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UN ANCESTRAL TALLER DE ALFOMBRAS Y TAPICES. HERMANOS NISTAL DE ASTORGA

CERRATO ALVARES, Ángel

Publicado en el año 1998 en la Revista de Folklore número 215.

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En Diciembre del 97 un grupo de enseñantes de Valladolid visitábamos el taller de artesanía de tapices Nistal, de Astorga.

En Junio del 98 visitaba la exposición del prodigioso trabajo de tejido de alta calidad que se realizaba en la Casa de las Carnicerías de Caja España, de León, y a comienzos de Julio me ponía en contacto de nuevo para dar remate al pequeño trabajo que se presenta al lector. Una visión de una artesanía que se remonta a siglos pasados y cuya máxima actividad se desarrolló en los siglos XVIII, XIX y primera mitad del siglo XX.

La Revista de Folklore, nº 204, 1997, se hacía eco de la situación actual del taller familiar que recoge técnicas, temas, instrumental, material, color o aportaciones originales, y hacía una llamada a la recuperación de un valor que transciende Astorga o León y se convierte en patrimonio nacional que atraviesa por una situación delicada (Casado Lobato, C.).

La prensa local se hizo eco de la Exposición en León a lo largo del mes de Junio, una exposición que se convirtió en un buen acontecimiento para todos aquellos que luchan por la conservación de los valores artesanales de nuestros mayores. Hay que hacer notar el gusto exquisito del local, la inteligente graduación de los temas, la iluminación amplia y clara, el espacio señorial y abierto, pero de modo especial la presencia de la misma familia Nistal, artífices entusiastas que no aceptarán jamás el fácil cambio a las técnicas industriales actuales que mataría la original herencia que recibieron de sus antepasados.

El público quedó asombrado, sorprendido y muchos impresionados; los tapices y alfombras era algo que no venía de la India, China, Pakistán, Turquía, Marruecos o Persia. Era algo de los propios leoneses, de su tierra, y los Nistal, de Astorga, les demostraban en el telar que las técnicas, los temas, el material o el proceso de fabricación de una alfombra o de un tapiz se hacía tal como sucedía hace cientos de años. Al dominio de la técnica, los Nistal añadían unas formas desenvueltas, comunicativas, nostálgicas e incisivas que hacían las delicias de cuantos escuchábamos y observábamos. Del telar pasaban a la exposición, y el mundo del pasado resucitaba de nuevo y se abría al visitante. Esta situación debió de repetirse en otros tiempos, tiempos ciertamente mejores para una "industria" que no quiere morir. Los tiempos aquellos en los que Nueva York, Munich, Londres, Burdeos o Madrid, abrían las puertas al taller familiar que hoy día no quiere desaparecer como artesanos de una tradición secular y gloriosa y de un trabajo que se abrieron camino en Europa a través de la Península Ibérica (Diario Leonés, 21-6-98).

La Diputación de León, el Hostal de San Marcos, el Museo del Hospital de Tavera en Toledo, Museos de Europa y colecciones privadas guardan muchos de los tesoros de la familia Nistal (idem).

Es obligado realizar una breve descripción del proceso de fabricación de una alfombra o tapiz de alta calidad.

Realización del dibujo

-Preparación del boceto. Puede ejecutarse sobre tabla al óleo o sobre papel a acuarela o témpera.

-Dibujo a la carta. Es la transposición del boceto a papel cuadriculado. Cada cuadrícula representa un nudo que se hará en el telar a la hora de la fabricación. El dibujo a la carta puede ser reproducido a escala hasta conseguir las dimensiones que llevará el futuro tapiz o alfombra.

-La temática es ya la amplia gama de inspiración que se desarrollará en alfombras y tapices con elementos helenísticos, bizantinos, árabes, mozárabes, románicos (muy amados por la familia Nistal por su colorido), mudéjares o clásicos españoles de los siglos XVI-XVII. Habrá reproducciones florales, geométricas, animalísticas; aves, frutos, jarras, coronas... y personajes tales como Hipócrates y Galeno, un monje guerrero, reyes, cristos, "altos señores"...

Máximo, uno de los tres hermanos Nistal, es el dibujante. Pero los tres reconocen la fuerte personalidad del abuelo, Angel, que les legó un poderoso acervo de inspiración. Todos hablan de él con un profundo respeto.

