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Semana Santa. Tradición y cultura: La Real Archicofradía de Nuestro Señor Jesús de los Pasos de Olivenza

SALAMANCA LOPEZ, Manuel

Publicado en el año 1998 en la Revista de Folklore número 209.

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INTRODUCCIÓN (1)

La irrupción de las tropas españolas en tierras portuguesas el año de gracia de 1801 supondrá el fin de una etapa en la historia de la villa pacense de Olivenza, a la vez que permitirá el comienzo de otra, marcada, ésta última, por el cambio de nacionalidad de la mencionada población.

El que Olivenza pasase a engrosar la larga lista de pueblos y ciudades que conforman la amplia geografía del país que nos ha visto nacer, no significó el fin de sus ataduras a la nación vecina; ya que si desde el punto administrativo se podía considerar española, culturalmente quedaba bastante lejana su asimilación.

Fruto de este mestizaje entre dos culturas hermanas es la ciudad de Olivenza. La tradición portuguesa sigue aún viva y latente, ya no sólo en los monumentos heredados de su esplendoroso pasado, sino también en el corazón de los lugareños de dicha población. Esto podemos comprobarlo si escuchamos alguna conversación entre los más ancianos del lugar, ya que con sorpresa observaremos que hablan una mezcla entre castellano y portugués, como si de nativos de otra nación se tratase. A su vez, son llamativas algunas tradiciones o fiestas populares, que han desaparecido o por el contrario han resistido el paso del tiempo evolucionando con el correr de éste: lo que se ha dado en llamar Folklore de la Frontera. Entre las más destacadas se encuentran las mayas -maias das cachopas- (mayas de las niñas); una alegoría de la llegada de la primavera, representada de manera que durante el mes de mayo numerosas niñas son vestidas de blanco, adornadas con pétalos y flores y sentadas en las esquinas de calles y plazas, pidiendo el resto del grupo de niños que las acompañan limosna para éstas.

También hay que mencionar un festejo de gran arraigo entre la población, aunque haya llegado hasta nuestros días con modificaciones; nos estamos refiriendo a las muñecas de San Juan.

Todo comenzaba cuando en la noche del 23 de junio las mozas en edad de encontrar pareja se reunían en un lugar cercano a la población, la Quinta de San Juan, para realizar sus peticiones de noviazgo; durante esa noche lo corriente eran los bailes alrededor de "muñecas de trapo de tamaño natural rellenas de paja, serrín o trozos de tela que, pinchadas en altos palos, adornadas con guirnaldas, cintas y ramas, se confeccionaban para la ocasión". Estos peleles o mastros a la vez que eran una representación de los novios deseados, también tenían un carácter satírico, que es el que ha llegado hasta nuestros días. El final de estas creaciones era el de morir consumidas por el fuego, como no podía ser de otra manera, tratándose de una noche tan señalada.

El baile era acompañado con numerosas canciones, en las que jóvenes de ambos sexos se increpaban y expresaban las apetencias de cada grupo:

Estas é que sao as saias
estas mesmas é que sao
sao cantadas e balhadas
na noite de San Joáo.
De San Juan quiero la palma
de San Francisco el cordón
de San Antonio su niño
de mi amante el corazón.

Como comenté anteriormente, hoy en día prima el contenido satírico y burlesco en dicha fiesta, a la vez que los cantos portugueses han desaparecido, siendo sustituidos por canciones de nuestro tiempo.

Otra tradición de añejo sabor portugués es la de las hogueras de Santa Lucía. En la noche de cada 12 de diciembre se hacían unos bollos, que bendecidos por el sacerdote, eran al día siguiente, festividad de Santa Lucía, llevados por los miembros de la cofradía de Santa Lucía junto a la imagen de la Virgen, de manera que los vecinos de Olivenza los podían adquirir a cambio de una limosna. La suma de todo lo recaudado se repartía a partes iguales entre el culto y la beneficencia.

Sin embargo, era en la víspera de la fiesta cuando había oportunidad de asistir a los actos que gozaban de mayor aceptación entre los lugareños. Nos referimos a las danças da roda (danzas de rueda), al varapao (varapalo) y al toiro da maroma.

