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LA SUBLEVACIÓN DE JACA VIVE AUN EN LA MEMORIA MADRILEÑA. (Diciembre 1930-Diciembre 2000)

FRAILE GIL, José Manuel

Publicado en el año 2000 en la Revista de Folklore número 240.

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Este Diciembre se hablará harto del frío, de la comida, del consumo irracional que un año más llama a nuestra puerta; después, pero muy en segundo lugar, algunos reflexionarán también sobre el nacimiento de un Cristo que seguramente se volvería al Cielo espantado al contemplar el esperpento en que muchos han convertido su doctrina. Pero muy pocos serán los que recuerden que setenta años antes dos militares jóvenes cayeron frente a los fusiles de un gobierno que murió matando cuando le quedaban cuatro meses justos de vida: la caduca monarquía de Alfonso XIII.

El catorce de Diciembre de 1930 Fermín Galán Rodríguez (nacido el 4 de octubre de 1899, en San Fernando, Cádiz) y Ángel García Hernández (nacido en 1903) fueron fusilados, terminando así la breve aventura que encabezaron y cuyo utópico ideal era proclamar la II República en España. Una breve sinopsis histórica de los hechos sería ésta:

Los dos militares, impacientes por los sucesivos aplazamientos que al Golpe se le iban dando, se sublevaron el 12 de diciembre en Jaca. Casares Quiroga fue enviado por el comité revolucionario para frenar la insurrección una vez más, pero su llegada fue inexplicablemente inútil por tardía. Los insurrectos proclamaron la República en aquella ciudad oscense y, unidos a un grupo de paisanos de la localidad, avanzaron sobre Huesca en dos columnas que, una en tren al mando del capitán Sediles y otra en camiones dirigidos por Galán, se avistaron en las orillas del río Gallego con las fuerzas de la Guardia Civil que mandaba el general Las Heras, a la sazón gobernador militar de Huesca. Llegaron a Ayerbe la noche del día 13 y encontraron allí a las tropas enviadas por el gobierno en los alrededores del santuario de Cilla, en las inmediaciones de Huesca, y allí, tras intentar infructuosamente ganar para la rebelión a los soldados del gobierno, se rindieron al general Dolla. Al día siguiente -aquel triste 14 de diciembre, que luego cantarán las coplas de los ciegos- se celebró un consejo de guerra en el que Galán y García Hernández fueron condenados a muerte, sentencia que se ejecutó el mismo día (1).

La juventud de los fusilados y su idealismo desmedido los convirtieron enseguida en los mártires de la República que estaba a punto de llegar. Por doquier surgieron coplas, romances, e incluso obras de teatro y películas cinematográficas que se apoyaron en lo humano más que en lo político para levantar a estos dos hombres casi hasta el techo de lo mítico. Siguiendo un proceso muy conocido por los hacedores de la poesía tradicional, se echó mano, para exaltar al héroe, de la madre, de la novia, de la esposa y aun de la pequeña huérfana -mujeres todas en su condición de desvalidas- para despertar en el auditorio un sentimiento de simpatía y de dolor. En efecto, el manantial de la poesía reivindicativa de carácter popular se sirve a lo largo de todo el turbulento s. XIX -época de su florecimiento- de este viejo ardid literario. De la Mariana (Granada 1804-1831), liberal y bordadora de gallardetes al viento, cantaban las coplas para enternecer al público:

A sus hijos le ponen delante
por ver si algo pueden conseguir,
y declara con firme constante
- No declaro, prefiero morir-.

A Mariana llevan a la cárcel
y sus hijos llorando detrás,
y sus hijos, llorando, decían:
- Vuelve a casa, querida mamá-.

(Guadalix de la Sierra, Madrid) (2)

Y cien años más tarde los poetas anónimos que glosaron la muerte de estos dos hombres van a crear cuartetas de este estilo:

García tenía una hija/que apenas sabía hablar;
va gritando por las calles/¡que viva la libertad!

(Villaconejos, Madrid)

-¿Quiénes son esas señoras/que tan enlutadas van?
-Es la mujer de García/y la madre de Galán-.

(Madrid capital)

En especial la figura de un Galán mozo, arrogante ante la muerte, destaca de entre toda esta literatura de cordel que a duras penas ha llegado hasta nosotros por perseguida y a viva fuerza olvidada (3).

