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Fiestas de San Juan en reverencia a la hembra

MARTINEZ LASECA, José María

Publicado en el año 1982 en la Revista de Folklore número 22.

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Cuando hablamos de las fiestas de San Juan nos adentramos en un ciclo singular (1) en el que se constatan ritos peculiares que nos han sido legados "de tiempo inmemorial" (2). Por ello no nos queda otro remedio que el de retornar a los orígenes -"quien niega sus orígenes pierde su identidad"- tratando de desentrañar el profundo misterio de este tiempo que difiere del normal, porque es tiempo sagrado y de excepción, ya que en él acaecían cosas que ahora no suceden, si bien su poderoso influjo aún persiste entre nosotros envuelto en los característicos mantos del mito y de la religión que sirven para explicar lo aparentemente inexplicable.

"Cuando junio se, viste de soles / y termina el sopor invernal, / en las calles resuenan clamores / que cantan amores / de un pueblo que espera su San Juan" (3).

Muchos eran los fenómenos que aparecían como fascinantes a los ojos del hombre prehistórico: la alternancia del sol y de la luna, del día y de la noche, las nubes y la lluvia, el nacimiento de un niño o el fluir de la sangre; si bien, un hecho acaparaba su atención y éste no era otro que el de la supervivencia. Por ello, el principio que va a ser más invocado y representado a lo largo de toda la prehistoria es el de la adoración a la fecundidad, asumido en la práctica de un culto a la vida centrado en un acto ritual en el que tomaban parte, hombres y mujeres con el propósito de controlar el proceso del nacimiento y la generación, tanto en la especie humana como en la animal, ya que gracias a esta última subsistían.

EL BRILLO DE LA MUJER EN LA FIESTA

"En las fiestas sanjuaneras, / únicas por su esplendor, / la belleza de las mozas / brilla con mayor fulgor".

Así como ha reinado cierta incertidumbre en las sociedades primitivas en cuanto a la función del padre, este elemento de duda no pudo existir en lo concerniente a la madre. De aquí que ella, sus órganos y atributos hayan sido siempre los símbolos por excelencia de la transmisión de vida. Y lo más probable es que su compañero masculino fuese al principio algo puramente accesorio, ya que su función con la concepción y el nacimiento era menos evidente y menos claramente comprendida. La mujer no es sólo el símbolo de la generación, sino la que realmente da la vida (4).

Vemos cómo en la época neolítica la mujer va asumiendo una serie compleja de tareas de gran trascendencia para la comunidad: ella descubre la agricultura y la práctica, la domesticación de animales, es la conocedora de los poderes de las plantas, ha establecido el primer calendario: el lunar, y conoce su relación con el ciclo menstrual y la descendencia es matrilineal.

La mujer es la sacerdotisa por excelencia en los cultos de las diosas de la tierra: Isthar, Ceres, Venus, Diana, Cibeles. Todas ellas tienen un ciclo vital común: nacimiento, matrimonio, muerte y resurrección final, que son los símbolos de la germinación, agotamiento y renovación anual de la naturaleza.

Con la llegada del patriarcado, de la antigua libertad sexual y del papel que desempeñaba la mujer sólo quedaron estas fiestas que se celebran en todo el mundo y que coinciden con las épocas de cosecha o apareamiento (como ejemplo el 23-24 de junio) (5).

No en vano el cristianismo vendría a asumirlas amparándolas bajo la advocación mariana y denominándolas, en nuestro caso, como "DE LA MADRE DE DIOS", conmemorando en este día -solsticio de verano- la natividad de San Juan Bautista aludiendo, a la divina luz que anunció al mundo el precursor de Jesucristo para dar así gracias a Dios como fecundador de la naturaleza.

