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Seis cuentecillos a caballo entre los siglos XIX y XX

AGUNDEZ GARCIA, José Luis

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 237.

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En más de una ocasión, hemos sostenido que los cuentecillos tradicionales que han vivido y siguen, en muchos casos, presentes en la cultura oral, han saltado frecuentemente a la literatura escrita, y esto es evidente; sin embargo, hemos de admitir que existe otra tradición escrita paralela a la oral que ha servido igualmente de inspiración. En ocasiones es fácil adivinar cuándo un escritor refleja un cuentecillo leído, o parte de una colección precedente. Pero no siempre es fácil deslindar el influjo de una u otra tradición, y menos atribuir prioridades sobre una u otra, porque ambas son relevantes; una trasvasándose a las letras y otra rebrotando, siempre han estado presentes para fecundar la literatura.

No cabe duda que los autores del período que proponemos se influían especialmente. Nos comentaba Joaquín Díaz su propia observación al respecto, señalando que los autores de principios del siglo recientemente terminado "se leían mucho", eran sus palabras. Angeles Ezama Gil (El Cuento..., pp. 123-124), refiriéndose al cuento en general del siglo XIX, recuerda que se suele hablar incluso de "plagio". Refiere, «como buen exponente», el caso de Pardo Bazán, y afirma que «la escritora considera que, siendo el cuento el género más amplio y libre, es lícito "el refundir asuntos ya tratados, o el buscarlos en la tradición y la sabiduría popular o folklore"; ella misma revela en algunos de sus escritos sus fuentes de inspiración, v. gr. en el prefacio a Cuentos de amor». Y extracta palabras de la propia autora que confiesa que su cuento titulado La sirena lo había tomado de un «lindo apólogo de Leopoldo Trénor, "La gata blanca"».

Hace tiempo insertábamos en esta misma revista un artículo sobre los cuentos de Manuel María de Santa Ana, uno de los hombres ilustres del siglo XIX por su actividad trascendental en el periodismo y por su afición al teatro y la poesía. Si bien puede considerarse secundario en esta actividad, no sucede lo mismo en lo referente a su aportación al folklore y costumbrismo.

Llama la atención que una pequeña porción de sus cuentos volvieran a aparecer varias décadas después, en otro grupo fijo de autores: Díaz Martín, Pabanó y León Domínguez, a los que se unen Valera y Fernán Caballero, ésta precediendo, evidentemente.

Cabe recordar que los cuentos de Santa Ana aparecieron en 1869 (acaba de publicarse una reedición de los mismos), pero según propia confesión fueron fruto del recuerdo y anotaciones de unas décadas anteriores, en que platicaba en las tertulias de su época juvenil sevillana.

Evidentemente, extractamos las versiones de Santa Ana (según la reedición) y hacemos mención de la presencia del cuentecillo en los demás autores señalados.

LA HORMIGUITA

En el trance de la muerte
un religioso ayudaba
a un gitano, y le leía
las oraciones más santas.
Tuvo el padre que salir
un momento de la estancia,
cuando daba ya el gitano
las últimas boqueadas,
y al volver, con el intento
de recomendarle el alma,
no pudo hacerlo, porque
el breviario le faltaba;
y por más que se buscó
en la alcoba, y en la sala,
y en las sillas, y en las mesas,
no se halló del libro nada.
Fuese el fraile pesaroso
de haber perdido su alhaja,
y el alma entregó el gitano;
y en amortajarle andaban,
cuando al levantar el cuerpo
se vio con sorpresa harta,
que tenía el breviario
metido bajo las nalgas.
- ¿Qué es esto? -dijo una vieja
que al gitano amortajaba.
— ¿Qué ha de ser? -la contestó
sollozando otra gitana-,
que siempre fue el probecito
una hormiga pa su casa,
y que hasta después de muerto
no quiso que el pan faltara.

Podría insertarse dentro de un tipo general incluido en Aarne-Thompson, n.° 1.843: Parson Visits the Dying. (Various anecdotes).

