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La medicina popular en las voces de Fuenteheridos

GARRIDO PALACIOS, Manuel

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 217.

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Ir a Fuenteheridos, en Huelva, por uno de los tantos caminos un día cualquiera de otoño, es asistir a la gran fiesta de la Naturaleza en su forma primaria. Tras dejar las serenas dehesas de encinas y alcornoques nos recibe un paisaje de gigantescos castaños que doran el aire, el suelo, el alma. Todo adquiere una fuerza madura, una talla precisa que achica, enmudece al que pasa.

Me lleva allí la noticia de una planta llamada «calimenta». Dice Héctor Garrido que Miguel pineda se la llevó de Fuenteheridos porque curaba algo, sin aclarar qué. Contacto con Manuel Moya y quedamos para el día siguiente en la plaza del pueblo a ver quién da norte. Moya consulta con Violeta y localiza la «calimenta» con el nombre de “ananeota"; incluso tiene una en la mano cuando llego.

Como preveo al primer golpe una veta recia de sabiduría popular me dispongo a indagar más allá de lo que busco, a ver qué sale. Y compruebo otra vez que el cofre de las memorias, seco en apariencia, vuelve a liberar palabras, recetas, alivios, bondades: tesoro oculto de los trabajos de campo etnográficos.

Fruto de una primera cala son las cuatro voces que vienen, que aportan en conjunto 136 ejemplos, consejos, prácticas traídas del pasado, documento que plasmo aquí con el grado de pureza debido. Es el primer mosto, digamos, que entra en la bota. Tiempo habrá para que tome cuerpo con notas al margen.

Para cerrar, ya digo: si alguien sueña aún con el bosque encantado, sepa que está en este marco que desemboca en Fuenteheridos.

I

La voz que estrena este «Macer Floridus» serrano onubense es la de Ana Escobar Recio, de 69 años. Es el 31 de octubre de 1998.

1. La calimenta es la ananeota, que se toma como digestivo, para hacer la digestión bien. No conozco que sea para nada más.

2. Para la úlcera de estómago vale la hierba que le dicen paletosa.

3. También se ha usado poner encima de la parte dolorida un talegón de arena caliente. Se calentaba la arena en una sartén y así se le calmaban los dolores.

4. Para el cabello que se cae se ha gastado el brótano macho hervido con vino y untado en la cabeza con un algodón.

5. Para teñir el pelo se usa un cocimiento de cáscara de nuez cuando aún está verde en verano. Se quitan las canas la mar de bien.

6. Los ojos se lavaban con agua y aguardiente, o aguardiente un poquito rebajao, aguao. Se daba con eso y al momento se quitaba la infección, tanto en los niños como en las personas mayores; era que se le pegaban los ojos y les dolía mucho.

7. Lo mejor del mundo para la diarrea fuerte es la cebá que le echan a los caballos, verde, sin tostar. Se hierve y se toma ese agua con sacarina, no con azúcar. El azúcar es mala. Mi Manuel casi se me muere cuando chico por causa del azúcar. Le entraron a mi niño unas diarreas infecciosas y los médicos le mandaban las medicinas a base de suero y el niño cada vez peor. Entonces había aquí un practicante ya mayor y le dije que iba a llevarlo a Huelva, que tenía un año y se me moría. Y dice él: «Mira, ¿tú lo quieres curar al estilo de pueblo? Pues no le des ninguna medicina; las tiras. Hiérvele una poca de cebá verde y le echas una sacarina». Mire usted, dos tacitas le tuve que dar. Se le cortó. Dicen que la cebá es el desinfectante más grande que hay.

8. Los repiones de jara hervidos también valen para la diarrea.

9. La miel la usábamos para todo, y si tenías pupillas o llagas en la boca, una cucharadita de miel sin más, castraba cualquier cosa.

10. Las boqueras se quitaban frotando en la parte mala una llave de hierro. Cualquier llave servía. Se hacía por la mañana en ayunas.