Ya indicábamos al principio que la fiesta se destaca claramente como "tiempo sagrado" frente al tiempo profano y cotidiano gracias a la suspensión de las actividades habituales (=tiempo de jubileo). Por ello se habrá de notar la sustitución de los alimentos ordinarios por una alimentación solemne y se reemplazan los vestidos normales por los trajes de fiesta, como elementos consustanciales a tan singular liturgia.

"Pues con sus lindos vestidos / de caprichosos colores / dan nuestras bellas mujeres / envidia a las propias flores".

Bien es cierto que nuestra mentalidad civilizada difiere de la de los pueblos primitivos basada fundamentalmente en la sacralidad de la vida orgánica (6), pero lo que tampoco es menos cierto es que estas fiestas -celebradas mucho antes de lo que hoy conocemos como historia con documentación escrita (7)- perpetúan primitivas costumbres transmitidas de generación en generación. Ello ha hecho que si bien ha podido experimentarse una sensible alteración en los tradicionales usos y costumbres, éstos no serían esenciales en lo concerniente a las raíces propias de la fiesta por lo que su contenido esencial permanecería vigente aún hoy en día siendo captado su mensaje -aunque éste no se haga clarividente- gracias a ese subconsciente colectivo que los pueblos orgullosos conservan en su entraña.

Lo que pretendo sugerir es que al tratar de entender nuestras fiestas es en los ritos más que en las creencias donde primero hay que concentrar la atención y dada la imposibilidad de entenderlos racionalmente habremos de contemplarlos desde la óptica de la magia.

En cuantos ritos se dan en nuestras fiestas -algunos de los cuales examinaremos aquí- se nos advierte de inmediato un secular culto a la fecundidad, por lo que la mujer, como hembra que es y símbolo de vida, ha de cobrar en ellos una resonancia primordial.

EL TORO Y LA PRESENCIA DE LA DAMA

El toro, preferentemente el toro domesticado, semental, es para el hombre primitivo un depósito cualificado de energía creadora, reproductora. Por consiguiente este hombre cree poder utilizar esta fuerza de fecundidad para sus propios fines por medio de la magia simpatético-contaminante.

Los vestigios de un culto al toro en las religiones antiguas (8) de nuestra península son numerosos. Es el geógrafo Estrabón quien nos habla de la abundancia de toros en la antigua Hispania, siendo sumamente notable un lacónico texto de Diodoro (IV, 18, 3) en el que el escritor griego afirma que en Iberia, las vacas son animales sagrados en su tiempo (9). La confirmación arqueológica de la citada frase se hallaría -entre otros- en los depósitos de huesos encontrados en las cercanías de Numancia y en algunos de los castros del Noroeste en los llamados "verracos", en las cerámicas polícromas de Numancia (10) en las que se representan toros y danzas o incluso remontándonos más atrás en el tiempo entre las sugestivas pinturas rupestres ubicadas en el monte de Valonsadero (11) .Con todo ello el toro, considerado tradicionalmente como un animal-dios (12) va a desempeñar el papel de víctima propiciatoria en los diferentes ritos de carácter sexual convergentes en nuestras fiestas.

Siglos ha, que los mozos y mozas de cuadrilla constituían uno de los más bellos y alegres espectáculos de las fiestas sanjuaneras. Con antelación a ellas se reunían unos cuantos amigos y designaban la cuadrilla en donde habían de entrar los mozos. Para ello era imprescindible solicitar la maroma al jurado (13) y una vez concedida procuraban que sus novias, hermanas y mozas entraran a formar parte también de la reunión. Ellas habrían de confeccionar el simbólico cachirulo que había de lucir el toro de la cuadrilla.

"El cachirulo / que, lleva mi toro / lo bordaron las mozas / con hilo de oro".

Se nos advierte en lo anterior nostalgias y reminiscencias del "toro enmaromado".

"Porque soriano yo soy / y correr con ansia espero / al torito enmaromado / con la moza que más quiero".

