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APROXIMACIÓN AL FOLKLORE DEL SIMBOLO

MIRAVALLES, Luis

Publicado en el año 1997 en la Revista de Folklore número 202.

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A Carlos Fernández Pérez por su ayuda "románica",

I.-EL SIMBOLO. UNA TRADICION CONSTANTE Y UNA NECESIDAD PERMANENTE

Cuando se pierde el norte, hay que volver al origen, y el origen es la Naturaleza. Ciertamente, recobrar el punto de partida, puede sernos de gran utilidad para orientarnos por entre tanto bosque problemático, por entre tantas y tan nuevas y confusas realidades, externas e internas, que se nos escapan y nos aturden hasta causarnos verdaderas obsesiones patológicas.

De ahí uno de los motivos por el que se está llevando a cabo, y cada día con mayor frecuencia, el estudio de todo lo concerniente a la iconografía, como un intento de recobrar la luz, la claridad respecto al mundo tan complejo y sombrío que nos rodea.

Si, realizando un pequeño esfuerzo, nos situamos en la mentalidad infantil, y de algún modo la de un ser primitivo, observaremos que solamente los niños son capaces de acercarse y penetrar en la verdad, ver lo más profundo de los sentimientos, tal vez gracias a lo que el zorro aconsejaba al "Principito" de Saint-Exupery: "Voice mon secret. Il est tres simple: on ne voit bien qu'avec le coeur: L'essentiel est invisible pour les yeux".

Y así, utilizando el "truco" de ver con el corazón, sólo los niños serán capaces de apresar la magia del mundo dotando a los seres de un significado profundo, que va mucho más allá de la mera apariencia externa, y que transforman en símbolos, un mundo que hace sufrir y también gozar de la vida a cada instante.

Pero en la actualidad nos hemos propuesto acabar con todos los sueños, de modo que desterrando las mentes ingenuas, podamos alcanzar la sociedad del bienestar absoluto. Los misterios no deben existir, solamente la eficacia de la técnica y la habilidad de la mente para conseguir la fama. el éxito económico y dominar al prójimo. La consigna es despertar al niño lo más pronto posible de su mundo, para que adquiera el conocimiento del bien y del mal. La televisión, como otro árbol de la suma ciencia, es el auténtico símbolo de la cultura contemporánea, y los niños de cuatro años, tomando la manzana de la tentación cantan las nuevas canciones que se ofrecen ("acompáñame... otra noche más...") y dejan de crear sus propios símbolos mágicos, para jugar con muñecos mucho más reales, que comen y defecan. Es un grave error, porque el símbolo nace en el niño, como en los seres prehistóricos, cuando percibe y capta su entorno y necesita ser conquistador pionero de ese mundo, necesita no sólo comprenderlo, sino también transmitirlo, expresarlo, comunicarlo a su manera, por sí mismo, creando sus propios símbolos. Nada ni nadie puede ni debe reemplazar esta conquista del símbolo.

Esos "garabatos" infantiles trazados con verdadero entusiasmo, están llenos de un total significado, tienen una plena intencionalidad, aunque la razón adulta no los acierte a explicar, porque sólo ve con los ojos de la razón la pura realidad externa.

Los símbolos constituyen pues, un verdadero lenguaje, que traducen a signos esquemáticos, las sensaciones. Lo que aún no hemos descifrado es el mecanismo sistemático mediante el cual unas líneas, unas formas y colores se asocian a unas sensaciones y luego a unos sonidos determinados.

Lo que resulta algo más fácil de constatar es la enorme satisfacción que siente el niño, la misma que sentiría cualquier hombre primitivo, cuando comprueba cómo sus manos y su boca, instrumentos de alimentación, pasan a convertirse en vehículo de conocimiento y de expresión. Al adquirir la conciencia de esta capacidad, el ser humano se convierte automáticamente en un ser insaciable de creación, en un verdadero artista. Tal vez sería conveniente modificar un tanto la definición del Hombre, precisando que es el único animal dotado de la capacidad creadora de símbolos, y por tanto de ser artista.

