juega con la forma fonética (ver la nota), al presumir de una pronunciación considerada culta, y, de otra, hay una auténtica burla en cuanto a la situación de la finca en un monte, en donde no es posible el cultivo de ninguna clase, dadas las malas condiciones del terreno y las dificultades de acceso. Por allí solían andar los rebaños de las cabras, que en el pueblo había varios.

El enunciado alude, sin embargo, a un hecho cotidiano, y es que, en ese tiempo se hacían fincas de cultivo, llamados “rotos”, deforestando los montes, arrancando de raíz cualquier vegetación existente, y aprovechando para el fuego troncos y raíces. Lasho, como él explica había hecho uno de esos rotos (aunque no en este lugar, sino en otro de mejores condiciones) para el señor Domingo, a quien servía. En la disputa se apropia de tal finca. Comenta: “Yo había ido a cavar un rotu pa Domingu allí encima La Canal [encima de Vadecouso], donde están esas minas ahora”.

U

-Si nu tienes más dineru qu'ese
tú nu precisas criadu;
you sé que nu m'ha llegá
la suldada pa un rudau.

L

-Se quieres vení cunmigu
nu m'andes cun arrudeus,
mil durus tengu nu bancu
para pagarte tu sueldu.

U

-Cumu fuste cavá Lus Muzones,
¿a qué [nu] fuste a Requishu?

Me tienes qu'anseñá esa finca
antes d'hablá cuntigu,
nu sea que nu m'allegue
la suldá para un vestidu.

L

You nu precisu ir cuntigu
mejor te vas a sperriá (26)
lus castrones de Tatino.

(“castrón”, 'macho cabrío castrado'. “¡Tenía una castronada de pastor...!” [un gran rebaño de castrones]).

U

-Pur allí tendrás tu la finca
pur ond'andan lus castrones.
¿Cúmu nu l'has idu a cabar
cumu fust'a Lus Muzones? (27)

L

¡Cuántus ratus me tumbei
para hacer aquella finca!
¡Cuántas meriendas me diou
la pobre de Valentina!

(“la mujer de Dumingu, que se llamaba Valentina)

U

¡Tú buen madriñero tienes! (28)
estrozador de madera:
para hacer una madreña
gastas veinticincu humeras.

(“Madreña” o “galocha”, 'calzado de madera con tacón simple atrás y ancho adelante”. “Humera”, 'árbol que se cría en terrenos donde hay mucha agua, y se suele usar para hacer ese tipo de calzado por la resistencia a la humedad y por la facilidad que brinda para trabajarla').

La ironía está en el descubrimiento del engaño en forma indirecta, valiéndose de un hecho Conocido por todos. Dejamos que lo explique nuestra amiga Ana: “Purqu'el tiu Luciu di que -¡Dios queridu,

cuántus así!- di que yera un sastre d'a manu; y que lu llamou'l señor cura a hacer scarpines (29) de pardu. Pero claru, ¡cum'hay tanta malicia...! Di qu'en tal de facer lus scarpines cumu tenía que ser, fizuilus tous pa un pía. Depués díu [el cura] (qu'hablaba así [y lo remeda, fungando]): ¡Oy¡, ¡oy!, ¡oy...! -que peme que se llamaba D. Jusé- ¡Oy; mil añus, cúmu me faltei yoU. [y le ponía toda malicia] pa que lu llamara a vulveryi a haceri outrus; purque se no, namás cumía aquel día. Di que diju él: You (qu'hablaba así [y lo remeda también]) cun mía malicia, you dijiyi esu al cura; peru así cubrei dous días, y mantenióume dous días; se no namás teníai pa unu. Cunque loutru díjuy'esu: qu'había feichu... Después de struzar tantas, tantas humeras, fizu las duas galochas pa un pía.

-Calla tú, grandísimu burru,
que se supieras hacerlas
ya te llamarían a hacerlas
y estarías de criau.

L

-You nu hay estau de criau,
hey'stau d'admistrador
na provincia de Santiagu,
¿N'has uyíu nombrá
a don Lashu'l diputadu?

