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NUEVA VIDA PARA EL CIRCO ETERNO

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 1998 en la Revista de Folklore número 212.

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I

De repente ha ocurrido. El apoteósico suceso de "Alegría" espectáculo del Cirque de Soleil en Madrid y Barcelona ha hecho ver a muchos que este viejo (y degradado tantas veces) arte podía conectar hoy con toda clase de público. Pequeños y mayores, teatreros y danzantes, espectadores de todo tipo han llenado todas y cada una de las sesiones -se quedó mucha gente sin entrada a pesar de las prórrogas- y se ha entusiasmado con las bellísimas imágenes que se les ofrecieron. ¡EI circo estaba vivo! ¡Algo había cambiado, no obstante. Sin perder sus específicas esencias el teatro, la danza, la ceremonia, habían impregnado la esencia del espectáculo. Estaban los números de siempre, espléndidos, pero parecían nuevos. Ahí estaba la clave: la permanencia de las tradiciones se logra desde su enriquecimiento paulatino. Cuando se convierte en arqueología entran en el camino de la decadencia y por ello en espectáculos como "Alegría" que ponen en contacto las raíces con las nuevas formas, las nuevas técnicas son indispensables.

En los últimos tiempos una serie de creadores había intentado este proceso de cambio desde lo establecido. Recuerdo hace unos 18 años, la presencia de una carpa humilde, pequeña enfrente de la Feria de Muestras de Valladolid. Un circo modesto que se nombraba "Aligre"; eran pocos artistas pero habían conseguido crear una dramaturgia que integraba momentos de terrible violencia y provocación (el restallar de los látigos amenazando al público, la doma de ratas de agua que se metían en la boca) con otros de alada poesía. En Madrid llegó el Cirque de la Plume con Geraldine Chaplin en el que preponderaban unas imágenes y unas músicas delicadas. El Circo Ecuestre de Bartabás es ya un hito en Europa y en la capital de España impresionó hace unos años. "Archaos" en Barcelona partía también de una dramaturgia cuasi narrativa en la que tenían sentido los números de siempre, con especial atención a la tecnología (motos y automóviles como signos expresivos). Hace un par de meses en la propia Ciudad Condal un ballet firmado por un gran coreógrafo húngaro afincado en Francia, Joseph Nadj, "Le cri du camaleón" utiliza artistas de circo, para la expresión de una danza diferente mostrando versiones surrealistas en las que la sombra de un Kantor estaba presente, sus intérpretes eran jóvenes salidos de la Escuela de Circo de París, y formaban parte de una tendencia "Alternative" que buscaba, como su nombre indica otras opciones, en las que verter toda una técnica de malabaristas, funambulistas y cualquiera de esas especialidades insustituibles. La incorporación de estos artistas circenses a la danza y al teatro resultaba de una gran intensidad, de la que no estaba ausente la armonía corporal, aunque el espectáculo no pretendiera la magia alada de "Alegría" sino la pulsión de unas imágenes que buceaban en lo más oscuro del subconsciente. Resulta significativa esta dualidad lo que prueba que la esencia del circo puede llegar a todas las formas de la comunicación que surge entre artistas y espectadores.

El espectáculo circense es, por su propia naturaleza, popular, entendido este concepto en el más noble sentido de la palabra. Desde el comienzo de la historia del hombre han surgido las diversas formas de circo, acróbatas griegos y romanos, magos egipcios, funambulistas en China, contorsionistas en la antigua India, se conservan dibujos y testimonios de hasta 2.400 años antes de J. C. (pinturas murales de Cnossos en Creta que representan un acróbata saltando un toro mientras suena la doble flauta y la lira de siete cuerdas). La historia de este espectáculo y también arte es apasionante. "Le gran livre de cirque", edición de 1977, dirigido por Mónica de Renueve (1) nos la ofrece desde diversos puntos de vista, aunque no llegue a constatar esta revolución de los últimos veinte años que ha supuesto, ni más ni menos, que el certificado de permanencia (2).

Esa relación, ingenua, admirativa, de los espectadores con el circo es esencial en la historia global de todo espectáculo. Quizá fuera Richmal Crompton en sus geniales libros sobre Guillermo Brown y sus proscritos quien mejor haya descrito esa sensación de magia que el circo despierta en los chicos (y mayores) y que ahora nos devuelve el Cirque du Soleil. Cuando las leyes naturales y físicas se rompen todos contemplamos el milagro y aplaudimos. Los jóvenes y maravillosos artistas de "Alegría" continúan su ejercicio estético en los saludos brevísimos, e integrados en el número realizado, o mejor aún, en el fluir continuado de la representación. Han encontrado el punto de unión entre el riesgo (del fallo más que del que surge del peligro físico) y la armonía. Esa es una de las claves del personal éxito de esta propuesta.