Las danças consistían en una serie de bailes y cantes alrededor de una hoguera próxima a la Iglesia de Santa María Magdalena. Por otro lado, los más jóvenes más atrevidos saltaban con una vara larga y redondeada por encima del fuego: lo que llamamos varapao.

Un ingrediente curioso de este festejo era el toiro da maroma; el animal, que era atado con una cuerda pasada por un aro fijado al suelo o a la pared, corría por los aledaños a donde se le había amarrado intentando embestir a los que salían a su encuentro.

Esta festividad hoy día ha sufrido variaciones, perdurando la venta de los tradicionales bollos y la danza en torno a la hoguera, que ahora es denominada de Santa Lucía o Ave María.

También, son de destacar los numerosos juegos de clara raíz portuguesa que, si bien fueron muy populares en tiempos anteriores, en estos momentos sólo perduran en la memoria de los más mayores. Entre los más importantes tenemos la cadeiriña (la sillita). Entretenimiento en el que las niñas dispuestas en dos filas, una enfrente de la otra, sentaban a una de las chicas entre los brazos cruzados de dos de ellas, debiendo andar un cierto recorrido, sin caerse, entonando la siguiente canción:

Aquí va Isabel María
sentada na «cadeiriña»
fiando a algodao
a algodao nao está em casa
aventemos con ela ao chao.

Un juego de fuerte inspiración militar era O jogo dos sacapiloiros. El sacapiloiro, que era de madera, tenía un agujero en el centro donde se metía papel mojado y en él se introducía un palo que al hacer presión contra el papel susodicho le obligaba a saltar, produciendo un sonido semejante al de un tiro.

El mundo del toro tan presente en todo tipo de festejos tenía su representación más cómica en la vaca toira. Intimamente relacionado con el carnaval, consistía en la organización de una corrida de toros, en la cual cada uno interpretaba un papel; pues en ésta todo era de mentira, ya que el toro se hacía con mantas y telas que cubrían un armazón de madera, rematado con dos cuernos, donde iba situado el mozo encargado de hacer de astado.

Actualmente, esta costumbre está intentando ser recuperada por grupos de coros y danzas como el de "La Badana".

La gastronomía, más concretamente la repostería, ocupa, como no puede ser menos, un lugar destacado en todo lo relacionado a los usos y costumbres populares. Así, a la famosa fécula mécula hay que unir, hoy ya en desuso, unos dulces típicos de Semana Santa: las pintaiñas y el fular.

Las primeras, según D. Teófilo Borrallo, eran "unos bollos hechos con masa de pan ligeramente endulzada, a los que se daba hechura de gallina echada en el nido. El cuerpo era un huevo recubierto de la masa, y los ojos, unos granos de pimienta negra. Se adornaba con papeles de colores y plumas, se cocían en el horno...”.

Por otra parte, el mismo autor dice que el fular era un "huevo puesto en pico sobre una plataforma de masa como un platillo, adornado también con cintas de colores. El huevo iba totalmente envuelto en una espiral de la misma masa, que remataba por arriba en un cucurucho con muchos adornos. Parecer ser que la pintaiña era para las niñas y el fular para los muchachos”.

Los que ya habían dejado de ser niños en su lugar recibían las enduenças, que no eran otra cosa que "la costumbre de regalar a familiares, amigos y sirvientes el día de Jueves Santo un paquetito de peladillas o de piñones rebozados”.

Podríamos seguir enumerando prácticas antiquísimas que reflejan la riqueza atesorada por la cultura popular oliventina, pero nos saldríamos del tema que verdaderamente aquí nos ocupa: La Semana Santa oliventina. Ya que el objetivo de este artículo es el de dar a conocer cómo vive y ha vivido la Semana Santa una de las cofradías más emblemáticas de la ciudad de Olivenza: La Real Archicofradía de Nuestro Señor de los Pasos de Olivenza.

ORÍGENES Y FUNDACIÓN DE LA REAL ARCHICOFRADÍA DE NUESTRO SEÑOR DE LOS PASOS DE OLIVENZA.

