Si desea contactar con la Revista de Foklore puede hacerlo desde la sección de contacto de la Fundación Joaquín Díaz >

Búsqueda por: autor, título, año o número de revista *
* Es válido cualquier término del nombre/apellido del autor, del título del artículo y del número de revista o año.

SUEÑOS, VOCES Y VISIONES EN LA TRADICION ORAL DE MADRID (Parte II)

GUTIERREZ BARAJAS, María José

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 256.

Esta visualización es solo del texto del artículo.
Puede descargarse el artículo completo en formato PDF desde la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Revista de Folklore número 256 en formato PDF >

Los últimos números de la revista están disponibles en el servidor de la Fundación Joaquín Díaz >


TRES FORMAS DE COMUNICACIÓN CON EL REINO DE DIOS

Antes de abordar este punto, quiero aclarar que aunque algunas de las ideas que vaya a exponer pueden tomarse de forma genérica, la mayoría de ellas están extraídas de las experiencias de nuestra informante, y deben entenderse en relación a ella.

Tanto los sueños como las voces de difuntos, y las visiones, son tres formas de comunicación con lo sobrenatural o, en palabras de mi abuela, "con el otro mundo, con la otra vida".

Ahora vamos a analizar los elementos que las definen. Para ello, parto de la base de que estas experiencias son personales y no las tienen todos los individuos, aunque en el momento de ocurrir se vea acompañada de ellos (y acudirá a ellos como estrategia de reafirmación o de corroboración). Por tanto, hablamos sobre todo de experiencias mentales y como bien afirma Josep Mª Fericgla(17) dependen de nuestro estado, nuestra predisposición o nuestro entrenamiento para tenerlas: "Partiendo de la universalidad de las visiones hallamos una realidad cultural: si bien en muchos casos la imaginería mental aparece espontáneamente, en la mayoría de ellos hay un auténtico entrenamiento para obtener visiones más vividas y un determinado nivel de control sobre ellas; esto constituye en todos los casos un gran esfuerzo cultural".

Los sueños son unas de las formas mediante las cuales lo divino se comunica con Pepa. Esta comunicación se da en un espacio onírico. Por tanto, no es de extrañar que encontremos elementos de difícil explicación, como por ejemplo que en el número XVI un diablo se convierta en gnomo y se vaya por debajo de la puerta. Aunque por lo general, los relatos son bastante claros. Ella me cuenta un total de diecisiete, aunque afirma que hay muchos más que ha olvidado. Podemos señalar, entre varios, cuatro temas principales:

- Sueños en los que el Señor se relaciona con ella, o le muestra lo que fue su vida en la tierra (11)

- Elevaciones (3)

- La Virgen (1)

- El diablo (1).

La informante da mucha importancia a lo soñado con Dios y dice: "El Señor me ha hecho ver en sueños todo lo que fue su vida". Bajo mi punto de vista, los sueños son una forma de comunicación con lo sobrenatural religioso más suave que las otras dos, ya que no implica la consciencia frente a lo que estamos viendo, ni por tanto, la reflexión sobre ello en el momento de verlo, ni su cuestionamiento. Sin embargo, las voces y las visiones se producen, supuestamente, en estados de consciencia, y, por tanto, es posible reflexionar sobre nuestras percepciones, cuestionarlas e incluso tenerlas miedo.

Además de esto, el sueño es también un estado común, general, cotidiano, y ello explica que tengamos muchos más testimonios de sueños que de voces y visiones.

Las voces son el siguiente nivelen la comunicación con los habitantes de lo sobrenatural. Con nuestra informante se dan en el mundo de lo real y terrenal. Con la expresión el siguiente nivel, me refiero a que son un modo de comunicación más directo y, por tanto, más avanzado que el anterior (pero menos importante que el que analizaremos después).

Generalmente, según la tradición, estas voces pueden pertenecer a individuos que han muerto en ese momento o hace relativamente poco tiempo (aunque también los hay que han muerto hace mucho). Estas voces suelen estar tradicionalmente relacionadas con almas en pena, o con aquellas almas que a consecuencia de los actos realizados en la vida terrenal, o que les haya quedado alguna promesa por realizar, se quedan en el purgatorio y no tienen elevación. Entonces suelen acudir a personas como mi abuela, para que recen por ellas o cumplan su promesa y encuentren así la salvación.

Este tipo de creencias no son sólo propias de nuestra cultura, sino que son casi un universal. Por ejemplo, en la cultura africana, los hijos cuando mueren sus padres, deben realizar una serie de ritos para que su espíritu no se quede en la tierra. Los relatos de almas que moran en el purgatorio son muy abundantes en la literatura oral y popular, así Antti Aarne y Stith Thompson(18) los recogen bajo el número 769 de su catálogo cuentístico, con el título "Un muerto liberado del purgatorio", (según ellos, los rezos de una mujer pueden liberar a las almas del purgatorio). En muchos relatos, el encuentro con estas almas o ánimas puede tener consecuencias fatídicas, como por ejemplo, que se lleven con ellos a aquel que las vea por la noche, o que se levanten en la noche de los difuntos y entren en las casas de las gentes (existe la costumbre de tapar las cerraduras con gachas para que no entren). Encontramos ejemplos muy próximos a lo que aquí contará Pepa en el siguiente relato registrado a un hombre de Priego en Córdoba:

"Las ánimas eran una cosa que está en todos los pueblos. Las almas en pena, las ánimas, [se decía] que si salías y te encontrabas con un alma en pena, que te podía llevar. Otras veces, que le podías preguntar si era un alma en pena, o qué era lo que quería, por si había dejado alguna promesa sin cumplir. Venía a que se la cumpliera algún familiar o algún amigo, y cumplía su promesa para ir a descansar...

Mi tía, una tía segunda que ya se murió. Esa decía que sí, que había visto un ánima en pena, y que se le había presentado varias noches. Ella preguntaba que, si era un ánima en pena o un espíritu, que le dijese lo que quería, lo que le pasaba. Porque decían que lo mismo era un alma en pena que había muerto porque había hecho alguna promesa y se había muerto antes de cumplir la promesa. Entonces el alma estaba penando toda la vida antes de terminar, hasta haber cumplido la promesa. Y decía lo que quería, lo que quería, [e] iba la otra persona, lo cumplía, y el alma ya dejaba descansar.

El ánima le dijo que fuera a San Francisco (...) y allí, delante de unos altares, que escuchara misas y rezara no sé cuántos padres nuestros (...).". [Rafael Fernández, Priego, Córdoba(19)]

En las experiencias que Pepa tiene con las almas, podemos encontrar algunas que la visitan porque en principio van a pedirle algo, mientras que hay otras que aparecen porque ella lo ha pedido (por tanto, estamos ante un caso de predisposición a ello).

Se puede afirmar que la relación que se establece entre nuestra informante y los espíritus es de tipo unilateral; ellos la llaman, pero no le dicen nada más: "oigo voces que me llaman, pero no me hablan, nada más que me llaman". Ella, quizá debido al poso que la tradición ha dejado en su conciencia, lo interpreta como que debe rezar por ellos. Hay además una cierta evolución en la informante, que va de una especie de miedo o temor (al principio cuando percibe a su suegro) a la calma final, cuando vemos que se enfrenta a ellos de una manera más segura: "Y entonces yo, tranquilamente, sin miedo y sin asustarme dije: de parte de Dios te pido, dime qué quieres y a lo que vienes; hablame". Según Pepa, comenzó a escuchar estas voces después de casada, cuando vivía en Vallecas, y dejó de oírlas cuando murió su marido: "Se conoce que el abuelo diría: dejarle en paz, que ella os oye, dejarle en paz. No he vuelto a oír ninguna voz".

