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ALZIRA: UN PEQUEÑO CORPUS DE LITERATURA ORAL

NIEVES MARTIN, Rafaela

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 233.

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A. INTRODUCCIÓN

En las Navidades de 1998 tuve la ocasión de entrevistarme con un hombre natural de Alzira (Valencia), nacido el 7 de diciembre de 1912. La experiencia fue extraordinaria porque para mí supuso el descubrimiento de la literatura e historia orales de una tierra, la valenciana -y, en concreto, la alcireña- que, por desgracia, parecen un poco olvidadas por los investigadores. Esta es la razón de que me haya visto forzada a recurrir a fuentes folklóricas ajenas al ámbito valenciano para realizar su estudio comparativo, y es algo que espero se subsane pronto, confiando en que esta breve presentación sirva de estímulo para nuevos estudios.

Mi desconocimiento del valenciano impidió a mi informante expresarse con la libertad con que lo habría hecho en otras circunstancias. La importancia de esta limitación se revela con claridad, por ejemplo, en el caso del texto n.° 29 (el cuento de El amigo orgulloso y los albaricoques), pues el informante tuvo que traducirme al castellano la oración que los amigos disfrazados iban cantando.

Para la elaboración de este corpus, traté de ceñirme al Cuestionario para la realización del Atlas General de Mitos y Leyendas del Mundo Hispánico que mi profesor, José Manuel Pedrosa, nos proporcionó para la realización de trabajos de campo. Por desgracia, la falta de tiempo me impidió completarlo, y quedan en el aire demasiadas cuestiones que espero completar en su momento. Por otra parte, el escepticismo de mi informante sobre algunos temas como la brujería, la magia o las supersticiones, supuso una traba para la realización de mi trabajo, pues determinadas informaciones le resultaban tan poco creíbles que no se había molestado en darles crédito ni importancia cuando las había oído a lo largo de su vida. Ejemplo de ello lo tenemos, sin ir más lejos, en la vaga referencia que el informante hizo sobre las tradiciones de la noche de San Juan (n.° 10), que apenas quedan explicadas.

Los materiales aquí recogidos son de una riqueza y variedad sorprendentes. Si a eso le añadimos que proceden de un solo informante, la sorpresa se convierte en mayúscula. Por si fuera poco, a todo ello se une una gran belleza estética. Buen ejemplo de ello es el cuento n.° 26 (La golondrina y la zorra), que no puedo evitar destacar por la especial riqueza y belleza de detalles novelescos que confluyen en él.

No todos los materiales que recogí pudieron incluirse dentro de este corpus. Muchas anécdotas procedían no de fuentes tradicionales, sino de lecturas de mi informante, que me manifestó su predilección por el estudio de la Historia de España y de la Literatura, y por eso tuvieron que ser descartadas.

B. ALGUNAS RAICES Y PARALELOS

Dentro de este corpus de historia y literatura oral, podemos encontrar interesantísimos -en ocasiones sorprendentes- paralelos con otras versiones y testimonios recogidos en diversas zonas de España y en otros países de habla hispana y no hispana. Esto avala el importante valor etnológico y antropológico de este tipo de materiales.

Sobre los efectos de la luna en la piel (n.° 5), encontramos que, en Priego (Córdoba), se cree que: "Cuando eran chiquitillos los niños, si los ponían a la luna, cogían calenturas" (1).

En Mogarraz (Salamanca), se dice que:

"Cuando les coge la luna a los niños, se ponen colorados. Hacen la caca verde y se escuecen como si estuvieran quemados" (2).

En estos dos casos, se aprecia un miedo supersticioso a los efectos de la luna en los niños, que puede rastrearse también en otras zonas y que se manifiesta en la irritación de la piel. Estas creencias contrastan fuertemente con el testimonio alcireño, pues en éste el efecto de la luna es el oscurecimiento de la piel, sin ningún efecto negativo, y sobre todo el conjunto de la población, independientemente de su edad. Este contraste puede deberse al carácter del informante, marcadamente cientificista y escéptico ante cualquier creencia supersticiosa. Sería necesario recoger otros testimonios del lugar para confirmar estas hipótesis. De cualquier manera, no puede pasar desapercibida la creencia popular en los efectos que la luna produce en la piel.

La creencia en que las tormentas pueden alejarse con cohetes (n.° 6) está muy extendida por todo el territorio peninsular, y es práctica que aún se viene desarrollando en diversos lugares. En Manzanares (Ciudad Real), Sobradillo (Salamanca), Villarejo de Fuentes y Montalvo (Cuenca) y Lérida es un ritual aún frecuente (3). Mi padre, oriundo de San Vicente de Alcántara (Badajoz), me ofreció un testimonio similar a éstos. En todos los casos, se cree que el cohete puede partir la tormenta y, así, anular su fuerza. Muy curioso es el testimonio de Villarejo de Fuentes, donde la "batalla de cohetes" se organizaba junto con el pueblo vecino, Montalvo.

La costumbre de sacar a los santos en procesión para protegerse de las inundaciones y riadas (n.° 7) enlaza con infinidad de tradiciones que confieren un sentido mágico de protección al papel de los santos en la vida de los pueblos. En Alzira, como seguramente debe ocurrir en otros lugares donde se viva con la amenaza de los aluviones de agua, se toma al patrón del pueblo y se pasea por las calles en procesión para detener la catástrofe. En otras zonas, donde lo preocupante no es el exceso de agua sino su escasez, esta práctica toma un sentido opuesto. Diversos ejemplos los encontramos en pueblos de Salamanca (4), donde se pasean imágenes (San Marcos, San Isidro, Cristo de Armenteros, Cristo del Humilladero, Nuestra Señora del Villar,...) para pedir a los santos que llueva. Todo ello refleja el sentido milagroso que se ha atribuido a los santos desde tiempos antiguos.

Sobre las señales que indican cambio de temperatura (n.° 8) casi no hay ni que mencionar, por su cotidianidad, el extensísimo uso que se hace de ese tipo de objetos preparados para predecir el tiempo, gracias a la incorporación de una cuerda de guitarra, a los que se refiere en primer lugar el informante.

En segundo lugar, el interés que tiene la observación de la vida de los animales (en especial de los pájaros) para predecir el tiempo es otra manifestación muy extendida en la sabiduría popular. En Salvatierra de Tormes (Salamanca), la presencia de pájaros (sobre todo gorriones y curuchos) se considera pronóstico de lluvia. En El Cabaco (Salamanca) el hecho de que las gallinas cacareen y se revuelquen se considera también indicio de lluvia. En Priego (Córdoba) son los grajos y las grajillas los que indican cambio de temperatura, según sea la altura de su vuelo y según vayan del río a la sierra o de la sierra al río (5).

Una explicación más detallada requieren las referencias aportadas por el informante sobre las tradiciones relativas a la noche de San Juan, muy vagamente apuntadas por él (n.° 10). En numerosísimos lugares del territorio peninsular era y sigue siendo corriente la creencia de que, en la noche de San Juan, a través de ciertos ritos mágicos, se pueden propiciar los noviazgos, conocer la identidad del futuro novio o, también, saber el grado de correspondencia amorosa entre dos enamorados (6).

En la zona valenciana, "la práctica más común era la de la [flor] carxofa borda, que se colocaba debajo de la cama y, si al siguiente día aparecía abierta, significaba una respuesta positiva del novio deseado".

En la tradición catalana, en cambio, la flor se colocaba debajo de la almohada con objeto de soñar con el novio desconocido, tras recitar una cancioncilla.

En Castilla y Extremadura, el rito adquiere una dimensión selectiva, pues se utilizan varios cardos, uno por cada pretendiente, cuyos tallos se queman y, después se colocan bajo la cama. El que haya florecido por la mañana corresponderá al futuro novio.

En Murcia, se emplea un solo cardo, y su florecimiento indica que el novio quiere a la chica.