Debemos remontarnos al siglo XVI, exactamente al 14 de septiembre de 1579, para establecer los orígenes de la Hermandad; pues de esta fecha data la constitución de la Confraria das Chagas de Nosso Senhor Jesús Cristo, antecedente directo de la que existe en estos momentos que a su vez provenía de la de Santa Ana (2). Hay que decir que nuestra Agrupación ha tenido un pasado bastante agitado, como se desgaja de los diferentes lugares donde hemos podido encontrarla asentada en el transcurso de su dilatada historia. Así, hay referencias que la sitúan en las Iglesias de Santa Ana, del Calvario y por último, ya que aquí se encuentra desde 1734, en la de Magdalena (3).

Una de las lagunas que hallamos a la hora de estudiar la evolución de esta Hermandad a lo largo del tiempo es la de la fecha en la que ésta cambia de intitulación pasándose a denominar Real Archicofradía de Nuestro Señor Jesús de los Pasos de Olivenza; pues, aunque oficialmente se sitúa en el año de 1811, es algo que no podemos constatar debido a la falta de fuentes.

Sin embargo, sí que podemos asegurar la verosimilitud de una serie de acontecimientos representativos de la importancia que ostenta dicha Agrupación. Entre los más significativos debemos citar la entrega, por deseo de Isabel II, de una túnica a la imagen del Santo, Patrón de la Cofradía, el 13 de abril de 1868 (4). Alfonso XII, al igual que su madre, también profesó gran devoción al Santo, lo que le llevó a regalar a la Institución un libro, en el que actualmente estampan su firma los personajes ilustres que pasan por la villa y que tienen a bien acercarse a la Agrupación. En él, además de encontrarnos con la rúbrica del mencionado monarca, podemos observar la que dejó impresa S. A. R. el Conde de Barcelona D. Juan de Borbón, con motivo de la visita que realizó a la ciudad el 27 de noviembre de 1979.

La Cofradía en continua expansión contaba en fecha de 26-11-1995 con 740 hermanos; los cuales usan hopa o balandrán de color morado con el escudo de la Hermandad (sobre fondo púrpura un escudo español, en forma de piel de toro, con el campo de plata, dispuestas en él cinco Llagas de gules en aspa, timbrado por una cruz latina y en torno una corona de espinas de oro) y veneran la imagen de Nuestro Señor Jesús de los Pasos que, a su vez, es el patrón de la ciudad.

LA REAL ARCHICOFRADIA DE NUESTRO SEÑOR DE LOS PASOS Y LA SEMANA SANTA

Tenemos constancia de que la primera participación de la Agrupación en una procesión data de finales del XVI; dicho acontecimiento ocurría el Jueves Santo (5), aunque posteriormente pasó al viernes, dando lugar a la hoy conocida como procesión del Santo Entierro.

Hay noticias de que en 1593 al impedirse la salida de la procesión de la iglesia de Santa Ana se recurrió al deán de Elvas, D. Sebastián Méndez Barbosa para que evitase tal situación, lo cual hizo tomando las medidas oportunas (6).

Más tarde, el 10 de enero de 1623, la Hermandad de la Misericordia alzó su voz quejándose porque consideraba que la del Señor de los Pasos copiaba usos y costumbres propias de ella a la vez que salía el mismo día que ésta, por lo que se sentía perjudicada. Todo se solucionará el 3 de abril de 1623 al prohibir D. Antonio Vas de Canales el que sacasen insignias y ornamentos que fuesen iguales a los de la Cofradía de la Misericordia. Finalmente, el 23 de marzo de 1624 se aconsejó a nuestra Asociación que saliese los viernes y no los jueves para no crear desavenencias. El 3 de abril de 1626 el deán de Elvas concedió a los hermanos de las Llagas permiso para acabar la procesión dos horas después de que se pusiese el sol y, por último, el 17 de marzo se les otorgó la posibilidad de que la procesión tuviese lugar en la primera hora de la noche (7).

