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JUSTO DEL RIO VELASCO (1894- 1985)

ALVAREZ RODRIGUEZ, Anais

Publicado en el año 2001 en la Revista de Folklore número 242.

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«...que en Burgos los niños, los hará Dios, pero Justo del Río los vistió de regional»

José Ma González-Marrón.

Hablar en Burgos de Justo del Río es sin duda hablar del maestro de los maestros del actual panorama folklórico burgales. Con el aprendieron a bailar multitud de niños burgaleses y de sus enseñanzas emanaron la gran mayoría de los actuales grupos de danzas de la ciudad.

Justo del Río Velasco nace en el Burgos de sus amores un 14 de mayo de 1894, manifestando desde muy joven inquietudes artísticas encaminadas hacia el dibujo. Huérfano de madre a temprana edad, su padre le envió con 16 años a vivir una temporada a Francia, donde aprendió a pintar. A su regreso a casa, comenzó su vida laboral como pintor— decorador, no tardando en establecer su propio negocio.

Joven inquieto, vivaracho y deportista, aparece en el año 1916 como socio fundador del Club Ciclista Burgalés, entidad de la que nunca se desvinculó. También gustó de montar en motocicleta e incluso llegó a tener un automóvil en un tiempo en el que éstos eran todavía bastante escasos en Burgos. Sobradamente conocidas fueron igualmente su afición por la Fotografía, llegando a tener su propio cuarto de revelado, y por el Teatro, llegando a formar parte del Cuadro Artístico del Circulo Católico de Obreros.

Su afición por la Pintura le acompañó durante toda su vida, sin embargo, no fue un hombre demasiado dado a mostrar sus obras en público. Llegó a organizar una exposición con más de 25 cuadros al óleo, en mayo de 1968, pero poco más. Su labor pictórica se redujo a círculos familiares. Cuenta su hija que a los 90 años estuvo realizando cuadernos de dibujos dedicados para todos sus nietos, afirmando que con esa edad, dibujaba sin gafas.

Justo se casó el día 22 de mayo del año 1919 con Francisca. Esta fecha era celebrada todos los años con gran algazara entre toda la gran familia que llegó a tener: tres niñas, Elena, Ma Jesús e Irene, y un niño, Julián.

Justo entró a formar parte del Orfeón Burgalés después de casado, dentro de la cuerda de barítonos. Corría el año 1927 y la renovada agrupación coral ofrecía su batuta al célebre músico burgalés Antonio José Martínez—Palacios. Antonio José asumía su batuta en el Orfeón Burgalés con enorme ilusión y la firme voluntad de que todos los orfeonistas aprendieran música y tuvieran la posibilidad de ahondar en sus raíces populares.

Para ello, además de las clases de música, realizó numerosas salidas a pueblos de la provincia a recoger piezas de música tradicional; lo que más tarde se ha dado en llamar «trabajo de campo» y que anteriormente tan buenos resultados había dado a Federico Olmeda.

Muchas de esas «pequeñas excursiones científicas» encabezadas por Antonio José, se realizaron en el automóvil «Singer» de su amigo Justo del Río. En ellas, Justo aprendió del placer le producía a Antonio José la convivencia directa con la gente de los pueblos y la búsqueda en ellos de las ancestrales fuentes del folklore. Esta metodología, no se perdió con la desaparición del llorado Antonio José, sino que fue continuada por las batutas que le sucedieron en la dirección orfeonista: Jacinto Sarmiento y Domingo Amoreti, con los que Justo colaboró estrechamente.

En el año 1940 cesó su actividad en la masa coral para dedicarse exclusivamente a ser el organizador y Maestro del Grupo de Danzas del citado Orfeón. Este cambio tiene su origen en la celebración del Aniversario de la Liberación celebrada en Madrid los días 28 y 29 de Marzo de ese mismo año. Animado por el Ayuntamiento de Burgos, el Orfeón acudió a la celebración con un pequeño grupo de danzas burgalesas, formado por doce niñas seleccionadas por Justo entre las pertenecientes a la Escuela de Música de la agrupación coral. Acompañadas por los dulzaineros del Ayuntamiento y vestidas con los trajes tradicionales que Justo había pedido prestados en algunos pueblos, las pequeñas llevaron a escena las danzas que tradicionalmente habían sido interpretadas por los Danzantes de Burgos.

A la vista del éxito obtenido en Madrid, se considera la posibilidad de que el Orfeón Burgalés profundice en su dedicación al repertorio popular. Fruto de este propósito y de la frenética creatividad de Justo nacen las Estampas Castellanas, pequeñas escenificaciones de marcado carácter folklórico en las que sobre un guión que ejercía de hilo conductor, se iban entretejiendo numerosas piezas de canción tradicional interpretadas por el Orfeón y algunas de baile, interpretadas por las niñas del Grupo de Danzas. Tras las primeras «Castilla Canta», «Castilla en Fiestas» y «Romería en Castilla» representadas entre 1940 y 1941, llegaron «Primavera» (estampa clásica) en 1942, «Fiesta del Gallo en Castilla» en 1945, «El Capitán de Frías» en 1947, «El Zagalillo del Urbión» en 1953 y «Espumas del Arlanzón» en 1956. El éxito de las Estampas fue profusamente aclamado no solamente en Burgos, sino que recibieron grandes elogios a lo largo de toda la geografía española por la que fueron mostradas.