Sobre la alcachofa, existe un ritual en Extremadura empleado para conocer cuál de los dos novios es el más enamorado -otro muy parecido existe también en Portugal, donde, además, el ritual se acompaña de canciones-. Para ello, se cogen las alcachofas, que están en flor por San Juan y se queman sus estambres mientras suenan las campanadas de media noche, de modo que, al sonar el último golpe, los novios hayan tenido tiempo de colocar las dos alcachofas bajo la cama. El grado de florecimiento de cada alcachofa indica el grado de enamoramiento de cada uno de los dos novios.

En Andalucía, tenemos otro ritual que se realiza con una alcachofa. En este caso, el florecimiento de la alcachofa quemada a las doce "sirve para predecir la buena o mala armonía en los matrimonios".

Podemos concluir con J. M. Pedrosa que "los sugestivos ingredientes mágico-supersticiosos y el profundo arraigo de este rito a lo largo y ancho de toda la geografía folklórica peninsular son indicios de que sus orígenes deben de ser muy antiguos".

Todos estos ritos nos indican el carácter mágico que se atribuye a la festividad de San Juan, cuyo profundo arraigo no se limita sólo a la Península, sino que se encuentra también en otras tradiciones, como es el caso de la británica o la malgache.

Por lo que se refiere a los mitos y leyendas de fundación y topográficos, se destaca la singularidad de las informaciones aportadas, muy arraigadas en el marco de la historia oral del pueblo al que se refieren, por lo que resulta difícil encontrar testimonios paralelos. No obstante, hay que destacar que, en esencia, muchas de ellas tienen un motivo central que se repite en muchísimas tradiciones.

Mencionemos el caso más llamativo de todos, el del descubrimiento de la cueva por el ganado (n.° 15). En este caso, encontramos el motivo del animal cornudo que lleva al descubrimiento del tesoro, que se presenta en otros mitos, como es el caso de diversas leyendas orales sobre el descubrimiento del café.

En otros mitos, estos animales llevan al descubrimiento de otro tipo de tesoro: el religioso. Así, en Quito existe una leyenda en la que un cura, muerto de hambre, entierra una Virgen de madera, echándole sal encima. Serán las ovejas las que, a la mañana siguiente, encuentren a la Milagrosa escarbando la tierra (7).

Mayor interés presentan los mitos y leyendas hagiográficos, de los que encontramos paralelos diversos. En lo que se refiere a la historia de La Virgen de los Desamparados y los escultores (n.° 20a), encontramos que es muy corriente el motivo del encuentro de la imagen tallada cuyo artífice desaparece sin dejar rastro. En el caso que nos ocupa, nos encontramos ante auténticos escultores, pero, en la mayoría de los casos, se trata de peregrinos o refugiados que tallan la imagen en señal de agradecimiento por la hospitalidad recibida. Buenos ejemplos son los del Santo Cristo de San Carlos del Valle (Ciudad Real), el Cristo de Jaén y el Cristo de Soria (8).

En el primero de los casos, unos peregrinos fueron acogidos una noche en el pajar del señor del pueblo. Por la mañana, ya no estaban y, en su lugar, habían dejado una roca enorme con un Santo Cristo dibujado. En este caso, la imagen era fuente de milagros y provocó peregrinaciones.

En el segundo caso, un pastor se vio sorprendido en el campo por una tormenta, y fue acogido en un cortijo para pasar la noche. Durante la noche se oyeron golpes y, por la mañana, encontraron la talla de madera. Se cree que el pastor era Jesucristo, y que la talla la hizo a su imagen y semejanza. También en este caso, se habla de milagros obrados por la imagen.

En el último de los ejemplos, un hombre llegó a una finca donde había trabajadores y pidió permiso para pasar allí la noche. Solicitó un tronco y talló la imagen del Cristo tomando rasgos de los distintos trabajadores. Por la mañana se había marchado, dejando allí la talla.

Resulta interesante al comparar estos ejemplos el hecho de que, en los casos en que el responsable de la talla es una sola persona, la imagen adquiera rasgos humanos conocidos (en el caso del Cristo de Jaén son los rasgos del propio escultor, mientras que en el de Soria son los de los trabajadores). Esto se debe probablemente a la singularidad que adquiere el tallador individual frente al grupo.

La historia de La Virgen de los Desamparados y la alhaja robada (n.° 20b) presenta similitudes evidentes con la historia escrita de El Cristo de la Vega, como muy bien apunta el informante. En ambos casos se pretende dar una explicación milagrosa a la postura tan especial que presentan las imágenes. En los dos, la imagen sirve de testigo divino ante las acusaciones presentadas. Su testimonio es inapelable y facilita la liberación del chico acusado injustamente en el primer caso, mientras que, en el segundo, devuelve la honra a la novia abandonada.

La Vida de San Bernardo Mártir (n.° 21) presenta semejanzas con muchas historias de santos, muchos infieles, que se convierten al cristianismo. En todas ellas encontramos la revelación divina (en este caso propiciada por los cantos de los monjes), la conversión (que implica siempre el cambio de nombre como símbolo de la asunción de una nueva identidad religiosa), la persecución por parte de los infieles, el martirio, la muerte y la santificación.

La Vida de San Bernardo Mártir presenta un interés añadido por el testimonio de historia oral aportado, en cuyo desarrollo adquiere el informante un papel de testigo presencial de los hechos. La narración se presenta así de forma muy completa, pues se nos narra no sólo la vida del santo, sino también la suerte corrida por sus restos. La precisión de los detalles indica claramente el carácter local de la vida de este santo, patrón de la ciudad.

En lo que se refiere a San Vicente Ferrer (n.° 22), está muy extendida por todo el mundo la creencia de fe en un santo protector de la ciudad, pueblo o aldea frente a fenómenos atmosféricos adversos. Hay que añadir que estos santos protectores suelen ser los que se sacan en procesión cuando se presenta la desgracia temida, como ya mencionamos anteriormente. La permanencia del santo en la ciudad y la fe en él mantenida por el pueblo se convierten en garantes de la seguridad. Algo parecido ocurre en el caso de Alcalá de Henares con San Diego.

En Alcalá se cuenta que la ciudad estaba inundada en el momento de llegar San Diego a ella. Con su báculo, San Diego abrió una sima en la Plaza que lleva su nombre, a través de la cual se fue toda el agua. Y, como en la alcireña, "dice la leyenda que si San Diego sale de Alcalá, volverá a inundarse" (9).

Leyendas sobre moros y cristianos enamorados sin el consentimiento de los familiares y que terminan con el asesinato del muchacho (a veces de los dos jóvenes) por parte de los familiares (n.° 23) son también muy comunes en toda la Península, igual que lo son con la variante de judíos y cristianos. Ello se justifica muy bien desde el punto de vista histórico, pues subsisten estas historias en zonas donde fue larga y profunda la convivencia de estas tres culturas. La existencia de este tipo de historias debe de remontar a muchos siglos atrás, a la época de una convivencia que no pudo librarse de altercados, rivalidades y odios muy frecuentes. Señalemos dos ejemplos, uno entre moros y cristianos y otro entre judíos y cristianos.

En Priego (Córdoba), se cuenta que una reina mora bajaba por un subterráneo desde el castillo a La Cubé, donde se encontraba con su amante cristiano, y que, al enterarse el rey, los degolló allí a los dos.

Sobre judíos y cristianos, tenemos un testimonio precioso de Toledo. Allí se cuenta que un cristiano se enamoró de una judía y que, al enterarse los hermanos de ella, mataron al novio y lo tiraron a un pozo. A raíz de esto, el agua que salía del pozo sabía amarga y, por eso, se le dio el nombre de "Pozo Amargo" (10).

El cuento de La golondrina, la zorra y el pez Federico (n.° 25) es una extraña variación de "un tipo de cuento muy popular en la tradición hispánica. Es el famoso cuento árabe del Calila y Dimna de la paloma, la golpeja y el alcaraván, con un desarrollo nuevo y muy notable al final" (11), que ha sido estudiado en profundidad por Aurelio M. Espinosa. La diferencia fundamental entre el tipo árabe y el hispánico se encuentra al final del cuento: mientras que, en el tipo árabe, el lobo acababa comiéndose al ayudante de su víctima, en el tipo hispánico, el lobo resulta finalmente burlado. Lo que, según Espinosa, ha ocurrido aquí, es que, al entrar en Europa el cuento procedente del Calila y Dimna, se amalgamó con un tipo de cuento muy difundido que relataba cómo un ave apresada por engaño, se escapaba de su agresor también por engaño. De esta manera se formó un nuevo tipo de cuento, con gran desarrollo en España, desplazando al arquetipo primitivo del Calila y Dimna, que no echó raíces en nuestra tradición.

