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"LA CABALLADA" DE ATIENZA, PASO A PASO

LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 233.

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¿ORIGENES HISTORICOS?

"La Caballada" de Atienza tiene -según parece- sus posibles orígenes en un hecho histórico que, en la actualidad, se sigue conmemorando.

Según se comenta desde hace tiempo viene a ser así: a la muerte de Sancho III, en 1158, habría de sucederle en el trono su hijo Alfonso -más tarde el VIII de ese nombre-, que a la sazón contaba con tres años de edad, circunstancia ésta que trató dé aprovechar a su favor un tío suyo: el rey leonés Fernando II.

La tutoría del rey niño había correspondido a la noble familia de los Castro, a lo que se había opuesto la no menos noble de los Lara, al ver que aquella únicamente pretendía su enriquecimiento y medro personal y no la custodia de Alfonso.

Tras muchas discusiones se llegó al común acuerdo de conceder el cuidado del niño a don García Garcés de Haza, pero a pesar de ello, las luchas entre Castros y Laras continuaron durante más tiempo, pidiendo los primeros ayuda a Fernando II el de León, que pretendía la tutoría de su sobrino Alfonso para así agregarse el reino de Castilla, como ya queda dicho.

Se eligió Soria como lugar donde hacer entrega a Fernando II de la infantil persona de su sobrino; pero cuál sería el concepto que del leonés se le había dado al niño que, cuando Alfonso llegó a su presencia comenzó a llorar amargamente, siendo trasladado a unas habitaciones contiguas hasta que se le pasase el sollozo, momento que aprovecharon algunos nobles castellanos para huir con él por San Esteban de Gormaz hasta Atienza, cuyo castillo era uno de los mejor protegidos.

Fernando II puso cerco a la villa y la quiso rendir por el hambre.

Parece ser que aquí es de donde surge el origen de la conmemoración, convertida en secular tradición folklórica.

Los atencinos propusieron al Concejo una estratagema de los arrieros para sacar al rey niño de la plaza asediada, que les fue aceptada, y que dio origen a lo que actualmente seguimos denominando como La Caballada.

Pero sigue la tradición:

En 1163, el día de Pentecostés, sale una expedición de recueros o arrieros en viaje de negocios, y al llegar a la altura de la ermita de la Virgen de la Estrella (1), notan la presencia cercana de tropas leonesas enemigas que los siguen a escasa distancia.

Entonces los recueros de caballerías más resistentes y rápidas camuflan entre sus mercadurías al rey niño y prosiguen el camino, mientras que el resto de los arrieros permanecen en el prado, junto a la ermita, bailando y simulando torneos -como solía ser costumbre entre ellos- como trampa o añagaza con la que distraer al enemigo y así ganar tiempo los que se fueron.

Al cabo de una semana, los recueros que habían escapado de Atienza con el futuro rey Alfonso VIII en sus alforjas, llegan sanos y salvos a Segovia.

Para conmemorar ese suceso, los arrieros vecinos crearon una cofradía denominada de la Santísima Trinidad, pero sin olvidar a su anterior patrón, que no era otro que San Julián, más conocida como La Caballada.

El escrito más antiguo que certifica la celebración de esta Caballada es un albalá de Alfonso X el Sabio, fechado en 28 de octubre de 1255 en Burgos, en el que viene a ratificar otro anterior firmado en Peñafiel en 1232 por Fernando III. Dice así: "Don Alfonso, por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León, de Galicia, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, y una carta del rey don Fernando my padre, hecha de esta guisa: «Fernando, por la gracia de Dios rey de Castilla, de Toledo, de León y de Galicia,... Sabed que yo mando a todos los recueros de Atienza que anden seguros por todas las partes de mi reino con sus mercancías y con sus bestias y con cuantas cosas consigo trajeran, no sacando cosas vedadas del reino. Mando y defiendo firmemente que ninguno sea osado de embargarlos ni prenderlos si no fuese por su deuda manifiesta o por fiadora que ellos mismos hubiesen hecho, y el que lo hiciese, encontraría mi ira, habiendo de pagar a la corona como multa mil maravedíes, y a ellos todo el daño doblado. Facta carta apud pennafidelis Rege exprimente XVIII die Jannuary Era MCCLXX secunda». Y yo el sobredicho rey don Alfonso otorgo esta carta y mando que valga. Dada en Burgos. El rey la otorgó a XXVIII días de octubre Era de mil doscientos noventa y tres años (1255). Aparicio Pérez la hizo por mandato de don Garci Pérez. Notario del Rey" (2).

