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LAS COFRADIAS EN TORDESILLAS EN EL SIGLO XVIII

GARCIA MARTIN, Enrique

Publicado en el año 1999 en la Revista de Folklore número 228.

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ORIGEN Y EVOLUCIÓN DE LAS COFRADÍAS

1.- Concepto de Cofradía Se han dado muchas definiciones de cofradía, identificándose a veces con el de Hermandades. La definición más general es "asociación de seglares con fines religiosos" (1). Javier Escalera Reyes insiste en el carácter "laico" de las cofradías en Andalucía, cuyos fines están relacionados con el culto a determinadas imágenes o advocaciones (2).

La definición que nos parece más completa es la de José Sánchez Herrero: "Entendemos por cofradía a la asociación de personas, hombres y mujeres, pertenecientes o no a una misma profesión, gremio o estamento social, en número mayor o menor, aunque generalmente limitado que se unen por diferentes causas o fines... bajo la advocación o culto a un santo patrón o protector, y con una organización más o menos amplia y determinada, no necesariamente con estatutos con o sin la aprobación o visto bueno real o episcopal" (3).

Como se ve en estas definiciones, los dos puntos en común son el carácter de personas laicas y unidos a determinadas advocaciones o santos.

2.- Evolución histórica

Las cofradías tuvieron su origen en la Edad Media. La primera celebración tuvo lugar en España durante la fiesta del Corpus en Valencia en el año 1535 como celebración eucarística en forma de procesión a la que siguieron otras de fundaciones de iglesias o conventos, canonizaciones o nombramientos de reyes u obispos (4).

Con la llegada del Renacimiento, debido a la diferente concepción de la fe entre religiosidad popular y la oficial de la Iglesia, el pueblo con su ansia de salvación se pregunta el por qué de los "castigos divinos" en forma de catástrofes y epidemias y, sobre todo, lo más característico de la mentalidad del llamado "Antiguo Régimen": el más allá de la muerte (5).

Puede decirse, sin lugar a dudas, que esta última cuestión era la protagonista de toda la vida religiosa que también suponía una clara diferenciación social. En efecto, los más ricos podían estar tranquilos ante el más allá, pues con su riqueza aseguraban el descanso eterno a través de donaciones a iglesias y monasterios y con sus testamentos aseguraban su salvación (6).

Sin embargo, los pobres no tenían esas posibilidades. Por eso tienen que acogerse a entierros comunes en sus Parroquias y, de este modo, surgirán las cofradías sacramentales en la esperanza y seguridad de que alguien rezará por ellos tras su fallecimiento (7). Así pues, éste será el origen de las cofradías sacramentales que, al igual que los gremios, surgirán como necesidad de defensa solidaria, a pesar de la oposición del clero y clases privilegiadas (8).

La reforma protestante ridiculizó la religiosidad de las cofradías al afirmar la justificación de la fe independientemente de las obras: la salvación sólo depende de Dios. Así se prohibía todo culto que no fuera el "solus Deus". Por el contrario, el Concilio de Trento dio su apoyo a las cofradías como medio de estimular la vida religiosa. Sin embargo, al reconocer el Concilio el poder del Papa sobre toda la Iglesia, las cofradías tuvieron que ser necesariamente sometidas a su aprobación (9). Por ello, dejaron de tener su carácter popular frente a la Jerarquía. Su íntima unión al Papa y al clero provocó que fueran cada vez más numerosas y con más poder gracias a los privilegios e indulgencias hasta el extremo que las donaciones a monasterios fueron sustituidas por donaciones a las cofradías. Las clases privilegiadas fueron acaparando en ellas los principales puestos erigiendo iglesias y ermitas en honor de ellas, con la potestad de ser enterrados en estos templos. De esta suerte los miembros de las cofradías se encargarían de encomendar perpetuamente sus almas a Dios.

Desde el siglo XVII la vida de las cofradías experimentó mutaciones, que hicieron de ellas organismos un tanto misteriosos y complejos. No debe olvidarse la situación creada en Francia con motivo de las Guerras de Religión. La Iglesia estuvo involucrada en una serie de intenciones que podemos resumir así:

a) Propagar las excelencias de la religión católica fortalecida tras la Contrarreforma.

b) Convertir a los Protestantes (10).

c) Proclamar el esplendor de las monarquías absolutas y de los capitalistas enriquecidos.

Este espíritu perdura hasta bien entrado el siglo XVIII. Su acción se propaga a toda Europa, llegando a América.