Consistía este ritual en agarrar al toro por los cuernos con una maroma y no soltarlo, ya que esto constituiría la humillación de quien lo sujetaba, paseándolo por las calles y plazuelas. Entronca este espectacular juego (14) celebrado otrora en la mañana del sábado en cada una de las cuadrillas, con la costumbre del toro nupcial originario, dado el ambiente popular en que se desarrollaba. La participación del pretendiente ante la presencia interesada de la novia contiene connotaciones de un ritual de pasaje por el que el varón superador de la prueba vendría a adquirir el poder genético del toro demostrando su madurez para el matrimonio.

De otra parte, el ceremonial de las corridas que ha dado lugar a diversas teorías sobre su posible origen y que si bien no atinan a desvelar el secreto del mismo, ello es por ignorar su aspecto histórico-religioso. Es este el único punto de vista que pudiera aclararnos la cuestión, ya que en su base prevalece la intuición prioritaria del poder fecundador del toro y los consiguientes ritos mágicos para lograr su transmisión. Quedaría desechado su aventurado origen cretense, afirmándose, por contra, su carácter popular -frente al toreo de a caballo- constituyendo una prolongación deformada, secularizada y lúdica de aquel rito del toro nupcial originario. En el uso de las banderillas (también aderezadas por la novia), al igual que en la importancia de la capa (en su origen acaso un lienzo blanco perteneciente al mismo lecho conyugal) en cuyo uso se nos advierte la presencia del elemento femenino, el cual se allegaría de este modo al círculo de la magia contaminante, aquí no sólo dada por el mero contacto con el animal generador sino aumentada a través de la salpicadura de su sangre fecunda en la certeza de ahuyentar el tan temido peligro de la esterilidad (15).

Mas el ritual principal -los dos anteriores serían de reciente acogida en las fiestas- en el que se entrevé e1 verdadero culto al toro y a la fecundidad, el que rezuma mayores resonancias míticas atribuyendo al toro un significado totémico y tribal viene a ser el que se desarrolla aun tiempo en torno a los doce toros pertenecientes a las doce cuadrillas (16), conformando y dando sentido en su "viacrucis" a los diferentes días de la fiesta. En él el toro recobra su entero carácter sagrado: es el dios reencarnado en el varón por excelencia y como tal no le restará más alternativa que la de su pasión y muerte. Y para que el ritual pueda surtir su eficacia y podamos :hacernos todos merecedores de los dones divinos como bien preconizaba el mito, hay que irse adentrando con fe en la celebración litúrgica. Que no nos falte la mujer por compañera.

"Soriana minifaldera, / mocita de mis afanes, / quisiera siempre que fueras / mi compañera en los sanjuanes".

(¡Qué mejor homenaje a la mujer soriana que el que queda plasmado en las populares notas del folklore sanjuanero!)

"Mi novia que adoro / soriana sin par, / la Compra del toro / quiere celebrar".

¡Toro cual dios comprado! Macho multiplicado por doce como partes se hacen de la ciudad. Bravo correteando por el lugar sagrado -monte de Valonsadero- con tos pitones al viento. Toro enlutado, te siento. El pueblo entero se da la mano en tu derredor.

Ya para que el ritual brille con todo su esplendor y se haga partícipe de él a toda la comunidad habremos de pregonarlo a la rosa de los vientos. Que venga el pueblo. Que venga. Que acuda presto a la fiesta. Que es hora de redención. Que lo anuncia la dulzaina y lo corrobora el tambor. Que ya no hay fiestas como éstas y están la luna y el sol arriba en la presidencia.

"Dime, dime, mi lucero, / si a "La Saca" quieres ir, / dime si a Valonsadero / conmigo quieres venir".

Toro bravo, portador de los dones genesíacos de todo el pueblo deudor. Corre fugaz por el prado. Sal de los emparedados. Saca tus cuernos al sol. Que el pueblo tome contacto en juego con tu furor y pueda adquirir las gracias de que eres acreedor. Toro-dios vilipendiado por el hombre que desea ser tan varón como vos.