Quisiera destacar una cosa más, y es que los relatos que aquí recojo bajo el subtítulo de "voces" obedecen siempre a una estructura muy marcada que es la siguiente:

- indicio de la presencia sobrenatural - y corroboración, a veces acudiendo a otras personas.

Veamos un ejemplo: "y decía [la voz]: Yo no he hecho nada, yo no he hecho nada. Dejarme en paz [...] Eso, a la vez que me llamaban. Mi marido se quedaba siempre en la cocina leyendo, y digo: Miguel, ¿me has llamado?. Y: Yo no te he llamado. Y así se quedó. Pues eso es el abuelo, y ya no sentí sus pasos".

Las visiones son, por ahora, el último nivel en las experiencias de Pepa. En mi opinión, ha seguido una evolución muy lógica de los sueños a las voces y de las voces a las visiones, que es la forma más directa en la que Dios se le ha podido presentar. Este desarrollo no se da en todas las personas, como por ejemplo en los niños videntes de Ezkioga. Sin embargo, creo que es una forma muy lógica y coherente de llegar a las visiones.

Los relatos de visiones datan de muy antiguo en nuestra religión, y además no son únicos de ella. Como registra W. A. Christian (21), cada época tiene sus modelos. Según él hacia mediados del SXX "en la época de las apariciones de Ezkioga, estaba vigente el nuevo modelo de visiones públicas en forma de trances, basado probablemente en Lourdes (...), otras escenas se asemejaban a secuencias coreográficas de películas de Busby Berkeley o Esther Williams". (¿Tal vez podamos hablar de manipulación?). Hoy en día, la iglesia sólo admite pocos tipos de visiones; como las de Lourdes y la de Fátima, para explicar este hecho, introduzco aquí unas palabras del estudio de Mª Josefa Roma Riu que me parecen muy pertinentes:

"Con la pérdida del poder político de la iglesia tras el triunfo de las revoluciones que marcan la Edad Contemporánea, la iglesia purifica desde dentro toda posibilidad de ser tachada de irracional y de superstición; por eso es reticente en grado sumo en aceptar y dar su aprobación a las apariciones que siguen produciéndose, y se aceptan tácitamente sólo las que pasan la criba de la investigación eclesiástica, a la que preocupa sobremanera su concordancia con la doctrina. Sólo algunas que coinciden con la línea de espiritualidad y dogma coetáneos son autorizadas en su veneración. (...) Si nos ceñimos a las apariciones urbanas actuales nos daremos cuenta de que pocas han sido las averiguaciones directas por parte de la jerarquía eclesiástica. De hecho se han delegado investigadores y llamado a declarar en algún caso culminante, esto es, de videntes con lugar sagrado de apariciones definido, que permite la manifestación pública y la aglomeración de creyentes y curiosos. Los demás casos en que las visiones tienen lugar en espacios cerrados y que son más numerosos pasan desapercibidos, la jerarquía eclesiástica rehuye su contacto(22)".

Como vemos, la iglesia sólo admite lo que está relacionado con el canon ortodoxo, y escucha el resto pero no se pronuncia. El mismo guía espiritual de nuestra informante, me confirmó estas ideas.

Para la mayoría de los videntes de Ezkioga, la luz era un componente esencial de las visiones: a menudo comenzaban con la aparición de una luz brillante en algún punto, que se desarrollaba de manera gradual, evolucionaba y se abría para dar paso a una figura humana, casi siempre la Virgen. Esto también caracterizaba a las visiones nocturnas de finales del S-XIV y principios del S-XV. Por tanto, habitualmente la luz anunciaba la llegada de la Virgen. Si comparamos esto con los testimonios de Pepa, no encontramos nada parecido. Sin embargo, lo que sí tiene en común con las gentes de Ezkioga es su evolución dentro de este campo. Así sus primeras visiones sólo se manifiestan cuando tiene delante una imagen (un fuerte elemento de sugestión) sin que haya mensaje, ni ningún tipo de sonido. De este modo, en su primera experiencia, la visión le llega a través del movimiento en dicha imagen. En la segunda, a través de la transfiguración del rostro; éste se embellece y después recibe un mensaje (cuyo significado se encuentra si lo situamos dentro de su vida cotidiana). Pero lo que percibe no es el sonido, sino una transmisión: "No te habla, te transmite, lo sientes dentro de ti; lo que te habla lo sientes dentro de ti, pero sin oír su voz". Esto también se dio en algunos de los videntes de Ezkioga. En su tercera experiencia, es la visión la que emana de la figura en forma de fuego. Y en la cuarta, ya hay una evolución muy marcada que permite que dicha visión esté exenta de cualquier imagen y ámbito eclesiástico, manifestándosele así en su dormitorio y portando también un mensaje. Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido en Ezkioga, Pepa no entra en trance ninguna de las veces. Pero en los dos casos se pasa de visiones sencillas y sin mensaje a otras más complejas y con contenido semántico.

Antes de conceder la palabra a mi abuela, quiero comentar que al igual que en los relatos de voces, aquí también hay una estructura bastante fija. Es decir; hay un primer momento en el que ella se encuentra en la iglesia o en su casa, y se le manifiesta la visión. Entonces le sobreviene un efecto sorpresa (más acusado la primera vez) y después hay un intento de corroboración (apoyándose en otras personas) para entender que es verdad lo que está viendo: "Y vi cómo la Virgen mecía al Niño; hacía así, venga a mecerle, venga a mecerle. Y yo digo: ¡Uy! Si está la Virgen meciendo al Niño. Pero no se movía nada más que el niño. Y había un viejecito allí que iba todos los días al terminar la misa, y le dije yo: Mire usted a la Virgen y el Niño. Y lo miraba. Y digo: ¿Ve usted algo?. Y dice: Yo no veo nada".

Pero dejemos que sea ella quien hable ahora de sí misma.

SUEÑOS

I - Era yo muy jovencilla, y yo vi en un sueño que bajaba del cielo como una casa; una familia, y yo me escondí, porque no sé qué sentí, y me escondí, porque me dio como miedo. Y entonces vino a mí y me dijo que saliera. Y entonces me hablaron, pero yo no me acuerdo de eso de lo que me hablaron, nada más que me buscaban a mí. Era una casa corriente. Me hicieron así [hace gestos con la mano] que viniera. A lo mejor era Dios con la Virgen, no me acuerdo... Era una familia.

II - Otras veces, soñaba de que yo me elevaba y que yo iba por el aire, y había gente, y me querían coger, y no podían cogerme, echarme mano, y muchas veces pues cogía y me subía a un tejado para que no pudieran cogerme, muy alto, muy alto, muy alto y no me llegaban nunca a coger. Como si alguien me persiguiera para cogerme. Nunca me cogían.

III - Y otras veces, pues vi al Señor, al Señor lo he visto muchas veces. Había gente, como en una plazoleta, y de pronto, vino el Señor a mí y me enseñó sus llagas [se refiere a las de las muñecas, especifica; no en las palmas de las manos](23), y se elevó, y me enseñó las llagas de sus pies.

IV - Y otro sueño también tuve, que estaba yo... Había gente también. Y vino el Señor a mí con dos discípulos, y me estuvo hablando. Pero de lo que me hablaba no me acuerdo. Y entonces cogió y vino uno a decirle al Señor que vámonos, y dice: "Vámonos ya, que hay mucho que hacer...". Y se fueron. Yo estuve allí un rato hablando con ellos, pero de lo que hablaban no me acuerdo.