Así pues, toda la grandilocuencia del Barroco fue motivada como reacción a la postura protestante de negar el valor de la imagen cristiana como medio de acercarse a Dios aunque Lutero no negara su representación iconográfica. Zuinglio y Calvino fueron más tajantes (11).

Trento fue el más firme valladar contra la Reforma. Defendió el culto a la imagen imponiendo el honor debido a las imágenes de Cristo, la Virgen y los Santos, las cuales se deberían emplear como medio catequístico y doctrinal a la vez que instaba a la abolición de la superstición en el culto a las mismas.

Evolucionan las cofradías durante el siglo XVII. Qué fueran las cofradías en este período queda recogido en una definición que proporciona Sánchez Herrero: "una sociedad de hombres en la que pueden estar presentes las mujeres como hermanos de segunda clase, abierta numéricamente, abierta socialmente, aunque predominando los grupos del común de gente sencilla, trabajadora y popular en muchas de ellas, mientras que en otras predomina la burguesía, gente importante y nobleza, con estatutos aprobados por la jerarquía eclesiástica, que venerando y contemplando el misterio de la Pasión y Muerte del Hijo del Dios, Jesucristo, al que se asocia su Santísima Madre, María, le rinden culto por medio de una salida procesional festiva, solemne y triunfal, en la que se tienen en cuenta casi exclusivamente los aspectos externos y formales, tanto en sus imágenes y aderezos como en los cofrades, quienes aunque continúan con la disciplina, muchos lo hacen más por afán de llamar la atención que por una exigencia interior de imitación del dolor de Cristo y sincera penitencia" (12).

El período de la Ilustración impone, como el Renacimiento, un fondo humanista para la sociedad. Para sus promotores se trataba de una nueva situación: una salida de las tinieblas a la luz y una toma de conciencia de que el hombre es adulto sirviéndose solamente de la razón. Debido a ello, se critica a todo lo pasado: leyes, religión... que tuvo su culminación en la Enciclopedia de Diderot.

A pesar de sus críticas a la religión, tachándola de milagrera y supersticiosa, dentro de la Iglesia hubo una Ilustración cristiana que se caracterizó por:

a) Depuración de formas y ritos.

b) Intento de reforma de lo tradicional, lo que hará, como veremos, que las cofradías estén en trance de extinción.

c) racionalismo frío: el pietismo.

Por todas estas causas, las cofradías recibieron serios ataques por parte del racionalismo, que veía en ellas una forma de rutina y fanatismo. Pero, asimismo, fueron censuradas por la misma Iglesia, ya que la actividad solía tener una finalidad más aparente que festiva (13).

Las cofradías prácticamente desaparecieron. Hoy día quedan como una manifestación de tipo cultural y sentimental más que como una manifestación de fe (14).

TIPOLOGÍA DE LAS COFRADIAS DE TORDESILLAS

Fundamentándonos en la distinción que Teófanes Egido hace para las cofradías de Valladolid (15), distinguimos en Tordesillas, aparte de las cofradías penitenciales, los siguientes tipos de cofradías.

1.- Sacramentales y de ánimas

Su finalidad consistía en garantizar el entierro a los menos dotados económicamente. En efecto, ya se ha hablado de lo que suponía el hecho de la muerte en la mentalidad de estos siglos y cómo los más dotados económicamente no dudaban en emplear su riqueza para garantizar el más-allá (16).

Debido a esto, se puede comprender el carácter eminentemente caritativo-social de estas cofradías al ser asociaciones de personas no nobles ni con excesiva riqueza que rezan por aquellos que son de su misma condición social y que no tenían a nadie que lo hiciera.

En Tordesillas tenemos constancia de las existentes en las iglesias de San Pedro y Santa María (17). Celebraban solemnemente la fiesta de ánimas el 1 de Noviembre con Vísperas, Misa y Procesión seguidas del tradicional almuerzo.

Como es evidente, gran solemnidad revestían los entierros de los cofrades. A ellos debían de asistir todos los cofrades con hachas y candelas encendidas siendo penados los que no asistían con multas de cera.

2.- Asistenciales

Este tipo de cofradías fue la consecuencia de una de las mayores plagas de estos siglos: los pobres y la pobreza. Esta preocupación fue casi obsesiva en aquella sociedad en que los pobres eran temidos por el peligro revolucionario que suponía su situación y, sobre todo, el temor a contagios y epidemias (18). Debido a esto, surgen estas cofradías para albergar a los pobres en sus hospitales y, por razones de higiene, aislarlos del resto de la ciudad al mismo tiempo que garantizar las oraciones de éstos al llegar al Reino de los Cielos por todos los que les habían asistido en la tierra (19).