Luego, la documentación existente acerca de la cofradía es numerosa y se extiende a lo largo de los tiempos: Fernando IV (1311), Alfonso XI (1314), Pedro I (1351), Enrique II (1367) y Enrique III (1393), entre otros, que se conservan en los archivos de la cofradía, cada año en poder del prioste entrante.

LA COFRADIA DE LOS RECUEROS Y SUS ORDENANZAS

Así, pues, como queda dicho, los arrieros o recueros de la villa atencina fueron los encargados de sacar del cerco al rey niño, Alfonso VIII.

La de recuero o trajinante -lo que hoy sería un equivalente a transportista o camionero— era una profesión, por así decir, nacida tras la reconquista, como complemento económico a la agricultura y al pastoreo. No en vano muchos arrieros fueron al mismo tiempo labradores o cuidadores de ganados y rebaños.

Su cofradía venía a ser una especie de sociedad de socorros mutuos, un montepío, y en sus orígenes permaneció bajo la advocación del Señor San Julián. El añadido nombre de la Santísima Trinidad fue adquirido un siglo después, en el XII.

Muchas son las cláusulas que se conocen a través de las Ordenanzas de estos arrieros. Sirvan de ejemplo algunas elegidas al azar: como la ayuda que entre los cofrades debían prestarse en caso de no poder levantar un embargo; o la exención de tributos al conducir mercadurías fuera del reino de Castilla o en determinados portazgos y pontazgos en villas y lugares; o el de la administración de justicia entre sus miembros; y muy especialmente, las asistencias marcadas o estipuladas en caso de fallecimiento o enfermedad tanto del cofrade como de su mujer o de sus hijos, incluido el caso —debido a la hospitalidad— de aquellos transeúntes que invitados a pernoctar en la casa de un cofrade fallecieren en ella.

Normas que si dejaban de cumplirse implicaban el pago de multas, generalmente en dineros, y que con el paso del tiempo pasaron a ser en celemines de trigo y hoy nuevamente en dinero contante y sonante.

COMPOSICION DE LA MESA DE LA COFRADIA

La cofradía, hoy denominada cívico-religiosa, de la Santísima Trinidad, de la Madre de Dios y del Señor San Julián, está compuesta por una serie de personas que le dan ser y vida: en primer lugar un prioste o Hermano Mayor Honorario; después, los seises, en número de seis y que son los seis últimos que han desempeñado el cargo; el fiel de fechos a manera de secretario, y el abad, que en este caso no tiene autoridad dentro de la cofradía al figurar, por deferencia, como representante de la autoridad religiosa el propio sacerdote-párroco de la villa.

Junto a estos miembros, que podríamos considerar como principales, existen otros como el mayordomo o sayón; el manda o especie de comisionado-recadero, intermediario entre la mesa y los hermanos cofrades, y el resto de los hermanos que aún no han servido la vara, que equivale a decir que aún no han ostentado cargo alguno dentro de la cofradía.

Finaliza esta mesa con un grupo de mujeres, más reducido: la priosta, que desempeña el papel principal; la seisa, o mujer del seise principal (o sea del que fue prioste el año anterior), y la mayordomo. Todas ellas, mujeres de los respectivos cargos masculinos.

LA TRADICION

La tradición ha sufrido algunas variaciones, pero las partes fundamentales de que consta se siguen manteniendo con firmeza.

A) La conmemoración se lleva a cabo en varias fechas que comienzan el día de San Isidro, 15 de mayo.

El día de la víspera, el manda avisa a todos los hermanos para que, con capa, acudan a la misa que tendrá lugar al día siguiente.

La mesa se reúne en casa del prioste y desde allí se encamina a la iglesia de la Trinidad, donde una vez terminada la misa y la procesión del santo, y en unión de la Hermandad de Labradores, sale al atrio acompañada por el abad.

Allí, el seise principal pronunciará la frase de ritual:

- "Señores Hermanos, acompañen las insignias".