V - Y también vi en otro sueño la cruz del Señor, cuando estuvo crucificado, con mucha luz y sábanas blancas que le bajaban de la cruz. Estaban así [hace gestos con las manos que quieren decir que las sábanas estaban como enrolladas a la cruz], puesta así la cruz y la sábana así. Y salía un resplandor grandísimo. Estaba suspendida en el aire, y salía un resplandor grande de la cruz.

[-¿Veías esa cruz en un entorno natural, o en tu casa o en algún otro lugar?].

- No, no, era en la calle; en el campo, sí, y le vi.

VI - Otra vez también vi que iba yo por un túnel (24) y me iba elevando, elevando. Y había muchas almas abajo y no se elevaban, se quedaban ahí, quietas, y yo iba subiendo y había más almas que no tenían elevación, se quedaban ahí solas.

[-¿Cómo era ese túnel?]

- Para subir al cielo había que pasar por ese túnel, era normal. Y ahí se iban quedando las almas, se iban quedando abajo y yo subía y me miraban y yo decía: "¿Por qué estas almas... Estas almas qué harán aquí que no se elevan?. ¿Por qué no suben?". Y yo subí, venga, venga subiendo y las almas se iban quedando abajo. Y subí y llegué hasta el final y había un alma blanca, que luego me dijo el padre de allí, de la parroquia mía, me dijo que era el ángel que me estaba esperando. Entonces se abrió el cielo y salió una luz y nos iluminó. Y entonces yo entré con ese alma blanca, que dicen que es el ángel de mi guarda, y subí arriba al cielo, y ahí me desperté.

[-¿Cómo era el cielo?]

- No vi nada más que un resplandor y no vi más.

VII - Y otra vez estaba yo... iba muchas veces a la iglesia e iba muy guapa, muy bien arreglada... Y llevaba yo hasta un ramo de flores, iba muy guapa, entonces entré yo a la iglesia, y vi que estaban dando la comunión y yo decía: "¿Por qué no me dará la comunión?, ¿por qué no me dará la comunión?". Se la daban a todo el mundo, y a mí no me daban la comunión. Y de pronto, entre medias de la gente, se abrió como un camino, y venía un niño todo vestido de blanco, y llevaba así como un cinturón blanco, y vino a mí derecho, un niño de unos ocho o nueve años; y vino a mí derecho, derecho. Era muy guapo, se me quedó mirándome y vino con la... con la sagrada Eucaristía, y me la dio. Y en el momento de recibirla, sentí una felicidad muy grande; era paz, felicidad, alegría... Todo mezclado, me corría por todo el cuerpo, hasta por los brazos. Una felicidad que no se puede encontrar lo que yo sentía en ese momento. Una alegría, felicidad, paz, bienestar... por todo el cuerpo me corría. Y yo decía: "¿Quién será este niño?, ¿Quién será este niño?". Y me desperté y decía: "¿Quién será?". Digo: "Así debe ser... Esto es, el que muere en gracia de Dios tiene que disfrutar de esa manera con Dios en el cielo. Esto es el que muere en gracia de Dios". Y entonces yo decía: "¿Quién será?, ¿quién será?". Un día, una amiga mía me dio un libro de Fátima, dice: "Toma, para que lo leas", y los tres pastorcitos, y entonces hice así y le di la vuelta y digo: "¡Uy!. Si este es el niño que yo he visto en el sueño". Digo: "Anda, si es el Niño Jesús". O sea, que vino el Niño Jesús a darme la comunión, pero era más guapo que el que estaba pintado, tenía la cara más gordita y más llenita.

[-¿Cuántos años tenías?].

- De eso hace poco.

VIII - Otra vez vi, estaba yo... venía yo por el campo, yo no sé de dónde venía, el caso es que vi un... como una cueva, y había una piedra redonda, en la entrada. Y era la sepultura donde estuvo Dios enterrado.

IX - Y otra vez soñé la oración de Jesús en el huerto. Y estaba orando al Señor, y había un ángel con él, y otro ángel mucho más estirado. Y el ángel le dice a Dios que le da un cáliz de beber y dijo: "Aparta de mí este cáliz", y entonces (como que quería decir el cáliz la amargura que iba a pasar) después de crucificado, dice: "aparta mí este cáliz", porque sabía lo que le iba a pasar y le daba miedo. Entonces dijo: "No, Padre, perdóname", dice: "No se haga mi voluntad sino la tuya". Entonces bebió de ese cáliz. Esto es lo que vi en sueños hace tiempo.

Dios me ha hecho ver en sueños lo que fue su vida, cuando iba a predicar, y todas esas cosas; una vez una cosa, otra vez al cabo del tiempo otras cosas...

X - Y otra vez estaba yo jugando en el campo, en una montaña, y dicen: "Mira dónde está la Virgen, está sentada allí en otro cerro (25)". Y yo vi una persona que estaba sentada, y yo estaba mirándola y dije yo: "Si verdaderamente es la Virgen, mi alma tiene que ir a ella". Y de pronto, me vi que estaba yo donde la Virgen, y estaba la virgen sentada en una silla, entonces yo me arrodillé y hice así, como si fuera a tumbarme en su regazo. Esa fue la única, el único sueño que he tenido con la Virgen, todos los demás, con Dios.

XI - Te voy a contar el que dicen que no habían visto a Dios Padre, y yo le vi. Una noche, soñando, me elevé, me elevé, me elevé, iba para arriba, para arriba, venga a elevarme, elevarme, elevarme

[-¿por algún tipo de túnel?]

- No, no, no, no; en el túnel no, en el cielo, en la calle. Y era de noche, y yo vi que me elevaba, me elevaba (26)... Me gustaba cómo lo soñaba, porque se iba muy bien. Tan alto, tan alto subí, que sentía hormiguillas por las piernas. Llegué hasta el final, y vi una nube que pasaba, era de noche, y en la nube venía un pájaro, parecía un pájaro real. Precioso, era muy bonito, muy bonito. Y luego, de pronto vi, otra nube que venía, y venía el padre Dios, así de medio cuerpo venía, y venía con una barba así blanca, y se me quedó mirándome, al mirarme causaba respeto, y me dijo: "Tú qué haces aquí, tú no debieras de estar aquí". No te habla, te transmite, y tú sientes dentro de ti como si te hablara, lo que yo estoy así hablándote, es como si lo sintieras dentro de ti, como si te transmitiera. Y entonces, cogí y me fui para abajo (muy rápido) y me quedé, digo: "Este es Dios Padre". Y dicen que nadie lo ha visto, pues yo lo he visto.

XII - Y otra noche también, yo cuando hablaba así con el Señor, estaba un rato hablando, le dije: "Dios mío, cuánto me gustaría ver tu gloria". A los pocos días, soñé que iba yo andando por la calle. Miré hacia el cielo y vi nubes, un grupo de nubes, y de pronto vi que se empezaban a mover y de ángeles, muchos ángeles, se convertían en ángeles. Estaba el Señor en un trono; Jesús. Y entonces, los ángeles subían y bajaban alrededor de Dios; subían y bajaban, pero muchos ángeles, blancos, y era bonito de ver.

Subir y bajar, subir y bajar, subir y bajar, como si estuvieran así como una corona; subían y bajaban. Y digo, digo: "Anda, le dije que quería ver su gloria, y me lo ha concedido".

