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CINCO EJEMPLOS DE LITERATURA DE TRANSMISION ORAL EN CANTABRIA

VIERNA GARCIA, Fernando de

Publicado en el año 1998 en la Revista de Folklore número 210.

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En 1920 publicaba Tomás Maza Solano "Temas de folklore regional" en el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo. Se trata de la primera ocasión en que se publican, con interés científico, temas recogidos de la tradición oral en Cantabria. A partir de entonces las publicaciones en las que se recogen temas del folklore cántabro se han sucedido a lo largo de estos casi ochenta años de manera especial en los diez últimos. A continuación expondremos algunos ejemplos recogidos en estos años; son cinco muestras de la tradición oral que hoy, al final del siglo XX, vive en diferentes puntos de nuestra geografía.

La versión de "La hermana cautiva" que aparece en primer lugar lo recitó mi madre en la primavera de 1996, a ella se lo había enseñado Carmen, una mujer que vivía en Madrid, a la que el 18 de julio de 1936 sorprendió en Santander y se dedicó a dar clases para sobrevivir. No tenemos más datos de aquella primera transmisora.

El tema de "Juan y Juana" lo aprendieron un grupo de mujeres de Hazas de Soba cuando de mozas acudían a aprender costura. La propia profesora de costura se lo enseñó. Beatriz es la única de las mujeres entrevistadas que, en la actualidad, lo recuerda íntegramente. Durante la encuesta romacística "Cantabria 96", en compañía de Flor Salazar y José Manuel Fernández contactamos por primera vez con Beatriz, pero ni el texto estaba completo ni las condiciones de grabación permitían una transcripción fiel del mismo, por lo que regresé unas semanas más tarde.

El cuento de "La novia borracha" lo recogió de la tradición oral y publicó Gonçalo Fernandes Trancóso en Lisboa en 1575, posteriormente lo reproduce Correas en su "Vocabulario de refranes", pero hasta la fecha, salvo error, en el ámbito de las lenguas españolas únicamente lo ha recogido Julio Camarena en Villaseca de Laciana, en la provincia de León. Corresponde al tipo 1454* de la clasificación de Antti Aarne y Stith Thompson.

"Las tres pruebas" es uno de los cuentos folklóricos presentes en más partes de la geografía española, desde el norte hasta el sur y desde el este al oeste. Incluido en la clasificación de Aarne-Thompson en el tipo 1525D, ha sido recogido en puntos de lengua castellana, catalana y gallega.

Por último el cuento de "El pasiego y la venta de la vaca" es un tipo de cuento de los de "hombre listo" que ha llegado hasta nuestro informante por transmisión oral y que refleja la idea de los pasiegos que hay en su entorno. Debemos hacer notar que tanto el lugar de nacimiento como el de actual residencia de nuestro informante están situados en una de las vías naturales de comunicación de los pasiegos con la costa, a donde acudían los días de mercado para vender sus productos, queso, mantequilla, etc., las "Pasiegas de los quesucos" a las que cantó Gerardo Diego.

DON BOSCO
Caminó don Bosco
mañanita fría
a Tierra de Campos
a buscar la niña.
Hallóla lavando
en la fuente fría.
— ¿Qué haces aquí mora
hija de judía?
Deja a mi caballo
beber agua fría.
- Reviente el caballo
y quien lo traía,
que yo no soy mora
ni hija de judía.
Soy una cristiana
que aquí estoy cautiva
lavando los paños
de la morería.
— Si fueras cristiana
yo te llevaría
y en paños de seda
yo te envolvería
pero si eres mora
yo te dejaría.
Montóla en caballo
por ver qué decía
y en las siete leguas
no hablara la niña.
Al pasar un prado
de verdes olivas
por aquellos prados
¡qué llantos hacía!
- ¡Ay prados, ay prados
prados de mi vida!
Cuando el rey mi padre
plantó aquí esta oliva,
él se la plantara
yo se la tenía;
mi hermano Don Bosco
los toros corría,
mi madre la reina,
la seda torcía.
- Pues ¿cómo te llamas ?
- Yo soy Rosalinda
que así me pusieron
porque al ser nacida
una linda rosa
mi pecho tenía.
- Pues tú por las señas
mi hermana serías.
- ¡Abra la mi madre
puertas de alegría
por traerle nuera
tráigole a su hija.
- ¡Madre, la mi madre,
mi madre querida!
que hace siete años
que yo no comía,
sino amargas hierbas
de una fuente fría,
do culebras cantan
caballos bebían.
- ¡Mi jubón de grana,
mi saya querida
que te dejé nueva
y te hallo rompida!
- Calla, hija calla,
hija de mi vida
que quien te hizo esa
otra te haría (1).