La mano de Justo del Río podía seguirse a lo largo de todo el proceso de elaboración de las Estampas. El guión solía ser fruto de un argumento ideado por el y llevado a la prosa por el ingenio de orfeonistas tan ilustres como Ma Cruz Ebro, Eduardo Valero o Salvador Puig. Las danzas cuyos movimientos diseñaba Justo eran musicalizadas por los maestros Amoreti y Sarmiento. Los decorados eran ideados por el y elaborados al alimón con otros dos pintores pertenecientes a la agrupación coral: Alberto Retes y Alfredo Zarate. El vestuario que debían llevar los figurantes era conseguido por Justo en los pueblos de la provincia. Los instrumentos de percusión que acompañaban al Grupo de Danzas eran en muchas ocasiones tañidos e incluso diseñados por el mismo Justo. Todo este desbordante torrente de imaginación y creatividad se mantuvo hasta la fecha en la que el Grupo de Danzas decide emanciparse del Orfeón Burgalés para crear su propia agrupación, a la par que éste viraba su registro hacia un repertorio más clásico.

Durante sus continuos viajes por la provincia, Justo del Río constató la triste realidad de la posguerra en los pueblos burgaleses, en los que la tristeza, el miedo o quizá el abandono, habían condenado al olvido todas aquellas manifestaciones con sabor a tradición, que en un pasado habían sido la savia dinamizadora de esa vida rural. Convencido de que no era demasiado tarde para tratar de revitalizar las antiguas raíces, sugirió una iniciativa que gozó de una gran aceptación popular: las Romerías Castellanas. Con ellas el Orfeón Burgalés comprometía al pueblo para organizar unas fiestas que ya hacía años que no celebraban. A cambio ofrecía su presencia para amenizar la misa y procesión, si bien el pueblo tenía que hacer el esfuerzo de movilizarse y engalanarse. Se organizaban concursos de jotas para la gente mayor, muestras de trajes tradicionales y de carretas engalanadas. La primera de ellas se celebró en 1944 en Rabanera del Pinar, continuando durante 23 años en diferentes pueblos de la provincia de Burgos. En todas ellas, Justo del Río ejerció como principal animador y organizador del evento.

Otra iniciativa que vio la luz bajo su supervisión fueron las primeras Exposiciones de Trajes Regionales celebradas en Burgos. Justo compraba los trajes para el Grupo de Danzas del Orfeón directamente en los pueblos o en ferias, como la de Hacinas. Cuando no podía comprar las prendas que le gustaban, realizaba dibujos de ellas, para así poder elaborar reproducciones lo más ajustadas al original que fuera posible. De ese modo, el Orfeón Burgalés se había ido haciendo con un numeroso repertorio de prendas tradicionales, provenientes de diferentes puntos de la provincia. Incluso llegó a contar con una réplica de los Gigantillos elaborada artesanalmente por Justo. Considerando que ese rico repertorio debía mostrarse al público, en 1948 se inauguró la «Exposición de Traje Provincial» y al año siguiente, la «I Exposición de Traje Regional». En ellas las prendas aparecían ante el público perfectamente catalogadas y organizadas en escenas de gran gusto compositivo, como la «Cocina Serrana», el «Hilorio Serrano» y el «Baile del Trenzado», así como piezas de loza, alforjas, mantones y numerosas alhajas en vitrinas. Este tipo de exposiciones fueron las precursoras de los posteriores trabajos que sobre indumentaria tradicional se han realizado en la provincia de Burgos; a este respecto, merece especial mención D. José Ma González-Marrón, gran amigo de Justo del Río e indiscutible experto en el vestir búrgales.

Fruto de su labor investigadora y de su incombustible iniciativa nace en el año 1959 su libro Danzas Típicas Burgalesas, en el que recoge numerosas tradiciones, trajes, músicas y esquemas de las distintas danzas recogidas en sus viajes por la provincia. Este libro también es fruto de una curiosa combinación de talentos: las danzas estaban recogidas y sus evoluciones dibujadas por Justo del Río, la música pasada a partitura por los maestros Sarmiento y Amoreti, y la prosa realizada por «Ignotus», que no era otro que Ramón Inclán. La gran novedad de este libro estribó en las famosas «evoluciones» de los bailes, que no eran mas que diagramas encaminados a recordar los pasos que conformaban una danza. Estos diagramas fueron siempre motivo de chanza entre sus más allegados, puesto que tomados siempre en el reverso de sus albaranes del taller, decían que no los entendía nadie más que él.