Los grabados legados por los hombres prehistóricos, obedecían a unas asociaciones analógicas con una realidad externa e interna. Aquellos trazos respondían a la necesidad imperiosa de expresar las sensaciones primarias de hambre, peligro, temor, que se irían ampliando a otro tipo de sensaciones cada vez más íntimas y complejas de alegría, ternura, tristeza, hasta llegar al asombro ante el nacimiento y la muerte que contemplaba cada día.

Es desconcertante ver como los símbolos son realmente universales y constantes a través de los siglos.

Los descubrimientos nos ponen una y otra vez de relieve cómo, a veces, aparecen los mismos símbolos en civilizaciones muy alejadas en el tiempo y en el espacio, dándose correspondencias inexplicables, sobre todo cuando no hay ni hubo contactos e influencias entre esas civilizaciones. Reciente es la aparición de pirámides similares a las de Egipto en territorio siberiano.

Sólo cabe pensar que existe alguna profunda fuerza instintiva común en todo ser humano, ese "inconsciente colectivo" del que hablaba el eminente psicólogo Carl G. Jung. Para el psicólogo suizo, "así como el cuerpo humano representa todo un museo de órganos, cada uno con una larga historia de evolución tras de sí, igualmente es de suponer que la mente esté organizada en forma análoga". Jung concluye que las imágenes simbólicas son la manifestación de los arquetipos o "imágenes primordiales", sin origen conocido, y que se producen en cualquier tiempo o en cualquier parte del mundo. Tales imágenes son primero elaboradas en el inconsciente y transformadas posteriormente en signos "gráficos". La elaboración en el inconsciente se realiza por medio de sueños que van conformando unos arquetipos, formas de pensar, gestos entendidos universalmente que se establecieron mucho antes de que el hombre desarrollara una consciencia reflexiva, y causados, sin duda, por graves experiencias de la vida. Estos arquetipos crean mitos, religiones y filosofías que son como una especie de terapia mental de las angustias y sufrimientos de la humanidad en general: hambre, pestes, guerras... vejez y muerte.

Así uno de los arquetipos más remotos se refiere a la idea de destrucción y restauración, fácilmente asimilable a los ciclos vegetativos que contemplamos desde la aparición del hombre. El inconsciente tendría la necesidad de crear algo, un ser que de alguna manera restaurara la naturaleza destruida, un héroe, una figura de redentor. Este mito heroico universal siempre se refiere aun ser tremendamente poderoso (dios-hombre) que vence al mal, encarnado en seres fantásticos y monstruosos (serpientes, dragones, sirenas) y nos libera de la destrucción y de la muerte. No es de extrañar que identificando al héroe con la propia naturaleza se adorase al sol, y en torno a él se creara toda una inmensa gama de repeticiones rituales de veneración, así como otro tipo de rituales para combatir los seres causantes de los males y la destrucción.

Este arquetipo tan lejano se transmitió a través del tiempo y fue cristianizado, de modo que Apolo, dios de la suma belleza y de la luz salvadora, fue transformado en Cristo redentor que dominando las fuerzas del mal y los pecados capitales (dragones, basiliscos y serpientes) logra salvar de la destrucción y de la muerte a sus fieles (palomas).

II.-LOS SIMBOLOS PRIMARIOS: SU ORIGEN Y VALORACION

El símbolo puede entenderse como término, nombre o pintura que representa mediante algo concreto y tangible, otra realidad más allá de lo que su significado inmediato representa.

Sin embargo, esta otra realidad siempre resultará algo vago, que nunca podemos definir del todo y con absoluta precisión y por esta causa asignamos diversas interpretaciones a un mismo símbolo. Los expertos del tema, suelen explicar este carácter ambiguo del símbolo, atribuyéndole dos dimensiones que, aunque aparentemente opuestas, son complementarias, dado que todo ser posee dos fuerzas energéticas, una positiva y creadora y otra negativa y destructora, concluyendo que ambas energías son imprescindibles para el avance de la historia. Podríamos resumir gráficamente esta idea tomando el ejemplo del sol, cuya fuerza y poder confiere la luz y la vida, pero también puede destruir con su fuego.

