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FESTIVIDAD DE SAN JUAN EN ALBANCHEZ DE MAGINA

MUÑOZ VIDAL, Miguel

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 232.

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Albánchez de Magina es un pequeño pueblo enclavado en pleno corazón de Sierra Magina, en la provincia de Jaén, lo que le otorga cierto carácter de aislamiento en lo referente a las vías de comunicación que son escasas y malas. Esto ocasiona desconocimiento por parte del resto de la población jiennense, fuera de los ámbitos de la propia comarca, pasando desapercibida su gran riqueza paisajista y cultural, en la que perviven muchas tradiciones ancestrales de gran valor etnográfico.

Tal es el caso de la celebración de la víspera de la noche de San Juan, festividad que se celebra el 24 de Junio y que por lo tanto coincide con el solsticio de verano. Esta fiesta es de gran relevancia para casi el total de los pueblos de España, conservándose una extraña convivencia entre el significado religioso que conlleva la celebración del día de San Juan Bautista y el carácter mágico que se le otorga a la noche más corta del año. Así, pues, nos encontramos con múltiples manifestaciones y formas de celebrar esta noche mítica en la que cobran gran importancia elementos como el sol o el agua, por la estrecha relación que ésta guarda con el santo conmemorado; u otros aspectos de significado profano e incluso mágico que dejan entrever la importancia que esta noche supuso para algunos rituales relacionados con el ocultismo y la brujería. No debemos olvidar que en esta fecha se veneraba al diablo por medio de los famosos aquelarres, donde cobran importancia ciertos elementos vegetales.

De esta forma, a caballo entre lo sagrado y lo mágico, nos encontramos con las célebres hogueras de San Juan, destacando por toda la geografía española, motivo que no nos ha de hacer pensar que son las únicas, ya que hay otro tipo de celebraciones, generalmente más desconocidas y que pueden guardar mayor valor cultural. Nos referimos a las verbenas, los "árboles" y las enramadas de San Juan. Centraremos nuestra investigación en éstas últimas por tratarse del tipo de celebración que se realiza en la localidad en cuestión.

Las enramadas son muy frecuentes en el norte de España, produciéndose en pequeñas poblaciones agrícolas, y se realizan por medio de la colgadura de elementos vegetales en lugares concretos. Su significado es de diversa índole pudiendo tener un carácter profiláctico, utilizando simbólicamente elementos que han de servir de protección ante diferentes catástrofes como puedan ser la caída de un rayo o la pérdida de la cosecha por las inclemencias meteorológicas, o también, como en nuestro caso, con un carácter erótico festivo. Citamos algunos ejemplos que Caro Baroja recoge en "La estación de amor".

En los valles de Aezcoa, Larraun y Baztan se pone una rama de espuño y otra de chopo blanco. En Corellala las enramadas se solían hacer de ramas de cerezo. En Vizcaya se persigue la obtención de una obra de arte por lo que las enramadas llegan a ser de gran belleza. En esta misma provincia también se suelen colgar ruedas de carro en los árboles, tomando éstas un significado simbólico con referencia al sol. En Alegría, Álava, se utiliza el espino albar para proteger la casa del rayo. Será en Alosno donde encontraremos mayor parecido a la tradición de Albánchez. Aquí las enramadas son colgadas por los hombres a las mujeres e indican distintos grados de aprecio, como nos lo muestra la siguiente coplilla, recopilada por Caro Baroja, en el libro anteriormente citado.

Por apero te quiero
Pino te estimo
Peral te quiero más
Álamo te amo
Jara haragana
Adelfa, gitana

Como indicábamos anteriormente será la tradición de esta última localidad la que más se asemeje a la noche de San Juan en Albánchez. En este pueblo las enramadas están destinadas a manifestar un tipo de sentimiento del hombre hacia la mujer, con la intención de comunicar alguna intimidad, que en función de las expectativas que tiene el hombre con respecto a esa mujer, será de una manera determinada, siempre manteniendo un significado afectivo-erótico.

Serán los solteros unidos en pandillas, en ningún caso los casados, los que realicen las colgaduras; esperando el anochecer preparan las ramas que han de colgar, provenientes éstas de las huertas próximas al pueblo, mientras que intentan desprenderse de los últimos resquicios de vergüenza bebiendo el típico ponche, bebida que se realiza con vino blanco, agua, azúcar, canela en rama y melocotón, y que empezando a ser tomada esta noche, será la que amenice las restantes noches del verano. Una vez llegada la noche, y protegiendo su identidad con ella, los mozos se tiran a la calle para disfrutar de una relativa libertad que les permite estar toda la noche recorriendo las calles del pueblo entre risas y alboroto mientras realizan sus expresiones de amor.

