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EL SER DE GALICIA A TRAVES DE SUS LEYENDAS

MIRAVALLES, Luis

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 222.

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A Nuria

I. INTRODUCCIÓN

Cinco años de estancia en Galicia, en convivencia de Lengua y preocupaciones, me han permitido ir conquistando una aproximación al ser de una tierra compleja y al mismo tiempo sencilla. Fue una experiencia y un aprendizaje profundo, digno de agradecer para siempre. En enero de 1963, como profesor del colegio "Santo Tomás de Aquino" de Ribadeo (Lugo) fomenté y dirigí un periódico e imprenta, en el cual insertaba una página completa, intitulada "A nosa terra", en la cual iban junto a un breve diccionario gallego-castellano, una antología de lírica y prosa gallega y sobre todo entrevistas, cuentos y leyendas escritas en gallego.

Aquella página no era una nota separatista, sino una defensa de lo que Galicia debe aportar a la comunidad nacional e incluso universal. Galicia puede y debe aportar a la humanidad su gran sensibilidad, una profunda y equilibrada ironía, y su gran amor a la tierra, tres notas tan singulares que pueden contribuir a salvar al Hombre del futuro, porque si el Hombre se olvida de la sensibilidad, del humor fino y profundo y del amor a la tierra, se olvidará de todo, hasta de sí mismo.

Vivir en Galicia, significa amar la vida de lleno, amar esa lluvia fina que cae milagrera, sin cesar, como un riego continuo que hace crecer la hierba y los maravillosos bosques que hemos de defender a toda costa, aunque sea a riesgo de pedir ayuda a las meigas. Vivir en Galicia es amar a esos mares que la circundan, unas veces oscuros y bravos, luminosos y acogedores otras; es amar, en fin, la Naturaleza entera. Si dentro del ser humano no hay acaso ansia más fuerte que la de ser feliz, cosa que en síntesis viene a ser la posesión de un equilibrio, ese equilibrio es algo así como la unión entre el mar y la tierra. Lo fértil, lo ancho y abierto del agua, y lo serio y limitado, seco, de la tierra. Ese equilibrio ha sido lo que sentí hace años en Galicia. Por eso ahora comprendo también desde lo más hondo y sincero lo que es la saudade, algo que se siente y no se puede definir, aunque en parte nos consuela de esta lejanía tener algunos de nuestros mejores amigos allí.

II. QUE ES UNA LEYENDA Y TIPOS DE LEYENDA

Galicia, más allá de su vegetación y clima, es también su tradición, que ha quedado fijada, así como su manera peculiar de ser, en muchas de sus leyendas.

Antes de entrar de lleno en el relato de las más significativas, nos es necesario aclarar la cuestión misma de lo que es una leyenda. Una leyenda es como un "mito", un relato utilitario, mediante el cual tratamos de explicar hechos más o menos extraordinarios y sorprendentes. Su centro de interés no son los personajes, son los mismos hechos que están ligados a una época y a un lugar, por eso se le ha denominado en alguna ocasión "epopeya local".

El conjunto de las leyendas supone cierta cultura popular, es decir lo que se aprende al oírlo contar a otras personas y nunca leído en los libros. En las leyendas contadas se oye siempre el acento del auténtico pueblo, por eso su mayor mérito reside en la espontaneidad con que se narran, y por ello son tan importantes para la interpretación de la psicología de los pueblos. La leyenda, ya bien sea transmitida a través de otras regiones e incluso de otros países, siempre será contada de acuerdo con el espíritu local.

Por eso también la leyenda es uno de los géneros literarios más antiguos, quizá el más antiguo. Es indudable que antes de que el hombre lograra versificar, ya relataba algunos hechos extraordinarios, y que el recitador modificaba, a veces por vanidad de atribuirse algunos datos o cualidades especiales o, también por incomprensión o miedo.

La leyenda es, pues, el relato de un hecho real adornado o desfigurado o simplemente desvirtuado por la tradición oral, que va modificando los detalles, no bien recordados, al pasar de boca en boca por generaciones sucesivas.

Pero lo que nunca cambiará será ese sello específico que cada pueblo imprime: el carácter étnico o regional en la moldeación. El pueblo que las conserva por tradición, las relata con su estilo propio, envueltas en un brumoso misterio de carácter fantástico y sobrenatural.