Si seguimos la clasificación de los elementos del cuento elaborada por Espinosa, encontramos que, en la versión que nos ocupa, el desarrollo, en esencia, es el siguiente: A, B, C, D6, F. Sin embargo, encontramos diferencias muy significativas en esta versión que no se registran en otras.

El elemento que más llama la atención es el cambio de especie del ayudante. En todas las demás versiones del cuento, el ayudante de la víctima es un ave -generalmente el alcaraván- mientras que aquí se trata de un pez, sin especificar de qué especie, que responde al nombre de Federico. Este es otro rasgo diferenciador, pues en las demás versiones no se da ningún nombre al ayudante, como tampoco se da a los demás animales que protagonizan el cuento.

Otro detalle que lo distingue de las demás versiones consiste en que, en el momento de recibir el consejo, nuestra golondrina aún no ha dado ninguno de sus hijos a la zorra. En las demás versiones, la víctima va dando sus hijitos al lobo uno a uno, hasta que recibe el consejo del alcaraván.

Interesantes son también las variaciones que se encuentran en las fórmulas utilizadas por el lobo o zorro (en nuestra versión la zorra) y por la paloma (golondrina aquí). En la versión registrada por Espinosa en Toro, encontramos que el zorro dice: "Peguita, dame un peguito, / que si no, te corto el ponjo", mientras que en la que nos ocupa, las palabras exactas son: "Golondrina, si no me das un golondrino, / con el rabo te cortaré el pino". Por su parte, la pega dirá (por consejo del alcaraván): "El hocil sí corta el ponjo, / pero no el rabo [d]el raposo", mientras que la golondrina dice (gracias al consejo del pez Federico): "Los pinos no se cortan con rabos de zorra; / se cortan con buen hacha, / con buen vino / y con buenos pedazos de tocino". Las palabras de la zorra en la versión alcireña dejan claro cuál será el utensilio utilizado para la tala del árbol, mientras que, en la de Toro, no se dice, a pesar de lo cual la pega asume como evidente (y de ahí sus palabras) que la supuesta agresión se produciría con el rabo. Por otra parte, la versión zamorana menciona tan sólo el hocil como elemento indispensable para la tala del árbol, mientras que, en la valenciana, además del hacha, se precisan vino y "buenos pedazos de tocino". Esto aporta un fresco toque de humor a la versión alcireña ausente en la zamorana, si bien es cierto que nuestra golondrina no se ha visto privada de ninguno de sus hijitos.

Todas estas diferencias pueden ser indicio de un desarrollo propio del área valenciana de este tipo de cuento. Sería preciso realizar un estudio en profundidad en toda la zona para llegar a conclusiones más contundentes.

No he encontrado versiones parecidas a la del cuento de El gato y los ratones (n.° 26) en la tradición hispánica, si bien se pueden señalar conexiones con ciertos motivos aparecidos en otros cuentos europeos, como ocurre con el famoso cuento recogido por Grimm con el título de Tres hijos afortunados (12).

En este cuento, uno de los hermanos consigue labrar su fortuna al llegar a una isla acosada por los ratones, donde el gato es desconocido. El cuento alemán presenta un motivo muy común en este tipo de relatos donde se desarrolla una acción, si no maravillosa, al menos imposible en la realidad -que no se conozca un gato en un lugar es algo realmente increíble-, que es el de la isla como espacio mágico. Este motivo se ha eliminado en el cuento que nos ocupa, en el que no se especifica lugar, así que la acción puede desarrollarse perfectamente en tierra firme. Lo que sí es común en ambos casos es la existencia de un lugar extraordinario poblado de ratones en el que el gato no se conoce.

La admiración y el miedo que despierta este animal desconocido es común a los dos cuentos y, en ambos, el desconocimiento del animal provoca malentendidos que conducen al pánico. En el cuento de Grimm, es el maullido del gato lo que malinterpretan los habitantes, creyendo que el animal les está amenazando. Cuando se decide enviar al emisario para que pida al gato que abandone el palacio, interpretará que, con su maullido, quiere decir: "Ni hablar". En el cuento alcireño, lo que se malinterpreta es un gesto del gato, además de las palabras del extranjero. La situación llega a límites insospechados en el cuento alemán, donde se declara la guerra al gato, que huye sin la menor dificultad. El pavor de las gentes es tal que no descansan hasta destruir el palacio a cañonazos. El cuento de nuestro informante presenta un final truncado, así que no sabemos qué decisión tomaría el pueblo contra tan fiero animal, aunque es de suponer que acabarían declarándole la guerra o huyendo.

La existencia del mismo motivo en dos cuentos tan alejados geográficamente nos lleva a sospechar una génesis antigua para este motivo, que ha tenido escasa difusión en España.

Muy interesante es también el cuento que he titulado El gato, el gallo, el pato, el cordero y los ladrones (n.° 27). Pertenece éste a un tipo de cuento que está muy difundido por casi todo el mundo. Su principal estudioso ha sido Antti Aarne, que "estudió los orígenes y la difusión de este cuento a base de unas cuatrocientas dieciocho versiones de todas partes de Occidente y algunas orientales, casi la mitad de todas finlandesas, sacadas en su mayor parte de fuentes manuscritas" (13).

Si seguimos la clasificación de los motivos fundamentales elaborada por Aarne, encontramos que nuestro cuento presenta el siguiente desarrollo: A, B, C3 y E. De esta manera, se catalogaría dentro del tipo IB establecido por Espinosa. Este tipo es, para Aarne, una de las dos formas fundamentales del arquetipo europeo primitivo, desarrollado directamente del primigenio arquetipo oriental a través de la tradición del Este de Europa. Sin embargo. Espinosa ha desechado esta teoría y ha propuesto como arquetipo primitivo de Europa el tipo I, a partir del cual se desarrollaría el tipo IB.

La mayoría de las versiones hispánicas (11 frente a 4) pertenecen al tipo IIA o IIB, que se desarrollaron durante la Edad Media a partir de un tipo II de desarrollo posterior a las del tipo I y sus variantes. Para Espinosa, "la tradición hispánica es la que conserva con más fidelidad la antigua tradición medieval" (p. 397). Del tipo IB sólo se conoce una versión hispánica de Nuevo Méjico, por lo que el hallazgo de esta versión en Alzira es de gran interés, pues es la única registrada dentro de la Península de este tipo.

Pero la singularidad de esta versión no termina aquí. El final resalta de manera especial, pues ninguna de las versiones conocidas presenta un desenlace similar. Lo interesante es el parecido que muestra con el final del cuento titulado El gallo y el pato, recogido por Fernán Caballero y del que no se conocen versiones orales posteriores (14).

El desarrollo de este pequeño cuento es el siguiente: un pato convence a un gallo de que se corte la cresta y los espolones. Después de ésto, los dos van a dar un paseo, dejando la puerta del corral abierta por descuido. Al volver, el gallo se dirige a encender fuego, y distingue dos extrañas luces, que resultan ser los ojos de un gato que se ha metido en la casa. El gato se abalanza contra el gallo y comienzan a pelear. El pato, viendo ésto, exclama: "Paz, caballeros; paz, paz, caballeros; paz, paz, paz, paz".

Este detalle del pato clamando "paz" en medio de todo el jaleo no se encuentra en ninguna otra versión ya que, en todas las demás, los animales hacen frente común contra los ladrones (o lobos, o el amo de la casa, según). Por otra parte, parece demasiada casualidad que, en ambos cuentos, se haya juntado este motivo con el de los ojos del gato reluciendo junto al fuego.

La importancia del hallazgo de este cuento radica en que su descubrimiento puede señalar el origen folklórico del cuento recogido por Fernán Caballero, lo que nos llevaría a descartar la hipótesis de Camarena y Chevalier, que consideran este cuento "más como un ejercicio literario de creación personal, realizado al hilo de la actualidad de su tiempo, que como un cuento efectivamente folklórico" (Camarena y Chevalier, p. 347).