JUAN Y JUANA

Por gastar papel y tinta
y además por pasar tiempo
les voy a contar la historia
de dos novios de mi pueblo.
A él por Juan le conocen
y por apodo "El becerro”,
sus piernas eran torcidas,
era cojo y también tuerto.
De trabajar no entendía
porque era blando de huesos,
con un pedazo de pan
se pasaba el día entero.
Ella se llama Juana
y era nieta de su abuelo,
más fea que el no tener
y tenía un ojo seco.
Era chata en demasía
y su cuerpo tan mal hecho
parecía una morcilla
y un chorizo extremeño.
Un día, de matrimonio
le vino a Juan el deseo,
y poniéndose a pensar
pronto encontró su remedio.
Pensó en Juana y al instante
la hizo saber su deseo.
La dijo pues, Juana escucha
mi atrevido pensamiento,
mis planes voy a decirte
que a los dos son de provecho.
Juana, si has pensado casarte,
tengo el mismo pensamiento
y a que seas mi mujer
si quieres estoy resuelto,
poco hemos de perder
tú y yo en este cuento,
tú eres pobre y yo soy pobre,
tú eres tuerta y yo soy tuerto.
Con que dime si te conviene,
respóndeme y acabemos.
Pero primero hay que pensar
y saber qué es lo primero
cómo vamos a vivir
y ver el ajuar que tenemos.
Hablamos como un libro, Juana,
yo a nombrar mejor empiezo
que sin duda como el tuyo
será poco más o menos.
Tengo para la cocina
dos tarteras y un puchero,
las tarteras están rajadas
y los pucheros lo mismo.
Tengo una sartén pequeña
y otra grande con bujeros,
dos platos desportillados
y un cazo roto, muy viejo.
Poseo una silla coja
y un banquillo sin asiento,
pero no los necesito
porque me siento en el suelo.
De botellas y de vasos
es preciso que no hablemos.
Cucharas y tenedores
no tengo más que los dedos.
Tengo una camisa rota,
y otra vieja también tengo
que la pobre está sin mangas
y le falta el delantero,
se le ha perdido la espalda
y también le falta el cuello.
No te llames pues a engaño,
ya sabes lo que poseo.
De ruin a ruin poco va
y para más igualdad
tú eres pobre y yo soy pobre,
tú eres tuerta y yo soy tuerto.
Dime ahora a ver cómo es el tuyo
- Conozco, Juan, sin dudar
por lo que me vas diciendo
que eres más rico que yo,
ya lo verás que no miento.
Tengo una saya de tela,
pero con tantos remiendos
que no se puede saber
cuál fue su color primero.
Tengo un jubón destrozado
que por viejo no lo llevo,
pues más agujeros tiene
que ventanas un convento.
Camisas, quién las conoce Juan,
tú dos tienes al menos,
que si por viejas no sirven
servirán para el trapero.
Tengo una cama muy ancha,
donde a dormir seis cabemos
y hasta doce si es preciso
porque mi cama es el suelo.
Me tapo con una manta,
que fue manta en algún tiempo
pero está tan destrozada
que apenas me cubre el cuerpo.
De calzado y de medias
es preciso que no hablemos,
llevo, por no tener otras,