Volvamos empero, a la historia, para enlazarla, como los temas de folklore con la ceremonia del presente. El circo ha tenido siempre un carácter universal que surge desde el nomadismo incesante por una parte -enseñar los números es fundamental- y de que este lenguaje, dominio del cuerpo, dominio sobre las leyes de la física, dominio sobre el irracional, al que se doma, procesos imitativos y míticos, vale para todos. El público captó las gracias del payaso ruso Popov, del suizo Grock o del español Charlie Rivel en los más diversos lugares. El circo es una espléndida respuesta para ese nacionalismo reductor que utiliza las raíces propias como coartada de dominio, mucho más que como salvaguardia de una autenticidad que debería proyectarse a lo universal.

Desde la noche de los tiempos el hombre ha sentido varias necesidades: la de superar sus propias limitaciones, la de entender y ordenar a los animales, la de penetrar en el misterio y tantas otras más como satirizar la realidad o imitarla. El circo las ha aglutinado: domadores, contorsionistas, malabaristas, funambulistas, trapecistas, clowns, payasos... cuando se crea la pista mágica todos esos artesanos y artistas se encuentran. La música pone su nota pimpante, rítmica o expectante y "el mayor espectáculo del mundo" comienza. La gran familia del circo es curiosamente endogámica, aunque no desde el enchufe o la recomendación sino desde el aprendizaje en la más tierna edad. El nomadismo, la vida en caravana potencia las dinastías circenses y las enriquece, hasta extremos asombrosos. Los libros publicados sobre este arte único nos desgranan nombres y nombres, de un idéntico tronco. Aquí en España, y por citar un ejemplo actual, los Aragón forman una dinastía que se remonta bastantes generaciones, lo que les une a tantos y tantos nombres ilustres, que han creado historia concreta y surgen de ese polvo de siglos que contempla el esfuerzo del ser humano por ser "diferente", por vencer a la naturaleza, y por escribir el "otro lado" de la realidad desde su mirada satírica, feroz o comprensiva, según los casos. Estos clowns y payasos han creado tradiciones recogiéndolas desde atrás e innovando muchos de sus aspectos, Foottit y Chocolate, Antonev y Beby, Alex y Porto, Pipo y Rhum y tantos otros. En pareja, en grupo o solitarios hasta llegar a los Popov, David Shiner y la riquísima escuela rusa, por ejemplo los Litjedei, uno de los momentos más creadores del espectáculo del "Cirque du Soleil".

El circo contemporáneo aúna la tradición, incluso de siglos, con su impostación en los módulos productivos del presente, en la búsqueda de una aproximación a los espectadores de hoy, en la superación de los obstáculos económicos que hacen cada vez más difícil la trashumancia. Muchos circos, pequeños y medianos, se han visto obligados a transformarse, a fijar su residencia en algún lugar idóneo y limitar las giras. Otros, los más poderosos, organizan éstas según criterios empresariales. En un estupendo libro de puesta al día Dominique Mauclair (2) repasa los circos más significativos, los lugares más emblemáticos, en una curiosa cronología de hora en hora. "La noche, los circos viajan", "Pegada de carteles en Italia", "El montaje de la carpa", "La doma de las especies insólitas", "El Panda, único, que puede verse en China en un circo", "Los Caballos del Circo Knie de Suiza", "El amaestramiento de tigres de Pavlevo", "Las paradas en Wisconsin", "Los funámbulos en un pueblo del Turkestan Chino", "El clown en Avignon", "Ejercicios en los camellos en Mongolia", "Importancia e influencia del folklore y las fiestas populares", "El arte del trapecio en una familia mejicana", "Enseñanzas de acrobacia en el Bolchoi", "La Comedia de los clowns", "Los nuevos circos, los nuevos espacios", "Las paradas del Barnum", "Las escuelas en Rusia o Francia", "Las galas de los festivales" y tantos otros. Se citan "Archaos", "Bartabas", "Plume" y una serie de nombres que son realidad artística, desde la veteranía o el inicio. Artistas jovencísimos en esa ascensión a la cumbre de lo perfecto. Trabajo y trabajo: "dominar la técnica primero, crear estética después". Entre ellos, destacando, este "Cirque du Soleil" que, un tanto tardíamente, ha llegado por fin a España.