Que dará pie a la marcha hacia la casa del prioste, donde el seise invita a los asistentes a vino con pastas.

Ello no tiene otro significado que el de dar comienzo a los preparativos de la fiesta en todos sus más nimios detalles.

Posteriormente se subasta la bandera, que había permanecido en el balcón de la casa del prioste desde primeras horas de la mañana.

La Bandera

(Una vez llegados a este punto pasaremos a describir la bandera de la cofradía según el que fuera Cronista Provincial de Guadalajara, Dr. Layna Serrano: "Esa bandera lleva dentro de un círculo, en el centro, una cruz bizantina o de brazos iguales tal como se usaban en el siglo XII, lo que demuestra el empeño de perpetuar la disposición y forma de la primitiva; en dos ángulos formados por esa cruz, van sendos castillos emblema de la monarquía de Alfonso VIII pues entonces León formaba reino aparte, y en los dos restantes la reja de arado y la aijada, que representan campesinas tareas" (3). (Fig. 1).

Y añade más: "(...) Como alegato de una gran fuerza convincente a mi modesto ver y entender, ahí está la bandera de la Hermandad, renovada varias veces durante ocho siglos, pero siempre cuidando mucho el reproducir exactamente la antigua; bandera que sólo sacan cuando la Cofradía va en hueste caballera, o sea en la romería anual a la ermita de la Estrella, para conmemorar La Caballada histórica liberadora de Alfonso VIII en ll62".

El mismo Layna Serrano en la nota (7) de su trabajo indica lo que sigue: "La bandera actual tendrá sesenta años y se conserva la anterior hecha jirones, exactamente igual, y que por el examen de las telas parece ser de comienzos del siglo XIII o último tercio del anterior".

Podemos, por tanto, afirmar que la bandera "actual" tendrá una edad aproximada de ciento veinte años.

Layna, no obstante, cae en un error -o al menos la bandera que el describió no se corresponde con la actual (1999/2000)-. Nosotros la describimos de esta otra manera: "Sobre fondo rojo, bandas horizontales blancas y verdes -éstas más cortas- contrapeadas, con banda central roja. Dentro de un cuadrado anaranjado del que sólo perduran las puntas, en la parte central un cuadrado blanco cortado en sus ángulos, conteniendo una cruz patada de color azul.

En los cuadrantes dos (2) y cuatro (4), un león y un castillo, símbolo de los respectivos reinos de León y Castilla, y en uno (1) y tres (3), una reja de arado y una aguijada, propias de las cofradías y hermandades de agricultores y ganaderos.

En el escusón una flor de lis, de oro, concedida por Felipe V, que fue nombrado Hermano Mayor Honorario de la Cofradía de «La Caballada»".

(4). (Fig. 2).

B) Una segunda parte de la fiesta tiene lugar el día de la víspera de Pentecostés.

Desde por la mañana el manda y el mayordomo colocan la bandera en la casa del prioste y dan principio a los preparativos de los actos que tendrán lugar al día siguiente. Entre tanto, las mujeres cocinan las siete tortillas -siete- que han de llevar a la ermita, así como otros detalles para vestir a la Virgen.

A la una, previo aviso del manda, se reúne la mesa de los seises con el fin de probar las roscas que se encargaron al panadero y acordar la hora de salida hacia la ermita (prueban las roscas para tratar de comprobar que están en buenas condiciones y nadie pueda salir envenenado, ni mucho menos el "rey niño".

Mientras, el manda y los dulzaineros recorren las calles de la villa anunciando el comienzo de la fiesta.

A eso de las cinco de la tarde, el mayordomo y la mayordomo, seguidos del manda y los dulzaineros van desde la casa del prioste hasta la del seise principal para recoger al seise y a la seisa y volver a casa del prioste, desde donde, en compañía de los demás de la mesa, seguidos de la priosta, la seisa y la mayordomo, se encaminan a la ermita de Nuestra Señora de la Estrella, precedidos del tamboril y la dulzaina.

Las mujeres adornan la Virgen y los hombres se dedican a "plantar el mayo" al lado del altar, para adornarlo al día siguiente con roscas y limones, que después serán subastados.

