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LAS FERIAS DE LA LIMIA (ORENSE)

CERRATO ALVARES, Ángel

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 227.

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227 1999 1999 19b Lo escrito es el resultado de lo observado a lo largo de muchos años de pasear las ferias de la tierra de la Limia.

Es también el resultado de entrevistas grabadas a gentes de Xinzo -el centro natural- de Cualedro, de Bande y de Congostro.

"La feria", es algo que sale del alma, con gusto y recuerdos vivos, algo que se lleva en la sangre.

Viene desde muy antiguo, desde hace dos milenios. No lejos de Xinzo se situaba la Civitas Limicorum, lugar de encuentro, intercambios y relaciones humanas antes de los romanos, y que los romanos no destruyeron, al contrario. Desaparecidos éstos, el movimiento de la gente llevando y trayendo el fruto del trabajo de sus manos siguió fuera del tiempo y de las culturas.

Las ferias más importantes eran las de Xinzo, la Feria Nueva en Puente Linares, la de Cualedro, Bande, Celanova, Couso, A Pereira, Bailar, Calvos, Vilar de Barrio, Verín y Allariz. El centro era Xinzo de Limia por su emplazamiento estratégico de vías de comunicación en la llanura. A las ferias de Allariz y de Verín se iba poco por las dificultades de los caminos, y a Celanova se iba los días de mercado. La demarcación geográfica venía impuesta por el río Limia y la Laguna de Antela. Cualedro, Couso Baltar, Calvos, se situaban en la margen izquierda. Vilar de Barrio, A Pereira, Puente Linares, Bande, Celanova, Allariz, se situaban en la margen derecha. Verín traspasaba los montes y se enmarcaba en las tierras de Monterrey, en el río Támega.

La feria de Xinzo se celebraba el 14 y el 27 de cada mes, -si caía en Domingo se adelantaba al sábado-. La de Puente Linares el 22, la de Cualedro el 5 y el 18, la de Bande el 13 y el 28, -si caía en Domingo se retrasaba al lunes-; la de Celanova el 29, la de Couso el 11... Por su emplazamiento estratégico de paso fronterizo, de contrabando y de aduana, Verín tenía tres ferias mensuales.

El trasiego de productos se hacía por las gentes de estas tierras. También venían de la ciudad de Orense, de Maside, del Barco de Valdeorras, de Quiroga (Lugo). Y de Castilla, hombres de Zamora, Benavente o León: eran conocidos como los castellanos, o "castelán" en el idioma de la tierra. Venían también gentes de Asturias y de las costas de las Rías Bajas, la "Beiramar".

Los Ayuntamientos cuidaban el lugar de la celebración de la feria. Había o río, o fuentes o arbolado. El lugar más espectacular era el de la Feria Nueva en Puente Linares, con bosque de carballos y castiñeiros, río, prados, ermita, caminos de paseo, un soberbio puente romano y todo al aire libre.

Los caminos eran los viejos tradicionales que se trazaron por los romanos o por los pueblos de la Edad Media. Los romanos construyeron la vía XVIII que unía Braga con Astorga y pasaba por las márgenes derecha del Limia y de la Laguna de Antela. Los señores de la Edad Media rodearon el fértil complejo limiano con cuatro torres-fortaleza, de las que subsisten tres; cuatro puntos de control del trasiego militar de Galicia a Portugal, puntos de control del paso de mercancías y puntos de control del Camino interior portugués a Santiago. Los pasos de arroyos, regatos o ríos se salvaban con puentes serios o con simples lajas de piedra llamados "poldras", que llegó a dar nombre a alguna de las aldeas: Vilariño das Poldras en un punto medio de intersección de Xinzo y de la Feria Nueva en Puente Linares. El más accidentado desde la llanura era a Couso en la cima de los montes y a Calvos "perdido" por las Sierras de Baltar y del Larouco.

Los viejos caminos siguieron los mismos hasta la llegada de las brutales concentraciones parcelarias y el trazado de pistas. El asfalto destruyó veredas, atajos, puentes y bosque. Las nuevas comunicaciones aislaron centros feriales de antigua importancia; tal es el caso de Bande. Las furgonetas, los camiones, los autobuses han liquidado un pasado antropológico que vivió al menos durante 2.500 años.

El centro de las compra-ventas de las ferias era el ganado vacuno: bueyes y vacas. Sobre todo bueyes. "Bois... aqueles bois de Xinzo!". Luego llegaba todo el resto de animales: caballos, yeguas, mulos y mulas, burros, ovejas, cabras, cerdos y animales de corral.

