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CUENTOS POPULARES ANDALUCES (IV) (PARTE I)

AGUNDEZ GARCIA, José Luis

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 226.

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La Búsqueda del Marido Perdido, El Animal o Monstruo Novio, del índice general. El Príncipe Encantado o El Príncipe Lagarto u otros títulos que aparecen en las colecciones españolas es un cuento cuyo arquetipo encierra muchos motivos coincidentes con otros tipos (hijos prometidos, búsqueda del esposo, esposa olvidada y segundas nupcias del esposo, etc.), pero contiene una escena que lo hace singular: la esposa incumple una prohibición y, como consecuencia, deberá redimir su falta asumiendo sobrehumanas tareas. Thompson (El Cuento..., p. 144), asegura que es un cuento que se

cuenta en todas partes de Europa, pero es especialmente popular en la mitad occidental, donde varios países ya han reportado más de cincuenta versiones [...]. Hay pocos ejemplos del cuento en el Cercano Oriente y la India. No parece contarse en los pueblos primitivos, excepto entre los Zuñi de Nuevo México. Ha sido apuntado por los franceses en Missoouri y los negros de Jamaica.

Recuerda también Thompson que el cuento con esposa sobrenatural se ha explicado durante el último siglo de diferentes formas. Se pensó de dicha esposa (el autor la equipara a su equivalente masculino) que representaba fenómenos naturales; después se concibió como animal totémico. La escuela ritualista explicó estos cuentos como personificaciones de antiguos ritos. Los últimos estudiosos zanjan la cuestión acudiendo a los sueños; para éstos, y siguiendo la idea de Ernst Tegethoff, citado por Thompson, el cuento se originó tras contar alguna joven determinado sueño. Thompson es excéptico respecto a todas estas teorías; para él, la clave del cuento se halla en el de Cupido y Psique, intercalado en la obra de Apuleyo.

En dicha obra, el marido animal de día, no es otro que el propio Cupido. Esto nos hace pensar en el carácter sagrado que los teóricos atribuyen como característica del tabú, prohibición totémica. La prohibición que coarta a las jóvenes de nuestro cuento, aunque no explícita, podría equipararse en algún aspecto al tabú que Freud (Tótem y Tabú, artículo LXXIV) denomina de los jefes, reyes y sacerdotes, tenidos como dioses por los pueblos primitivos. "El subdito debe preservarse de ellos y debe protegerlos [...]: son portadores de aquella fuerza mágica misteriosa y peligrosa que, como una carga eléctrica, se comunica por contacto y determina la muerte y la perdición de aquel que no se halla protegido de una carga equivalente" (p. 1773). A los reyes sagrados "se les atribuye un poder mágico extraordinario, y se teme, por esta razón, todo contacto con sus personas". Las jóvenes de nuestro cuento perecen por el contacto con el ser superior. Frazer (La Rama, p. 214) nos recuerda una prohibición que afectaba al ser sagrado (que en definitiva sufría todas estas restricciones por su estado) que posee ciertas similitudes con la situación que plantea nuestro cuento; refiere el caso que se daba entre los todas del Sur de la India. El

vaquero sagrado, que actúa como sacerdote de la vaquería sagrada, está sujeto a una serie variada de restricciones enojosas y pesadas durante todo el tiempo de sus obligaciones, que puede durar muchos años. Por ejemplo, vivirá en la vaquería santa y nunca visitará su casa ni ninguna otra aldea corriente. Será célibe, y si casado, tendrá que abandonar a su esposa. Ninguna persona corriente puede tocar al vaquero santo ni a la santa vaquería.

Evidentemente, las prohibiciones alcanzaban tanto al ser divinizado o intocable, como al profano que rompía las obligaciones sagradas. En los cuentos populares tanto podemos ver al príncipe encantado por romper tabú, como a la doncella que provoca su ruptura.