El mayo o ramo Posiblemente el hecho de "plantar el mayo" nada tuviera que ver con la tradicional fiesta de "La Caballada" y que se trate del resto de algún culto anterior, quizá dendrolátrico, -no olvidemos que estamos en fechas en que renace la Naturaleza- quizá a la fertilidad en cosechas y animales y -por lo tanto- al Hombre, como receptor de sus beneficios, que serán la base de su economía.

Un árbol, a manera de miembro, que penetra en las entrañas de la Tierra para que su semilla fructifique, o si se quiere, ofrenda a través de las ramas, de los beneficios otorgados por la propia Tierra húmeda y cálida, de la que todo parte y a la que todo regresa.

Ofrenda de roscas y limones, de formas sugerentes, entroncadas con ese otro mundo de la fertilidad, que tan extendido está en las más diversas manifestaciones folklóricas: en Valverde de los Arroyos (Guadalajara), con motivo de la celebración de las danzas del día de la Octava del Corpus, se determina en las eras un área rectangular destinada a los danzantes mediante la colocación, en las cuatro esquinas, de sendas ramas sin decorar y sin que de ellas penda objeto alguno, denominadas lámparas, nombre que quizás aluda a una forma de iluminación anterior consistente en teas u hogueras, en las que el propio fuego entraría a formar parte fundamental como elemento purificador equivalente al sol o al propio Corpus Christi, que en la custodia -nuevo sol radiante- preside las danzas desde su altar bajo palio. Dichas lámparas también van señalando previamente el camino que sigue la procesión desde la iglesia hasta las eras. Ahora, en cambio, se colocan en las paredes de las casas aprovechando los huecos y agujeros existentes.

Sin salir del mismo pueblo y en idéntica fecha, puede verse en cabeza de la procesión al portador de una rama de mayor tamaño que las anteriores lámparas, que también recibe el nombre de Ramo y de la que cuelgan numerosas roscas, de un blanco llamativo, que serán subastadas tras la procesión, y que fueron confeccionadas por las mujeres de los cofrades o Hermanas del Señor (5).

Una de las tradiciones mejor conservadas en el pueblo de Luzaga es la del Ramo, que tiene lugar el Domingo de Ramos, aunque comienza la víspera, en que un grupo de mozos se encamina al monte con el fin de cortar una encina joven bien proporcionada: el Ramo, que colocan en la iglesia, junto al altar mayor, para que las mozas del ramo le aten cintas de colores y "hasta sesenta roscas de unos 300 gramos de peso cada una" y varios kilos de naranjas y limones, lo que allí se conoce como vestir el ramo, que el domingo bendice el párroco, para por la tarde procederse a su rifa (6).

En muchos otros pueblos de la provincia de Guadalajara (Torrebeleña, Robledillo de Mohernando, ...) las mozas de Ramo reciben el nombre de Ramas al igual que los cánticos religiosos que entonan el Domingo de Ramos para recabar dinero con que sufragar los gastos del monumento de Semana Santa (7).

Una vez que se han concluido estos trabajos se da cuenta de una merienda en la que no faltan las siete tortillas -siete-, todas diferentes, y de vigilia (aunque hoy ésto se pase un poco por alto y también se hagan de jamón y chorizo) y que simbolizan los otros tantos días que los arrieros atencinos tardaron en conducir al "rey niño" hasta Segovia.

Después de terminada la merienda se baila ante la Virgen y, de regreso a la villa, parando en las dos Peñas de la Bandera, se reza por los fallecidos.

En este caso, los rezos siempre llevan el mismo orden y dedicatoria: un Credo a la Santísima Trinidad; una Salve a Nuestra Señora de la Estrella, y el resto, cuatro Padrenuestros, a San Isidro Labrador, por el hermano fallecido, por el primer hermano que fallezca y por las Benditas Animas del Purgatorio.

En la primera de las peñas, el manda ofrece vino a los hermanos. En la segunda se repite lo mismo y, desde allí, van sin parar a casa del prioste, donde finalizan los actos del día, no sin antes reunirse los seises en una habitación, y las mujeres en otra, para dar los últimos toques a la fiesta del día siguiente.

Allí se resuelve la hora de montar a caballo, teniéndolo que notificar el manda.

C) El tercer día es el de La Caballada propiamente dicho: el Domingo de Pentecostés.