Los de la raia traían bueyes y vacas de las tierras del Barroso portugués y de los pueblos gallegos de la raia. Los pueblos gallegos de la raia comerciaban sobre todo con animal caballar y asnal.

El centro era Cualedro. A Cualedro llegaban gentes de S. Cristóbal, Salgueira, A Caridá, Medeiros, A Magdalena, Padrosa, Gironda, Lucenza... Todos estos también se presentaban en las ferias de Couso, Calvos, A Pereira y Bande.

Pero nada eclipsaba la importancia y el trasiego de Xinzo de Limia, centro natural de la Comarca. A Xinzo llegaban animales del país: La Limia, Celanova, el Barroso... Xinzo de Limia acaparaba el 80% del tráfico de ganado vacuno y caballar. Las vacas eran "la rubia gallega", o la "cachería" de largos cuernos de las tierras del Barroso, pequeña y muy resistente. "-As vacas eran animáis afeitos a nos". Y con las vacas llegaban los becerros. "Los becerros venían atados a las vacas, y llevaban buenos palos en las costillas. Habían andado sueltos y ahora no se acostumbraban".

Las vacas venían andando por los caminos, senderos, veredas o atajos. Venían arreadas atadas unas con otras. Para hacer los largos caminos había que levantarse de madrugada.

Cuando llegaron los camiones y las furgonetas, se les transportaba en ellos. Cuando llegaron los coches de línea, las vacas y los becerros tuvieron el raro privilegio de viajar en la parte trasera del auto, acomodada para ellos, con sus ventanas y sus barrotes, y paja para más comodidad. En un cementerio de coches de Villalba de Lugo podía aún verse por los finales de los 80 una buena colección de estos dinosaurios.

Y cuando fue lo del transporte escolar allá por la década de los 60, 70 y 80, en un autobús viajaban vacas, becerros, viejos, viejas, más críos y crías que era lo suyo. ¡Y había sitio para el conductor!

Al ganado caballar y asnal también le llevaban por los caminos y veredas. Los burros de Verea, población por la otra parte del alto del Furriolo, eran los de más fama. "E viñan con toda a súa cabañada, que dios me libre".

De los cerdos, los cebados iban en un carro del país. En un carro del país cabían dos cerdos.

Al carro se le añadían unos palos -los estadullos- en la parte superior de las teleras. Los que no eran de ceba iban a pie. El recorrido más difícil para estos animales y para sus dueños era la ribera de la Laguna y del Limia. Eran caminos lamosos, con agua, resbaladizos... "era frecuente que todos fuésemos a parar al barro".

Ovejas, cabras, cabritos y corderos iban a pie, en carro o en burro.

Se tardaba de tres a cuatro horas en llegar a los puntos de feria. Algunas poblaciones eran más privilegiadas. "E facíamos o camino a pe, ¡a pe! E con chancas". (Afirmación de una mujer). "Saías de noite, de maná cedo e chegabas as doce do mediodía. Estabas tres, catro horas... e volta de novo se non vendías".

A todos los animales se les recogía en el "toural". Alrededor del toral se formaban los carros, los tenderetes, los puestos de comidas y las "pulpeiras". El mayor era el de Xinzo de Limia, con un frondoso bosque -hoy día es todo él un bonito parque-. Los de Cualedro se quejan de que haya sido destruido; el espacio lo ocupa la casa de la cultura, el cuartel de la Guardia Civil y un descampado. El de la Feria Nueva en Puente Linares se ha convertido en una hermosa pradera. El de Couso queda vacío...

Los mejores tratantes eran los castellanos. "Xa ven o castelán", decían y era señal de feria fuera de lo común. Venían por sí o por intermediarios.

Los castellanos eran de Zamora, Benavente, León, a veces de Salamanca y poco o nada de Valladolid. Hombres infinitamente respetados. "O castelán" era hombre serio, escueto y cumplidor. El mejor comprador era "O Pelín". Cuando llegaba El Pelín, el resto temblaba porque pagaba más que los otros.

Los tratantes o sus intermediarios llegaban el día anterior, dormían en las posadas y en las pensiones y comían en la misma fonda, en la feria, o llevaban su propia comida.

Los tratantes observaban, paseaban, escuchaban "y miraban los unos por los otros; no tiraban contra ellos". Compraban para ellos mismos, para otro fulano o revendían por su cuenta.

