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LA GAITA DE FOLE

PEREZ, Angel Vicente

Publicado en el año 2002 en la Revista de Folklore número 258.

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Hoy en día es difícil tener las cosas claras en cuestión de gaitas, y más aún saber distinguir entre unas y otras. Muchas veces tenemos las cosas delante de nuestras narices y no nos damos cuenta de ellas hasta que han desaparecido.

En estos últimos años hemos podido observar el resurgir del olvido a las gaitas gallega y asturiana, camuflado con un cierto mercadeo agresivo en muchos casos únicamente comercial. Pero, ¿qué pasa con la gaita de fole?, ¿qué es?.

La gaita de fole (fuelle u odre) es la cornamusa autóctona más antigua conocida en nuestros días, y endémica del noroeste de la provincia de Zamora (y alrededores) junto con el Trás-os-montes portugués. Se ha venido a llamar a esta gaita incorrectamente con otros nombres como: "gaita zamorana", "gaita sanabresa", "gaita alistana" o "gaita portuguesa". La acepción más precisa es "gaita de fole", ya que todas ellas lo son, ya sean del lado español (gaita al estilo sanabrés o alistano en la provincia de Zamora) o portugués.

Instrumento de origen celta por excelencia, la gaita de fole es aquella que, según los historiadores romanos, hizo temblar a las más bravas legiones en las últimas guerras indígenas del noroeste peninsular. Los últimos elementos rebeldes a la conquista se agruparon para resistir ante la última acometida militar en las zonas montañosas de la Culebra, Sanabria y Trás-os-montes, llevando consigo la gaita de fole y con ella, transmitiendo sobre sus descendientes un carácter de resistencia que hizo llegar esta gaita hasta nuestros días.

Pero la gaita de fole no se explica sin la gallega o la asturiana. Partiendo del mismo tronco común, se desgajó de él en el momento en que estas dos comenzaron a evolucionar, y la gaita de fole continuó anclada en las mismas formas y maneras que desde su mismísimo origen. Los modelos con los que actualmente se está tocando y otros más antiguos que han llegado hasta nuestros días, no se les sabe asignar muy bien desde cuándo no han evolucionado. Algunos datan este hecho en torno al siglo XVI o XVII, otros en los siglos XIV o XV. Lo que sí es cierto es que se pueden encontrar reproducciones iconográficas de la gaita de fole (que no gallega o asturiana) en las ilustraciones de las Cantigas de Alfonso X El Sabio, en el pórtico de la Colegiata de Toro de mediados del siglo XIII, o en una de las sillas talladas de la Catedral de Zamora.

Al par que este instrumento se ancló en el tiempo, se consolidó en una misma área socio-étnicocultural. Siguiendo las fronteras "políticas" actuales (que no culturales) la gaita de fole en sus cuatro estilos (sanabrés, alistano, braganzano y mirandés) se halla, en cuanto al lado español, en las comarcas Zamoranas de Sanabria, La Carballeda, los valles más occidentales de Benavente, Aliste, Tábara, Tierra de Alba, y en menor medida en el sureste de la provincia de Ourense (Concellos de A Mezquita y A Gudiña), así como en el suroeste de la provincia de León. Por el lado portugués se halla localizada limitando con estas comarcas en lo que es el Trás-os-montes tanto en el planalto Braganzano como Mirandés.

En estas zonas se ha conservado hasta nuestros días gracias a varias condiciones intrínsecas. La difícil geografía del lugar transmite a estas comarcas una ubicación natural única en Europa, aislada del resto de áreas socio-culturales adyacentes, aunque formando una misma unidad a lo largo del tiempo tanto del lado español como portugués. Recordemos que algunas cumbres que rodean la comarca de Sanabria, por ejemplo, están entre los 1700 y 2100 metros de altitud.