Un día, antes de esto, leí yo La Biblia, y dice: "Veréis la gloria de Dios, los ángeles subir y bajar". Y entonces, cuando me desperté, se me vino a la imaginación lo que yo leí en el ese: "Veréis mi gloria con los ángeles subir y bajar". Conforme lo leí, así lo vi.

Ya no sueño tanto como antes, antes soñaba más.

[-¿Cuánto hace que sueñas menos?].

- Poco, desde que se ha muerto el abuelo. He soñado mucho, pero ahora no me acuerdo.

[Tras haberse casado y haber tenido su primera hija, todavía no tenían piso propio y ella le pidió al Señor que le diera un piso aunque tuviera que cuidar a un enfermo, y así se lo concedió. Entonces se fueron a vivir a casa del padre de su marido, el cual estaba completamente inmóvil en cama y ella tenía que hacérselo todo. Mi abuela entonces lo pasaba muy mal porque el enfermo era muy exigente, la ocupaba mucho tiempo y siempre tenía que estar con él; atendiéndole y careciendo casi completamente de tiempo para ella. De esta forma parece que le cogió cierto rencor, casi odio al enfermo. Cuando este murió, mi abuela se sentía muy mal y lloraba a menudo, sufrió una especie de depresión porque pensaba que no le había atendido lo suficiente, o lo suficientemente bien, tal como le había prometido a Dios. Entonces antes de que él muriera, soñó lo siguiente]:

XIII - Entonces, una noche, soñé que venía Dios en una cruz, y al llegar a mí como una procesión, me miró y me echó unos ojos muy malos, y me fui yo corriendo de allí, me asusté. Entré en una casa y vi una caja de un muerto, y dije. " Dios mío, eso es que a lo mejor muy pronto este hombre se va a morir". Y así fue, a los pocos días se murió, y me ha quedado a mí remordimiento de conciencia. Y yo lloraba, y que no se me iba, no se me iba, y venga a llorar, decía: "Madre mía, qué mal me he portado yo con este hombre". Y luego me acordé, digo: "Madre mía, si yo le pedí que me concediera un piso, aunque tuviera que cuidar de un enfermo". Pero yo en esos momentos no me acordaba. Nada más que no me dejaba en (paz, coger) la chica... Aunque fuera invierno, el balcón tenía que estar abierto, y algunas veces nos desvelábamos de tanto levantarnos, y yo pues claro, me atacaba ya los nervios. Y entonces, yo le pedí perdón: "Perdóname, Dios Mío, perdóname. ¿Por qué lo he hecho?. Perdóname. Ya sabes tú que este hombre era muy pesado, perdóname. Y entonces vi, una noche, que estaba el Señor crucificado en la cruz, y me bajó la mano así, como diciendo: "Estás perdonada". Pero a mí no se me fue, yo seguía: "Perdóname Dios Mío, perdóname, cómo sabré yo si me has perdonado". Entonces soñé:

XIV - Otra vez, que venía una procesión, que venía en un altar y vestido con una capa roja, y se paró delante de mí. Entonces bajó el Señor y vino frente a mí, y me dio un beso y dice: "Estáte tranquila, que estás perdonada". Y entonces se me fue.

XV - Otra noche; me elevé, me elevé, me elevé, porque yo me elevaba mucho, y subí arriba, y vi una nube oscura, y yo entré dentro de esa nube, y estaba todo oscuro, y había una pareja que estaba haciendo el amor. Entonces yo me quedé allí, y dije: "Madre mía, estas son personas que van en pecado mortal, están en pecado mortal y así mueren y están en la oscuridad". Siempre están en la oscuridad, y es que, en el cielo, es... por eso dicen que el cielo nunca se acaba. Es eterno, es como todos los días lo mismo, lo mismo, y no pasa el tiempo. Digo: "Ay, qué pena, esta pareja está en pecado mortal como si fuera una prostituta. Están en pecado mortal y no ven la luz del día, siempre a oscuras.

[-¿Y hace cuánto que soñaste eso?]

Eso, pues después de casada.

Todo esto yo se lo contaba a mi marido, digo: "Miguel, si supieras lo que he soñado esta noche... Digo: "Los que viven en pecado mortal, digo, los que se mueren en pecado mortal viven en la oscuridad, no ven la luz del día, viven en una nube oscura, todo oscuro". Y mi marido no me decía ni que no ni que sí; nada más que se callaba, me escuchaba y se callaba.

XVI - Estaba yo en una casa, yo veía a un señor que estaba en la cama, y le miré yo así a los ojos, y yo veía mucha maldad en él; pero no era feo, era más bien presentable. Vamos, que era guapo. Pues mira, tiene la cara, cómo te diría yo... en el billete de cien pesetas

[-¿cómo?]

- En el billete de cien pesetas viene su cara. Y entonces, le vi que tenía mucha maldad en los ojos. Digo: "Uy, este hombre es muy malo, qué maldad tiene en los ojos. Esta persona qué mala es". Y entonces cogió y se levantó de la cama y se convirtió en gnomo, y se fue por debajo de la puerta. Y entonces cogí yo y abrí la puerta para verlo, y le vi que iba, e iba otro ser más pequeño detrás de él e iba cojeando (27), y le seguía

[-¿y ese ser era también humano?]

- Si, era humano, pero bajito, e iba cojeando. Iba como, como un tullido. Digo: "Éste es... éste es el diablo y ése es un, otro demonio que le seguía a él". [Le pregunto si conoce algo sobre "El diablo Cojuelo" y me contesta que no le conoce. No sabe nada sobre él].

XVII - Un sueño que tuve, que vi a Jesús; era muy hermoso, tenía el pelo más bien rubio, pero no tenía barba ni nada, y llevaba muchas ovejas, iba de pastor, y entró por una puerta. Y entonces yo dije: "Dios Mío, vuelve la cabeza que te vea, vuelve la cabeza", en el sueño, y cogió y volvió otra vez la cabeza para que le viera. Y me dio a entender, dice: "Yo soy vuestro pastor, vosotros mis ovejas. Mis ovejas me conocen a mí, yo os guío". Eso es lo que me dio a entender ese sueño cuando me desperté.

VOCES

Digo: "Miguel, hay muchas voces que me llaman. Yo no sé por qué me llamarán, pero no me hablan, nada más que me llaman (28)".

[-¿Dónde vivías cuando empezaste a oír por primera vez las voces?]

-En el Puente de Vallecas, en casa de mi suegro. Y sentí: "Pepa, Pepa". Y luego me enteré al otro día, que se había muerto la madre de la casera, y digo: "Anda, pues eso es que me ha llamado".

Ya viviendo aquí en Móstoles, las voces las seguía oyendo, y una vez, en la noche, estaba yo durmiendo, y me desperté. Sentí que de pronto (tiraban) de la colcha y me desperté, y noté una mano que me corría así por la pierna. Entonces yo cogí, y metí la mano a ver si la cogía, y entonces desapareció la mano. Digo: "Ésta es la mano de un difunto". No me asusté. A lo primero sí me asustaba, pero yo no me asusté.

[-¿Al principio de escuchar voces no te asustabas?]

- De las voces no; yo me asusté cuando oí a mi suegro.

[Cuéntame, un poco ordenadamente, cuándo empezaste a escuchar voces; si eras una niña o estabas casada].

- Ya de mayor.

[-¿Las primeras voces que oíste cuáles fueron?, ¿las del abuelo?] (28).