No podemos desligar en esta ocasión el tabú del totemismo, o identificación del clan con determinado animal. Uno de los principales tabúes del totemismo impedía todo tipo de relaciones sexuales entre miembros pertenecientes al mismo clan totémico. La violación de esta ley, como recuerda Frazer, determina la muerte del infractor. Cabe preguntarse si no es ésta la verdadera prohibición que las hermanas de nuestra heroína violan, ante el hombre animal. Freud recalca el horror que los salvajes sentían ante el incesto, entendido el incesto como relación no sólo entre consanguíneos, sino entre los miembros del mismo tótem, de los pertenecientes al mismo animal, no necesariamente consanguíneos. Una forma de prevenir estos enlaces, era la práctica de la exogamia. Esta es una realidad que el cuento popular refleja insistentemente. El héroe siempre se aleja hasta encontrar la princesa del país lejano que le eleve al rango de rey en tal país. Propp aisla la partida como función necesaria en el entramado del cuento maravilloso. Curiosamente, nuestro cuento arranca con unas relaciones que terminan en muerte por la ruptura de una prohibición (no importa la esgrimida), pero tras estas rupturas y subsiguiente castigo, sigue una nueva ruptura y diferente castigo. La muerte es permutada en la tercera joven, que debe redimir su pena abandonando el lugar y cumpliendo una penosa peregrinación en busca del marido perdido. "Aquel que ha violado [retoma Freud palabras de Northcote W. Thomas] un tabú adquiere por este hecho tal cualidad. Determinados peligros resultantes de la violación pueden ser conjurados mediante actos de penitencia y ceremonias de purificación" (p. 1759). En definitiva, es una forma de provocar la partida, de cumplir con la exogamia. El cuento continúa mostrándonos a una joven provista de unos zapatos de hierro que tiene que gastar antes de encontrar al marido. Como dice Propp (Las Raíces..., p. 65): "Se puede constatar que los zapatos, el bastón y el pan eran los objetos de que se abastecía a los muertos para su peregrinación al otro mundo. Se hicieron más tarde de hierro para simbolizar lo largo del viaje". Estos viajes al mundo de la muerte son identificables en el cuento popular con los ritos de iniciación. En estos ritos de iniciación también reinaba el misterio y el silencio y, sobre todo la invisibilidad. "Una de las particularidades de este reino era la invisibilidad", aclara Propp (p. 188). En nuestro cuento, hallamos la presencia casi fantasmal del esposo que no debe ser visto durante la noche, la prohibición de ver la cara del esposo, de encender velas, de hacer uso de la luz. En los ritos "se creía que el iniciado debía marchar a la muerte [...], que durante el rito el niño moría y resucitaba como un hombre nuevo" (pp. 74-75). Este hombre nuevo podría incluso olvidar su pasado, lo que originaría, según algunos teóricos, la conocida situación de los cuentos, en los que el héroe olvida a la primera esposa y se une a una segunda, o está a punto de hacerlo al llegar la primera, que tendrá que reactivar la memoria del héroe, tal como sucede en nuestro cuento. Para otros teóricos, véase Propp (pp. 189-193), el olvido de la esposa y posterior triunfo de la misma, "refleja un estadio posterior, el estadio de la disgregación de este sistema", refiriéndose al estadio en que tienen lugar el conflicto agrario, y haciendo mención a un período histórico anterior en el que las mujeres que convivían en las casas de los hombres se podían casar con uno de ellos, tal como se revela en los cuentos, pero después podían ser abandonadas y olvidadas por una segunda mujer, la reglamentaria, la admitida por la sociedad, con la que se creaba la familia estable. En suma, el cuento parece reflejar nítidamente elementos de los ritos de iniciación, de los que, por conocidos, no caben mayores comentarios. Sobre Amor y Psiquis, en concreto, referente a estas ideas, véase Propp, Raíces..., IV, I, 14.

EL CASTILLO DE IRAS Y NO VOLVERAS

Una que no tenía hijos, y quería tener un hijo. Y va a la iglesia todos los días a decir:

- Yo quería un hijo, aunque fuera un cochino, yo quería, aunque fuera un cochino.

Y el cura, cuando la vio, dice:

- Vayase usted, señora -tantas veces había ido ya, que le dijo-, vayase, señora, que tiene usted allí el hijo.

Cuando llegó, el cochino nada más es gruñir.

- Pero... ¿con quién te quieres casar?

- Con la hija de la comadre de ahí enfrente.