Estas expresiones de amor pueden ser de muy diversa índole y vendrán determinadas en virtud de lo que se le cuelgue a la moza. Al tratarse de la época en la que aparecen las primeras frutas, éstas tomarán gran importancia ya que serán las que indiquen mayor grado amoroso al tener carácter de primicia. Los novios cuelgan a sus novias ramos de peras o cerezas, las flores son también muy frecuentes... al tratarse de bienes más bien preciados. Mas si nos trasladamos a épocas no muy lejanas en las que había gran carestía, no es de extrañar que la persona que colgaba este tipo de presentes montara la guardia ante el balcón de la amada para que otras cuadrillas no se los quitaran o incluso para ahuyentar a un posible competidor, dándose casos de enfrentamientos entre pandillas rivales. La procedencia de estos presentes no suele estar muy clara, podríamos decir que son robados, pero por tratarse de esta noche, los mozos tienen cierta libertad que les permite coger fruta de huertas cercanas, flores de los jardines o incluso de los balcones. Parece ser que estas sustracciones son toleradas ya que la ocasión lo merece.

También hay otro tipo de colgaduras que encierran un significado de burla y escarnio y que si bien son toleradas por las mozas, pueden ser motivo de vergüenza por lo que, a diferencia de las anteriores que se mantienen en el balcón hasta las doce del día para lucimiento de la "hembra", éstas eran quitadas rápidamente, antes de que las viera alguien y fueran motivo de mofa. Nos referimos a algunas colgaduras que hacen mención al carácter y forma de ser de la mujer en cuestión tales como ramas de higuera, con un significado de falta de cordura. También es frecuente la colgadura de ramas de parra para indicar que la dama está habituada a la bebida. Se solían colgar plantas de garbanzos por aquello de "estás más ida que un garbanzal", esvardas, serones y otros aperos de labranza para señalar la semejanza con las bestias de tiro.

La colgadura más preciada para una muchacha sin pretendiente será la toba, planta silvestre que nace a las afueras del pueblo, con un aspecto bastante feo que la asemeja a un cardo borriquero, ya que es la que más significado sexual tiene, queriendo indicar que se trata de una buena moza y que es muy guapa, pudiendo ser interpretado por las mozas como novio a la vista. Aunque la mayoría de las veces la afortunada no llega a enterarse de quién es el que le ha puesto la preciada toba ya que todo esto se realiza bajo el más cerrado de los secretos, no faltando la típica curiosa que esa noche no duerme para vigilar su balcón y el de sus vecinas.

Dentro de la familia, nos referimos a la de la moza. El padre se despreocupa de estas acciones no ocurriendo lo mismo con la madre que, afanosa de la reputación de su hija, dará más importancia a estas colgaduras, siendo ella la que retire los presentes malignos, al amanecer, incluso antes de que los vea su hija, ¿previendo algún trauma?..., y en algunos casos poniendo tobas ella misma o incluso quitando la de su vecina, que está de mejor ver. Esto no solía gustar a los mozos que veían infructuosa su labor por lo que al año siguiente la colgadura era de tal envergadura que no podía ser retirada por una mujer en poco tiempo, llegando incluso a atrancar la puerta con las ramas o con cuerdas para que esta vez sí pudiera ser vista por todo el pueblo.

II

La tradición se venía celebrando de una forma bastante natural y sencilla, con mucho humor y aunque se entrevé cierta malicia por parte de los mozos, ésta era permitida, como se había celebrado siempre, hasta que llegó la mecanización y con ella los tractores... Durante varios años la tradición se va a celebrar de una forma totalmente diferente que deriva en el gamberrismo y el desorden público. Lo que anteriormente era una tradición con un significado y una forma de hacerse, acaba siendo una noche en la que parece que todo está permitido. Los mozos hacen de su capa un sayo, como se suele decir, y amparándose en el carácter permisivo que encierra esta noche realizan todo tipo de excesos.

Parece ser que en un momento determinado ciertos sectores del pueblo, ligados a la vida política, calificados de alborotadores, deciden utilizar la ayuda de dos tractores para la implantación de las características colgaduras. A éstos, también se les unen el resto de los mozos, de menor edad que los hostigadores, persuadidos por la novedad y por la presencia de bebida, siempre el típico ponche que esta vez se realiza en grandes cantidades y que es distribuido por esta gente de forma gratuita dentro de los remolques de los citados tractores.