"Dime si conmigo vienes, / dime si vienes después / a ver los toros el Viernes "

Toro negro que eres Eros y Thanatos a la par. Tú, dios burlado, te ves ahora condenado y has de ser sacrificado en liturgia singular. El pueblo entero es circunferencia cuando tu sangre revienta desbordando sus compuertas y en lo mejor de la fiesta saborea tu presencia.

Como ya dijéramos antes, la muerte es el principal ritual de fecundidad se había hecho más que nunca necesaria. La muerte, que es "sacrificio", que es "pasión" es "inmolación"...¿de quién?: ¡del toro!

Como justo varón, ser masculino, objeto sobre el que se polariza la expectante aspiración maternal, nupcial y sexual debe morir. Pues el morir es un sacrificio peculiar. Y muere así el varón por excelencia en nuestras fiestas para la mujer. Porque se trata de muertes que están sentidas, como la sexualidad, como la sangre, desde la mujer, desde la madre, la esposa o la amante. Muere el portador de esa única especie de salvación imaginable para la mente arcaica que conoce la sacralidad de "la vida como sangre" y de "la entrada en la vida" operada en el proceso de fecundidad-sexualidad.

Muere el salvador. Pero el salvador es siempre e varón (Dionysos, Apis, Adonis, Osiris y Tarmuz e incluso Jesucristo), como muy bien predican las religiones mistéricas: para que la vida continúe. (17).

..."y el sábado a "Los Agés".

Dios-salvador degollado, ¿por qué así te has de ver descuartizado, tus despojos subastados como si no fueras dios? Yo adivino en tus entrañas lo que ha de ocurrir mañana. Que. corra el vino. Que cale las gargantas y las bocas. Que el vino es sangre, y es vida y es bebida celestial.

SENTIDO DE LA COMUNION EN EL TORO

"Entre los ritos más generalizados en la antigua Grecia, la comida sagrada gozaba de especial fervor. En ellos vemos a las mujeres "comer al dios", que era con frecuencia un animal viviente, al cual se le despedazaba y después se lo comían crudo. En este caso, la comida es el sucedáneo de la antigua copulación con el animal.

Así, pues, se parte casi siempre del sexo para establecer nuevos ritos, que fundamentarán una especie misteriosa y esotérica: el toteísmo, creencia según la cual los individuos de una comunidad se creen descendientes de un animal, supuestamente animado por un espíritu o deidad, con la que tratarán de lograr un acercamiento por los medios mágicos al uso. Principalmente, comiendo su carne" (18).

Las tesis mantenidas por Freud apoyarían nuestra hipótesis cuando nos dice que al totem del clan sólo en ciertas ocasiones singulares y tras un ceremonial se le podía dar muerte y ser comida su carne.(19).

"Todo el vecindario / alegre y jovial / recibe su parte / el vino y el pan".

Varón que has muerto en el ruedo por nosotros. Ya en mil "tajas" dividido para así ser compartido por todos. Sorianos, comed del toro. Probad su carne, bebed la sangre del dios-salvador que ha sido sacrificado, por nosotros inmolado: que es día de comunión.

Por ello tiene el "Domingo de Calderas" (20) una importancia fundamental en el ritual de la fiesta, de la fecundidad en definitiva, ya que al comulgar todos del toro, nos hacemos partícipes por medio de su carne y de su sangre de esa transmisión de poderes mágicos de que es portador el "animal totémico".

"La tarde del lunes, / lunes de San Juan, / todos los sorianos / a "Las Bailas" van".

¿Cómo insertar entonces en nuestra argumentación el día último de estas fiestas que funden sol, vino y toros en el alma de todos los sorianos?

Bien sencillo. Hemos venido señalando al toro como "guión" de esta serie de ritos y juegos que se dan en nuestras fiestas, en la certeza de que lo que en realidad se pretende es mantener vivo el poder generativo de la raza.