Y le dice: - ¿Con la hija de la comadre de ahí enfrente? ¿Yo voy a decirle a la comadre que te vas a casar?... "¿Con un cochino se va casar mi hija?" ¡Que no, que no voy yo, que no!

- Pues, eso es lo que quiero.

Tanto le dijo, que fue. Se lo dijo a la madre, y dijo ella que sí, que se casaba con él.

Se casaron, formaron el jaleo de la boda y, cuando ya volvieron, se acostaron.

Pues, estaban deseando que amaneciera por la mañana, y por la mañana amaneció muerta. La novia la mató él, porque, yo no sé por lo que fue, pero la mató.

El cochino quiso decir... o cuando se durmió, que no era él cochino, que era un príncipe -por lo que decían era un príncipe-. Y, en cuanto que le dio un besito o dos, pues...

Y cuanto salió..., luego quería casarse con la otra.

Y, cuando pasaron algunos días... ¡la otra! - Que me quiero casar, que me quiero casar con la otra hermana...

- ¿Y cómo voy a ir a casa a decirle a la comadre que tú te vas a casar con ella, con la otra, con lo que le pasó?

Y fue, que quiera que no, que fue. Y le dijo ella que sí, que se casaba con él. Y le pasó lo mismo; lo mismo cuento le pasó.

Y ya, la tercera, la última que le quedaba, le dijo:

- ¡Uy!, que yo me quiero casar...

- ¿Con quién te quieres casar?

- Con la hija de la comadre de ahí de enfrente.

- ¿Yo cómo voy a ir? ¡Digo! ¿No que la has matado, y otra...? ¡Que no! ¡Que no voy yo!

¡Que fue! Y se casó. Y por la mañana, estaba deseando que llegara la mañana y... ¡Estaba tan contenta ella! Estaba tan contenta ella que...: ¡estaba viva!

Y le dijo:

- Como digas algo, al Castillo de Irás y no Volverás tienes que ir a buscarme.

Y entonces fue... Y amaneció, y la madre...: - Pues, mi hijo se ha tenido que volver algo gordo; porque estuvo tan contenta... -porque duro, porque dale.

Y, como las mujeres somos tan hartibles, pues fue y le dijo:

- ¡Uich! ¡Si viera usted...! Su hijo se vuelve un príncipe. ¡Y un príncipe! Un príncipe...

¡Lo bastante! Cuando se enteró el hijo que la mujer le había dicho, pues le dice:

- Pues al castillo de Irás y no Volverás tendrás que ir a verme, y tres zapatos de hierro tienes que romper para verme.

Y se fue al castillo de Irás y no Volverás. Y cuando llegó allí, fue y se puso unos zapatos. Y andar, andar, andar, andar...; hasta que ya los zapatos los llevaba casi rotos. Y llegó a una casilla. Y cuando vio aquella casilla, dice:

- Aquí voy a buscar ya un sitio para esta noche, para recogerme.

Y dice:

- ¿Quién mal te quiere, que por aquí te envía?

Dice:

- Mire usted, que mi suerte buena o mala, que vengo que mi marido se ha ido al castillo de Irás y no Volverás.

Y entonces fue la vieja, y...:

- ¡Uy! Si mi hijo es el viento, mi hijo es viento. Mi hijo cuando venga te va a comer. Nada más que venga, en seguida husmea: "¿Qué tiene usted aquí escondido?" ¿Dónde te meto? ¿Dónde te meto?

La metió debajo de la cama, abajo un lebrillo que tenía, la escondió. Y entonces, cuando amaneció por la mañana, le dijo:

- Saque usted la que tiene usted ahí, debajo de la cama.

Y la sacó. Y la cogió, le dio un ovillito de hilo, y dice:

- ¡Ea!, ahora este ovillo de hilo se lo doy, y cuando llegue usted a donde va, nada más que haga usted así con el ovillo de hilo, sale una camada de pollos.

Y al otro día, se pone los otros zapatos. La llevó el hombre hasta donde le pareció, el aire o el viento o lo que sea eso. Y fue. Y cuando llegó a otra casilla que se encontró, ya tenía los zapatos rotos. Y se fue a otra casilla y entró, dice:

- ¿Quién mal te quiere que por aquí te envía?

