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SOBRE ALGUNAS ORACIONES PIADOSAS DE TERRINCHES (CIUDAD REAL)

JIMENEZ MONTALVO, María del Mar

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 237.

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En la tradición oral existe todo un conjunto de oraciones que continúan siendo eventualmente utilizadas por las gentes -sobre todo- de las zonas rurales de España. Voy a presentar a continuación diversos romances y composiciones afines rezados por las mujeres de Terrinches, un pequeño pueblo situado al sudeste de la provincia de Ciudad Real, en la comarca del histórico Campo de Montiel.

El repertorio de romances "sacros" o "religiosos" que ha sido registrado en el mundo hispánico es amplísimo. Muy representativo es el ciclo de la Pasión de Cristo, donde los motivos formulísticos y arguméntales se entrecruzan de tal manera que a veces dan como resultado verdaderos galimatías (1). Veamos algunos ejemplos:

1. "En el monte murió Cristo"

En el monte murió Cristo, / Dios y hombre verdadero,
2 en una cruz enclavado / con duros clavos de acero.
A Vos, Virgen Soberana, / este rosario te ofrezco,
4 se lo ofrezcáis a mi Dios / con grandes merecimientos,
que si Vos se lo ofrecéis / seguro tengo yo el Cielo.
6 No tengo nada que daros, / Madre mía, todo puesto,
hasta en la tierra que piso, / Señor, no me la merezco.
8 Tengo un alma que no es mía / y desde hoy os la entriego
para que descanse y goce / en vuestro santo reino del Cielo.
10 Virgen de toda pureza, / toda llena de alegría,
recibe, Señora mía / este rosario que envía
12 mi alma con su pobreza. / No sé rezar ni ofrecer,
ofrecedlo Vos / que tenis el poder,
14 con Dios Padre, con Dios Hijo. / con Dios Espíritu Santo. Amén (2)

Es éste un romance que se solía rezar al final del llamado "rosario de cinco misterios" (3). Según mi informante, Manuela Patón, "cuando no se sabe la Letanía del rosario se dice esta oración y sirve igual" (4). Luego vemos que se trata de un romance-oración que posee una finalidad puramente petitoria de descanso y de gloria a Dios y a la Virgen. Su desarrollo se puede dividir en cuatro etapas:

a) Breve descripción de la crucifixión y muerte de Cristo (vv. 1-2).

b) Ofrecimiento del rosario a Dios a través de la Virgen, que aparece como mediadora entre el hombre y el Ser Supremo (vv. 3-5).

c) Invocación a la Virgen (v. 6) y al "Señor" (v.

7) en un gesto de humildad.

d) Petición de descanso y gloria (vv. 8-9).

e) Nueva petición a la Virgen para que ofrezca el rosario a Dios (vv. 10-14).

Puede resultar curioso, pero lo que realmente caracteriza a esta versión y, por lo tanto, acrecienta su interés, es la omisión del motivo principal de este romance: el acto de contrición que sigue a los dos primeros versos, como puede verse, por ejemplo, en una versión que dice: "En el monte murió Cristo, / Dios y hombre verdadero, / no murió por sus pecados / que murió por los ajenos, / en la cruz está enclavado / con fuertes clavos de hierro" (5).

También cabe destacar de esta versión castellano-manchega el ofrecimiento que se hace del rosario a Dios (v. 4) si se tiene en cuenta que en versiones de Guadalajara, Madrid, Santander, Canarias y Nuevo Méjico (6) el rezo es ofrecido a la Virgen (7). Sin embargo, no deja de ser relevante la reiterada invocación a la Madre de Dios para que interceda como mediadora en este ejercicio piadoso. Finalmente, el carácter de oración que tiene este romance queda corroborado con la expresión "amén" (habitual al final de las oraciones).

Por la calle de la Amargura / Jesucristo caminaba
2 con una cruz en los hombros / de madera muy pesada.
Con ella caía entre tierra. / con ella se levantaba,
4 vio venir a una mujer / que Verónica le llaman.
Saca un lienzo de su pecho / y le limpia a mi Dios la cara,
6 tres dobleces tenía el paño / tres caras dejó pintadas:
Una se fue a Jaén, / otra en Roma estaba
8 y otra se fue al mar / para consagrar las aguas.
Todo el que diga esta oración / todos los viernes del año
10 sacará un alma de pena / y la suya de pecado.
Quien la sabe y no la dice / Jesucristo lo maldice,
12 quien la oye y no la aprende / en el día del Juicio
dará lo que le conviene (8).