El suceso en fin prendió con vehemencia en todas las clases sociales de talante democrático y de ideas avanzadas; una hija del amanuense que tuvo Alfonso XIII comentaba así los hechos: Estuvimos rezando mucho mi hermana y yo, éramos unas muchachas, yo tenía dieciséis años y mi hermana catorce, pero veíamos lo desmedido del castigo; porque aquéllos eran unos idealistas que se adelantaron y que pagaron con su vida algo que cuatro meses después trajeron las urnas sin derramamiento de sangre (4). El mismo impacto produjo el fusilamiento en todos los estratos sociales; la clase trabajadora, lógicamente más sensibilizada hacia cualquier ímpetu revolucionario, anduvo pendiente de los periódicos, hojas volanderas y de unas pocas radios de galena por ver si a última hora llegaba el anhelado indulto. La hija de un carbonero en la Sierra madrileña, rememoraba así los acontecimientos: ...sí, eran dos muchachos que no se merecían aquello, yo era entonces una chavalita, pero me acuerdo que las mujeres lloraban y todo, lloraban por los ideales, porque entonces no se veía en la televisión lo que ahora se ve para dar pena... pero la gente estaba muy harta de rey y de todo aquello, porque la flor de la juventud la habían matado en África cuando lo de Annual, los pobres, que los ricos... ya sabíamos, con pagar... (5).

Para el grupo de intelectuales que alrededor del 27 desplegaban su quehacer científico y literario el fracaso de la Sublevación y su brutal represión eran el anuncio evidente del cambio, la gota que iba a colmar el vaso de los atropellos a la Democracia que la Restauración y su artero turno de partidos habían ido llenando. Es raro el libro de memorias aparecido durante el último cuarto del s. XX que no haga parada y fonda en aquel diciembre del año 30. El comunista Azcárate, joven a la sazón de quince años, anota en sus memorias: Mi padre en sus viajes a París se entrevistó con Indalecio Prieto y Marcelino Domingo, los dos miembros del Gobierno Provisional Republicano, preparado para tomar el poder al caer la Monarquía que habían logrado escapar después del fracaso de la sublevación de un regimiento en Jaca y del fusilamiento de los capitanes Galán y García Hernández. Casi todos los miembros de ese gobierno estaban encarcelados. Por mi parte, yo tenía una foto de Galán en mi cuarto y era mi ídolo en aquel momento (6).

La pareja M.a Teresa León-Rafael Alberti cuajan sus dos libros de recuerdos con el nombre de Jaca unido al jubiloso devenir de la República. Dice M.a Teresa: Era una República que traía con ella hasta a sus héroes: Fermín Galán y García Hernández, fusilados... Yo recuerdo que el día de la sentencia, estaba yo con mi madre en casa de la madre de Dámaso Berenguer; la señora, tan suavemente criolla y acostumbrada al mando militar, no podía contener su angustia. Era contraria a la pena de muerte, algo le estaba diciendo que su hijo jugaba mal las cartas, y así fue (7).

Pero no es el impacto que la Sublevación de Jaca causó en aquella sociedad del año 30 lo que quiero tratar en estas líneas; son los versos que el estro popular copleó a partir del sentimiento, sirviéndose de un bagaje tradicional, y que tuvieron por destino informar y dejar recuerdo de aquel intento fallido. La cercanía en el tiempo reviste de comentarios las coplas y los romances que afloran en la memoria, y por ello no me he resistido a transcribir literalmente algunas de esas vivencias que tan sentidas me parecen. En cuanto al ámbito de mis pesquisas, he procurado restringirme a Madrid y a su provincia, por estar esta tierra muy falta de atención y estudio, aunque conozco que las coplas de Jaca se cantaron desde la Alta Castilla: Tierras de León (8), Zamora (9) y Soria (10), hasta la vega baja del Guadalquivir y los focos mineros de la Andalucía Oriental (11).