La presencia de maquinaria de alto tonelaje y el uso que de ellos se hace en la tradición que tratamos de analizar introduce nuevos aspectos dignos de mención. La base de la fiesta sigue siendo la misma aunque cambian algunos aspectos dignos de mención. De hecho el silencio y la discreción que anteriormente reinaban en esta noche desaparecen por una razón obvia, el estruendo que pueden montar dos tractores circulando por las calles del pueblo a altas horas de la madrugada. Si a esto le unimos que los participantes pierden el miedo a ser descubiertos y como muestra de su alegría, o quizás de una borrachera desmedida, van vociferando y lanzando cohetes, creemos que está sobradamente demostrado que se produce un gran cambio en las pautas de comportamiento.

Los aspectos "positivos" son la disminución del trabajo de los mozos a la hora de preparar las enramadas ya que se cambia la trabajosa tarea de cortar ramas de los diferentes árboles con una rudimentaria hacha por la tracción de los cientos de caballos de los tractores que serán utilizados para arrancar árboles de raíz al mismo tiempo que en ellos son transportados por lo que la cuantía y la envergadura de las enramadas aumenta enormemente. También parece agudizar el ingenio de los mozos ya que, seguramente por la desaparición del utilllaje de los animales de carga, una de las colgaduras más "simpáticas" se ve sustituida por la utilización de todo aquello que se encuentran por la calle; sirva de ejemplo un caso en el que la puerta de una muchacha es "adornada" con alrededor de treinta sacos de pienso para cerdos, donde se puede ver un claro significado metafórico.

La deformación que se produce en la tradición es de tal índole que llega a aparecer un elemento completamente nuevo, la realización de una especie de procesión pagana en la que se recorrían las principales calles del pueblo haciendo paradas en puntos significativos como puedan ser el domicilio del alcalde y demás ediles de su mismo signo político, donde se proferían insultos contra éstos.

Este comportamiento anticívico se mantendrá durante varios años contando incluso con el beneplácito de la Guardia Civil de la zona que por motivos desconocidos no actuaba de forma contundente cuando era requerida por los representantes municipales para restablecer el orden en esta fecha. El testimonio de varios informantes atestigua que las fuerzas del orden se limitaban a hacer una infructuosa ronda que nunca llegaba a presenciar, y mucho menos a sancionar, los actos delictivos que se producían, llegando a tomar el asunto tal envergadura que el alcalde se ve obligado a denunciar este hecho ante el Gobierno Civil por lo que al siguiente año son mandadas varias parejas de la Guardia Civil provenientes de otra localidad, Mancha Real, que ayudados por la policía municipal de la localidad denunciarán a gran parte de los alborotadores.

Tras estos altercados se suceden dos años en los que los mozos dejan de salir a festejar la noche de San Juan, seguramente escarmentados por la cuantía de las multas impuestas aunque éstos argumentan que el verdadero motivo es que esta tradición ha perdido su razón de ser por la evolución de las mentalidades que en la actualidad otorga un papel más participativo y una mayor libertad a la mujer en todos los actos sociales y culturales, siendo éstas las que hacen que desaparezcan los valores propios de la tradición. En la actualidad la noche de San Juan se celebra por medio de la instauración de una verbena con una barra y la actuación de un grupo musical, siendo muy pocos los mozos que mantienen vigente la primitiva tradición y sólo como caso excepcional.

Aunque parece ser que la verdadera razón responde a intereses políticos más que otra cosa. Según el testimonio de varios vecinos de Albánchez, estos sucesos parecen responder al descontento de una parte de la población con motivo de las decisiones tomadas por el ayuntamiento con respecto a la nominación de los días festivos que habrían de celebrarse en la localidad. En comunidades donde la división en clases es fuerte, se detectan fiestas que refuerzan la conciencia de las mismas pudiendo llegar a producirse enfrentamientos entre éstas. Parece ser que en un pleno del ayuntamiento se produce una confrontación entre el grupo gobernante, de claras tendencias izquierdistas, y la oposición de signo conservador. Estos últimos acusan al alcalde de dar mayor importancia a fiestas de carácter laico tales como el carnaval o "la fiesta de la aceituna" en detrimento de celebraciones religiosas como el día de San Isidro o la noche de San Juan para las que piden, además de los actos litúrgicos, presupuestos para realizar sendas verbenas. Estas demandas son desoídas por parte del grupo gobernante, que contaba con mayoría absoluta, por lo que se produce una gran diferenciación entre los participantes en un tipo de fiestas u otras. Los conservadores celebrarán sus fiestas eclesiásticas, al mismo tiempo que se ausentan de las de origen pagano, sin perder la oportunidad de manifestar su descontento como parece ser que ocurre en la noche de San Juan.