(Comentario del informante: “¡Ay... el cura, la leche, cúmu se ría...! Esu... Ahí n'hubu nadie que nu se cayera de risa…”)

U

-Nu te acuerdas de cuandu
andabas cun l'arriata
pur el pueblo de Quintana?
Que pareciás un arrieru,
y para andar cun ella
tuviste que pedí una blusa
a Antoniu, l'Urdialés?

(Hace referencia al atavío que llevaba puesto en la mozada del Día de Año Nuevo).

Aunque parece tener un final abrupto, no me he atrevido a tocarlo, por cuanto el propio informante agregó, sin preguntárselo, que “después emprecipiou tu padre y Domingu... You terminéi ya enesu de l'Urdiales”, dando a entender que, efectivamente, la disputa tuvo este final.

Disputa segunda: Ruchil y las llobas lliebres.

Se trata de una burla sarcástica y despiadada, que dos mozos guasones hacen de otro que, por su manera de ser y de hablar, tenía un algo especial que rozaba con el índice de lo deficitario. En palabras de Francisco Arias Peña, uno de los participantes, “era una desputa más mala quel demoniu que le pusimus Domingo y you". La tia Ana se emociona al hablar de esta pieza: “¡Oh!, una desputa muy bunita; entamónunla ellus! Esu acuérdume you”.

El argumento se nutre fundamentalmente de tres episodios, insignificantes a primera vista, de la vida de este curioso personaje, artística e ingeniosamente ligados en una urdimbre perfecta con contextos campesinos del cultivo del centeno, de la recolección del heno o «yerba» y de la cría del ganado.

Los episodios que conforman el material de creación se reducen, en primer lugar, a algo tan simple como el nacimiento de unos conejitos, que la imaginación va metamorfoseando en cornudos, en liebres, en «llobas», en féminas vengadoras de implícitos acosos, llobas que apresan y encarcelan al protagonista. Véase más abajo el motivo de las liebres. El segundo elemento material para la creación deviene de la condición económica: los pies del pobre José jamás habían visto un calzado decente; es lógico que para sus supuestos flirteos amorosos se decida a «coger» (¡robar no!) las flamantes botas de sus detractores, botas delatadoras en los momentos más inoportunos. Y el tercero y último elemento material era ese componente de idiotez simplona prototípica de la inutilidad más absoluta: “¡Hom!, s'él nu valía pa nada!”, nos dice uno de los informantes. Sin embargo, ante la noticia de los primeros ensayos, parece ser que él y su madre discutieron con los «enventores», con el sano objetivo de atajar, o suavizar al menos, la burla. Rochil se marcha de la improvisada tertulia, y esta fuga se convierte en el eje del tercero y último motivo de creación: una simple retirada por enfado se convierte en una larga peregrinación por el campo y por la montaña con retorno a la casa materna por el solitario paraje de las Estorcas

El motivo de la personalidad

El aludido se llamaba José, pero en el pueblo se le conoció siempre (como a la mayoría de las personas) por el mote, o «remote» en términos coloquiales bercianos. Aunque no tenía nada de eso, decían que se echaba a las mujeres. Era muy cobarde, y, sin embargo, dice ML, "me pece qu'aún había habidu algu cun alguna: aunque n'habiera siu de hechu, de intentu..., u habladuría... Más bien habladuría”.

El anecdotario de este curioso personaje era tal que, en palabras de uno de los informantes, su propia madre llegó a sentirse agradecida que no pasaran a más. “Díjuye la madre a tua madre [mi abuela María, la Patona]: 'Munina, tengu muchu qu'agradeceyes, que...on nu lu saben todu. ¡S'hubieran sabíu todu, puníannuslu buenu!'”.

El motivo de las liebres

Todo empezó porque en una ocasión Rochil le dijo a Domingo:

“Oye, Dumingu, louturdía funus [fui] a ichá l'agua a Vallalubispu, y saliérunme tres llebres...”. En otra ocasión también le había comentado el naciomiento de unos conejitos. Al parecer, le comentó al referido Domingo: “¡Teng'unu cunequine [unos conejines]...! ¡Tenen dos cuenines...!”, refiriéndose a las orejas.

Las liebres se convierten, a través de la fantasía de los sarcásticos compositores, en “llobas”, lobas-mozas vengadoras, que lo encarcelan, y de cuya prisión logra fugarse, para que luego vuelvan a incordiarlo a su paso por las Estorcas en su retorno al pueblo.