Se discutía y se regateaba a ojo, a bulto. El que vendía ponía un precio. El que compraba ponía el suyo. Discusiones, voces, gestos, ofertas, espantadas, vuelta por la feria y nuevos tratos, nuevas ofertas... Este trajín sigue siendo aún digno de verse. Había compradores que lo dejaban para el último momento cuando la venta era obligada. "Eran unos sinvergüenzas".

A las vacas se las engordaba unos días antes; si estaba parida no se la tocaba la ubre para que aparentara más. Todos sabían el truco pero todos calaban.

Había por supuesto tratantes gallegos. Preferían vivir en Xinzo. Fueron célebres el Señor Antonio, de sobrenombre el Pieles. El Marta, Los Rubís, Los Picholas... Porque Xinzo era el centro de recepción y de distribución para las tierras de Beiramar, León, Asturias, el Norte de Portugal y el interior de Castilla. Desde Xinzo se controlaba el ganado de las ferias de Cualedro, de gran fama, de A Pereira y de la Feria Nueva de Puente Linares. Con río, comunicaciones y un gran "toural", Xinzo poseía una red completa de posadas, casas de comidas y pulpeiras, y desde el siglo XVII y XVIII fue un gran centro de arrieros; cerca de la Villa estaba Pena, población que trabajaba la cebada -muy escasa en el resto- un pienso indispensable para la ganadería de los traficantes. Desde Xinzo se hacía más fácil el "acarreo" del ganado a Castilla por la Canda y el Padornelo; a León por Maceda, el Barco y Ponferrada; al Norte de Portugal por las tierras de Cualedro, Baltar, la Gironda, y el Barroso -portugués-.

En Xinzo también había los mejores traficantes de pieles de bueyes, vacas, caballos, burros y machos. Las pieles se compraban frescas o sobadas.

En Cualedro se despedazaba mucho en el matadero. Allí iban los traficantes de pieles. El mejor comprador era Félix, de Allariz, almacenista y revendedor. En Allariz había fábricas de curtidos, "y de aquí nació el ramo de los zapateros de esa tierra".

También se traficaba con huesos, pelo, pezuñas y las tripas gordas. Todo ello para piensos.

Las pieles llegaban hasta Porrino y Salamanca. En el centro número uno de los curtidos palentinos, en Villarramiel, no apreciaban las pieles gallegas "por su humedad y por la escasa finura de los que las despellejaban". (Fernando Ramos, Ana María Represa).

Los bueyes iban para el trabajo de las tierras de las llanuras de Castilla y para las tierras llanas de la Limia. Se compraban y vendían para cueros de Allariz, Porrino...

Las vacas iban para recría, para la labranza, para carne o para cuero.

Caballos y yeguas iban para la raía y sobre todo para recría de mulas y machos tan apreciados por "o castelán".

Los asnos, inteligentes a pesar de su mala fama, iban para la raia y para la llanura, para pastores, para llevar el ganado a la feria, la comida a las cabadas, la hierba a bueyes y vacas, el grano al molino. Se utilizaba para la labra de los viñedos por tierras de la Gironda. Por su sentido de la orientación y seguridad por bajadas y subidas por rocas y caminos duros y su astucia en detectar los peligros -lobos y "guardias"- era el animal más apreciado por los contrabandistas.

Todo aquel que llevaba ganado a la feria tenía que sacar la guía. La guía era el D.N.I. del animal. Se extendía en el Ayuntamiento. El papel demostraba quién era el dueño del animal. Si se vendía, tenía que ser dado de baja en el Ayuntamiento.

Quien compraba tenía que sacar "o vendín". O vendín era un justificante que acreditaba la compra-venta. El título se debe al comienzo del acuerdo escrito: ("yo...) vendí..." que el comprador presentaba al vendedor. Un invento más del poder para sacar cuartos. Se decía que se exigía para evitar el contrabando, el robo y la clandestinidad por la raia de León y de Portugal. También se obtenía en el Ayuntamiento. En la Feria Nueva en Puente Linares, al estar separado de toda población, había un puesto de guías y de vendíns. El vendín de una yugada de vacas valía 6 pesos -30 Ptas.-; el de un porco, 2 pesos; el de una oveja, de una cabra o de un cabrito, 1 peso. El vendín de cada animal salía por dos pesos en general.

