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LA CULTURA ORAL EN EL LUGAR DE SANTIBAÑEZ EL BAJO (II)

BARROSO GUTIERREZ, Félix

Publicado en el año 1998 en la Revista de Folklore número 208.

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Siguiendo con nuestro trabajo relacionado con la cultura oral del pueblo cacereño de Santibáñez el Bajo, y cuya primera parte ya apareció en el número 204 de Revista de Folklore, vamos a desgranar otros cantos y toques, otros dichos y pareceres, rastreando fielmente las huellas de las grabaciones fonográficas que la casa TECNOSAGA realizara en dicho lugar en noviembre de 1987.

EL ROSARIO DE LA AURORA

Ni qué decir tiene que los cantos del Rosario de la Aurora están muy extendidos por otras zonas. En la comarca de Sierra Mágina, en la provincia de Jaén, por ejemplo, tienen una letra muy semejante a ésta de Santibáñez el Bajo.

Normalmente, los Rosarios de la Aurora los organizaban las diferentes Cofradías y Hermandades de Auroros, que suelen tener su origen en los siglos XVI y XVII. Comenzaron a cantarse como consecuencia de las campañas de evangelización (llamadas vulgarmente "novenas de los padres misioneros") de la orden de Santo Domingo (Predicadores), que promovieron su fundación para difundir la oración del Rosario, que fue instituida por su fundador tres siglos antes.

Si bien su origen estuvo en lo que hemos expuesto, en Santibáñez el Bajo el canto del Rosario de la Aurora está íntimamente ligado a las fiestas de quintos. Al llegar el Domingo de Resurrección, concretamente en el momento que comienza tal día (noche del Sábado Santo), las campanas de la iglesia parroquial repican con gran júbilo. Se celebra la Resurrección de Cristo. Los quintos nuevos, cuya entrada oficial es en esta noche, comienzan a lanzar docenas de cohetes. Estamos ante la presencia de un rito de pasaje. Se rompe la abstinencia cuaresmal y, ahora, son los quintos los que mandan. Suena la flauta y el tamboril; se recorren los bares del pueblo; la borrachera está perdonada... A media noche, los quintos, en compañía del tamborilero, van levantando a sus quintas, a sus hermanas y a sus amigas. También se levantan varias mujeres, muchas de ellas, madres de los quintos. Todo el cortejo se dirige a la puerta de la iglesia parroquial. Va a comenzar el Rosario de la Aurora. Se canta y se reza. El silencio de la noche tan sólo es roto por las estrofas del canto y las pisadas sobre el cemento. Se llega hasta la puerta de la ermita del Santísimo Cristo de la Paz. Se acaba el Rosario y continúa, de nuevo, la juerga y la zambra. Todo el mundo camina a la "casa de los quintos”. Allí se bebe y se come. Y como "de la panza sale la danza", la diversión continúa hasta que las campanas anuncien que va a salir la procesión de "El Encuentro".

Las estrofas que las mujeres van desgranando en su ritualizado desfile del Rosario de la Aurora nos dicen:

El Rosario de por la mañana
es una cadena de mucho valor,
que por ella se sube a los cielos
a ver a María, que es Madre de Dios.

Cristianos, venid,
cristianos, llegad,
no se pierda lo que tanto vale
por la perecilla del no madrugar.

El demonio, sentado en su silla,
se quema y se abrasa porque oye decir
que ha nacido el Hijo de María,
nieto de Santa Ana, nieto de Joaquín.

Cristianos, venid...

Allá arriba, en el Monte Olivete,
ramito de flores, rosal de pasión,
las espinas quitaron a Cristo
siete golondrinas y un ruiseñor.

Cristianos, venid...

Un devoto por no ir al Rosario
por una ventana se quiso arrojar,
y la Virgen María le dijo:
-Detente, devoto, por la puerta sal.

Cristianos, venid...

PASACALLE DE BODAS

No hay otro como Martín Pérez Pérez, tamborilero de pro, nacido en el vecino pueblo de Aceituna, para desparramar las alegres notas de un pasacalle de bodas. Hoy en día, se han perdido los diferentes toques de acompañamiento de bodas, que presentaban gran variedad:

- Toque para ir a buscar los padrinos.

- Toque para ir a buscar al novio.

- Toque para ir a buscar a la novia.

- Toque para acompañar a la misa de bodas.

- Toque de salida de misa de bodas.

- Toque de "La Maná".

Este rito de "La Maná” venía a ser una cuestación que los novios realizaban por todas las calles del pueblo. Los vecinos entregaban algunos donativos (aceite, garbanzos, dinero, etc....). Los novios correspondían con tabaco y vino.