Para las fuentes de inspiración el taller Nistal posee muchas decenas de gruesos tomos, sólidos libros antiguos y actuales que reproducen todo el mundo de técnicas, dibujos, cuadros, pinturas, diseños, esbozos o bocetos que les darán la consistencia científica que afianzará la extraordinaria habilidad técnica; "es el juego de la mente y de las manos" (José Nistal). Basten algunos botones de muestra:

•Historia del Arte: mueble, tejido, bordado y tapiz, Montaner y Simón, 1897.

•Arte Ornamental: pueblos primitivos y orientales, Gustavo Gili, 1957.

•La Peinture Romanique, Skira, 1958.

Revistas, periódicos, 600 láminas, 20 tablas, más un buen repertorio de prensa que habla del secular y ancestral trabajo del taller familiar.

El telar y la fabricación de una alfombra y de un tapiz

-El telar: Es el instrumento, es la "máquina" donde se teje. El telar mayor tiene 7 metros de luz; -la luz es la anchura- por 3 de alto. Es el más grande de los 4 que posee el taller. Son dimensiones espectaculares. Podrían trabajar hasta 8 personas a la vez. Las proporciones de los otros tres van disminuyendo inteligentemente. En el más reducido trabaja una sola persona.

La "luz" del telar permite realizar alfombras y tapices según las exigencias del cliente. La altura de hasta tres metros permite enrollar fácilmente lo ejecutado. Esta altura de tres metros enrolla en los "enjulios" lo que se va elaborando. Los "enjulios" son dos maderos horizontales al suelo, uno superior y otro inferior que giran sobre sí mismos.

Las grandes dimensiones de estos telares posibilitan entonces, la elaboración de alfombras de 2, 4 y hasta 7 mts. de ancho por 3 de alto.

En el telar de cuatro metros de "luz" por 3 de alto, José, el tejedor "oficial" de la familia, desarrolla ahora mismo una alfombra en ratos libres y por puro placer. Cada uno de los tres hermanos domina cada uno de los procesos -dibujo, tintado y tejido- de fabricación, pero es José el entusiasta del tejido.

Cuando trabajaban varios operarios en el mismo telar había un "maestro" que supervisaba la marcha general y de modo especial el control de la "pasada" de la trama cuya finalidad era la obtención de una perfecta línea recta.

"La madera de los telares es de pino del norte" que da la seguridad de una madera seca que no abarquilla; puede ser también de chopo, de olmo... y desconocen la del castaño, madera utilizada en general por el norte de España para los telares de bajo lizo, los populares telares.

Un telar de "alto lizo" posee una estructura sencilla -curiosamente menos compleja que la del bajo lizo-:

Sobre dos patas verticales que asientan dos "enjulios", el enjulio superior sostiene la urdimbre y el inferior enrolla el tejido. Junto al enjulio superior hay otro palo, el rastrillo, en el que se distribuyen cada uno de los infinitos hilos de lino de la urdimbre. Junto al rastrillo hay una vara que separa el gran número de hilos de la urdimbre. Para tensar la urdimbre está la palanca. A media altura, por detrás está el palo del lizo, que le dará el nombre al telar, "telar de alto lizo", por contraposición al telar casero y popular en el que los lizos se encuentran a escasa altura.

Para mayor comodidad de los operarios y resguardarles los pies del frío del suelo, hay una tarima de madera a medio metro de altura en los telares de mayores dimensiones, que servía así mismo para elevar a los tejedores según se avanzaba en el trabajo.

-El material para la fabricación de un tapiz o de una alfombra puede ser el lino, el yute, el cáñamo, la lana, el algodón.

Con el lino, el yute o el cáñamo, se monta la urdimbre, es decir, los hilos verticales; "y los del lino son los mejores por su resistencia y por la suavidad y ductilidad al tacto; los del cáñamo o yute son más duros y destrozan los dedos del tejedor que perderían flexibilidad y habilidad".

Con los hilos de lana se hace el trenzado a base de nudos sobre la urdimbre. Este trenzado también se llama felpa, y es entonces el revestimiento de la urdimbre, lo que vemos, pisamos y palpamos, la figura, el relieve; lo que se desea reproducir.

La lana de los nudos puede obtenerse de las ovejas churras o merinas; las ovejas churras dan una lana dura, las ovejas merinas la dan más suave, una lana muy apta para tapices, por ejemplo. La lana tiene que estar lavada y desengrasada.

La lana tiene que estar hilada lógicamente y enrollada en madejas que se depositan en un pequeño cesto al pie del tejedor.