Según D. Jesús Rincón:

"abre la marcha el Juez o hermano mayor cesante del año anterior, con su vara o insignia de tal; síguele un hermano que a intervalos toca la matraca; a continuación, el Secretario cesante arrastra un estandarte negro, en señal de luto. La segunda vara antecede a la bandera que conduce el Tesorero; detrás de éste marcha un individuo descalzo, vestida una túnica blanca y oculto el rostro con un antifaz del mismo color, y lleva en alto una cruz grande, llamada del Calvario, con su correspondiente sudario tendido en los tres clavos. Marcha luego la vara tercera, conducida por el nuevo Secretario; después el palio, bajo el cual, y por algunos cofrades, es llevado en un féretro, cubierto con un rico paño de terciopelo morado, el Señor, muerto. Las devotas efigies de San Juan, el discípulo amado, y la de Nuestra Señora de la Soledad, perfectamente ataviadas y con resplandores y coronas de plata, precedidas ambas de las varas correspondientes, siguen una tras otra, cerrando la procesión el Juez de la Hermandad, clero y las autoridades locales" (8).

Debo decir que la obra que recoge el pasaje anteriormente mencionado data de 1920 por lo que la procesión ha sufrido numerosas modificaciones derivadas sobre todo del nacimiento de nuevas cofradías y de su incorporación a dicha manifestación religiosa.

Por otro lado, han desaparecido algunas costumbres íntimamente ligadas a la historia de la Cofradía y por ende a la procesión; me estoy refiriendo al arrojao o arruchao y a la famosa paderinha.

El primero es según D. Teófilo Borrallo "el paño morado que, llevado por el suelo, precede a la procesión del Viernes Santo y significa las vestiduras desgarradas que hurtaron a Cristo en el acto de Crucifixión, y como tal signo habría de mostrarse en atrio de la puerta principal de la iglesia desde el atardecer, para indicar, además al pueblo el derecho o potestad de la Cofradía de sacar la indicada procesión, cuya facultad fue muy discutida, determinando la pérdida de ese derecho cuando el arruchao no apareciera expuesto en el atrio" (9).

Por su parte, D. Jesús Rincón, el mejor estudioso de este tema hasta la fecha, no recoge en su obra dicha tradición, pero sí habla de un uso bastante antiguo y de bastante afinidad con el anterior; el cual consistía en la colocación en la puerta de la Iglesia de la Magdalena, antes de ocultarse el sol, del estandarte que llevaba arrastrando en la procesión el Secretario de la Hermandad, señal que indicaba a los fieles la salida de la Sagrada Marcha.

Otra tradición que data del siglo XVII es la de la paderinha o buena mujer (10). Esta no era otra que una muchacha del pueblo que representando a la Verónica, vestida de negro y, cubierta con una toquilla blanca de encajes dorados la cabeza, lucía ricas joyas de la virgen de la Buena Muerte. Parece ser que la toquilla pertenecía a una Virgen y los zapatos y el vestido eran sufragados por el párroco del lugar, aunque también la Cofradía contribuía en los gastos pues hay facturas que atestiguan la compra de calzado para la dicha paderinha.

La mencionada joven marchaba delante del féretro llevando en sus manos un lienzo (11) enrollado en un cilindro de madera, que desplegaba ante los pasos o estaciones a la vez que entonaban un canto de difícil ejecución, el cual a su vez también se interpretaba en el altar mayor de la Iglesia de la Magdalena:

O vos omnes, qui transitis per viam,
attendite, et videte si es dolor similii
sicut dolor meus. (12)

Quiero hacer aquí un alto para llamar la atención acerca de una de las últimas paderinhas que ha tenido la Cofradía, la cual ha sido y es, al encontrarse hasta la fecha con vida, la paderinha más famosa y conocida de todas cuantas han pasado por la historia de la Hermandad; me estoy refiriendo, cómo no, a Dña. Rosa de la Cruz Barradas, hija del famoso pastelero “Sigadinho". Esta venerable mujer comenzó a salir en la procesión en los años cuarenta, con tan sólo 17 años, dejándolo al cumplir la edad de 23, con motivo de su cambio de estado civil. Aunque ha decidido participar, después de tan largo período de ausencia de la Semana Santa oliventina y con motivo de una promesa, en la procesión este año, rememorando tiempos pasados.

