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SOBRE IMAGENES PROFANADAS POR ANGLICANOS CONSERVADAS EN ESPAÑA Y PORTUGAL

MARTINEZ ANGEL, Lorenzo

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 230.

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Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

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La religiosidad popular es un tema que la etnografía trata de manera intensa. Y no es extraño, pues proporciona gran cantidad de información sobre temas que interesan a múltiples disciplinas; principalmente, aunque no de manera exclusiva, a la historia.

Nada nuevo afirmamos al decir que las imágenes suelen ser verdaderas protagonistas de la religiosidad popular, a las que se tributan gestos de respeto especiales (1), y sus advocaciones no pocas veces representan, como es sobradamente sabido, la adaptación de cultos precristianos (2). Pues bien, en este artículo nos ocuparemos de un tipo de imágenes que encajan perfectamente dentro de la religiosidad popular, pero además enlazan de manera intensa con la política y los avatares históricos de un momento determinado.

En concreto, hablamos de las imágenes conservadas en España y Portugal profanadas por anglicanos durante incursiones marítimas costeras, o bien arribadas a las costas peninsulares.

Partiremos para nuestro análisis de cuatro imágenes (3): el Señor de los Navegantes en Caminha, la Virgen del Destierro de Oia, Santa María de Gracia de la isla de Tambo (4) y Señora de la Vulnerata de Cádiz-Valladolid.

La primera consiste en un Ecce Homo que encontraron los pescadores de Caminha, en el lado portugués de la desembocadura del Miño. Según la tradición, se cree que fue tirada al mar por ingleses. Se conserva actualmente en la gótica iglesia mayor de la citada ciudad portuguesa.

De la Virgen del Destierro cabe aducir el siguiente texto explicativo:

"...Nuestra Señora llamada del Mar o del Destierro que así se denomina la imagen que según la historia apareció en la playa, «la orilluda», junto al monasterio de Santa María de Oia en 1581. Se cree que fue una de las imágenes profanadas en Inglaterra por los protestante, pues apareció atada con una cadena a un lebrel muerto. La llevaron en procesión los monjes al monasterio. [...] Al cumplirse el siglo del hallazgo, suspirando los monjes por tener una copia de aquella imagen aparecida, hicieron en Salamanca una y es la que hoy se halla presidiendo el retablo mayor de Oia, en tanto que la auténtica se venera en el Monasterio de Jesús, de religiosas cistercienses de Salamanca" (5).

La tercera parece haberse perdido, y procedía de la isla de Tambo, en la Ría de Pontevedra; sobre su historia y vicisitudes remitimos al siguiente párrafo:

"De tales referencias documentales a los ermitaños de Santa María de Gracia de la isla de Tambo el padre Sarmiento deduce la existencia de una fundación monacal con iglesia o ermita atendida por los religiosos o monjes sacerdotes, al menos desde antes de los primeros años del siglo XV hasta que la isla fue invadida por los piratas ingleses mandados por Drake. La isla fue arrasada, destruyeron el monasterio, prendieron fuego a la iglesia y arrojaron al mar las imágenes. La imagen titular de Nuestra Señora de Gracia la recogieron los pescadores de Combarro y la colocaron en la capilla de Nuestra Señora de Renda, en donde la vio el padre Sarmiento [...]. La imagen que menciona el padre Sarmiento era de madera pintada, de una vara de alto, representando a la Virgen María dando el pecho al Niño, con corona en la cabeza, con indicios de no ser muy antigua" (6).

Para el conocimiento de la cuarta, Nuestra Señora de la Vulnerata, cabe citar el siguiente párrafo:

"Pero a la vez este colegio vallisoletano [el Colegio de Ingleses] es un santuario de expiación, donde recibe culto Nuestra Señora de la Vulnerata. Se trata de una imagen con el Niño, que los ingleses profanaron y mutilaron durante su desembarco en Cádiz el año 1596" (7).

El hecho de conservarse en el Colegio de Ingleses de Valladolid se debe a que se pensó que si fue profanada por ingleses, que fueran éstos los que la custodiaran con intención expiatoria, como se indica en el texto.

Vistas ya las historias de las cuatro imágenes que nos ocupan, cabe realizar una serie de consideraciones. La primera que nos viene a la mente es la comparación con las imágenes encontradas en las costas, entre las que cabe recordar como uno de los más significativos el del Santo Cristo de Orense, aparecido en Finisterre (8).

Frente al carácter legendario del origen de éstas, el de las imágenes que nos ocupa es histórico, y no cabe negar hechos históricos como las incursiones inglesas en las costas peninsulares (9) y las destrucciones ocasionadas. En este punto, los anglicanos en sus embestidas eran tan iconoclastas como en su propia tierra (10). Bien es cierto que hay diferencias entre los casos en los que las imágenes fueron profanadas por incursiones y la que, caso de Oia, se cree que procedía de Inglaterra (11).