- Mi suerte, buena o mala; que tengo mi marido que está ahí en el castillo de Irás y no Volverás, y dice que tengo que romper tres pares de zapatitos de hierro para venir ahí a hablar con él.

- Pues bueno, tú te metes aquí en esta tinaja, para cuando venga mi hijo.

Ese era el huracán, el otro era el viento, el otro era..., cosas todas de esas, todas cosas...

Y fue, y la metió en eso, y allí la tapó. Y cuando el hijo vino:

- ¿Quién tienes, madre? ¿A quién tienes aquí metido? ¡Que aquí hay alguien, que aquí hay alguien!

Y entonces le dijo:

- Aquí tengo, mira, esta pobre desgraciada, que viene por su marido; que le ha pasado esto.

Y entonces fue, la llevó, y salió, la acostó. Ya se acostaron. Y, por la mañana, cuando se levantó, dice:

- Ahora, por aquí, te voy a llevar hasta tal lado. Y luego después, tú sigues para adelante.

Y ya era lo último que le quedaba. La montó en el viento, el huracán..., lo que fuera. La montó en eso, y entonces se fue y llegó a... No, le dio unos moldes, le dijo:

- ¡Tome usted estos moldes! Que estos moldes nada más que haga usted así, ya tiene usted unos calcetines hechos.

Y eso fue lo último que le dio.

Y llegó, se puso otros dos zapatos que le quedaban ya, y llegó a otra casilla que encontró. Y en la casilla:

- ¡Uy! Mi hijo es huracán, y mi hijo, como te vea, te va a matar. ¡Que no, que no puede venir! Entonces fue, y la cogió, y la dejó dormir aquella noche.

Le dijo:

- Quédate a dormir aquí esta noche y, por la mañana, te voy a llevar yo a tal sitio. Te voy a adelantar un pedazo.

La montó en lo alto y la llevó más lejos. Y cuando llegó allí, le dijo:

- ¡Ea!, ya aquí... ¿Tú ves aquel castillo que se ve allí? Aquél es donde está tu marido.

Y se fue, dice que llegó aquella noche. Cuando la mujer salió por la mañana: ¡Uy! Ahí hay una mujer, y hace así y tiene una camadita de pollos, una camada de pollos preciosos.

- A ver... ¿Cuánto quiere por ella?

Dice:

- Yo no quiero nada. Yo lo que quiero es acostarme con el rey, con el niño, o el príncipe... -o lo que sea.

Y entonces fue y se lo dijo. Pero le dio la mujer una taza de tila y él no se enteró de nada. Toda la noche llevó ella, la pobre..., dice:

- ¿No te acuerdas cuando me dijiste que tres pares de zapatitos de hierro tenía que romper? Pues, ya estoy aquí a buscarte.

Pero el pobre estaba dormido, estaba traspuesto: pues, como si no le dijera nada.

Cuando llegó la mañana, dice la mujer:

- ¡Venga, salga usted fuera ya!

Y a la que hizo tres noches, fue y dijo él:

- Pues ésta me da a mí algo. Pues, yo parece que siento algo.

Y aquella noche fue y, en vez de tomárselo, no se lo tomó, lo tiró. Y aquella noche la pasaron bien. Y por la mañana se dijeron:

- ¿No te acuerdas?

Dice:

- Sí que me acuerdo.

Y, ya fueron y mataron a la otra y dejaron a la mujer. Se quedó la mujer allí en el castillo. Y fue cosa de cuento.

Leocadia Caballero Robles. Arahal, 1990. Transliteración al castellano normalizado del etnotexto de La Tradición Oral... (Agúndez..., 38).

ARGUMENTO

I. Después de mucho rogar, un matrimonio consigue tener un hijo, pero es un cochino. Cuando se hace mayor, consigue casarse con una joven; pero por la noche la mata, porque revela su secreto: durante la noche se transforma en príncipe. Lo mismo pasa con una hermana de la esposa.