El tema de las paderinhas está todavía por estudiar pues apenas han llegado hasta nosotros noticias acerca de otras personas que formaron parte de la historia de esta curiosa tradición. Por ejemplo, si nos remontamos hacia atrás en el tiempo sólo tenemos referencia de la que fue antecesora de Dña. Rosa en el cargo de paderinha, Dña. Pura Molina. Con el paso de los años esta vieja costumbre se fue olvidando, y así, después de dejarlo Dña. Rosa, únicamente fueron paderinhas Dña. Soledad Mayoral y más recientemente una nieta de nuestra famosa paderinha.

En la actualidad intervienen en la procesión, además de la nuestra, la Cofradía de Jesús orando en el huerto y la Santísima Virgen de las Angustias (paso del Calvario), la de Nuestro Padre Jesús Nazareno-Obreros (paso de San Juan) y la del Descendimiento (paso de María Santísima de la Soledad).

Amén de que la procesión tiene lugar el Viernes Santo, las bases de todo lo que ha acontecido esa jornada se asientan en la noche anterior. Ese día la Hermandad del Descendimiento lleva en procesión por las calles de Olivenza dos pasos: los de la Virgen de la Soledad y Jesús clavado en la Cruz. El Cristo que aparece crucificado en este último es propiedad de la Cofradía del Señor de los Pasos y está situado en posición yacente en un arca o sarcófago de cristal y mármol, que se encuentra, a su vez, en la capilla del Santo que da nombre a nuestra Agrupación.

Cuando finaliza el evento, ya en la madrugada, se descuelga la imagen de Cristo y se le coloca en la urna de cristal del paso que posee nuestra devota Asociación, para al día siguiente recorrer las calles de Olivenza acompañada del resto de Hermandades.

De principios del XVII data otra de estas celebraciones, en la cual la comitiva salía de la ermita de Santa Ana y finalizaba su itinerario en la puerta de la muralla, que más tarde se llamará del Calvario, tomando nombre de la capilla que la Cofradía de las Llagas construiría en ese lugar. Parece ser que en el trayecto se representaban las paradas (pasos) que Jesús hizo camino de la Crucifixión (13). Esta procesión será antecedente directo de la que hoy día tiene lugar el Domingo de Pasión (V de Cuaresma), con motivo de la celebración de la fiesta del Patrono de Olivenza: Nuestro Señor Jesús de los Pasos.

Después de oficiarse la Eucaristía de mano de los sacerdotes que residen en la villa, Consiliario Honorario, párrocos que han pasado por Olivenza, etc. y de ser presidida por el Vicario Episcopal se efectúa el rito de admisión de nuevos hermanos, dando a continuación comienzo la procesión.

El itinerario habitual que sigue es el siguiente: Iglesia y Plaza de la Magdalena, Plaza de la Constitución, Moreno Nieto, Avenida de Portugal, Plaza de España, Ramón y Cajal, José Melero, Caridad, Francisco Ortiz, Plaza de Santa María, Ruperto Chapí, José Soto, Santa Quiteria, Santa Lucía, Paseo de Pizarro, Díaz Brito, Plaza e Iglesia de la Magdalena.

La Imagen en su recorrido se va deteniendo ante el domicilio de los enfermos que lo deseen y ante los pasos, especie de pequeños altares callejeros de fuerte influencia portuguesa, donde se imparte la bendición con el Lignum Crucis:

Primer Paso, calle Caridad:

II Estación: “Jesús con la Cruz a cuestas".

Segundo Paso, Avenida de Portugal:

IV Estación: "Jesús encuentra a su Madre".

Tercer Paso, Avenida Ramón y Cajal:

V Estación: "El Cirineo ayuda a Jesús".

Cuarto Paso, Plaza de Santa María:

VI Estación: "La Verónica enjuga el rostro de Jesús".

Quinto Paso, calle Santa Lucía:

VII Estación: “Jesús cae por segunda vez".

El santo en dicha celebración va engalanado con una túnica de terciopelo de seda recamada de bordados de oro, resplandor, corona de espinas, cíngulos, donados por el Obispo D. Fernando Ramírez y Vázquez, antiguo Párroco de la Magdalena, y un cirineo apoya-cruz. El paso, construido en 1945 por suscripción popular, es llevado a hombros por hermanos costaleros y va adornado con claveles rojos que aportan los fieles oliventinos.

