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DEL GRIEGO HOMERO AL GABONES EDU ADA: JUGLARES CIEGOS Y LITERATURA COMPARADA

PEDROSA, José Manuel

Publicado en el año 2001 en la Revista de Folklore número 242.

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El papel y la importancia de los cantores ciegos como transmisores y como recreadores de la poesía de transmisión oral han sido bien conocidos y reconocidos desde la Antigüedad. En las sociedades tradicionales sin redes de asistencia ni de solidaridad institucional, la actividad juglaresca, a mitad de camino entre el arte y la mendicidad, era una de las poquísimas opciones (si no la única) que encontraban las personas ciegas para poder sobrevivir (siquiera fuera precariamente), y a veces hasta para poder formar y mantener una familia. Es por ello que, en muchas sociedades de este tipo, los juglares sin vista han sido personajes muy familiares en lo social, y absolutamente indispensables en todo lo que se refería a los procesos de transmisión de la cultura oral.

En España, la figura del ciego cantor ha estado tradicionalmente asociada a nuestra tradición literaria "de cordel". Los ciegos cantores que difundían sus pliegos y "coplas" por calles, plazas y ferias han sido objeto, además, de la atención preferente de los autores costumbristas, de los etnógrafos de provincias y hasta de los viajeros extranjeros, que han dejado hermosas y sugestivas descripciones no sólo de sus cantos, sino también de sus figuras, de sus indumentarias y de sus modos de vida.

La popularidad de la figura de los ciegos cantores en la sociedad española, y la abundancia de testimonios y de documentos sobre su actividad, ha dejado siempre en muy segundo plano el hecho de que en muchas otras tradiciones, países y lenguas se han dado fenómenos artísticos parecidos, y la seguridad de que, conociendo esas otras tradiciones, se podría conocer, contextualizar e interpretar mejor este tipo de juglaría española.

En estas páginas deseo, simplemente, reproducir y comentar algunos de tales documentos, extraídos de fuentes literarias más o menos remotas y exóticas (al menos si se contemplan desde nuestra perspectiva geográfica y cultural), con el fin de ampliar, en la medida de lo posible, la perspectiva multilingüística y multicultural con que podría y debería contemplarse el fenómeno y la actividad de los juglares ciegos españoles.

El nombre de Homero es, por supuesto, insoslayable. No debe haber muchos estudios sobre la literatura "de cordel" española o de cualquier otra tradición que omitan el nombre del mítico cantor ciego que puso los cimientos de la tradición literaria clásica, y puede decirse también que de la occidental. De Homero todo el mundo cree que fue el autor de la Ilíada y de la Odisea, pero nadie conoce datos más concretos sobre él mismo ni sobre su actividad, en primer lugar porque aquellos dos monumentales cantares épicos están dedicados a exaltar las vidas y las hazañas de otros, y no sus propias andanzas ni experiencias; y, en segundo lugar, porque no hay constancia histórica de la existencia de Homero, y todo parece indicar que bajo su nombre se oculta una especie de personaje "colectivo", de cadena de transmisores juglarescos, que habría desarrollado y articulado ambos poemas épicos durante generaciones. Conviene por eso recordar que existe un hermosísimo e interesantísimo Certamen de Homero y Hesíodo, un texto en griego clásico conservado en una redacción de mediados del siglo II d. C. (aunque parece que su base textual fue compuesta hacia los siglos IV-V a. C.), y atribuido por algunos al retórico y sofista Alcidamante, que ofrece datos muy sugerentes sobre las supuestas peregrinaciones y actividades del célebre cantor ciego (1).