Años después de la guerra, el precio de un buey estaba entre 100-130 pesos -1 peso es un duro, 5 pesetas-. Una vaca 100 pesos. Un becerro de 30 a 100 pesos. Un porco de ceba de 20 a 70 pesos. Una oveja, medio peso.

Cerrada la compra, se marcaba al animal con las iniciales del nuevo amo si así se pedía.

Y se iba a celebrarlo a la cantina. Allí se cantaba, aturuxábase, se invitaba a los amigos. El vendedor se cuidaba muy mucho. Una mano en el jarro y otra en la faja. Se salía con la sombra por rocas y carballos, o de noche cerrada con haces encendidos, en grupos de cuatro o cinco, cantando y aturuxando. Pero si los ladrones estaban por el tema, ni cantos, ni gritos, ni haces encendidos, ni hatos de hombres... "Era mucha la necesidad". "Si te asaltaban tenías que humillarte".

- Los tratos de bueyes, vacas, caballos, yeguas, mulas, machos y burros, corrían por cuenta de los hombres.

- ¿Entonces, las mujeres no hacían ni remataban tratos?

- ¡Sí, oh! Su especialidad eran los animales de labra y de cría para la casa... ¿Que si compraban y vendían? Ufff... Aquí tuvimos mujeres que ya murieron que eran el cien por cien de los hombres. Había hombres que les uncían a la mujer y se acabó.

- Cuando mi marido estaba fuera, yo fui a vender desde Congostro a Couso. Y porcos. A pie. Y fui a Bande, y a veces a Xinzo.

Pero la especialidad de las mujeres era la compra-venta de ovejas, corderos, cabritos y cerdos. Era y es su especialidad. También vendían huevos, gallinas, conejos, verdura, fruta, castañas, aceite, linaza, maíz, centeno, bellotas, rosquillas, queso, unto, tocino y el jamón, miel, pan o ropa.

A la feria de Xinzo, a la de Puente Linares y a la de Cualedro, quizá las tres centrales, llegaban gentes de Verín y de Oimbra con plantas de berza blanca, pimientos, tomates y cebollas. Los acaparadores de la compra de huevos eran los de Sabucedo, de jamones los de Maside, de castañas los de Rairo, cerca de Celanova... De Orense y de Maside venían con productos de huerta que traían en el coche de línea cuando ya hubo, montaban los trastos en la baca y ellos y ellas también en la baca. También los traían a lomos de animales; los repartían por las ferias en cestos puestos en la cabeza, eran las "rianxeiras, o rianxas". También traían pescado.

Había puestos y tenderetes de todo y para casi todas las necesidades.

Un puesto muy cotizado era el de herrador de caballos, yeguas, mulas, machos y burros. Los bueyes y vacas tenían un lugar a parte, en Xinzo, y con potro. En Bande también tenían potro. Los herradores más célebres eran de Albarellos, cerca de Verín, y los de Faramontaos. También de Muiños y del Barroso portugués. Estos son los últimos que han ejercido hasta el 98. Era todo un espectáculo en el toural de Xinzo. Herrar cuatro patas valía cuatro pesos. Duraba tres meses.

Otro puesto cotizado era el de la venta de herramientas tales como rejas, azadas, azadones, horcas de hierro, hoces, picos, palas... para el trabajo del campo y de las huertas; potes, cuchillos, trébedes, abregancias... para instrumental de cocina, todo de hierro. El herrero más afamado era de Sandias, "siempre andaba en las ferias". En estos puestos, pues eran varios los que se montaban, se encontraban desde narigueras para vacas, a frenos de caballos, cepos para lobos y zorros, cencerros, cuchillos, navajas e instrumental de carpinteros, canteros, y hasta de curtidores o guarnicioneros.

Otro puesto era el de los vendeores de cestos. La variedad era infinita. Cestos para ropa, para el estiércol, para transportar patatas, pan, trigo, maíz, centeno o lino. Cestos para recoger o conservar la fruta o las castañas... Era frecuente que los fabricasen en la misma feria. De todas formas, hacer un cesto para una de las muchas necesidades que llenaban, era un trabajo familiar.