A pesar de que los dos primeros versos han sido tomados de otro romance (9), ésta es una versión de La Cena y la Verónica (en la que ha sido suprimido el motivo inicial de este romance: la última cena) (10) que presenta uno de los episodios más significativos de la Pasión de Cristo: la intervención de la Verónica, que según la leyenda, fue la mujer que ofreció a Jesús su velo para secarse el rostro mientras cargaba con la cruz camino del Calvario. Cuando se lo devolvió, las facciones habían quedado marcadas en el tejido.

Esta leyenda es trascendental en la historia del cristianismo, puesto que dio origen al culto de la Santa Faz, la imagen del rostro de Cristo supuestamente obtenida por la huella directa de su cara. De las diversas telas que pretenden ser el velo original la más famosa sería el velo o lienzo de la Verónica (11), que permaneció en Roma hasta el saco de 1527. A partir de esta fecha, varias localidades empezaron a disputarse su posesión, entre las cuales se encuentra Jaén, a la que se alude en el romance (12).

Por último se añade en esta versión una fórmula (13), común a toda la tradición hispánica -aunque presenta numerosas variantes-, en la que primero se define como "oración" que ha de decirse todos los viernes del año (día consagrado a la memoria de la crucifixión de Cristo) (14) y con cuyo rezo verá libre su alma de pecado y sacará un ánima del purgatorio (15) (vv. 9-10). Seguidamente se advierte -en tono amenazador- del castigo por omisión del rezo: "Quien la sabe y no la dice / Jesucristo lo maldice..." (vv. 11-13). También este tipo de advertencias al final de las oraciones es muy frecuente en el ámbito hispánico e, incluso, internacional, pero en este caso el misterio que rodea la fórmula (cuyo verdadero contenido se desvelará el día del Juicio final) se ve acentuado con el elemento de la maldición.

Pero, curiosamente, la informante, Vicenta Montalvo, no sólo conoce este procedimiento para "sacar ánimas". Ella afirmaba que, al terminar una labor -de costura- en sábado y, acto seguido, rezar un Padrenuestro, también se consigue "sacar" un ánima "porque los sábados saca las ánimas del purgatorio la Virgen del Carmen". En relación con esta última idea, el antropólogo William A. Christian, en uno de sus numerosos trabajos sobre religiosidad popular, señala que "la devoción a esta Virgen es la respuesta mariana por excelencia al purgatorio" (16).

3. "Jesucristo baja al huerto" Jesucristo baja al huerto / vestido de vía blanca,
2 lleva un paño de mil colores. / llegó a la puerta del alma.
- El alma no me responde / respóndeme, hermosa perla,
4 que por fin me hicieron hombre / y por ti bajé a la Tierra.
Encima del brazo derecho / lleva una corona hecha,
6 encima de la corona / lleva un monumento armado,
encima del monumento / lleva un cordero sagrado,
8 que la sangre que derrama / cae en cáliz dorado.
Quien dijera esta oración / tres veces a la semana,
10 la columna ha de tener / y la suya siempre salvada (17).

Este texto es el resultado de la fusión de dos romances que se documentan por lo general de forma autónoma. Nuestra versión toma de cada uno de ellos cuatro versos: del de De ronda va Jesucristo toma los vv. 1-4 (18), y del de Camino del Calvario toma los vv. 5-8 (19). Y es que, como ya se ha señalado, si hay algo que caracteriza al romancero religioso, es la yuxtaposición de motivos temáticos, como ocurre en esta versión en la que se salta desde el episodio del huerto de Getsemaní hasta el Calvario (20). Pero lo más interesante de esta versión es la fórmula final (vv. 9-10) que declara el carácter sanador de la "oración" si se reza tres veces por semana (21).