Cobra, por tanto, una especial resonancia la romería. Romerías antaño a Santa Bárbara, San Polo y San Juan de Duero (21). (De sobra es conocido que la peregrinación de la joven a un santuario local era mero pretexto para el encuentro con su amante, en el que el escenario es una naturaleza desbordante que simboliza la pasión) (22). Romería hoy a las márgenes del Duero, donde el agua y la vegetación reverdecida propician la promesa de amor entre las jóvenes parejas que han vivido las fiestas.

"Quiero escuchar de tus labios / de nuevo, cariño mío, / la promesa que me has hecho / a la orillita del río".

Las Bailas: ritual de fecundidad. Porten las madres sus hijas por dar culto a la deidad (23). Que la luna que domina todo el ritmo de la vida, es celestina que mueve estos enredos de amor. La luna, la vieja dama que se refleja en el agua tan erótica y sensual, la que provoca la danza de los amantes y abre nuevas esperanzas en esta noche fastuosa que hoy es fiesta de San Juan, cumbre de sexualidad y de costumbres remotas que son formas soterradas de entender el universo. Restos de mitología que dan fe de cómo se forma un pueblo tras las noches y los días, de qué raíces tenía, de cómo vive, en quién cree y a lo que aspira.

Porque la conmemoración del ritual ha cumplido un nuevo ciclo, mas no sin antes abrir nuevas expectativas a ese horizonte desolador, ya que como preconizara el mito necesario el varón ha caído para que la vida siga y traiga la hembra nuevas crías. Y así lo constata el refrán popular cuando sentencia que, "la que sanjuanea marcea". Y nos lo ratifica aquella acertada coplilla del siglo XIX que exclamaba:

Qué fiestas aquellas fiestas,
qué animación, que algazara.
Cuánto baile, qué festines,
qué de alegres serenatas.
y cuántas bodas salieron
de aquellas fiestas tan gratas.
y por ende más chiquillos
que cantos hay en la plaza.

La hegemonía de la hembra en la fiesta se hace claramente patente en la religiosidad de la vida orgánica. La mujer y todo lo con ella relacionado era lo más misterioso y lo más potente, es decir, lo más numinoso.

Sobre la faz del mundo orgánico la génesis de toda vida se opera desde la feminidad (24). Queda, pues, justificado todo el cortejo que se rinde a la mujer en nuestras fiestas, de claras connotaciones nupciales.

No deberá por ello extrañarnos el que según un manuscrito de 1488 sean tildadas estas fiestas como "DE LA BODA DE SANTA MARIA" (25), siendo así la Virgen considerada como novia (26). Que muy bien lo constata el dramaturgo Harzenbusch en su obra "El Bachiller Mendarias", ambientada en la tierra de Soria por San Juan, cuando pone en boca de doncellas sorianas -que fiaban su suerte matrimonial al nombre que a las doce de la noche se oyera pronunciar debajo de las ventanas de su casa- la siguiente plegaria de rogativa a Dios:

"A ti, en la noche de hoy, en que te place / revelar a la Virgen amorosa, / quién ha de ser el que la llame esposa, / a ti los ayes de mi pecho van y el pie me baño en ceremonia pía, / y con túnica blanca, el traje imito, del pueblo que buscándote contrito / cruzaba la ribera del Jordán.

... ... ... ...

La voz de tus oráculos decida / entre el mortal y vínculo divino; DIME A QUIEN DEBO AMAR, y MI DESTINO / CON EL QUE TU ME NOMBRES UNIRE" (27).

Quede aquí, pues, constancia de mi rendido homenaje a la mujer soriana: madre, esposa, novia, amante, hermana, hija, mujer por siempre compañera, hoy tan dignamente representada en todas y cada una de estas doce juradas que son reinas de Soria por sus fiestas de San Juan.

