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DATOS SOBRE EL CULTO A SAN SEBASTIAN Y SAN BLAS EN LAS COMARCAS DE LIEBANA (CANTABRIA) Y LA MANCHA TOLEDANA

ANGEL RODRIGUEZ, Luisa MARTINEZ ANGEL, Lorenzo

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 256.

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La forma de celebrar las fiestas de los santos es un tema de estudio para la etnografía de gran importancia, tanto per se como porque van desapareciendo progresivamente muchas de estas tradiciones.

En este trabajo aportamos datos referidos a dos zonas muy distintas y distantes entre sí: Liébana y La Mancha toledana.

LIEBANA

En uno de los pueblecitos de Liébana cercano a Potes la forma de celebrar la fiesta de San Sebastián estaba condicionada por la nieve. En efecto, existía el siguiente dicho:

"Por San Sebastián el desnudo le llega la nieve hasta el ojo del culo".

Estos dos versos populares (con rima asonante) muestran la gran cantidad de nieve que en la Cordillera Cantábrica solía (y todavía suele) caer en invierno, pero también es la clave del hecho más curioso de la celebración: la gente tiraba bolas de nieve a la imagen, hasta el punto de que en cierta ocasión uno de esos "proyectiles" llegó a amputar uno de los brazos de la imagen.

Teniendo en cuenta la forma en que se representa tradicionalmene el martirio de San Sebastián, las bolas simbolizarían las flechas que se lanzaron al santo por sus ejecutores.

En el siglo XIX, como es sabido, algún antropólogo centroeuropeo se sorprendió de determinadas costumbres de pueblos de la Cordillera Cantábrica relacionadas con la nieve, pues chocaba con la tradicional y tópica imagen de una España cálida y seca. De haber conocido esta manera de festejar el día de San Sebastián, su sorpresa, sin duda, habría sido todavía mayor.

Esta costumbre, según nuestra información, se realizaba todavía en los años 20 del siglo XX.

LA MANCHA TOLEDANA

Ahora recogeremos noticias referidas al culto de San Sebastián y San Blas en algunos pueblos de La Mancha toledana, concretamente en Lillo y Villacañas.

En Lillo, el día de San Sebastián no se come carne, pues según recoge la tradición, los habitantes de esta localidad le ofrecieron, en tiempo de "peste" (entendamos epidemia), el voto de no comer carne en su día. Una vez más San Sebastián aparece como defensor contra la peste, una de las características más repetidas por doquier de su culto. También en Lillo aparece la naranja como fruta típica de la fiesta de San Sebastián, al igual que en otros lugares: se lleva un cesto de naranjas, las cuales son bendecidas y se reparten, después de la Misa mayor, entre los vecinos.

En Villacañas encontramos, a las afueras del pueblo, la, desgraciadamente, arruinada ermita de San Sebastián (1). Su culto, por esta razón, se celebra actualmente en la ermita de San Roque. Su imagen procesional, como en otros pueblos toledanos y madrileños, se acompaña de una gran rama de olivo (2) de la que cuelgan tortas, naranjas y limones. Una vez bendecida, y después de la Misa, hay una puja, quedándose el ganador con la rama (3) y repartiendo entre los familiares y vecinos que él crea conveniente las tortas y frutas. Tradicionalmente se celebraba en su ermita, donde se encontraba su imagen, la cual era procesionada hasta la iglesia parroquial y devuelta el día de la fiesta a su ermita. Y existía la tradición de que personas que hacían votos, si se les concedía, llevaban naranjas o mandarinas que, una vez bendecidas, se tiraban a la gente. Esto ya se ha perdido. Y no deja de resultar llamativo lo de lanzar las frutas a la gente, pues recuerda las bolas de nieve que mencionamos al hablar de Liébana, con el simbolismo que ya indicamos.

Por último, nos ocuparemos de la fiesta de San Blas en Villacañas. Este santo, tradicional patrono de la garganta, es honrado en la citada localidad manchega de la siguiente manera: su imagen se traslada de la ermita del Cristo a la iglesia parroquial. Allí, en su imagen procesional se colocan las caridades, tortas finas realizadas con agua, harina y granos de anís, y las gargantas de San Blas, redondas, haciendo honor a su nombre, pues tal forma pretenden imitar.

La imagen, el día de su fiesta, es procesionada de vuelta a la ermita del Cristo. Antes de entrar, se realiza la puja de las andas (4) y las caridades se reparten entre la gente por los miembros de la Cofradía del santo, a cambio de un óbolo voluntario. De hecho, existe la costumbre de obsequiarse con ellas entre familiares y amigos, una vez bendecidas.

No faltan personas que siguen creyendo que tomando o consumiendo las caridades no tendrán problemas de garganta durante todo el año. De hecho, nos han informado que, debido a los efectos salutíferos que se atribuían a las caridades, se llegaba incluso a echar fragmentos de éstas a los pozos, por si caía algún animal o persona a los mismos, para que San Blas lo salvase de morir ahogado (5). También se arrojaban caridades, o fragmentos de las mismas, en la comida de los animales.

Las gargantas se conservan durante todo el año colgadas en las casas.

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NOTAS

(1). Sobre esta ermita vid LUIS GARCIA MONTES, Historia de la iglesia y ermitas de Villacañas, Madrid 1995, 73-74.

(2). No nos extraña que sea de olivo, por la abundante presencia de tal árbol en estas tierras. Sin embargo, nos preguntamos si no será un recuerdo de las ramas de olivo llamadas "verbenae" que portaban los sacerdotes romanos durante los sacrificios.

(3). Tradicionalmente, año tras año, se ha quedado con ella en la puja una misma familia de la localidad, costumbre que prosigue en la actualidad.

(4). Son más caras las andas delanteras que las de atrás.

(5). También hemos oído un refrán curioso en Villacañas;

"San Blas de Huete, por salvar a uno, ahogó a siete"