II

"Alegría" supone el reconocimiento de una nueva forma de hacer circo, sin que ello signifique ruptura con las tradiciones de siempre. Nada se inventa y los grandes números de la acrobacia, el malabarismo, el contorsionismo, la magia, el sketch del payaso o clown, siguen latentes aunque se busque por una parte la superación técnica y por otra el enriquecimiento estético de su expresión; el Cirque du Soleil que nace en 1984 con motivo de unas fiestas conmemorativas en las que participan muchos artistas que residían en un pueblecito cerca de Quebec. La expansión de este circo fue asombrosa y hoy es posiblemente una de las cadenas espectaculares más importantes del mundo. Un local fijo en Las Vegas, se anuncia otro, tres espectáculos de Gira por el mundo y otro en preparación. Cientos de artistas y técnicos. Hoy "El Circo del Sol" Contrata a los mejores números del mundo y los integra en su peculiar estética que consigue imponerse a todo tipo de espectadores. El "Cirque du Soleil" tiene que apostar por su reconocimiento universal, por su capacidad de asombrar a los espectadores pequeños y mayores, de todas las partes del mundo. Profesionales del cine, el teatro, la escritura, el mundo de la plástica se han sentido subyugados por esta catarata de imágenes y sonidos que de forma fluida, orgánica y bellísima se les ofrecen. La coincidencia ha sido total, existen espectáculos circenses más profundos o con números más insólitos pero la categoría del "Cirque du Soleil" está fuera de toda duda. En la primera vez que se les contempla en directo el asombro prima sobre toda otra consideración. El circo adquiere otro status, pero no deja de ser el circo con sus signos habituales: el presentador, o director del juego, la orquesta, los payasos, los contorsionistas, la chica de los aros, los acróbatas, los grupos en cama elástica o barras rusas, el especialista de trapecio y cubo... Faltan los animales, su presencia no resulta adecuada a la idea global del espectáculo. Además están en baja los números de doma, a pesar de que su presencia en los circos ha evitado la extinción de algunas razas, sólo presentes en las pistas circulares, signo esencial, como espacio escénico del "mayor espectáculo del mundo".

Le Cirque du Soleil integra los números circenses en una dramaturgia, en una estructura en la que el teatro, la danza y la música priman. No hay palabras sino sonidos, presencias insólitas que hacen menos insólitos los increíbles números. El director de juego parecía salido de una baraja (el poker) o de una fiesta inglesa. ¿Acaso los bufones o clowns de Shakespeare no son claves en su obra? ...Es el dueño de un espacio increíble marcado por las alas del ave, los gorgojeos de los pájaros, la imagen de la libertad y la ingravidez. Surgen las máscaras, prodigiosos mimos, aves pesadas que encierran la sabiduría del tiempo... Así, en una fiesta de luz y color nacen los números, vestuario, movimiento, saludos, de una expresiva armonía. Los músicos que han recorrido las gradas, son también seres de este extraño paraíso, al que sólo pondrán contrapunto los clowns y sus números, inteligentísimos sketchs sin palabras, que se unen a la esencia poética del espectáculo...

La coreografía la asumen también los artistas -en "Le cri du camaleón" mostraban el lado oscuro del hombre- aquí la presencia luminosa de la luz. Sorprende sobre todo la armonía en el gesto aunque se fuerce el cuerpo frente a las leyes de la naturaleza, para desembocar en la gracilidad de los danzarines cuando incluyen su número. Un ritmo perfecto, dinamismo de la troupe de las zonas elásticas, estática poética de la muchacha y los aros, imagen del fuego que gira en los brazos del acróbata, la fuerza frente a la gracilidad; el Hércules que retira a las jovencísimas contorsionistas mongolas, transformadas en pájaros, hasta su privado bosque...

Franco Dragone, el director del espectáculo y su gente han conseguido por una parte retrotraernos al comienzo de la historia del hombre y la creación del circo, por otra plasmar la universalidad y asunción de las razas y colores, y en último lugar enseñarnos la continuidad desde el aprendizaje y la presencia del niño que en un futuro muy próximo será quien alcance la altura del trapecio y desafíe a la gravedad. Han puesto de manifiesto que la armonía de un espectáculo surge de esa integración de los signos: personaje, gesto, música, espacios, suelo y cielo, luz, objetos... La totalidad, he aquí la palabra, esta vez desde la multiplicación de las imágenes de la belleza.

Pueden existir, y de hecho existen, otras espléndidas propuestas circenses, algunas de sencillez tan extremada como su calidad. En pleno desierto de Turkestan Chino Aimour Hussein cruza con los ojos vendados un alambre de 45 m. de largo y 20 m. del nivel del suelo, recordando al Blondin que en 1859 atravesara las cataratas del Niágara sobre un cable tendido sobre las burbujeantes masas de agua. La esencia del arte está asimismo en la sobriedad pero no caben dudas sobre la influencia que un espectáculo como "Alegría" puede tener sobre el presente y el futuro del arte más antiguo del mundo. Frente a las grandes exhibiciones de los Circos Clásicos (el Bolchoi, El Barnum y tantos otros) esta teatralización estética que opera el Circo del Sol abre nuevos caminos sin cerrar los viejos, nos devuelve el interés por un arte que creíamos superado, y hace revivir las figuras históricas de antaño, y más allá aún los restos de nuestra memoria colectiva a partir de los siglos. El primer circo con pista fue creado por Philiph Astley en 1790, pero muchos siglos antes de Jesucristo, artistas de todos los países habían proyectado la superación física del hombre en múltiples formas. El "Circo du Soleil" es, con otros cuantos más, la garantía de que este arte milenario no se extinguirá, ¿qué mejor elogio cabe hacerle?

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NOTAS

(1) Le gran livre du cirque, Biblioteque des Arts (1977). Cordinación: Monique Renuevir.

(2) Un jour aux círques, Dominique Mauclair. Bordas (1995).