También lo recrea León Domínguez (Los cuentos..., pp. 33-37), en la anécdota que titula La moral del «Nene». En este caso, bajo la almohada del muerto aparece un magnífico reloj de oro. La expresión de la esposa no difiere de los anteriores: «¡Ay, qué hombre he perdió! ¡Hasta la úrtima hora, una jormiguita pa su casa!».

Posiblemente fuese inspiración para Díaz Martín (Maldiciones, pp. 83-84), que concluye idéntico chascarrillo: "— ¡Pobrecito mío! ¡Qué lástima de hombre! ¡Jasta dando las boqueás era una jormiguita pa su casa!". Pabanó (Historia y costumbres de los gitanos, p. 171) también lo recoge, con el mismo título: Una Jormiguita. Así disculpa la reciente viuda al difunto:

- ¡Qué probesito mi home!
¡qué lastimita e prenda!
¡Jasta con las boqueás
una jormiguita era!...

Y aparece en los Cuentos y chascarrillos tomados de la boca del vulgo [Valera], en El gitano moribundo (p. 219).

UN BUEN OFICIO

A confesar un gitano
iba todos los domingos,
con un fraile escrupuloso
del orden de San Francisco.
De culpas mil se acusaba,
pero había el fraile advertido
que entre ellas nunca salía
la culpa del latrocinio.
Y viendo en el penitente
de ladrón más de un indicio,
le preguntó:
- ¿Qué, es posible
que nunca quebrantes, hijo,
el sétimo mandamiento?
¿Que por torpeza o descuido
no tomes lo que no es tuyo?
Al oír esto dio un brinco
el gitano y dijo:
- Padre:
aunque malo, no imagino
que uno tenga que acusarse
de lo que es sólo su oficio.

Recogido por Fernán Caballero, cuya versión concluye: "- ¿Pues qué, padre, es el oficio pecado?" ("Chascarrillos", en Gutiérrez, El pueblo •andaluz..., p. 81).

Aarne-Thompson catalogan un cuento con posibles semejanzas (n.° 1638*: Why It Is not a Sin for a Gypsy to Steal), pero parece etiológico, por la escueta explicación argumental: "Helpful at crucifixión" (A1674.1).

Díaz Martín (Maldiciones..., pp. 74-75).

—Vamos, vamos, haz memoria: ¿tú has robado algo en tu vida? Y el chalán con los ojos desencajados:

-«¡Pare! ¿Los oficios se confiesan también?»

Ego te absolvo... por gitano.

Cuentos y chascarrillos tomados de la boca del vulgo [Valera], en El gitano moribundo (pp. 217-219).

LA CONFESION DEL GITANO

Confesábase un gitano
en tiempo de la Cuaresma,
con un fraile que tenía
ancho el buche y manga estrecha.
Examinábale el padre
de los misterios que encierra
nuestra redención humana,
según las divinas letras;
y preguntó al penitente
qué noticias tenía ciertas
sobre la muerte del Hijo.
Torció el gitano la jeta,
miró al fraile de reojo,
y rascándose la oreja
dijo al fraile:
- Yo no sé
nada de la muerte esa.
- ¿Qué estás diciendo? ¿No sabes
que el padre envió a la tierra
al ángel Gabriel?
- Ni jota.
- ¿Y que una judía doncella
al Hijo dio en sus entrañas
forma humana?
- Ni una letra.
- ¿Y que padeció?
- Tampoco.
- ¿Y que lo mataron?
-Ea:
ni yo a ese Gabriel conozco,
ni trato yo con doncellas,
ni he visto ninguna riña,
ni me he metió en pendencias,
ni sé de ninguna muerte
del hijo ni de la agüela;
ni quiero ya confesarme,
ni me detengo en la iglesia.
…………………………….
Salió el gitano del templo,
y encontró casi a sus puertas
a otro gitano, y cogiéndole
con terror por la chaqueta:
- ¿Compare, a dónde va usté?,
le preguntó con reserva.
- A confesarme.
- Compare,
vuelva usté y toque soleta,
que anda el fraile averiguando
quién diñó muerte violenta
a un chaval, que el tío Gabriel
debió traer de su tierra,
y que dicen que ha escondió,
no sé dónde una doncella,
de cuya vida y costumbres
no se sabe cosa cierta.
Conque, compadre, andandito,
sin que la crisma usté güelva,
y, antes que andar con justicia,
apande el mirlo y nagencia

Es cuento literario y folklórico, catalogado por Aarne-Thompson con número 1806A*: Priest as Prosecutor, Hansen, **1806 y Robe, 1806A*. [J1738.4: "Joven sorprendido al oír que el hijo de Dios ha muerto", X600: "Humor relativo a razas y naciones"].