11. El dolor de muelas se iba de veinte mil maneras. Si la picadura era grande, se metía en ella un clavo de olor, de los de cocinar, de especia, o una mijilla de picadura de tabaco, o una jilá mojada en colonia, o una eso mojaíta en yodo.

12. También desaparecía el dolor de muelas con la flor del lobo, que tiene un botoncito y cuatro hojas grandes; se deshoja deseguida; se cocían en agua bolitas nones, fueran 3 ó 5 ó 7; nunca pares; no sé por qué era así, pero así era.

13. Para los flemones se daban buchás de malvavisco hervido calentito con tal de que aquello saliera a flote y reventara.

14. Cuando uno se relajaba un pie o daba un recalcón que sufría al andar, se usaba el manrrubio, o marrubio. La hoja se machacaba con sal en el mortero y se ponía un emplasto con una venda encima. Lo más eficaz que he visto.

15. Era muy bueno para lo mismo un cacho de hoja de pita, la del pitaco, o pirulito, con un buen manojo de retama, que se parece a la acendaja. Se hervían las dos plantas y en el agua calentita se metía el pie. Con dos veces se le curaba el dolor y lo que tuviera.

16. Cuando los niños se herniaban, había aquí una mujer que los vendaba con una faja que le decía de los siete nudos. La mujer murió hace tiempo; era Josefa la del Coto, que tenía muchos niños que quebraban de tanto llorar. Y una vecina de Aracena la enseñó a curar la hernia. Al bañar al niño Josefa le ponía esa faja y la hernia bajaba por día, hasta que se iba del todo. Tardaba a veces un mes, pero sanaba. La faja era de seis dedos de ancha y la tenían las madres en las casas.

17. En Linares de la Sierra, que está aquí cerca, se pasaba al niño herniado a través del mimbre. Lo hacía una mujer que vivía aquí, pero era de allí: Emilia la de Linares. Decía ella que pasaba al niño por una vareta.

18. Cuando alguien se hacía un degince le vendaban con un paño mojado en clara de huevo, que cuando se secaba parecía yeso.

19. Para las almorranas aún se cuecen castañas indianas y el agua se echa en la escupidera para que el enfermo se ponga a tomar los vapores.

20. Para lo mismo hay quien lleva una castaña de Indias en el bolsillo porque dice que así se le alivia el dolor.

21. Cuando a un niño le dolía el vientre traían a las mellizas para que una de ellas le diera una friega con un poco de aceite. Si era niña tenían que traer mellizos.

22. Si los niños tenían empacho y se les soltaba el vientre se les daba un espurreo de aguardiente, una buchá. Cualquiera podía hacerlo, aunque solía ser la madre.

23. Las sanguijuelas se han usado para las sangrías. Un hombre se cayó de un castaño, se dio un golpe muy grande y trajeron sanguijuelas para que le chuparan la sangre mala.

24. Para el corazón se usó tomar una taza de digitalini cocida; la planta es una cosa así como unas trompetas que salen por mayo; le dicen alcahueta de las cerezas porque cuando va a haber cerezas salen ellas antes.

25. De la tensión se sabía poco. Quien tenía un mareo se decía que le había dado un aire, un mal aire, una congestión. Era fatal y se solía esperar a ver.

26. Para el azúcar en la sangre se tomaban unas ramitas de perejil.

27. Aquí hay una mujer que se llama Magdalena, que para los dolores en los huesos dislocados pone un puchero de barro a hervir y cuando está hirviendo lo planta bocabajo en una palangana y se comprende que por el calor el agua se recoge en el barro y no se derrama. Así lo cura. Ella reza una oración mientras está en la faena, pero yo no la sé.

28. Para los catarros se tomaba la flor de la jara hervida con miel.

29. El orégano, el poleo, la hierbaluisa, la tila, juntas en una tacita de flores rebujadas eran cosa buena contra todo lo que fuera tos y catarro.

30. Los higos pasados secos se cocían con vino y se tomaba el caldo contra el resfriado.

31. El vaho de eucalipto se usaba contra los resfriados. Lo ponían a cocer y cuando hervía tapaban al enfermo con una manta para que respirara aquello.