Es muy frecuente que, en lugares donde ha habido enterramientos en algún momento, surjan leyendas de aparecidos o de fantasmas debidas a alguna profanación realizada a los cuerpos allí enterrados, como excavaciones, construcciones, etc. En ese sentido, es muy interesante el testimonio sobre la antigua localización de los enterramientos, pues es muy probable que en esos determinados lugares hayan surgido leyendas de ese tipo, aunque nuestro informante no las conozca (n.° 31). Habría que seguir investigando para verificar esta hipótesis.

Sirvan estos breves apuntes de reflexión sobre la riqueza de los materiales folklóricos, que nos señalan interesantes conexiones etnológicas entre diversas tradiciones. Y, sin más dilaciones, demos paso al corpus.

C. CORPUS MITOS Y LEYENDAS COSMOGONICOS Y METEOROLOGICOS

1. El arco iris y los espejismos

Yo fui, hace ya más de cincuenta años, a Andalucía. Y Andalucía tiene una parte enorme de tierra plana, enorme, grandísima, que entonces era tierra para sembrar arroz. Yo iba con el coche en medio de una llanura enorme y decía:

- Mira: allá vamos derechos a un río de agua.

Y venga, y venga. Y aquello iba andando, andando y:

- ¡No! ¡Si hemos visto el agua por ahí!

Y no hay más. Llegabas allí y pasabas. Era un espejismo. Pues eso ocurre mucho en Andalucía. En otras partes de España no creo. Entonces puede que ocurriera en muchas partes porque no estaba España tan trabajada como está hoy.

Pues los espejismos es muy parecido a eso que estabas diciendo tú de los arco iris, porque el arco iris también es un espejismo. Y eso es verdad. Yo no lo creía, pero cuando yo lo vi, digo:

- Hombre, pero si hemos visto ahí un río de agua, y ahora íbamos a pasar por ahí, y resulta que se ha desvanecido, se ha ido.

Eso es del calor. En plena canícula es cuando ocurren estas cosas.

2. Las estrellas y sus formas

Las estrellas en el cielo forman los grupos que ya conocemos: la osa mayor, la osa menor, la cruz de caravaca. A mis hijas yo se las he enseñado muchas veces por la noche allí en el huerto:

- Mira, ¿ves? La cruz de caravaca.

Que sabes cómo es, que en vez de una, tiene dos cruces. Pues está en el cielo.

El camino de Santiago, que dicen que está formado por una cantidad enorme de estrellas que forman un resplandor que se nota la raya. Pero, en cambio, dicen que eso, efectivamente, es el camino de Santiago, por donde los primitivos europeos venían a Santiago de Compostela. Venían guiados por el camino de Santiago.

3. La sombra de los objetos y la hora

En una piedra mismo ves la hora, pero en pleno día. Por la noche no. Muy bien.

4. Los puntos cardinales

Tú llegas a cualquier parte y encuentras una piedra semienterrada. No enterrada del todo, que tú la puedes mover, pero que ha estado mucho tiempo, pero mucho, quieta en su sitio, una piedra grande. Y, mirándola, puedes saber inmediatamente dónde está el Sur, dónde está el Norte y dónde está el Este. Tú la coges, la levantas con cuidado y ves debajo de ella. La parte que encuentres vida -porque siempre encontrarás bichitos, siempre, siempre encontrarás bichitos-, la parte donde encuentres vida, bichitos allí, ésa es la parte del Sur. Teniendo la parte del sur, ya tienes las tres partes.

Además, viendo un árbol, un árbol que esté solitario, en una montaña. Llegas al árbol y dices:

- A ver, ¿dónde está el sur?

Y donde está el sur es donde tiene las ramas más bajitas hacia el suelo. Esto es porque el tiempo más malo siempre procede del Norte. El Norte produce aire fresco, aire malo y los animales huyen y ¿dónde se refugian? En la parte Sur, donde no llega el Norte y donde se puede estar un poco más calentito, un poco más confortable.

En un árbol: como resulta que el árbol tiene que resistir -tiene que ser un árbol viejo, un árbol que no esté cortado ni manipulado por el hombre-, tú verás que la parte del Sur tiene las ramas más bajitas porque el sol le da la vuelta y el sol quema y entonces él hace que por esa parte las hojas vayan bajando para protegerse de los rayos del sol hasta su tronco. Y la parte de atrás resulta que las ramas no crecen porque el sol no les da y porque le da el viento, que le estropea. Eso es muy bueno para saber cuando vas por la montaña.

5. La luna y la piel

Se puede exponer [un niño] a la luna. Ahora, si esa exposición se te ocurre ponerla una hora o dos horas todas las noches, el niño se te hará negro, se hará oscuro, porque la luna hace la piel más oscura que el sol. No te quema, pero la hace más oscura. Los que están pendientes siempre de la noche, los que trabajan de noche, siempre la piel es más morena.

6. Las tormentas y los cohetes

Las tormentas se alejan con cohetes. Aquí no lo veis, pero en Valencia, allí cuando salen las tormentas, hay unas casetas hechas ya donde hay uno que se encarga de tirar los cohetes aéreos, un juego muy bueno, que cuesta mucho dinero y cuando viene una tormenta -eso ya son chicos que saben algo, entienden algo de ésto-, y cuando llega la tormenta pues los chicos ya saben que tienen que irse a la caseta que tienen, que hay lo menos trenta o cuarenta por Alzira. Llegan a la caseta, y cuando ellos saben -porque han estudiado eso-, ven que se forma el núcleo del centro de la tormenta, que se ve, se nota. Yo no sé tú, pero si tuviéramos una tormenta, yo te lo diría en un tejao:

- ¿Ves? El centro de la tormenta está ahí.

Porque se ve, se nota allí unos giros de color, de los aires que dan vueltas, que provocan la tormenta. Pues, entonces, cuando ven que está cerca de ella, ellos lanzan un disparo de ésos, porque las tormentas suelen estar a trescientos, doscientos, trescientos metros de altura lo más, todo lo más, porque lo normal es que estén a ciento, ciento cincuenta. Entonces tiran esos cohetes que pasan, y cuando llegan al centro descargan, dan un golpetazo fuerte, ¡pam! y revienta. La fuerza que tiene la tormenta la deshace.

7. San Bernardo y las riadas

La fe, dicen que mueve montañas. Pues los que tienen fe creen que los santos lo pueden todo. Por lo tanto, cuando tienen necesidad de una cosa que es una desgracia, pues van a los santos y les piden que no ocurra aquello. Pues nosotros, en Alzira, antiguamente -ahora ya no-, pero antiguamente, cuando la fe era más sencilla y la gente sabía menos que saben hoy, pues iba a la iglesia, cogía a los santos, a San Bernardo cuando las riadas, que había unas riadas muy grandes, muy grandes -yo no lo he vivido, porque era anterior a mí-, pues la gente iba, cogía al santo, lo ponía en la anda y salían con el agua a la cintura y paseaban al santo por el pueblo para que no pasara de ahí. Y creían que la riada que se iba era por el santo.

8. Señales de cambio de temperatura

En una guitarra, por ejemplo, sabes si hay sequía o hay humedad, por las cuerdas. Si las cuerdas se ponen más tirantes, es que es sequía. Si las cuerdas se aflojan, hay humedad -en una guitarra que esté bien puesta. El bichito ese que ponen en muchas casas en un reloj, que pone lluvia, seco, tal, no es ni más ni menos que una cuerda de guitarra enrollada, que cuando se pone tensa, tira, tira, tira, tira y, al tirar, el gorro se le sube a la cabeza a aquél y va a llover.

En tiempo de verano, las golondrinas. Cuando veas que las golondrinas van por cerca del suelo, va a llover.

Para saberlo hay que ver la vida que hacen ellos, los animales y, cuando cambia el tiempo, ellos hacen un cambio, entonces dices:

- Algo va a pasar.

