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La cultura irlandesa a través de la casa campesina

GOMEZ DELGADO, Mª. Inés

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 221.

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Un paseo por las bellas zonas rurales de Irlanda es suficiente para darnos cuenta que la arquitectura característica del siglo XIX, prácticamente ha desaparecido.

Dos eran los tipos de casa rural en Irlanda en ese siglo:

La Big House (Gran Casa), cuyos propietarios eran los británicos que se habían hecho dueños de las tierras irlandesas. Estas eran, generalmente, de estilo georgiano; grandes mansiones que, hoy en día, pueden ser visitadas ya que han sido convertidas en su gran mayoría en «Bed and Breakfast» (casas rurales).

El segundo tipo, es en el que vivían los ampesinos irlandeses: viviendas pobres y pequeñas. El contraste es muy significativo, es una diferencia que trasciende lo meramente arquitectónico para representar dos estilos de vida opuestos.

El objetivo de este artículo es describir e introducir al lector en el mundo de la arquitectura rural irlandesa, que pese a su indescriptible belleza ha desaparecido prácticamente de la geografía irlandesa; y en el de su folklore, pues es imposible hablar de cualquier aspecto del patrimonio irlandés sin remitirnos a sus creencias y riqueza popular, ya que éste alimenta su identidad, la cual se vio fuertemente amenazada durante los siglos en que los británicos dominaron estas tierras.

La casa campesina era un equilibrado resultado de simplicidad en el estilo y proporción en las formas. Así, el etnógrafo Ake Campbell diría en 1937 que "los mejores techos de paja irlandeses dan el techo de paja más bello en el medio rural de toda Europa" (A).

La historia de la casa tradicional irlandesa data, al menos, de 1600, pero sus orígenes son, sin duda, mucho más antiguos: se pierden en las viviendas de paja y madera de la antigua sociedad celta y, quizás, más allá (foto 1) (2).

Esos antecedentes históricos condicionan la forma rectangular de la casa tradicional (fig. 1), que nunca tiene más de una habitación de profundidad, la cual, generalmente, tiene entre tres metros y medio, y cinco metros de anchura, cuya medida estaba condicionada por la largura de la paja que hubiese disponible. Esta forma rectangular de una sola habitación fue conservada por la costumbre y preservada por la creencia de que "una casa para ser afortunada no debe ser más ancha que lo que da una habitación" (3). Así mismo, E. E. Evans afirma que él oyó en Donegal el siguiente dicho: "Ensancha la casa y la familia disminuirá". (4).

La mayoría de las casas tenían ventanas, preferiblemente orientadas hacia aquellos lugares donde no soplaban vientos fuertes. Sin embargo, su tamaño era reducido, porque la posibilidad de instalar cristales era cara y peligrosa, debido a que en el XIX se impuso el llamado «tax Windows" (impuesto sobre las ventanas) que suponía para el campesino que pusiera vidrio en sus ventanas el tener que afrontar un incremento de la renta en dos o tres veces, lo cual, dada la imposibilidad de hacer frente a este ascenso, derivaba en el desahucio de la propiedad y la necesidad de emigrar (junto a otras tantas familias irlandesas que durante el XIX tuvieron que abandonar la Isla ante la imposibilidad de subsistir) (foto 2).

Para salvar la imposición del «tax Windows", la mayoría de las casas tenían una puerta dividida en dos partes: la parte de abajo siempre se mantenía fija y cerrada para no permitir la entrada de animales, y la parte de arriba se dejaba abierta para dejar entrar la luz.

La estructura del techo muestra diferentes variaciones según el lugar (fig. 2), pero como norma general estaba compuesto de vigas de roble de pantano, que era utilizado debido a su fuerza. La pareja de vigas se juntaba con uno o dos clavos de madera asegurados, a su vez, por dos estacas de madera. Sobre éstas, descansaba una manta de paja; un elemento esencial del tejado tradicional (foto 3). Finalmente, esta paja se ataba con cuerdas (fig. 3).

La cocina y la lumbre, constituyen el corazón de la casa irlandesa: la turba ardiendo continuamente día y noche durante todo el año, es el símbolo de continuidad familiar y de la hospitalidad hacia el extraño (fig. 4).

El fuego no sólo servía para calentar la casa y preparar los guisos; también era necesario para que la paja del techo se mantuviera seca, debido a las características del clima irlandés en el que las lluvias son muy frecuentes, por lo que si el fuego desaparecía el techo se venía abajo. Este hecho puede considerarse también como una razón para que se siguiera manteniendo la casa de una planta.

La zona alrededor del fuego estaba empedrada, pero el resto del suelo era de arcilla. Este tipo de suelo era mucho más limpio y levantaba menos polvo que el cemento. En el condado de Armagh, el suelo de la casa era simplemente excavado y luego pisado. Según E. E. Evans comenta: "Algunas veces los campesinos pisaban el suelo bailando y alguna que otra relación amorosa surgía de este evento" {5).

En casi todos los ejemplos de casa prehistórica y posterior que ha sido investigada, el fuego ocupa una posición central, suspendiéndose los utensilios de cocina de las pajas del techo o de algún artilugio de apoyo (foto 4).

El fuego era el centro de las casas y de las tareas del hogar para la mujer, junto con el cuidado de los niños. La gran mayoría de las obligaciones caseras obligaban a la mujer a permanecer atada al fuego prácticamente todo el día. La última tarea, ya por la noche, consistía en mantener el fuego enterrando en las cenizas un trozo de turba que atizara la llama hasta la mañana siguiente. Esta costumbre fue reforzada por la creencia popular de que "las buenas hadas estarían descontentas si no había fuego durante toda la noche en cada hogar" (6}.

Al visitante se le invitaba a sentarse junto al fuego en un lugar de honor. Es donde los cuentos y las historias han sido narrados para deleite de los oyentes. La magia del fuego ha engendrado cientos de cuentos, historias y mitos que hacen del folklore irlandés uno de los más ricos de Europa.

El fuego, por tanto, constituye un elemento de la cultura irlandesa muy valioso: les advertía del viento, del tiempo atmosférico, de la mala o buena suerte, de matrimonios o defunciones. Pero sobre todo, era el santuario donde los espíritus de los ancestros regresaban, constituyendo un nexo con el pasado viviente.

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NOTAS

(1) CAMPBELL, Ake: Folk-Liv (1937), p. 228. En ESTYN EVANS, E.: Irish Folk Ways, p. 40.

(2) Fotografías realizadas por Fernando Represa Pérez en 1998.

(3) ESTYN EVANS, E.: Irish Folk Ways, p. 41.

(4) ESTYN EVANS, E.: Irish Folk Ways, p. 41.

(5) ESTYN EVANS, E.: Irish Folk Ways, p. 41.

(6) BINNS, J.: The Miseries and Beauties of Ireland (1837), T.1, p. 112. En ESTYN EVANS, E.: Irish Folk Ways, p. 41.

BIBLIOGRAFÍA

ESTYN EVANS, E.: Irish Folk Ways. Routledge and Kegan Paul, London,1957.

MEIFFER, Walter and SHAFFREY, Maura: Irish Cottages, Arthur Books, London, 1990.