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EL ESQUILEO. UN TRABAJO GANADERO TRADICIONAL Y ARRAIGADO EN LA PROVINCIA DE BURGOS

VALDIVIELSO ARCE, Jaime L.

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 222.

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El gran pintor húrgales D. Marceliano Santamaría tiene la gloria y el mérito de haber pintado un cuadro de gran formato y de gran realismo que refleja con toda fidelidad el trabajo del esquileo de las reses de ganado ovino y que lleva precisamente ese título: El Esquileo.

Este cuadro es el mejor homenaje que se ha podido rendir en esta tierra de Burgos a los esquiladores. Se puede contemplar en el Salón de Estrados de la Diputación Provincial de Burgos.

El esquileo, o esquilmo o esquilo, es la labor de cortar el vellón, la lana de las ovejas y corderos.

Esta labor tuvo en tierras burgalesas casi generalizadamente una gran importancia económica no sólo para los ganaderos de reses trashumantes sino también para los pequeños ganaderos que contaban de manera estable un pequeño hato de ovejas.

Durante varios siglos la economía de la provincia de Burgos tenía su fundamento en el enorme volumen que alcanzó el comercio de lanas principalmente merinas. Al decaer este comercio floreciente que era una verdadera fuente de riqueza, la economía burgalesa conoció la ruina.

Es el esquileo uno de los oficios antiguos vinculados al mundo rural y que merece recordarse para que no caiga en el olvido en estos tiempos en que parece que puede desaparecer.

Pero hay dos iniciativas dignas de tener en cuenta que han venido a poner de moda y de actualidad el esquileo. En primer lugar debemos reseñar la inclusión en el programa de las fiestas mayores de Burgos de la Fiesta del Esquileo, organizada y protagonizada por la Sociedad Gastronómica "Cucos" en los años finales de la década de los 80 y principio de los 90. En segundo lugar, la celebración del Concurso Internacional de Esquileo que se desarrolló en la localidad burgalesa de Salgüero de Juarros en el mes de julio de 1993 y en años sucesivos.

El periodista húrgales Felipe Fuente Macho (FUYMA) ha reunido algunos datos referentes a la actividad ganadera del Hospital del Rey, que pueden indicarnos la importancia que en otros tiempos tuvo el trabajo de los esquiladores.

En un artículo publicado en "Diario de Burgos" del 16 de julio de 1993 dice:

"Hay antiguos documentos de cómo en el Hospital del Rey de Burgos contaba con una cabaña superior a las 20.000 cabezas y hasta no hace mucho tiempo el poderío económico de esa institución radicaba con carácter casi absoluto en el cuidado de esa ganadería".

"Hemos localizado -escribe- en el Archivo municipal varios expedientes en relación con ese cometido. Abarca un breve período de 1840 a 1843, en los que minuciosamente se da cuenta de los gastos que ocasionaba el nada fácil arte del esquileo. Por aquel entonces la Junta Municipal de Beneficiencia dirigía los destinos del que fuera famoso Hospital del Rey. Si bien se habían reducido sensiblemente sus rebaños, todavía en 1841 se esquilaron 6.156 cabezas; en 1842, 6.414 y en 1843, 6.100.

En total se recogieron 6.413 arrobas de lana que supuso la fabulosa cantidad de 211.852 reales, acusándose ya un descenso en el precio, puesto que si en el primer año se pagó a 67 reales arroba, en el segundo descendió a 62 para pasar a 57 en el último.

La cuadrilla de esquiladores procedía de Barbadillo del Pez. La integraban seis oficiales, con cincuenta tijeras útiles a razón de 19 maravedís por res esquilada, cuatro escoberos a tres reales y medio por día, cuatro moreneros que tomaran pan diario y dos reales por gratificación y cuatro legadores a seis reales diarios. Además se les entregaban las 20 ovejas viejas para comer que pagaban a 18 reales una, y a la llegada dos ovejas viejas gratis y dos cántaros de vino de gracia y el día que tocaba esquilar los carneros otra cántara de vino gratis.