A lo largo del año l968 la diferencia de criterios entre el Orfeón Burgalés y su Grupo de Danzas hace que este último reconsidere el papel busca tener en el futuro de la asociación coral y decida segregarse del mismo, fundando una nueva asociación. Nace así la Asociación de Danzas Burgalesas «Justo del Río», la cual ha centrado su tarea desde su creación en la recuperación, investigación y difusión del folklore húrgales por toda España y Europa. De su seno brotó en 1970 la Escuela Infantil de Danzas que, amén de asegurar la continuidad de la agrupación, ha enseñado a bailar a miles de niños burgaleses. Y no solamente esto, sino que la gran mayoría de los grupos de danzas que conforman el pujante panorama actual del folklore húrgales, han tenido su origen directa o indirectamente en la frenética labor creativa, docente e investigadora de Justo del Río.

La importancia que las salidas por los pueblos tuvieron en la sensibilidad de Justo, fue fundamental para toda la labor desarrollada con posterioridad. Rotundamente convencido de que el rico acervo tradicional húrgales era todavía recuperable, se lanzó sin reservas a la recuperación de todo tipo de piezas cantadas y bailadas. Hombre de memoria prodigiosa, anotaba minuciosamente en cuadernillos los pasos que componían las danzas que veía en los pueblos; aquello le permitía reconstruir la danza cuando volvía a casa. Aunque no gustaba de coreografías, su propio conocimiento del baile húrgales le llevó en bastantes ocasiones a crear una danza nueva para alguna melodía antigua, o a tratar de reconstruir alguna de las que los más mayores del lugar le habían contado el modo en que se bailaban. De ese modo, aunque alguna de sus adaptaciones hayan suscitado mayor o menor polémica con el tiempo, en innegable el importante papel de recopilador y recuperador del folklore que tuvo Justo del Río. Con el, cobraron nuevo dinamismo más de 64 danzas y tradiciones burgalesas, amén de los Ballets Castellanos y danzas de otras provincias españolas.

Hombre gustoso de que su labor fuera valorada, Justo vio como su trabajo se iba viendo reconocido desde muy temprano, siendo reclamado su parecer en numerosos actos e iniciativas como Maestro de Danzas y experto en folklore. En 1943 formó parte del Jurado Calificador del Concurso de Danzas Típicas celebrado en Burgos con motivo de las Fiestas del Milenario de Castilla, siéndole concedida por ello la Medalla de Bronce del mencionado Milenario. En el año 1949 fue nombrado asesor y maestro de danza del Grupo de Danzas de la Sección Femenina. Fue nombrado en 1951 Profesor de Danzas Típicas Castellanas del Conservatorio Municipal de Música Burgos, puesto que desempeñó hasta 1967. En 1965 la Excma. Diputación de Burgos le concedió la «Medalla de Plata de la Provincia». En 1966 el Excmo Ayuntamiento de Burgos le honró con el título de «Buen Vecino de Burgos». En el año 1969 fue nombrado por Radio Juventud «Mejor Folklorista del año». En 1972 le es impuesta la «Medalla de Plata» del Instituto Internacional Francisco Suárez, por su dedicación al folklore. En 1973 es distinguido por el Ayuntamiento de Burgos con la «Medalla de Bronce» de la ciudad. En 1974 le fue concedida la «Insignia de Oro» de la Asociación Danzas Burgalesas Justo del Río. En 1985 el Consejo Comunero le otorgó el título de «Castellano de Pro». Amén de otras distinciones como la Insignia de Plata del Orfeón Burgalés, la Insignia de Oro del Club Ciclista Burgalés y la Medalla de cobre conmemorativa de la inauguración del Monumento al Cid Campeador en Burgos.

El día 6 de junio de 1985, festividad del Corpus Christi, moría a los 91 años de edad Don Justo del Río Velasco. Al día siguiente su féretro, portado por seis componentes de su grupo, era conducido entre la multitud hasta la Iglesia de San Cosme y San Damián al compás de las notas de la Jota Burgalesa. Dos enormes filas compuestas por la totalidad de los componentes de los grupos de danzas de la ciudad, vestidos de gala, escoltaron el cortejo fúnebre. Era la emocionada despedida de las sucesivas generaciones de burgaleses que aprendieron del Maestro Justo a hacer del cariño por su tierra y del respeto por la tradición, su orgullosa bandera.

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BIBLIOGRAFIA:


BARRIUSO GUTIERREZ. Jesús, GARCÍA ROMERO. Fernando y PALACIOS GAROZ. Miguel Ángel. Antonio José. Músico de Castilla, Madrid. Excmo. Ayuntamiento de Burgos y La Dirección General de Música, 19S7.

GONZALEZ-MARRON, José María, "Y murió con las danzas puestas" en Diario de Burgos de 16 de Junio de 19S5. p. 24.

ORTEGA GUTIERREZ, Domingo, “El Orfeón Burgalés. Cien anos de Historia (1893-1993)de Burgos, 1994

RIO VELASCO, Justo del, "Danzas Típicas burgalesas, Tradiciones y Costumbres". Burgos, Excmo. Ayuntamiento de Burgos, 1959.

SIERRA Y GIL DE LA CUESTA, Juan, “Burgos entre dos siglos. A través de la vida y obra de María Cruz Ebro", Burgos, Publicaciones de la Excma. Diputación Provincial, 1987.