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Victoria de los Angeles: La quintaesencia del folklore

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 222.

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Victoria de los Angeles, esa maravillosa cantante nacida en Barcelona el primero de noviembre de 1923, ha sido homenajeada con motivo de esos setenta y cinco años, de los cuales sesenta al menos constituyen una gloriosa carrera. En el Teatro de la Zarzuela, la gran pianista Alicia de Larocha organizó este recuerdo testimonial con prestigiosos artistas españoles entre los que, curiosamente, y no sabemos por qué razones, no figuró ningún cantante. Al mismo tiempo, se han publicado cuatro discos compactos con el título general de "Cantos de España" en los que se recoge parte de esa labor impresionante que la soprano ha realizado sobre la canción española de todos los tiempos. Estos discos constituyen todo un regalo para los amantes del folklore y en ellos se constata la nitidez y pureza del tesoro tradicional español y también cómo ha sido utilizado éste por egregios compositores del siglo XX.

Lo más asombroso en el caso de Victoria de los Angeles -nunca un nombre ha definido perfectamente a una artista que canta como los ángeles y que además ha resultado vencedora como persona y como profesional en todos estos años, a pesar de los puntos tristes de esta vida tan plena- es que una soprano reconocida universalmente como una de las grandes voces del siglo que ha cantado en los más prestigiosos teatros del mundo, que ha desarrollado un repertorio en la ópera y en el lied impresionante, haya dedicado tanto tiempo, tanto esfuerzo a estudiar nuestro tesoro artístico, aquel que sale del folklore del pueblo, prestándole su voz incomparable en los discos y en la programación de miles de conciertos que ha dado en todo el mundo. Si existe algún intérprete al que podamos considerar como máximo protector de este tipo de música tan fácil de olvidar o de esconder en los archivos catedralicios o en el silencio del acervo popular es a Victoria de los Angeles, y por eso enaltecerla como se merece en esta revista es todo un acto de justicia.

Porque esta labor incomparable se ve realzada por la personalidad de Victoria, por su trayectoria total. Ella ha sido la soprano que ha conseguido hacer de la ópera y del concierto dos hechos fundamentales en su carrera. Su repertorio en el teatro lírico va desde Vivaldi a Debussy y Falla, pasando por Mozart, Gluck, Bizet, Massenet, Verdi, Puccini, Gounod, Rossini, Wagner, Richard Strauss, etc... Ha sido la perfecta Mimí y también la Desdémona dolorida y magistral, o la idónea Margarita de "Fausto", la Charlotte de "Werther" o la Condesa de "Las Bodas de Fígaro". El propio y genial Wieland Wagner la invitó al Festival de Bayreuth y allí, en la colina sagrada, encarnó milagrosamente, en un montaje que surgía desde su personalidad, a la Elisabeth de "Tanhauser", esa ópera de Wagner que vuelve ahora al Teatro Real después de muchísimos años de no representarse en Madrid. También fue elegida para interpretar la Elsa de "Lohengrin", pero un embarazo la impidió acudir de nuevo al famoso teatro de la colina sagrada. Su Elisabeth quedó para los anales y es lástima que el testimonio de su arte sólo sea el disco y no exista ningún vídeo que nos recuerde al menos la imagen de unas representaciones históricas.

Victoria ha cantado en La Scala de Milán, en el Metropolitan de Nueva York, en el Covent Garden de Londres, y en todos los grandes teatros del mundo, incluido el Liceo de Barcelona, aunque una ruptura absurda impidiera su presencia durante demasiados años. En el Teatro de la Zarzuela de Madrid tuve ocasión de acudir a su despedida de la escena, con una hermosísima encarnación de la Melisenda de Debussy, y todavía recuerdo la representación memorable de "Werther" en la que Alfredo Kraus con Victoria conseguían el milagro de que la madurez expresara la juventud, hito casi inalcanzable para el futuro.

Son tres las sopranos que han proyectado el mundo de la lírica para el futuro. Una griega que se llamó María Callas; una alemana, Elisabeth Schwarkoff y una española, Victoria de los Angeles. Después vinieron otros nombres, pero ellas fueron, cada una desde su técnica peculiar, las que hicieron avanzar el canto. En la ópera de los Bellini, Donizetti, Cherubini, Verdi y Puccini con las impresionantes interpretaciones de la Callas -voz y presencia- sobre todo cuando fue dirigida escénicamente por Luchino Visconti. La cantante alemana brilló en Mozart, Strauss y el lied de su país. La española asumió todo, incluida la canción francesa, con un sentido estético incomparable por su pureza y naturalidad, por su dominio del fraseo, de la pronunciación en cada idioma, por esa emoción que surgía sin sentimentalismo pero con sentimiento desde el fondo de su corazón. Fue tal vez la más completa, aunque su propia ausencia de divismo le hiciera abandonar alguna lucha en la que pudiera haber sido vencedora. Victoria siempre supo lo que había que hacer, aun en los momentos de crisis. Por ello, cuando renunció a la escena, no fue resultado de un capricho sino de un saber profundo sobre sus posibilidades y la necesidad de mantener ese nivel propio de los privilegiados. En el concierto —y tenemos el último testimonio hace un par de años en Valladolid-, siguió dándonos lecciones de esa musicalidad, aunque la voz de oro no estuviera, lógicamente, en plenitud.