¿Y qué comía ese ejército de casi cincuenta personas (sumando pastores y otros servidores) a lo largo de los cinco días que duraba la corta campaña del mes de junio?

A parte de las 20 ovejas de desecho que consumían, la intendencia, también a cargo de la Junta, estaba integrada por "30 cántaras de vino, 275 panes, media fanega de sal, diez libras de pimiento picante y otras tantas de aceite, además de once carros de leña para fuego y asado".

Comenzaba el trabajo de esquilar poco más o menos a mediados del mes de junio y se prolongaba según el número de reses que tuviera cada rebaño, la climatología o el número de tijeras y otros imprevistos.

En la actualidad la cabaña de ganado lanar está muy mermada e incluso en muchos pueblos que antaño tuvieron buenos rebaños éstos han desaparecido. En casi todos los pueblos de la provincia de Burgos hubo rebaños o pequeños hatos de ovejas. Y por eso los que hoy están al borde de la tercera edad conocen perfectamente lo que era el esquileo en el que se despojaba a las ovejas de su vellón con el que se conseguía buenos beneficios complementarios de la agricultura y a las ovejas y corderos se les aliviaba de su vestido invernal dejándolos en condiciones mejores para soportar los calores del estío.

En la provincia de Burgos debemos distinguir, al menos, tres tipos distintos de rebaños:

- Rebaños trashumantes de ovejas merinas, localizadas en las comarcas de la Sierra y la Demanda.

- Rebaños estantes o sea que no salen del término en el que se crían. Estos rebaños estantes pueden ser a) de un solo amo, cuidados por el mismo amo o por un pastor contratado o b) de varios dueños que contratan un pastor para que guarde el rebaño.

Si el rebaño pertenece a un solo amo, éste decidía cuándo y quién debía esquilar sus ovejas.

Si el rebaño era de varios amos, éstos se ponían de acuerdo con su pastor para dejar en los corrales las ovejas un par de días para proceder a esquilarlas.

En este caso, como cada amo ponía una marca a sus ovejas para distinguirlas de las propias de los restantes dueños, se aprovechaba para marcar a las ovejas, pintando la lana con la marca propia de cada amo, aparte de la señal que se las solía hacer en la oreja.

Una vez esquiladas, aligeradas del vellón y convenientemente señaladas ya estaban dispuestas las ovejas para pasar el verano no preocupándose los dueños de ellas hasta la entrada del invierno. Se aprovechaba la circunstancia del esquileo para hacer un recuento de las reses, por si hubiera desaparecido alguna o se hubiera cambiado de rebaño.

El comienzo del esquileo en este caso, cuando varios dueños juntaban sus reses en un solo rebaño, el esquileo comenzaba inmediatamente antes de comenzar las tareas de la recolección, en la segunda quincena de junio. Y eran los mismos dueños, con la ayuda de los miembros de la familia, los que realizaban los trabajos de esquilar, atar las reses, recoger y almacenar los vellones, etc.

Normalmente eran rebaños pequeños, de alrededor de 50 ovejas, pues tampoco podían ser muy numerosos porque precisamente por eso se unían varios dueños para contratar un pastor común. Y además porque en estos casos, el pequeño rebaño de ovejas era un complemento ganadero al trabajo agrícola.

Estos rebaños pequeños, en tierras de Burgos, eran de ovejas churras cuyo vellón es de lana de la llamada churra. Esta lana, era lavada por los mismos ganaderos y convenientemente elaborada se utilizaba para satisfacer las necesidades de la casa.

Parte de esa lana se utilizaba para hacer colchones y los vellones de mejor lana se reservaban para trabajarla artesanalmente. Una vez lavada, se cardaba y las hacendosas amas de casa, con la rueca y el huso, lo hilaban en los ratos libres o en las largas tardes y noches del invierno, después lo devanaban haciendo madejas y ovillos para posteriormente tejerlo para confeccionar prendas de vestir, jerseys, bufandas, calcetines o escarpines, chalecos, etc. Posteriormente, ante la facilidad de encontrar esas prendas ya confeccionadas, se dejó de elaborar la lana en las casas -hacia la década de los años 50- y entonces, una vez realizado el esquileo, llegaban los compradores de lana y los ganaderos la vendían para su comercialización.