Versiones literarias

- Chascarrillos... por un andaluz (pp. 63-64).

- Luis León Domínguez (Los cuentos de Andalucía..., pp. 173-175): El serio.

- Pabanó (Historias y costumbres de los gitanos, p. 93): La muerte e un hombre.

- Díaz Martín (Maldiciones gitanas, p. 147).

Versiones populares españolas recogidas oralmente

- Agúndez (C... sevillanos, II, pp. 281-282), n.° 245: [Gitanos precavidos].

- Curiel Merchán (Extremeños, pp. 352-353; CSIC, pp. 236-237): El tonto y el bizco.

- Cortés Vázquez (Cuentos populares salmantinos, I, pp. 119-124), 54: El pastor bobo.

- Agúndez (C. P. vallisoletanos, p. 112), n.° 43: La confesión de los gitanos.

- Puerto (C... Sierra de Francia, p. 165), n.º 120: Los gitanos en misa.

- Lorenzo Vélez (C. anticlericales..., pp. 150151): El que no sabía la pasión de Cristo (versión de Cuenca).

Versiones populares hispanoamericanas recogidas oralmente

- Jameson-Robe (Hispanic Folktales..., p.198), n.° 173.

- Robe (Mexican Tales... from Los Altos, p.534), n.° 181: [El chico ranchero que se fue a confesar].

EL GITANO Y LAS ANIMAS

Pidiendo para las ánimas
gritaba un fraile afanoso:
- Quien eche dos cuartos, saca
un alma del purgatorio.
Se acercó al fraile un gitano,
y echando tras de un responso
los dos cuartos, preguntó:
- ¿Habrá salió ya del jorno?
- Sin duda.
- En ese caso,
padre, mi monea cojo
-dijo el gitano metiendo
los dos cuartos en su bolso-.
Pues ya salió, no ha de ser
Dios tan cruel, ni él tan tonto,
que de grado ni por fuerza
a entrar vuelva al purgatorio.

Es cuento popular catalogado por Robe, n.° *1765 [versión Mejicana de Wheeler].

Lo recoge, además, Jameson-Robe (Hispanic Folktales..., n.° 177): Pedro de Urdemalas.

Es también tradicional en la literatura, aparecía en Asensio (Floresta, II, clase IV, cap. VII, n.° I): "...Venga mi real de á ocho, que si ha salido el alma, no será tan necia; que se vuelva é él".

Se incluye en la Gaviota (1849), de Fernán Caballero (I, p. 24b-25a.) Lo retoma Pabanó (Historia y costumbres de los gitanos, pp. 158-159): Sacar ánima, también como cuento gitano.

Por su parte, lo refiere León Domínguez (Los cuentos de Andalucía, p. 69-70): El viudo con pena.

Puede verse también el estudio de Amores García, n.° 159.

ECHE USTED DIOSES...

- ¿Cuántos dioses hay, tío Lila?,
preguntó un fraile a un gitano;
y el gitano dijo:
- Siete.
- ¡Siete!
- Vaya usté contando,
Los tres primeros son: Padre,
Hijo y Espíritu Santo;
¿de tres personas distintas
no hablan luego?... pues pa cabo,
tiene usté un Dios verdaero...
¡Con que de siete no bajo!

Es cuento literario y de tradición oral; véase el catalogado por Aarne y Thompson con el n.° 1832G*: Four Persons of Trinity.

Versiones semejantes y afines

- En Gaspar Lucas Hidalgo (Diálogos de apacible entretenimiento, discurso III, cap. III, p. 115), se pide a una vieja, que se está confesando, que diga cuántas son las personas de la Trinidad; ella «respondió un poco tímida que tres. Y replicándole el confesor que mirase lo que decía, dijo la piadosa vieja: "Ay, señor mío, que más deben de ser de trescientas, sino que yo no soy una pecadora"».