Esta geografía tan singular se caracteriza por unas difíciles condiciones atmosféricas que condicionan gran parte del año, moldeando en sus pobladores un carácter rudo, resistente y autárquico, el cual les impide abandonar su arcaísmo linguístico y cultural. Tal es el caso de la pervivencia del llamado "carro chillón", de origen celta, el cual está también ligado a la gaita, produciendo un chirrio en sus ejes de roble muy característico, tal como dice el dicho sanabrés:

Se queros qu 'o carro cante
molla 'lio eixí no río
que despois de ben mollado
canta com 'un asubfo.

Las tradicionales formas de vida del área en el que se mantiene la gaita de fole se caracterizan por pequeñas poblaciones, de no más de 500 habitantes, pues cada entorno no es capaz de mantener económicamente más población, y comunicados a través de tortuosos y pequeños caminos naturales. Sus gentes basan su vida en el ganado y una agricultura de subsistencia, la cual les otorga una absoluta independencia económica, lo que ha retrasado hasta la actualidad los contactos con el exterior, impidiendo la entrada de influencias modernas y con ello la pérdida de la de pertenecer a un lugar, que es el principal síntoma de la desaparición de las tradiciones.

Es precisamente la economía ganadera y pastoril la que está íntimamente ligada con la cultura de la gaita de fole. El origen pastoril caracteriza esta gaita, en la que sus intérpretes y artesanos constructores no son profesionales (como en Galicia o Asturias en muchos casos), sino gaiteiros rurales dedicados a los trabajos del campo como la crianza de su ganado o el cultivo de sus tierras.

Entre las características más singulares de la gaita de fole están su afinación y tamaño. La afinación es absolutamente distinta del resto de gaitas de Europa. Mientras que todas las gaitas se afinan en DO, la gaita de fole se afina en MI, característica que sólo a ella le permite interpretar un repertorio exclusivo de melodías hechas para ella, difícil o casi imposible de interpretar con cualquier otra gaita.

Junto con la afinación, tres cosas hacen que su potente sonido (único también, mucho más fuerte que cualquier otro) haga estremecer siempre hasta al más acostumbrado a oírla: su gran fole, la rudeza de su construcción y las dimensiones y formas de sus piezas.

El "fole" (fuelle, odre, bolsa) o pellejo de cabra curado, curtido, vuelto hacia dentro, taponado y sellado por todos sus orificios excepto por tres agujeros para las piezas para contener el aire, es de unas dimensiones extraordinariamente superiores al resto de gaitas del mundo (solamente se asemeja en este tamaño la gaita de guerra escocesa). Su superior capacidad de volumen de aire aporta una mayor fuerza y potencia al instrumento. Además, la duración extra de tiempo que el gaitero dispone para mantenerlo sonando sin volver a hincharlo des de que lo ha llenado completamente le permite, a los más habilidosos, incluso cantar a la vez de tocar.

La construcción artesana de este instrumento queda al margen de una posible fabricación mecánica o en serie, como ha sucedido en algunos casos con la gaita gallega, asturiana, escocesa, irlandesa, etc. Sus constructores eran tradicionalmente los propios pastores que la tocaban, aunque siempre sobresalía alguna persona del lugar al cual se le podía encargar y que tuviera algún pequeño taller.

Para el desbaste de las piezas cilindricas se solía emplear un torno manual de correas accionadas por un pedal que bajaba una ballesta de madera flexible (fresno, arce) y cuya acción arriba-abajo producía el movimiento necesario para disponer de un rudimentario torno. Esta tosca fabricación refleja una estética final fuera de lo común, que le hace tener un aspecto casi por completo medieval. Se le suele adornar también con elementos como los "farrapos" (harapos) o piezas de tela o hilos de colores, que cuelgan tanto del fole como de entre los tubos.