Incluso antes de que aquel 14 de Abril tiñese de morado una orilla de la bandera, los ciegos y copleros comenzaron a satirizar a la figura del rey y de su ministro como responsables directos de aquellas muertes. Siguiendo un antiguo ardid de la poesía tradicional, se echó mano del viejo romance llamado de El palmero o La aparición de la enamorada muerta, que estaba vivo al menos desde el s. XVI en la memoria colectiva de la Hispanidad. La pregunta ¿Dónde vas, triste de ti? se usó mil veces en romances sueltos y en las piezas teatrales del Siglo de Oro; Guillen de Castro la pone en labios del pastor, en su drama La tragedia de los celos, cuando el rey Alfonso V de Aragón ve caer a sus pies una paloma ensangrentada al mismo tiempo que la amada del monarca, Doña Margarita de Híjar es inmolada a los celos de la Reina Doña María:

-¿Dónde vas, el caballero?/¿dónde vas, triste de ti?
Que la tu querida prenda/muerta es, que yo la vi.
Diéronla de puñaladas/y de la muerte el buril
trocó la nieve en la grana,/en un cárdeno alhelí.
…………………………………………..
Y Vélez de Guevara, cuando recrea los trágicos amores del rey Don Pedro con Doña Inés de Castro, asigna los mismos versos a una voz anónima:

-¿Dónde vas, el caballero?/¿dónde vas, triste de ti?
Que la tu querida esposa/muerta es, que yo la vi.
Las señas que ella tenía/bien te las sabré decir:
su garganta es de alabastro/y sus manos de marfil.
………………………………………………………
El romance fue rodando por el torrente de la vida oral, hasta llegar a su última refundición cuando la prematura muerte de M.a de las Mercedes de Borbón y Orleáns en 1878, prima hermana y primera esposa de Alfonso XII. Galdós cuenta que en el verano de aquel mismo año ya se oía en el Prado madrileño girar la rueda de las niñas con los versos (12):

-¿Dónde vas, Alfonso Xll?/¿dónde vas, triste de ti?
-Voy en busca de Mercedes/que ayer tarde no la vi.

Pues bien, el hijo y sucesor de aquel joven viudo va a ser el responsable ante el pueblo del fusilamiento de los héroes republicanos; por ello se convierte en el protagonista de la última y patética reelaboración de esta vieja historia:

-¿Dónde vas, Alfonso XIII/sin maleta y sin gabán?
-Voy en busca de la tumba/que tengo en El Escorial.
-Vete en busca de la tumba/bien empleado se te está
por haber afusilado/a García y a Galán.

(Cubas de la Sagra, Madrid) (13)

A este tipo de composiciones que toman al rey por responsable único y directo de lo sucedido pertenece también este otro fragmento manchego que no me resisto a copiar: Al pueblo llegaban los copleros y por un cartelón grande que señalaban allí con un puntero lo que iba pasando, nos enterábamos de las cosas. Yo tenía entonces doce años, estaba harta de trabajar, que cosía con mi padre pantalones y chalecos, pero no tenía los cinco céntimos que costaba la copla.
……………………………..
Con "b" empieza el apellido,
es un infame traidor;
el que firmó la sentencia,
de vergüenza derrotado,
se ha marchado a otra nación.

(Villacañas. Toledo) (14)

Un segundo grupo de cantares y coplas tuvieron al general Dámaso Berenguer (San Juan de los Remedios, Cuba, 1878-1953) por objeto de su acerba sátira. Aprovechando un cuplé muy en boga por aquellos años -Si vas a París, papá- adaptaron los poetas anónimos del pueblo esta letrilla:

Si encuentras a Berenguer
le endinas con una estaca,
no te vaya a suceder
lo que a los bravos de Jaca.
No te dejes engañar
por su risa de farsante.
La gloria debe ganar
quien lo licencie al instante.
Pues que fue un mal general
que allá en el Annual
perdió a la nación.
Es un defensor indigno
debajo del ultimito Borbón.

(Madrid capital) (15)

El estribillo, como vemos, no tiene desperdicio. Don Dámaso había sido nombrado ministro de la Guerra en 1918 y se encargó poco después de la Alta Comisaría de Marruecos; preparó entonces una ambiciosa campaña que había de conseguir la ocupación definitiva, pero después de ciertos éxitos iniciales, como la toma de Xauen, se produjo el desastre de Annual. Berenguer entonces fue procesado y separado del servicio activo, siendo amnistiado con la llegada al poder de Primo de Rivera; tras la dimisión de éste en 1930, Alfonso XIII vio en Berenguer la posibilidad de salvar el trono y lo nombró Jefe de Gobierno. Un ligero maquillaje a fin de reavivar las mortecinas libertades democráticas hace que el breve período de su mandato sea conocido como La Dictablanda. En el Carnaval de 1930 cantó una comparsa zamorana de Villaralbo, al son de El polichinela que popularizara La Fornarina, estos versos:

Lo que puso Primo/quita Berenguer,
y todo lo antiguo/vuelve a aparecer:
se abrirán las Cortes,/Franco volará
¡Arza, catapum!/República, vendrás (16).