II. Una segunda hermana resistió más la tentación de revelar el secreto, pero al final también cedió. Esta revelación del secreto supone una ruptura del tabú. En otras versiones éste se rompe simplemente cuando la curiosa esposa enciende un fuego para contemplar al marido mientras duerme; a veces, le quema la piel. En estos casos, la llama, o la cera de la vela que le cae, despiertan al marido y le advierten de la ruptura del tabú.

III. Por ello, el marido desaparece y le dice a la nueva esposa que debe buscarlo en el castillo de Irás y no Volverás, donde lo hallará después de gastar tres pares de zapatos de hierro.

IV. En la búsqueda por el marido, recibe la ayuda de diversos vientos que la transportan o conducen hasta el castillo y recibe también los correspondientes objetos mágicos.

V. Con los objetos mágicos, la mujer obtiene el permiso para dormir con su marido, que se había olvidado de ella y se había vuelto a casar. Aunque las primeras noches el marido permanece dormido, porque le suministran somníferos, la tercera, que no los toma, consigue resistir el sueño y la mujer le hace recordar. Mata a la esposa última y reconoce a la antigua.

CATALOGACIÓN Y ANÁLISIS ESTRUCTURAL

- Lunding, 26: The Mosnter's Bride [Amor and Psyche].

- Aarne-Thompson, n.° 425: The Searchfor the Lost Husband.

-Boggs.425.

- Hansen, 425.

- Robe, 425.

- González Sanz (Catálogo... Aragoneses), 425A: Animal como Esposo.

- Pujol, 425: La Recerca del Marit Desaparegut.

- Espinosa, II, pp. 483-498.

- Camarena-Chevalier, 425A.

- Thompson: Tí 11, T296, T513, T540, T548.1, T274, B620, B620.1, T554, D136, D336, D621, D621.0.1, D621.1, B600, B601.8, B610, B640.1, C421, W126, C920, C920.2, S215.1, S223, S240.1, T145.1.3, L54.1, C32, T181, Q200, D5, C932, C945, C952, H922, H1110, H934, E610.1.1, N681.1, N800, Q502, Q502.2, H1232, P320, H1233.1.1, H1235, H1385.4, D1520, D2121, D2120, D906, Z115, D1520.28, D1620.2.2, D2135, N810, N812, G530, G530.5, H970, G532, G630, N825.3, D1364.7, Q482.1, Q41, D2003.1, D2006.1, D2006.1.1, D2006.1.4, TO, T96, K1843.2, K1911.3, K675, D733.2, D791.2.2, D814.1, K1978.4.

Según la teoría de Propp, podríamos estructurar el cuento con las siguientes funciones: a b y d a B CJ. (D E F) x Rs O L M N Q Ex U W2

Unos padres no tienen hijos y desean tenerlos (a); para ello van a la iglesia a rogar a la divinidad (?). Inmediatamente viene el matrimonio (W - L162) con un cerdo (príncipe encantado, D5). Aquí podría terminar el cuento; pero es el comienzo porque, para que el matrimonio sea perdurable, existe una prohibición (y): no contar que el cerdo se transforma en hermoso príncipe por la noche, pero el tabú se rompe (5). Esto causa la muerte de las primeras hermanas, aunque no el de la tercera que, en su lugar, comienza con una carencia (a), la pérdida del príncipe (C932), que es una forma de castigo, sólo redimido mediante una larga peregrinación en busca del desaparecido hasta que rompa siete zapatos de hierro (Q502.2). Este momento de transición (B) está marcado por las propias instrucciones que da el cerdo-príncipe. La heroína decide ir en busca del marido (C-) perdido (H1385.3). Se encuentra con una vieja que le ayuda (H1233.1.1): le saluda (D2) y la heroína contesta (E2).

Lo anterior viene a sustituir toda la acción del donante, muchas veces agresiva, la victoria del héroe y donación del objeto mágico (F). Lo cierto es que el donante recibe los objetos mágicos sucesivamente en una secuencia triplicada: unos pollos, unos moldes (y algo que no se menciona, pero que se supone). Además, la heroína es ayudada por los vientos en sus desplazamientos (Rs' - H1232), que incluso la transportan (D1520, D2121), hasta que llega de incógnito (O) al palacio. En palacio, el marido se ha casado con otra mujer, que en este caso desempeña las labores de falso héroe, con sus pretensiones de esposa legal (L). La tarea que se le viene a imponer implícitamente a la heroína es hacer que el príncipe la reconozca; pero por las noches duerme. Consigue tenerlo despierto durante una noche: supera la prueba (N) y de ello surge el reconocimiento (Q) -en la tercera noche, D1971-. Para ello ha tenido que comprar el derecho a la cama del esposo (D2006.1.4, D1978.4). Reconocida la verdadera esposa, se descubre a la falsa (Ex), a la que se castiga (Q262 U). Y el matrimonio se renueva (W2).