El motivo de las botas

Se trata de un elemento fantástico. En palabras de FA, “habíanuslas cugíu a loutru y a mí... ¡ya nu m'acuerdu...! las botas habísnuslas cugíu a mí y al Coshu. Eran nuestras... !Habíalas cugíu él! ¡Nu las había rubau, no! Lo importante para la ironía era calzar elegantemente aquellos “pías” {pies, cast.) que nunca habían sabido lo que era un calzado digno. ¡Y más al tratarse de enviarlo en una misión de galanteo! Y puesto que su madre nunca le había podido conceder tal privilegio, nada mejor que terminar poniéndolo delante de ella para mostrarle tan elegante calzado adquirido poco ortodoxamente.

El tiempo atmosférico Y la dimensión geográfica berciana

Tiempo y espacio son las dos coordenadas, auténticos costillares del tejido literario. Tiempo y espacio vueltos patas arriba, gracias a la ironía y a la hipérbole: Entre diciembre y enero, cuando más calienta el sol, yendo Rochil a segar la hierba, dejaba por entre'l pan un rastro como un rebaño de vacas... ¡Si hasta parece auténticamente verdad, si no fuera que en ese periodo del año ni es cuando más calienta el sol, ni los campos están cubiertos por los cereales encañados. El paso del Bierzo a la Ciana, el encarcelamiento de Rochil en el partido de Riaño, la fuga y la reaparición por las Estorcas, semejan las “enormes verdades infantiles, nuestras verdades” de las hazañas de Pulgarcito con sus botas de siete leguas. ¡Si total sólo se trata del tránsito imaginario a través de las nevadas cumbres de la Sierra de Xistredo y del Pico Catoute con sus 2.000 y algunos metros de altitud, y del salto de los valles del río Sil y del río Boeza, y del paso por el Valle Gordo, por nombrar algunos accidentes geográficos del hermoso Bierzo Alto y de la Umaña! Esos buenos hombres lo conocían como la palma de su mano. Se lo había enseñado la vida de las cabras, del arado y de la siega trashumante ¡Y así crearon! Aunque para comprender de verdad su creación es necesario informarse acerca de la relación espacial de los lugares por donde supuestamente se hace discurrir la peregrinación de nuestro curioso personaje. Y, claro está, tomar bien en cuenta la época del año en que se sitúa cada una de las anécdotas del acontecer literario.

Texto

(Recita FA)

Voy a refriles ahora
lo que en Quintana pasó

De que riñimus cunél

(¡Claru, habíamus riñíu'l Coshu y you cunél!. Es que cuando estaban haciendo el texto (según explicó el informante, uno de los implicados autores-actores) se corrieron los rumores, y ni el tal Rochil ni su madre estaban de acuerdo por lo exagerado del sarcasmo, y, por lo visto terminaron riñendo. La pobre víctima de la burla, se marchó muy enfadado, dejando la reivindicación en manos de su madre, la tia Aguedina. La farsa se hizo entonces más interesante al incluir la fuga hiperbolizada, unida al motivo inmediato de la misma, la anécdota de “lu cunequine cununu cuernine”).

Cugióu la chaqueta al hombro
y se marchou de su casa.
Fue pur Refueyus palante
cuntandu la gran desgracia.
Pu La Gándara pallá,
cun esas botas tan guapas
hacía un rastru pul pan
cum'un rebañu de vacas.

Entre diciembre y enero
yend'un día a segá yerba,

(“segá la yerba”, expresión que se emplea para la siega del heno. Es una tarea propia del mes de junio, cuando el calor empieza a arreciar, que aquí se ubica en los meses más fríos del invierno).

cum'era tantu'l calor,
tres liebres se le presentan.

-¡Altu!, le dicen las liebres,
y se tirarun a él.