32. La pulmonía la curaban antiguamente con unos cáusticos. Se trataba de una cataplasma en el pecho y en el costado. Era una mujer que se dedicaba a ello. También se ponía una rodilla o rodela de trapo manchada en aceite caliente en el costado. Era bueno para los dolores. Antes, el dolor de costado era señal de pulmonía. Y fatal.

33. Para la piedra del riñón había la hierba rompepiedra, que se cría por las calles aparranaína entre las piedras cuando va a llegar la primavera. Se tomaban tazas del cocimiento.

34. Para el cólico de riñón, de tanto dolor, se ponían bolsas de agua caliente en el sitio.

35. Para la vejiga era buena la cerda del maíz, o sea, el pelo de la mazorca hervido.

36. Para quitar las tercianas se pasaba a la gente por la mimbre en Linares de la Sierra, igual que con la hernia.

37. Cuando se perdía algo se le rezaba a San Antonio:

San Antonio de Padua,
que en Padua naciste
y en Portugal aprendiste,
estando predicando
se te perdió el misal.
Antonio, Antonio,
lo que por ti será perdido
por ti será aparecido,
lo que por ti será olvidado
por ti será encontrado.

38. Para las tormentas había un conjuro:

Santa Bárbara bendita
que en el cielo estás escrita
con papel y agua bendita
en el aro de la cruz.

39. A las parturientas se les daba chocolate y una rebaná grande. Eso las vigorizaba mucho.

40. Cuando una mujer no tenía leche para amamantar se le daba a beber carquesa hervida. Esto era magnífico para las personas y para los animales.

41. Se creía que si el vientre estaba un poquillo picudo, sería niño, si la mujer estaba redondita, niña.

42. Con el cuajo de chivo o el cardo en flor se hacía el queso. El cuajo era el estómago de un chivo matado que sólo hubiera comido la leche de la madre. Se raspaba una migina y con ello se cortaba la leche y se hacía el queso.

43. La tila para los nervios.

44. A la sarna le echaban azufre directamente. Se quemaban las pupas.

45. Pedro el cabrero quitaba la gota, el reuma, a las cabras, haciéndoles un corte en la pezuña y se las estrujaba para que les saliera la sangre negra. El se lo explicará mejor.

46. A la ropa de los recién nacidos y a la de las madres no les podía dar el reflejo de la luna porque se alunaban. A los chiquillos se les descontrolaba el cuerpo y a ellas se les ponían los pechos malos. Se les prendía una medallita de la Reina de los Angeles como protección.

II

La segunda voz es la de Lorenza Pérez Sánchez, de edad aproximada a la de Ana, que vive en Fuenteheridos pero es de Los Marines. Dicen que tiene mano maestra para la cocina y que le gusta hablar de cosas de curar. El nieto, de 6 ó 7 años, se sienta a su lado e interviene para apuntalarle la memoria, como si el discurso de las hierbas fuera algo vivo en la casa y el chiquillo estuviera al queo.

47. Del brótano hay dos, uno hembra y otro macho. El macho tiene desde la planta de una sola cabecilla, que se cocía y con eso se daba en el pelo.

48. Los repiones de la jara son buenos para la diarrea. Hay que echar a cocer siempre nones.

49. El orégano para la tos; yo lo pongo mezclado con menta y poleo.

50. La hierba junciana es como la berza, aunque más parecida a la alfalfa; se cría en matojos grandes; cocida y puesta es buena contra las inflamaciones.

51. El marrubio se seca, se muele y se amasa con vinagre como si fuera una torta y se pone como emplasto donde se tiene una la torcedura o un esguince. Se aprieta con un trapo, se tiene toda la noche y por la mañana ya no hay dolor.

52. Para el empacho se cogía una hoja de col, se le quitaban las venas por el revés, se le ponía manteca de cerdo y se aplicaba en la barriga. La hoja se secaba rápido, y cuando al cabo se quitaba era como un papel de estraza. Dicen que el cuerpo se bebía aquello y se curaba.