- Yo sentía voces antes del abuelo, pero es que el abuelo... Bueno, yo, unas veces creía, otras no creía; estaba yo revuelta. Digo: "Pues si yo creía, a qué viene esta duda de sí creo o no creo...". Entonces cuando fui a misa, como hablaba yo con Jesús le dije: "Mira, yo no sé lo que me pasa, unas veces creo y otras no creo. Sácame de esta duda". Digo: "Si de verdad existe el otro mundo, déjame oír a mi suegro. Y entonces creeré definitivamente de que hay otra vida".

Una noche, acostada, estaba yo despierta y sentí los pasos de un hombre y yo creía que era en la calle, que arrastraba el pie y pasaba. Y digo: "Por ahí pasa un hombre, por debajo del balcón", y sentí que pasaba un hombre. Venga a arrastrarse, venga a arrastrarse. Digo: "Cuánto tarda en pasar, pues si ya hace rato que está pasando", y entonces me daban ganas de levantarme y mirar por el balcón a ver quién era. Pero no me moví de la cama. Y entonces eran los pasos del abuelo, que arrastraba un pie al andar. Primeramente oí decir: "Déjame, yo no he hecho nada, yo no he hecho nada, déjame en paz que yo no he hecho nada". Digo: "Si esto es el abuelo". Se conoce que le empujaban: "Llámala, llámala". Y decía: "Yo no he hecho nada, yo no he hecho nada. Dejarme en paz". Y se conoce que había otro ser con él, como si dijéramos un ángel vigilando lo que está permitido hacer, como si tuviera un guardián. Eso, a la vez que me llamaban. Mi marido se quedaba siempre en la cocina leyendo, y digo: "Miguel, ¿me has llamado?", Y: "Yo no te he llamado" y así se quedó. Pues eso es el abuelo, y ya no sentí sus pasos. Y entonces, se lo dije al abuelo Miguel, digo: "Miguel he sentido a tu padre, he sentido sus pasos, y le he oído decir; déjame en paz, yo no he hecho nada, yo no he hecho nada". Y entonces todos los días lo oía: "Pepa, Pepa". Mira, me entraba un cangui ... Y muchas veces, para pasar a mi alcoba tenía que pasar a por la alcoba de él. Si salía a la calle, no quería entrar a la casa del miedo que tenía. Entonces, estaba yo hablando a veces con alguna vecina en la escalera, y entonces tenía yo abierto el cerrojillo de la puerta porque salía fregando el suelo, y muchas veces pues hablaba con ella, y sentía el cerrojillo de la puerta hacer: "Riiiiin, riiiiin" [describe cómo es el sonido del cerrojillo] como diciendo que deje de hablar y que pase, porque era un hombre exigente y me estaba diciendo que pase, que ya está bien. Entonces yo entré.

Y otras veces fregando el suelo, pues en la puerta de la cocina, quería yo así abrirla para fregar por detrás y no podía; la tenía sujeta, y no podía abrir la puerta y de pronto hizo la puerta [describe el sonido de la puerta] y se abrió sola. Digo: "Eso es el abuelo que está aquí". Y otra vez, tenía yo unas palmeras muy grandes en el [no se entiende el lugar] y las palmeras se movían [describe el sonido de ese movimiento] y se movió, como diciendo: "Que estoy aquí".

[-¿Y tú tenías miedo de eso?]

- Claro que tenía miedo [se ríe]. Es que me llamaba de día y de noche: "Pepa, Pepa". Y un día, estaba yo limpiando los cristales, cuando vinieron por detrás y me cogieron así [hace el gesto de que la cogen a dos manos por la cintura, se ríe] Y dije yo: "Esto es el abuelo".

Y otra vez, tenía yo una jarra de agua y tenía yo un pañito tapando la jarra, y cogió el paño, como el que tira y: "Rrruuuuuuuuuu" [sonido del tirar del paño] y se quedó al final de la mesa. Y no había nadie más que yo, y yo no tiré. Como diciendo: "Que estoy aquí".

Otra vez, al entrar a la cocina, estaba yo vestida de negro por él, llevaba luto, como el que se moja la mano y te hace: "¡Chas!" me cayó las gotas así en la cara y en el jersey negro, digo: "Pero si estoy yo sola; este es el abuelo que me ha echado agua".

El cerrojillo del balcón, la hebilla pues hizo así la hebilla. Se levantó y hizo: "Run, run, run" (es decir; que se movía).

Una vez, me fui a la iglesia y estaba tu madre mala y no fue al colegio. Y le dije yo, digo: "No te muevas de la cama que está calentita", y cuando vine dice: "Mamá, que yo tengo miedo", digo: "¿Por qué, hija?". Dice: "Porque se ha levantado la cortina, sola". Y yo para quitarle el miedo, digo: "Hija mía, si es que hace mucho aire y está el balcón abierto y se ha movido la cortina, pero no pasa nada". Pero yo sabía que era el abuelo.

Una noche, lo que sí vi yo; una sombra que pasaba así por delante de mí, y la, y así la ... del armario de la habitación y se pasó para la pared. Y oía decir a la Pepi: "Mamá, he visto una sombra". Y dijo la Loli: "Yo también, cállate". Y entre mí dije: "Y yo también la he visto".

No hacía más que llamarme de día y de noche, y cuando ya le iba oyendo menos; se iba elevando y decía: "Pepa, Pepa", digo: "Ya se está yendo". Y la voz la sentía más lejos, y más lejos, y yo no lo volví a ver más, pero pasé mucho miedo.

[-¿Durante cuánto tiempo te estuvo llamando?]

- Pues por lo menos diez o quince días.

Una vez, iba yo a la farmacia y oí que se había caído una mujer en la panadería. Entonces, la pasaron dentro y estaba echando sangre y yo decía: "Dios Mío, se ha caído una mujer y yo no la puedo hacer nada, que no la haya pasado nada, ponía buena", digo: "Cura el mal que se haya hecho". Y decían: "No se le corta la sangre, pásala para dentro". Y para reanimarla, bebida la dieron. Dicen: "Parece que está mejor". Y entonces cuando salgo de la farmacia digo: "¿Qué ha sido de la mujer?", y dicen: "Parece que se ha puesto buena, se le ha cortado y se ha puesto buena". Y digo: "Pues eso es que Dios me ha escuchado".

Una vez se murió un vecino mío y dice: "Pepa, ¿sabes quién se ha muerto?", dice: "Se ha muerto el Amable". Digo: "No me digas, Miguel". Dice: "hay que ir y dar el pésame", digo: "Pues sí que hay que ir, vamos ahora mismo". Y cogí y fuimos y le dimos el pésame, y le dije yo: "Reza a Dios por él; pide por el descanso de su alma" [a la viuda]. Dice: "Yo en esas cosas no creo". Digo: "Pues haces muy mal en no creer, porque los muertos no mueren, el alma no muere, muere la materia, pero el alma existe. No te preocupes que yo pediré por él". A los dos días o así, sentí una voz: "Pepaaaa", y dije yo: "Miguel, cómo tenía la voz el Amable?". Dice: "La tenía muy ronca". Digo: "Pues entonces ha sido él quien me ha llamado".

[-¿Nunca te han pedido nada?].

- Nada más que me llamaban, porque yo les decía: "Háblame y dime que es lo que quieres", y nunca, nada más que llamarme y llamarme, muchas voces.

Y una vez digo: "Padre, he visto a madre", se lo pedí yo al Señor. Y la vi como se murió, y digo: "He oído al Andrés, me ha llamado". Y dice: "No te preocupes, hija, que cuando yo me muera te llamaré", pues cuando se murió, me llamó.

