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Iria o Elena, Notas sobre un romance

FRAILE GIL, José Manuel

Publicado en el año 1982 en la Revista de Folklore número 19.

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El romance de Santa Iria es uno de los más conocidos en Portugal, y desde que Almeida Garret recogió por vez primera una versión en Santarém, hacia 1842 (1), otras muchas versiones portuguesas han sido recogidas.

En España el romance, cuya protagonista recibe el nombre de Elena, es menos conocido y difundido. Como en tantos otros casos, el primer estudioso del tema fue Menéndez Pelayo, quien publicó una primera versión del tema (2); hacia 1906 una nueva versión del romance fue publicada por Menéndez Pidal (3); también lo incluyó su esposa María Goyri en su obra "Romances que deben buscarse en la tradición oral" (4). Desde entonces, poco a poco, han sido recogidas versiones en varias regiones de España, con lo cual se ha podido proceder al estudio del romance y a su comparación con versiones portuguesas.

El origen del romanse se centra en la piadosa leyenda de Santa Iria (Ereia, Erena, Erene, Irene y, por confusión, Elena o Ilena), patrona de Santarém; así pues, debido al tema y al lugar de origen luso, se ha considerado como portugués el origen del romance y así lo afirmó ya Menéndez Pelayo. Esta opinión sigue siendo unánimemente aceptada, por más que se han encontrado versiones en el mismo centro de Castilla (lo cual en otros temas ha debilitado la teoría de su origen portugués); esta opinión fue ratificada también por Carolina Michaelis de Vasconcellos (5).

El romance nos narra una leyenda hagiográfica que nos ha llegado muy simplificada y que, resumida, sería la siguiente:

"En un pueblo de Portugal llamado Nabancia (la actual Tomar) vivía un matrimonio con una hija de extremada belleza que tenía por nombre Irene, la cual profesó en un monasterio dedicado a Nuestra Señora cuyo Abad, Selio, era tío materno de la doncella. Allí vivió junto a dos tías suyas, Julia y Casta, y junto al monje Arnulfo, quien le enseñó, por encargo de Selio, las primeras letras. Era tan grande el recogimiento en que vivía la niña que tan sólo dejaba el monasterio una vez al año, en la festividad de San Pedro, para ir a la iglesia cercana al Palacio de Castinaldo, Señor de la Villa de Nabancia; conoció allí a Britaldo, heredero de Castinaldo, quien quedó prendado de la doncella, y de tal suerte que cayendo enfermo del espíritu los médicos nada podían hacer por su cuerpo y comenzó a temerse por su vida.

Tuvo entonces Irene revelación de la enfermedad de Britaldo y decidió visitarle y calmar su espíritu con el bálsamo de sus palabras, y así sucedió que quedó tan confortado el joven con las palabras de la niña que sanó conformándose con aquella castidad que ella le proponía. Tan sólo pidió éste como recompensa el juramento de Irene de no amar nunca a otro hombre, so castigo de perder la vida, y con esto volvió ella a su encierro.

Pero pasados dos años, el demonio volvió a tentarla en la persona de su maestro, el monje Remigio, quien viéndose desdeñado por la joven, recurrió a hacerle ingerir una pócima que obró en ella el fenómeno de abultar su vientre, de modo que todo el mundo comenzó a murmurar de la castidad de la niña; enterado de ello Britaldo, y creyéndose burlado, ordenó a un soldado diera muerte a la joven, quien así lo hizo al amanecer; cuando la niña, después de maitines, oraba en el campo, el soldado atravesó su garganta con una espada y tras desnudarla, arrojó el cadáver al río Nabón cuya corriente lo arrastró al Nocecaro (hoy Zézere) y por éste al Tajo.

Tuvo su tío, el Abad Selio, revelación de lo ocurrido y acompañado de grande y solemne procesión, llegó a un lugar donde, de forma mágica, el Tajo se había retirado de su cauce, dejando en un alveolo el cuerpo de la Santa, que yacía ya en un magnífico sepulcro labrado por mano de ángeles. Intentaron trasladar el cuerpo y al no conseguirlo, comprendieron que el Señor deseaba que reposara la Santa Virgen en tal lugar, y tomando algunos cabellos y pedazos de la camisa de la Santa, abandonaron el lugar viendo maravillados cómo las aguas del Tajo volvían a su cauce" (6).