53. Para los vientres duros se le hacía a los niños un espurreo de aguardiente con la boca. Dicen que esa impresión en la barriga les daba alivio.

54. Mi abuela tenía una cesta de más de arroba llena de flores de remedios. Mire, en el monte hay una que se llama murta. Pues las hojas van muy bien para el sudor de los pies. La secaban, la majaban y ese polvillo lo metían en los zapatos. Era bastante.

55. Las boqueras se curaban con la llave de hierro o poniéndose en ellas un granito de sal.

56. Para el dolor de muelas se tomaba tila porque se creía que era de nervios. O se ponía una jilá, que era una mijilla de algodón mojado en colonia metido dentro de la boca, si era posible, en la misma picadura.

57. Para el dolor de muelas valía una buchá de aguardiente, o de vinagre retenido en el lado.

58. Las hierbas curan más lento que la medicina, pero curan. Para los ojos vale la manzanilla que se hace por la noche, se pone al recencio y se lavan por la mañana. Esto contra las infecciones esas que se quedan los ojos pegados.

59. Contra los ojos malos y pegados se ha usado el árnica.

60. El árnica para las hemorragias. En casa siempre había un brazao de árnica. Se cría en los alcornoques.

61. La carquesa era buena para aumentar la leche de la madre.

62. Si una gata de cría se comía un resto de comida que hubiera dejado una madre, a ésta se la retiraba la leche porque la gata se la llevaba. A mí me advirtieron.

63. La luna llena pone a los niños malitos, lloran mucho; se dice que están alunados. Si se ve despacio, algo hay, porque en luna llena los perros ladran mucho, los gatos andan revueltos. Pues igual pasa con los niños.

64. En el campo hay la hierba de siete nudos que sirve casi para todo, para el corazón, los dolores de cabeza, la inflamación.

65. La marioleta sirve para la fiebre de los resfriados.

66. La hierba jarilla vale para los dolores de la boca.

67. En las heridas se pone un emplasto de hierba jarilla.

68. Contra el reuma se hace un cocimiento con hierbas de todas clases, pero de monte, por ejemplo, jara, tomillo, carquesa... se cuecen juntas y se toman tacitas durante días nones, las hierbas siempre se toman nones, yo no sé por qué.

69. A mi abuela le dio una congestión y una entendida le dijo que cogiera todas estas hierbas del monte, las cociera en un caldero grande y la bañaran en ese agua. Le fue muy bien.

70. Los restallones son buenos para el corazÓn. Se crían en los castaños. Son varas como de metro y cuarto. Al final echan unas campanitas por parejas, florecitas, y se toman solamente tres flores porque dicen que es muy fuerte.

71. El gordolobo sirve para el corazón. Lo de las hierbas se va perdiendo. Ahora se cura con medicina, pero le voy a decir una cosa. A usted le dan algo de botica y lo mismo le cura esto que le perjudica en lo otro. Sin embargo, la hierba no perjudica en nada. Lo más que puede pasar es que no haga efecto.

72. Para las almorranas se corta la raíz de una planta que ahora no me acuerdo, que se cría en todas partes, se trocea, se mete en una bolsita y se cuelga del cuello hasta que se le quiten. Mi marido la llevó un tiempo y hasta la fecha no ha vuelto a tenerlas.

73. La castaña de Indias con un poquito de eucalipto es buena para las almorranas. Se hierve y se toman vapores.

74. Las heridas sanan con árnica seca y molida.

75. Aquí, para una torcedura de hueso hacen una cosa con un puchero de barro. Lo llenan de agua y lo ponen al fuego. Cuando hierve lo colocan bocabajo sobre un plato. Se entiende que si tiene mucho daño, no se vacía, y si tiene poco, se va vaciando. La oración la sabe Dominga y la Paca. Tiene que hacerlo tres veces y se le quita lo que tenga.

76. Los callos se quitaban majando un ajo y poniéndolo encima bien apretado con un trapo. Se tiraba del emplasto y salía el callo.

77. Un ojo de gallo es como un callo. Pues le ponen media aspirina encima, se lía con un trapo y se cura de la noche a la mañana.