Por eso el quid de la cuestión, en muchas ocasiones, reside en qué se trata de transmitir a través de un símbolo determinado.

Sin duda la mente primitiva ya captaba lo más esencial de todo lo que rodeaba, es decir, tanto los peligros como los beneficios, aunque no pudiera encontrar explicaciones científicas. Y desprovisto de un lenguaje articulado completísimo, simplificaría en un primer lenguaje gráfico (pinturas, grabados, esculturas...) todas aquellas primeras nociones que iba adquiriendo a través de su experiencia cotidiana, la misma que tendrían todos los hombres en cualquier lugar de la tierra. Habían nacido los símbolos.

El ser humano podría definirse desde su aparición como un ser dotado para crear símbolos, lo que no puede realizar ninguna otra criatura, especie vegetal o animal, especies que, sin embargo, el hombre utiliza como símbolos para expresar sus inquietudes y necesidades. Los numerosos Bestiarios de la Edad Media son una pequeña muestra, con gran riqueza iconográfica, de este mundo mágico transmitido desde los tiempos más remotos.

Es muy difícil, por no decir casi imposible, saber cuáles fueron los primeros símbolos utilizados por el ser humano, pero por pura lógica y debido a su repetición e insistencia en lugares muy distanciados entre sí, podríamos asegurar que hay dos o tres formas primarias que tal vez sean las que mejor representan la mentalidad primitiva.

En contacto permanente y directo con el mundo natural, el hombre observará una y otra vez el cielo donde verá no sólo las estrellas, las constelaciones, las galaxias y el sol, sino también todos los fenómenos naturales más espectaculares: el remolino de las nubes sombrías, las tormentas, las lluvias torrenciales, todo ello motivo de gran preocupación, de tensiones y de angustias que sentiría la necesidad de expresar, sintetizando sus impresiones, y trazando así los primeros símbolos, las primeras líneas y formas: el círculo, la espiral y el cuadrado, símbolos geométricos que vienen a ser la expresión esquemática del "espíritu de la Naturaleza".

En los petroglifos (grabados en las rocas) y en las esculturas de los castros celtas, que se conservan en muchas zonas de Galicia, aparecen círculos concéntricos, cuadrados y espirales, formas que se repetirán de tradición en tradición hasta llegar al sistema jeroglífico egipcio, a la Biblia de los hebreos, hasta llegar al sinfín de figuras que pueblan las iglesias románicas, que luego estudiaremos e incluso hasta el arte contemporáneo (Figuras 1, 2, 3 y 4).

Aquellas formas primitivas siempre reducidas al mínimo, son casi abstractas, porque al hombre sólo le interesa resaltar lo más esencial, como ocurre en el triángulo, otra figura frecuente, que representa sin duda, la fecundidad, porque su forma se relaciona –analógicamente- con el triángulo pubiano, triángulo que por la misma razón representa simbólicamente a la tierra (la madre tierra) con toda su fertilidad.

La tarea mental que realiza el hombre primitivo no es otra que la de dar forma visible a lo que existe tras las cosas que ve. No se limita a copiar lo que ve, sino a revelar esa otra vida interior que hay detrás de las cosas, es decir su esencia. De este modo el hombre se une con toda plenitud a la Naturaleza, se identifica con ella, en una hermandad que no ha vuelto a experimentar jamás.

Los símbolos son, pues, el fruto de encontrar conexiones explicatorias entre los hechos internos, la experiencia emotiva, con los hechos externos.

III.-LA SIMBOLOGIA ROMANICA: LOS BESTIARIOS

La mayoría de los símbolos esquemáticos primitivos se repetirán y acrecentarán con el transcurso de los siglos e impregnarán la mentalidad cristiana de tal modo, que el arte románico medieval puede considerarse como una simbiosis de la tradición grecolatina y las aportaciones orientales recibidas a través de Bizancio o de los árabes.

