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MEMORIAS DEL SIGLO Y DEL MILENIO

HERRERO, Fernando

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 230.

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Independientemente de que el siglo XX termine el día 31 de diciembre del 2000, lo cierto es que el cambio de guarismo, el 1 por el 2, tiene una significación trascendental. Entramos en otra época, y en todos los medios de comunicación se hace balance de la que termina. Los avances tecnológicos no han erradicado las guerras, el hambre, las injusticias de todo tipo. El ser humano sigue siendo manipulado por los poderes fácticos. El materialismo tiene pocos opositores y es, generalmente, el fanatismo religioso o nacionalista, quien lucha contra el orden general. La cultura está asimismo mediatizada, ordenada desde esa desconocida fuerza. Hay excepciones numerosas que permiten mantener la esperanza. Desde ellas me interrogo sobre el hálito que surge del pueblo, del folklore, los mitos que van a conformar el siglo XXI desde la constatación realizada de estos últimos lustros del que ahora finaliza.

Esta Revista, de forma casi milagrosa, ha tenido sobre todo la gran virtud de preservar parte de la memoria pasada e incluso reflexionar sobre el presente. La interrelación de las corrientes míticas o folklóricas en la cultura ha sido para mí un aspecto fundamental del arte. Un reciente viaje a Egipto, poblado de turistas, sirve de comprobación de la fascinación que ejerce una civilización milenaria y todo el folklore (histórico, social, cultural) que de ella se deriva. Los mitos se plasman en inmensos templos, el misterio de los jeroglíficos, los ecos del Nilo que parecen devolvernos ese lejanísimo pasado... Estos mitos, estas voces del silencio (bellísima expresión de André MaLraux) han originado estudios serios, grandes operaciones museísticas y también una gran cantidad de best-sellers literarios o fílmicos. Una imbricación peculiarísima de temas míticos, simbólicos, artísticos y populares que ha reencontrado los tiempos más remotos en la mitología del presente, resonancia de lo grande, compatible con la de la pequeña e íntima de cualquier pueblo de España, sus decires y sus costumbres.

¿Qué balance podemos hacer de este conflictivo milenio? ¿Cuáles son los mitos y los signos del folklore que recibirá el nuevo siglo? Los avances tecnológicos han cambiado las formas de comportamiento, de trabajo. La sabiduría no se encuentra ya en los libros sino en el acceso a Internet. El poder de las imágenes todavía no ha llegado a su culminación, aunque, afortunadamente el espectáculo vivo siga existiendo desde vaivenes estéticos y tecnológicos de gran calado. El hombre está detrás de todo y esa es la gran esperanza, aun en tiempos difíciles. El folklore que nos queda detrás del paso de los años es asimismo una prueba de que la libertad no se ha perdido del todo.

Mitos de nuestro tiempo que en ocasiones tienen un valor efímero. Temas, canciones, fiestas que intentan retrotraer las de épocas pasadas. No cabe duda alguna del carácter mítico de los Beatles, incluso en España, a pesar del diferente idioma, que perdurará en el siglo XXI. Hace unas pocas fechas. PaUl McCartney lo recuperaba simbólicamente en el espacio en que nacieron. De vez en cuando surgen las oleadas de reconocimiento: una fecha conmemorativa por ejemplo, pero ahí está la necesidad de permanencia en la memoria, aunque algunas manifestaciones folklóricas o míticas sean de dificilísima recuperación y sólo nos quede la constatación de sus formas. Otras, fundamentalmente, las relaciones con rituales taurinos o el que participan otros animales siguen celebrándose sin justificación clara. Hay tradiciones negativas cuya supresión se hace absolutamente necesaria.