78. Los dolores de costado suponían muchas veces una pulmonía y había una cosa llamada mostaza, que la he visto en granillo, parecida a la semilla de las coles. Se molía con vinagre y se ponía en emplasto con un trapo en el costado un día. Y luego se ponía otro hasta que se aliviara.

79. Para los culebrones se usaba una masa de pólvora negra y vinagre. Se esparcía por el culebrón. Se quemaba así.

80. El té amarillo subía el ánimo. A este té se le decía matulero. Siempre hubo muy poquino. En los Conejales había más. La planta es muy parecida a la del restallón, una hoja y la vara llena de flores, como la marioleta, ésta que la flor es amarilla, como los castilletes de los chochos bravos. Servía para estimular, quitar la tristeza. Mi madre lo tomaba migao. En vez de café, té. Era la flor en infusión.

81. Los mellizos venían a refregar con aceite el vientre duro de las niñas. Si el enfermo era niño, tenían que ser mellizas.

82. Un oído que doliera se aliviaba echando dentro unas gotas de leche de una madre que estuviera criando una niña, no un niño.

83. Los dolores de cabeza se quitaban con unas tajadas de papa amarradas con un trapo en la frente, y también con un paño empapado en vinagre en la nuca.

84. Las parturientas tomaban canela, tazas de canela, porque daba mucha fuerza. Canela en rama hervida. Cuando había una parturienta que llevaba muchos días, se le daba.

85. En las muelas hay quien se ha metido un clavo de los de cocinar para quitarse el dolor.

86. Para el insomnio, que la gente no duerme, hay una cosa que se llama borraja, de flores violetas, que son muy buenas para dormir y descansar. Se toma en infusión.

87. Un sedante muy bueno para los nervios es la tila.

88. La malva era para las almorranas, los dolores de huesos y para el resfriado. Cuando se tenían varias cosas lo normal era que se hiciera una infusión que le llamaban una liga, un rebujillo de varias hierbas y ya cada una iba a lo suyo dentro del cuerpo.

89. Los granos se reventaban con sanalotó, que tiene una pelusilla y es una hoja larga y redonda. Le pone usted encima el sanalotó al grano y abre. El sanalotó se pela por el revés de la hoja y se coloca directamente con un trapito.

90. Se revientan los granos con un trozo de tomate o de tocino de cerdo. Si es grande, se cuecen unas malvas, no tiene que ser la flor, sino el matojo entero; se escurre, se unta de manteca de cerdo hasta hacer un emplasto y se pone encima de lo malo. Si no a la primera, a la segunda, lo que sea, revienta. La malva es bajita pero cuando espiga se hace grandota.

91. El ajo crudo va muy bien para el reuma. Hay quien se come un ajo crudo cada día.

92. En la garganta apretada se ponía juncia de gallina. ¿Sabe lo que es? Cuando se abre la gallina tiene abajo dos pellas de grasa amarilla. Eso era la juncia.

93. La hoja del castaño era para teñir el pelo. Y la cáscara y la hoja de la nuez. Si usted quiere teñir un hilo, entonces se cuece una hierba del color del hilo, si es verde, verde, si es marrón, hojas secas. Se hierve el hilo dentro y se saca el color.

94. Un hechizo es una superstición. En mi pueblo hubo cinco o seis personas que veían cosas raras y padecían dolores y parecía que se iban a morir. Decían que era un hechizo. Y ellos iban a curarse a una hechicera que había en Nerva.

95. El mal de ojo se hace directo, con la vista, a seres más débiles. Dicen que existía, pero yo no lo he visto.

96. El paludismo se curaba yendo una mañana al ser el día, sin salir el sol ni volverse de espaldas, a tirar un puñado de sal en contra de la corriente del río. Y había que volver al pueblo sin mirar el agua.

97. Al que tenía la tiricia se le llevaba a ver correr el agua y el río arrastraba el mal.

98. Las tercianas salían del cuerpo con la hierba hiel de la tierra. Una hierba muy bonita, florece en la primavera. Tiene las flores rosa. En infusión.