CANTOS DE TRABAJO

Tal vez algunos vean en estos cantos de trabajo, que aún interpreta magistralmente el vecino Emilio Caletrío Montero, pese a que va camino de los ochenta y cuatro años, al modo de cierto "aflamencamiento”. El caso es que este tipo de coplas, propias de los gañanes, siempre se cantaron con tal ritmo y melodía por esta zona.

Últimamente han aparecido ciertos investigadores que hablan del que se viene denominando "tangueo extremeño”, cuyas raíces están exactamente en estos cantos de trabajo. Tales coplas tienen que adaptarse al ritmo que marca la yunta de bueyes, en las faenas de arada. Los campanillos también forman parte de ese ritmo. Y de vez en vez, el gañán introduce una serie de "cuñas”, que vienen a ser voces de ánimo o de reproche, dirigidas a los animales. Nos atreveríamos a decir que este tipo de cantos no intentan conseguir melodías bellas; más bien procuran marcar pautas de trabajo, romper con los quiebros de voz ciertos trabajos que devienen en monótonos: arada, trilla, siega, etc. Hemos comprobado que si tales coplas se cantan en plan de “taberneo”, adquieren ritmos distintos. Y es que en este caso no tienen por qué seguir el compás de determinadas faenas agrícolas.

Es curioso que muchos de estos cantos presenten bastantes connotaciones picarescas, plasmadas, muchas veces, en interesantes metáforas. Baste con recordar el romance de "La Bastarda", muy conocido por esta zona y que se cantaba con motivo de los trabajos de siega. En el caso de estas coplas de arada, los motivos expuestos se conservan en la primera estrofa:

Arando en un chinarral,
me se torció la besana,
pero me acordé de Juana
y me se volvió a enderezal
la punta de la besana...
¡arre, güé!

Estamos en presencia de unos cantes que acabarán por morir. De todos es conocida la gran tecnificación del campo. Dentro de escasas generaciones, ya no habrá animales que aren o trillen. Y como es lógico, el ruido de un tractor no es propicio para generar cantos de gañanes. El gañán es parte consustancial de la tierra y sabe interpretar el eco de lo telúrico; el tractorista, en cambio, es parte de la técnica, algo robotizado, por lo que carece de espíritu para llenar su alma con las arcaicas melodías de las aradas.

EL TÁLAMO

Bien es verdad que el término tálamo” sirve para designar el lecho nupcial, o el lugar donde antiguamente se celebraban las bodas. Pero en Santibáñez el Bajo tienen un sentido distinto, aunque íntimamente emparentado con el concepto de lo nupcial.

Entrada la media tarde del propio día de la boda, la gente del pueblo comenzaba a llegar a la plaza mayor. Se iba a "bailal el tálamu”. Frente a la fachada del ayuntamiento (así lo hemos conocido nosotros, aunque cuentan que, antes, se celebraba en otros sitios) se formaba al modo de un cuadrilátero con bancos de madera. En una de las esquinas se colocaba una mesa. La presidían los padres y los padrinos de los novios. Una pareja de invitados a la boda se disponían a bailar el tálamo. Entran en el recinto, donde les esperan los novios. Suena la música del tamboril y la flauta. Son aires de "sónih asentáuh”. Termina la pieza y las parejas se besan. Luego, vienen los regalos, que, a veces, se convierten en "regalos-sorpresas” (un gato, un lagarto, una rana, unas boñigas..., todos ellos bien envueltos en brillantes y atractivos papeles). La gente más arrimada a los novios regala costales de cereales, normalmente trigo o centeno. Hay muchos regalos referentes al ajuar doméstico, prendas para los hijos que se esperan y un montón más que regular de billetes.

Y así baile tras baile. Aún hay recuerdos cuando la plaza del pueblo estaba de tierra. En las resecas tardes de agosto y septiembre había que regar el recinto del tálamo. Y aún con eso, al cabo de bailar media docena de piezas, ya estaba el polvo levantando nubes. ¡Menuda paliza la de los novios! Hubo bodas en que el tálamo duró varias horas, y durante todas ellas, los novios no tuvieron más remedio que trenzar y mover los pies al compás de la arcaica música del tálamo.

Interpreta Martín Pérez, el tamborilero, la melodía del auténtico tálamo, el que siempre se bailó por estos pagos. Aunque todavía existe alguna que otra boda con tálamo, lo normal es que no se haga. Hace unos veintitantos años, existía en todas las bodas, pero ya no se bailaba con tamboril y flauta. Intervenía el saxofón, acordeón y batería, y era otro ritmo, muy acorde con ese tipo de jotillas que, a ciencia cierta, no sabe uno si tiene origen castellano, aragonés, valenciano o extremeño. Se recuerda con cierta añoranza a la familia de "Los Pajita", que formaron un grupo compacto de hermanos que tocaron muchas veces en los tálamos.