Las lanas llevan un teñido o tintura y modernamente un tratamiento antipolilla; las lanas teñidas darán la variada gama de colores de tapices y alfombras: blanco marfil, rojo teja, rojo ladrillo, negro, azul, amarillo oro, verde seco, verde botella... Y los colores se adaptarán a las fuentes de inspiración. Y la familia Nistal insiste en la dificultad técnica que supone la elaboración de los diversos colores y aclara que el colorido de la alfombra española es más sobrio que el exuberante tratamiento oriental.

-Los tintes para el tratamiento de las lanas se obtenían de materias vegetales: cáscara de nuez, amapolas, azafrán..., se hervían en grandes calderas, las tinas, se colaban, se hundían las lanas y se dejaban empapar.

La profesión de tintorero era escasa y apreciada. En la Astorga del siglo XVIII había 12 tejedores y 2 tintoreros. La familia Nistal siempre preparó y controló su propio proceso; aún conserva las viejas tinas, aquellas que fueron convertidas en potes de rancho por los soldados de Napoleón.

Hoy en día se utilizan anilinas. Las anilinas son buenas para proteger y resguardar el futuro producto, del sol, de la luz, de los lavados; "un buen elemento actual que puede aprovecharse".

-Técnica del tejido de alfombras y tapices del taller Nistal:

Sobre la urdimbre, los infinitos hilos que cuelgan verticalmente, se trabaja para la realizaci6n de los nudos.

El nudo usado por la familia Nistal es el turco, que es el cruce atado de la hebra de lana pasada por detrás de cada dos hilos de la urdimbre, y cortada a ras. Este movimiento se realiza con las manos, -no se hace con aguja porque quedaría más flojo-, y se repite hasta llegar al final de la línea horizontal.

"Ejecutamos el nudo turco porque da unos fileteados más perfectos, unos dibujos más rectos y el producto final es de una consistencia firme y definitiva". El modelo se tiene en una plantilla o "dibujo a la carta" que cuelga a la mano izquierda del tejedor.

El trazado de nudos va de izquierda a derecha, y para mejor fijarles se ejecuta una doble pasada de hilos de lino por encima de cada línea realizada. Esa pasada es la trama, que se refuerza con la presilla. Se pasa luego un peine que, presionado hacia abajo sobre el tope superior de la línea con suaves pero firmes golpes, fija con total solidez los nudos y la trama de la nueva línea sobre la ya existente.

Conocen el nudo persa y español, pero prefieren no utilizarlos. Y realizan una demostración práctica para que se puedan captar las diferencias.

Un metro cuadrado de alfombra puede llevar 62.400 nudos, y uno de tapiz, entre 200 a 300.000 o bien no tiene límite.

El proceso completo de fabricación -dibujo, tintura y tejido- puede llevar a dos personas un tiempo de cuatro meses para 4 metros cuadrados de alfombra. El tejedor especialista de la familia –José- recuerda que hubo tiempos en los que se empleó un año entero.

¿Quién puede decir que el producto es caro?

Cuando se contempla el movimiento rápido, hábil, ágil, seguro y certero de los dedos del tejedor con la lana, la urdimbre y las tijeras, la ejecución de los nudos es el proceso más espectacular, "pero no es el más decisivo", porque los pasos más decisivos son los dos anteriores: el dibujo y el tintado. "El dibujo y el color son el andar, el nudo es el bailar. Para saber bailar hay que aprender a andar y andar bien. Pero todo el proceso es importante. Todo tiene que marchar como una orquesta".

La técnica descrita vale tanto para alfombras como para tapices. Sin embargo, el tapiz tiene pequeños detalles de confección. La técnica del tapiz es la de relieve en nudos y la de tapiz liso. Con el relieve en nudos se consigue la imagen que se quiere plasmar, y el tapiz liso dará la tijera, pero el taller Nistal respeta la hechura primera, no rebaja, no usa la tijera y consigue deliciosas y suaves ondulaciones visuales y finos matices de relieve que pasarían más desapercibidos con la técnica tradicional. El no uso de la tijera es un patrimonio de la familia Nistal.

"El tapiz necesita dibujos que tienen que ser contemplados verticalmente, precisa más cuerpo, precisa más perspectiva, es una pieza para colgar y ser contemplada de frente; la alfombra está estructurada para pisar, es reiterativa, se acomoda a la estructura de un enlosado, y sus dibujos están hechos para verlos de arriba hacia abajo" (José Nistal).

"El tapiz es más europeo. La alfombra es de origen árabe. Los árabes colgaron a veces alfombras, pero era un producto para el suelo. La alfombra les daba más posibilidad de reproducir sus fantasías florales y animalísticas geometrizadas, y las desarrollaron para ornato y comodidad de sus tiendas o casas y para la decoración" (idem).

