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RUTA DE ARTESANIAS TRADICIONALES

CASADO LOBATO, Concha

Publicado en el año 1998 en la Revista de Folklore número 211.

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Quizá ninguna región española conserve un conjunto de artesanías tradicionales como el que tenemos en tierras leonesas. Ya Caro Baroja señalaba, hace unos años, que difícilmente se podría encontrar en toda Europa una región en la que los elementos de la cultura moderna se hallaran tan en armonía con los datos de un pasado remoto como León.

Y es verdad, al recorrer esa ruta que atraviesa las comarcas del Jamuz y la Maragatería, sorprende poder encontrar, todavía hoy, dos pueblos artesanos con tradición de siglos, a poca distancia el uno del otro (por la nueva autovía, a unos quince minutos). Estos pueblos son: Jiménez de Jamuz, con su alfarería, y Val de San Lorenzo con sus textiles. Muy cerca de este último lugar, en Valdespino de Somoza, podemos ver aún la vieja fragua. Y en la ciudad de Astorga, se tejen alfombras y tapices artísticos, en los telares de alto lizo que han venido funcionando, al menos, durante tres generaciones.

Ruta de las artesanías, con hermosos y venerables testimonios culturales que debemos valorar y no dejar que desaparezcan. Hace pocos días, releyendo un trabajo sobre Patrimonio popular, me encontré con la siguiente idea: "La sabiduría de cada generación es nuestra propia sangre. Así hay que mirar las raíces y las huellas del pasado".

LA ALFARERIA DE JIMENEZ DE JAMUZ

Ya a mediados del siglo XVIII había en Jiménez de Jamuz cuarenta y dos alfareros, se reseñan sus nombres y apellidos en el Catastro de Ensenada. En el siglo XIX, se habla de la alfarería de Jiménez de Jamuz en dos obras fundamentales: en el Diccionario Geográfico de Miñano (1825) y en el de Madoz (1847). En esa época, se surtía ya toda la comarca hasta la ciudad de León, de los cacharros de barro de este pueblo.

A mediados del siglo XX, el número de alfareros supera el centenar y había días que se encendían hasta treinta hornos para la cocción de los cacharros. Los cacharros de Jiménez se vendían no sólo en León, sino también en Galicia, Asturias, Cantabria, Zamora, y en otros lugares más lejanos. El secreto de esta alfarería consiste en la gran calidad de su arcilla y en la pericia de sus alfareros. En torno a 1980 solamente permanecían activos unos doce alfares. En la actualidad, son cinco los alfares, incluido el Alfar-Museo que se inauguró hace algo más de tres años. En el Alfar-Museo el visitante puede ver un conjunto de vasijas tradicionales de la alfarería de este pueblo. Y contemplar cómo el alfarero elabora en el torno los cacharros. También se puede observar el proceso de decoración y vidriado, que se realiza antes de la cocción en el horno de leña. Horno de tipo vertical y cubierto, hecho con adobes y barro; el fuego del horno se alimenta con urces durante nueve o diez horas. Las urces dan al vidriado esas bellas tonalidades rojizas, con tintes verdosos.

La alfarería de las riberas del Jamuz fue utilizada como motivo decorativo por el arquitecto catalán Antonio Gaudí, en arcos de puertas y en nervaturas de bóvedas del Palacio episcopal de Astorga. El barro vidriado, sencillamente decorado, alterna con la piedra en esta original obra. Otro catalán, estudioso de la alfarería popular, J. Llorens Artigas, refiriéndose a la artesanía del barro escribía hace unos años: "Los alfareros deberían conocer y no olvidar la importancia que tiene su labor. La que algún día, cuando la hayan abandonado, se le dará. Dentro de muy pocos años, la vasija tradicional solo se hará por encargo, ya un precio incomparablemente mayor que ahora, ya que hoy cumple todavía-aunque no en todos los casos- una función útil. Pero para que esto sea posible, el artesano tiene que mantener las manos adiestradas, y no olvidar esos sencillísimos secretos, que sin embargo se pueden olvidar".

Jiménez de Jamuz, en el mes de mayo, es todo un espectáculo con sus "mayos", representaciones de personajes conocidos del pueblo: el campanero, la panadera, el albañil, el labrador..., diez "mayos" había este año en las calles. Y en Jiménez siempre se puede saborear un exquisito "bacalao a la jiminiega".

LOS TEXTILES DE VAL DE SAN LORENZO

La artesanía textil en Val de San Lorenzo tiene una larga tradición. A mediados del siglo XVIII se tejían paños: estameñas y blanquetas, que se usaban para las prendas femeninas, y el pardo, generalmente para las prendas masculinas. Había en aquel tiempo ochenta y un fabricantes de paños en el Val, veintiséis mujeres se ejercitaban en hilar y muchas otras personas se dedicaban a peinar y cardar la lana. En los cercanos lugares de Morales del Arcediano y Oteruelo también se tejían paños del país a mediados del siglo XVIII.

Los tejedores del Val frecuentaban en aquella época las ferias y mercados de Puebla de Sanabria, Benavente, León, Ponferrada, y otros lugares de Galicia, y algunos mercaderes venían a comprar paños a este lugar.

La crisis textil del XIX se deja sentir fuertemente en el Val, así como en otros lugares del Viejo Reino de León y de Castilla. Las fábricas catalanas de Sabadell y Tarrasa, eran ya a mediados del siglo XIX los más importantes centros productivos del país, que habían implantado con éxito un modelo industrial moderno y competitivo.