Porque es que todo lo que le pedí yo al Señor me lo concedía, yo no sé por qué, si era porque me quedaba un rato hablando con él... no sé. Pero yo le pedía algo y me lo concedía, a los dos o tres días ya lo tenía lo que le pedía. Y de la noche a la mañana, la vi, y me entró como un gustillo, no me dijo nada; estaba mirándome y de pronto iba desapareciendo; de abajo a arriba. Iba desapareciendo, desapareciendo... hasta que desapareció.

Y otra vez le dije: "Dios Mío, cuánto me gustaría oír a mi hermano Andrés". Y estando peinándome y oí como si dieran un golpe en el balcón, y el abuelo Miguel estaba en la cama, y digo: "Es como si alguien hubiera entrado", y oigo: "Pepa", y digo: "Esa es la voz de mi hermano", porque tenía una voz muy fuerte.

Y yo le contaba al abuelo todas estas cosas, y cuando se murió el abuelo, que estaba yo en tu casa, le dije: "Mira, Miguel, si estás aquí conmigo házmelo saber". Pues tu madre, que yo dormía en su cuarto, fue a por mi desayuno y cerró la puerta, y yo los pasos de tu madre los conocía, y entonces el pomo de la puerta: "Rruuuuuu" y se abrió la puerta, no entró nadie, y digo: "Este es Miguel, que lo presentí". A los pocos días, cuando me acostaba yo por las noches en la cama, le presentía yo que estaba acostado a mi lado, y había veces que me hacía volver la cabeza. Y una de las veces, que te fuiste tú, me acosté en tu cama y por la mañana, el abuelo y yo de cariño me llamaba pedorrina y yo a él le decía pedorrete, y estando en la cama le sentí decir: "Pedorrina" con cariño y digo: "Éste es él". Como diciendo: "Que estoy aquí contigo".

Y estando en Móstoles muchas veces yo le decía: "¿Estás aquí conmigo?". Y daba en los cristales "chasss", o unos listones de tablas que tenía allí el tío Ricardo hacían "chassss", se levantaban y volvían a caer.

Un día le oí decir, cuando el chico no se quería levantar, porque él es muy perro para levantarse, le dijo su padre: "Venga que me voy, que yo no te espero más, que me voy que se hace tarde... ¡Ahí te quedas, yo me marcho!" Y se fue, Y entonces, se conoce que el abuelo le iba a hacer algo para que se levantara, asustarle o algo, pues oí decir al abuelo: "Déjame si yo no he hecho nada, yo solamente quería ayudar", digo: "Éste es Miguel". Y entonces le dije a la Loli: "Loli, ¿se ha ido Ricardo?", y dice: "Anda, pues si hace mucho que se ha ido", digo: "Pues entonces ha sido tu padre".

Una vez, oí una voz muy cariñosa, muy cariñosa. Se conoce que como pido mucho por ellos, pues vienen a mí como diciendo que pida por ellas, o a darme las gracias por haber pedido por ellas, digo yo, algo será.

Cuando se murió el abuelo dejaron de oírse las voces; no he vuelto a oír ninguna voz. Se conoce que el abuelo diría: "Dejarle en paz que ella os oye, dejarle en paz", no he vuelto a oír ninguna voz.

[-¿Cuándo solías escuchar las voces?]

- Todas las voces que oía eran de madrugada.

Una vez, estaba yo sola en el salón de tu casa y tú arriba estudiando y oí respirar [hace el ruido] como si se ahogara alguien, digo: "Aquí hay un alma que se está ahogando", y entonces yo tranquilamente, sin miedo y sin asustarme, dije: "De parte de Dios te pido, dime qué quieres y a lo que vienes; háblame". Entonces, se cayó y luego empezó otra vez [hace la voz] y dije yo: "Si no me hablas y no quieres nada de mí, márchate a hacer algo", y entonces desapareció.

VISIONES

I

- Yo me gustaba ir mucho a la iglesia. Entonces había una capilla (allí en el Santo Ángel) que era una iglesia, y yo iba allí, a la capilla, ya casada, y había en el altar un pario (30), y un día ... siempre tenía la costumbre de quedarme un rato allí, después de la comulgación, hablando así con el Señor de mis pensamientos, de mis cosas... sintiendo (que estaba conmigo); entonces hice así, y levanté la vista, y me fijé en la Virgen y vi que tenía al niño en su regazo, y vi cómo la virgen mecía al niño; hacía así [hace el gesto de mecer con los brazos], venga a mecerle, venga a mecerle. Y yo digo: "¡Uy!, si está la Virgen meciendo al Niño". Pero no se movía nada más que el niño. Y había un viejecito allí que iba todos los días al terminar la misa, y le dije yo: "Mire usted a la Virgen y al niño", y lo miraba. Y digo: "¿Ve usted algo?, y dice: "Yo no veo nada". Digo: "¿No ve usted ahí que la Virgen está meciendo al niño?", dice: "No, no veo nada", solamente lo veía yo. Y entonces se fue, y me quedé yo allí sola mirándolo. Y entonces el párroco, que tenía mucha confianza con todos nosotros... Pues fui allí, y me dijo: "¿Qué te pasa?", digo; "Padre, estoy viendo a la Virgen que está meciendo al Niño". Dice: "¿Y por qué lloras?", y digo: "No sé por qué lloro". Dice: "¿Te hace daño?", digo: "No, no me hace daño, pero me pongo a llorar. Se lo he preguntado al viejecito ese que viene todos los días, y me ha dicho que él no lo veía, y yo sí lo veo. Pero el no lo ve y yo no sé por qué". Dice: "Mira, esas cosas no todo el mundo lo ve; lo ve nada más quien quiere Dios. No es malo que lo veas, el ya no lo ve pero tú sí, todo el mundo no lo ve". Y así se quedó.

II

- Y otra vez, a mí me tiraba la iglesia de santo Ángel, y hay ángeles alrededor del altar que luego quitaron, y ahí hay un Jesús de Nazareno muy alto, muy hermoso. Y siempre cada vez que comulgaba, me iba allí un rato. Me estaba con él, y le contaba todos mis problemas, y le decía yo cosas y le hablaba yo cosas. Y entonces, una de las veces que estaba yo hablando con él, le vi que su cara se transfiguraba, se ponía su cara guapa, muy hermoso y decía yo: "Dios Mío, pero qué hermoso eres, qué hermoso eres" Y ya esa cosa iba desapareciendo y le decía yo: "No te vayas, no te vayas", y volvió otra vez y entonces me transmitió; no te habla, te transmite, lo sientes dentro de ti; lo que te habla lo sientes dentro de ti, pero sin oír su voz. Me dijo: "Mira lo que sienten los ángeles por mí, todo se le hacen poco". Todo lo que sienten los ángeles, digo los santos, todo su sufrimiento, se les hace poco para él. Dice: "Lo que sienten los ángeles, los santos, por mí se les hace poco. Y dice: (" El por qué me adoran los ángeles" ), como diciendo porque soy su Dios. Entonces eso desapareció. Y entonces yo fui a casa, yo a la entrada de casa del abuelo tenía yo un Jesús de Nazareno, y entonces cogí y estaba fregando los cacharros, y estaba pensando en lo que me había pasado, y parecía como si me empujaran, que fuera otra vez donde estaba Jesús. Entonces yo fui a Jesús, y me quedé mirando y otra vez le volví a ver y me dijo: "Despréndete de las habladurías porque no traen nada bueno", y ya, ahí ya se terminó. Y entonces yo pensaba esas cosas.