A lo mejor no aciertas exactamente lo que va a ocurrir. A lo mejor es lluvia, a lo mejor es viento, o a lo mejor ni es viento ni es lluvia y es otra cosa, pero ellos siempre, siempre señalan un caso. Los animales... ésa es su defensa. Nosotros tenemos el entendimiento. Los animales, como no lo tienen, su defensa es la intuición. Yo no sé por qué, pero Dios les ha puesto esa intuición para defensa de ellos mismos. Por ejemplo, un caballo, que suele tener una melena larga, o un rabo, cuando empieza a moverla de aquí para allá y el rabo a hacer cosas raras, sin que haya mosquitos o sin que haya moscas, pues el tiempo cambia.

Y el perro igual. Hacen cosas raras. Se plantan y no sabes por qué.

Las ranas. El que acostumbra a ver las ranas, que esté muy acostumbrao a ver las ranas se da cuenta. Las ranas suelen estar siempre, debajo del agua no, porque se aburrirían. Aguantan mucho tiempo, porque tienen una burbuja de aire que les alimenta y les hace durar bastante tiempo debajo del agua, hasta creo que un cuarto de hora o más. Pero tienen que salir a respirar. Los sapos también. Bueno, pues si los sapos o las ranas salen de alrededor del agua y se escampan, se van lejos, es que lloverá. Y si ves una rana de ésas o un sapo encima de, por ejemplo, si estás en el campo, y ves una hierba, y encima de la hierba ves una rana o un sapo, ¿cómo puede ser una rana o un sapo encima de una hierba? Un pájaro sí, pero una rana, encima de un arbusto así de alto, es raro. Eso quiere decir que va a llover, y mucho.

Y, en ciertos montes, los agricultores se dan cuenta de que antes de una lluvia, tres o cuatro días antes, hay nubes que se cogen allí, a la punta de ella. Cuando veas una nube de aquéllas pegada a la cumbre de una montaña, dentro de tres días, agua segura.

9. La muerte en primavera y otoño

En las dos primaveras, la de verano y la de otoño, muere mucha más gente que en todo el año, doble gente. La mayoría de la gente muere en la primavera o en el otoño, morimos, o moriremos. Pues, por lo mismo, los animales suelen morir también en las dos primaveras.

10a. San Juan y los novios

Dicen que cogiendo no sé qué planta, colocándola debajo de la cama, se conseguía marido.

Se hablaba también de tener novio las chicas, si hacen así, o hacen allá.

10b. San Juan y las alcachofas

Las alcachofas por San Juan están ya todas abiertas, y suelen tener ya su corona de pétalos, como si fuera una rosa. Pues no sé qué pasa ahí que dicen que, cogiendo la alcachofa el día de San Juan y metiéndola debajo de la mesa, se seca o no se seca, o algo así.

11. Piedras con propiedades mágicas

Está la piedra de sílex, que tú, cuando quieras, enciendes fuego con ella. Na más que con rozarla, ¡chin!, puedes hacer fuego con ella.

Hay otras piedras que tienen algo de imán. No sé cuálas son, pero sí las hay.

Decían también que había piedras que mataban a los animales, pero es que hay piedras que son de sal, y la sal es veneno si comes mucha. Y hay otras que puede que tengan veneno, sí, sí.

MITOS Y LEYENDAS DE FUNDACION Y TOPOGRAFICOS

12. La fundación de Alzira

La fundación de Alzira data de la prehistoria. Se han encontrado allí cosas muy antiguas. El mar Mediterráneo llegaba a Alzira, y no precisamente por la costa, sino por el río. El río Júcar entonces era muy importante, y sigue hoy. Pues con sus grandes aguas llegaba a Alzira, y Alzira era puerto de mar por el río. Las embarcaciones entraban y salían por el río, y Alzira era puerto muy importante porque, además, tenía una configuración en aquellas épocas que siempre estaban en las guerras.

Entonces Alzira era un pueblo inexpugnable, era una isla y el río Júcar, grande, la rodeaba, y para entrar en Alzira había nada más que dos puentes. Mejor dicho, antes de haber los puentes había unas embarcaciones y unos barqueros que tenían unas barcas y, para entrar en Alzira, necesitabas subir encima de las barcas de los barqueros. Alzira era una ciudad alta, esbelta, y el río la rodeaba.

Claro, ha ocurrido una cosa: han pasado siglos y siglos y siglos y los ríos, cuando pasan, van dejando seno. Cuando llegan las riadas atrae seno de otras partes y los arrastra, y las aguas esas, rojas y llenas de tierra, se sedimentan y se quedan. Llega una riada, y deja dos dedos; otra riada, dos dedos más; la otra riada, un palmo; la otra... Ahora mismo se puede ver fácilmente. Coges un sitio donde quieras, haces un corte vertical en un sitio donde no haya nada, nada hecho, no haya obra ninguna, haces un corte vertical en una altura de cinco o seis metros y verás una, dos, tres, todas las layas y todas las sedimentaciones. ¿Qué hapasado? Con los siglos, Alzira se ha quedado honda. En cambio, la parte de fuera ha subido, porque cuando en Alzira ha entrado, por ejemplo en las casas, ha entrado el río y ha dejado unas sedimentaciones de un metro, yo la he limpiado, he quitado el barro y se me ha quedado como estaba. Pero el barro que he quitado en algún sitio está levantando. Y así, dando la vuelta a Alzira, Alzira ha ido creciendo, creciendo, creciendo, no uno ni dos ni tres ni cuatro ni cinco metros, no, muchos metros. Alzira se ha quedado honda, porque a Alzira la han limpiado el barro y está como estaba.

13. El pico de la mora

Dicen que la montaña aquella era una reina mora, era una odalisca que el rey pues la perseguía, y se tumbó encima y allí se durmió y se quedó hecha piedra.

14. La cueva del "Parpayó"

Allí nosotros tenemos una que se llama la cueva del "Parpayó", que nosotros, por desgracia, no hemos sido precavidos y listos y, en cambio, fueron los catalanes los que vinieron allí, se llevaron una cantidad enorme de cosas de la antigüedad que sacaron de la cueva aquella. Y es famosa porque está en la historia de España, y figura como que los catalanes tienen todas las cosas que han sacao de allí: utensilios de las mujeres y de la prehistoria, de huesos y cosas de ésas.

15. La cueva descubierta por el ganado

Cerca de las Cuevas de las Maravillas, hay una cueva que tenemos en Alzira, bastante grande. Esa cueva se dieron cuenta de ella en una mañana que hacía mucho frío. La montaña estaba entonces helada, y allí estaba comiendo el ganado. Y en unos sitios no había hierba y los animales se acercaban allí, y se tumbaban cerca de aquellos sitios, porque allí se estaba calentito. Los pastores ya pensaron: ¿por qué ahí? Pues hay un pequeño orificio allí, que salía de dentro lo caliente, y allí no estaba helado y los animales entonces buscaban allí y las personas dijeron:

- ¿Qué pasa aquí?

Y buscaron y encontraron un agujero, y vieron que había una cueva -porque en todas las cuevas y los pozos el tiempo está siempre igual: ni hace frío ni calor. En cambio arriba sí, hace frío o hace calor. Y cuando hace frío arriba, allí hace calor y sale un vaho, y por eso se encontraron las cuevas. Y en esa cueva, cuando la encontraron, notaron que estaba un poco tapiada con unas piedras grandes, y allí encontraron armas árabes, armas romanas y hasta armas de los franceses cuando conquistaron Valencia, que eso fue en el siglo pasao. Las habían quedao allí dentro.

16. Las Fuentes

Hay fuentes permanentes muchos años, pero hay fuentes que han salido después. Hay fuentes que están en la montaña, hay fuentes que están bajo de los ríos. Hay un sitio allí que nosotros llamamos Las Fuentes. Y Las Fuentes ahora son nada más hay que dos, y decían Las Fuentes porque antes había cinco o seis. Pues todas se han secao y nada más quedan dos. Tenían un nombre todas las fuentes que había.

17. La fuente creada por el hombre

Cerca de Alzira vinieron unos señores y dijeron:

- Vamos a ver si aquí hay petróleo.