Por último, y por más botón de muestra, he aquí una copla que los flamencos y mineros incorporaron a su repertorio, muchas veces nutrido a base de lo creado en las luchas sociales que tanto abundaron en el período 1868-1936: En Jaca murió el valor, y aquellos dos hombres buenos los vimos de padecer por culpa los asesinos del Gobierno Berenguer (17).

No sólo fueron versos lo que produjo la memoria de estos héroes. El régimen republicano reprodujo su efigie hasta la saciedad en una campaña de divulgación que intentó llegar a todas las edades, sexos y clases sociales. Vendían unas estampas, como una tarjeta de visita o así. Las había de los dos, y tenían dos puntos en cada carrillo, y eran en blanco y negro. Bueno, pues había que mirarlas muy fijamente, a los cuatro puntos de la cara, y contar así hasta cincuenta y sin pestañear. Luego le dabas la vuelta a la tarjeta, o mirabas al cielo, o a la pared, a algo que fuera blanco, y los volvías a ver. Valían a cinco céntimos y había una de cada uno (18). Hasta los años sesenta del pasado siglo, traficábamos en la escuela con estampas de este género que reproducían -claro está- imágenes piadosas, especialmente las de Santa Gema, Santa Teresita y los niños de Fátima y Lourdes. Pero aquellas figuras en blanco y negro que los niños de la República fijaban con la mirada en los techos de sus casas, iban policromándose poco a poco a la vez que ellos se hacían mozos; alfileres de busto, gemelos y pasadores de corbata se troquelaron a centenares con el retrato de los héroes orlado por los tres tonos de la bandera. Eso fue un poco antes de Guerra. Mi padre fue a Madrid con otros hombres a cosas de abastos. Fueron a ver una función de teatro que se llamaba El sobre verde; y a mí, que ya era una mocita, me trajo un alfiler con los de Jaca, y lo llevaba yo así, en el pecho, y iba tan contenta, que luego bien caro me salió (Estremera de Tajo, Madrid) (19).

Los cinco años que duró la tan ansiada República tuvieron un dosel multicolor formado por pañuelos de percal estampados con la imagen de Galán y García Hernández; lástima que el percal fue siempre patrimonio de la clase obrera, no sé si en seda o en terciopelo se llegó a impresionar la imagen de los de Jaca. Pero volvamos a los versos, a las coplas y romances que son el objeto último de este breve estudio.

No fueron sólo los ciegos y copleros, siempre anónimos, los encargados de elaborar estos plantos. El viejo Machado, que alcanzó a alegrar su otoño con la llegada del régimen democrático -aunque bien triste fue el invierno que le deparaba Francia- compuso una de estas obritas como Ronda de primavera:

La primavera ha venido/del brazo de un Capitán.
Cantad, niños, a coro:/¡Viva Fermín Galán! (20).

Tras el 98 de Machado, le llegaba el turno al 27 de Alberti; algo dijimos al hablar de las memorias que compuso su compañera María Teresa León, pero la relación de Rafael Alberti con su paisano Fermín Galán merece párrafo aparte. En La Arboleda Perdida, su libro autobiográfico, escribe:

Aquel grito que zigzagueaba potente pero sigiloso, fue a agolparse de súbito, apretado de valor y heroísmo, en la garganta de los Pirineos, estallando al fin un amanecer en las nieves de Jaca. "¡Viva la República!", es Fermín Galán, un joven militar, quien lo ha gritado, Fermín Galán, a quien el fervor popular naciente va a incorporarlo al cancionero de la calle (21).

Efectivamente, Rafael, lleno como estaba de resabios populares, vio en la figura del joven sublevado al héroe popular que, en metro de romance para ser más castizo, cantarían las gentes por toda España.