las que mis padres me hicieron.
Ni sé hilar ni hacer calceta,
ni sé guisar un almuerzo
pues con mendrugos de pan
de continuo me alimento.
Este es mi ajuar,
según es te lo presento,
como no tengo otra cosa
acéptalo como bueno.
- Juana, si pensé casarme,
fue sólo con el intento
de dormir un poco blando
y acomodado el pellejo
en un colchón, aunque malo,
pero por lo que estoy viendo
ni colchón, ni jergón ni manta,
ni nada bueno tendremos.
Yo creí que eras mujer
algo hacendosa por cierto
no te creí tan perdida,
aunque perdido me encuentro
unirme a una desmangada,
inútil de cuerpo entero.
Siendo mujer es muy cierto
que algo habíamos de hacer,
casarse es algo muy serio
y contigo ni aún en bromas
más quiero ir al cementerio.
Tú en tu casa, si la tienes,
yo en la mía, si la tengo
vivimos pues separados,
¡pues pa mujer no te quiero!
- Qué dice don Juan sin tierra,
que no quiere que nos casemos,
pues que sea en hora buena
si libre de ti me veo
porque eres un vagabundo,
mal trabajador y feo,
y llevas más sebo encima
que hay en casa de un velero.
No eres más que media luz,
tienes sólo un ojo abierto
y tienes más elifaces
y más moquillo que un perro.
- Calla, qué dice la hermosa,
cara de perro podenco,
narices de apagavelas,
eres un monstruo salero,
en la joroba que llevas
te pareces a un camello.
Para arreglar ensaladas
son tus dos ojos muy buenos,
el malo mana vinagre
y aceite mana el tuerto.
Eres un nido de pulgas
y también de otros insectos
que te hacen rascar aprisa,
y en rascar pasar el tiempo.
— Mira quién habla, buen mozo,
que siempre está en movimiento
rascándose las costillas
de que tiene lleno el cuerpo,
también la sarna perruna,
de que es un almacén lleno,
¿Yo mujer tuya? Ni en chanza.
¿Juntarme a ti? Ni por pienso.
Vaya a paseo el mandrí.
Adiós pues, sarnoso perro.
Dios te dé malas tercianas,
sabañones y diviesos.
- Todo lo que me deseas,
fea Juana, te deseo
además un tabardillo
de mala clase, manchego.
Tu piel no es piel de persona,
que es de un geniudo abadejo.
Quédate con Dios pichona,
carita de un gato viejo,
que tienes pelo de zorra
y una barrica en tu cuerpo.
Se acabaron las palabras
y empezaron el jaleo
de trompazos, bofetones,
pellizcos y otros excesos.
Y gracias a los vecinos,
que a los gritos acudieron,
y pudieron separarlos
después de muchos esfuerzos.
Salieron de la pelea,
la Juana con menos pelo,
toda la cara arañada
y un golpe en el ojo bueno.
El Juan salió como pudo,
con mucha sangre en el cuello,
pues la uñas de su novia,
en él desgarros hicieron.
El que quiera que lo crea
y el que no tiene un remedio,
que tome el tren cuando guste
y vaya a mi pueblo a saberlo.
Si alguno va, buen viaje,
que yo en mi casa me quedo.
Salud y muchas pesetas
y aquí se acabó este cuento (2).