Nadie conoce la letra del auténtico tálamo. Todos coinciden en afirmar que "asín siempri lo oímuh y asín siempri lo bailámuh".

LA MANZANA

Estamos ante otro ritual de bodas, que también se repite por otros puntos de la vieja Iberia. Sabemos de otros pueblos y comarcas donde se ha conservado hasta hace pocos años, como en ciertos lugares de las provincias de Madrid, Toledo y Salamanca. Así, en el pueblo salmantino de Navacarros cantan lo siguiente:

Moza, toma este ramito,
cargadito de manzanas,
despídete de las mozas,
que te vas con las casadas.

También en Zamora se cantan estrofas semejantes, como las del pueblo de Rábano:

Toma, novia, esta manzana,
repártela por la mesa,
lo primero a tu marido,
que así lo manda la Iglesia,
y lo segundo a tus padres,
no les pierdas la obediencia.

Podríamos detenernos, aquí y ahora, en elucubrar sobre el sentido mágico y sexual que ha gozado una fruta como la manzana desde tiempos muy remotos (recuérdese el episodio del Paraíso Terrenal cuando "pecaron" nuestros Primeros Padres). Pero limitémonos a describir lo que nuestros ojos han visto, que tiempo habrá para las hipótesis y conjeturas.

Y el caso es que, hasta hace unos años, por este pueblo de Santibáñez el Bajo se cantaba la "manzana de la boda". Terminando la comida del propio día de la boda, tenía lugar este ritual. Ya hemos remarcado por dos veces lo de "el propio día de la boda". Y es que por aquí las bodas duraban casi toda una semana. A saber: "Día de la Furia", "Día de los Machos", "Día de la Boda", "Día de la Tornaboda" y "Día de los Tíos Carnales".

Pues bien. Terminando la comida, unas cuantas mozas tomaban una manzana y la pinchaban con un tenedor. Practicaban una serie de incisiones en la fruta y comenzaban a echar los cantos pertinentes, todos ellos de alabanza hacia los novios, padres y padrinos, acompañados también de consejos y amonestaciones. Entre canto y canto, las mozas instaban, con atrevidas retahilas, a que los invitados fueran introduciendo monedas en las incisiones practicadas en la manzana. Generalmente, era el padrino el que comenzaba colocando una moneda en la incisión superior. Antes, las mozas le cantaban:

El padrino de los novios
ponga el duro en el cogollo.
Caballeroooo...

Al parecer, antiguamente el canto de la Manzana era más bien el "Baile de la Manzana". La amiga más íntima de la novia sostenía la manzana, bailando con quienes eran instados a introducir las monedas en la fruta.

Vemos que existe gran relación entre este rito y el llamado "Baile de los alfileres", que se practicaba por tierras de Ciudad Rodrigo. Se llamaba así porque pinchaban con alfileres los billetes en la manzana.

LA PATA

El baile de "La Pata" entra dentro de lo que por aquí se denomina "son asentau". Es un baile de ritmo binario. De él dicen los santibañejos que es "el más propio del pueblo". Nos cuentan que, antiguamente, al marcar el estribillo, se daban las parejas ciertos golpes con las caderas, lo que nos lo emparenta con aquellos bailes que, en otras partes del antiguo reino de León, reciben los nombres de "baile antiguo", "baile de pa'cá y pa’llá", "baile charro", "baile llano", "baile de los viejos", "baile de las culadas", etc.

Pensamos que el actual baile de la "Pata" está adulterado. Somos de la opinión de que la estructura original tan sólo se conserva en lo que es en sí la primera estrofa y el estribillo. Las restantes estrofas tienen un ritmo más moderno, semejantes a las jotillas que se prodigan en muchas partes.

Hace ya unos años, una vecina de Santibáñez -María García Calvo-, que murió de edad avanzada, nos dictó parte de la letra de aquella "Pata" que bailaba en su mocedad. Creemos que se ajustaba con mayor fidelidad al auténtico baile de "La Pata". Esta era su letra:

Estaban las tres comadres
en un barrio todas tres:
la Juana, la Mariquina
y la tunanta de Inés.
Tratan de una comilona
la noche de San Andrés.
Una llevó la cuchara,
otra llevó la sartén,
y otra puso treinta huevos,
para cada una, diez.
Y puson trenta jogazas,
para cada una, diez.
Y trenta libras de carne,
para cada una, diez.
Y trenta cuartillos de vino,
para cada una, diez.
Y a poco de estar comiendo,
entró el marido de Inés.
- Marido mío, ¿os habéis fijao?,
este mundo anda al revés.
Cogió el marido una estaca
y las calentó a las tres,
para que nunca se olviden
del día de San Andrés.