A poco de proclamada la Segunda República llegan a Madrid Alberti y María Teresa, procedentes de Rota, y a su llegada traía ya el poeta medio hilvanado su Romance de Galán y García Hernández; de todo aquello saldría el drama que Margarita Xirgu estrenó en el Teatro Español. En realidad, del primigenio romance, Alberti seccionó varios fragmentos que fueron luego la cabecera de los cuadros de su drama (22).

En líneas generales podemos clasificar en dos grupos los textos tradicionalizados que referentes a los sucesos de Jaca han llegado hasta nosotros. La proximidad en el tiempo y el ejercicio de olvido forzoso, ejercido muchas veces en la memoria de los cantores, han preservado aún una fuerte unidad en los textos y en las músicas. Respecto a estas últimas, dos son las melodías con las que he escuchado y grabado mil veces las Coplas de Jaca. Aunque parezca, y de hecho lo es, un brutal contrasentido, las coplas enunciativas de los sucesos, el que pudiéramos llamar primer grupo, se cantaron con la melodía de El Novio de la Muerte, canción netamente identificada con el tercio de legionarios y cuyas notas se deben a un tal J. Costa Casáis.

La segunda tonada acompaña siempre a una relación melodramática en la que juegan un papel más decisivo las relaciones familiares de los protagonistas y la tragedia de su muerte que los hechos políticos. No sé yo si no se compuso esta música de propio intento para alguna película, pues con ligerísimas variantes la he escuchado en las cuatro esquinas de mi provincia, e incluso en algún pueblo de la Alcarria madrileña era pieza conocida por el acordeonista local con el nombre de Las tres de la madrugada (23).

Y es que, por uno de esos complicados mecanismos que obran en la literatura oral, este grupo de versiones se encabeza siempre, o casi siempre, con una coplita perteneciente a otra algarada política que dio paso a la República, y que sorprendentemente no precedió a los sucesos de Jaca, sino que les sirvió de epílogo. Estamos hablando de la fallida sublevación del aeródromo madrileño de Cuatro Vientos. Veamos de qué se trata. El día quince de diciembre de 1930 un numeroso grupo de aviadores, Ramón Franco, Hidalgo de Cisneros, José Martínez de Aragón, Alvarez Buyila... el general Queipo de Llano y el mecánico Rada se hicieron dueños del aeródromo al amanecer el día sin encontrar resistencia; los sublevados radiaron la noticia de que en España se había proclamado la República y Queipo de Llano, al frente de una columna, salió para Carabanchel. Hacia las ocho de la mañana, Ramón Franco Bahamonde sobrevoló Madrid con el objeto de bombardear el Palacio Real y diversos cuarteles, pero, al comprobar que no se había secundado la prevista huelga general, se limitó a lanzar octavillas y regresó a Cuatro Vientos. El aeródromo fue cercado por las tropas gubernamentales dirigidas por el general Orgaz y la mayor parte de los sublevados se dirigieron a Portugal.

Resulta curioso comprobar la confusión que provoca hoy en muchos cantores, setenta años después de acaecidos los hechos, la mención de un Franco en estas coplas republicanas; y es que la memoria del dictador ha anulado la de su hermano Ramón, que fue un auténtico héroe de los aires al cruzar por vez primera el Atlántico Sur en aeroplano, gesta que se llamó del Plus Ultra (24), realizada en 1926 y en la que le acompañaron el capitán Ruiz de Alda, el teniente de navío Duran y el mecánico Rada. Y al nombrar por segunda vez a este mecánico, no me resisto a incluir en este cancionerillo popular un cantarcillo que circuló por aquel Madrid donde los agentes de tráfico eran algo novedoso:

Franco le dijo a Rada:
-Dale al avión que corra,
que aquí arriba entre las nubes
no hay guardias de la porra (25).

En las memorias de Alberti encontramos también una alusión a aquella lluvia tricolor que debía traer el aire:

Fue una mañana de diciembre. María Teresa y yo, como todo Madrid, mirábamos al cielo frío, esperando que las alas conjuradas de Cuatro Vientos decidieran. Pero las alas, sintiéndose enfiladas por fusiles, se vieron impelidas a remontar el vuelo rumbo a Lisboa (26).