4. "Señor mío Jesucristo"

-Señor mío Jesucristo, / ¿dónde vas tan leal?
2 -Voy a visitar a un alma / que me ha mandado a llamar.
-Alza los ojos al cielo / y en una cruz liberad,
4 con cinco llagas abiertas / dime "acaba de pasar".
-Si me das palabra fija / de no ofenderme ya más,
6 pase usté perdonere, / pase usté personal,
pase usté cuando muere (3 veces).
8 Virgen del Carmen / bendita y hermosa,
rogad por ese alma / que está peligrosa.
10 Los ojos vidriados. / la boca torcida,
helá como el hielo.
12 Madre de la Encarnación. / Madre del Verbo divino,
dale la bendición / que ya se va de camino (22).

Los primeros cinco versos han sido tomados del romance Diálogo entre Cristo y el alma (23).

La informante, Emilia Gimeno, dice que se trata de "una oración para cuando se está muriendo una persona y van a darle el Señor ayudarla a morir", refiriéndose al momento de la Extremaunción (24). Por tanto, ésta es otra composición que requiere todo un ritual: repetir tres veces los versos "pase usté perdonere, / pase usté personal, / pase usté cuando muere" al mismo tiempo que el sacerdote realiza el rito de la unción con óleo sagrado al enfermo agonizante (25).

Se puede considerar ésta como una oración "de difuntos". Composiciones de este tipo son -o por lo menos, han sido- frecuentes en el mundo rural debido a las tradicionales hermandades de Animas que han abundado en este ámbito de la geografía española y que tenían como función principal la asistencia al enfermo en el momento de la muerte, el posterior acompañamiento al difunto en el sepelio, en el que rezaban oraciones por el eterno descanso de su alma, y la aplicación de misas con la misma finalidad.

5. "Por la mañana me levanto"

Por la mañana me levanto / para ir a confesar,
2 voy en busca de mi Dios / y no lo puedo encontrar.
Me dirijo pa la iglesia / y lo veo en el altar,
4 y le digo: -Padre mío, / hermosísimo galán,
dame de tu pecho sangre / que es lo que vengo a buscar.
6 Pecados míos, volveros atrás, / que en el templo de Dios
no podéis pasar.
8 Baja palomita mía, / baja cortando tus vuelos,
que vamos a recibir / al mismo Rey de los Cielos.
10 Ábrete, cajita hermosa, / forrada de terciopelo,
donde está la carne humana / y los ángeles del cielo.
12 De rodillas, mi Señor, / de rodillas por el suelo,
como el sediento a la fuente. / como el médico al enfermo.
14 Señor, quisiera tener / un altar en mi pecho,
para recibir con gracia / al Santísimo Sacramento.
16 Baja palomita, baja. / baja cortando tus vuelos, q
ue vamos a recibir / al mismo Rey de los Cielos (26).

Esta es una versión del romance En busca de la confesión (27). Según la informante, Emilia Gimeno, ésta es "una oración que se dice al entrar a la iglesia", sin más. Pero el texto refiere dos de las prácticas fundamentales en la teología cristiana: la confesión (vv. 1-9) y la comunión (vv. 10-17). Concretamente, el desarrollo comprende los siguientes momentos:

a) Deseo de reconciliación con Dios (vv. 1-3).

b) Oración que comienza con la invocación al Ser Supremo y la alabanza, seguida de la petición de la sagrada comunión y, por último, el reconocimiento de los pecados ante Dios que supone la confesión (vv. 4-7).

c) Estribillo (vv. 8-9).

d) Breve descripción del sagrario que contiene la hostia (vv. 10-11).

e) Arrodillamiento ante Dios (vv. 12-13).

f) Petición del estado de gracia necesario para recibir la Eucaristía (vv. 14-15).

g) Estribillo (vv. 16-17).

Cabe destacar varios aspectos que hacen que éste sea un romance bastante interesante, al menos, desde el punto de vista católico doctrinal. Y es que su función catequística es evidente, por ejemplo, en el modelo de oración que muestran los versos 4-7; al igual que ésta, las oraciones cristianas suelen incluir una serie de elementos como son la invocación, la alabanza, la acción de gracias, la petición, la confesión y el llamamiento al perdón (y, normalmente, lo hacen siguiendo este orden) (28).