LA NOVIA BORRACHA Una vez que estaban hilando una madre y una hija. Y la hija tenía un novio y estaba vigilándola por la ventana. Y después de hilar dice:

- ¡Echa una escudilla de vino!

Una escudilla era una cazueluca de esas de barro de antes.

Y el novio pues estaba viendo cómo bebía vino.

Y después, al otro día, va a la fuente a por agua la madre de la muchacha y dice:

- Oye, ¿ viste anoche a María ?

- Sí, vila.

- ¿Viste mecha que tenía ?

Por decir que estaba hilando.

- Sí, vila.

- Tres de aquellas hila al día.

— En su casa que no en la mía.

Y no volvió con ella (3).

LAS TRES PRUEBAS

Buenos, pos era un padre que tenía tres hijos y quería darles a todos carrera y que eligieran cada quien lo que ellos quisieran. Uno dijo que quería ser médico, otro dijo que quería ser yo creo que cura y el otro dijo, dice:

— Pues yo ladrón.

Con que, bueno, pos y cada quien cogió su destino y al ladrón fue a acompañarle a la cueva de los ladrones, a decirles:

— Bueno, pos este hijo, este es hijo míu y quiere ser compañero de ustedes. Que si le reciben.

Dice:

— Bueno, pos sí, sí, pero tendremos que probarle a ver si vale, si no vale, pos no..., no nos hace el caso.

Conque, bueno, pos el padre se volvió a su casa y ya el jefe de los ladrones le dice al que, al nuevo, al que llegó entonces. Dice:

— Bueno va a haber una boda y la novia es de un pueblu y el noviu es de otru, dice, y van a llevar un carneru del pueblu del noviu al pueblu de la novia pa celebrar la boda. A ver si se le quitas sin que mates a nadie y sin que te vean.

Conque, va p 'allá, dice, tiene que pasar por tal sitio, conque va p 'allá y compra unos zapatos nuevos y fue y tiró unu p 'aquí y utru allá, un cachu más alante en el camino, y vienen los de la boda con el carneru. Dicen:

— Coñu, mira aquí un zapatu nuevu.

Dice:

— Pero un zapatu nuevu solu, qué le queremos.

Conque, siguen andando y dice:

— Aquí está el otru zapatu, coñu, vamos a amarrar aquí el carneru y a volver a por el que dejamos allí atrás. Que los dos ya nos hacen clase.

Conque amarran el carneru y viene el ladrón y pesca el carneru y le llevó a la cueva.

— Bueno pos aquí está el carneru. Dice:

— Bueno y qué arte te diste, ¿mataste a alguno?

Dice:

— No, no, dice, les contó la faena, les contó lo que había hecho.

Dice:

- Pues la boda se tiene que celebrar y van a pasar con otro. A ver si haces lo mismo y que ni te vean ni mates a nadie y que les quites el carnero.

Conque va y, y... y se pone en donde había amarrau el carneru, se escondió allí y al venir con el utru carneru empegó él a berrar:

- Baaa.

Y dicen ellos:

- Coñu, ahí está el carneru que se nos escapó anoche. Vamos a amarrar éste a ver si no se escapa hombre.

Conque, amarran el carneru pa ir a pescar el otru y viene el ladrón, pesca aquel carneru, ¡hala!, a la cueva con él.

Conque, conque, llega y dice:

- Bueno aquí está el carneru.

Dice:

- ¿Qué arte te diste?, ¿mataste alguno?

Dice:

- No, no, nada, ni me vieron tampoco.

Dice:

- Pues la boda tienen que celebrarla y van a pasar con otru carneru.

Con que va pa allá. Y allí, aonde habían desaparecían los otros dos coge dos piedras y se puso allí escondiú. Y según venían con el otru carneru empieza él a dar con las dos piedras así... (la narradora golpea un puño contra la palma de la otra mano) y dicen:

- Coñu, ahí están los dos carnerus que se nos escaparon, están aluchando.

Con que amarran aquel carneru cerca del otru, los otros dos, y en eso viene el ladrón y pesca el carneru y a la cueva con él.

Conque:

- Bueno qué.

- Pos aquí está.

Dice:

- ¿Qué, qué, cómo te las arreglaste?

- Pos de esta manera.

Y ya dice él a los otros, dice:

- Este le tenemos que despachar, que es más listo que toos nosotros. Nos come el pan.

Conque, le echan pa casa y... y él estaba casau y fueron y mataron el lichón y a la noche le metieron en el horno, pa esconderle de los ladrones, porque los ladrones saben onde están toas las cosas. Conque le dice él a la mujer, dice:

- Si vienen los ladrones y te preguntan que onde está el lichón, les dices que tú no sabes, que tú no te acuerdas.

Y, conque se durmieron, vienen los ladrones y le dicen a ella:

- Oye, oye, onde metimos anoche el lichón, mira que no me acuerdo.

- Coñu, eres tontu, no te acuerdas que le metimos en el horno.

Conque van palla, pescan el lichón y ¡hala! Iban ya andando por el senderu de donde iban a la cueva y despierta el paisano y le dice:

- ¿Te han preguntau por el lichón ?