Entre los intentos de clasificación de las leyendas gallegas, destacan, sin duda, el de Vicente Risco y el de Carré Alvarellos.

a) Clasificación de Vicente Risco:

I. Leyendas etiológicas, las que tratan de aclarar el origen de un topónimo o de un hecho.

II. Leyendas hagiográficas, las que se refieren a milagros o hechos prodigiosos análogos.

III. Leyendas históricas, sobre hazañas, batallas, etc.

b) Clasificación de Leandro Carré Alvarellos:

I. Leyendas populares, por su sencillez e ingenuidad, como la de "A galiña dos pitos de ouro", y en las que lo sobrenatural juega un papel muy importante.

II. Leyendas religiosas, más literarias, que ensalzan virtudes cristianas y están relacionadas con monasterios y santuarios, como la de "San Mauro o pelengrino".

III. Leyendas fantásticas y de encantamientos, como la de "A cova do rei Cirtolo".

IV. Leyendas históricas, las que se refieren a hechos o personajes que tuvieron existencia real, con un fondo de tragedia, como las tan famosas del "Mariscal Pardo de Cela", o la de "Macias o namorado".

V. Leyendas novelescas o caballerescas, las más numerosas, impregnadas de un carácter marcadamente literario y sensacionalista, como la de "A mitra de ferro ardente", o la de "O castelo de Sobrada".

Es curioso observar que aunque en Galicia ha habido muchas guerras: invasiones germánicas, romanas, árabes, combates contra piratas normandos, contra tropas napoleónicas, no hay en ellas un personaje que sobresalga. Todas son gentes del pueblo que defienden su tierra, su casa, su libertad, porque todos van juntos para un fin común.

Y cuando los gallegos contribuyeron con sus esfuerzos a la reconquista de España, no ambicionaron para sí pueblos ni condados: sólo querían contribuir a que sus hermanos de la Península vivieran libres, sin temer que algún día se viesen ellos mismos avasallados por aquellos a quienes desinteresadamente ayudaban.

En Castilla, sin embargo, y lo dice el propio D. R. Menéndez Pidal, la venganza privada es el alma de la leyenda castellana: el odio nacido de un agravio que se hereda inextinguible de una en otra generación, implacable hasta verter la sangre del ofensor, o la de sus descendientes.

Para designar ese rencor hay hasta hoy una ruda expresión: la saña vieja retenida, expresión usada tanto en el poema de Fernán González o en los mismos textos jurídicos. Otras leyendas castellanas tratan de robos y crímenes como la que nos versificó Machado en la "Tierra de Alvar González". Siempre el móvil de la acción es una pasión material: ambición de riquezas, posesión de una mujer, el impulso, en fin, de los instintos.

En Galicia hay más encantamiento que milagros, más amores que guerras, más tragedias de amor que traiciones, más humor que lágrimas. En suma, como decíamos al principio: sensibilidad, ironía y amor a la tierra. Las hadas gallegas, como dice Carré Alvarellos, no usan varitas como las castellanas, tampoco habitan en castillos; son más humildes y sencillas: se ocultan en las fuentes que brotan del mismo suelo y se cubren con una sencilla túnica de albo lino, y andan con los rubios cabellos sueltos. Hilan y tejen como las mismas mujeres del pueblo. Son hermosas eso sí, como un alborear de primavera, y sólo se les puede ver con las "raiolas" primeras del sol naciente.

Una última aclaración es necesaria aún: ¿Tendrá alguna explicación el origen de tanta leyenda que se reparte por toda Galicia? Tal vez la imaginación sobre todo porque es uno de los elementos más entrañables que Galicia ha heredado de los celtas; pero además debemos añadir la grandiosa naturaleza que configura esta tierra, y la enorme preocupación por el más allá, raíz de toda una raza, de todos los pueblos de raíz celta: los matices de los campos, el rumor del viento al cruzar sus bosques umbríos, el ruido de sus hirvientes cascadas, los vegetales fosforescentes, los insectos que alumbran, las luces verdosas que avanzan, el roce de un ala contra algo, el lamento del buho o del moucho en los pinares, adquieren dentro de la noche, esa negra sombra que asombraba a Rosalía, unas proporciones extrañas, realmente mágicas.