Partan ya las cuadrillas del común. Adéntrense con gracia por esa plaza inmensa de la fiesta, mientras repica el tamboril y la dulzaina llena el aire de la tierra. Adelántese un paso el joven portador del arquiruelo con las rosquillas azafranadas por ofrenda (28). Venga luego el cortejo con sus santos titulares por cabeza, que está la Virgen de la Blanca en su justa presidencia. Deténganse primero... Luego se agachen en señal de reverencia.

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(1) CASTRO ALONSO, C. A.: Didáctica de la literatura. Ediciones Anaya, Salamanca, 1972, pág. 763.

Nos dice cómo en las fiestas cíclicas se vislumbra una clara correspondencia del tránsito estaciona en el año con la pervivencia de una temática relacionada con el mitologema del eterno retorno. Todos sus ceremoniales podrían ser catalogados en los 7 ciclos siguientes: lº-de Carnaval-Cuaresma, 2º-de Pascua, 3º-de Mayo, 4º-del SOLSTICIO DE VERANO o SAN JUAN, 5º-de la mitad de verano (La Virgen de Agosto), 6º-de Otoño o preinvernal y 7º-de Invierno (Navidad y Epifanía).

(2) Las civilizaciones primitivas suelen referirse con expresiones de este tipo a acontecimientos que marcan el límite más allá del cual se pierde la memoria. Ver: Las religiones antiguas. Historia de las Religiones, dirigida por HENRI CHARLES PUECH, Vol. 1, Ed. Siglo XXI, 3ª Ed., Madrid, 1979, pág. 53.

(3) HERNANDEZ, J.- GARCIA MUÑOZ, F.: Canciones de las fiestas de San Juan. Letra de J. Hernández y música de F. García Muñoz, Gráficas Sorianas, Soria, 1955.

La extractación de algunas de estas letras del popular folklore sanjuanero nos va a servir como un soporte claro a nuestra hipótesis, que apunta un ritual de cortejo a la hembra.

(4) JAMES, E. O.: La religión del hombre prehistórico. Ed. Guadarrama, Madrid, 1973, pág. 203.

(5) LLORCA BAUS, C.: "Brujerías, fraudes, magias, de la Inquisición al Siglo XX", El País Semanal, nº 227, 16 de agosto de 1981, Año VI, 2ª época, págs. 19-21.

(6) ALVAREZ DE MIRANDA, A.: La metáfora y el Mito. Ed. Taurus, Madrid, 1963, pág. 11.

Toda una ingente serie de mitos y ritos propios de las religiones arcaicas evidencian la profunda Sacralidad atribuida a los misterios y símbolos de la vida orgánica (generación, fecundidad, muerte, etc.). Pues bien, en torno a esta religiosidad que es sobre todo vitalista va a fundamentarse nuestra hipótesis.

(7) En el Fuero de Soria otorgado por el Rey Alfonso X "el Sabio" y fechado en Segovia a 18 de julio, era de 1294 (año 1256) se consignan como días feriados "todos los de fiestas de Santa María". Conocida es la escasez de documentación escrita anterior al Siglo XVI, que pudiera dar luz sobre el origen de estas fiestas. Por ello vienen a cobrar una especial importancia las Primeras Ordenanzas para la reforma de las fiestas, aprobadas por el Ayuntamiento de Soria en 3 de diciembre de 1535 y sancionadas en Real Pragmática por la Emperatriz-consorte Isabel de Portugal en 1536, transcritas por A. Pérez-Rioja en su Crónica de la Provincia de Soria, en 1867.
Como de ineludible interés para el estudio de las mismas han de ser considerados los libros de asientos o registro que lleva cada una de las cuadrillas -las 16 que había han quedado reducidas a 12 actualmente- y especialmente el de la de San Esteban (1542-1951) -en su inicio contiene unas ordenanzas particulares de 1554- y el de la de San Juan (1696-1958).
Todas estas fuentes documentales se guardan en el Archivo Municipal de Soria.