En Tordesillas eran tres los hospitales que regentaban las cofradías asistenciales. El Hospital de Peregrinos era sustentado por la cofradía fundada por el Arcipreste Juan González el año 1499. El Hospital de Mater Dei fue fundado por su correspondiente cofradía cuyos miembros, alguna vez, como lo sucedido en el año 1482, protagonizaron algún escándalo al robar la comida del Hospital (20). La tercera cofradía asistencial era la de Nuestra Señora de la Misericordia, semejante en sus constituciones a su homónima de Valladolid (21). Atendía el Hospital que lleva su nombre que tuvo que pasar por grandes penurias económicas (22).

3.- Cofradías gremiales

En aquella sociedad totalmente sacralizada el aspecto religioso estaba íntimamente unido a la acción social. "Un gremio no se crea únicamente como funciones laborales y con vistas al taller, sino que se fundamenta y organiza teniendo en cuenta las necesidades sociales y religiosas de la ciudad" (23).

Así pues no se puede separar la cofradía de su gremio correspondiente al ser el símbolo de su unidad el Santo Patrón que tenía algo que ver con la profesión de los componentes de dicho gremio. El 31 de Diciembre del año 1730 hay constancia de 19 gremios en Tordesillas (24). Estos tenían su correspondiente cofradía. De ellas se conocen las siguientes:

GREMIO COFRADIA

Barberos y sangradores S. Cosme y Damiá
Zapateros S. Crispín y San Crispiniano
Sastres S. Antonio de Padua
Labradores S. Isidro
Carpinteros S. José
Sombrereros S. Juan
Pastores Santiago

La celebración de la fiesta se hacía con gran solemnidad mezclándose los ritos religiosos y los profanos. De estas fiestas destacaba por su solemnidad la fiesta de San Isidro.

4.- Devocionales

Este tipo de cofradías tenía su actividad principal en el culto a una imagen demandando muchas veces su protección. Generalmente eran las cofradías que mejor ayudaban a resolver los problemas que la sociedad era incapaz de afrontar (sequías, peste) mediante las rogativas y, cuando éstas conseguían su efecto, acciones de gracias. Imágenes como la Virgen de las Angustias o Virgen de la Guía ofrecen abundantes datos de este tipo de culto (25).

Sin embargo, es la cofradía de la Virgen de la Peña, patrona de la villa, la que va a protagonizar el mayor número de rogativas: tres por la sequía (1718, 1753,1764), por la peste (1720), por la elección del Papa (1769) y una acción de gracias (1741). La festividad se celebraba con gran solemnidad el mes de agosto; Misa, Sermón y Procesión se acompañaban de fuegos artificiales y corridas de toros con gran alegría y regocijo por parte de la población.

LAS COFRADÍAS PENITENCIALES

Estas cofradías, debido a su aceptación popular y a su incidencia cultural, fueron las más importantes y las protagonistas fundamentales de toda la vida de la villa durante la Semana Santa.

Fueron tres las penitenciales de Tordesillas durante el siglo XVIII. La más antigua es la cofradía de las Angustias cuya regla fue aprobada el año 1583. La Vera Cruz pudo ser fundación de los franciscanos hacia el año 1603 (26). La tercera es la cofradía del Santo Sepulcro, documentada desde el año 1656 al 1785 (27).

La celebración de la Semana Santa

La finalidad principal de estas cofradías era revivir la pasión de Cristo mediante las celebraciones procesionales y, al mismo tiempo, hacer que el pueblo la viviera con la misma intensidad. En una sociedad totalmente sacralizada podemos fácilmente hacernos la idea de lo que eran las calles de Tordesillas durante la Semana Santa. Las calles se cubrían de arena y las ventanas se llenaban de tiestos para ver desfilar a los cofrades portando los pasos. Los cofrades de luz y sobre todo los disciplinantes ofrecían una nota de patetismo y penitencia que conmovía a los presentes.

Sin embargo, no siempre las procesiones se caracterizaban por este espíritu de penitencia. En efecto, el año 1756 el Obispo Isidro de Cosío y Bustamante ordena bajo pena de excomunión "latae sententiae" que no se hicieran gastos de comida ni bebida en las procesiones y, en caso de hacer un refresco, éste debía de ser "moderado y nunca de modo que con él pueda quebrantar el precepto en los días que fuesen de aiuno prohibiendo igualmente lo que hasta aquí ha practicado darse de algunos años a esta parte con motivo de las colaciones en la Semana Santa y otros días de la quaresma" (28).