Un puesto importante era el de la venta de ollas. En la tierra, a los alfareros se les llama mejor, oleiros, fabricantes de olas, las ollas castellanas. Los oleiros más cercanos eran los del valle de Maceda: Maceda, Esgos y Niñodaguia, todos ellos muy relacionados por cierto con el gran centro alfarero de Arrabal de Portillo, Valladolid. De mucha fama eran los vendedores que venían de la provincia de Zamora. Llegaban el día anterior en grupos de tres o cuatro y se distribuían por las ferias de la comarca. "Traían todo o campamento: as olas nuns seróns, a comida, a roupa nos animáis que eran mulas case que sempre...". "Siempre venían hombres. Nunca se vieron mujeres". Se cobijaban en posadas o en casas particulares. Traían mantas de Castilla y las vendían a cambio de lana y jamones.

Junto con chalanes y tratantes castellanos dejaron una huella profunda en la comarca de la Limia. En autores como Vicente Risco, la influencia castellana fue visceralmente rechazada. El castellano representaba el hombre de negocios, un hombre de rompe y rasga, basto y avasallador de los valores tradicionales de la hidalguía gallega, cuya sangre corría por el propio Risco. Risco pasaba temporadas en A Pereira, otro lugar importante de feria de ganado de la Limia, como ya se ha citado. O porco de Pe, una sátira violenta, inmortalizó a estos personajes. Risco hacía tiempo que andaba cabreado con la pérdida de su identidad. El mismo temor recorría a Otero Pedrayo.

Pero la visión de Risco no se corresponde con la realidad. Yo mismo he encontrado un gran respeto y aprecio por "o castelán". Suele citarse siempre con admiración. Y la admiración es mutua. En la VII Feria Nacional de Artesanía celebrada en Valladolid en mayo del 99, pude hablar con alfareros de Pereruela, Zamora. Parece que los alfareros de Pereruela no tenían costumbre de adentrarse Padornelo adelante a las tierras de la Limia, pero tenían tratos con gallegos "gente trabajadora, humilde, callada y muy de fiar". Esta opinión la he encontrado también en Arrabal de Portillo, Portillo, Valladolid, que añaden los calificativos de "emprendedores y creativos". En Castilla fueron muy apreciados los segadores gallegos, los tejeros, los canteros o los vendimiadores por la tierra de Toro.

Otro puesto era el de las ventas de productos de cuero para los animales de labranza. Este género era de los más vendidos en las ferias de Castilla, venta que se hacía con frecuencia a la salida de misa. Este fenómeno no se conoce en la Limia. Las mullidas, albardas, correas, sillines, zufras, collerones, colleras, cabezadas, barrigueras... eran productos de venta asegurada.

Otros objetos de ventas eran: muletas para cojos, cintos para herniados, sanguijuelas para médicos -la Limia era una tierra privilegiada de venta; por los terrenos lamosos de la Laguna abundaban a más no dar; se exportaban incluso a Portugal-, hierbas para empreñar, hierbas para enamorar y hierbas para curar todas las enfermedades reales y posibles; no podía faltar la venta de coplas, romances y sucesos que "comprábamos de los ciegos para nuestros hijos pequeños".

Podía haber más o menos ganado, olas, aperos del campo, o cestos, etc. pero nunca faltaba el pulpo, comida obligada, símbolo de poco tener, y elemento de unión y de relaciones. Hoy día ha cambiado todo. Las viejas ferias han muerto. Pero las pulpeiras siguen en sus puestos. Es un elemento del ser gallego como lo es la dulzura, la mansa lluvia, la retranca, la hospitalidad o el lenguaje cadencioso y flexible. Nombres para la Historia serán los Rudesindo o los Pucho de Xinzo.

Por cada puesto había que pagar un impuesto. Un tenderete, 2 pesos; las pulperas, 1 peso, y los puestos pequeños, menos de un peso. El cobro lo arrendaba anualmente el Ayuntamiento. Quien más pujaba quedaba con el negocio. "En los años 60 el arrendamiento se cerraba entre los 8.000 y los 10.000 pesos". "Yo nunca perdía", dice el arrendatario de Cualedro. Grandes arrendatarios eran "El Picholas" de Xinzo que controlaba Xinzo, Cualedro, la Feira Nova, Maceda y hasta Vilar de Vos más allá de Verín. Y el Sr. Fabriciano, discípulo de El Picholas.

La misión del arrendatario era vigilar las ventas, cobrar los impuestos y controlar los "puertos", es decir, las entradas y salidas del término del Ayuntamiento, de modo especial aquellos que tenían una geografía accidentada como Cualedro, Couso o Bande.

- A xente pagaba ben. O pior foi cando chegaron esos mouros e xudeus que non querían pagar e tinas que chamar á Garda Civil.