El sol, la luna, el mar, los ríos, las fuentes, los bosques, todo cobrará entonces poderes sobrenaturales. Y dentro de esta Naturaleza nocturna y fantasmal, las ánimas andarán dueñas errantes sembrando la duda, el temor, esa angustia del alma gallega que se resume en los versos de Rosalía de Castro:

Teño medo d'unha cousa
que vexo e non sei que

Recordemos los poderes de algunos elementos naturales, en breve antología. Ya Tito Livio, el autor latino, nos describe en sus "Anales", el río Limia, (Letheo o del olvido) que nace en la laguna de Antela, como auténtico terror del soldado romano, porque el que se atreviera a cruzarlo perdería la memoria: "Et cum fluvium obdivionen transire nollent milities".

El roble ligado al principal dios celta Thor o trueno, será el árbol sagrado sobre el que crece el muérdago como un envío del cielo y como tal estará dotado de grandiosos dones.

También la naturaleza gallega encerraba en sus entrañas tanta riqueza metalúrgica de oro, plata, estaño y plomo que no es de extrañar se transmitieran de generación en generación relatos que propagaban la existencia de tesoros ocultos, custodiados por "fadas" de cabellos rubios.

Y cuando por fin aparece el radiante mayo, casi como un respiro de alivio después de tanto invierno fúnebre, tristón y lluvioso, todo se llena de alegría: en unos lugares tiran al río un muñeco que llaman la muerte, simbolizando la propia muerte del invierno, en otros salen en procesión cruces cubiertas de flores rodeadas de niños adornadas con margaritas silvestres. Y todos cantan eufóricos:

Sal mes de mayo
sal primavera
sal dulce encanto
que alegras la tierra...
...Levanta maio
que tanto durmiche.

La rica naturaleza pues, el temor por el más allá, por todo lo invisible, es algo tan inherente a la mentalidad celta que ha predispuesto a Galicia al cultivo singular de tantos relatos legendarios.

Debemos concluir que estos relatos comunican hechos que no han sido verificados ni registrados por el mismo que lo cuenta, quien a su vez lo transmite verbalmente a otro, formando así una cadena de eslabones que van constituyendo una sucesión de testimonios siempre verbales o sea la tradición oral. El testimonio verbal es, pues, típicamente, un testimonio indirecto y depende mucho de las añadiduras personales de cada eslabón. Pero de todas formas proporcionan cierto conocimiento del pasado, de una cultura, de un país.

El método más eficaz para retener bien estos relatos, es el uso de recursos mnemotécnicos bien utilizando objetos o bien cantos o ritmos. Por eso los pueblos que conservan muchas leyendas, tienen buena memoria, lo que en definitiva supone amor a su pasado y a su tierra, y de ahí también el grande y maravilloso respeto que aún se conserva en Galicia por los padres, primera fuente de los valores culturales del pueblo.

III. SENSIBILIDAD, IRONIA Y AMOR A LA TIERRA

Ahora sólo nos resta ir entresacando entre la innumerable riqueza de leyendas que Galicia posee, aquellas que nos demuestran las tres notas esenciales que configuran el carácter gallego. Comenzaremos por dos leyendas que nos denotan una sensibilidad exquisita, el profundo lirismo galaico, originado por un verdadero respeto y una gran veneración de la Naturaleza.

En el siglo XIII, Alfonso X el Sabio, escribió 420 cantigas a Santa María, en gallego, y la número CIII, nos narra el absorto ensimismamiento del monje que escucha en el bosque el canto de un pajarillo, acaso una malvis, durante trescientos años, creyendo que ha sido tan sólo un instante. La Virgen le muestra así una "imagen" de la eternidad en el paraíso:

Atan gran sabor avía
daquel cant’e daquel lais
que grandes trezentos anos
estovo assí, ou mays,
cuidando que non estevera
senon
pouco, com'está.

Cuando despierta no conoce a nadie en el convento. Este milagro de la cantiga, con otra variante, se refleja perfectamente en la leyenda de "San Amaro el peregrino".