A partir del siglo XI, al no haber ocurrido el fin del mundo, proliferaron por toda Europa multitud de santuarios en los cuales predominaron los símbolos geométricos, a los que se añadieron toda una infinita serie de animales reales o monstruosos, producto de la fantasía oriental, también presentes en la cultura mitológica de los grecolatinos. Los animales ocupan un puesto privilegiado en la iconografía románica repartida en capiteles, tímpanos, arquivoltas o canecillos de todas las iglesias medievales. Sin duda los teólogos y los canteros se inspiraron en los numerosos Bestiarios que muy pronto comenzaron a introducirse en España, basados la mayoría en el "Physiologus" griego del siglo II d. C.

Los animales, en términos generales, portarán significados, unas veces de poder y protección (leones, águilas) y de espiritualidad (palomas), y otras veces de corrupción o pecado (sapos), de peligro y muerte (centauros, grifos, serpientes, sirenas y dragones).

Y entre todos los símbolos geométricos, el sol (la vida) será uno de los más representados, ya sea reducido a líneas dentadas que recorrerán las arquivoltas de portadas y ventanas, o espirales que simplifican el movimiento solar, y también nudos, círculos y rosetas (figuras 5 y 6).

El cristianismo no tuvo más remedio que echar mano de todos estos iconos para transmitir su mensaje de forma sencilla, sobre todo para explicar la idea central de salvación para un mundo tan en sombras como lo era el medioevo.

Cristo, retomando la idea del poder absoluto sobre las fuerzas destructoras del mal, aparecerá en forma de Apolo (dios de la luz y del sol) triunfando sobre las serpientes y dragones, transmitiendo la esperanza del triunfo sobre la muerte y la recuperación de un paraíso natural para los creyentes (figuras 7 y 8).

La mano será otro de los símbolos más significativos y representantes de este poder salvador. Este símbolo ya frecuente en las pinturas rupestres, expresa en Egipto la presencia de la divinidad y en hebreo significa protección y poder (Iad), y con este mismo significado figura, con enorme frecuencia, en el pantocrator de muchas iglesias románicas. De todos modos, poco a poco la figura humana de la divinidad terminaría por imponerse.

Tratando de resumir, aún con riesgo de simplificar en exceso, la simbología románica podría distribuirse en dos tipos de símbolos con valores opuestos: los que representan la energía positiva, los seres celestes, llenos de luz creadora y redentora (sol), simbolizados en formas circulares, espirales o líneas dentadas y con el símbolo cromático, del color dorado o blanco y los símbolos opuestos, que representan la energía negativa, los seres telúricos que se verán simbolizados por animales malignos (serpientes) y con el símbolo cromático del negro (las tinieblas).

Tampoco debemos olvidar la simbología vegetal, entre la que sobresalen, sin duda, los racimos de uvas picoteados por palomas (figura 9), que encierra el significado más trascendental del cristianismo, la salvación y resurrección por el sacrificio de Cristo. El vino consagrado simplificado en los racimos pasará luego a otro símbolo mucho más complejo, el Santo Grial, copa milagrosa que conserva la sangre de Cristo y como tal despide rasgos luminosos. La pintura al fresco del pantocrator de la iglesia de Taúll en Cataluña compendia todo lo expuesto anteriormente (figura 10).

IV.-DE LA EMBLEMATICA ALEGORICA A LOS ICONOS ACTUALES O PICTOGRAMAS

El Renacimiento constituyó una singular y drástica ruptura con todo el pasado, sobre todo como perspectiva o punto de vista. A partir del siglo XVI, la Naturaleza será objeto de profundo estudio para desentrañar sus misterios y aprovecharse codiciosamente de sus frutos. Ya no se trata de vivir en estrecha hermandad con todo lo natural, sino de esquilmarlo y conseguir el máximo disfrute a su costa, creciendo en dominio y poder.

Este cambio de perspectiva propició no sólo el avance tecnológico y científico, sino algo mucho más revolucionario cara al futuro de la evolución histórica. Nos referimos a la racionalización del existir. El uso abusivo de la especulación produjo el total alejamiento del misterio, de lo mágico y esencial, es decir, la secularización de la vida y con ello la pérdida de los símbolos.