La procesión de la cofradía de la Vera Cruz se celebraba el Jueves Santo con asistencia de la cofradía de las Angustias. Tras la invitación por parte del muñidor de la cofradía al Alcalde de la villa, se celebraba el sermón y posteriormente la procesión acompañada por trompetas y cantos. Esta comenzaba a las 8 de la noche en la Parroquia de San Pedro debiendo estar todos los cofrades preparados (29). Posteriormente el desfile procesional se celebraba con cantos que entonaban los sacerdotes acompañados por un coro (30). Todos los cofrades tenían que haberse confesado antes (31) y los disciplinantes hacían su penitencia con la intención de aplacar a Dios "que por nuestros pecados nos quisiere castigar lo qual sea servido de no lo hazer ansi con peste como con hambre o guerra contra infieles en esta dha villa" (32).

Después de la procesión se pagaba con un refresco de pan, vino y queso a los que habían trasladado los pasos y se daba una propina a los que habían tocado las trompetas y colocado los bancos en la iglesia así como a los que habían acompañado a cantar a los sacerdotes.

La procesión de la cofradía de las Angustias se celebraba el Viernes Santo con asistencia de la Vera Cruz. Previamente se había trasladado la imagen de la Virgen desde su ermita hasta la iglesia de Santa María donde se iniciaba el desfile procesional.

Organización

La Junta Directiva de la cofradía de la Vera Cruz estaba compuesta por 8 Mayordomos entre los cofrades de luz y disciplina. Estos eran elegidos a votación la víspera de la fiesta de la Cruz. El mayordomo de disciplina debía de poseer los ornamentos mientras que el de disciplina estaba a cargo del dinero (33).

No siempre éstos cumplieron bien sus funciones. En la visita del año 1762 el Obispo advierte que no se habían dado a conocer las cuentas y amenaza con la suspensión del empleo del responsable y excomunión "latae sententiae" (34).

Aparte de estos mayordomos, también formaban parte del Cabildo los "Mayordomos viejos". Estos eran los que ya habían servido como mayordomos durante un año (35).

Además de estas obligaciones, conocemos el resto de funciones de los Mayordomos de las cofradías de la Vera Cruz y Angustias (36). Las obligaciones de los de la Vera Cruz eran:

- Asistir a las procesiones del Corpus, San Roque y otras "si han sido convidados por el ilustre ayuntamiento". En la del Corpus debían de estar en la Parroquia de San Pedro llevando el estandarte grande y en la de San Roque con el mismo estandarte en la de Santa María.

- El lunes santo dar a los muñidores un paño para limpiar los pasos.

- El miércoles santo personarse a las diez menos cuarto en la Plaza "con trage decente" para el traslado del Cristo desde la ermita hasta San Pedro.

- El jueves santo convidar al Alcalde al sermón y a la procesión.

- Asistir a todos los sermones y procesiones el viernes y sábado santo.

- El lunes de Pascua asistir a Santa María para "bajar la Virgen".

- Asistencia a los entierros de cofrades difuntos.

- Inspeccionar la ermita en los primeros 6 meses

- Buscar los niños que han de pedir el miércoles, jueves y sábado santo.

- Recoger la cera del Cristo.

- Encargar los sermones.

- Pagar los sermones, el clero y sacristán.

Por su parte, los de las Angustias, tenían las siguientes obligaciones:

- El miércoles santo entregar 2 velas a la ermitaña para alumbrar a la Virgen desde que se coloca en las andas.

- El jueves santo asistir a la función de la cofradía de la Vera Cruz.

- El sábado santo llevar las efigies a sus ermitas.

- El domingo de Pascua asistir a tinieblas y ocupar el banco delante de la Virgen para recoger la cera.

- Pagar tres reales a los que habían tocado el tambor.

Otro oficio que tenían ambas cofradías era el Muñidor. En la cofradía de la Vera Cruz están especificadas sus funciones (37):

- Llevar las varas y las insignias a las personas designadas como mayordomos.

- Hacer el inventario de los bienes de la cofradía.

- Cobrar los 4 reales que se cobraban por el alquiler del ataúd, especificando que, en caso de no hacerlo, se le descontaría de su salario,

- Armar y desarmar los pasos en la Semana Santa.