También el acto de arrodillarse y arrastrarse hasta la imagen de Dios para recibir la Eucaristía -descrito en los versos 12 y 13- ilustra un concepto religioso de gran importancia como lo es el del sacrificio. La oración es inseparable del sacrificio en la mayoría de las religiones primitivas. En el cristianismo la muerte de Cristo en la cruz se considera un sacrificio perfecto, ofrecido para expiar los pecados de toda la humanidad. Y, concretamente, en la Iglesia católica la Eucaristía se interpreta como una forma de participación en el sacrificio de Cristo.

En su totalidad, el romance transmite un mensaje doctrinal cuyo fin es exclusivamente aleccionador: para lograr la unión con Dios el sacramento de la comunión debe ir precedido de la confesión y la absolución.

Pero si hay algo que realmente hace de ésta una versión excepcional es la coplilla intercalada a modo de estribillo:

"Baja palomita, mía "baja,
baja cortando tus vuelos,
que vamos a recibir
al mismo Rey de los Cielos".

en la que es evidente la alusión a la "paloma eucarística", uno de los objetos utilizados en el rito de la Eucaristía durante la edad media, consistente en una paloma de metal, en cuyo interior se guardaban las hostias consagradas (el copón de forma más o menos semejante a la actual parece datar del siglo XIII).

Como ya señalé al comienzo de este trabajo, existen un gran número de composiciones en la tradición hispánica que no son estrictamente romances pero sí son "manifestaciones del mismo fenómeno estético" (29). Sirvan de ejemplo las dos siguientes:

6. "Tengo los escapularios"

Tengo los escapularios / de la Virgen del Rosario,
2 cuando me los quito / me acuerdo de San Francisco,
cuando me los pongo / me acuerdo de San Antonio.
4 San Francisco era mi padre, / Santa María mi madre,
los ángeles mis hermanos. / me agarraron de la mano
6 y me llevaron a Belén, / ende Belén a una fuente,
me pusieron cruz en frente. / donde el diablo no me encuentre,
8 ni de noche ni de día / ni a la hora de mi muerte,
mas que la Virgen María / dándole teta a su niño,
10 que callado no podía.

Esta oración
a la hora de mi muerte
sea parecida (30).

Esta es una versión del Padrenuestro pequeño, documentado por primera vez en lengua vasca en el siglo XIV. Se trata de una de las oraciones más difundidas en el ámbito cristiano; no sólo se han recogido versiones en territorios hispánicos, sino también en países como Portugal, Francia e Italia (31).

A pesar de no ser ésta una versión muy completa, sí presenta el tradicional motivo religioso de El parentesco divino, aunque con una alteración un tanto ilógica, puesto que la figura de Jesucristo es sustituida por la del santo franciscano: "San Francisco era mi padre, / Santa María mi madre, / los ángeles mis hermanos".

También la figura del "diablo" aparece en la gran mayoría de las versiones recogidas de esta oración. Las principales creencias cristianas con respecto a los diablos o demonios tienen su origen en las alusiones a seres malignos o "espíritus impuros" que aparecen en el Antiguo Testamento.

La esencia de las enseñanzas cristianas sobre el demonio es, tal vez, que Jesucristo rompió el poder que tanto él como sus diablos tenían sobre la Humanidad, y que en la crucifixión el demonio y sus secuaces fueron derrotados. De ahí el simbolismo de la cruz, en la que los seguidores de Cristo ven un signo de liberación, como queda reflejado en esta oración: "me pusieron cruz enfrente, donde el diablo no me encuentre".

7. "San Jerónimo bendito"

San Jerónimo bendito. / santo de la omnipotencia,
2 ¡quién San Jerónimo fuera / para poder explicar
lo que padecen las almas / que en el purgatorio están!
4 Allí aclaman y suspiran / metidas en aquel fuego,
pidiéndoles a los mortales / las saquen de aquel incendio.
6 El hermano llama a la hermana, / el pariente a la parienta,
el marido a la mujer / le dice de esta manera:
8 - Esposa del corazón, / ¿cómo de mí no te acuerdas?
Cuando yo estaba en el mundo / y me daba algún dolor,
10 ¡qué diligencias me harías / para llamar al doctor!
Si ahora me vieras aquí / entre tanto fuego arder,
12 ¡qué diligencias me harías / para no verme padecer!
Estas son claras las razones / de la Sagrada Escritura,
14 que con misa y oraciones / las penas se las apuran (32).