"Amaro, a la muerte de sus padres, heredó cuantiosos bienes, y siendo varón muy piadoso, decidió dedicar mucha parte de su fortuna a la creación de asilos, hospitales y conventos. Después adquirió una nave con el fin de ir en busca del lugar donde se hallaba el Paraíso que, según la Biblia, Dios había puesto en el Oriente o en Canarias. Hízose a la navegación, peregrino del mar. Compadeciéndose Dios, después de mucho navegar Amaro, llevóle a una playa solitaria y desconocida. Amaro desembarcó, dejando a la tripulación que aguardase su retorno. Ya en tierra trató de ascender por una montaña para divisar el anhelado paraje; pero la ascensión hízosele tan penosa que nunca alcanzaba la cima. Solamente su fe le seguía sosteniendo. Al fin, se encontró en la cumbre y desde allí divisó un hermoso valle rodeado de una gran muralla, con una gran puerta que parecía de oro.

Amaro se arrodilló agradecido, y emprendió el descenso hacia la esplendorosa puerta. Ya ante ella, golpeóla repetidas veces hasta que por una mirilla asomó la cabeza de un anciano venerable.

- ¿Quién eres tú, atrevido mortal, y qué buscas aquí?

- Yo, señor, soy Amaro el peregrino, que dejé mi tierra muy lejos, para venir en busca del Paraíso.

- Muchos méritos tienes en verdad, pero jamás mortal alguno ha penetrado en el Edén.

- ¿Y no podré al menos echar una ojeada por la mirilla?, insistió.

- Mira, ya que tanto has padecido por llegar, pero sólo un instante. Amaro, miró extasiado. La mirilla se cerró al momento. Un poco triste, emprendió el regreso, pero cuando llegó junto a su nave, se encontró sorprendido al ver una gran ciudad y con un gran puerto. Las gentes no vestían como sus marineros, y reinaba gran fiesta.

- ¿Qué pueblo es éste y por qué está de fiesta?

- En tal día como hoy, hace trescientos años, un santo varón llamado Amaro, se internó solo en el monte y no retornó jamás. Entretanto, los hombres edificaron casas, crearon familias y fue formando la ciudad que había tomado el nombre de San Amaro.

Se encaminó a la iglesia y en el camino se vio en una fuente, con sus facciones arrugadas y blancos los cabellos. Se postró ante el altar y oró.

- Señor, yo soy aquel Amaro a quien has complacido; te pido perdón por mi ambición desmedida y ruégote me acojas en tu seno.

Y ante el asombro de todos los presentes, cayó muerto y allí fue enterrado y venerado".

Hay multitud de leyendas, con sus variantes, que nos hablan de este amor a parajes paradisíacos, fuentes, ríos, sol, pájaros. No queremos dejar de mencionar la de la flor misteriosa que nace al alba sanjuanera, teñida de un sol mañanero. Aquí la leyenda ha inspirado hasta romances hermosísimos.

Mañanciña de San Xoan
cando o sol alboreaba
a Virxe Santa María
dos altos ceos baixaba
c'un ramallino de flores
y o libro donde rezaba.
Chegou onde a fonte fría
chegou onde a fonte clara,
e botando a bendición
d'esta maneira falaba:
- Dichosiña da doncella
que colla de flor da y agua.
O inna a filla do Rey
dend'o pazo donde estaba.
Si de presa se vestira
mais de presa se calzara
e para chegar ond'a Virxe
mais de presa caminaba.

Hemos visto leyendas de pájaros maravillosos que embelesan con su canto milagrero, flores de agua mágicas y fuentes que ayudan a los enamorados. Todo dentro de un lirismo, de una delicada sensibilidad, que con gran frecuencia va acompañada de unos leves toques de ironía, como en esta otra cantiga, ahora dialogada, de uno de los más antiguos poetas gallegos: el trovador Pero Meogo, del siglo XIII y cuyas composiciones figuran en el Cancionero de Coloci Brancutti, quien nos muestra el tema central de una fuente en torno de la cual girará nada menos que todo un proceso de enamoramiento, muy sencillo y a la vez lleno de una rica y profunda experiencia humana, que se viene repitiendo a través de todos los siglos.