Pocas veces, sin duda, la religiosidad popular habrá enlazado no sólo con la oficial, sino con cuestiones como la política, lo que hace de estos casos de imágenes profanadas por anglicanos un hito curioso dentro del tema. Además, manifiesta una vertiente verdaderamente original de las guerras de religión, o mejor dicho con matices religiosos (12), en tierras donde éstas no se produjeron. Estamos pues, por razones históricas, ante una pequeña y rara joya de la religiosidad popular de la Península Ibérica.

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NOTAS

(1) GOMEZ RASCON, Máximo; Theotókos. Vírgenes medievales en la Diócesis de León, León, 1996, p. 18: "A veces las enterraban [está refiriéndose a las imágenes marianas] al ser retiradas del culto o sustituidas por otras, pues recibían el mismo tratamiento que cualquier otra persona fallecida del pueblo, dado el carácter de humanización con que eran consideradas, como las de Valderilla de Torio o de la Seca, que aparecieron soterradas debajo del pavimento de sus lugares de culto. También allí iban a parar aquellas que, inutilizadas, podían ser objeto de profanación o rebajamiento por no cumplir con sus fines". También se explica en esta obra que el amor por las imágenes llevó en ocasiones a mutilarlas para poder vestirlas, en un gesto paradójico pero fácilmente comprensible.

(2) Lamentamos que en la obra citada en la nota anterior este importante factor explicativo de determinadas advocaciones no haya sido tenido en cuenta.

(3) Son los ejemplos que conocemos en el momento de redactar este artículo, aunque sin duda habrá más, presumiblemente ubicadas o procedentes de zonas costeras, por obvias razones.

(4) Llama la atención la proximidad geográfica de estos tres lugares.

(5) YAÑEZ NEIRA, Damián y GONZALEZ GARCIA, Miguel Ángel: Memoria, Gratitud y Esperanza. IX Siglos de Historia y Vida Cisterciense, Ourense, 1998, p. 62.

(6) DE SA BRAVO, Hipólito: "San Juan de Poyo", Monasterios de España, León, 1986, pp. 89-152, concretamente p. 98.

(7) MARTIN GONZALEZ, J.J.: Valladolid, León, 1989, p. 76.

(8) GONZALEZ GARCIA, Miguel Ángel: "El Santo Cristo de Ourense. La historia, el culto y la dádiva", A Capela do Santo Cristo de Ourense, Catedral de Ourense, Coruña, 1996, p. 154: "...los orígenes del Santo Cristo de Ourense tienen principios de leyenda. Una leyenda que es común a muchas de las más veneradas imágenes del Crucificado.

En lo esencial, se reduce a ser obra de talla de Nicodemo, uno de los santos varones que estaban en el Calvario y se hicieron cargo del cuerpo de Jesús. La talla se iría transmitiendo de generación en generación hasta que en un momento determinado, la imagen llega como una nave de salvación, en una caja, sobre las aguas, a las playas de Finisterre. Una similar leyenda, en lo fundamental, se atribuye a las veneradas imágenes del Crucificado de Chioggia o Lucca, en Italia, de Bouzas (Matosinhos), en Portugal o a los de Burgos, Villarrín de Campos (Zamora) y Finisterre en España".

La leyenda del Cristo de Finisterre (en gallego Fisterra) puede leerse en COCHO DE JUAN, Federico: Guía práctica de Galicia, Barcelona, 1996, p. 120.

(9) De hecho, la prevención contra los ingleses, o mejor dicho los anglicanos, por la infiltración de sus ideas a través de las costas, es algo que no fue exclusivo del siglo XVI. Así, podemos citar documentos como uno fechado en Madrid el 7 de diciembre de 1706 y conservado en el Archivo Histórico Diocesano de León.

Dice así el regesto que del mismo se ha publicado: "Real cédula de Felipe V denunciando al obispo de León la introducción en España, por barcos ingleses, de libros impresos, destinados a propagar el anglicanismo y atacar la religión católica y ordenándole vigile "con zelo y cuydado" que no se difundan tales libros..." (FERNANDEZ CATÓN, José María: Catálogo del Archivo Histórico Diocesano de León, II, León, 1986. Fondo General. Documentos, n.° 1307).

(10) Las consecuencias de la actitud iconoclasta de los anglicanos del siglo XVI han sido de gran repercusión en la conservación de muchos bienes culturales en las Islas Británicas. De hecho, por ejemplo, se ha llegado a hablar de la "destrucción casi total de la pintura medieval inglesa" (GORLIER, Claudio: La abadía de Westminster de Londres, Italia, 1989, p. 38). Y podríamos recordar más episodios dramáticos liara muchos monumentos y obras de arte durante los siglos XVI y XVII en tierras inglesas, galesas e irlandesas, además de las escocesas, con su propia monarquía.

(11) Sería de gran interés para interpretar este caso en profundidad un análisis de la imagen para intentar conocer si realmente procede de Inglaterra.

(12) Generalmente con más motivaciones políticas que puramente religiosas.