Y no sacaron petróleo, pero sacaron agua caliente que quema, y allí está. Pero que sale una barbaridad de agua, un chorro así, y va a perderse. Y van muchos que dicen que aquello tiene propiedades y se va allí a tomar el baño porque ese agua caliente cura el reumatismo.

Pues, en vez de sacar gasolina, pues sacaron agua, y ahora se riega allí una cantidad de gente, de trabajos y de cosas con esa fuente de agua caliente, pero muy caliente. Y es una fuente. Y la gente se pregunta por qué antes no salía y por qué ahora sale. Por eso digo que el hombre puede producir fuentes como ésa, por ejemplo.

18. El ahogado del río Jucar

En el río Júcar, a la entrada, ahora han hecho un puente formidable. Pero antiguamente los ríos era donde se colocaban los molinos. Se colocaban al ladito de los ríos para hacer unas compuertas y que la fuerza del agua moviera el molino. Bueno, pues allí hubo un molino antiguamente, y había allí unas rejas de hierro que colocaban con el fin de que entrara el agua, porque antiguamente el río era una fuente por donde se trasladaban muchísimas cosas: era una carretera. Con barcas, traían la comida, de piensos. No había carreteras, y muchos muertos eran en los ríos. Bueno, pues por allí las barcas traían la comida. Como en el río se tiraban muchos palos y muchas cosas, pues para que no entraran porquerías estaba la reja, para que entrara el agua nada más.

Ha pasado el tiempo y eso del molino se ha quedado hondo. Cuando yo te cuento ésto era cuando yo tenía ocho o nueve años. Ibamos a ver el río allí y allí había algunos que iban a tomar el baño porque había un recodo. El río entraba así, y había un recodo que salía al otro lado, se metía en el molino y volvía a salir, para mover las aspas. Pero el molino aquello se rompió y se quedó hundido, se hundió. Y aquello se quedó un remanso, una balsa grande. El río continúa allí abajo, y aquí entraba una poca de agua, pero se quedaba quieta, estancada, como una balsa. Y muchos chicos iban a tomar el baño allí porque no había corriente. Y un chico de aquéllos, yo no sé qué pasó, que se tiró de cabeza o no sé qué, y tropezó con la reja, se enganchó allí y no pudo salir y allí fueron muchos de Alzira a verlo cuando lo sacaron, porque fueron las personas mayores y lo sacaron ahogado. Y era hijo precisamente del capitán de la Guardia Civil y estaba allí. Y fue muy nombrado aquello porque, precisamente, era un chico de una familia grande.

19. Los fugitivos y el río

Algunos que huían de la justicia y se pasaban a la otra parte del río huyendo. Y pasaban muchas veces con artimañas, con canutos. Así pasaban para no ahogarse.

MITOS Y LEYENDAS HAGIOGRAFICOS

20a. La Virgen de los Desamparados y los escultores

La Virgen de los Desamparados fue que llegaron a Valencia un día unos señores y pidieron...Querían una imagen, y eran escultores. Y les dijeron:

- Pues sí, pues prepararemos el material.

Y se encerraron en una habitación, en una vivienda, los dos o tres señores aquellos, y les pusieron comida y allí estuvieron, pues seis o siete días trabajando. Y cuando la gente ya, viendo que no [salían], ni se hablaba de ellos,

- ¿Estarán muertos? Vamos a entrar a ver qué pasa.

Abrieron la puerta y se encontraron que allí había una virgen y no había nadie. Una virgen, la Virgen de los Desamparados. Es la Virgen de los Desamparados porque estaba vinculada a los desamparados.

20b. La Virgen de los Desamparados y la alhaja robada

Hay otra teoría de la Virgen de los Desamparados muy bonita que es, por ejemplo, está así, con la cabeza inclinada -es la auténtica- y dice:

- ¿Los autores la hicieron así?

No, los autores no la hicieron así. Ocurrió un hecho. Hubo un chico, fue cogido por la policía porque era un ladrón, y lo encarcelaron. Todas las Vírgenes tienen muchas alhajas porque la gente se las da, unas alhajas buenísimas, y él dice que le había quitao. Su mujer rezongó a la Virgen. Le pidió que su marido lo soltaran, y es algo parecido al Cristo de Toledo, ése de la mano que puso sobre el Evangelio. Bueno, pues el caso es que llegó allí, o sea, el preso, le pidió que quería ir a la Virgen, y la Autoridad fue con él delante de la Virgen, y él le pidió a la Virgen:

- Señora, que yo no he sido el culpable, yo tengo familia, yo no he robado nada.

Entonces fueron delante todos de la Virgen.

Dice:

- Señora, ¿es verdad que no le ha quitado a la virgen y que tú le has dado -porque le pillaron la alhaja a él- ¿Se la has dado tú?

Y ella:

- Pues sí.

Y se quedó así [inclinada].

21. Vida de San Bernardo Mártir

[Esta historia] está escrita en la mente de todos los valencianos, pero no creo que la hayan escrito, pero se cuenta mucho. Estaban los moros en España, en un pueblo que se llamaba Pintarrafes, de la provincia de Valencia, cerca de Alzira. Estaban en Pintarrafes y tenían su casa. Era, precisamente, como reyezuelo su padre, Almanzor. Tenía un hijo, Almanzor, y otro, Amet. Almanzor era el mayor. Tenía dos hermanas, que se quedaban en casa. Como es natural, el hijo mayor se dedicó a la guerra y era un capitán, y el hijo menor, Amet, pues se dedicaba al estudio, estudiaba en la Universidad de Valencia. Y entonces la política necesitaba gente que uniera lo que era árabe y lo que era español. En Barcelona, pues no eran árabes y era un principado y era un príncipe el que gobernaba y había cerca de Barcelona [un monasterio]. Había siempre una tirantez política porque había unos frailes, unas comunidades que estaban muy perseguidas por los árabes. Muchas veces se tenían que marchar y dejar el monasterio al ser atracado por los árabes. Otras veces volvían y... Bueno, cosas así. Valencia entonces llegaba hasta -como ahora- hasta las cercanías de Barcelona: la parte de Cataluña era catalán, y la parte de Valencia pues no. Entonces dijeron:

- Pues que vaya un emisario para que hable con aquellas personas y se haga justicia. Y el mejor que sea pues es Amet, de Pintarrafes.

Como era un chico de una familia importante, le llamaron a él. El cogió un grupo de soldaos para que le acompañaran al viaje, y se fue a Barcelona.

El caso es que, cuando llegó allí, a un pinar, se hizo de noche, descabalgaron y se tumbaron a pasar la noche. Y a mita de la noche, observó unos cantos religiosos y dijo:

- ¿Esto qué es? Voy a ver lo que es.

Y le acompañaron y llegó allí y se encontró con un convento (éste está en Tarragona). Llegaron allí y les habló un monje. Dice:

- ¿Qué pasa aquí? Que he oído esas voces que están cantando.

- Es que nosotros somos de una orden religiosa, que trabajamos para vivir. Y ahora por la noche nos levantamos y hacemos la plegaria a Dios.

Y entonces dijo él:

- Me gustaría conocerlo y saberlo -porque era muy intelectual. Dice: -Ahora no, porque me voy a Barcelona.

Se fue a Barcelona, hizo lo que tenía que hacer y, al volver, pasó otra vez por allí. Los frailes le invitaron -porque él era un moro-, le invitaron y le dijeron que se quedara allí unos días. Tanto le gustó aquello que cogió a la gente que llevaba y le dijo:

- Id y decir la embajada que he ido, cómo ha ocurrido y qué es lo que ha pasado, que yo no voy a Valencia, yo me quedo aquí.

Se quedó en el convento, vivió unos cuantos años y, como su voluntad fue ser fraile, pues le admitieron. Y allá le bautizaron como cristiano y le pusieron de nombre Bernardo.

Y allí estuvo viviendo su vida y se cuenta -cuentan- que durante el tiempo que estuvo allí, hizo muchos, no milagros, pero cosas de muy bien, de un santo, porque ocurrió, por ejemplo, que un día, pues como era árabe, los otros frailes [le tenían manía]. Y él estaba encargado de la economía porque era un chico que sabía mucho, había estudiado bastante, y el superior le dio ese trabajo. Y como vio que siempre estaba dando a la gente que iba allí al convento y que él, además de comida, les daba mucho: ropa, dinero... Y entonces los otros decían:

- Este chico...de una de éstas nos quedamos sin un céntimo.