Si traemos ahora a cuento esta maravillosa cantiga de Pero Meogo es porque la consideramos origen de leyendas verdaderas, de otros enamoramientos, en torno a otras fuentes llenas de "fadas" hermosas y, además, de modelo de una sensibilidad lírica irrepetible:

Digades, filha, mha filha velida,
¿por qué tardastes na fontana fría?
Os amores ey.
Digades, filha, mha filha louçana
¿por qué tardastes na fría fontana?
Os amores ey.
Tardei, mha madre, na fontana fría;
cervos do monte a augua volvían.
Os amores ey.
Tardei, mha madre, na fría fontana;
cervos do monte a augua.
Os amores ey.
Mentir, mha filha, mentir por amigo!
Nunca vi cervo que volvess'o río.
Os amores ey.
Mentir, mha filha, mentir por amado!
Nunca vi cervo que volvess'o alto.
Os amores ey.

Es una cantiga dialogada, cuyo tema básico se centra en una mentira de la doncella, que trata de ocultar la entrevista celebrada con su amado. El tema no es un soliloquio, sino dos actitudes encontradas, nada frecuente en los cancioneros.

El estribillo no es atribuible a la madre ni a la hija, aquí tiene función, no sólo ornamental, sino la de teñir el diálogo con un ambiente sugeridor de lo que las palabras del diálogo ocultan: una verdad consabida. La madre comienza con un imperativo, ordena, pero dulcifica la orden con el vocativo (la relación familiar) y la palabra velida (hermosa) que como halago envuelve la petición en adulación para obtener respuesta. La organización inicial, de las seis estrofas paralelísticas, está desprovista de complemento, interrumpiéndose con un vocativo amplificado para crear tensión de espera. La respuesta viene en el segundo verso: se ha entretenido demasiado. ¿A qué se debe el temor de la madre? Puede haber ocurrido algo, porque ella es "velida", palabra que cobra todo su sentido pleno.

En la segunda estrofa hay una leve progresión, se añade un rasgo más, pese al paralelismo reiterativo (se repite la pregunta con obsesión), la hija es además lozana (joven) y por ello tal vez ingenua. La inquietud está justificada. El estribillo es obsesión. La tercera estrofa inicia ya la respuesta: con un vocativo que subraya la presencia del personaje real.

Hay aceptación de la tardanza para lograr apaciguamiento, forma de halago, dándole la razón (juego dialéctico sutilísimo), pero se demora la causa de la tardanza (tiempo que necesita para pensar en una justificación) e improvisa una mentira.

ciervos del monte enturbiaban el agua

La forma imperativa sugiere que la acción se prolongaba. En toda la cantiga se está jugando con tópicos de la tradición: el tema de la fuente a donde siempre acude la doncella (locus amoenus), el tema tradicional de la fuente a donde siempre acude el enamorado (el ciervo), temas enormemente difundidos en relatos y leyendas.

En la cuarta estrofa la progresión es mínima, no se producen avances significativos, y el valor reside únicamente en su reiteración para dar mayor verosimilitud a la mentira.

En la quinta estrofa las primeras palabras son bien significativas. El verbo en infinitivo es más bien una reflexión: una conmoción amarga, porque la madre concluye en una confirmación de lo que ya suponía. Ella no preguntaba para saber lo que ya sabía, sino para conocer el grado de dependencia de su hija.

La cantiga parece el final de un ciclo, de una historia, que el autor ha ido exponiendo en otras ocho cantigas precedentes, que ordenadas en un conjunto orgánico nos describe un proceso de enamoramiento. Siendo esta última, la culminación del itinerario amoroso.

En la primera cantiga, la doncella confiesa que está atada a su "amigo" (término más frecuente) pero por temor a la madre falta a la cita en la fuente. La fuerza del amor crece, las relaciones se hacen más íntimas y va experimentando una transferencia de afecto: del sometimiento a la madre (voluntad materna) se pasa al sometimiento libremente elegido: el amor por el amado (sólo aparece en esta ocasión, potenciando la consolidación definitiva del proceso). La madre también ha experimentado un proceso: desde su posición dominante... va comprobando desolada que su hija miente, que se ha ido liberando, y la madre al perder su dominio, ha perdido su razón de ser, por ello su queja es más amarga. El amor se concibe aquí como un instrumento liberador: la hija al fin se decide a mentir sin reparo, por amor.

Pasamos, ya demostrado el amor por la Naturaleza, a la segunda nota del carácter gallego: la astucia y la ironía.

Pienso que si hiciésemos una estadística, por abundancia en número, ganarían, sin duda, los relatos, leyendas y fábulas que tienen como protagonista a la zorra o rapousa.