Siempre se tomaba como patrón gaitas anteriores, sobre todo para marcar los agujeros del "punteiro", aunque después se hicieran rectificaciones en base al oído. Las mayores dimensiones de todas sus piezas y componentes, junto con el grueso moldurado de todos sus tubos hace que su timbre sea también algo basto, que suena a antiguo, medieval. Sobre todo, la campana final del "punteiro" y de su único bordón, más anchas y grandes de lo normal, permite que el sonido y vibraciones sean más fuertes y potentes. Sumergiéndonos en épocas pasadas de la historia, podemos imaginar el temor que debió inspirar a sus enemigos el sonido de tal instrumento potenciado por el eco de las montañas.

Su doble lengüeta o palleta del punteiro también más basta de lo normal, es necesario humedecerla para permitir a la pieza vibrar más suelta al partir el aire saliente del fole. Para ello, algunos gaiteiros de fole gustan de mojarla en vino, pues "produce un sonido mejor".

Nuevamente vemos aquí una implicación mayor del instrumento con la tierra, sus gentes, la fiesta, las uvas y el vino

Si la dejamos se pasa;
si la vendemos se pesa;
si se hace vino se pisa
y si la dejamos se posa.

Pero no sólo es instrumento musical, también puede considerarse como obra artística cada una de las gaitas de fole que podamos ver. Los dibujos, líneas y muescas grabadas sobre sus gruesos tubos son una representación de la artesanía del noroeste peninsular. Por ejemplo, en el estilo alistano en algunas se aprecian incrustaciones y cintas de plata y otros nobles materiales característicos de la joyería alistana. En las sociedades rurales a las que pertenece el instrumento, llega a adquirir incluso valor económico y motivo de herencia, tal como dice el cancionero de Miguel Manzano:

Si tu vendes la gaita
yo vendo el camisón.
La gaita no la vendo yo no la vendo, no
que es la mejor alhaja que tenemos los dos.

Se distinguen del lado español dos estilos en cuanto a la forma de tocar: El estilo sanabrés, más "pechao" (cerrado) y rígido; y el estilo alistano, más abierto o libre. En estas dos zonas y sus comarcas limítrofes, la existencia de un estilo no anula al otro, pudiéndose encontrar ambos estilos en mismas comarcas e incluso localidades. Sí hay que nombrar una cierta y natural "rivalidad" de un estilo a otro entre sus gentes.

Inseparable de la gaita de fole es la natural juerga, y viceversa. Tocar esta gaita implica "armar una bien gorda", una fiesta, "parranda". Y una vez más el vino, la fiesta unida a la gastronomía, los embutidos, quesos, panes de horno, dulces y aguardientes. Si siempre en el acervo popular la expresión "tocar la gaita" ha significado estruendo, armar jaleo asociado a molestar, hacer mucho ruido, con la gaita de fole cobra un nuevo significado de emoción, de llamada a la fiesta, de embrujo. Por ejemplo, en el cuento "La gaita que hacia bailar a todos" (Luis Cortés Vázquez, Leyendas, cuentos y romances de Sanabría) encontramos sobre la gaita de fole:

«Y cuando se viña pra o pueblo viña tocando a gaita. E pasou por donde uis cacharreiros qu 'estaban co os cabalos cargados de cacharros. E como estaba tocando a gaita, empezaron a bailar os cacharreiros e os cabalos. Y os cacharros todos se le rompieron ao bailar. Y eles:

-Para a gaita!

Y él

-Tiro, liliru, liliru, tiro, liliru, liliru...».

Deron parte d 'él y leveron-o preso. Cuando iban a prendelo facía bailar aos guardias e aos carceleiros; y a todos por donde pasaba...".