- Recoger las hachas de los entierros.

En cuanto a los cofrades, la regla de la Vera Cruz manifiesta como obligaciones el pagar las cuotas correspondientes, asistir a procesiones y actos de culto así como a los entierros de los cofrades difuntos.

Religiosidad popular

A parte de las celebraciones de Semana Santa, los actos de religiosidad popular eran acontecimientos muy importantes en la vida de las cofradías. En efecto, como se ha dicho más arriba, ante la impotencia por algún fenómeno natural desagradable, lo propio era acudir a las rogativas para conmover a la divinidad y que aplacara su castigo. A lo largo del siglo XVIII la cofradía de las Angustias participa en dos rogativas. El 1 de mayo del año 1770 se realiza una procesión con la imagen de la Virgen desde la iglesia de Santa María a la ermita por causa de la sequía (38). De forma similar se realiza otra el 24 de abril de 1775 debido a la mala cosecha (39).

Acontecimiento importante en cuanto a religiosidad popular era la celebración de la fiesta de la cofradía. La cofradía de la Vera Cruz la celebraba el día de la cruz de mayo. En la tarde anterior tenía lugar el nombramiento de los Mayordomos en unas Vísperas solemnes (40). La fiesta se celebraba con Misa y Sermón que previamente debían de haber sido anunciados por el muñidor a lo largo de todas las calles con una campanilla (41). Posteriormente se celebraba la procesión a la que asistía la cofradía de las Angustias. Esta se dirigía a las casas de los recién nombrados Mayordomos para entregarlas las varas (42). El itinerario era desde la iglesia de San Pedro por el Hospital de Mater Dei y Plaza hasta el Humilladero. El regreso se hacía por la Plaza y calle de Abajo hasta San Pedro (43). A lo largo de todo este itinerario un Mayordomo de luz llevaba el estandarte delantero mientras los Mayordomos Viejos y dos diputados llevaban los sostenes y las borlas (44).

Además de la procesión y la fiesta la cofradía de la Vera Cruz asistía a las procesiones del Corpus y San Roque según se vio en las obligaciones de los Mayordomos, aunque alguna vez, como en el año 1756 se denunció a la cofradía por no asistir a la procesión de San Roque (45).

Durante el resto del año, los primeros domingos de mes la cofradía celebraba en su altar de la iglesia de San Pedro una Misa cantada con Diácono y responso, también cantado, al final (46).

Celebración de la muerte

Ya se vio cómo la muerte y el más-allá eran temas transcendentales en aquella sociedad y la importancia que debido a ello adquirieron las cofradías de ánimas. Sin embargo, no solamente eran éstas las que "celebraban" la muerte sino que lo hacían todas las asociaciones piadosas y, por lo tanto, también las cofradías penitenciales.

La cofradía de la Vera Cruz hacía una ofrenda de 14 panes a los hermanos cofrades difuntos.

Cuando un cofrade fallecía, todos los miembros de la cofradía tenían que asistir al entierro con 12 hachas de cera salvo que el difunto tuviera menos de 12 años, en cuyo caso, solamente llevaban 2 hachas (47). El entierro consistía en una solemne procesión en la cual los Mayordomos llevaban el "Cristo de los entierros" que se encontraba en el coro de la iglesia (48), restaurado el año 1745 por Felipe Espinabete (49), juntamente con las insignias de la cofradía a la casa del difunto (50).

Asistencia social

La asistencia social no solamente era patrimonio de las cofradías asistenciales. Este es un capítulo muy importante del que no se puede prescindir tampoco en nuestras cofradías. La ayuda mutua entre los cofrades significaba el valor evangélico de la caridad fraterna entre los hermanos. Así, la regla de la Vera Cruz manifiesta la obligación de ayudar económicamente a los cofrades necesitados (51), al mismo tiempo que afirma el que se nombren cofrades "de vela" para velar a los enfermos (52).

Sin embargo es la cofradía de las Angustias la que manifiesta una más clara labor de tipo social no solamente entre sus miembros sino hacia afuera. Muy importante fue en este sentido la casa y hospital que dedicó al cuidado y atención de niños tiñosos.

Economía

Las fuentes de ingresos de las cofradías generalmente se debían a las cuotas y limosnas de los cofrades aunque alguna vez se manifiesta la escasez de éstas últimas. Así ocurrió el año 1740 en que la cofradía se queja de los pocos recursos para reconstruir la ermita tras el desbordamiento del Duero (53).