Transcribiré aquí los relatos que más me han llamado la atención, por esa picardía que encierran, y ese humor tan fino y sano que nos llena de alegría. Comenzaré por las primeras que descubrí gracias también a mis alumnos a través de aquella página en gallego de nuestro periódico escolar:

OS CONTOS DA ZORRA

1. Era unha vez unha zorra que tina tres fillos. Certo día foron todos xuntos por donde había moitas térras y'un dos fillos preguntolle a mai de quen eran; ela respondeulle: ¡Nosas! Mas para alá había moitos praos e outro filio preguntoulle: ¿De quen son estos praos?, e a zorra respondeulle: ¡Nosas! Anduvieron outro pouco e viron un cazador. Entonces o tercer filio dixolle a mai: ¡Oe, mira un cazador qu'anda por as nosas térras! A mai contestoulle: ¡A correr meus fillos que nun hay tempo de mirar as escrituras!

2. Acercóuse unha zorra a un barquero da ría e dixolle:

- Si me pasas d'aquí a Castropol cuentoche as tres verdades máis grandes do mundo; y'o barqueiro aceptou.

Cando montaron na barca a zorra dixolle a o barqueiro:

- Hay moitos que dicen qu'o pan de maís eche igual c'o de trigo, pro eu digoche que non, c'o pan de maís e de maís y'o de trigo e de trigo.

Cando iban xa po lo medio de ría, dixolle a zorra de novo a barqueiro:

- Hay moitos que dicen qu'a noite de luna vese igual que de día, pro eu digoche que non, qu'a noite e noite y'o día e día.

Cando desembarcaron dixolle por último a zorra:

- ¡Si todos che pagan como eu nun che fai falta carteira!

D. Francisco Terrones Aguilar del Caño, obispo de Tuid, y después de León, autor en 1617 de un famoso libro sobre "Instrucción de predicadores", nos cuenta estando en Tuid, hacia 1605, las dos fábulas siguientes:

3. Al león siendo ya viejo, dicen que le dijo la leona: "Señor, ya somos viejos, y a vos os huele la boca maliciosamente. Por vida vuestra que me deis licencia para que vivamos apartados lo que nos queda de vida". El león llevó esto a mal, y mandó juntar a cortes todos los animales en su cueva, donde les propuso lo que la leona le había dicho, mandándoles a cada uno viniese a olerle el aliento de la boca, y le dijese la verdad, si olía mal o bien, sin lisonja y sin mentira.

Llegó el caballo el primero de todos, y habiéndole olido el aliento le dijo:

- "Cierto, señor, que la leona tiene razón, que es intolerable el mal olor que os sale de la boca".

El león, enojado con una verdad tan cruda, le dio una manotada con que le tendió muerto.

Luego vino el toro, y como vio lo que pasaba, dijo, en habiendo olido:

- Por cierto, señor, que os levantan falso testimonio, que no hay ámbar ni almizcle de tanta fragancia como vuestro aliento.

El león también se enojó desto por ver que era tan gran lisonja, y con otra manotada mató al toro. Tras ellos vino la buena de la zorra, llamada por el león para que le oliese, y ella respondió

- Prometo a vuestra Majestad que ha dos meses que tengo un grandísimo romadizo y no huelo ni poco ni mucho.

4. Otra gracia: Yendo el león a caza, llevó por sus cazadores al lobo y a la raposa. Y descubriendo desde lejos un buey, un carnero y una gallina, preguntó el león al lobo:

- Si los matásemos a los tres, ¿cómo los repartiriades vos?

El lobo le respondió:

- El buey sería para vuestra Majestad, el carnero para mí, y la gallina para la nuestra hermana la zorra que se muere por ellas.

Diole el león un pestorejazo, que casi le aturdió, y vuelto a la zorra, le preguntó: ¿cómo lo repartiriades vos?

Ella dijo:

- El buey para vuestra majestad, el carnero para mi señora la leona, y la gallina para los leoncitos, que juegan con ella.

Respondióle el león: - Hi de puta, traidora, ¿quién os enseñó tanta bachillería?

Y ella dijo:

- El pestorejazo de mi compañero.