VERSIONES POPULARES ESPAÑOLAS

- Romualdo A. Espino desarrolla un cuento extensísimo donde se vierten muchos motivos propios de nuestro cuento (El Folk-Lore Frexenense y Bético-Extremeño. pp. 16-18, 89-96, 239-266) titulado: Un Cuento de Hadas. Es uno de los poquísimos cuentos de la obra y nos parece bastante elaborado.

- Muriel (Cuentos..., pp. 102-103): Aurora.

- Rasmussen (CP. Andaluces, pp. 15-23), n.° 3: El Príncipe Lagarto.

- Espejo González (Cuentos... de Linares, pp. 3439): El Príncipe Encantado.

- Garrido ("Cuentos...", 170, pp. 54a-56b), n.° 6: Juan el Apañao (versión onubense).

- Rodríguez Almodóvar (C. al Amor), n.° 7: El Príncipe Encantado. Cf. n.° 8: El Príncipe Durmiente.

- Curiel Merchán (Extremeños, pp. 266-268; CSIC, pp. 167-169), n.° 65: El Sapito Enamorado (incompleto).

- Sergio Hernández de Soto (en Machado y Alvarez, BTPE, X, pp. 242-248): El Castillo de las Puertas Calas. Quien rompe el secreto es el marido; será él quien iniciará el largo peregrinar. Llegará donde la esposa cuando ésta esté a punto de contraer nuevas nupcias. Parece que esta versión prefiere repudiar la poliandria, lo cual nos parece más coherente con las convenciones sociales. En el final de este cuento, el héroe plantea una disyuntiva que la propia sociedad se encarga de dilucidar. Esta disyunción viene planteada en forma de parábola: si alguien pierde una llave, hace una nueva y halla la vieja, ¿cuál será la original? Todo el mundo está de acuerdo que la vieja, y ése era su caso con respecto a la mujer. Cf. La Hermosura del Mundo (pp.124-134).

- Cortés Ibáñez (Albacete, pp. 58-64), n.° 8: El Lagarto Encantado.

- Carreño (C. Murcianos, pp. 277-278): Las Tres Hijas (únicamente el comienzo; está truncado).

- Camarena (C... Real, pp. 184-192), n.° 79: El Culebroncico, n.° 80: El Lagartito.

- Cf. Revista de Folklore, 63 (1986), p. 107: El Príncipe Rana. Igualmente, el artículo de Belén García Abad ("El Cuento de «El Príncipe Encantado»...", pp. 15-27).

- Cortés Vázquez (C. P. Salmantinos, II, pp. 110117), n.° 122: La Bella y la Bestia, n.° 123: Piel de Lagarto, n.° 124: La Piel de Tanque.

- Cortés Vázquez (C... Ribera del Duero, pp. 122123, 134-136), n.° 41: La Bella y la Bestia, n.° 44: Cuento de la Fiel de Lagarto.

-Camarena (León, I, pp. 194-199; II, pp. 223-228), n.° 96: Las Hijas del Sastre, n.° 334: El Príncipe Lagarto.

- Espinosa (CPE, I, pp. 279-302), n.° 132: El Príncipe Rana (versión de León), n.° 130: El Lagarto de las Siete Camisas (Cuenca), n.° 128: El Castillo de Oropé (Soria), n.° 131: La Fiera del Rosal (Soria), n.° 127: Cabeza de Burro (C. Real), cf. n.° 126: Las Tres Costureritas (Madrid), n.° 129: La Cueva del Dragón (Sevilla) [Cuentos... Spanische, pp. 86-97].