Esto daba lugar a que estos compradores ofrecieran precios bajos para tener más margen comercial ellos, lo cual iba en detrimento de los ganaderos. Por eso en algunas zonas, como sucedió en la Bureba, se constituyeron Cooperativas de ganado lanar cuyo objetivo fue defender los precios de la leche y de la lana de los ganaderos que se integraron en estas Cooperativas.

En muchos pueblos, en los que existieron varios de estos pequeños rebaños de ovejas, al producirse la mecanización del campo, la emigración y como consecuencia, la casi total despoblación, desaparecieron gran parte de esos pequeños rebaños con la consiguiente pérdida de los ingresos que producían la venta de la leche, de las crías y de la lana, perdiendo también el abono orgánico que el rebaño producía a lo largo del año, que era otro beneficio para las tierras de labor y las huertas familiares.

LOS REBAÑOS TRASHUMANTES

No es este el momento de resaltar la importancia que en la provincia de Burgos han tenido en el pasado los rebaños de ovejas merinas trashumantes.

La lana de estos rebaños, generalmente, lana merina, tenía otro proceso.

El primer paso era el "señalo"; se llamaba así al contrato de compraventa, firmado con mucha antelación, en algunos casos incluso un año antes de realizarse el esquileo. Los compradores enviaban a sus representantes a la Sierra a contratar con los dueños de los rebaños cantidades, fechas y calidades. El dinero debía estar presente y sonante ante los escribanos que certificaban los contratos. Entonces se estipulaban las cláusulas y condiciones que debían reunir las lanas que se vendían siempre sin lavar.

Realizado el "señalo", se esperaba a que llegase el tiempo de llevar a cabo el esquileo con mucho orden y cuidado que tenía lugar al poco de regresar las merinas trashumantes.

Se agrupaban en los "encerraderos", en número elevado. De aquí pasaban en grandes manadas a los "sudaderos", unos locales totalmente cerrados en los que las ovejas estaban tan juntas y apretadas que con el calor animal y el climatológico no tenían más remedio que sudar. Los locales eran bajos de techo para que el sol se hiciera sentir más. Con esta sudada se conseguía que los compactos vellones de lana merina se ablandaran para facilitar el esquileo. De esos locales iban sacando las reses los atadores o ligadores. Estos ataban las patas de cada res, exceptuando la pata posterior derecha y colocaban la oveja a esquilar en el puesto del esquilador correspondiente.

Los esquiladores, en número proporcionado al número de reses, manejaban con destreza las tijeras de larga punta, hechas de una sola pieza de hierro y muy bien afiladas.

Si al realizar el esquileo, se producían cortes o heridas en la piel de las ovejas, el esquilador espolvoreaba un poco de carbón vegetal molido sobre la herida para desinfectar y cauterizar. Normalmente había un encargado de aplicar este remedio para que los esquiladores no perdieran tiempo.

Los esquiladores, acabada de esquilar una res, dejaban el vellón en manos del recibidor, que era el encargado de doblarlo, quien se lo entregaba a los velloneros, que eran quienes controlaban cada vellón, pasándolo después a los apiladores, encargados de situarlo en el almacén. Los barrenderos eran los encargados de recoger las vedijas de lana que se desprendían del vellón al manipularlos.

La tarea del esquileo era rápida porque se pretendía que durase los menos días posibles. Se comenzaba la tarea al clarear el día y el ganadero invitaba a los operarios con una copa de aguardiente. El trabajo se dejaba a las seis de la tarde y solamente se interrumpía media hora para el almuerzo de la mañana y una hora para comer; durante todo el esquileo corría la bota para quitar la sed cuyo vino pagaba el "capitán" que era el que mandaba cada cuadrilla de esquiladores y auxiliares.

En la noche del último día las cuadrillas de esquiladores cenaban, para celebrar el fin de su labor, un plato típico que solía ser "caldereta de machorra".

La lana salía de los almacenes camino de los lavaderos y a los destinos señalados por los mercaderes y las merinas seguían pastando durante el verano las jugosas hierbas en los montes y valles de la Sierra.