La historia de la humanidad es un reiterado cumplimiento de la parábola de la expulsión del Edén: el conocimiento, la sabiduría, tal vez produzca el progreso, pero también implica la pérdida de la inocencia, de lo esencial. Nosotros mismos somos los causantes de ese destierro de la Naturaleza, nos alejamos voluntariamente impulsados por un afán de posesión sobre todo lo que nos rodea, ya sean objetos materiales o nuestros semejantes. El dominio de todo y la multiplicación de los seres humanos es una meta cumplida con creces, ahora la soberbia imparable nos está conduciendo, gracias a la ingeniería genética y a la informática, a la última y única conquista que nos faltaba: el ser como nuevos dioses de ese "mundo feliz" que intuyó tan acertadamente Aldous Huxley.

Todo cambio de mentalidad supone automáticamente un cambio de expresión: los símbolos ya no servirán para comprender ni tampoco para comunicar directa y espontáneamente ese otro mundo interior tan extenso y complejo del Renacimiento y del Barroco y mucho menos el actual.

El descubrimiento del poder mental, requiere otros medios mucho más sofisticados de expresión y surgen los emblemas. Como ocurre, casi siempre, en todas las etapas de cambios de mentalidad tan cruciales aparecerá una obra que acierta a ser un eslabón entre el pasado y el futuro. En este caso la aparición del "Emblematum Liber", en 1531, de A. Alciato, supondrá el hallazgo genial del nuevo método. A partir de Alciato, la emblemática invadió todos los ámbitos (fiestas, sermones, teatro...) de la cultura europea,

El emblema, llamado también “empresa”, se compone de tres elementos: un grabado, un lema colocado sobre ese grabado o formando parte del mismo y por último un largo texto situado bajo el dibujo. El lema viene a ser la clave desde la cual debe buscarse un significado total al dibujo que acompaña. Adelantándose a nuestro tiempo, los emblemas son un antecedente indiscutible de los llamado métodos audiovisuales, porque pretenden enseñar presentando las ideas de forma plástica.

Debemos añadir que los dibujos son algo más que meras ilustraciones de las que cabría prescindir. En absoluto. Sin su presencia, los textos quedarían faltos de una total expresividad y comprensión, textos y grabados se apoyan y explican mutuamente.

Diego Saavedra Fajardo, máximo exponente y seguidor de Alciato en España, autor de "Empresas políticas", confiesa abiertamente sus propósitos docentes: “para que por los ojos y por los oídos (instrumentos del saber) quede más informado el ánimo”. La abundancia de representaciones gráficas en sus empresas, tomadas de la Naturaleza, evidencia el peso de la tradición: las estrellas, la esfera terrestre, los árboles y sobre todo las abundantísimas figuras de animales como el león, el águila, el erizo y la serpiente, así como de otros muchos animales tanto reales como fantásticos (el unicornio, la sirena), confieren a los emblemas un claro enlace con los símbolos de los bestiarios medievales, pero funcionan además con categoría de fábulas literarias al referirse explícitamente a unas muy concretas actitudes humanas, acompañadas de su inevitable moraleja o lección doctrinal.

Las extensas reflexiones, salpicadas de anécdotas, cuentecillos y hasta de dichos y refranes, conforman un nuevo género literario, una prosa de ideas, que en principio se resistió a una nítida identificación, pero que a partir de la obra de Montaigne, "Essais" (1580), hoy denominamos como ensayos.

La preocupación más reiterada de Saavedra Fajardo es la educación visual, pero advirtiendo con machacona insistencia que también los sentidos nos pueden engañar si nos conformamos con lo que vemos, como sucede con el remo en el agua que, hundido, se nos aparece quebrado.

Profunda inquietud barroca es ésta del desengaño del mundo y de la vida, imposible de concebir en la mente del hombre prehistórico, cuando la Naturaleza no engañaba y entonces era mucho más fácil traducir las impresiones recogidas a símbolos.

En los emblemas se invierte todo el proceso, porque no se parte de las sensaciones, sino de lo que la mente del autor concibe, encerrado en su estudio, sin la presencia directa de lo natural.

Y a tales complejos pensamientos se busca y adapta posteriormente una ilustración, también compleja, que, a su vez, necesita otra nueva explicación.