Termina la narración contando cómo la villa de Escalabis, donde debe estar aproximadamente el cuerpo de la Santa, tomó el nombre de Santa Irene, que ha llegado hasta nosotros corrompido en Santarém. Sitúa la narración estos hechos hacia el año 653 de nuestra Era.

Es mucho más sencillo lo que canciones y romances populares nos cuentas del caso; han desaparecido de la relación señores feudales, palacios y monasterios; esta transformación bien podría estar motivada por el ambiente literario que vivió Santarém durante el apogeo de la poesía provenzal; así la fórmula utilizada a veces para el primer verso ("Estando tres niñas, estando sentadas...) bien puede tacharse de tópica en el Romancero. Con todas estas transformaciones, el asunto queda reducido a un rapto amoroso cuyo desenlace es una muerte aureolada de hechos milagrosos.

Si bien parece que en su origen portugués el tema debió plasmarse en composiciones hexasilábicas más próximas a las cancioncillas líricas del momento que a un verdadero romancillo, como correspondería a su medida, estas composiciones vertieron su contenido en romances octosilábicos, al pasar a España, adoptando así el metro y la forma típicos del romancero hispano.

Posteriormente, y con la vulgarización del tema, que si bien no es muy corriente, sí está presente en la mayoría de las regiones de España, se volvió a composiciones hexasilábicas más propias para el canto y por ello para juegos infantiles de corro y comba, reforzado este último por el marcado compás de tiempos binarios. Estas otras versiones hexasilábicas son por ello mucho más populares y abundantes en toda la Península, dándose en este caso además un fenómeno de vuelta a los primitivos metros de seis sílabas con los que, al parecer, llegó el tema a España desde el territorio portugués.

En cuanto a las variaciones temáticas, éstas residen en general en el comienzo del tema. Para las versiones hexasilábicas, se suele utilizar la fórmula: "Estando tres niñas / bordando..." que, como vemos, presenta los hechos de forma narrativa en tercera persona; es curioso notar también el lujo de detalles que se nos dan en cuanto a objetos y lugares: corbatas, plata, sala, plumas, etc..., lo que nos habla de una reelaboración posterior más moderna:

"Estando tres niñas / bordando corbatas
con aguja de oro / y dedal de plata,
pasó un caballero / pidiendo posada.
-Si mi madre quiere / yo de buena gana.

Le puso la mesa / en medio la sala,
tenedor de oro / cuchillo de plata.
Le puso la cama / en medio la sala,
colchones de plumas / sábanas bordadas.

A la media noche / él se levantó,
de las tres hermanas / a Elena escogió.
La montó a caballo / y se la llevó,
en "toíto" el camino / no le dijo nada,
en un monte oscuro / allí le habló:

-Niña encantadora / di como te llamas
-En mi casa Elena / aquí desgraciada.
Le quitó un cuchillo / y la degolló,
allí hizo un hoyo / y la enterró.
Y a los tres meses / por allí pasó,
un pastor famoso / y le preguntó:

-¿De quién es la tumba / aquí en la enramada?
-De la pobre Elena / murió degollada.
Cortó una varita / y Elena salió:
-Yo estoy en el Cielo / muy bien asentada,
y tú en el infierno / ardiendo en las llamas.
-Perdóname Elena / perdóname ya.
-Yo no te perdono / que no me da gana.
Que mi Dios me ha dicho / que no perdonara" (7).

En cuanto a las versiones octosilábicas, son mucho menos frecuentes en nuestro acervo romancístico; presentan normalmente forma autobiográfica, lo cual bien pudiera ser una herencia portuguesa. El estilo es más bello y completo que en las versiones de seis sílabas, si bien están desprovistas de la riqueza en detalles que aquéllas tienen.

Normalmente el padre de Elena da posada al traidor porque éste se lo pide, y aquél se la da porque "nobleza obliga"; el desconocido suele pedir al padre la mano de su hijo y ante la negativa obtenida, rapta a ésta, con la ayuda de una criada, sacándola a media noche por un balcón -todo la cual es un lance casi donjuanesco-. Todo ello es de una elaboración mucho más señorial en su elemento y parece confirmar la idea de una mayor antigüedad, así como un uso muy diferente al que tendrían las versiones hexasilábicas que como venimos repitiendo, tendrían un uso marcadamente infantil.