Comienza con la colocación, por parte del manda, de la bandera en el balcón del prioste y bajando los componentes de la mesa a la ermita, para adornar el mayo que se plantó la tarde anterior.

A las ocho poco más o menos, el manda y los dulzaineros recorren las calles de la villa despertando a la población, para regresar de nuevo a la casa del prioste.

A todo esto, los hermanos habrán sorteado los caballos y, cada cual con el suyo engalanado debidamente, se irán acercando también a dicha casa principal, desde donde partirán a la hora de montar. (Lám. I).

Poco a poco todos van llegando a casa del prioste, donde está reunida la mesa de seises.

Allí, el fiel de fechos ordena al manda que dé la voz de pasar lista a los hermanos:

"Señores hermanos vamos a pasar lista" -dice.

Uno por uno contestan respetuosamente. Se leen las multas del año anterior, que se pagan en libras de cera, y se subasta la bandera.

El que se haya quedado con ella será el primero de la comitiva -en este caso la puja se hace en cuartillos de vino, equivalente cada uno a medio litro- y le seguirán, a la orden del fiel de fechos, dos hermanos de los más antiguos, que también irán abriendo el desfile.

Después, la formación establecida secularmente es la siguiente: la bandera, los dulzaineros, los dos hermanos más antiguos, los hermanos con chaquetilla (8) (Lám. II) -es decir, los que no han servido la vara todavía-, los hermanos que ya la han servido y, finalmente, los componentes de la mesa.

Todos así van a casa del abad y, desde allí a la ermita de la Estrella, donde se hace tiempo para que lleguen las mujeres -priosta, seisa y mayordomo- que bajan más despacio montadas en burro acompañadas por el manda.

Posteriormente da comienzo la procesión con la imagen de la Virgen de la Estrella, siempre conservando un orden ya establecido: dulzaineros, estandarte, bandera, cruz e insignias y los hermanos, separados en dos filas, cada uno con su vela encendida. (Lám III).

Al sacar la Virgen de su ermita se procede a la subasta de los mañeros o banzos (9), esta vez en celemines de trigo, y después se pone en marcha hasta el río, donde tiene lugar una segunda subasta, continuando la procesión hasta la Peña de la Bandera y una tercera subasta; regreso al río, con nueva subasta, hasta la ermita, donde se realiza la última. En total cinco subastas a lo largo de todo el recorrido procesional.

Una vez en la ermita se celebra la misa presidida por la imagen de la Virgen.

Durante el ofertorio los hermanos besan la estola del abad, mientras los dulzaineros interpretan una pausada música. En la consagración suena la Marcha Real -hoy el Himno Nacional-.

Tras la misa se efectúa una sexta subasta, pero en esta ocasión es la de las roscas y limones del mayo'.

- "Dos celemines, dos y medio, tres...".

(Una voz corta la subida).

- "Buen, provecho".

La función de subastero corresponde al manda. (Lám. IV).


Es después de esta almoneda cuando los hermanos bailan a la Virgen, en espera de la hora en que suene el campanillo avisando del momento de tomar el trago de la bandera.

Bailar a la Virgen

Llama la atención el mundo religioso y profano, a un mismo tiempo, que se deja entrever en este baile a la Virgen y con la Virgen.

Aragonés Subero nos lo describe gráficamente (10): "el bailador atraviesa la puerta del templo, se persigna, avanza despacio hacia la imagen -que se encuentra en el altar mayor- hace una reverencia -más devota que galante-, y los músicos -dulzaina y tamboril- empiezan la jota.

Cada hermano baila a su libre albedrío, procurando hacer cuantas más reverencias.

Hace algunos años un par de hermanos movían suavemente las andas de la Virgen con lo que sus ropas se balanceaban ligeramente, dando idea de un baile en pareja.

Al finalizar su baile el hermano camina de espaldas a la puerta, sin quitar la vista de la imagen y desde allí vuelve a hacer una reverencia y a persignarse de nuevo, recibiendo el premio de unos aplausos por parte del público asistente, que siempre es mucho" (11).

Sigue la comida, únicamente entre hermanos. Comen en compañía del abad ensaladas y cabrito asado que sirven el seise principal, cubierto con su capa; el mayordomo, con su chaquetilla, y con la ayuda del manda.