La regla de la Vera Cruz especifica las cuotas que los cofrades pagaban (54). Estas eran las siguientes:

- Cofrades de disciplina: 4,5 reales.

- Cofrades de luz: 2 ducados.

- Mujeres de cofrades: 6 reales.

- Hijos de cofrades: media entrada (55).

Otros ingresos extraordinarios venían por vía de censos, multas a los cofrades que incurrían en alguna pena, alquiler de ataúd para los entierros y las peticiones que se hacían durante los actos de la Semana Santa.

Los gastos se debían fundamentalmente a las celebraciones de culto (pago a sacerdotes, cantores, muñidor...) y a los refrescos que venían posteriormente como ya se ha puesto de manifiesto. Los gastos extraordinarios eran por causa de reparos en las ermitas o en las obras artísticas así como a los pagos por la fabricación de nuevos pasos.

Arte

Para el desarrollo de sus objetivos todas las cofradías y especialmente las penitenciales, tuvieron edificios para el culto (ermitas), imágenes (escultura y pintura) y objetos litúrgicos (platería).

Tanto la Vera Cruz como las Angustias tuvieron su correspondiente ermita. La de las Angustias fue construida en el siglo XVI de la cual hay publicado un catálogo bastante completo (56). La ermita de la Vera Cruz responde a la denominación de Cristo de las Batallas (57), esta fue reparada el año 1740 por Nicolás de Rueda, "maestro de obras", al que se le abonan 55 reales (58); posteriormente, el año siguiente, se pagan 9 maravedíes a José Gante e Isidro por componer las puertas y una vidriera (59).

Sin embargo, es la escultura el capítulo más importante, pues la cofradía se sirve de la imagen de escultura al ser más sensible a la adoración popular ya que es un arte procesional. Las cofradías de Tordesillas quisieron ser semejantes en cuanto a obras escultóricas a las de Valladolid sobre todo en sus pasos (60). Así, escultores importantes como el palentino Adrián Alvarez o el local Felipe Espinabete intervinieron en las esculturas de las cofradías.

Aparte de su intervención en los pasos, Felipe Espinabete compondrá el Cristo de los Entierros de la Vera Cruz y algunas piezas de su retablo el año 1745 (61).

En este campo de la escultura, mención especialísima merecen los pasos procesionales. Paso significa Pasión. El paso puso en escena en la calle lo que los retablos ofrecían sólo en forma de relieve.

La fama de los pasos de Valladolid hizo que los de Tordesillas fuesen fabricados imitando sus figuras y composiciones. Estos se transportaban a hombros sobre grandes andas preparadas por los muñidores como ya se vio; con el movimiento y a la luz de las velas las escenas representadas parecían cobrar vida, lo que aumentaba el realismo de las figuras: mientras Cristo era una persona dulce y mansa, los sayones muestran expresión de gentes perversas, muestra de ello son los que azotan a Cristo del paso del azotamiento, que moverán al desprecio de los asistentes a la procesión.

Los pasos del siglo XVIII eran los siguientes:

a) Cofradía de las Angustias:

- La Piedad. Concertada el año 1589 con Adrián Alvarez el 20 de agosto de 1589 (62). En el siglo XVIII, fielmente al espíritu barroco, se le añadieron lágrimas de cristal. Para Jesús Urrea es una pieza correcta sin excesiva calidad (63). Presenta muchos repintes.

- Cristo del Perdón. Obra de la segunda mitad del siglo XVIII repite el mismo modelo de la pieza de Bernardo del Rincón de la cofradía de la Pasión de Valladolid. De rodillas, con los brazos abiertos, mira al cielo. Ha sido restaurado recientemente por Mercedes Resines.

b) Cofradía de la Vera Cruz:

- La oración del huerto. Se trata de una composición que imita al conjunto de la cofradía de la Vera Cruz de Valladolid original de Andrés de Solanes. En el año 1770 se le pagan al "tablista y dorador" Tomás Carro, 407 reales por componer las figuras: "el Ángel y Christo orando en el huerto, este de paños naturales, manto azul y túnica morada, encañar rostro, manos y pies a pulimento, el cavello y barbas y el peñasco en que se mantiene como corresponde y Ángel también encarnados las manos, rostros y pies a pulimento, dorar las orillas de la túnica, cáliz y cruz y lo demás correspondiente, pintando la túnica, echando todas las piezas y dedos que a una y otra efixie faltaban" (64).