- Fernán Caballero (La Gaviota, S. VII).

"¿Cuántos dioses hay?", respondió muy en sí: "¡Siete!". "¡Siete! -exclamó atónito el confesor-.
¿Y cómo ajustas esa cuenta?". "¿Cómo? Asina: Padre, Hijo y Espíritu Santo son tres; tres per sonas distintas son otros tres, y van seis, y un solo Dios verdadero, siete cabales".

- Pabanó (Historia y costumbres de los gitanos, p. 93: Familia reusía): "Pare, Hijo y Espiritusanto, que son tre: aemás hay tre presona estintas... que son seis; y un solo Dio verdadero...jasen siete".

- Igualmente, la recogida oralmente en Portugal por Vasconcellos (Contos..., II, p. 114), n.° 417: [O Rapaz Na Eízêmina}.

- Existen otras variantes, todas muy semejantes, por ejemplo una de Ana María Cano González (...Folklor Somedán, pp. 51a; n.° 17), donde un recién confesado le asegura a otro que va a confesar que no diga que hay un solo Dios porque él ha dicho que catorce y no habían sido suficientes. La de Narciso Díaz de Escovar (Cuentos malagueños..., pp. 151-155: Examen de Doctrina), donde el feligrés le dice al confesor que habrá sólo dos dioses, porque uno se habría muerto desde la última vez que se había confesado. En nuestra versión (C... sevillanos, n.° 255: [Hay cuatro dioses]). La gitana dice que hay cuatro dioses, el sacerdote hace un gesto ambiguo, entre sorprendido y admirado, y ella alardea de haberlo dicho al cálculo.

- Hay bastantes versiones jocosas sobre la ignorancia de la doctrina y de las disparatadas respuestas dadas al confesor. Para los teóricos veladores de los buenos preceptos, fue preocupante esta ignorancia; ellos proclamaban con angustia esa realidad. El doctor Cristóbal Pérez de Herrera (1556-1620), médico de Felipe II y Felipe III, se dolía (Amparo de pobres, p. 36): ...les he preguntado [a los pobres fingidos] el Páter Nóster y Ave María, y las demás oraciones, y casi todos nada dello saben. Y a uno que no sabía ninguna cosa de la dotrina cristiana, le pregunté cuántas eran las personas de la Trinidad, y respondió que cinco.

CUESTIÓN DE NOMBRE

Un polizonte seguía
a un andaluz con ahínco,
y éste, adonde quiera que iba,
que hallara a aquél era fijo.
Cargado ya el andaluz
de tan molesto cilicio,
un día que en el paseo
se vio, cual siempre, seguido,
volvióse hacia el polizonte
rápidamente y le dijo:
- Cámara, ¿quiere usté hacerme
un favor?
- Mande usté, amigo.
- ¿Se llama usté Lunes?
-¿Yo?
- Sí señor, porque es sabido
que van Domingo y Lunes
constantemente reunidos,
y usté yendo tras de mí
de día y de noche, imagino
que por fuerza ha de ser Lunes,
pues yo me llamo Domingo.

Quizá fue fuente para Pabanó (Historia y costumbres de los gitanos, p. 166) que recogió el chascarrillo con el título Me yamo Domingo:
(…)
Quiá, home, no m'inquivoco;
tú ere er mesmo... sí... ¡toma!
Verá poiqué; tú ere Lunes
y está bien crara la cosa.
Como me yamo Domingo
y detrá e mí a toas hora
viene... vamo a ve, home,
¿no yevo razón e sobra?

- LA HORMIGUITA: Pabanó / Díaz Martín / León Domínguez / Cuentos y chascarrillos [Valera]

- UN BUEN OFICIO: Díaz Martín / Cuentos y chascarrillos [Valera] / Fernán C.

- LA CONFESIÓN...: Pabanó / Díaz Martín / León Domínguez.

- EL GITANO...: Pabanó / León Domínguez / Fernán C.

- ECHE USTED...: Pabanó / Fernán C.

- CUESTIÓN...: Pabanó

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BIBLIOGRAFIA

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