Este Certamen es, posiblemente, la obra que mejor nos puede ilustrar acerca de las técnicas improvisatorias de los poetas de la Grecia antigua, y sobre la función social que este repertorio jugó en aquel lugar y en aquella época. El episodio central del Certamen cuenta, después de hacer un repaso de las genealogías de Homero y de Hesíodo, cómo ambos poetas "coincidieron compitiendo en áulide de Beocia" (v. 54) en la época en que Ganíctor

celebró el funeral de su padre el rey Anfidamante de Eubea y convocó a los juegos a todos los varones que sobresalían tanto en fuerza y rapidez como en sabiduría, recompensando con importantes premios. Así pues, éstos, que se habían encontrado casualmente el uno con el otro según dicen, fueron a Calcis. Como jueces del certamen se sentaron algunos principales de Calcis y entre ellos Panedes, que era hermano del muerto. Y aunque ambos poetas compitieron admirablemente, dicen que venció Hesíodo de esta forma: se adelantó hacia el centro e iba haciendo a Homero una pregunta tras otra y Homero le respondía. Dijo, pues, Hesíodo:

- Hijo de Meles, Homero inspirado por los dioses, ea, dime ante todo: ¿qué es lo mejor para los mortales?

Homero:

- Primero no nacer es lo mejor para los que habitan sobre la tierra; pero si no obstante se nació, traspasar cuanto antes las puertas de Hades.

Hesíodo de nuevo:

- Bien, dime igualmente esto. Homero semejante a los dioses: ¿Qué es a tu juicio lo más hermoso que hay en el corazón de los mortales?

Aquél:

- Siempre que la alegría reine por todo el pueblo y los comensales escuchen en palacio al aedo sentados en orden y a su lado rebosen las mesas de pan y carnes y el escanciador sacando el vino de la crátera lo lleve y vierta en las copas. Esto me parece lo más hermoso que hay en su corazón.

Dichas estas palabras, con tanto entusiasmo cuentan que fueron admirados los versos por los griegos que se les llamó de oro y aún hoy en las fiestas públicas antes del banquete y de las libaciones todo el mundo los solicita.

Hesíodo, disgustado por el buen día de Homero, se lanzó al planteamiento de aporías y dijo estos versos:

- Ea, Musa, sobre lo presente, lo futuro y lo pasado, nada de ello cantes; sino recuérdame un canto diferente.

Entonces Homero, con intención de resolver en seguida la aporía, dijo:

- Nunca en torno a la tumba de Zeus los corceles de resonante casco harán chocar sus carros compitiendo por la victoria.

Y como también respondió con destreza en este terreno, se lanzó Hesíodo a las frases ambiguas y, diciendo varios versos, pedía a Homero que respondiera convenientemente a cada uno. Así, pues, el primero es de Hesíodo y el siguiente de Homero, aunque a veces Hesíodo hace la pregunta con dos versos:

- Luego se tomaron de comida carne de buey y los cuellos de los caballos... empapados de sudor dejaron libres una vez que se cansaron de lucha.

- Los frigios, los mejores de todos los hombres en naves... para tomar cena de piratas en la costa.

- Heracles soltó de sus hombros el curvo arco...con las manos habiendo arrojado sus flechas sobre las tribus de vigorosos gigantes.

- Este varón es hijo de varón noble y cobarde...madre, pues la guerra es penosa para todas las mujeres (vs. 63-114).

Muchos más versos cruzaron el prodigioso cantor ciego y por el no menos dotado Hesíodo. Cuando los dos grandes improvisadores culminaron varias series de este desafiante intercambio de preguntas y de respuestas, todos los griegos pedían que se concediera la corona a Homero, pero el rey Panedes les mandó que cada uno recitara el mejor de sus poemas (vs. 176-178).

Hesíodo recitó entonces un precioso poema en que exaltaba las labores agrarias. Homero, sin embargo, recitó un poema exaltador de la guerra y de sus héroes. El resultado fue que

admiraron también entonces a Homero los griegos y aplaudían pensando que los versos habían sobrepasado lo exigido y pedían que se le otorgara la victoria. Pero el rey dio la corona a Hesíodo alegando que era justo que venciera el que invitaba a la agricultura y la paz, no el que describía combates y matanzas. Así cuentan que obtuvo la victoria Hesíodo y habiendo ganado un trípode de bronce lo dedicó a - Lo dedicó Hesíodo a las Musas del Helicón después de vencer con un himno en Calcis al divino Homero" (vs. 205-214).