El vínculo directo entre la realidad externa y que no se presencia, sino que se recrea en la mente, y la realidad interna, se ha roto por completo (figura 11).

Desde el siglo XVIII hasta nuestros días no hay cambio de perspectiva, sino más bien un aumento desmesurado de este proceso de secularización, racionalismo y explotación, lo que se traduce, en definitiva, en una tal producción de aparatos mecánicos y científicos y en tal cúmulo de libros, que ya constituye un grave problema de almacenamiento y destrucción de todo tipo de residuos. Hemos dejado de crear símbolos para fabricar basura, excrementos y pictogramas.

Los millones de pictogramas que nos invaden por doquier, no son símbolos, son la escritura jeroglífica contemporánea, que pretende ser un lenguaje universal, sustituyendo la palabra, algo muy apropiado para esta civilización de la imagen donde los niños leen cada vez menos.

Pero la realidad es que, al reducir y simplificar al máximo el mensaje, su significado no siempre es evidente y no consiguen más que controlar y manipular la mente, contribuyendo a la esquizofrenia universal que padecemos.

A pesar de todo, algunas, muy pocas, de estas señales, signos o pictogramas o como se quieran llamar, sin duda tienen raíces ancestrales, que han pervivido por tradición hasta la actualidad conservando solamente ciertos rasgos parciales que denotan su antigüedad, como la señal de prohibición impuesta por la mano, o el punto de encuentro representado por flechas en movimiento que convergen hacia el centro (figura 12).

Paradójicamente, cuando el mundo externo está ya tan repleto de pictogramas y a rebosar de máquinas y objetos, tenemos el mayor vacío, la mayor soledad en nuestro interior, porque todo se ha convertido en pura materia de consumo.

Nos hemos saciado y embriagado con la manzana de la tentación, alcanzando el máximo de conocimiento, pero hemos perdido la Naturaleza, el espíritu, lo esencial, y ya ni encontramos al héroe que nos pueda salvar y redimir de este destierro, cuyos pictogramas (los iconos actuales) más representativos son sin duda alguna la televisión, el ordenador, la pizza y la hamburguesa. Estamos en una civilización desatada, repleta de aberraciones tanto mentales como físicas y sin límite. Vivimos además encajonados en unos edificios fríos y clónicos que se nos antojan nuevas torres de Babel, atacadas de un apresuramiento compulsivo.

Un friso de metopas en la ermita medieval de San Quirce (Burgos), recorre la Historia desde Adán y Eva comiendo la manzana del saber, ofrecida por la serpiente, pero en el último relieve aparece un hombre desnudo en posición de defecar una manzana con la inscripción "IO CAGO" (figura 13).

Tal vez este sencillo icono nos esté comunicando la solución: un olímpico desprecio por la manzana del saber, para reconquistar un paraíso que ni toda la Ciencia y el conocimiento acumulado nos ha podido proporcionar.

SIMBOLOGIA PRIMORDIAL: CLASIFICACION ANTOLOGICA

1.-Símbolos primarios y de connotaciones religiosas: fuego, cruz, triángulo, cuadrado, círculos, espirales, tea o antorcha, agua, masónicos.

2.-Símbolos tomados de la naturaleza directamente: horizonte, día, noche, amanecer, crepúsculo, mar, desierto, selva, llanura, fuentes, montaña, ríos, manantial, lago, bosque, cueva, nieve, lluvia, luna, rocío, huracán, terremoto, volcán, viento, brisa, humedad, frío, calor, nubes, luceros, caminos, erial, árbol de la vida, jardín de las delicias: "locus amoenus".

3.-Animales simbólicos: águila (poderío), serpiente (mal, traición, tentación), tortuga (pereza), perro (fidelidad), toro (fuerza), león (majestad), pavo real (arrogancia), caballo y centauro (instintos desenfrenados), murciélago (traición y crimen), burro (humilde torpeza), cordero (mansedumbre), cisne (sensualidad), búho (estudio profundo, lo sobrenatural), escarabajo (sabiduría mística), ciervo (amado amigo), paloma (amada, alma cándida).