(8) ZAMORA LUCAS, F.: "La religión de los celtíberos numantinos", Celtiberia, nº 34, 1967, págs. 209-19.
Aquí se constatan cultos y ritos ancestrales muy significativos como lo son el culto a la fecundidad, a la luna, a los muertos y al fuego, que permanece vigente en San Pedro Manrique la noche de San Juan con su célebre paso del fuego.

(9) BLAZQUEZ MARTINEZ, J. M.: Religiones Primitivas de Hispania I, Fuentes literarias y epigráficas. C.S.I.C. Delegación de Roma, Madrid, 1961, pág. 46.

(10) ROMERO CARNICERO, F. : Las cerámicas polícromas de Numancia. Patronato J. Mª Cuadrado, C.S.I.C., CES. Valladolid, 1977.

Dentro del inventario de las cerámicas que se hace en este libro considerarnos como más representativas para nuestro trabajo las piezas catalogadas con los números 23 y 67. En la primera, un vaso, su decoración muestra dos figuras masculinas, con cuernos enfundados en los brazos, que simulan una danza, lo que estaría en relación con algún culto al toro. La segunda, una jarra, muestra su parte frontal decorada con una cabeza de toro visto de frente.

(11) GOMEZ BARRERA, J. A.: La pintura rupestre esquemática en la Altimeseta Soriana. Publicaciones del Excmo. Ayuntamiento de Soria, nº 1, Soria, 1982, págs. 199-204.

(12) GEIDION, S.: El presente eterno: los comienzos del arte. Ed. Alianza-Forma. Madrid, 1981, pág. 29.
"Al principio se veía en el animal un ser superior al propio hombre: el animal sagrado, el objeto de máxima veneración. Durante la época paleolítica -que fue, sobre todo, zoomórfica-, el animal fue el ídolo indiscutible. Esto explica el gran amor y el intenso sentimiento que emanan las representaciones de animales".

(13) RIGES CUEVAS, V.: El jurado de cuadrilla como institución histórico-popular de Soria. 82 folios, inédito.

(14) Sobre distintas formas de correr el toro ver: SANCHEZ SANZ, M. E.: "Fiestas de Toros y Fuego en el Sistema Ibérico", Narria, nº 11, 1978, págs. 26-31.
Por orden de 5 de febrero de 1908 el Sr. De La Cierva, Ministro de Gobernación, decreta la supresión de correr los toros enmaromados por las calles. Si bien esta costumbre resurge en los años 1947-48, siendo Alcalde de Socia D. Mariano Iñiguez, actualmente no se celebra.

(15) ALVAREZ DE MIRANDA, A.: Ritos y juegos del toro. Ed. Taurus, Madrid, 1962, págs. 97-105.

(16) GARCIA AGUILERA, R.: "Los Sanjuanes fiestas del Común", en el libro-documento Fiestas de San Juan. Ed. Ricardo Aguilera, Madrid, 1980, págs 25-31.

(17) ALVAREZ DE MIRANDA, A.: La metáfora... op. cit., pág. 35.

(18) SUREDA, L. : Magia y ritos sexuales. Ed. Petronio, Barcelona, 1978, págs. 76-77.

(19) IBIDEM., pág. 62.

(20) Este día queda siempre determinado por ser el domingo siguiente al día de San Juan. Su actual denominación como "de Calderas" alude, sin duda, a la celebración gastronómica que tenía por marco la dehesa de San Andrés.

(21) RABAL, E.: "Las Bailas de San Polo" Fiestas de San Juan, nº 2, 1897, Año II, págs. 10-11.

En este artículo además de recordársenos las diferentes romerías de otrora, se nos señala que estas fiestas "debieron de durar a semejanza de otras religiosas, en su principio, una octava completa si se cuenta la romería de San Saturio denominada "a ver salir el sol" el día de San Juan".