- El azotamiento. Fue realizado por Felipe Espinabete el año 1776 al precio de 3.300 reales. Para Jesús Urrea la figura de Cristo es la de más calidad aunque quiere imitar el de la Vera Cruz de Valladolid obra de Gregorio Fernández. Los sayones, según lo manifestado más arriba, ofrecen asimismo una interesante iconografía, sus apodos lo dicen todo: aceitunero, pimentero y calvo (65).

- Jesús Nazareno. Contratado por Felipe Espinabete el año 1768 por 1.000 reales. Consta de la figura de Jesús Nazareno y el Cirineo que le ayuda a llevar la cruz. La talla de Jesús Nazareno, al igual que su correspondiente de Valladolid, era vestida. El inventario de 1860 afirma que tenía un vestido de terciopelo morado y una corona de plata (66). El año 1770 tenemos alguna noticia del traslado de este paso a la iglesia desde el taller del escultor. Así, sabemos que se pagaron 20 reales al oficial que "acompañó al mro. que hizo el passo nuevo por quattro días", y 98 maravedíes a los "cuatro mozos y siete mulas que con dos carros conducieron el nuevo passo desde la ciudad de Valld. a esta villa" así como "una cántara de vino con q se regaló al mro. y oficiales" (67).

Un complemento importantísimo en la escultura procesional fueron los aderezos: En este sentido tuvieron un gran papel las obras de plata; coronas tuvieron la Piedad, Jesús Nazareno y el Cristo de las Batallas. Valiosas, asimismo fueron las obras de plata que llevaban los estandartes. De éstas tenemos el año 1763 la noticia de que se pagan 13 reales al platero Leonardo Mayoral por componer la cruz de plata del estandarte (68).

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NOTAS

(1) MANDIANES CASTRO, Manuel: "Caracterización de la religiosidad popular". Congreso de Religiosidad Popular, I, Sevilla, 1989, p. 46.

(2) ESCALERA REYES, Javier: "Hermandades, religión oficial y poder en Andalucía", Congreso de Religiosidad Popular, III, Sevilla, 1989, p. 459.

(3) SANCHEZ HERRERO, José: Las cofradías de Sevilla, Sevilla, 1985, p. 10.

(4) ANDRES MATÍAS, Juan José: Semana Santa en Salamanca, Salamanca, 1986, p. 18.

(5) EGIDO, Teófanes: "La religiosidad colectiva de los vallisoletanos", Historia de Valladolid, V, p. 234.

(6) GARCIA FERNANDEZ, Máximo: "Vida y muerte en Valladolid. Un estudio de la religiosidad popular y mentalidad colectiva: los testamentos", Congreso de Religiosidad Popular, II, Sevilla, 1989, pp. 205-224.

(7) EGIDO, Teófanes: Op. cit.

(8) EGIDO, Teófanes: "Religiosidad Popular y asistencia social: las cofradías marianas en Valladolid en el siglo XVI", Revista de Estudios Marianos, 1980, p. 185.

(9) LORTZ: Historia de la Iglesia, Madrid, 1982, II, p. 215.

(10) WEISBACH, W.: El barroco, arte de la Contrarreforma, citado por Francisco Javier Martínez Medina: Cultura religiosa en la Granada Renacentista y Barroca. Estudio tecnológico, Granada, 1989, p. 249.

(11) Ibid., p. 252.

(12) SANCHEZ HERRERO, José: "Las cofradías de la Semana Santa en la modernidad". Congreso de Cofradías de Semana Santa, Zamora, 1987, p. 63.

(13) BUSTAMANTE, A. H. P.: Informe sobre la situación de las cofradías en Valladolid, Diputación, Legajo, 31, 32, n.° 27.

(14) ESTRADA, Juan A.: La transformación de la religiosidad popular. Salamanca, 1986.

(15) EGIDO, Teófanes; "Religiosidad popular y asistencia social en Valladolid. Las cofradías marianas en el siglo XVI", Rev. Estudios Marianos, n.° 45, p. 198.

(16) GARCIA FERNANDEZ, Máximo: "Vida y muerte en Valladolid. Un estudio de religiosidad popular y mentalidad colectiva.

Los testamentos", Congreso de Religiosidad Colectiva, Barcelona, 1989, Tomo II, pp. 205-274.

(17) A.G.D. Libros de las parroquias de Tordesillas.