Descorramos de una vez la cortina del olvido para entrever la memoria histórica escuchando los versos que en Villaconejos (Madrid) me cantó una anciana aún de voz firme, mientras un viejecito garabateaba en el suelo con su bastón y dos lágrimas rodaban entre los pliegues de sus mejillas; era su esposo, su compañero que había visto desmantelada su casa, diseminada su familia y destruida casi su juventud cuando los de Jaca abrieron una brecha que se soldó malamente no con la paz, sino en la "Victoria".

Las dos de la madrugada /se ha presentado en Madrid
Franco con su eroplano/a defendel el país.
Les mandan un telegrama/a Galcía y a Galán
que a las diez de la mañana/les iban a afusilal.
García sube a su arcoba /y la dice a su mujel:
-Saca la ropa de gala / que me la voy a ponel. -
Y su mujel le pregunta: /-Anda, dime a dónde vas,
que tantos sordados tienes/a la puerta principal.
-No te lo quiero decil, /me dan ganas de lloral.
Sácame a mi hija del alma, /un beso la quiero dal.
Adiós, hija de mi alma, /hija de mi corazón.
A las diez de la mañana / vamos a moril los dos.-
García tenía una niña/que apenas sabía hablal;
va diciendo por las calles: /-¡Arriba la libertad!-
Galán iba por la acera/con una sonrisa atroz;
se fue en casa de la novia/un abrazo la pidió.
-¿Por qué me pides tú eso, /Galán de mi corazón?
¿Por qué me pides tú eso/ si te lo he de dal yo?
-Dámele, Mella querida, /Mella de mi corazón,
qu'a tu amante l'afusilan /por defendel la nación.
No es que muero por cobarde/ni tampoco pol traidol,
muero defender la patria/defendiendo la nación.-
Mella se queda llorando/sin podelse contenel
y su madre la decía / -¿Hija, qué vamos a hacel?-
Ya se sienten los disparos /por las montañas de Jaca
porque dicen que han matado/a los valientes de España.
Y en llegando las órdenes del superiol,
en vendarse los ojos en acertó,
le concedieron hablal.
Se dirige a un compañero:
-Dale un abrazo a mi madre
con muchísimo cariño
que dálsele yo no puedo.-
Al sentil esas palabras
del compañero Galán,
García se emocionaba,
de pena se echó a lloral.
-Esas palabras de madre
me han llegado al corazón;
mi esposa queda sin mí
y mi hija sin su padre. -
Se agarraron de la mano,
mandan a tocal a fuego,
los sordados apuntaban,
todos disparan a una
los dos cayeron al suelo.
Y en sus últimas palabras
dicen: -¡Viva la República! (27).

Como ejemplo del primer tipo de versiones, aquel de carácter noticioso -casi periodístico- que como ya dijimos se cantaba con una melodía de legionarios, vaya esta versión procedente del corazón mismo de la Villa y Corte:

El catorce de Diciembre
de mil novecientos treinta
lo tendrá España presente
y naciones extranjeras,
de los sucesos de Jaca
que en la historia quedarán,
de los héroes de la patria
de García y de Galán.
Por salvar a la patria
ellos murieron
y vertiendo su sangre
así lo quisieron.
En cuanto les sorprendieron
¡qué triste es recordar!
en cuatro horas dispusieron,
atropellando las leyes,
les mandaron fusilar.
La muerte se les acerca;
Galán iba muy sereno
y con mucha valentía
le dice a su compañero:
-Tú no te aflijas por nada,
que tenemos que morir.
Si te acuerdas de tu hija,
mi madre llora por mí.
A los pocos momentos
un cura se acerca,
le dice confesar
pero él no lo acepta.
-Mi vida me importa poco,
si algún día se dirá.
Muero con gloria y con honra
por defender a mi patria
¡y viva la libertad!.- (28).

Para colofón de este artículo pido prestadas a doña María Goyri unas frases, las que sabiamente colocó como epílogo de su trabajo dedicado a La muerte del príncipe Don Juan (29):

...el romance permanece vivo en la memoria del pueblo, que lo sigue cantando y transformando sin cuidarse de la verdad histórica que encierra. Es la siempre-viva que adorna la tumba.