(Cunque tou padre... -comenta la señora Ana- qu'había díu Ruchil a ichá l'agua a una llama que tenía la tia Aguedina (30) en Vallalubispu, y diba pur end'a a ichala. Aguantaba más que pur baju, vaya. Cunque di que i salierun tres liebres. Pillou y di que vienu pa casa tou scaruzau [carcajadas de la informante]... ¡Que yeran tres llebres y él túvuyes miedu cuntandu [creyendo] que yeran tres llobas! [Scaruzau, de carueza, 'manzana silvestre', scaruzarse: 'encogerse', 'arrugarse, empequeñecerse, temblando de miedo'].

Una l'agarróu la cuerna,

(La cuerna era la nariz; lu más llamábamusye la cuerna (31)).

y las otras a lus pies.

Lo cogieron las tres liebres,
lo llevaron arrastrando,
y pasárunlu por Colinas
hasta el partíu de Riaño.

Lu metierun a la cárcel
para cubrarle la infamia.
Les tiróu cuna chaqueta
-Fíu de l'alma, ¿qué trais pa'iquina?
-Tayu[unas buenas botas],
que'n casa [nu cunseguinu]:
[a Quicu Furriel yal Coshu
de fiau ye leas cuyinu].

(“Habíanuslas cugíu a loutru ya mí... ¡Ya nu m'acuerdu... las botas habíanuslas cugíu a mí y al Coshu. Eran nuestras... Habíalas cugíu él; ¡nu las había rubau, no¡”) (FA).

Cuentan que terminadas las disputas, todos se dispersaron entre comentarios y carcajadas. Desde ese 1922, no volvió a haber representación alguna del RAMO en este pueblo.

Espero que la edición de la presente colabore, al menos, para que la juventud actual recupere un tanto la conciencia de su próximo pasado sin “pubs”, sin discotecas, sin tascas, sin rutas ni de “bakalao” ni de sardinas.

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NOTAS

(1) Recuérdese lo dicho más atrás de las oposiciones tiu/tío, y de la fonía [S], que constituyen la esencia de la oposición semántica [tjuAásu] “señor Lasho” / [mitíoLáso] “mi tío Lasho”.

(2) “Cunceju”, asamblea del pueblo que se reunía en la plaza o “prazuela” para deliberar sobre los asuntos de gobernalidad del mismo. El día de Año Nuevo era cuando se reunían para renovar las diferentes “juntas” o comisiones. En este concejo los tesoreros salientes de cada junta daban cuenta de su administración. Correspondía al concejo de este día subastar en usufructo de todos los bienes comunales (pastos restringidos de los montes, corte y siega de materiales renovables útiles (helechos de las Veigas, p. e.), el usufructo de los bienes patrimoniales del Santo Cristo (prados y tierras de labranza, etc.) Una auténtica democracia popular. Fue una costumbre que se prolongó prácticamente hasta muy avanzada la década de 1980.

(3) Léase [kéraldjá lañunwébu].

(4) Intenta aclarármelo con el ejemplo concreto de un señor del pueblo llamado José Castro Arias, conocido mejor por el apelativo de Ferreiru, debio al oficio en que se desempeñaba. El Ferreiro tenía una mula que le servía de animal de tiro y de labranza.

(5) Sirremá que se ha de leer (kumésteramu9á6a], frase exclamativa de justificación que quiere decir: “al fin, se trataba de una mozada simplemente”.

(6) Dutinu, el señor Dictino Arias, mi abuelo paterno. Así lo confirma el informante.

a) “La Shierra”, pronúnciese [ltjuséra], además de los rasgos descriptivos de que lo adorna ML, aclaramos que se trata de un “ferreiro” (uno de los varios herreros que había en el pueblo) que tenía una fragua al lado de la casa de mi padre. Me tocó conocer muchas de sus extravagancias. Confieso que siempre fue muy bueno conmigo cuando yo era muchacho. Entre otras cosas, la más característica era su marcadísimo palatalización de la /s/. De ahí el apelativo con que se le conocía, derivado de la fonación con que él articulaba su apellido, Sierra, como [Sé ra]. En el ramo de los mozos lo volveremos a encontrar mentado por el muchacho de Noceda que había venido a Quintana a “deprendé loficiu'rreru”, o sea, a aprender el oficio de herrero con él (v. Dicho 3).

(8) Léase [keilamában],.”según le llamaban”. Volvemos a encontrar la forma pronominal ye>yi>y.