Quizás este fin del siglo XX, en lo que se refiere al folklore y a la mitología haya creado el signo de la banalidad, de la externidad (fútbol, y no como deporte), chismorrería sobre gente que se proclama "famosa", visión de lo accidental en el arte y la creatividad, la noticia mucho más importante que la reflexión... Así la muerte de Diana de Gales o la boda (o separación) de cualquier mediocridad, son como ejemplo, las perlas de ese populismo que no tiene matices diferenciadores en lo geográfico ni en lo social. El pensamiento único comienza precisamente en la aceptación global de estos temas, al menos en el mundo occidental.

Como contrapeso podríamos hablar de estos últimos lustros de la "intercultura" concepto que hace referencia fundamentalmente a la integración de signos orientales en obras o realizaciones occidentales. En la danza, en el teatro principalmente se han dado casos muy significativos. La India, el Japón, las Danzas balinesas, la ancestral cultura china han sido esenciales en la obra de creadores tan diversos como Brecht, Artaud, Bejart, Monouchkine, Robert Wilson o compositores como Messiaen. Esta vía de flujos y reflujos ha originado que gran parte de la mitología o el folklore de civilizaciones tan distintas, sea conocida en el mundo occidental, aunque sea en círculos minoritarios y restringidos. La semilla está echada y la internacionalidad de las comunicaciones, las formas de intercambio digital serán decisivas para una evolución positiva en el conocimiento de las tradiciones de mundos muy diversos.

¿Qué deja tras de sí en este campo la memoria de los siglos? Esos mil años han visto nacer muchas formas de arte y las más divulgadas, las más usuales son recientísimas si consideramos el periodo en su totalidad: el cine y la TV, por ejemplo, para no hablar de la realidad virtual. Incluso la ópera nació en 1600 cuando el Teatro y la Danza, así como la arquitectura, la pintura y la escultura surgían de la noche de los tiempos. Esta constatación resulta peculiar a la hora de hablar de la memoria de las cosas, se ha bailado en el antiguo Egipto, se ha cantado y representado muchos siglos antes de Cristo, y en este milenio que ahora o en el año siguiente acabará, las mitologías de la imagen se concentran en un breve espacio de tiempo aunque su poder "casi" (afortunadamente) ha eclipsado la de las restantes fuentes del folklore o del mito.

El año 1999 que se ha extinguido concretó sus fastos de despedida en diversos recursos a la memoria ancestral de los ritos, de los signos históricos unidos a las nuevas tecnologías, discutidas y discutibles las concreciones, opuestas en algunos casos a la esencia de las civilizaciones y las culturas de antaño. Ha interesado más la clave mediática mayoritaria reflejada en la retransmisión televisiva. Nunca con más fuerza se ha intentado conquistar la aldea global, aunque ese toque específico de cada país, de cada civilización sea al menos un punto para la esperanza.

¿Qué queda, pues de la memoria del Milenio? Muchas cosas porque en él se inventó la imprenta, la palabra escrita e incluso la pantalla del ordenador. Hasta el acceso a Internet ha abierto la posibilidad de investigar con mayor precisión las viejas historias folklóricas si es que alguien se ha preocupado de incluirlas en el programa. Los esfuerzos artesanales de quienes recogieron danzas o canciones, investigaron en directo ritos y costumbres de antiguas civilizaciones, se han plasmado en la segunda memoria de las cosas: la electrónica, la imagen ¿quedan todavía cosas por descubrir? Naturalmente, sin la menor discusión. Hay que seguir trabajando desde lo inmediato, lo pequeño, e integrarlo luego en el gran discurso de nuestro ser colectivo. A estos efectos el año 2000 no significa sino el sencillo paso de los días, el inextinguible paso de los días. En Occidente parece, sólo parece, agotada la memoria pero en otros lugares del mundo se abren perspectivas excepcionales, aunque el síndrome ecológico no sea muy alentador desde esa universalización que permite el poder de unos sobre otros, de los ricos sobre los pobres, de los países desarrollados sobre aquellos que llevan lustros pretendiéndolo. ¿La colonización se extenderá a lo propio, a lo que ha surgido de las raíces más profundas? La universalidad -lo hemos escrito muchas veces- parte de la propia personalidad que rechaza el mimetismo externo y degradante. El milenio, y concretamente el siglo XX, ha dejado tras de sí sus específicos signos, cada vez menos diferentes, más asumidos, por ejemplo Disney y sus imágenes, creadoras de un mundo que se ha ido fijando en componentes ideológicos, lúdicos y comerciales, siendo imitado por doquier sin su éxito permanente. Desde el primer Mickey o "Blancanieves" hasta el último "Tarzán" la factoría ha entrado a saco en los mitos más diversos (procedentes de la literatura, generalmente) para dotarlos de su sentimentalismo primario y algunas dosis -cada vez menos importantes- de saludable sadismo. A los refranes de antaño, a las especialidades lingüísticas se superpone una utilización del idioma de frases hechas y de tics diferenciados por categorías sociales, económicas o razones geográficas o de edad.