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NOTAS

(1) Para conocer con detalle los antecedentes, el breve desarrollo y la dura represión de este Alzamiento, es imprescindible consultar la obra de GOMEZ GOMEZ, Esteban C.: La insurrección de Jaca, los hombres que trajeron la República, (Ed. Escego; Barcelona, 1996), 700 pp. El segundo volumen de esta posible trilogía, el dedicado a los fusilamientos, es el afán del autor cuando escribo estas líneas. Aprovecho para agradecerle sus claros y acertados consejos.

(2) FRAILE GIL, José Manuel: Romancero Tradicional de la Provincia da Madrid. (Ed. CEYAC, Comunidad de Madrid; Madrid, 1991), p. 356.

(3) Enrique Vicien incluso dedica un capítulo de su concienzudo estudio a la figura del gaditano Galán bajo el epígrafe "Fermín Galán, la forja de un mito".

VICIEN MANE, Enrique: La II República en Jaca, (19.311936). Una época diferente, (Ed. Envima; Barcelona, 1998), 344 pp. Tercer apartado, p. 77.

(4) Palabras de Consuelo Ruiz Vélez-Frías, de 86 años de edad, entrevistada en Madrid el día 9 de Septiembre de 2000 por J. M. Fraile Gil, T. García de Mier, M. L. Huetos Molina y A. Rodríguez Rodríguez. Sobre Consuelo puede leerse el breve pero enjundioso artículo escrito por Indio Juan en la revista Tribuna, correspondiente a Julio de 2000 y titulado Elisa Risco, nombre de guerra que Consuelo utilizó en la adolescencia para poder asistir como conferenciante en los mítines celebrados para conseguir el sufragio femenino.

(5) Vivencias personales de Angeles Pascual Vallejo, nacida en Guadalix de la Sierra (Madrid) en 1918 y entrevistada por J.M. Fraile Gil en aquel lugar durante el verano de 2000.

(6) AZCARATE, Manuel: "Derrotas y esperanzas. La República, la Guerra Civil y la Resistencia. Memorias". Col. Andanzas, n." 223 (Tusquets editores; Barcelona, 1994). Cap. II "La República", 1.

(7) LEON, M.a Teresa: Memoria de la melancolía (Ed. Castalia; Madrid, 1998), pp. 192-201.

(8) Seminario Menéndez Pidal. A.I.E.R., Voces Nuevas del Romancero Castellano-Leonés, (Ed. Gredos, Seminario Menéndez Pidal; Madrid, 1982), 2 Vol.

Recoge una versión procedente de San Martín de Valdetuéjar (Ayto. de Renedo de Valdetuéjar, P.º J. Cistierna) recopilada en 1977, Vol. II, p. 145.

(9) Una versión, recogida por Joaquín Díaz, en Santiago de la Requejada, está publicada (p. 70) por: DIAZ, Luis: "Canciones populares de la Guerra Civil". Col. Temas de España, (Ed. Taurus; Madrid, 1986).

(10) DIAZ, Luis: "Romancero Tradicional Soriano", Col. Temas Sorianos, n.° 7 (ed. Excma. Diputación Provincial de Soria; Soria, 1983), 2 Vols.

Incluye una versión procedente de Olvega (p. 115).

(11) Es muy importante, en este 70.º aniversario de los fusilamientos, la edición de antiguos materiales sonoros del cante flamenco: CERREJON, Manuel: Cantes Flamencos Republicanos (Ed. Pasarela, C/. Jesús del Gran Poder, 49, Sevilla).

(12) PEREZ GALDOS, Benito: Episodios Nacionales. "Cánovas". Un estudio algo más detenido sobre la intermitente adaptación de este romance puede verse en FRAILE GIL, José Manuel: "Cantar y decir contando", El niño. Etnografía do una vida que se crea. Seminarios de Folklore y Cultura Tradicional, (Centro de Cultura Tradicional, Diputación Provincial de Salamanca; Salamanca, 1998), pp. 25-36.

(13) Versión cantada por M.a Teresa Fernández Sánchez-Pardo, de unos 80 años de edad. Fue grabada en Cubas de la Sagra (Madrid) el día 20 de julio de 2000 por J. M.: Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso, M. León Fernández, P. GOMEZ Fernández y A. Bermejo Blanco.