UN POCO DE HISTORIA

La familia Nistal entronca con una tradición milenaria que arranca de los viejos Imperios: chinos, hindúes, otomanos, oriental, turco...cuando Europa era el tercer mundo. El primer mundo, el mundo de la finura, de la exquisitez y hasta de la elegancia y de la educación en las relaciones sociales -aclara José Nistal- se asentaba en las fronteras de fuera de Europa.

El mundo de los castillos y de las armas feudales, se oponía al mundo de palacios, aguas, fuentes y bosques orientales; al mundo de sudor y de polvo de los poderosos europeos, se oponía el sibarita mundo árabe de frescura de mirtos, sombras de cipreses y cantares de aguas. Al mundo de cerradas ferias europeas se oponía el cosmopolita viajero de negocios orientales que arrastró a los más despiertos comerciantes europeos.

Y frente a la seca, adusta y pesada vestimenta europea, se utilizaban las sutiles, suaves, ligeras, aladas ropas de sedas orientales. El poderoso europeo se sentaba en escaños de simple y dura madera y el poderoso oriental pisaba bellas y coloristas alfombras y reposaba en muelles y blandos cojines.

El mundo del poderoso europeo fue cambiando gustos, usos, formas y actitudes al contacto con esos otros mundos que se abrían en cruzadas, guerras santas, campañas, saqueos, embajadas o contactos y rapiñas comerciales de largo alcance. Marco Polo fue el caso más relevante de asombro y de negocios con un mundo que marcó durante siglos la apetencia de los poderosos de Europa.

La Península Ibérica fue el enclave privilegiado de Occidente, del trasiego e influencia de aquel otro mundo que subyugó al nuestro en todas las ramas de la ciencia, de la riqueza y del tren de vida. Nuestra historia tradicional sostiene que fue la lucha de la Cruz contra la Media Luna, la lucha de Cristo contra Mahoma, de la espada contra el alfanje. Hace tiempo que esa visión pasó a la Historia, porque el negocio, la fácil adquisición de riqueza, la segura llegada de impuestos de los sometidos reyezuelos peninsulares o la seducción de vida de emires, califas o taifas fue motivo suficiente de algaradas, saqueos, cruzadas o catequizaciones al uso.

Y en ese impresionante trajín de siglos se aprendió y se transmitió algo que aún puede verse virgen en un hermoso pueblo leonés, Astorga: lanas, telares, potes, alfombras, tapices o colchas se conservan como patrimonio familiar que debe de ser apreciado como patrimonio nacional.

Recalar en Astorga es recalar en la comarca de los maragatos, de los mantecados, de los chocolates -con un soberbio y original museo de iniciativa privada-; es recalar en la ciudad de las murallas, de la sede obispal que nunca tuvo ni el mismísimo León, de la insólita arquitectura de Gaudí, de la plaza donde martillean las horas dos maragatos, del monumento a la lucha antifrancesa...; sus tierras maragatas recuerdan el mundo del riesgo, del negocio, de la riqueza y de una cultura original que no muere.

El viajero, el visitante, debe de parar en el ahora humilde, sólido, ancestral taller que transmite una ciencia de siglos pasados llegada aquí, y mantenida con la dignidad del que se sabe poseedor de un patrimonio nacional y de una tradición familiar cuyos dueños no quieren que muera. Un taller que se considera transmisor de una técnica, una artesanía, un arte que puede ser desbarbado y hundido por el farragoso y trepidante mundo de nuestra modernidad.

LA PEQUEÑA GRANDE HISTORIA DE LA FAMILIA NISTAL

Cuando se les pregunta por los orígenes de la familia, arrancan de la tradición: los soldados de Napoleón ocuparon el pueblo allá por el 1809-10. El pueblo tenía que alojar y alimentar a la tropa, "porque la guerra debe de alimentar a la guerra". Los que cayeron en la familia de los antecesores Nistal actuales, se asombraron de las tinas que allí había y las destinaron a la preparación del rancho; no eran potes de cocina, eran las calderas de los tintes y mezclas de lanas. José Nistal, uno de los tres hermanos, aclara irónico que aquellos eran más pedestres que los ávidos personajes que la francesada nos ha pintado.

Es evidente que el oficio y el negocio del tejido de alfombras y tapices se remonta a épocas anteriores.