III

- Me dijo mi chica: "Mamá, vamos a ir a Santa Juana", digo: "¿Dónde es Santa Juana?", dice: "Es a las afueras de Móstoles, en el campo. Van a ir todos los Scauts y nosotros también. Y vamos a comer allí en el campo". Hacía un sol divino, hacía muy buen día. Y había, cuando llegamos, aquello parecía una romería, había de otros Scauts, estaba la religión católica, la religión de María. Había mucha gente. Y ya comimos y eso, y dijo: "Mamá, ¿quieres ir a ver la ermita de Santa Juana?", que son de monjes en clausuras, digo: "Pues sí que me gustaría verlo" y se vino una amiga, Ana Mari, de los Scauts y fuimos, y estuve viendo allí a Santa Juana. Y yo estaba así mirando y dijo mi hija a la amiga: "Vamos a dejar a mi madre sola" y se fueron al fondo de la capilla. Y dice: "Mamá, hay aquí un Jesús de Nazareno, a ti que te gusta tanto, ¿lo quieres ver?". Y me llevó en la silla de ruedas, y dice: "Vamos a dejar a mi madre sola". Entonces se retiraron, y me quedé yo allí sola, y nada más ver a Jesús, aquello estaba oscuro, y dije yo: "Ay, Jesusito mío, si apenas te veo la cara". Entonces nada más decir eso, salió fuego de él, llamas todo alrededor de él, y yo diciendo: "¿Qué veo, esto son cosas de mi vista, son cosas de mi vista". Y entonces moví la cabeza para otro lado, y lo seguí viendo eso eran llamas, llamas corrientes. Entonces me acordé de Moisés que subió arriba donde Dios Padre, y vio una zarza ardiendo, y nunca se quemaba, bueno pues esto era lo mismo; no quemaba ni daba calor, nada más que mucha llama. Digo: "Madre mía, y esto qué quiere decir. Si yo nunca había visto esto". Nos fuimos de allí, y yo no le dije nada a la Loli. Y otro día pensando digo: "Ay, esto es la llama de amor de Dios". Y dije: "Loli, mira lo que me ha pasado" [se lo cuenta]. Y dice: "Mamá, ¿y eso qué quiere decir?", digo: "Eso es la llama del amor de Dios que tiene por todas sus criaturas", y dice: "Anda, mamá, que tienes unas cosas, eso son cosas tuyas". Digo: "Que sí, Loli, que ese es el amor de Dios que tiene por todas sus criaturas, que decimos que Dios nos ha abandonado, y que no nos quiere Dios, digo: "Y Dios si quiere a todo el mundo, y es tan grande su amor, que el fuego lo abrasa". Y entonces el párroco de allí, pues iba todas las semanas a casa y me llevaba la comunión [y le cuenta lo ocurrido]. Y dice: "Ese es el amor que Dios tiene por todas sus criaturas. Eso lo vio un santo (...).

IV - Una noche, me acosté y vi que mi alma se me desprendió del cuerpo, y miré yo así y vi al abuelo que estaba al lado mío, mirando así hacia mí, durmiendo y me vi yo mi otro cuerpo, que estaba durmiendo boca arriba. Y yo veía la habitación, todo lo de la habitación; el armario, la ventana, toda la alcoba. Y yo decía: "Miguel, Miguel despiértate y mira lo que me pasa. ¡Pero despiértate Miguel, Miguel!. Yo le llamaba a voces, pero se conoce que era mi espíritu o mi alma y él no me oía, porque si le hablo en cuerpo él me oye. Y yo: "¡ Pero Miguel, Miguel, mira lo que me pasa! Y Miguel no se enteraba, y yo me veía que flotaba. Y entonces, ya cogí y todo mi cuerpo hizo: "Yuuuuu" y me metí en mi cuerpo, y me metí a dormir (31). [Mucho más tarde se lo contó al guía espiritual que tiene en la actualidad y él le dijo que todo eso eran regalos que le hacía el Señor y que no se lo contara a nadie. Le hizo prometérselo]. Dice: [el cura] "Me tienes que hacer caso y prometérmelo, que esto es para la santidad. Todos los regalos que te está haciendo Dios, son para la santidad (30)". Y entonces yo contesté rápida: "Padre, yo no soy santa. Yo peco mucho(32)".

V - Y una noche, yo me acosté viendo la película. Pero yo no sé qué tiene la tele, que a mí me relaja y me duermo, y cuando me desperté digo: "¡Carajo, qué rabia me da, ya no sé cómo termina la película, ya me he vuelto a dormir!". Y entonces según estaba abriendo los ojos, vi dos ángeles, digo: "Si son ángeles". Había dos ángeles; uno así enfrente de la cama y el otro en la ventana, y me miraban. Y el de la cama me hace: "Sshhhhhhhhh", y era bello, bello, bello, muy guapo, nunca había visto en mi vida cosa igual; era hermoso, y parecía que tenía cara de mujer; muy bello, nunca había visto ni artista ni nada así. Nunca había visto una cara tan bella como esa. El otro no era tanto. Entonces hice yo así, y abrí los ojos y él desapareció, yo le buscaba con la mirada a aquél porque era muy bello. Entonces hice así, y miré al otro porque no le veía, y el otro no hacía más que mirarme y yo le miraba a él. Porque me hizo así para que me callara, que yo le iba a preguntar qué ángeles sois, porque (hay ángeles, arcángeles, ángeles de san...) yo le hubiera preguntado qué ángeles sois. Pero no me quería hablar, hizo: "Sshhhhh". El otro no hacía más que mirarme, no era tan bello. Tenía cara de hombre.

[-¿Cómo eran, tenían alas?]

- No, los ángeles no tienen alas, todo vestidos de blanco. Nada más que eran blancos, totalmente blancos.

[-¿Eran corpóreos o translúcidos?]

- No, eran como tú, yo los vi con cuerpos, nada más que blancos; no se transparentaban. Entonces le miré y miré al otro; me quedé mirándolo y me miraba, y de pronto hizo así: "Shhhh". Y desapareció. Y yo digo: "¿Qué hago?. Me han dicho que no diga nada, ¿se lo digo a la Loli o no se lo digo a la Loli?", porque yo estaba deseando de desahogarme. Y dice: "Venga, mamá, que se hace tarde", y digo: "Loli, siéntate un momento. Esta noche he tenido visita", dice: "¿Cómo visita?", digo: "He tenido dos ángeles en mi habitación, muy hermosos, tenían unas caras divinas y uno me decía así: shhhh". Y dice: "Entonces, mamá, yo fui a abrir la puerta y vi que tú tenías la cara así vuelta y cogí y cerré". Y digo yo, que entonces a lo mejor en ese momento, me dijo el ángel que no hablara (porque a lo mejor es ella que viene y te va a oír ). Digo yo, no sé. Y entonces cuando yo se lo conté al padre éste, me dijo: "Pues eso te quería decir que no contaras nada, que te lo callaras". [Ella no sabía que los ángeles no tenían alas, y su guía espiritual después de contarle este sueño le afirma que realmente no tienen alas].

[Ella ha intentado contarme de forma cronológica todas estas experiencias, pero solamente lo ha conseguido con las visiones. Según ella, lo primero que tuvo fueron los sueños y cuando empezó a tener visiones (alrededor de los 35 ó 36 años, ya casada y con hijos) éstos se le cortaron no volviéndosele a repetir].