- Coñu, tú me preguntaste hace un poco.

Dice:

-¿Yo?

Se levanta, pone los pantalones y echa, echa a andar tras de ellos y los cogió en el sendero, que iban de uno en uno. Y llegó hasta onde el último y no dijo na. Y, según se cansaban corrían el chón al que venía más atrás. Ya cuando le pesaba a aquel mucho, le daba al de más atrás. Y ya llegaba al último y le dice:

-Oye

Le dice el ladrón nuevo.

- Oye, cuando te canses mucho del lichón me le das a mí.

Como que era un compañero. Conque el jefe que estaba a la puerta de la cueva esperando a ver cómo llegaban con el chón.

- ¿Dónde está el del lichón?

Y les iba preguntando.

Dice:

- Ahí detrás viene.

Pasa otro, dice:

- ¿Y el del lichón ?

- Ahí detrás viene.

Y ya pasó el último y dice:

- ¿Y onde está el del lichón ?

Dice:

- Pos ahí detrás viene.

- Que detrás viene, ¡ah! tontos, tontos, dice: no vos lo decía yo que si era más listo que nosotros.

Y se volvió pa casa con el lichón y así se acabó. Y colorín colorau. El cuento acabado (4).

EL PASIEGO Y LA VENTA DE LA VACA

Marchaba un pasiego a la feria a vender una vaca.

Iba andando porque entonces iba andando todo el mundo, y se juntó con un vecino que también iba a la feria pero a comprar.

Con que según iban andando le preguntó el que iba a comprar.

- Tú ¿qué, a vender la vaca?

- Pues sí, una vaca que es muy buena, da una leche buenísima. A ti te vendría muy bien.

- No sé, no sé. Parece que tiene poca ubre.

- ¿Poca ubre?, pero si es una "uva de leche", ésta da leche hasta por los cuernos.

- Ya veré, esperaré a después de la feria pero cuenta que me quedo con ella.

Con que llegaron a la feria y cada cual por su lao, uno a vender y otro a comprar. Y según iba la feria el dueño de la vaca veía que el precio que había fijao con su vecino se quedaba corto con lo que le estaban ofreciendo.

Por otra parte, el vecino viendo los precios que estaban pagándose en la feria se frotaba las manos pensando en la buena compra que había hecho al vecino, que le iba a salir muy barata. Según pasaba la feria al dueño de la vaca le resultaba más difícil resistir las ganas de vender y al final vendió la vaca.

Cuando, terminada la feria los dos vecinos se juntaron en el camino de vuelta a casa y vio uno que el otro en lugar de vaca llevaba sólo el campano, le preguntó qué había sido de su vaca.

- Pues mira, la verdá es que pensando luego en lo que te había dicho, me pareció que siendo, como somos vecinos y amigos, no era justo que te engañara con la vaca, porque la vaca no es tan buena como te dije ni la leche es tanta, que es una vaca malota que ya está casi seca. Así que le engañé a otro y le vendí la vaca (5).

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NOTAS

(1) Informante: María del Carmen García Alvarez-Prida, 69 años, natural y vecina de Santander. Ay. de Santander. P. J. Santander. Recogida el 2 de junio de 1996.

(2) Informante: Beatriz García Ruiz, 79 años, natural y vecina de Hazas de Soba, Ay. Soba. P. J. Santoña. Recogida el 5 de agosto de 1996.

(3) Informante: María Gómez González, 73 años, natural y vecina de Fontecha. Ay. Enmedio. P. J. Reinosa. Recogido el 22 de octubre de 1994 en compañía de Fernando Gomarín Guirado.

(4) Informante: Benjamina Vejo Alonso (Mina), 85 años, natural y vecina de Caloca. Ay. Pesaguero. P. J. Potes. Recogido el 7 de octubre de 1995 en compañía de Fernando Gomarín Guirado y Rosa Pérez Mantecón.

(5) Informante: Juan Fernández Ocejo, 72 años, natural de La Abadilla de Cayón. Vecino de Vega. Ay. Villafufre. P. J. Solares. Recogido el 23 de enero de 1995.