Y fueron y, efectivamente, le dieron el recado al superior:

- A ver qué pasa con éste, a ver qué ocurre.

Y el superior le llamó la atención:

- ¿Cómo van las cuentas? Danos cuentas de todo.

Y vieron que todo estaba lleno de comida, que todo estaba en orden y que sobraba. Se quedaron todos quietos. Y así muchas cosas de las que hizo él allí.

Cuando ya tenía él sus cuarenta y tantos años, pues pidió permiso para ir a ver su familia y le dieron permiso para marcharse a ver a su familia. Porque él, de vez en cuando, tenía relación con su familia, sobre todo con sus hermanas y con su tía, una tía que vivía en su casa y cuidaba de la herencia porque la madre ya había muerto y su hermano Almanzor era un guerrero y él nunca estaba en casa, siempre estaba en las guerras.

Llegó su hermano allí a verlas y se ilusionaron; era su hermano. Estuvo unos días y él hablándolas de cómo era su vida. Claro, les cautivó mucho la forma de hablar de su hermano y la forma de vivir y la felicidad que él encontraba en ellas y se entusiasmaron con él. Llegó su hermano a casa y, en vez de saludarle, se enfadó muchísimo por aquello de que se había marchado de casa y había dejado de ser árabe y se había hecho cristiano. Y se empezó a poner a decir por qué se había alejado, por qué había hecho esa traición a los árabes y por qué...Y él:

- Pues sencillamente por esto: porque yo no pertenezco a vuestra vida normal. Yo pertenezco a la vida religiosa y yo no me meto con vosotros ni con vuestra vida, pero la mía es ésta. Yo me separo de todas estas cosas, voy con Dios y no quiero otra cosa.

- Sí, pero tú has hecho... ¿qué dirán nuestras amistades de lo que tú has hecho a la religión árabe?

Total, que tuvieron unas palabras enormes y se distanciaron. Entonces él vio las cosas difíciles y dijo:

- Bueno pues...me marcharé.

Y sus hermanas le dijeron:

- No te marchas solo, nos vamos contigo.

- No,no, no.

- Nosotras no quedamos aquí porque aquí la vida no es segura para nosotras porque las guerras no paran.

Y se fueron. Su hermano, cuando se enteró de que se escapaban, fue a perseguirles. Les encontró y mató a su hermano y mató a sus hermanas.

Pero el sitio donde les mató fue cerca de Alzira porque tuvo que pasar el río Júcar para desorientar a su hermano, para que no le cogieran, y el que les pasó fue un moro y ése fue el que les delató. Le cogieron entonces y lo mató. Mató a su hermano y mató a sus hermanas. A sus hermanas las degolló. De él no quiso saber nada:

- Hacer lo que queráis.

Y, precisamente, el barquero dice:

- Ese me lo cargo yo.

Cogió un clavo de los que tenía en la barca, un clavo grande, y se lo clavó en la frente en un árbol y allí murió su hermano.

Pasó el tiempo -eso fue en mil ciento treinta, por ahí- y hicieron unos hoyos y los enterraron. Unos setenta u ochenta años después fue la ofensiva del rey don Chaume que conquistó Valencia y, cuando llegaron allí, se encontró con esa historia que le contaron los que habitaban allí.

- Aquí pasó esto, aquí lo mataron y están aquí enterraos.

Entonces él dijo:

- Vamos a ver si es verdad.

Y los encontró. Y encontró precisamente el clavo, y entonces los cogió él, Jaime el Conquistador, les metió en unas urnas y hizo que fueran unas personas religiosas. Y hizo un convento en las afueras que llamó el Císter, y allí los puso a los tres.

Entonces pasaron calamidades -fíjate los años que hacen-. Entonces todos los conventos fueron derruidos y fueron estropeados y perseguidos. Las iglesias también derruidas, como ahora en el año 36. Y las personas de entonces cogieron los cuerpos y los enterraron y los que lo hicieron se dijeron: - No lo diremos a nadie para que fueran preparados. Lo diremos nosotros a la hora de la muerte a nuestros hijos o familiares para que sepan dónde están.

Pero, claro, pasaron los años y eso se sabía que los que lo vieron tenían que decirlo a los demás para que eso perpetuara, pero se perdió. Fueron muchos años, pero muchos. Desde mil doscientos hasta el día de hoy, y se perdieron. Pero luego fueron otra vez encontrados y se conservan. Y lo bonito del caso es que la gente de entonces, en el concilio de no sé qué año, pues el Papa hizo santo a San Bernardo mártir de Alzira por toda la documentación que se presentó, y a sus hermanas.

Ya era santo y en Valencia se tenía como santo. Llegó la guerra ahora, última, y pasó exactamente igual, así que la historia se repite. Otra vez San Bernardo fue escondido, otra vez la iglesia quemada, otra vez todo estropeado, la persecución de los religiosos, en el año 36, que está ahí cerca, y desapareció San Bernardo.

Yo, antes de la guerra, en el año 35, como hijo de Alzira, siendo yo joven y me gustaban las cosas de la iglesia, pues con unos amigos formamos un grupo de atención a la cofradía de San Bernardo. Hicimos una fiesta, antes de la guerra. Luego, después, cuando pasó todo, fuimos a donde habían enterrado a San Bernardo. Las hermanas las estropearon, las hermanas, que estaban dentro de unos sarcófagos, las tiraron los restos, lo estropearon todo.

Un caso fue que en un taller donde los echaron -porque era de hierro y los cogieron para hacer balas- los restos, que estaban ahí dentro de aquella urna, pues estaban esparcidos por los suelos. Y un chico de los que trabajaba allí como aprendiz pues lo dijo a su madre:

- Allí han tirao un producto santo, lo han tirao allí.

Dice:

- Coge -llevaba el saquito de la comida.

Dice:

- Coge y deja el saquito y te lo traes a casa.

El chico lo hizo así; era un amigo mío. El chico cogió los restos y se lo llevó a su casa y su madre lo guardó. Esos restos fueron llevados allá y la iglesia no los ha reconocido. Pero, en cambio, San Bernardo estaba dentro de su hornacina y fue escondido, lo sacaron y lo condujeron a Valencia, Alzira, con una gran fiesta; yo fui uno de los que presencié todo aquello y vino el vicario de Valencia a ver si era verdad de San Bernardo. Abrieron el sarcófago aquéllos y, efectivamente, estaban los restos de San Bernardo, con el cráneo, el clavo y todas esas cosas. Y todavía se da.

22. San Vicente Ferrer; protector de Alzira

Y una cosa que tiene San Vicente Ferrer, que vio la situación de Alzira, y las riadas -que entonces ya las había muchas- y dijo: - Algún día dirán que aquí estaba Alzira.

Porque era un hombre muy culto, un hombre que sabía y dijo: - Ese pueblo está siempre con las riadas, casi todos los años, pues al final barrerá Alzira y no quedará nada.

Entonces dicen que dijo San Bernardo, patrón de Alzira: - No, mientras Bernardo aquí esté en Valencia; no mientras Bernardo así estila.

Queriendo decir que la fe que tiene Alzira en Bernardo no permitiría que eso le ocurriera.

MITOS Y LEYENDAS ETNICOS

23. El amor entre moros y cristianos

Como estaban las dos sociedades, la mora y la cristiana, pues las dos sociedades nunca se han tenido a bien, lo mismo que los gitanos. ¡Qué difícil es que un payo -por ejemplo, nosotros- vaya a tener relaciones o se case con una gitana, o un gitano con una de vosotras! ¿Verdad que no? Es difícil. No es muy fácil, pero puede ser. Pues antiguamente igual. La sangre árabe y la sangre cristiana se juntaron muy pocas veces y, claro, había muchas chicas que estaban asediadas por los moros y los familiares pues no lo veían bien, y había riñas y había cuentos que contaban pues que un moro se había ido a buscar la novia y el marido o el hermano le había dado un escopetazo o un navajazo.