Según la informante, Vicenta Montalvo, ésta es "la oración de las ánimas". Otra versión de este texto fue titulada por J. M. de Cossío Las ánimas a tu puerta, e incluida en el apartado "Varios fragmentos religiosos y oraciones" de su Romancero popular de la montaña.

Ya desde el comienzo de esta oración se percibe su carácter doctrinal: la invocación a San Jerónimo, erudito bíblico, Padre y Doctor de la Iglesia -cuya obra más importante fue la traducción del Antiguo Testamento al latín- nos remite justamente a los siglos XVI y XVII en los que la Contrarreforma se empeña en imponer la autoridad de la Vulgata frente a la libre interpretación de la Biblia, propugnada por el protestantismo.

En la esencia del texto existe un deseo de evangelización sobre la doctrina del purgatorio como lugar intermedio para los pecadores: "Allí aclaman y suspiran / metidas en aquel fuego, / pidiéndoles a los mortales / las saquen de aquel incendio" (33).

La Iglesia romana no manifiesta la duración de la pena destinada a purificar el alma del difunto, pero sí insiste sobre la posibilidad que tienen los vivos de aliviar a las almas del purgatorio, posibilidad que en esta oración queda expuesta a través de la recomendación de dos métodos sencillos como son la misa y las oraciones: "Estas son claras las razones / de la Sagrada Escritura / que con misa y oraciones / las penas se las apuran". En la ya citada versión cántabra, recogida por J. M. de Cossío, son las mismas ánimas las que solicitan esos y otros procedimientos que pueden salvarlas: "al toque de la oración / encender fulgor de velas / y con misas y rosarios / sacarnos de estas tinieblas, / y llevarnos a los cielos / a gozar la vida eterna" (34). Es importante tener en cuenta que en el ámbito cotidiano "las imágenes y reliquias, el latín y las escrituras sagradas, y todo objeto religioso, van a ser objeto de una utilización mágica abusiva" (35) durante la Contrarreforma y, aunque en menor medida, este fenómeno va a continuar en siglos posteriores. Y es que, como muy bien ha señalado José Manuel Pedrosa, en su reciente estudio Entre la magia y la religión: oraciones, conjuros, ensalmos, "si hay dos grandes conceptos culturales con los límites y los perfiles difusos y confusos, ésos son, sin duda, el de lo mágico y el de lo religioso" (36).

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NOTAS

(1) Sobre este tipo de romances, véase CATALÁN, Diego: "El romancero espiritual en la tradición oral" en Arte poética del romancero oral, I (Madrid: Siglo XXI, 1997), pp. 265-289.

(2) Versión de Manuela Patón, de unos 60 años. Recogida por M.a del Mar Jiménez el 18-8-98 en Terrinches.

(3) Conviene recordar aquí que los quince misterios del rosario se dividen en: gozosos (1.° la encarnación del Verbo, 2.° la visitación de María a santa Isabel, 3.° el nacimiento de Jesús, 4.° la purificación de la Virgen y 5." el Niño perdido y hallado en el templo), dolorosos (1.° la oración del huerto, 2.° la flagelación, 3.° la coronación de espinas, 4.° el camino del calvario y 5.° la crucifixión) y gloriosos (1.° la resurrección de Cristo, 2.° la Ascensión, 3." la venida del Espíritu Santo, 4.° la Asunción de María y 5.° su coronación en el cielo). Pero, al menos en Terrinches, suele rezarse sólo una parte (cinco misterios) por vez.

(4) Se refiere a la Letanía de la Virgen, que suele ser cantada o rezada después del rosario.