99. Las manchas de la cara se quitaban con la hierba sanjuanera. Florece por San Juan. Se cogía la víspera, se echaba en remojo, se dejaba al recencio y antes de salir el sol se colaba el agua y con eso se untaba la cara y se quedaba la mar de bonita. Es una mata muy frondosa y en la punta echa un cogollo de flores menuditas, amarillas. En otoño están marrones.

100. La noche de San Juan se cogían tres cardos borriqueros que se turraban un poco y se ponían en agua. Cada uno llevaba el nombre de un hombre que a la mujer le gustara. y entonces, uno de aquellos florecía, o los tres, y por eso se sacaba quién quería a la muchacha. Si eran los tres, pues los tres iban detrás de una y se podía escoger. Lo malo era cuando no florecía ninguno.

101. Para la tos, el orégano seco en infusión. Con tres o cuatro tazas, vale.

102. También sirve la flor del jaramago blanco, que es planta corriente; no el de los cementerios, que es el jaramago bravo, con un verde distinto.

103. El dolor de la péndice era el cólico miserere. Pater Noster.

104. El dolor de riñón era un cólico pelao. A esperar a lo que Dios dispusiera.

105. En la noche de San Juan rozaban los muchachos las plantas, las macetas de la vecindad y le ponían a las novias ramos de flores. Rozando es rozar, de hacer la roza. De cortar. La gente metía en las casas las macetas esa noche para evitar la roza.

106. En mi pueblo, la víspera del Corpus se pone un chopo, y le dicen el Día del chopo. Por San Juan se quitaba el chopo y se ponía un guindo, con sus guindas pertenecientes, y entonces también rozaban macetas y le colgaban las flores al guindo. Yo no sé lo que significaba, pero así se hacía. Era como una costumbre.

107. A las mujeres que curaban las hernias de los niños no les decían un nombre especial. Lo hacían porque tenían gracia. Les ponían una faja y unas monedas para que apretaran.

108. En los chichones igual: monedas apretadas con un trapo.

109. Para bajar los chichones se untaba manteca de cerdo y se apretaba la parte con un trapo.

110. (Le digo que en Asturias vi unos sombreretes que se criaban en las paredes y que si se frotaba con ellos una verruguilla de la mano, se quitaba). Lorenza los llama colecitas y aquí sirve para lo mismo.

111. Otra planta del campo se llama leche interna; se derrama el jugo sobre la verruga y se quita. Es como la flor de la hortensia.

112. También sirve para la verruga la leche de higuera.

113. Hay unas lagartas en los cerezos que son grandes (señala unos 8 centímetros) con unas patitas como si llevaran zapatos; por donde pasan dejan un rastro de erupciones, si es por la piel de alguien. La lagarta de los pinos es chiquitita y negra y también es mala para la piel. Conforme pasa deja la piel con la marca, un escozor que puede aliviarse con aceite.

114. La ortiga si te roza te pica; son las agujllas que se van quedando. Entonces se moja un paño en aceite y se pasa por encima. Se quita el escozor.

115. Las sanguijuelas se cogían en los charcos y se las ponían a las personas para sacarles la sangre mala. El animal es como un papel de seda y se transparenta cuando se moja, que si bebe usted de un pozo no se da cuenta y se cuela con el agua. Entonces se pega a la garganta y empieza a chupar la sangre hasta que se llena tanto que explota como un globo y parece que es la persona la que sangra. Una hemorragia falsa.

116. Se hacían sangrías a los guarros. Si se les veía malos, o tristes, se les rajaba la oreja de manera que soltara sangre por ella y se mejoraban.

117. Eran otros tiempos. Cuando se hacía una matanza, a renglón seguido de matar el cochino, nos poníamos a hacer las migas de invierno, fuera con papas fritas o cocidas, y con pan y un chorreoncito de mosto. Fritas las papas, se quitaba el aceite y se ponía mucho ajo, y sardinas embarricás. Al día siguiente se hacían las morcillas de macho, que aquí se llaman morcillas tontas; y se plantaba al fuego el cocido con esas morcillas o chorizos de macho, que eso hay que hacerlo y jerventarlo; y jamón, y tocino, y comía toda la gente. No es la memoria la que deja atrás las cosas, sino los años que hace que estas cosas no se hacen.