ELENA LA HIDALGA

"En casa de los mis padres
un traidor pidió posada,
y mis padres como nobles
al momento se la daban.

De tres hijas que tenían
le pidió la más mediana:
-Esta hija tan hermosa
yo quisiera desposarla.

-Y mi hija yo no la doy
mi hija no es para casada,
que la quiero meter monja
del Convento Santa Clara...

A esto de la media noche
el traidor se levantaba,
la sacó por un balcón
a favor de una criada,
la pagó por el favor
diez monedas de oro y plata.

Siete leguas han andado
sin decir una palabra.
-¿Cómo se llama la bella
cómo se llama la dama?

-En casa de los mis padres
Elenita me llamaban
y ahora que estoy en el monte
Elena la desgraciada.

Ha querido abusar de ella
sin lograr lo que pensaba,
el traidor sacó un cuchillo
y con él la degollaba.

La tiró tras de un zarzal
para que no la encontraran.
De ella se formó una ermita
tan blanca y tan dibujada:
de los huesos las paredes
de los ojos las ventanas,
de los oídos de Elena
se formaban las campanas,
de las trenzas de su pelo
soguitas para tocarlas,
de los huesos de su cráneo
las bóvedas se formaban
y de los sus blancos dientes
tejas para retejarlas.

Han pasado cinco años
por allí el traidor pasara,
por allí estaba un pastor
y al pastor le preguntara:

-¿De quién es aquella ermita
tan blanca y tan dibujada?

-De Santa Elena, señor
que aquí fue degollada.

-Pues por ser de Santa Elena
iremos a visitarla.

-¿Me perdonas Santa Elena
que yo fui tu amor primero?

-Yo te perdono traidor
pero irás a los infiernos.

El castigo recibió
allí mismo el caballero,
su figura allí quedó
convertida en candelero.

Esta historia cuento yo
porque sirva de escamiento."

(Versión recogida en el recital celebrado en el Ateneo de Madrid por las hermanas Sanz Vaca, naturales de Arrabal de Portillo -Valladolid.)

Podemos considerar esta versión como -versión tipo- y es interesante su comparación con la que a continuación transcribimos:

SANTA ELENA

"En casa del Rey, mi padre
un traidor pidió posada
y mi padre como Noble
noblemente se la daba.

De tres hijas que tenía
le pidió la más galana
y él le dijo que no
que no intentaba casarla,
que la quiere meter monja
y en el Convento Santa Ana,
y ella le dice que no
que quería ser casada.

Y a eso de la media noche
Elenita fue robada,
no la saca por las puertas
ni tampoco por ventana,
la saca por un balcón
y en favor de una criada.

La cogiera de la mano
en el caballo la montara
y anduvieron siete leguas
sin hablar una palabra.

Y al cabo de siete leguas
le pregunta el traidor:

-¿Cómo te llamas la niña
cómo te llamas la blanca?

-En casa del Rey, mi padre
Elenita la galana
y ahora por estos montes
Ilena la desgraciada.

Hizo lo que quiso de ella
y hasta escupirle en la cara

De ella se hizo una ermita
muy linda y muy dibujada:
de sus huesos las paredes
de sus cabellos las "llatas"
de sus dientes blanquecines
tejas para retejarla,
de las niñas de sus ojos
hizo dos ricas ventanas,
de los labios de su boca
puertas "pa" abrir y cerrarlas.

Pasó tiempo y vino tiempo
y el traidor por allí pasa,
se encuentra con un pastor
que su rebaño guardaba,

-¿Di qué ermitica es aquella
tan blanca y tan dibujada?

-Señor, la de Santa Elena
en el monte fue degollada.

-Por ser la de Santa Elena
iremos a visitarla.

Muy sentado y de rodillas
el traidor en la iglesia estaba.

-Perdóname Santa Elena
que yo fui tu amor primero.

-No te perdonaré yo
ni tampoco el Rey del Cielo,
arrímate a ese altar
servirás de candelero.

Y aún no lo había dicho
y el candelero está ardiendo.