(5) Versión de Emilia, de 72 años. Recogida por M.a del Mar Jiménez el 28-7-99 en Robleluengo (Guadalajara), en una encuesta realizada junto con Eulalia Castellote. Pero también en otros lugares como, por ejemplo, Madrid, Santander, Canarias y Nuevo Méjico, se han recogido versiones con comienzos muy similares al de ésta. Véase el Romancero tradicional de la provincia de Madrid, ed. José Manuel Fraile Gil (Madrid: Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, 1991), p. 334; José M.a de COSSIO en Romancero Popular de la Montaña, II (Santander: Sociedad de Menéndez y Pelayo, 1934), n." 473; Maximiano TRAPERO, Romancero de Fuerteventura (Canarias: Caja de Ahorros de Canarias, 1991), n.° 53; Diego CATALÁN y otros, La flor de la marañuela (Madrid: Gredos, 1969), 2.a flor, n." 224 y 392; Manuel PERKZ RODRÍGUEZ, "Romances rezados en la comarca de Acentejo (Tenerife)", Revista de Dialectología y Tradiciones populares, XXXVI (1981), pp. 201-208; Aurelio Macedonio ESPINOSA, Romancero de Nuevo Méjico (Madrid: CSIC, 1953), n." 189 y 190.

(6) Ver nota anterior.

(7) A excepción de una de las versiones recogidas en Nuevo Méjico que dice "Señor Mío Jesucristo, / este ejercicio te ofrezco". ESPINOSA, Romancero de Nuevo Méjico... n.° 189.

(8) Versión de Vicenta Montalvo, de 68 años. Recogida por M.a del Mar Jiménez el 3-11-98 en Terrinches.

(9) Estos versos pertenecen a uno de los romances del ciclo de la Pasión más difundidos en la tradición hispánica: El Camino del Calvario, otras veces titulado Por el rastro de la sangre.

Existen numerosas versiones publicadas, por ejemplo, en recopilaciones de Canarias (La flor de la marañuela... 2.a flor n." 195-197; 3.a n.° 479; 9.a n.° 571; 10.a n.° 639-640), de Nuevo Méjico (ESPINOSA, Romancero de Nuevo Méjico... variantes de este romance en: n." 153-163 vv. 9-14; n.° 164-166 vv. 1-4 y 11-14 y n.° 166-169 vv. 1-7, 13) e -incluso- de Chiloé (Maximiano TRAPERO, Romancero general de Chiloé, Madrid, Iberoamericana, 1997, n." 23).

(10) COSSIO: Romancero Popular... n.° 439 (versión íntegra de este romance).

(11) Precisamente, los actuales estudios creen que el nombre de Verónica, con el que también se denomina el velo, se deriva de la palabra latina vera y la griega eikon, que significa "imagen verdadera". Véase el documentadísimo estudio de Claude GAIGNEBET, "Veronique ou l'image vraie", Mythologie Francaise, 139, (oct.-dec. 1985), pp. 3-27.

(12) Presuntamente el paño de la Verónica tenía tres dobleces que darían lugar a los diferentes velos, como bien narra el romance. José M.a de COSSIO (Romancero Popular... n.° 439) recoge una versión de Tudanca (Santander) que también presenta el motivo del paño, pero sin mencionar su paradero: "(...) el viernes por la mañana / Jesucristo caminaba / descalzo va por la nieve / rastro de sangre dejaba; / todos los que le seguían / todo era gente malvada; / no lo era una mujer, / la Verónica se llama, / quitó el paño de sus tocas, / a Cristo limpió la cara; / tres dobles tenía el paño / todos tres los traspasaba (...)".

(13) Fórmula que actúa "como una especie de comodín, aplicable a cualquier romance de tipo religioso, sobre todo a los del ciclo de la Pasión, y que pone de manifiesto el carácter de oración que tienen todos ellos en la conciencia de sus recitadores". TRAPERO, Romancero general de Chiloé... p.147.

(14) El teólogo griego Clemente de Alejandría y otros autores primitivos indican que desde los primeros tiempos de la cristiandad el viernes era observado con ayuno y oración.

(15) Los católicos creen que pueden ayudar a través de sus rezos y sus buenas acciones a quienes han muerto sin haber sido purificados de sus pecados. Esta creencia está muy relacionada con las doctrinas del purgatorio y de la indulgencia.

(16) El mismo autor añade: "La indulgencia sabatina, falsamente atribuida al Papa Juan XXII (1322), pero más tarde confirmada por el Papa V (1602-1621), establecía que aquellos que llevaran el escapulario de la Virgen del Carmen y cumplieran las condiciones que imponía su uso, serían automáticamente liberados del purgatorio el sábado posterior a su muerte...". William A. CHRISTIAN, Religiosidad popular. Estudio antropológico en un valle español (Madrid: Tecnos, 1978), p. 121.