Una vez que ha terminado la comida, el fiel de fechos comenta los sucesos del año y, tras su intervención, les dirige una breve alocución el abad, que finaliza con el rezo acostumbrado y la despedida de las insignias.

Los hermanos de chaquetilla, las mujeres y los dulzaineros desde la puerta de la casa de la ermita, y los hermanos con capa, desde la escalera del comedor.

Dos o tres hermanos de los más jóvenes sirven después la comida a quienes la sirvieron antes.

Sobre las seis de la tarde se regresa a la villa, no sin antes rezar y cantar en la propia ermita la salve en honor a la Virgen de la Estrella.

A la voz del manda de:

- "Señores hermanos, a caballo", se inicia el desfile de regreso y, al igual que se hizo por la mañana, se subasta la bandera:

- "Buen chico la lleva".

Se hace una parada en la primera peña, donde se reza y se subasta la bandera otra vez; lo mismo se hace en la segunda. Pero desde allí, en debida formación, se atraviesa la villa hasta el arrabal de Puertacaballos, donde se celebra la conocida galopada que da nombre a la conmemoración.

Tras las carreras se acompaña al abad a su casa, donde obsequia con limonada a los hermanos, que no deben apearse de sus cabalgaduras. Luego van a casa del prioste, donde beben vino en porrón, permaneciendo montados, hasta que se oye la voz de:

- "Señores hermanos, a pie".

En casa del prioste se junta la mesa de seises para hablar de la posible sustitución del prioste y el mayordomo del año venidero, cambio que tendrá lugar el domingo siguiente.

Finaliza el día con el reparto, por el manda, de la colación -pan y vino- que se da a los hermanos que, por enfermedad o luto, no hayan podido participar en los actos de la fiesta.

D) El Domingo de Trinidad y siguiendo el tradicional protocolo, la mesa acompañada por las mujeres va de la casa del prioste a la iglesia de San Juan, donde acude el resto de los hermanos para desde allí ir en procesión a la iglesia románica de la Santísima Trinidad y oir misa.

Acabada, el seise invita a todos a ir a casa del prioste para tomar un refrigerio, a la voz de:

- "Señores hermanos, acompañen las insignias".

Luego, cada cual regresa a su casa hasta la hora de cambiar la vara.

Esta ceremonia de cambiar la vara se celebra en la iglesia de la Trinidad. A ella deben de acudir todos los hermanos y el abad.

Después de unas breves oraciones, ya en el atrio de la iglesia, y previo anuncio por el fiel de fechos de quienes han sido nombrados para los cargos de prioste y mayordomo para el año próximo, pasan a recibir las varas de mano del propio abad, que pronuncia la siguiente lapidaria frase:

- "Que la sirva según los usos y costumbres de la cofradía".

Nuevamente se reza por todos.

Luego hay convite en casa del prioste saliente, desde la que se despiden las insignias, para ir más tarde a casa del prioste entrante a "Dar la Enhorabuena", donde quedan depositadas hasta el día siguiente en que saldrán a la Misa de Difuntos.

y E) Ocho días después del Domingo de Pentecostés, denominado Lunes de Cernina (12), se rinden cuentas, se escotan los gastos y se ofrece en la iglesia de la Santísima Trinidad una misa por el alma de los cofrades difuntos.

También se reparte el Pan de la Virgen a hermanos y pueblo en general, así como la colación a los hermanos que no pudieron participar en la fiesta por enfermedad o luto, como ya vimos.

LA LEYENDA DE SAN JULIaN "EL HOSPITALARIO"

Según José Antonio Nieto, el hecho de que los miembros de la cofradía de "La Caballada" pertenecieran a tal hermandad entrañaba una serie de compromisos que cumplir, en cierto modo muy llamativos, referentes a la vida de San Julián "el Hospitalario" (13).

Alrededor de este santo existía una leyenda, tradicional y muy conocida, que tiene mucho que ver con aquel otro santo, que al fin y al cabo lo fue entroncado a la existencia de un parricida, tal y como sucede en la leyenda de don Teodosio de Goñi, en Navarra, relatada en múltiples ocasiones por Caro Baroja y otros seguidores.