La figura quedó allí
cuerpo y alma "pal" infierno.

(Versión recogida en El Ganso -Maragatería, León- a Laura Criado, por el grupo "Raíces".)

Es interesante observar cómo estas versiones orales sufren contaminaciones de otros temas; claramente se observan aquí en los versos: "y ella le dice que no / que quería ser casada", ingerencia de "La Bastarda o La Emperadora de Roma"; y en los versos: "hizo lo que quiso de ella / y hasta escupirla en la cara" del romance de "Amnon y Tamar".

Temáticamente hay que hacer notar, conocidas ya todas estas versiones, las pervivencias que la leyenda biográfica de la Santa tiene en dichos romances: En primer lugar, el soldado que mató a la Santa, le atravesó la garganta con un cuchillo y después arrojó el cadáver al río con la esperanza de que aquél no fuera encontrado. El romance hace que el traidor degüelle a la Virgen y arroje su cabeza entre matorrales "para que no la encontraran", todo lo cual está muy en consecuencia con lo que la leyenda nos dice.

El segundo punto vendría referido al episodio en que, retiradas milagrosamente de su cauce, las aguas del Tajo dejan ver el cuerpo de Iria o Elena colocado ya en su sarcófago o enterramiento, hecho de forma sobrenatural, o sea, por mano de ángeles. Si leemos el romance, veremos que, tanto en versiones de seis como de ocho sílabas, a la vuelta del traidor por el lugar del crimen, el cadáver está ya en una ermita que éste desconocía, preguntando a un pastor el motivo y la advocación de la tal ermita; evidentemente, esta construcción milagrosa se enlaza con este sepulcro o enterramiento labrado por manos no humanas en donde apareció la Santa.

En cuanto a la rima, las versiones octosilábicas suelen mudar al final el asonante áa en éo (8), mientras la versión leonesa recogida por Fernández Núñez (9) coincidente en lo fundamental con las anteriores, se caracteriza por mantener el asonante áa hasta el final.
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(1) El romance aparece en su obra "Viajens na minha terra", editado en Lisboa en 1883. Tomo II, pág. 50.

(2) Marcelino Menéndez Pelayo, " Antología de poetas líricos castellanos", 1890-1908. Tomo X, pág. 270.

(3) Ramón Menéndez Pidal, "Romances tradicionales de .América", la versión es de Montevideo.

(4) Publicada en Revista de Archivos Bibliotecas y Museos. Madrid, 1906, pág. 380, núm. 16. Incluye fragmentos de la versión leonesa octosilábica, publicada por Menéndez Pelayo, y de otra hexasilábica.

(5) En su obra "Romances velhos em Portuga". Coimbra, 1934, pág. 15.

(6) Extracto tomado de "la Leyenda de Oro para cada día del año (Vidas de todos los Santos que venera la Iglesia)". Editores L. González y Compañía. Barcelona, 1897, tomo IV. págs. 158, 159 y 160.

(7) "Los Sabandeños: Guanche". Cassette Columbia, serie folklore S. C. 150 c/ 1977. Cara 2, tema 5 (duración 1'09"). Versión típicamente canaria.

(8) .Así en las versiones recogidas por:
-Menéndez Pelayo, Op. Cit.
-José de la Fuente: "Revista de dialectología y tradiciones populares". Edit. Consejo Sup. I. C., Madrid, 1945. tomo I, pág. 755.
-Cossío y Maza Solano: "Romancero popular de la montaña". Editorial Sdad. Menéndez Pelayo. Santander, 1934.
-José Pérez Vidal: "Santa Irene". Contribución al estudio de un romance tradicional. Revista de dialectología y trad. Populares, C.S.I.C., 1948, págs. 519-569.

(9) Manuel Fernández Núñez: "Folklore leonés". Editorial: Imprenta del Asilo de Huérfanos del S. C. de Jesús. Madrid, 1931, pág. 90, número XIII. Melodía 74.
Versión sonora: Joaquín Díaz (canciones del campo) Movieplay, S. A., 17.0993/8, 1974. Cara B, tema 3. (Duración 2'53").

Otra versión musical: Joaquín Díaz "Canciones de Palencia". Movieplay, S. A., 17.1605/7, 1980. Cata B. tema 3.