Delante de la Imagen va un estandarte de terciopelo bordado de oro, siendo acompañada todo el trayecto por gran número de penitentes. Más atrás se sitúa un palio de paño morado, bajo el cual encontramos al Lignum Crucis en manos de los sacerdotes.

La procesión es cerrada por los Directivos de la Hermandad, Representantes de todas las Cofradías, autoridades y personalidades locales, civiles y militares y por la banda de música. Sin olvidar que en toda la marcha hay presencia de los hermanos de nuestra Agrupación, desempeñando cada uno el papel que le corresponde y llevando faroles de hojalatería.

Al raíz del ataque lanzado el 17 de septiembre de 1641 por el conde de Monterrey sobre la Puerta del Calvario y los dos baluartes que la flanqueaban, la Cámara Municipal propondrá, con fecha 5 de agosto de 1643, que se declare el 17 de septiembre de cada año fiesta local, celebrándose una procesión que iba a ir desde "la Iglesia Matriz hasta el Calvario", según Rincón (14), y hasta la Puerta del Calvario, según Silva (15). Dicha procesión hoy no tiene vigencia.

Pero la realidad diaria de la Cofradía no se va a limitar a los actos anteriormente mencionados sino también a un nutrido conjunto de actividades y devociones que a continuación daré a conocer.

En plena Cuaresma, concretamente el primer viernes de marzo, interviene en el Besapié, Eucaristía y el Vía Crucis. En los nueve días inmediatamente anteriores al Domingo de Pasión colabora en el Solemne Novenario, asistiendo al Rosario de la Aurora, a las Eucaristías con Predicación y a todos los eventos propios de esta época del año.

No obstante, tampoco se reducen a esto los fuertes lazos que unen la Hermandad al pueblo oliventino, debido en gran parte a la fe que profesan al Santo Patrono de la Cofradía y de la villa. Reflejo de esto ha sido el requerimiento que, en numerosas ocasiones, el pueblo ha hecho de dicha Imagen para sacarla en rogativas por la lluvia, como consta de la realizada el 28 de febrero de 1981, y de la donación temporal de una urna portátil con la figura del Cristo a los enfermos que lo soliciten.

Para el final he querido dejar un plano ciertamente curioso y atractivo de la Cofradía que hoy día también ha perdido vigencia y que estaba íntimamente relacionado con el mundo de la música y el canto.

Parece ser que en la década de los cuarenta un numeroso grupo de amigos en el que concurrían las más variadas clases sociales crearon un coro, dirigido por D. Domingo Méndez, para cantar en la Novena y en la Solemne Misa (la de Perossi). Componían el conjunto un "maestro como Miguel Pérez, un profesor como Felipe Martínez, unos oficinistas, unos empleados de Banca y diversos de oficios artesanos, o como los Mantequiña, sastres; los Rivero (Cuatrollos) armeros; otros carpinteros, estereros, etc., y me olvidaba de Julio Antúnez que a pesar de su voz desgarrada y ronca, tenía tal entusiasmo por cantar que nadie se hubiera atrevido a ponerle el veto... Era Maestro Nacional" (16). D. Teófilo Borrallo da fe de la dificultad de la tarea a la que se dedicaban debido a la imposibilidad de amenizar el canto con música el día de Viernes Santo, porque estaba prohibido acompañarse con instrumentos fragosos (17).

Dicho personaje nos cuenta que una vez que terminaban de cantar y como colofón a su exitosa interpretación, organizaban una caldereta con ajo de peces, plato típico de esta población, en un lugar llamado El Molino, donde fruto de la contagiosa alegría y buen ambiente en determinado momento D. Teófilo leyó unos cuartetos que aquí adjunto:

Lista de la Orquesta y Coro del Señor de los Pasos en el año de 1944 (18):

Los que componen la orquesta:

El Señor de los Pasos, venerado,
en esa joya que es la Magdalena,
ha tenido este año, en la Novena,
una Orquesta y un Coro inusitado.