Tanto el Interrogatorio de Ensenada -1753, libro 348, folios 296...- como las Comprobaciones posteriores -1763, legajo 1.425, folio 15…- citan la existencia en Astorga de 12 tejedores de lienzo, y a uno se le cita como tejedor especial de colchas de lana, y a dos maestros tintoreros. El Catastro de Ensenada suele citar uno por uno los nombres de los diversos artesanos -en Astorga se citan decenas y decenas de panaderos- pero se omitieron los nombres de los tejedores. Sin embargo, uno de los "ciudadanos" elegidos para responder al Interrogatorio fue Manuel Mogrovejo, "tejedor de lienzos".

El apellido Mogrovejo es el antecesor de la familia actual como primer apellido hasta que se cruzó el de Nistal. Incluso ahora sigue de segundo y de tercero. Al recordarles la búsqueda de archivo y la cita de un tejedor de "colchas de lana", José busca, encuentra y extiende una colcha de tiempo inmemorial salida de los talleres Nistal.

De los recuerdos de la ocupación de Napoleón pasan a los de los años 70-80 del siglo XIX. Fue la época dorada de la producción de alfombras.

En el 1896 participaron en la Exposición Regional de Lugo.

Las dos décadas anteriores a la guerra civil, las recuerdan como la edad de oro. En el taller trabajaban hasta 30 operarios y funcionaban 6-8 telares, y el máximo reconocimiento les llegó el año 1935. Fue el año de la Exposición en el Patronato Nacional de Turismo, en Madrid. "Alfombras de nudo turco y de nudo español, reproducción de alfombras de Alcaraz, siglos XVI-XVII, de Cuenca, siglo XVII y otras hispano-árabes y mudéjares" (Casado Lobato, C., Revista de Folklore. Diario de León, 21 de Junio de 1998).

Un año antes -1934- obtenían la medalla de Plata del Congreso Nacional de Riegos, de Valladolid, y en el mismo 36 otra copa de plata "Premio de gran mérito", en León.

"Los años de guerra y postguerra fueron años duros y salimos a flote gracias a las compras que nos hicieron los alemanes", pero siguen participando y obteniendo premios: en el 43, de la Delegación Nacional de Sindicatos; en el 46, en la Feria de Productos de Gijón; en el 47, en la Exposición Nacional de Artes Decorativas de Madrid.

"Por los años 50-60 tuvimos 8 operarios".

En el 54 visita el taller el alemán Wilhem Gielse, profesor de la Universidad de Hamburgo que se hizo público defensor del sistema artesanal de la familia Nistal (mismas fuentes).

En el 58, el gallego Goy de Silva publica un artículo en el ABC. Goy de Silva comparó los talleres Nistal con los de la Real Fábrica de Tapices, y ambos como los dos únicos casos básicos de artesanía nacional de tejidos de alfombras y tapices "únicos en el mundo" (idem).

La familia siguió participando en concursos y ferias nacionales; en el 68 se presentó a la VII Feria Internacional del Campo, Madrid, y poco antes, en León. En ambos casos obtuvo distinguidas menciones.

Pero las nuevas industrias arrinconan las "viejas" artesanías creyéndolas anticuadas y el desarrollismo mira de lado, cuando no desprecia y destruye, el trabajo secular "de la mente y de las manos". Los pedidos se reducen y la actividad también y la familia Nistal reconvierte el negocio, pero no renuncia a su pasado de gloriosa y ancestral tradición artesanal.

En el 84 el padre de los tres hermanos actuales Nistal fue nombrado Artesano Mayor de la Maragatería, en la VI Edición de la Exaltación de los Valores Maragatos.

Concha Casado Lobato, trabajadora infatigable por la recuperación del pasado, con un palmarés fuera de lo común y una lucha titánica por la rehabilitación, cuando se puede, de artesanías que no tienen por qué ser destruídas y cuya conservación o restauración hasta crea puestos de trabajo, está realizando una defensa encendida del taller Nistal (1991 a 1998).

Un gran éxito de público, de gusto, de local y de participación de los Nistal, acaba de ser la reciente clausurada Exposición de "Alfombras y Tapices Artísticos" en la casa de las Carnicerías, León, del mes de junio de 1998; 7 tapices, 10 alfombras, más la demostración práctica que realizaba sobre el telar la familia Nistal.

Un patrimonio que no se debe perder. Una extraordinaria ocasión para que los poderes culturales locales, comunitarios y nacionales tomen nota para que no se repita el tantas veces lamentado, perjudicial y nefasto pasotismo de esta desangrada y agostada piel de toro.