- Eu tina controlados os postos. As veces cruzábanse. As máis perigosas eran as vendedoras de verzas de Verín. Sempre levaba catro ou cinco persoas non conocidas que supervisaban o movemento.

En las ferias se comía el pulpo obligado, con vino de Monterrey o de la Gironda. También se comían sardinas, carne a la brasa que se hacía en los puestos de las ferias, y callos y garbanzos en las posadas y casas de comidas. En Xinzo había gran cantidad de posadas y casas de comidas. En Cualero había 18. En la Feria Nueva en Ponte Linares era famosa la casa de comidas del Tío Juan que era de Congostro. El pulpo y la carne a la brasa se comían bajo toldos preparados. Se conversaba y se recordaba el pasado, la ida o la vuelta de emigrantes ilustres o de escasa suerte o paradero desconocido. Cuentos, sucesos y leyendas, viejas amistades, "retroucos" y retranca... iban, venían, pasaban, se diluían... y dejaban un agridulce sabor hasta la próxima feria. Las ferias creaban y mantenían el entramado de cultura y profundos sentires del pueblo que unía el pasado y el presente permanentemente resucitados y renovados.

En las ferias se comía entre amigos, vecinos y conocidos.

En el día de feria se vestía como en el día de fiesta. Hombres y mujeres y de modo especial las jóvenes, lucían los mejores pañuelos, vestidos y calzado, si llegaba para tanto.

En todas las ferias se paseaba por la tarde... "Era o memento millor da mocidade". Y cuando anochecía se volvía en grupos o en parejas. Las ferias de mayo eran fecundas en relaciones de futuro. "Quen non atopa noivo en maio, non atopa en todo o ano", decían en Xinzo. Si hablasen las arboledas, las alamedas, las corredoiras y los caminos de Bande...

Los señoritos paseaban la feria montados en su caballo. Eso fue hace tiempo.

- ¿Había robos en las ferias? - Había. ¡Los hay hasta en la catedral de Santiago! Atracos los tenemos aún hoy día, dios me libre. Los atracadores más célebres eran de Verín. Un grupo. Los carteristas de más fama andaban por Xinzo. También se jugaba al dado en tres botes y al juego de las tres cartas. Al público le quitaban hasta el chaleco. Miraban unos por otros y siempre había quien les echaba una mano, las mujeres de los artistas.

- ¿Había camorristas?

- ¿Camorristas?... ¡Camorristas los de Ribeiro! Siempre andaban con el palo en la mano. Para provocar una pelea no les hacía falta nada. Pero eran respondidos. Mas en las ferias éramos gente pacífica.

Al día siguiente de la feria se limpiaba el "toural". Se recogía el estiércol para las huertas -Bande- o se subastaba entre los vecinos -Cualedro-.

Hoy día se ha agotado la feria tradicional. La nueva maquinaria, los supermercados de ciudades y villas del campo, la irreversible desaparición de viejas artesanías, la facilidad de los medios de transporte para las relaciones sociales... han enterrado todo un mundo de trasiego de personas, animales y objetos, leyendas, costumbres y tradiciones, y todo un rico núcleo del lenguaje del pueblo que hizo el idioma y lo mantuvo.

Este último dato es fundamental en el proceso de transformaciones irreversibles que está soportando el idioma en toda Galicia. El núcleo esencial de la lengua galega hacía referencia a una sabia, profunda y dilatada vida del hombre con la Naturaleza, mucho más allá del amplio trabajo del campo.

Un centro emblemático de entender la vida de los gallegos fue siempre la Feria. "Y las que hoy tenemos no son ni sombra de las que fueron". "To do muere, rapaz. Y yo no me reconozco en el mundo de mis nietos".

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INFORMADORES

- Sra. Remedios, Sr. Manuel, Sr. José: de Congostro.

- Juan Paz, maestro jubilado, de Xinzo.

- O Pucho, pulpeiro, de Xinzo.

- Elixio Rodríguez, capitán de aviación en la guerra civil, exiliado en México, de Bande.

- Sr. Pepe, regente de un matadero, fonda y casa de comidas, de Cualedro.

- Sr. Frabriciano, cobrador de impuestos, de Cualedro.

- Sr. Delfín, transportista e intermediario, Couso de Limia.

Todos, menos José Carrera, O Pucho, están entre los 65 y los 90 años. Y fueron entrevistados de abril a agosto del 99.