La lana, por su calidad, se clasificaba en fina, entrefina y basta. La fina era la que se esquilaba a las ovejas merinas trashumantes: la más buscada y la más estimada y mejor pagada. La entrefina era también lana merina, pero de ovejas no trashumantes. Las largas caminatas, el cambio de pastos y el cambio de clima mejoraba notablemente las lanas. La lana basta, procedente de las ovejas churras, era la menos estimada. Se llamaban "añinos" o lana añina la que se esquilaba a los corderos, que también se recogía así como las guedejas desprendidas de los vellones. Las lanas blancas siempre fueron más apreciadas que las negras.

Como todos los oficios, también en el esquileo se han introducido innovaciones técnicas y sus utensilios imprescindibles, las tijeras, se han modernizado y hoy se utilizan máquinas eléctricas con las cuales desaparece el riesgo de herir a las reses y se aprovecha mejor la lana, siendo más rápido el proceso pues se invierte muchísimo menos tiempo en esquilar cada una de las reses.

Sobre la rapidez tenemos un dato concreto: El campeón del I Concurso Internacional de Esquileo, Eugene Troyano, en 1993 invirtió 9 minutos y medio en esquilar 12 ovejas.

En ese mismo tiempo, con las tijeras tradicionales escasamente se puede esquilar una oveja.

Trabajosa y dura era la labor del esquileo pues eran muchas horas inclinados en una postura incómoda, sosteniendo la res que se esquilaba y manipulando las tijeras con una sola mano.

Como en otros muchos trabajos que se han realizado desde la antigüedad, en nuestro tiempo se han introducido técnicas modernas, pero esto no quita para que reconozcamos y valoremos el trabajo y las penalidades que ha llevado consigo este proceso de "cosechar" el producto animal que reportó tantos beneficios a la economía de nuestra tierra en tiempos pasados como el "esquileo".

El vellón en una economía rudimentaria fue unidad de moneda luego convertido en metálico, al incrementarse los intercambios mercantiles. Muy popular fue el real de vellón.

En nuestro tiempo la lana como materia prima textil ha perdido la hegemonía al entrar en competencia con las fibras sintéticas procedentes de procesos químicos.

Sin embargo sigue manteniendo su valor comercial y representa juntamente con la leche y las crías, los corderos, un producto ganadero digno de tener en cuenta en sí mismo o como complemento de los productos agrícolas.

EL ESQUILEO

Entre las tradiciones y costumbres burgalesas vinculadas con la ganadería hemos de destacar el esquileo.

Para evocar esta costumbre nos basta recordar un magnífico cuadro, pintado por el pintor burgalés Marceliano Santamaría, que expresa fielmente esta costumbre.

Tenemos además el testimonio inapreciable de D. Federico Olmeda en su libro ya clásico de folklore húrgales, en el que dice textualmente:

El país de esquileos, Pineda de la Sierra, Barbadillo de Herreros y pueblos de esa comarca, cuya riqueza principal ha sido el ganado lanar. Había ganaderos y hoy también hay algunos, que contaban por muchos miles las cabezas de ganado que poseían. Los esquileos eran grandes sucesos consiguientes a la existencia de tan grandes rebaños. Hay pueblos que tienen establecidas sociedades de esquiladores en las cuales se reglamentan desde las horas y modo de comenzar el trabajo hasta el momento de terminarlo. Comenzaban cantando, cantando esquilaban, después de comer también cantaban y no menos al terminar el trabajo. Curioso es el reglamento que para esto tienen, pero es demasiado extenso para traerlo y se aparta bastante de esta obra.