Otra fuente que nos puede ilustrar sobre la vida y la actividad artística del que es considerado como el padre de la poesía griega es, sin duda, la Vida de Homero de Herodoto. De ella son especialmente reseñables, en este momento, unos versos de cuestación o de aguinaldo que, según Heródoto, fueron improvisados por Homero cuando llegó a Samos y se puso a pedir de puerta en puerta, acompañado por un coro de niños. Se sabe, en cualquier caso (y así lo admite el propio Heródoto) que la canción era cantada tradicionalmente, por niños y jóvenes, cuando llegaban las fiestas de Apolo. Llama poderosamente la atención el parecido formulístico y funcional entre esta canción de la golondrina pseudo-homérica y muchos cantos de aguinaldo que se siguen practicando en España (2):

Hemos llegado a la casa de un hombre muy poderoso, que mucho poder tiene y muy alto habla, siempre dichoso. Abríos, puertas, vosotras mismas; pues Riqueza entrará mucha y, con Riqueza, Dicha floreciente y Paz benigna. Cuantas vasijas hay, llenas estén y que la masa desborde de la artesa como un gorro. Ahora una papilla de cebada, deliciosa de ver, con granos de sésamo... Y que la mujer de vuestro hijo se os acerque desde su silla -mulos de fuertes patas la traerán a esta casa- y teja su tela caminando sobre ámbar. Volveré, volveré todos los años, como la golondrina. Estoy en el vestíbulo con los pies descalzos, ea, trae algo pronto.

Por Apolo te lo pido, mujer, dame algo. Si vas a darme algo...; si no, no nos quedaremos aquí, porque no hemos venido para vivir contigo (3).

Después de conocer estos cantos atribuidos por la tradición clásica a Homero, vamos a desplazarnos muy lejos, a la actual tradición folklórica de Brasil, de donde son los dos hermosos e interesantísimos "cantos de cego" que reproduzco a continuación:

Sou quem nasceu cego no mundo
quem da vista nao lucrou
da esmola um pobre cego
por um Deus que nos criou.
Dá esmola um pobre cego
por amor de Santa Maria,
se ele tivesse a vista
ele dava e nao pedia.

O patráo me dai urna esmola
daquela que Deus te deu,
peço com joelhos no chao
peço por amor de Deus.

Deus, quando andou no mundo
falou para Sao Pedro assim:
quem negar esmola a um cego
vos também negáis a mim (4).

Es decir:

Soy quien nació ciego en el mundo,
quien de la vista no se aprovechó;
da limosna a un pobre ciego,
por el Dios que nos crió.
Da limosna a un pobre ciego,
por amor de Santa María,
que si él tuviese la vista,
él la daba y no la pedía.

El señor me da una limosna
de aquellas que Dios te dio;
pido con las rodillas en el suelo,
pido por amor de Dios.

Dios, cuando anduvo por el mundo,
habló a San Pedro así:
quien niegue la limosna a un ciego
también me la niega a mí.

El último documento que, en esta ocasión, voy a traer a colación, en prueba del arraigo prácticamente universal de la juglaría ciega, es un texto interesantísimo acerca de un célebre cantor épico de Gabón, Edú Ada, evocado por otro no menos célebre cantor épico de Guinea Ecuatorial, Eyí Ncogo. La epopeya sigue siendo un género literario vivo en gran parte de áfrica, y entre los miembros de la etnia fang que vive en Guinea Ecuatorial, Gabón y Camerún sigue teniendo una popularidad extraordinaria. Como yo mismo he podido comprobar sobre el terreno, los cantores de nvet (nombre del instrumento musical y del propio género épico al que acompaña) siguen recorriendo aquellos países para cantar las hazañas de sus dioses y antepasados, sobre todo en los ritos de defunciones, que suelen durar varios días y en los que todavía hoy suelen participar estos cantores.