Parece ser que se iguala a este santo -San Julián "el Hospitalario"- con un parricida, que después de haber reconocido su pecado -la muerte por asesinato no premeditado y nocturno de sus padres, por celos, creyendo que su esposa yacía en la cama con algún desconocido, aprovechando su ausencia, cuando en realidad la esposa había dejado el mejor lecho para que pudieran descansar mejor los padres de Julián, que habían llegado de visita desconociendo que su hijo hacía tiempo que había emprendido un largo viaje- pide perdón y como penitencia dedica parte de sus muchas riquezas a la construcción de hospitales a la vera de los caminos, en los que poder acoger a los múltiples transeúntes del momento.

¿Qué nos quiere decir ésto? ¿Acaso San Julián no es -o era- la advocación de los arrieros atencinos, todo el día de camino, por caminos insospechados y llenos de peligros? ¿No son estas personas que recorren los caminos las que necesitan más y mejor hospitalidad? ¿No fueron acaso quienes -con sus dineros- mandaron construir los mejores hospitales de peregrinos?

En la leyenda se da cuenta del mencionado parricidio, pero ¿acaso no es también un parricidio el que el futuro rey Alfonso VIII quede en manos de una familia que no lo admite?

Además, en Atienza existe un hospital llamado de San Julián destinado a pobres transeúntes.

Queda claro a lo largo de todos estos actos que La Caballada es la celebración de la fiesta principal de una cofradía -muy antigua y jerarquizada— compuesta en sus comienzos por arrieros, que también desempeñaban labores agrícolas (de ahí la aparición en escena de San Isidro, además de los aperos que figuran en la bandera), y que tiene varios días fijados para su realización: el preparativo, el de la víspera y el principal, o Domingo de Pentecostés, que se celebra con misa, baile posterior y procesión en honor a la patrona, subastas diversas y comida de hermandad, así como otro día más destinado al recuerdo de los cofrades enfermos y fallecidos.

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NOTAS

(1) Nuestra Señora de la Estrella es una ermita de tipo rústico de pequeñas dimensiones y planta cuadrada, con un porche exterior sustentado por dos columnas y orientado al mediodía, bajo el que se encuentra la puerta de acceso. Junto a ella está la casa del santero y hospedería, donde se reúnen a comer los miembros de la cofradía. Dista unos tres kilómetros de la población. JUAN-GARCIA, Ángel de: Ermitas de Guadalajara (un paseo por la historia), Guadalajara, 1997, p. 172. Si, como señala la tradición, los arrieros pararon junto a la ermita de la Virgen de la Estrella, es que ya existía o, al menos, otra anterior. Pero, desde luego, la ermita actual nada tiene que ver con aquella. En su interior un sencillo retablo barroco con la imagen de la Estrella, patrona de la villa, obra del s. XVII, con el Niño en brazos.

(2) GISMERA VELASCO, Tomás: La Caballada de Atienza, Zaragoza, IberCaja (col. Boira, 22), 1994, pp. 76-78.

(3) LAYNA SERRANO, Francisco: "La histórica cofradía de «La Caballada" en Atienza (Guadalajara)", Hispania, IX (Madrid, 1942), pp. 40-41.

(4) LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: "Banderas y etnografía: algunas manifestaciones de la provincia de Guadalajara", Banderas. Boletín de la Sociedad Española de Vexilología, 71-72 (Madrid, junio-septiembre, 1999), pp. 24-25 y figs. 2 y 3 en p. 23.

(5) ALONSO GORDO, José M.ª, ROBLEDO MONASTERIO, Emilio, y GARCIA DE LA TORRE, Moisés: Autos, Loas y Sainetes de Valverde de los Arroyos, Guadalajara, Excma. Diputación Provincial, 1985, p. 29, fotografía titulada "El Ramo al frente de la procesión" y p. 30, nota 11, en la que se describe el Ramo: "Estandarte circular del que cuelgan las rosquillas típicas de Valverde que se subastan el día de la fiesta. Los fondos obtenidos en la subasta se dedican al culto al Señor, excepto un par que es para los danzantes. Unas rosquillas similares se subastan en La Mierla, pueblo próximo, con motivo de las fiestas del Santo Niño, así como en Majaelrayo".