(9) Recuérdese que con sh estoy transcribiendo la ortografía de la realización (palatal, fricativa, sorda) de /s/; es decir, [s]. Así que su lectura corresponde exactamente a la del She inglés.

(10) Techo, “cubierta de paja”. En este pueblo el campo semántico de “cubierta de las construcciones” establece la oposición techu/lusiau, correspondiente a {cubierta de paja} / {cubierta de pizarra}. Aunque es digno de notar que los techos hace años ya que desaparecieron. Hoy ni hay techo, ni techador; ni paleta de techar. Este tipo de cubiertas se empleaba más bien para los pajares donde se almacenaba la hierta, “el heno”, y la paja trillada que servían de alimento para los animales durante los crudos inviernos. Los techos desaparecieron en el pueblo por la década de los cincuenta.

(11) El coro se encontraba -y se encuentra todavía- situado encima de la puerta de entrada.

(12) /nu tenié ni estu/ es una expresión que va acompañada de un gesto en el que se hace coincidir la uña del dedo pulgar con la del índice, soltando la de aquél rozando la de éste. Semánticamente es similar a la que empleamos en castellano “ni el negro de la uña”. En el texto es la expresión pura de la más absoluta de las miserias: la gente de ese momento histórico eran el prototipo de los desposeídos, y, sin embargo, ¡ay que ver la ciencia de que estaban dotados! Sobre todo, eran perfectos conocedores de la tradición.

(13) /entamarse/, “prepararse”, “que sé yo dónde se prepararon”.

(14) Esta expresión quiere decir: como los soldados de Herodes, es decir, como los soldados del tiempo que ellos estaban representando.

(15) [puriLímbáxu], “de por allí abajo”, es decir, “por la calle de abajo” en dirección hacia arriba.

(16) /yis/, “les”.

(17) “Y lus que vienen cumigu” quiere decir: “Y también lo son los que vienen conmigo”,

(18) Léase [yaún uyíamus], “y aún oíamos”, /Oír/ (cast,) es /uyer/ (leonés),

(19) [Nuséi keidíxu] “no sé qué le dijo”.

(20) [yemburrjában], “le empujaban”. /Emburriar/ (leonés) es “empujar” (cast.).

(21) /Pe que lu veu/, [pé keluBé. u], “parece que lo estoy viendo”.

(22) /cumaora/ , quiere decir “como en este momento” (en el que nos encontrábamos, grabando en forma de conversación familiar, en mi casa paterna).

(23) [Nuyatínul, “no le encuentro”.

(24) Frase ponderativa de la enorme expectación reinante.

(25) La pronunciación [rekéxul era para aquellos momentos una pronunciación “a lo culto”, es decir, usada por Lashu para darse importancia de hombre culto. En realidad, nos dice que todos sabían que no era [rekéxu] sino [rekéisu]. Pero esta forma popular le parecía impropia de un hacendado como él.

(26) /Sperriar/ “espantar sperriandu“. Esta designación es de carácter honomatopéyico, y se refiere al sonido que emiten los machos cabríos en algunas circunstancias, como por ejemplo en la época de celos. Lo hacen mediante la vibración sorda, intensa y a intervalos recortados de los labios. Cuando una persona intenta hacerlo, lo más probable es que emita salpicaduras de saliva.

(27) Es decir: ¿Cómo no la fuiste a hacer allí para ti, como fuiste a hacerla en los Mozones para Domingo? Claro, en Los Mozones habia una tierra de mejores condiciones, tanto del terreno como para el acceso.

(28) Como si le dijera: ¡Menudo elemento te está hecho, pretencioso y pedante!

(29) Scalpín, una especie de bota abierta por la parte de afuera hasta la altura de los tobillos, que hacia de media o calcetin de abrigo para los hombres. Se hacia de una tela bronca de lino virgen que se conocia con el nombre de pardo.

(30) [La tjayedina], la madre de Rochil.

(31) Cuerna, era el nombre que le daban los paisanos de Quintana a un cuerno de los de los animales, deformado y sin el casco consistente de éste, generalmente orientado hacia abajo, que le salía a los vacunos después de haber perdido su cornamenta original por accidente. Es el término con que los creadores designan la corva nariz del burlado Ruchil.