El más célebre y venerado de todos ellos, Eyí Ncogo, evocó de este modo tan hermoso y sugestivo -convirtiendo a otro cantor ciego en materia épica- la figura de su compañero:

Había un trovador en Gabón llamado Edú Adá, del pueblo Conaville. Era ciego. Su mujer lo guiaba con un bastón. Su mujer se llamaba Ada Ngono. Cuando él tocaba el nvet, tal como yo lo hago ahora, colocaba una palangana en el suelo, delante suyo.

Cuando llevaba un tiempo tocando, decía a su mujer:

- ¡Ah, Ada Ngono! Tú sabes que yo no veo. ¿El río crece?

Su mujer le contestaba:

- Sí. El río crece.

Entonces seguía tocando con más ánimo.

Si la respuesta era que el río no crecía, dejaba de tocar y se retiraba.

Una vez Ada Ngono se puso tan enferma que no parecía que iba a ver el amanecer, tal como solemos decir. Su marido, que era protestante, de la religión evangélica, cogió su guitarra y su bastón y se fue tanteando hasta la iglesia. Se arrodilló y rezó pidiendo perdón a Dios para que Ada Ngono no muriera, porque era ella quien le guiaba con el bastón, la que veía, y su vida dependía de ella.

Si muere, ¿quién me va a mantener? Decía:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh, Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

Coro:
- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Dios mío, ¿cómo no tienes piedad de mí?

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Dios, ¿cómo no tienes piedad de mí?

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Lo decía llorando: Dios, ten piedad de mí.

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Tú sabes que cuando tienes una desgracia, te pones a llorar, y él se acordaba de su mujer agonizando en casa.

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Dios Padre, ten piedad de mí.

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Dios, ten piedad de mí.

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Dios Padre, ¿cómo no tiene piedad de mí?

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Dios, ten piedad de mí.

Coro:

- Ada Ngono, no te mueras, Ada Ngono, no te mueras, oh. Dios, ten piedad de mí.

Ada Ngono, no te mueras.

- Así Ada Ngono se curó, Dios la ayudó.

Si rezas a Dios
Cuando tienes fe,
coges tu corazón y se lo das,
suplicándole el problema que tienes,
no de la forma como solemos hacer,
rezando y pensando en otras cosas, como
¿dónde he dejado a mi novia?
¿cómo voy a salir de aquí? (5)

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NOTAS

(1) El texto íntegro -prosificado— de Sobre el origen de Homero y Hesíodo y el Certamen de éstos se encontrará editado en Hesíodo, Obras y fragmentos, eds. A. Pérez Jiménez y A. Martínez Diez, Madrid, Credos, 1978, pp. 381-401.

(2) En mi articulo "Las casas nobles: documentos, historia y paralelos de una canción de aguinaldo navarra", Cuadernos de Etnología y Etnografía de Navarra, en prensa, analizo muy en detalle este tipo de cantos de cuestación y se genealogía tradicional.

(3) Véase la canción samia de la Eiresione publicada en Lírica griega arcaica (Poemas corales y monódicos, 700-300 a. C.), ed. V. Rodríguez Adrados, Madrid, Gredos, 1986, p. 48.

(4) CHICO, Frei: Os homens da dança: Religiosidade popular e catequese, Sao Paulo, Ediçóes Paulinas, 1986, p. 30.

(5) NCOGO, Eyí (Eyí Moan Ndong): El extraño regalo venido del otro mundo (Cuento de Nvet Oyeng), ed. R. Sales Encinas y D. Elá Mbá, Malabo, Centro Cultural Hispano-Guineano, 1995, pp. 113-115.