MITOS Y LEYENDAS TERRORÍFICOS

24. Los zombis protectores

Una joven fue muy perseguida por un hombre y la pobre se escapó corriendo y se quiso meter en un cementerio. Estaba la puerta cerrada y allí se pegó a la puerta diciendo:

- Aquí... voy a morir, porque este tipo quiere abusar de mí o lo que sea.

Pero llegó el otro muy furibundo y cuando llegó y se quedó parao porque resulta que...Y se fue atrás, se fue pa atrás y se marchó. Y después le preguntaron:

- Pero, oye, ¿qué ha pasao ahí?

Ella, tranquilamente, se fue a su casa y la familia pues bien. Pero le preguntaron a él:

- ¿Qué ha pasao?

Dice:

- Hombre, que cuando llegué allí tenía medio cementerio de personas todas detrás d'ella.

CUENTOS DE ANIMALES

25. La golondrina y la zorra

Una golondrina había hecho el nido en un pino muy alto y estaba dándoles de comer [a sus hijitos]. La zorra se dio cuenta de que allí había un nido y habían pajaritos, y pensó:

- ¿Cómo me haré yo con un pajarito? Pero cualquiera sube arriba ahí al pino. Yo no puedo subir.

Entonces se encaró con la golondrina y le dijo:

- ¡Golondrina, si no me das un golondrino, con el rabo te cortaré el pino!

Y la golondrina se lo pensó y dijo:

- Caray, éste lo que quiere es que se los dé.

Pero, claro, al día siguiente otra vez lo mismo.Volvió a llegar la zorra y:

- ¡Golondrina, si no me das un golondrino con el rabo te cortaré el pino! Entonces ya dijo ella:

- Caray, éste se empeña, y será capaz de cortarlo. Y se comerá a mis hijos.

Y estaba triste. Estaba triste y un día de los que las golondrinas suelen ir hacia los ríos, los riachuelos, para coger barro, que les gusta mucho a ellos jugar con el barro. Y estando allí, pues sale un pez, que dicen que se llamaba Federico, y dice:

- ¿Por qué estás triste?

Dice:

- Mira, estoy llorando. Estoy llorando porque es que ha venido la zorra y me ha dicho que si no le doy -y le cuenta lo que le dijo- si no le doy un golondrino, con el rabo me cortará el pino.

Y el pez se empezó a reir:

- Pero, mujer, ¿cómo va...? Tú piensa: ¿cómo va a cortarte el pino con el rabo? Los pinos no se cortan con rabos de zorra; se cortan con buen hacha, con buen vino y con buenos pedazos de tocino.

Y entonces dice:

- ¿Sí?

- Sí, mujer, vete tranquila, que no te cortará el pino.

Y se fue. Se fue, se subió arriba, a dar de comer a sus hijitos. Y en eso llega la zorra, como siempre, y dice:

- ¡Golondrina, si no me das un golondrino con el rabo te cortaré el pino!

Y ella le contesta:

- Los pinos no se cortan con rabos de zorra; se cortan con buen hacha, con buen vino y con buenos pedazos de tocino.

Y entonces dice:

- Ah, ¿y quién te ha dicho eso? Porque tú no lo sabías.

Dice:

- Sí, me lo ha dicho Federico.

Y entonces dice:

- Me caguen diez el Federico éste que va dando guerra...

Y se va y se tumba al lado del río. Y estaba allí haciéndose la muerta. Y Federico pues era un pez muy castizo, muy risueño, pues iba dando saltos y saltos y saltos y cuando, en un momento dado, dio un salto, abrió la boca para comérselo. Pero fue más listo y dijo, al ver la alegría que tenía de que iba a comérselo, dice:

- ¡A Federico me comí!

Y Federico dice:

- A otro, pero no a mí.

Y se zambulló en el agua.

26. El gato y los ratones

Era en un pueblo donde había muchos ratones. No conocían lo que era un gato y fue éste de viaje allí, a ver unos amigos que tenía, y dice:

- Mira, es que aquí no podemos vivir. Dejamos las cosas, oye, y los ratones se lo comen.

- Pero, hombre, eso, traéis un gato, y el gato se come los ratones.

Dice:

- Pero, ¿cómo pue ser ésto? Tenemos muchos ratones, pero el gato, no se puede comer...

Dice:

- Sí, sí, el gato es tremendo: mata los ratones, le gusta matarlos y comérselos.

Dice:

- ¡Pues trae un gato, trae un gato!

Y el otro:

- A otro viaje que venga.

A otro viaje, él coge un gato y se lo trae. Y todos veían al gato y, claro, le tenían miedo, porque un gato que mata los ratones, pues da miedo, porque le vieron un gato muy espabilao, y le tenían todos miedo. Decían:

- ¡El gato, el gato!

Y todo el mundo del pueblo vio el gato, y le tenían miedo. El otro decía:

- Vosotros no os hará nada. De momento nada, no os preocupéis. Mientras tenga ratones, no os preocupéis.

Y, al día siguiente, el gato había comido ratones, y estaba muy contento por la mañana. Se había mojado las patitas, iba por los tejaos, por la mañana estaban un poco mojaos del relén de la noche, y se subió arriba de un tejao y, la carita al sol, pues se hacía así, como suelen hacer los gatos, que se lamen. Y empezaron a temblar. Dice:

- Eso que hacía el gato, venga a hacerse así, así, así... Eso ¿qué querrá decir?

- Pues no sé, no sé qué querrá decir.

Y dijeron:

- Oye, pero el gato no nos hará...

- A vosotros no. Mientras tenga ratones, no os preocupéis, que el gato no se preocupará de vosotros.

Y aquél se fue y, cuando ya se iba, pues uno dice:

- Y, bueno, cuando termine los ratones, ¿qué comerá? Porque él dice que a nosotros no nos hará nada, pero qué comerá cuando no...

Y dijeron:

- Oye, y cuando termine los ratones, ¿qué comerá?

Y él, desde lejos, dijo:

- Pues lo que coméis vosotros.

Pero dice:

- ¿Qué ha dicho?, que no le he entendido bien.

Dice:

- Pues yo he oído que nos comerá a nosotros.

Y, al día siguiente, cuando vieron que el gato estaba por la mañana, como todas las mañanas, que estaba haciéndose así, dice:

- El gato dice: "Ahora os toca a vosotros, ahora os toca a vosotros".

27. El gato, el gallo, el pato, el cordero y los ladrones

Hay otro de un gato -pero ése es de miedo- de una casa de campo que, por la mañana, cuando la mujer del campo iba al pueblo, compraba lo de siempre y se iba. Y el gato, que era muy pillo, porque siempre que la dueña se distraía un poco, pues le quitaba la longaniza, el pescado o algo de eso. Y aquel día había comprado un poco de pescado y se lo había dejado para limpiarlo. Y, apenas se alejó, el gato, ¡zam!, coge los péscaos y se los come. Y la mujer estaba muy rabiosa:

- ¡Me caguen diez el gato! Ahora verás.

Y va y lo encierra en una habitación donde tenían las cebollas y las patatas y... donde no había carne. Y estaba allí maullando sin parar, y la mujer:

- Mira que éste... Pero nada. Ahí, que se fastidie, por ladrón.

Y así pasaban las horas. Conque, por fin, va a coger una escoba que también tenía allí dentro, y él estaba al quite. Y en cuanto vio que se abría, ¡nnn!, se escapó. Pero antes había cogido ya una cebolla, y algo más. Y pasó por donde tenía las longanizas colgadas y, de un salto, cogió un par de longanizas, las metió en un saquito y se escapó, y se fue andando.

Se escapó de casa y ya no podía volver, si no la ama lo mata. Y por el camino iba cantando, canturreando. Pasó por un sitio donde había un gallo y el gallo le dice:

- ¿Dónde vas? Y el gato:

- Pues mira, me voy. Me he hartao de estar en la casa y ahora me voy de viaje.

- Pues casi, casi que me iría yo contigo.

Y dice:

- Pues, ¡vamonos!

Y el gallo se va. Andando los dos, iban cantando por el camino. Más adelante se encuentran un patito, y el pat