III

Llega la visita a Magdalena González García, de 75 años, que compone tendones torcidos mediante el ritual, ya citado por Ana y por Lorenza, en el que intervienen un puchero de barro, agua, un plato, una cruz encima del tiesto (puede hacerse con dos palillos mondadientes), una aguja con hilo enhebrado y un rezo. Ella lo aprendió de su abuela y ahora se lo ha enseñado a su hija para que siga con lo mismo. Como la explicación del proceso para quitar los tendones torcidos me llegó en distintas versiones se me quedó algo confusa, ella acepta hacerlo en mi presencia, aunque no haya enfermo, para que me dé cuenta de cómo es.

118. Calienta agua en un pote de barro; cuando hierve la vuelca sobre un plato llano y pone el pote caliente encima, pero bocabajo, y sobre él, la cruz hecha con palillos. Los presentes vemos cómo el agua vuelve a subir al pote poco a poco mientras ella cose con aguja e hilo sobre su ropa y reza esto:

Coso, qué coso,
miembro tortoso,
cuerda torcía;
miembro que te saliste,
cuerda que te saliste,
vuélvete a meter en el sitio
donde estuviste.

Repite el rezo mientras el agua sube desde el plato al pote de barro. Si no sube es que no es tendón torcido. Si se tiene, se quita así, ya sea del cuello, del brazo, de la muñeca o del tobillo. Y no hace falta que venga el enfermo todos los días. Lo del puchero de barro se puede hacer estando el enfermo ausente. Basta con decir que va por su salud. Añade Magdalena que esto no es cosa de brujería ni na. Lo puede hacer cualquiera que lo sepa hacer, claro.

IV

Pedro Luis Carballo Bomba, Pedro el cabrero, de 73 años, está el 7 de noviembre de 1998 sentado en su solana con tres jaulas de canarios albinos recibiendo el sol de otoño. Le digo que él sabe y yo no sé, por lo que debe volcar su memoria en la mía. A partir de ahí el discurso sale casi sin interrupciones por mi parte, si no es para espantar alguna mosca o enderezar la charla cuando, como dice Joaquín Díaz: «se va por los cerros de Ubeda».

119. He tenido ganado toda mi vida. Mi padre trajo un golpe de cabras cuando yo tenía cuatro años y desde entonces he curado muchas. Me pasa que ahora, cuando yo me veo algo que se le parece, me curo igual. Tengo una alergia a los olores, y hace ya un montón de tiempo que no puedo comerme un puchero de garbanzos, ni unas papas fritas, ni un chorizo, ni na.

-¿Yeso cómo se cura? -intento la encuesta.

-¡Qué sé yo! Lo mejor es huir para no oler. Sufrimiento por una cosa y sufrimiento por otra es mucho sufrimiento ¿sabe usted? Ea.

120. Yo le curaba los ojos a las cabras con sal y nunca se me quedó ninguna tuerta, y ahora que tengo yo los ojos malos me los curo lo mismo que curaba a las cabras. A ellas les echaba sal virgen machacada; me ponía al animal entre las piernas y allá que le curaba los ojos. Era cuando les entraba una raspa, que es la pajilla de una mata del campo que se clava dentro, y con la navaja o con los dedos se las sacaba. Luego se le ponía el ojo blanco, que era cuando yo usaba la sal virgen, hasta que poco a poco volvía a su ser. Yo ahora tengo los ojos malos no sé de qué. El médico me mandó unas medicinas y me daban unos picores como si tuviera un cesto de pulgas dentro. Así que yo me los siento mejor desde que me los lavo con agua con sal. Y ya no me pican.

121. A las cabras les he curado la gota. Cuando las veía por la mañana cojas les cortaba una raspa de la pezuña hasta que sangraban. Y les salía sangre negra conforme apretaba. Se purgaban y ya salían adelante poco a poco.