(22) DEYERMOND, A. D.: La Edad Media. Historia de la literatura Española, dirigida por R. O. Jones. Tomo 1, Ed. Ariel, 2ª Ed. Barcelona, 1974, pag.,. 49.

(23) Creemos que no sería demasiado aventurado el llegar a apreciar en nuestras Fiestas de San Juan un manifiesto culto lunar. En este sentido vemos como ya al decir de Estrabón: "los Celtíberos y sus vecinos que les caen al norte, al tiempo de PLENILUNIO pasan la noche bailando a las puertas de sus casas en honor de un dios para el cual no tienen nombre propio".
Para la experiencia del hombre arcaico por encima de la tierra y lo terrestre estaba el cielo y lo celeste. Tanto los agricultores sedentarios como los pastores nómadas se darían en observar los astros de la alta bóveda a quienes achacarían tanto las lluvias benéficas como las tormentas devastadoras. Más entre todos ellos -ALVAREZ DE MIRANDA, A.: La metáfora... op. cit., pág. 47- uno iba a tener especial preponderancia: la luna, que preside toda la fecundidad vegetal y animal, que impera sobre las aguas y gobierna todos los tiempos; ya que es ella misma quien impone todos los ritmos de vida. El único ser celeste que "crece y decrece, nace y muere". Por tanto la luna, agente y símbolo de la fecundidad -al opinar de Mircea Eliade- revela al hombre su propia condición humana. Ello se hace patente en la captación de su mensaje, primero de angustia: "Así como yo muero... vosotros moriréis también", para posteriormente tornarse esperanzador ya que: "Así como yo resucito, vosotros también resucitaréis".

(24) ALVAREZ DE MIRANDA, A. : La metáfora... op, cit., págs. 55-56.
La interrelación del trinomio luna-fecundidad-hembra, queda magistralmente plasmada por este autor cuando nos dice: "por eso la luna, religadora de todas las formas de vida preside y anega a la fecundidad. En el mundo sublunar no hay nada más "lunar" que la hembra: las palabras "menstruación" y "mes" derivan de la misma raíz indoeuropea que ha dado la palabra "luna" ("Mond", "moon", etc.). El trance natalicio está relacionado con la luna. Todo esto reposa sobre experiencias biológicas universalmente conocidas, y de las que la Etnología de todos los pueblos arcaicos y el folklore de los modernos ofrecen una cantera inagotable".

(25) ALVAREZ GARCIA, C.: "La Boda de Santa María", Plaza Mayor, Boletín del Excmo. Ayuntamiento de Soria, nº 25, Extra, 1982, págs. 18.19.

(26) CARO BAROJA, J.: "La Estación del Amor", Ed. Taurus, Madrid, 1979, pág. 104.
Nos refiere el autor como también en algunos pueblos de la provincia de Teruel los casamientos de "mayos" y "mayas" se celebran de suerte que la Virgen es considerada como novia.

(27) AGUIRRE, L.: "Soria. Hechos y Costumbres". Recuerdo de Soria, nº 2, 1891, 2ª época, págs. 53-58.

(28) RABAL, N.: Publicaciones de la Diputación Provincial. 2ª Ed., Soria, 1958, pág. 291.

En esta ceremonial ofrenda de los arquijuelos o ramos con las rosquillas azafranadas, tributada por las cuadrillas y tiempo atrás recibidas por un monje del priorato de San Benito, no sería extraño el apreciar un ritual de iniciación ya que en él se trasluce la presencia de Démeter o Ceres, diosa que propicia la fecundidad de la tierra. Por la similitud que la misma pudiera tener con la ofrenda de los arbujuelos por "Las Mondidas" ver: DIAZ VIANA, L.: "El Paso del Fuego en San Pedro Manrique (El rito y su interpretación)", Revista de Folklore, nº 12, 1981, págs. 8-9.