Puesto al harmonio nuestro Director
Domingo Méndez, mágico organista
encabezando la presente lista
de Orquesta y Coros de Nuestro Señor.

Los violines primeros que tocaron
son: Miguel Pérez Vázquez, Baldomero,
y su hijo Antonio que, con gran esmero
su difícil misión desarrollaron.

Segundos: Don Felipe, Manuel Cascos
(citado como bravo zapatero)
que, con Mariano Santos (Campanero)
hicieron mil primores con los arcos.

Toca en la flauta trinos primorosos
Luis Regó; el saxofón, Manuel Rivero;
Fernando, el clarinete pijotero,
terminando aquí el trío de los fragosos.

Y para hacer de digno colofón
al grupo de fragosos, ya ultimado,
Julio Fuentes Terrón, pulcro, inspirado, arrancando lindezas al violón.

Los 23 primeras y segundas voces del coro

Va Teófilo Borrallo dirigiendo
batuta en mano, las primeras voces,
para hacer que pastueños o veloces
sigan el ritmo que él les va imprimiendo.

Y, Juan María Villar, Camilo Para
Manuel Antúnez y Manuel Cordero,
Manuel Antúnez (el del esterero)
y Antonio Gil, atentos a la vara

con Vicente Bernal, Juan Píriz Ruiz,
Carlos Moreno Vega y Juan Ramallo,
siguiendo la batuta de Borrallo
cantan y cantan sin ningún desliz.

(Sin control. Julio Antúnez. Se da pisto
de poseer la clásica voz de oro;
en esto no hay cuestión: Es el más listo
y el más adelantado en nuestro Coro).

Antonio de la Granja, Salmerón
Pepe Hernández y Francisco Gaitán
con cuyos nombres casi todos van
citados por su artística actuación,

quedando por nombrar los que refiero:
Juan Moreno, Felipe, Marceliano,
Mario Ortiz Espadiña (que es su hermano)
Ramallo, Antonio López y Cordero.

Son estos últimos segundas voces
que los dúos cantaron a pedazos...
¡Y es que son todos unos artistazos!
¡Bendito Dios, qué artistas tan atroces!

De finales de los años treinta data el himno actual de la Cofradía, compuesto por D. Manuel Núñez en Badajoz en 1939:

A Nuestro Padre Jesús de los Pasos (19)

I

Jesús, Señor de los Pasos,
deja que a tu lado llore,
pues también sobre mis hombros
pesa una cruz de dolores.

Pero al mirar tu sufrir
me encontré consolado,
Señor, besaré mi cruz
y caminaré a tu lado.

Señor, por ir a tu lado
y llorar con tu dolor,
cuando vayas a juzgarme
¡misericordia. Señor!
¡misericordia. Señor!

II

Señor, que llevas la Cruz
y de espinas coronado
¡siendo el amparo del mundo
te encuentras desamparado!

Tu desamparo y martirio
dolor profundo me cuesta,
por mí llevas la Corona
y vas con la Cruz a cuestas.

Perdón, Señor, por mis culpas
que tus martirios causaron,
perdón, Jesús Nazareno,
perdón. Señor de los Pasos,
perdón. Señor de los Pasos.

Como colofón final, quisiera decir que el futuro de los usos y costumbres de nuestros pueblos y ciudades depende, en buena manera, de nosotros; pues debemos rescatar del olvido los que hayan perdido vigencia, recurriendo a las riquísimas fuentes orales que todavía están sin estudiar convenientemente y concienciando a la juventud de la importancia de la preservación de éstas. También, a nivel institucional, las autoridades competentes tienen la obligación, por medio del apoyo de estudios relativos al tema y del fomento de actividades encaminadas hacia tal fin, de intentar que este vasto patrimonio no se malogre y pueda transmitirse a las nuevas generaciones.