- Alcover (Aplec... Mallorquines, II, 58-83; XIV, pp. 94-132): Es Fill d'es Pescador, El Princep Corb.

- Amades (Folklore de Catalunya..., pp. 31b-35b, 492b-498b), n.° 6: El Princep Dragó, n.° 148: La Filia del Bosquerol.

- Serra i Boldú (Rondalles Populars, II, pp. 5-8): L'Os Blanc.

- Bertrán i Bros (El Rondallari Catala, pp. 44-46), n.° 8: El Princep Serpent.

Según el estudio de Espinosa, nuestro cuento está dentro del grupo más extendido en España: el III.

Asegura que Apuleyo se inspiró en la tradición oral para su versión incluida en El Asno de Oro y que nuestros cuentos modernos arrancan de una época anterior, posiblemente de Oriente; en el Rig-Veda (s. XV? a. C.) ya ve algunos elementos (X, 95). En el Mahabharata, y en los Puranas, encuentra también algunas versiones. Las orientales modernas se inspiran -dice- en estas últimas versiones antiguas y difieren de las occidentales.

VERSIONES POPULARES HISPANOAMERICANAS, SEFARDÍ Y PORTUGUESAS

- Moore (en BTPE, I, 126-137): El Príncipe Jalma. Versión chilena, aunque publicada por Machado y Alvarez. Aquí, los vientos ayudantes son Norte (que proporciona gallinas de oro con polluelos y trigo de oro), Sur (arpa de oro), Pulche (peine de oro), Fraresia (palanganita de oro).

- Foresti (Chilenos, pp. 91-97): El Soldadillo.

- Cf. Pino Saavedra (C. F. Chilenos, pp. 121-126), n.° 16: El Torito de los Cachitos de Oro.

- Lara (Mitos... Quechuas, pp. 390-397), El Lagarto.

- Cf. Payne (C. Cusqueños, pp. 13-20): Wakacha. La Vaquita.

- Ubidia (C. Ecuatoriano, pp. 111-114), n.° 6: La princesa la cara de la necesidad.

- Cf. Almoina (El... Venezolano, pp. 43-57 [El Héroe..., pp. 81-95]): El Pez de los Siete Colores.

- Ramírez de Arellano (Folklore Portorriqueño, pp.74-76, 116-117), n.° 63: El Príncipe Negro, n.° 82: El Rey Ciego y las Tres hermanas.

- Añíbarro (La Tradición Oral en Bolivia, pp. 147-150), n.° 23: El Macho Cabrío.

- Lara Figueroa (C. P. de Guatemala, pp. 26-29), n.° 6: El Príncipe Lagarto.

- Robe (Mexican Tales... from Los Altos, pp. 201-204), n.° 60: Los Tres Zapatitos.

- Chertudi (C. F. Argentina, pp. 104-106), n.° 47: Cuento de la niña que estaba novia (partes IV y V).

- Chertudi (Juan Soldado..., pp. 53-56), n.° 11: Los Tres Picos de Amor.

- Larrea (Judíos, II, pp. 154-161), n.° 126: La Muchacha Triste.

- Pires (C. P. Alentejanos, pp. 106-107), n.° 49: O Príncipe Porquinho.

- Vasconcellos (Contos e L., I, pp. 121-142, 162-163, 178-187, 195-203, 229-231), n.° 105: O Principe Sapo, n.° 106: Lagarto e Leño (la propia madre, desde su tumba, va guiando a la hija; le dice que se case con el lagarto, que es un hombre; le da instrucciones para ir a buscarlo...), n.° 107: O Lagarto, n.° 108: O Príncipe Urso Doce de Laranja. Cf. n.° 111: A Bela e a Cobra, n.° 116: O Jardineiro e seus tres Filhos, n.° 117: O Príncipe Becerro, n.° 121: O Monstro, n.° 127: O Encanto do Mar, n.° 128: O Rei Minas das Pernos Amarelas.

- Coelho (C. Portugueses, pp. 156-158, 210-213), n.° 25: O Carneirinho Branco, n.° 44: O Príncipe das Palmas Verdes.

- Braga (C. Portugués, I, pp. 133-135): A Noiva do Corvo y A Paraboinha de Ouro.