4.-Flores simbólicas: rosa (vida, juventud y amor), loto (universo), flor de lis (Francia, caballeros medievales, castidad, nobleza), laurel (arte y éxito), dalia (traición), higuera (esterilidad), sauce (tristeza), ciprés (muerte), etc.

5.-Otros materiales simbólicos: piedras preciosas, colores, notas musicales, perfumes, cuerpos siderales, jerarquías celestes religiosas (ángeles, querubines, etc.), nombres significativos especiales (María, Jesús, Buda, Caín, Adán...), metales...

6.-Símbolos míticos: autoridad (rayo), divinidad (sol), mujer (luna), éxito y arte (laurel), enemistad (manzana), mal (serpiente), amor (flecha), tiempo (reloj de arena), muerte (hoz), santidad (halo), música (lira), infernal (abismo), destino (rueda gigante), riqueza (oro), etc.

7.-Símbolos del amor y del sexo: anillo, sortija, beso, caricia, baile, canción, obelisco, cruces, bizcocho de bodas, arras, velo de desposada, ciertos ramos de flores, Venus y Marte (Y-X, respectivamente), estrella, cuerno, mirada, suspiro, rocío, corazón, etc.

8.-Símbolos de la muerte: luto, esquelas, coronas fúnebres, ataúd, esqueletos, ciprés, cruz, pulgar hacia abajo, velas, pésame, "mal de ojo", sombra, diablo, brujas, cadenas que se arrastran, etc.

9.-Símbolos de la guerra y la destrucción: espadas, armas, fuego explosivo, color rojo, banderas y banderines, tambores, cornetas, cañonazos, signos de piratas (cráneo en fondo rojo, etc.), látigo, bota, cadenas, sangre, ruinas, etc.

10.-Símbolos míticos que han ido cambiando de significado: palomas de Venus (sexo, amor), cisne de Leda (sexo, amor), toro de Júpiter (sexo), manzana y Eva (sexo, conocimiento), manzana y Juno (discordia), serpiente y Eva (tentación), lirio y la Virgen María (pureza), lirio en el Oriente (conocimiento místico), buitre de Prometeo (justicia divina, angustia existencial), etc.

11.-Lugares y tiempos simbólicos: Roma, Meca, Machu Pichu, Paraíso, Limbo, Nirvana, tiempo cronológico de la vigilia, tiempo psicológico, etc.

12.-Símbolos de autoridad histórica y política: corona, cetro, cayado, tiara, toga, birrete, esclavina, cátedra, tarima, trono, púlpito.

13.-Símbolos de sabiduría y autoridad intelectual: diplomas y certificados, medallas, birretes, togas, esclavinas, libros, plumas de aves (escritura), rollos de pergamino, laurel, cátedra, escarabajo (egipcios), etc.

14.-Simbolos estandarizados: patria (bandera), hogar (fuego), divinidad (cruz), amor (anillo), amistad (manos, saludos), gestos.

15.-Instituciones, profesiones y otros campos que hacen abundante uso de símbolos: fuerzas armadas, ciencias, artes, comercio, religión, jurisprudencia, nobleza.

16.-Símbolos pictóricos, alegóricos y emblemáticos: flor de lis, signo del dólar, balanza de la justicia vendada, estrella de las banderas, loto, claves musicales, signos astronómicos, signos matemáticos, jeroglíficos, heráldicos.

17.-Símbolos puramente intelectuales y abstractos: árbol de la vida, árbol de la ciencia del bien y del mal, Jardín del Edén, castillo interior, monte Carmelo, arca de la alianza, caída del Hombre.

18.-Símbolos de la literatura contemporánea: ombligo, saliva, raya, una letra cualquiera, insectos metamorfoseados, pata de una mesa, fósforo, etc.

19.-Símbolos rituales y gestuales: ceremonias de iniciación, cíclicos, temporales, juegos, canciones, danzas, gestos.

20.-Símbolos oníricos (de aparición en los sueños actuales): árbol (raíz y crecimiento del yo), ave (deseo de liberación), trenes, viajes y vuelos (deseos de cambios y de liberación), grutas y cuevas (peligros, problemas complejos, matriz), sapo (corrupción), personas caminando desnudas (sinceridad).

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