(18) EGIDO, Teófanes: Pobreza y sociedad en España: Siglos XV-XV111, Institut Universitaire Europeen, Florencia, 1980, pp. 59-71.

(19) BENASSAR, B.: Valladolid en el Siglo de Oro, Ayuntamiento de Valladolid, Valladolid, 1986, p. 408.

(20) FERNANDEZ TORRES, Eleuterio: Historia de Tordesillas, 1905, pp. 107-112.

(21) GARCIA MARTIN, Enrique: Las cofradías y el arte de Valladolid. Siglos XVI-XVJII, Tesis Doctoral inédita.

(22) PARRADO, J. M. y ARA, J.: Catálogo Monumental del Antiguo Partido Judicial de Tordesillas, Diputación de Valladolid, Valladolid, 1980, p. 147.

(23) GARCIA FERNANDEZ, Máximo: "Los gremios", Cuadernos vallisoletanos, n.° 26, Caja de Ahorros Popular, Valladolid, 1987, p. 11.

(24) LÓPEZ GARAÑEDA, Jesús: Crónica de Tordesillas., Diputación de Valladolid, Valladolid, 1992, p. 67.

(25) LÓPEZ GARAÑEDA, J.: Op. cit.

(26) URREA FERNANDEZ, Jesús: "La Semana Santa", Cuadernos vallisoletanos, n.° 24, Caja de Ahorros Popular, Valladolid, 1987, p. 22.

(27) Ibid., p. 24.

(28) A.G.D. Libro de acuerdos y cuentas de la cofradía de la Vera Cruz, folio 140.

(29) Ibid., folio 38: "que estuviese la cruz parrochial fuera de la puerta della en la calle y que estén los mayordomos, diputados y oficiales de ambas cofradías conservando la hermandad que tienen para las siete y media. Y que ningún mayordomo ni diputado admita a los conductores de las achas ya sean hombres, mugeres o niños antes ni después de la procesión a darles ni les den comida ni bebida alguna".

(30) Ibid., folio 14.

(31) Regla de la cofradía de la Vera Cruz, Capítulo 11.

(32) Regla, Capítulo 12.

(33) Regla, Capítulo 27.

(34) A.G.D. Libro de la cofradía de la Vera Cruz, folio 188.

(35) Regla, Capítulo 29.

(36) A.G.D. Manuscrito en el libro de la cofradía de la Vera Cruz.

(37) A.G.D. Libro de la cofradía de la Vera Cruz, folios 116 y 7.

117.

(38) LÓPEZ GARAÑEDA: Op. cit., p. 11.

(39) Ibid., p. 117.

(40) A.G.D. Libro de la cofradía de la Vera Cruz, folio 14.

(41) Regla, Capítulo 3.

(42) A.G.D. Libro de la cofradía de la Vera Cruz, folio 57: "con acompañamiento de la ilustre cofradía de nuestra S.a de las Angustias cuia hermandad profesan, y acompañamiento de otras personas eclesiásticas y seculares, se llevaron las varas a entregar a los nominados a sus propias casas quienes las recivieron y dieron gracias".

(43) Regla, Capítulo 4.

(44) Ibid.

(45) A.G.D. Libro de la cofradía de la Vera Cruz, folio 115.

(46) Regla, Capítulo 6.

(47) A.G.D. Libro de la Cofradía, folio 115.

(48) Ibid., folio 122.

(49) Ibid., folio 69.

(50) Regla, Capítulo 16.

(51) Ibid., Capítulo 12.

(52) Ibid., Capítulo 15.

(53) A.G.D. Libro de la cofradía de la Vera Cruz, folio 28.

(54) Regla, Capítulo 21.

(55) Regla, Capítulo 22.

(56) ARA, J. y PARRADO, J. M.: Op. cit., p. 304.

(57) Ibid., p. 305.

(58) A.G.D. Libro de la cofradía, folio 29.

(59) Ibid., folio 37.

(60) URREA: Op. cit., p. 21.

(61) A.G.D. Libro de la cofradía, folio 69.

(62) PARRADO DEL OLMO, J. M.: "Una Piedad de Adrián Alvarez en Tordesillas", B.S.A.A., XXXVIII, 1972, pp. 519-523.

(63) URREA: Op. cit. p. 22.

(64) A.G.D, Libro de la cofradía, folio 292.

(65) URREA: Op. cit., p. 22.

(66) A.G.D. Inventario de la cofradía, folio 7.

(67) A.G.D. Libro de la cofradía, folio 291.

(68) Ibid., foli 262.