Si hiciéramos un poco de historia sobre este baile, podríamos hablar de cierto tema satírico, que fue muy corriente en la poesía popular antigua. Es el tema de las comadres borrachas y glotonas, que se prodigó bastante en la lírica española de los siglos XV y XVI. Como testimonio más antiguo, este tipo de baile aparece en un "fablieau" francés del siglo XIII ("Le trois dames de París").

Sin lugar a dudas, "La Pata" es el baile más típico de Santibáñez el Bajo. Es aquí donde los santibañejos muestran su destreza como bailarines. Y al dar la media vuelta, o la vuelta entera, los mozos han de sorprender a las mozas levantándoles la saya con el tacón del zapato o de la bota.

Es "La Pata" un baile que gusta sentirlo al son del tamboril y la flauta. Pero que basta con una buena "cantora", acompañada de una sartén y una llave, para que el fuego del baile avive las sangres de las piernas de las gentes de Santibáñez.

JOSEAOL LOH PAJARUH

Ya se vino abajo el oficio de "joseaol". Hablando en términos castellanos, podemos decir que "joseaol de pájaruh" equivale a: "persona que se dedica a espantar los pájaros de los sembrados".Y hasta hace muy pocos años, no era raro ver a zagales subidos en las paredes de las fincas o en cualquier "caramanchón" (majano) pegando voces y repicando cencerros y campanillos.

Se sabe que, desde los más remotos tiempos, los cencerros se utilizaron para espantar todo tipo de males, desde brujas a pestes y endemoniados. Aún se siguen utilizando en diferentes tipos de rituales, pese a que ya se ha perdido su primitivo significado. Todos los años, en Las Hurdes, al llegar el Carnaval, salen muchachos y mozos armando gran algarabía con los cencerros. Y se siguen utilizando los cencerros cuando hay que dar alguna "campanilla" (casorio de viudos, casos de adulterios, casorios de viejos con jóvenes, etc.).Hasta se colocan colgados en los somieres de los recién casados para que espanten los maleficios que puedan acechar a los desposados.

Es preciso espantar a las nubes de pájaros que asolan los sembrados. Así que imaginaros el sonsonete que desprenderían los campos de esta zona al llegar la época de primavera. Continuos repiques de cencerros y alteradas voces, que echaban al aire peroratas en ripio, donde se maldecía a las aves que venían en busca del grano de los sembrados:

Oh, pajaritu culón,
que te comih el trigu,
y aquí dejas el troncón...
¡Joh,joh,joh...!

Oh, pajaritu lineru,
que te comih el granu
de los mih centenuh...
¡Joh,joh,joh...!

LA PROCESIÓN

Se denomina "Pruseción" o "Toqui de la pruseción" a un toque instrumental muy característico de la zona norte cacereña. Con pequeñas diferencias melódicas lo hemos oído, siempre con flauta y tamboril, en pueblos de la comarca de la Sierra de Gata, en Las Hurdes, en las tierras llanas de Coria y Montehermoso, en el Valle del Ambroz y, sobre todo, en esta comarca de la Tierra de Granadilla, en la cual se enclava el pueblo de Santibáñez el Bajo.

No obstante, este toque no se emplea siempre en las procesiones, pues sabemos de pueblos que lo utilizan en el rito de "echar la bandera", o en ritos de ofertorio. Pero siempre se halla enmarcado dentro de un contexto religioso.

Todavía sigue la estampa del tamborilero tocando en las procesiones. Primero desfilan las cruces procesionales, y entre éstas y las andas de la imagen, continúa el tamborilero. Existen procesiones que impresionan por su solemnidad ancestral. Gran silencio y recogimiento. Tan sólo se oye el tum-tum del tamboril y las florituras de la flauta. Pero también hay otras procesiones que de semejarse a algo, sería a plazas aldeanas en día de fiesta. Por un lado, suena el tamboril y la flauta; por otro, los cánticos desafinados de las mujeres, que no llevan el compás que marca el cura, o viceversa; suenan, cada dos por tres, explosiones de cohetes; los chiquillos corren de un lado para otro; y los hombres, que siempre son los últimos de la comitiva, hablan de sus cosechas y ganados, o de otros asuntos que suscitan risas semiapagadas.