____________

NOTAS

(1) El contenido de esta introducción ha sido extraído en su mayor parte de obras tan significativas para el tema como las siguientes: BORRALLO GIL, T.: Mis recuerdos de la Olivenza española, Badajoz, 1983, pp. 39-51; "El folklore extremeño", Raíces, Badajoz, Hoy: Diario de Extremadura, 1995, T. I, pp. 30-39. (Este trabajo forma parte de un coleccionable editado por el Diario de Extremadura, HOY); aparte de estas interesantes publicaciones debo mencionar otras que también hacen referencia a diversos ámbitos de la cultura popular oliventina, verbigracia: ASENSIO RODRÍGUEZ, R.: Cosas de Olivenza: costumbres, gastronomía y dialectos, Badajoz, 1982 y Más cosas de Olivenza, Olivenza, 1986; LIMPO PIRIZ, L. A.: El caso oliventino: para una investigación cultural, Barcelona, 1983, y Olivenza a través de sus revistas de ferias y fiestas, Olivenza, 1983; G.I.F.O.: Introducción al estudio del folklore de Olivenza: adulteración y realidad, Olivenza, 1986 (dactilografiado), etc.

(2) ABRANTES, V. L.: O patrimonio da Sereníssima Casa de Bragança de Olivença: seguido de apontamentos monográficos e notas etnográficas: obra profusamente ilustrada da colecçao iconográfica do autor, Lisboa, 1954, pp. 423-424; RINCÓN GIMÉNEZ, J.: Menudencias históricas de la Muy Noble, Notable y Siempre Leal ciudad de Olivenza, Badajoz, 1920, p. 47.

(3) RINCÓN GIMÉNEZ, J.: Op. cit., p. 55.

(4) LIMPO PIRIZ, L. A.: "La túnica del Señor de los Pasos", Encuentros/Encontros de Ajuda, Olivenza, 1985, pp. 178-182; PIRIZ NUÑEZ, F.: "La Real Archicofradía del Señor de los Pasos", Encuentros/Encontros de Ajuda, Olivenza, 1985, p. 183; A.H.M.O. leg. 14, carp.: 4/20 (Libro de actas); A.H.M.O. leg. 5/20.

(5) RINCÓN GIMÉNEZ, J.: Op. cit., p. 57.

(6) Ibid., p. 57.

(7) Ibid., pp. 57-59.

(8) Ibid., pp. 59-60.

(9) Dicha definición aparece recogida en el prólogo que Teófilo Borrallo hace a la obra ya mencionada de Jesús Rincón: Menudencias históricas de la Muy Noble, Notable y Siempre Leal ciudad de Olivenza, Badajoz, 1920, p. XII; aunque también, es citada en el trabajo: Mis recuerdos de la Olivenza española, Badajoz, 1983, pp. 41-42 y en el coleccionable "El folklore extremeño", Raíces, Badajoz, HOY: Diario de Extremadura, 1995, T. I, p. 33.

(10) Tenemos referencias de esta mujer en: ABRANTES, V. L.: Op. cit., p. 431; "El folklore extremeño", Raíces, Badajoz, HOY: Diario de Extremadura, 1995, T. I, p. 33; a su vez el Museo Etnográfico Extremeño -González Santana- de Olivenza tiene expuesto, en forma de texto enmarcado, un breve receso en el que se describe a la paderinha y la función que ésta realizaba en la Semana Santa oliventina.

(11) Este paño se encuentra en el Museo Etnográfico Extremeño —González Santana— de Olivenza, siendo devuelto en Semana Santa a su actual dueño, la Cofradía de los Obreros. Ver referencia en: CASTRO, F. V.: Museo Etnográfico Extremeño. González Santana, Mérida, 1995, p. 233.

(12) Acerca de dicho canto ver: "El folklore extremeño", Raíces, Badajoz, HOY: Diario de Extremadura, 1995, T. I, p. 33 y la reproducción que el mencionado Museo exhibe de éste en una de sus salas.

(13) ABRANTES, V. L.: Op. cit., p. 439.

(14) RINCÓN GIMÉNEZ, J.: Op. cit., p. 53.

(15) FRANCO SILVA, A.: La villa de Olivenza (1229-1801): aproximación a su historia, Plasencia, 1982, p. 36

(16) BORRALLO GIL, T.: Op. cit., p. 49. Pasos, Olivenza, 1987, pp. C1-C3. (dactilografiado).

(17) Ibid., p. 49.


(18) Ibid., pp. 50-51.

(19) Estatutos de la Real Archicofradía de Nuestro Señor de los