Por esta razón tiene mayor trascendencia el arte de Victoria de los Angeles en la canción española. Fue la primera en hacerla universal, después seguirían otras como Consuelo Rubio —prematuramente desaparecida—, o Teresa Berganza, tan semejante y tan diferente de Victoria a la vez. Victoria de los Angeles descubrió un mundo ignorado e hizo realidad con su voz de oro las obras de sus contemporáneos. En las salas de concierto los regalos eran siempre los mismos. Después de una larga sesión en la que Monteverdi, Scarlatti, Schubert, Schumann, Duparc, Ravel, Falla, Rodrigo o Turina constituían el ejemplo de la versatilidad ejemplar de la cantante. Primero "Clavelitos", después "El Vito" y al final Victoria retornaba a la sala con la guitarra y creaba de nuevo el "Adiós, Granada", tan suyo como de los propios autores. En ocasiones añadía a su programa parte del repertorio de estos discos excepcionales: Las Cantigas de Alfonso X el Sabio, las canciones populares renacentistas o barrocas, desde diversos idiomas: catalán, euskera, gallego, mallorquín, con incisión especial en las canciones sefarditas. Los públicos de todos los países respondían con su admiración y con sus aplausos. Ahora, ante estos discos, la memoria se hace más pertinente y recordamos a Victoria cuando, después de larga ausencia, reapareció con la Orquesta Nacional de España, dirigida por Ataúlfo Argenta -otro de los grandes desaparecidos-, en unos conciertos memorables para quienes conocimos por primera vez el arte de esta maravillosa mujer.

Para los amantes del folklore se hacen necesarios e indispensables estos discos. Canciones populares de todas las regiones de España, el barroco con textos de Lope de Vega y de autores mucho menos conocidos; las canciones medievales del siglo XIV, las renacentistas del siglo XV, interpretadas con una naturalidad y con una claridad en las que parece hacerse fácil lo difícil; unas hermosas canciones sefarditas, en ese idioma tan peculiar, para ir después a las canciones populares españolas que Federico García Lorca rescató para la eternidad, o a las tonadillas de Granados que a su vez se inspiraban en temas musicales del tiempo de Goya; las canciones populares de Falla, en las que el autor de "El Retablo de Maese Pedro" recreó temas nacidos del folklore tradicional. En estos discos Victoria asume lo antiguo y lo moderno, y como ejemplo podemos ver su versión de "Las tres moricas me enamoran" en su acepción tradicional y en la recreada por Federico García Lorca. Una inflexión perfecta al asumir los distintos idiomas o dialectos. En suma, una lección de cómo la gran calidad de una artista es capaz de hacer asequible para todo oyente el tesoro musical de muchos siglos. Una voz de oro que evita adornos y concesiones para entrar en lo esencial, la naturalidad de la música que surge del pueblo y que así es cantada a través de los tiempos y en ocasiones desde el enriquecimiento de compositores que, como en todos los países, parten de esta riqueza que nunca debe perderse.

Hemos titulado este artículo "La quintaesencia del folklore". La recopilación de las canciones españolas ocupa un largo período de tiempo, ya que las grabaciones comienzan en el año 1950 y llegan hasta 1992. Una serie de grandes artistas acompañan a Victoria: José M.a Lamaña y su grupo Ars Musicae, verdaderos pioneros de los hoy dedicados en España a la música medieval y que son conocidos en todo el mundo. Guitarristas como Renata Tarragó, pianistas como Gonzalo Soriano o Alicia de Larocha. Y también el acompañante de los grandes liederistas como la Schwarkopf o Fischer Dieskau, el gran Gerald Moore, ganado para la causa de la música española. Es inconmesurable la labor que Victoria ha hecho en este terreno, partiendo desde dentro, desde lo auténtico para mirar a lo universal e imperecedero.

En esta Revista de Folklore que mantiene de forma asombrosa una llama para la conservación y recuperación del mismo, añadir el nombre de Victoria de los Angeles y su gran labor en este terreno debe servir de acicate y estímulo. Una cantante universal incidió en lo peculiarísimo y durante muchos años comprendió que era su deber, y también su placer, estudiar el ingente tesoro artístico de nuestro cancionero. En los discos que comento, complemento y testimonio de esta labor, se quintaesencia el arte de Victoria, de esta mujer admirable y de esta artista que no lo es menos. Han sido setenta y cinco años de creatividad y de generosidad y ahí está su presencia y su voz que afortunadamente no nos ha sido vedada. Escuchar estas canciones de España nos reconforta, y mucho más aún que en países extranjeros, por ejemplo en Francia, la prestigiosa revista "L'avant scène Opera" haya dedicado hace años un número a "Les introuvables de Victoria de los Angeles", acompañado de seis discos o cassettes, entre los cuales, y en un programa comprensivo del total repertorio de Victoria, se encontraba uno de ellos exclusivamente dedicado a la España religiosa y profana, musical medieval y renacentista; y otro al siglo XX español, también basado en canciones tradicionales. Ahora, la publicación de los CD en la fecha de su setenta y cinco cumpleaños nos la proyecta en todo su valor, en la integración de lo popular con el refinamiento del arte del siglo que ahora termina.