(6) GONZALO HERNANDO, Eusebio: Historia de Luzaga. Fiestas, tradiciones, leyendas y canciones, Guadalajara, Aache Eds. (Col. Tierra de Guadalajara, 26), 1999, pp. 53-55.

(7) YELA GARRALON, Guillermo: "Las ramas de Torrebeleña", Cuadernos de Etnología de Guadalajara, 25 (1993), pp. 365-374 y 26 (1994), pp. 357-363 (continuación). La mejor tipología de este tipo de "ramos" puede verse en RUBIO FUENTES, Manuel: "El “Ramo de Cuaresma” en Cosgostrina”, Cuadernos de Etnología de Guadalajara, 29 (1997), pp. 297-300, especialmente.

(8) Los hermanos de la cofradía siempre han puesto buen cuidado en establecer su antigüedad y mando a través de la vestimenta que, según María Elisa SANCHEZ SANZ, es fundamentalmente de dos tipos: la de los que han servido la vara, consistente en capa parda, corbata y sombrero de ala ancha, y la de quienes aún no han desempeñado cargo alguno, que llevan chaquetilla corta bordada con sus iniciales y flores de varios colores.

SANCHEZ SANZ, M.a Elisa: "La Caballada.... ¿Historia o fe?", Narria, 1 (Universidad Autónoma de Madrid/Museo de Artes y Tradiciones Populares, 1976), pp. 26-29.

(9) Cada uno de los palos de las andas sobre la que va la imagen de la Virgen, en este caso. Denominados "lanteros" y traseros o "zagueros". Normalmente a la hora de subastarlos se ofrece más por los delanteros que por los traseros y, dentro de éstos, más por el derecho que por el izquierdo.

(10) ARAGONES SUBERO, Antonio: Danzas, rondas y música popular de Guadalajara, 1.ª ed., Guadalajara, Patronato de Cultura "Marqués de Santillana"/Diputación Provincial de Guadalajara, 1973, pp. 87-88, "Danza de los arrieros".

(11) El andar o correr de espaldas al camino sin quitar la vista de la imagen protectora se da con relativa frecuencia en algunas otras manifestaciones del folklore religioso; así sucede con la "botarga" de Retiendas, durante la procesión de la Virgen de las Candelas, el día 2 de febrero, y con la de Valdenuño Fernández, en la procesión de la fiesta del Niño Perdido, el domingo siguiente al día de Reyes o de Epifanía, ambas en la provincia de Guadalajara. LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: Folklore tradicional de Guadalajara (Fiestas declaradas de interés turístico provincial), Guadalajara, Diputación Provincial de Guadalajara, 1986, pp. 28-29 y 15-16, respectivamente. También se actúa de igual manera en Checa, durante las fiestas de agosto, en honor de San Bartolomé, donde se mantiene la tradición de la "danza del pañuelo" con la procesión del santo, reminiscencia de la que se hacía en el pasado llamada la fiesta de "la bandera". Dicha "danza del pañuelo" o "baile del pañuelo" tiene lugar el día 24. Después de la misa se hace una procesión con el santo y hacia la mitad del recorrido, en una calle amplia y llana, se para la procesión y se ejecuta la "danza" o "saludo del pañuelo". Unos cincuenta metros frente a la imagen se sitúan los que quieren participar, en fila, y uno tras otro van desfilando ante el santo con un pañuelo en la mano derecha que deben mantener levantada, y haciendo dos o tres genuflexiones durante el camino hasta la imagen, besando el pañuelo y haciendo una reverencia con la mano. La última se hace ante el santo y se regresa a la posición inicial sin volverle la espalda. LIZARAZU DE MESA, Asunción: Cancionero popular tradicional de Guadalajara, Guadalajara, Diputación Provincial de Guadalajara/Caja de Guadalajara, 1995, tomo I, pp. 283-286 y LOPEZ DE LOS MOZOS, José Ramón: "Banderas y Etnografía...", op. cit., p. 32.

(12) Una cernina es una trampa en el juego. Aquí es posible que aluda al pago de los diferentes gastos surgidos en el desarrollo de la celebración.

(13) NIETO, José Antonio: "La Caballada de Atienza", Raigambres. Estudios Etnológicos Hispanos, s.d., (separata de Profesión Médica).


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