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LA GAITA EN CABORANA. ASTURIAS

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 1998 en la Revista de Folklore número 209.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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La Reguera. Caborana. Moreda. Asturias. Julio de 1974. Agapito Pombo construye gaitas y las toca. Usa torno de pedal. Desbasta la madera, la alisa y le cuela una barrena por una punta hasta los medios:

-...hablando de punteros, que es el pito, lo que hace la melodía; tengo otra barrena más estrecha que llega hasta el final. Luego lo escario, o sea, le meto escariadores de acero para hacerle el hueco, y así llego al que da el calibre, que es el último.

Cree Agapito que el mejor constructor de gaitas de Asturias vivía en Cogollo:

-Se llamaba Antonín y el padre Manuel; aún guardo punteros suyos como modelos.

No usa electricidad en el taller porque cree que es más bello hacerlo a mano:

-La madera de texo suena bastante bien. Me la da un señor de Cabañaquinta arriba; si está verde no es buena para barrenar. Hay que dejar que seque. Ya hechos los agujeros viene el retoque, y observe que por el soplete entra el aire al fuelle; pues bien, esto lleva dentro un depósito para evitar que la saliva entre al fuelle y lo pudra, que la saliva es dañina ahí donde la ve.

Pienso que si el puntero es la flauta, el roncón que lo acompaña hace el don, el bajo.

-Para el roncón, que tiene el medio y la copa, uso ébano, que llega de Guinea o de Cuba. Es caro.

-Por los tres días que tardo en hacer una gaita desde el tronco en bruto hasta que toque cobro entre cinco y siete mil pesetas.

Me pregunto si la gaita gallega es como la asturiana o la asturiana es como la gallega. Parece adivinarme la duda:

-Vienen a ser parecidas. Unas llevan la pajuela para ser voz cantante, para cantar solas, y otras son para conjunto. Para afinarlas se coloca la pajuela y se va rondando el roncón hasta que da el tono con el puntero.

Agapito tiene gaitas favoritas. Le digo, por decir algo y porque no me vea como un pasmarote, que José Remis, gaitero mayor, con casa en Cangas de Onís, me habló muy bien de él.

-Todos los gaiteros que tocan gaitas hechas por mí dicen que las hago bien. Aquí vienen de Gijón, de Sama de Langreo, de Oviedo, lo mismo por gaitas que por punteros, y llámanme para tocar en las fiestas. Lo mismo las hago que las toco porque gano buenes perres ¿no sabe? Salgo a tocar con un grupo de danzas que hay en Moreda.

Agapito es gallego y se vino aquí al quedarse huérfano de ocho años:

-Tenía un tío en Vivero y le escribí que estaba con la abuela, de modo que me fui con mi tío seis meses y ese tío mío tuvo que venir a Asturias a trabajar en las minas y quería que quedara yo allí y no quise. Mi ilusión era venir a Asturias para comprar una gaita asturiana. Vinimos en un barco desde Vivero a Pravia; nos cobraron un duro a cada uno, y luego cogimos un tren hasta Ujo, y otro hasta Moreda. El me puso de posada porque para mí no había trabajo en la mina de momento, pero un amigo vigilante le dijo que me iba a colocar en su casa de albañil, y las primeras perras que gané fueron para ir a Mieres a comprar una gaita. Después entré en la mina, en La Industrial Asturiana, a trabajar de ramplero, de caballista y de ayudante. En el año veinte fui a La Hullera Española de picador. Pero yo lo que quería era hacer gaitas y tocar la gaita y me hice con herramientas de carpintería y hoy mis gaitas están en América, en Alemania, en Bélgica.

Roncón, ronquillo y ronquete. Paso mi mano por la madera mientras lo escucho hablar.

-El boj es lo mejor para hacer gaitas porque tiene un sonido muy adaptado a las notas de la música. En Asturias suele criarse el boj o boje en los huertos y hay que cuidarlo y podarlo para que crezca, porque crece muy poco. Para el fuelle, piel de cabrito o de cordero, forrado de terciopelo que cose mi hija. Se secan las pieles y se usan.

Agapito se corta de pronto en lo que iba diciendo. Se corta y llora. Yo guardo silencio hasta que lo rompe de nuevo su voz:

-Estoy sereno y soy de mucha labia. Me gusta que me aprecie la gente y venga a verme, aunque otros no quieran ver en mí más que un minero jubilado. Tengo diplomas, mire. En Aviles saqué un segundo premio de dos mil quinientas pesetas. En Luarca también, y en Madrid no me dieron nada. Me perdí. En Madrid se pierde uno; se convierte en el trescientos setenta mil.

Por hacer algo muevo las herramientas que cuelgan, que reposan.

-Yo mismo he hecho esas barrenas de hierro para horadar los punteros. Como las hice a mano los punteros me salían deformados, hasta que fui a un ingeniero de Hunosa. que se llamaba Don Eduardo y me dio una nota para Don Leandro, que fue quien me facilitó un escariador en condiciones.

Agapito Pombo llena el fuelle de su gaita favorita y empieza a tocar. Así transcurre la mañana entre un sereno de mucha labia y un inquieto de ninguna. ¿Qué puede uno decir en estos casos?