En vano es decir que son muchos los romances y tonadas que los esquiladores tienen para entretener el esquileo. El siguiente está tomado en Cerezo de Río Tirón:

Estando un pastor un día
remendando la zamarra,
vio venir a siete lobos
por una triste montaña.
En medio de siete lobos
venía una loba Raya
y le cogió la cordera
de la mía ovejita cana.
- Loba, deja esa cordera,
que a tí no te debe nada.
Si te embirlo mis cachorros
te dejarán maltratada.
- Tanto valen tus cachorros
como una morcilla asada.
- Arriba, perro rabón;
arriba, perra guardiana.
Si le quitáis la cordera
tenéis la cena doblada,
y si no se la quitáis
llevaréis con la cachava.
………………………………………………………….
Siete leguas la corrieron
por una alta montaña;
otras siete la corrieron
por unas tierras aradas.
Siete y siete son catorce
cuando la loba iba cansa.
Al subir un pedrecito
dando vista a una llanada
dieron con la loba en tierra
le dieron fuerte sotana.
- Tomad, perros, la cordera
sana y buena como estaba.
- No queremos la cordera
de tu boca embabosada,
que queremos tu pelleja
pa el pastor una zamarra.
Y lo que de allí sobrare
para guantes para el ama
y si sobra algún retal
pa pingos pa la criada (1).

Domingo Hergueta en su libro Folklore burgalés, recoge la misma versión de Cerezo de Río Tirón, pero con algunos versos más:

Pa el pastor una zamarra;
de tu cabeza un zurrón
para guardar las cucharas;
el rabo para manguito;
las orejas, pa polainas;
los dientes, para una vieja
que pueda roer castañas;
de tus manos sacar guantes
para las buenas muchachas,
y si sobra algún retal
pa pingos pa la criada (2).

Apunta Federico Olmeda, además, 6 canciones de esquileos, de las que destacamos ésta que hace alusión directa a los mismos:

Si quieres que te saquen
lana y añino,
a los esquiladores
dales buen vino.
Dales buen vino y anda
dales buen vino
si quieres que te saquen
lana y añino (3).

Y el mismo autor recoge una canción que se cantaba durante la labor del esquileo, procedente de Neila. Se trata de una canción de acción de gracias por parte de todos los que participaban en el esquileo después de la comida. Se canta sin ningún tipo de acompañamiento y con las voces recias de los esquiladores.

Algunos grupos folklóricos burgaleses, entre ellos el Grupo Cantollano, han incorporado esta canción a su repertorio divulgándola en sus discos e intervenciones públicas:

Ahora que hemos comido bien
con alegría y contento
démosle gracias a Dios
y al Santísimo Sacramento.

Ahora que hemos comido bien
con contento y regocijo
démosle gracias a Dios
y a su Santísimo Hijo.

Ahora que hemos comido bien
con contento y alegría,
démosle gracias a Dios
y a su Madre Santa María, etc.

El músico y folklorista burgalés Antonio José Martínez Palacios en su Colección de Cantos Populares Burgaleses recoge algunas canciones de esquileos que son de Belorado (Burgos). Se las cantó Emilia Sidar y allí las había oído ella.

Una vez más hemos de hacer notar la riqueza folklórica de nuestros pueblos. No había ocupación, ni trabajo realizado en los pequeños o grandes núcleos de población rural que no fuera acompañado de varias canciones específicas para el caso. Por eso al recordar cualquier trabajo campesino popular hay que hacer mención de las canciones o "tonadas" que solían cantar durante el mismo. Hoy en día, con la mecanización, el ruido de los motores y de las máquinas impide no sólo el cantar, sino también escuchar si alguien canta. No es raro ver a quienes hoy realizan las labores agrícolas, escuchar su radio portátil, provisto de auriculares, con lo cual se simboliza la situación actual de nuestros campos, de nuestros pueblos.

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NOTAS

(1) OLMEDA, Federico: Folklore de Castilla o Cancionero Popular de Burgos. Edic. Facsímil, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial de Burgos, 1975, pp. 54-57.

(2) HERGUETA, Domingo: Folklore Búrgales, 2.a Edición (facsímil). Edic. Excma. Diputación Provincial de Burgos, 1989, pp. 149-150.

(3) OLMEDA, Federico: Op. cit., p. 57.

(4) GRUPO CANTOLLANO, Pasito a pasito..., Saga Sec. 10.890 Estéreo. Cara B, 6.

Es interesante el folleto de Fray Valentín de la Cruz, Burgos, pastores y rebaños, editado por Caja de Ahorros Municipal de Burgos, 1991.