Ya para terminar y para poner de relieve ese encendido amor que los gallegos tienen a su tierra, no hemos dudado destacar, entre las leyendas que hemos encontrado, una tan sola, una que encierra y resume todo lo que pudieran añadir miles de leyendas más. Se trata de:

LAS MANOS AMPUTADAS

En el año 997 el caudillo musulmán Almanzor, invadió Galicia, rebasando Lugo hasta Ortigueira y penetrando en Santiago de Compostela, que saqueó llevándose las campanas de la catedral a hombros de prisioneros cristianos.

Las gentes de villas y aldeas huían abandonando sus casas, campos y ganados; los señores feudales dejaban también sus castillos, alejándose hacia La Coruña, para agruparse allí y emprender unidos el contraataque.

Atravesando las montañas de Fuentefría, el ejército comandado por Almanzor, se extendió por toda la comarca de Salvatierra, apoderándose de todo cuanto pudiera servirles para afianzar su poderío. Así llegó hasta las inmediaciones del castillo de Sobroso, y hasta éste se adelantó el capitán Ab-del-Kader con un grupo de jinetes para explorar el camino.

El castillo se hallaba abandonado. Las puertas abiertas. Tomaron posesión de él y enviaron la noticia al jefe del ejército. Cuando Ab-del-Kader y sus hombres, instalados en los salones de la torre del homenaje, se disponían a disfrutar de un descanso saboreando los vinos que habían hallado en la bodega, oyeron, no sin cierta inquietud, una suave y extraña música que acompañaba el recital de un romance. Subieron hasta la plataforma de la torre, de donde parecía venir la voz. Allí un viejo ciego, juglar, sin duda, del señor de Sobroso, tocaba una sinfonía con que acompañaba su canción, sin parar mientes en los soldados.

Ab-del-Kader considerando como un ultraje la indiferencia del juglar, indignado ante lo que juzgó como una burla o un desafío, empuñó su cimitarra y descargó un rápido golpe sobre las muñecas del músico cercenándole las manos, y de un segundo golpe, le decapitó.

Y mientras se izaba la bandera de la media luna en el castillo, los despojos del infeliz juglar fueron arrojados al pie de la muralla. Poco después llegó al castillo Almanzor que utilizó como aposento de su cuartel general. Desde una de las atalayas, el almuédano convocó a los soldados a la oración. Después Almanzor se reunía con sus capitanes para estudiar el plan de asalto a la ciudad de Santiago. Pero sus deliberaciones se interrumpieron al escucharse un canto muy suave, melancólico y a la vez muy vigoroso.

Varios soldados registraron el patio, las atalayas y todo sin hallar a nadie.

El mismo Ab-del-Kader, guiándose por el sonido que no dejaba de oírse insistente y lúgubre en la noche, pudo hallar al fin, al pie de la muralla donde se arrojó el cuerpo mutilado del juglar, su vieja zanfonia, tocada por las dos manos cortadas; y era como un eco, la voz del músico, que seguía cantando, cantando...

Aunque yo mismo he oído, en tierras extrañas, que los gallegos se acomodan fácilmente, que doblegan su voluntad al parecer ajeno, sé que nunca los han entendido. Es cierto que son ampliamente generosos, alegres, finos humoristas; pero también saben desdeñar los riesgos, y en las cuestiones realmente trascendentes adoptan la postura del juglar... que también según dice la leyenda, sigue cantando cuando se presiente una gran calamidad para Galicia.

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BIBLIOGRAFÍA

CARRE ALVARELLOS, Leandro (1977): Las leyendas tradicionales gallegas, Espasa-Calpe, Austral.

CASTROVIEJO, José M.a (1956): Apariciones en Galicia. Porto y Cía, Editores Santiago.

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CHAO ESPINA, Enrique (1968): "Leyendas gallegas", Temas Españoles, n.º 484, Editorial Nacional.

ESPINOSA, Aurelio M. (1965): Cuentos populares de España, Espasa-Calpe, Austral.

ESPINOSA, Aurelio M. (1947); Cuentos populares de Castilla, Espasa-Calpe, Austral.

GARCIA DE DIEGO, Vicente (1953): Antología de leyendas de la literatura Universal, Ed. Labor.

PERES, Ramón D. (1957): Ensayo histórico sobre la leyenda y el cuento populares, Ed. Sopeña.

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