La ciudad de Palencia, conocida desde antiguo por sus cobertores o mantas, continuaba esta producción en sus telares tradicionales a mediados del siglo XIX, cuando gentes de Val de San Lorenzo iban a trabajar a estos talleres palentinos. En uno de los grupos va José Cordero Geijo, con el pensamiento puesto en sustituir la industria de paños burdos por la fabricación de cobertores o mantas, cuyo secreto se encontraba en aquella ciudad castellana. A los pocos meses regresa al Val con los conocimientos adquiridos y algunos utensilios necesarios, como los preciados palmares. En el año 1858, el día que en el Val se celebraba la Fiesta Sacramental, fueron expuestas las seis primeras mantas tejidas en este lugar. Y así comienza una nueva era. En la Exposición Regional de Lugo, año 1896, y en la Exposición Internacional de París, año 1900, fueron galardonadas las mantas del Val.

En 1920 un grupo de setenta y tres vecinos forman una Comunidad de bienes e instalan la primera fábrica con maquinaria moderna, destinada a cardados e hilados de lana, "La Comunal", aún en funcionamiento. Adquieren ese mismo año el edificio del Batán, ahora recientemente restaurado, que se puede visitar y escuchar aquí el alternado golpear de los mazos: ese ruido acompasado que una noche inquietó a Don Quijote, porque nunca había visto un batán. También el visitante del Batán-Museo podrá ver, entre otras cosas, las Perchas de cardos que se utilizan para sacar el pelo a las mantas, para ello se usa la cardencha o cardo de cardadores, en su variedad cultivada.

Val de San Lorenzo continúa siendo un centro textil con tradición artesana. Existen alrededor de veinte núcleos familiares dedicados a tejer mantas, alfombras, y otras cosas, además de las cuatro fábricas ya más industrializadas y con mayor capacidad de producción. Algunos vecinos se dedican a los hilados, al lavado y al perchado de la lana. Otros, se han especializado en las prendas de punto. En un viejo y antiguo telar familiar se tejen las mantas al estilo tradicional.

LA FRAGUA DE VALDESPINO DE SOMOZA

Desde Val de San Lorenzo a Valdespino es un paseo. El herrero enseña con agrado la vieja fragua donde ha pasado su vida moldeando el hierro, a golpe de martillo sobre el yunque: herraduras, rejas para los arados, trébedes, cuchillos, navajas, y tantos otros utensilios. Seguro que alguno de los llamadores y bocallaves de las puertas de este pueblo están hechas por José Ares, que a los dieciséis años comenzó ya a aprender el oficio. Conserva en la fragua el gran fuelle de cuero y madera, que funciona, y una curiosa piedra de afilar movida por el pie. En las paredes, ennegrecidas por el humo, se ven colgadas multitud de herramientas. Viejos oficios, tan relacionados con la vida rural, que van desapareciendo y deben hacernos reflexionar.

ALFOMBRAS Y TAPICES, EN ASTORGA

España fue uno de los primeros países europeos que utilizó la alfombra anudada, cuya técnica textil de origen oriental fue conocida en la Península Ibérica a través del pueblo musulmán. Y fue la primera que difundió este arte antiquísimo, pero desconocido en Occidente. Además, España creó su propia técnica, marcando el sello original del taller hispano, según ha demostrado en varias publicaciones la especialista en este tema, mi buena amiga Cristina Partearroyo.

En Astorga tenemos un taller de alfombras y tapices artísticos del que debemos sentirnos orgullosos, y que ha venido trabajando durante varias generaciones. Ahora esos tres impresionantes telares de alto lizo están semidormidos por la escasez de encargos, debido quizá a un desconocimiento o a una falta de valoración de lo verdaderamente artesanal y artístico.

Este taller de alfombras "Nistal" es propiedad de tres de los nietos de aquel don Angel Nistal que conoció en 1954 el profesor de la Universidad de Hamburgo, Wilhelm Giese, y que tanto le impresionó y tan positivamente valoró sus obras, como dejó escrito en un trabajo titulado Telares de Astorga.

Cuando en 1990 visité este taller astorgano para preparar la Guía de las Artesanías, estaban funcionando los telares de alto lizo y tejiendo alfombras de nudo y tapices "en relieve". Alfombras muy valoradas: piezas originales, reproduciendo el estilo español de las alfombras de Cuenca y Alcaraz (siglos XV, XVI y XVII) y las mudéjares de siglos anteriores. Empleaban -y siguen empleando- las técnicas del nudo turco y del nudo español, en una labor completamente artesanal, con materiales de gran calidad y sólido colorido. El diseño y el teñido se hacían en el propio taller. Los tapices eran también piezas originales y únicas, sus motivos estaban basados generalmente en el estilo románico o bizantino. Tejían bastantes tapices de tema heráldico, que resultan bellísimos por la técnica en relieve utilizada. Poco a poco los encargos han ido disminuyendo, quizá por falta de sensibilidad de la sociedad hacia las auténticas artesanías y porque las alfombras turcas, persas o marroquíes resultan más baratas, y una antigua y hermosa artesanía está apunto de desaparecer.

Ayer estuve allí y ví una alfombra en el telar: una Alcaraz de coronas con fondo rosa y tonalidades verdes. Renació en mí la esperanza.

Estando en Astorga, sería bueno concluir esta Ruta con una visita al Museo del chocolate, donde se nos muestra una artesanía muy enraizada en esa ciudad.