Este siglo XX ha sido también el de las comunicaciones. Se han ido celebrando las de monarcas, pintores, escritores, músicos... lo que ha retrotraído tiempos y costumbres del pasado, aunque no se hayan aprovechado totalmente las efemérides para revelar el ámbito global en el que se movieron.

En el año 2000 Calderón de la Barca y J. S. Bach serán protagonistas. Representaciones escénicas, conciertos, publicaciones literarias y discográficas constituirán las principales referencias. Estarán ausentes otras cosas: las formas de vida de la época, los comportamientos populares, p. ej. no se estudiarán en profundidad. La raíz folklórica de las obras de arte seguirá insuficientemente estudiada y sólo los especialistas se acercarán a ellas. La era de la digitalización imagénica podría ser positiva para mostrar descubrimientos, interrelaciones...como el acceso a las informaciones más específicas...

¿Qué deja la memoria del siglo o del milenio en los temas que trata esencialmente esta Revista? ¿Qué ofrecemos para el futuro? En lo universal el deporte rompe los ámbitos cerrados y se crean mitos de mayor o menor efimeridad. No sólo en el fútbol y sus ídolos de barro sino en otras especialidades antes minoritarias. Sergio Pérez o Tiger Woods en el golf, o los tenistas de élite, Michael Jordán en el baloncesto o Indurain en el ciclismo.

Las nuevas referencias que a lo mejor en el 2000 serán viejas, lo popular enlaza con las series televisivas, propias o importadas, sin distorsiones geográficas. Subsisten unas pocas manifestaciones, procesiones, actos religiosos, bailes, representaciones como el Misterio de Elche... que son objeto de la contemplación masiva. No es extraño cuando los inmensos templos egipcios, donde reinara el silencio de los tiempos pasados, se ven invadidos de turistas. Son los tiempos del viaje masivo, de la progresiva desaparición de los espacios secretos. Haz y envés. Por una parte, este contacto directo con lo "extraño" es apasionante incluso para comprobar los intercambios de antaño y los futuros. El mestizaje artístico y social contra el exclusivismo cerrado, es absolutamente positivo desde todos los puntos de vista.

Estas páginas se plantean desde el futuro, desde la posibilidad de la mutación, pero con la certidumbre de que toda época crea su folklore, su mítica, cada vez más tendente a la universalización y la mezcla. Para terminar una cita curiosa sobre la mítica del Siglo que acaba -excluyendo la cinematografía como exclusividad. Tres personajes que son héroes o referencias para las últimas generaciones. Un "héroe" televisivo "Pokamon" que ahora empieza a invadirnos, otro que surge de la literaria anglosajona "Harry Potter" con sólo dos libros. El tercero es específicamente hispano y datado "Manolito Gafotas" y el mundo "folklórico" entendiendo en este sentido los convincentes personajes de Carabanchel Alto. Es el más afortunado colofón a unas reflexiones sobre memoria que parten simplemente de un planteamiento personal en ningún caso intransferible.