122. Les sanaba también los ubreros, que era cuando se les ponían las tetas malas con unos bultos mortales. Eran de un golpe. Se les secaba la teta y la leche no salía bien. Se corrompía. Las curaba con baños de agua fría en las ubres y jabón verde.

123. Si le salen peras a las cabras se les pone el pezuño hinchado. Yo le descubría el bulto con la navaja hasta que le salía una presa viciosa, como carne viva, y entonces le echaba sulfato del de las parras, ¿de cobre le dicen?; es azul. Lo machacaba y se lo emplastaba en el sitio.

124. La escarfia le sale a las cabras y a las bestias en los pezuños. Es una grietecilla de abajo; es un dañillo y por ahí sale la lacra. Se recorta hasta la sangre, luego se le estripa y echan una cosa que parece arena, que es la escarfia, el mal. Esto en las cabras, en los mulos, en los burros y en los caballos.

125. Cuando una cabra tiene una pulmonía y se ahoga al subir una cuesta, le hago un corte en la oreja para que sangre un poco y luego le paro la hemorragia de esta manera. Cojo torvisca y trenzo unas cuerdas; luego busco rubira, una hierba que se cría entre los jarales y en las matas; donde haya maleza, allí la hay; tiene las hojas como las del olivo. Entonces machaco unas hojas y se las pongo a la cabra como un emplasto amarrado con la torvisca. Así le corto la sangre y la curo. Esto lo mismo lo he aplicado a las cabras que a las personas. Un guarda que estaba aquí, que era de Castaño del Robledo, vino un día con una herida; el hombre había estado segando cebá y se había pasado la palma de la mano con la hoz. Yo cogí rubiera (tanto dice rubira como rubiera}, la machaqué con el garrote y se la puse bien fuerte amarrada con el pañuelo. Y se curó. Mi hijo, lo mismo. Tiró una piedra a un castaño y cuando bajó le rajó la cabeza. Con rubira machacada lo curé. Santa medicina.

126. La paletosa es una hierba muy buena para el estómago. Hay que cocerla como si fuera un té.

127. La flor de lobo es buena para los resfriados. Tiene unas bolitas, se limpian y se cuelan por la boca con un poco de agua. Les llamamos píldoras.

128. El brótano macho se seca a la sombra, se cuece en agua y se lava uno la cabeza. Así se conserva el pelo que se tiene.

129. La hierba jarilla es buena para los resfriados. Se hace una cocción y se toma. Cuando las bestias tienen algo en el estómago se les da también que la beban.

130. Para quitar un lacre, una postilla de una herida, es buena la hierba jarilla. Se cuece y se lava lo malo.

131. La manzanilla agria es para el estómago. Sin azúcar.

132. Ya tiene uno una edad en la que conoce a más gente muerta que viva. Para el culebrón había una mujer en Alajar, que me recomendó para mi mujer a otra de Almonaster, que curaba el culebrón con tinta de escribir, untando la tinta encima. Oye, pues se le quitó con eso.

133. Para las quemaduras también se usaba la tinta.

134. Cuando se le rompía un hueso a una cabra se le ponía un entablillado con una cáscara de árbol, de castaño, de chopo o del que hubiera; y entremedio un emplasto de jara cervuna machacada. Luego se apretaba con una cuerda y a los diez días se curaba. Durante este tiempo era bueno echarle agua fría.

135. El palo sanguino se pela, se machaca, se cuece y se chupa para adelgazar. Es del monte, se cría en los jarales.

136. Curé una cabra que tenía una hernia de un cornazo que le dio otra. La vi que no podía andar y la amarré, le abrí la barriga con mucho cuidado, desollando, le metí las tripas, la cerré por dentro y por fuera y sanó que parecía nueva. La cosí con seda y le eché alcohol. Se me derramó un vaso de vino y lo primero que hizo la cabra fue bebérselo. Lo di por bueno, porque, aunque a mí nunca se me derramó un vaso de vino ni se me cayó una mosca dentro, vaya, a lo mejor el animalito lo necesitaba más que yo en ese momento.