(14) Informes y versión aportados por Flor Cornuda Arrones, de 82 años de edad, natural de Quintanar de la Orden (Toledo) y criada en Villacañas (Toledo). Fue entrevistada en Madrid el día 9 de septiembre de 2000 por J. M. Fraile Gil, T. García de Mier, M.a L. Huetos Molina y A. Rodríguez Rodríguez. Sobre la interesantísima vida de esta mujer escribió Indio Juan un artículo titulado "Me encarcelaron el mismo día que se da por terminada la Guerra Civil". Tribuna (Diciembre, 1999). Precisamente en las lineas de este opúsculo leemos; El comité de honor del Socorro Rojo tenía entre sus filas a Negrín y a Largo Caballero. Asimismo se encontraba trabajando para dicha entidad Francisco Galán, hermano de Fermín Galán, fusilado en Jaca junto a García Hernández.

(15) Texto cantado por Julia Peláez Lumbreras, de 80 años de edad, natural de Madrid (Puerta de Toledo). Fue entrevistada en Madrid el día 11 de septiembre de 2000 por J. M. Fraile Gil.

(16) Copla cantada por Angela Juan Crespo, de 78 años de edad, natural de Villaralbo (Zamora). Fue entrevistada en Madrid en agosto de 2000.

(17) CRUCES ROLDAN, Cristina: "Las letras flamencas y los acontecimientos". Col. Historia del flamenco, vol. V (Ed. Tartessos; Sevilla, 1996).

(18) Vid. nota 15.

(19) Informes dados por Isidra Camacho Horcajo, de 73 años de edad, natural de Estremera de Tajo (Madrid) grabados en el verano de 2000 por J. M. Fraile Gil y J. M. Calle Ontoso.

(20) Estos versos de Machado, recopilados entre sus poemas de guerra, pueden leerse en la sección de Poesías Sueltas, (N.º 64) de la edición de Oreste Macrí, Ed. Espasa Calpe, Madrid, 1989, p. 836. Previamente se habían publicado en Hora de España (Madrid, mayo de 1937).

(21) ALBERTI, Rafael: La arboleda perdida, Libro segundo, 8. (Ed. Seix Barral; Barcelona, 1984).

(22) En 1942, ya exiliado en la Argentina, Alberti publica un folleto titulado El poeta en la España de 1932 seguido de El romancero de Fermín Galán y los sublevados de Jaca, (Ed. Publicaciones del Patronato Hispano-Argentino de Cultura; Buenos Aires).

(23) En Pezuela de las Torres (Madrid), Mariano Fernández Cobos, de 80 años de edad, aprendió a tocar el acordeón diatónico con su padre y, al ejecutar esta pieza, sabía muy bien a qué tema perteneció la melodía aunque no recordase más que el primer verso que le servía de nombre. Grabada en Pezuela el día 28 de julio de 2000 por J. M. Fraile Gil, M. León Fernández y P. GOMEZ Fernández.

(24) El hidroavión utilizado fue un bimotor Dornier Wall con poca autonomía de vuelo. El Plus Ultra partió de Palos de Moguer (Huelva) el 22 de enero de 1926, y tras efectuar numerosas escalas —Gran Canaria, Cabo Verde, Fernando Noronha, Recife, Río de Janeiro, Montevideo, etc.- llegó a Buenos Aires el 10 de febrero.

(25) Recitada por Purificación Gil Rubio, de 82 años de edad, natural de Guadalix de la Sierra (Madrid), pero la aprendió siendo mocita en la Corte. Fue grabada en el verano de 2000 por J. M. Fraile Gil.

(26) ALBERTI, Rafael; Op. cit., p. 282.

(27) Versión cantada por Brígida Guerrero Mesas, de 78 años de edad, natural de Villaconejos (Madrid). Fue entrevistada el 16 de diciembre de 1999 por J. M. Fraile Gil, J. M. Calle Ontoso y M. León Fernández.

(28) Versión cantada por Amparo Fraile Sánchez, de 75 años de edad, natural de Madrid (Pza. de) Callao). Fue grabada el día 31 de julio de 1992 por J. M. Fraile Gil.

(29) GOYRI, María: "Romance de la muerte del príncipe D. Juan (1497)", Bulletin Hispanique, Tome VI, (Janvier-Mars 1904, Bordeaux-Paris).