(17) Versión de Emilia Gimeno, de 67 años. Recogida por M.a del Mar Jiménez el 20-8-98 en Terrinches.

(18) Otras versiones de este romance se pueden ver, por ejemplo, en COSSIO: Romancero Popular... n.° 470-471.

(19) Ver nota 9.

(20) "[...] la estructura narrativa de este romancero «espiritual» puede fácilmente desintegrarse: los motivos adquieren autonomía total, sólo significan por sí mismos; la cadena secuencial lógico-cronológica se rompe, pues al rezar una "oración" el emisor no se interesa en representar dramáticamente el proceso que conduce desde un antes a un después". Véase CATALÁN: El romancero espiritual... p. 288.

(21) "Existen en la tradición hispánica e internacional muchas oraciones que terminan con advertencias o amenazas para que la oración sea recitada en un número fijo de veces o sea propagada en el entorno próximo". Véase José Manuel PEDROSA: "Padrenuestros mayores y pequeños: fuentes antiguas y difusión románica moderna de algunos conjuros mágico-religiosos", Annali Sezione Romanza, XXXVI (1994), pp. 29-48, nota 20.

(22) Versión de Emilia Gimeno, de 67 años. Recogida por M.a del Mar Jiménez el 20-8-98 en Terrinches.

(23) Manuel da COSTA FONTES también ha recogido este romance en la tradición portuguesa. Véase su Romanceiro portugués dos Estados Unidos, 1 Vols. (Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1983), Vol. II, n.° 202.

(24) COSTA FONTES ha recogido oraciones similares en la tradición portuguesa, por ejemplo: "Nesta cama me deito. Señor, / ó vosso respeito. / Vos peço confissao / e sacramentos da igreja. / Na derradeira unçaó, / ganha-me Santísima Trindade, / a hostia consagrada..." y acaba diciendo "esta oraçaó nao deixa a gente morrer sem os sacramentos". Romanceiro portugués... n.° 283.

(25) Concretamente el rito consiste en una serie de lecturas bíblicas y oraciones, a la vez que el sacerdote unge los cinco sentidos (ojos, oídos, nariz, labios y manos; cfr. w. 10-11) del enfermo con aceite bendecido normalmente por un obispo en el Jueves Santo.

(26) Versión de Emilia Gimeno, de 67 años. Recogida por M.a del Mar Jiménez el 20-8-98 en Terrinches.

(27) Maximiano TRAPERO recoge una versión —aunque incompleta- en su Romancero de Fuerteventura... n.° 54.

(28) La mayoría de las oraciones cristianas siguen el modelo de oración conocido como la Oración del Padrenuestro dado por Jesucristo a sus discípulos (véase Mat. 6, 9-13; Le. 11, 2-4).

(29) COSSIO: Romancero Popular... p. 2.

(30) Versión de Emilia Gimeno, de 67 años. Recogida por M." del Mar Jiménez el 20-8-98 en Terrinches.

(31) Véase PEDROSA: "Padrenuestros mayores y pequeños...".

(32) Versión de Juana Montalvo, de 68 años. Recogida por M.a del Mar Jiménez el 3-11-98 en Terrinches.

(33) Las iglesias orientales ortodoxas, y la católica y distintas iglesias nacionales protestantes coinciden en la idea de la existencia del purgatorio como un estado de sufrimiento, pero sólo las iglesias occidentales determinan la forma de sufrimiento: la hoguera.

(34) COSSIO: Romancero Popular... n.° 472.

(35) José Luis SANCHEZ NORA: "Claves mágicas de la sociedad barroca", en La religiosidad popular, 3 Vols., coords. C. Alvarez Santaló, M.a Jesús Buxó y S. Rodríguez Becerra, (Barcelona: Anthropos, 1989), Vol. II, pp. 125-145, p. 136.

(36) PEDROSA: Entre la magia y la religión: oraciones, conjuros, ensalmos (Guipúzcoa: Sendoa, 2000), p. 11.