____________

(NOTAS II PARTE)

(17) Fericgla, Josep Mª , "Bases para entender la prospectiva de la religión" , La religiosidad popular: antropología e historia, Vol. 1, Barcelona ,1989 (pp. 587-595)

(18) Aarne, Antiy y thompson Stith; Los tipos del cuento folklórico, una clasificación (2ª ed.), Helsinki, 1995.

(19) Testimonio extraído de La punta del Arco iris, trabajo realizado por los alumnos del cuarto curso de "Humanidades Sénior" y José Manuel Pedrosa, Alcalá de Henares.

(21) Christian, Jr. W.A.; Apariciones en Castilla y Cataluña (S-XIV y XVI), Madrid.1990.

(22) Roma Riu, Mª Josefa; "Centralidad-marginalidad, ortodoxia-heterodoxia. Una aproximación al fenómeno de las apariciones urbanas", La religiosidad popular: Antropología e Historia, Barcelona, 1989 (pp.517-527).

(23) Tanto esta imagen, como otras que también encontramos en "sueños", tienen conexión con las narraciones que hay en La Biblia a cerca de la vida de Jesús. Es decir, La Biblia se incluye también como uno de los modelos de los que ya hemos hablado. Los sueños V, VIII, IX, y XII también hacen referencia a dicho texto.

(24) Es un tópico cultural (no exclusivo de Occidente) el ascenso al cielo a través de un túnel estrecho.

(25) Este sueño tiene mucha relación con las visiones de la gente de Ezkioga. Es un hecho muy común ver a la Virgen en un entorno natural como por ejemplo un valle o un cerro. Mi abuela lo utiliza además para reforzar su fe.

(26) Las elevaciones están relacionadas con el misticismo y con una fuerte espiritualidad.

(27) Los diablos cojos son un elemento folklórico en nuestra cultura y también en las literaturas y mitologías europeas. Un ejemplo de ello es la novela del S-XVII titulada El diablo Cojuelo, escrita por Veléz de Guevara. Para más información sobre estos espíritus cojos o anómalamente calzados, véase François Delpech "Camino del infierno, tanto anda el cojo como el viento. Monosandalisme et magie d'amour", en Enferset damnations dans le monde hispanique et hispano-american (Actes du colloque Internatianal) eds. J.P. Duvis y A. Molinié-Bertrand, Paris, 1996.

(28) Sobre la creencia de espíritus y almas que habitan en el purgatorio, ya hemos hablado anteriormente. Para más relatos sobre este tema, véase La punta del Arco Iris, ya citada.

(29) Al decir "el abuelo" se refiere al padre de su marido.

(30) Una tela cuyos bordados contienen motivos religiosos.

(31) Lo que nos cuenta Pepa en su relato IV no es una visión, sino un "vuelo mágico". Ella lo coloca ahí porque intenta contarme sus visiones por orden cronológico, y esta experiencia la tiene entre la tercera y cuarta visión (que en nuestro orden corresponde a la quinta). Los vuelos mágicos son propios de los místicos y chamanes. En Centroamérica y en el centro de África, los chamanes mediante ritos y elementos mágicos, consiguen entrar en trance, y desprenderse de su cuerpo para viajar a otros lugares o para luchar contra espíritus. A veces, llevan la misión de curar a aquellos que se lo piden. Santa Teresa de Jesús también tuvo experiencias de este tipo cuando entraba en éxtasis.

(32) El no quiere decir que ella sea santa, sino que todas sus experiencias son regalos que le hace Dios para guiarla hacia la santidad. Por tanto, si ella lo desea, según su guía espiritual, debe cumplir las leyes de Dios y acogerse a su doctrina de caridad y de hacer el bien.

BIBLIOGRAFIA

Cardoni Franca, Alida; "Aspectos de la religiosidad en las mujeres de la clase popular residual", La religiosidad popular: antropología e historia, Carlos Álvarez Santaló, Mª Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Vol. I, Barcelona, ed. Anthropos, 1989 (pp. 547-587).

Christian, W. A.; Las visiones de Ezkioga, Barcelona, Ed. Ariel, Christian, W. A.; Apariciones en Castilla y Cataluña (S-XV y XVI), Madrid, Ed. Nerea, 1990.

Fericgla, Josep Ma; "Bases para entender una prospectiva de la religión", La religiosidad popular: Antropología e historia, Carlos Álvarez Santaló, Mª Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Vol. I, Barcelona, ed. Anthropos, 1989 (pp.587-595).

García García, José Luis; "El contexto de la religiosidad popular", La religiosidad popular: Antropología e historia, Carlos Álvarez Santaló, Mª Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Vol. I Barcelona, ed. Anthropos, 1989 (pp. 19-30)

Maldonado, Luis; Religiosidad popular. Nostalgia de lo mágico, Madrid, Ediciones Cristiandad, 1975.

Mandianes Castro, Manuel; "Caracterización de la religiosidad popular", La religiosidad popular: Antropología e historia, Carlos Álvarez Santaló, Mª Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Vol. I, Barcelona, ed. Anthropos, 1989 (pp.44-45)

Muñoz Fernández, Ángela; "El milagro como testimonio histórico", La religiosidad popular: Antropología e historia, Carlos Álvarez. Santaló, Mª Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Barcelona, ed. Anthropos, 1989 (pp.164-186)

Pedrosa, J.M. y Alumnos de cuarto curso de "Humanidades Sénior"; La punta del arco iris (leyendas y tradiciones de Alcalá de Henares y alrededores). Universidad de Alcalá de Henares.

Roma Riu, Ma Josefa; "Centralidad-marginalidad, Ortodoxia-heterodoxia. Una aproximación al fenómeno de las apariciones urbanas", La religiosidad popular: Antropología e historia, C. Álvarez-Santalo, M a Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Barcelona, Ed. Anthropos, 1989 (pp. 517-527)

Ruiz Domínguez, Juan Antonio; "El demonio y los endemoniados en la Castilla del S-XIII" La religiosidad popular: Antropología e historia, Carlos Álvarez Santaló, Mª Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Vol.II, Barcelona, ed. Anthropos, 1989 (pp.411-422).

Segura Graino, Cristina; "Fuentes para entender la religiosidad de las mujeres", La religiosidad femenina, S-VIII-XVIII. Madrid, Colección Laya, Asociación cultural Al-Mundayna, 1986 (pp.11-17)

Valdivieso Ovejero, Rosa Mª; Religiosidad antigua y folclore religioso en las sierras riojanas y sus aledaños. Biblioteca de temas riojanos, Logroño, Instituto de estudios riojanos. 1991.

Velasco Maillo, Honorio; "Las leyendas de hallazgos y de apariciones de imágenes. Un replanteamiento de la religiosidad popular como religiosidad local" La religiosidad popular: Antropología e historia, Carlos Álvarez Santaló, Mª Jesús Buxó y Salvador Rodríguez (Coords.) Vol. II, Barcelona, ed. Anthropos, 1989 (pp.401-411)

Otras obras de consulta general

Actas do congresso internacional de Fátima. Fenomenología e teología das apariçoes., (9-12 de outubro de 1997), Santuario de Fátima, 1998.

Muñoz Fernandez, Angela; Acciones e intenciones de mujeres en la vida religiosa de las S-XV y XVI, Dirección general de la mujer, comunidad de Madrid 1995.

Pedrosa, J.M.; Entre la magia y la religión: oraciones, conjuros, ensalmos, Biblioteca mítica, ed. Sendoa, Gipúzkoa 2000.