Más sentimientos se reflejan en el libro "El ayer de Sanabría" donde también habla de la gaita de fole:

«...en Sanabría, el vigoroso y melódico sonido de la gaita, además de embrujo, tenía algo más...tenía vida, vida y emoción y alegría proporcionaban sus notas a todos los habitantes del pueblo cuando el gaitero comenzaba a tocar un tramo antes de la llegada al lugar donde había sido llamado para la fiesta: Los niños corrían alborotados y en tropel a recibirlo, los que estaban en el campo trabajando o guardando el ganado se veían invadidos por un escalofrío de alegría; en el pueblo, las gentes se volvían más locuaces; esbozaban sonrisas y comentarios que los hermanaba, hasta los ancianos y enfermos que estaban postrados en cama al llegar a sus oídos las lejanas notas de la gaita, sus rostros se iluminaban y sus miradas reflejaban un especial brillo rememorando pretéritos ratos de felicidad».

La gaita de fole se toca, además de en solitario, en una tradicional formación de trío entre el gaitero, tamborilero y panderetera (las veces de cantante). El jolgorio comienza con los golpes del tamborilero, que en el caso de acompañar la fiesta con bailarines les marca el ritmo, después la panderetera canta las canciones con arreglo al baile, y finalmente se introduce el gaitero con la música siguiendo a ambos. El brutal torrente de sonido que desprende eleva fuertemente el ritmo cardíaco del gaitero, acto natural y necesario para conseguir una total implicación del intérprete con este instrumento.

Estas fiestas se podían alargar toda la noche, e incluso hasta llegar a la madrugada y al desayuno consistente en anís y pasteles. Se sabía cuando comenzaban, pero no cuando acababan. Así, podemos leer a Diego de Torres Villarroel:

Cantando llegó al portal
un gaitero de Zamora.
Y oyéndolo los pastores
nuevamente se alborozan.
Se ríen a carcajadas
con las canciones que toca,
y tienen una gran noche
con su gaita y con su bota.

Esta formación en trío es de condición natural, dado que los gaiteros de fole no tienen bandas de gaita. Sencillamente es muy difícil combinar por su rudeza varias gaitas de fole al mismo tiempo, pues ni entre ellas se consigue una afinación aproximada, no como sucede con la gaita gallega o asturiana. Cada gaita de fole, dentro de su escala, siempre suena diferente. También se une el hecho de que en estas comarcas se prefiere esta tradicional formación de trío (gaita, tambor y pandereta) por su natural significado de juerga o fiesta a la de banda. Por esto no se ha dado a conocer internacionalmente e incluso ni en casa", permaneciendo al margen del "mercadeo" y malformación de la música tradicional, aunque como contrapartida se ha obtenido un escaso interés por su conservación.

Pero se toca sobre todo en las romerías (como la Petis caiga, o la de Los Pendones de Viriato, o en La Hiniesta), fiestas y demás acontecimientos en los que participa la mayoría del pueblo. Entre sus fiestas populares para los que este instrumento es idóneo se interpretan temas como corridos, jotas; "brincaos", toques de alzar; toques de bodas o los tradicionales y espectaculares temas de "ronda", tema para el que esta gaita parece haber nacido. El ritmo que se puede seguir escuchándola ha servido en muchas ocasiones para marcar la forma de trabajar en el campo; la mies era cortada por los segadores al ritmo marcado por la canción del gaitero.

El fantasma de la emigración y despoblación ha afectado negativamente a la gaita de fole, hasta el punto de llegar casi a desaparecer, tanto en intérpretes como en artesanos constructores. El punto culminante de este desastre llegó en los años 80, cuando solamente quedaban 6 u 8 gaiteros de fole del lado español, perdiéndose con ello algunas técnicas constructivas artesanales que han sido difíciles de reconstruir posteriormente con fidelidad. Hoy en día este problema está en vías de solución, (a pesar de algún que otro politicucho apoltronado en algún despacho a dedo) y bien encauzado aunque no sobran artesanos ni gente interesada.

Entre los artesanos, podemos nombrar a Tarsicio Espada, natural de Pedrazales, que las construye respetando patrones antiguos como las construidas por Juan de Pedralba; o a Leovigildo Santamaría, natural de Ferreras de Abajo. Estos artesanos son a menudo maestros constructores de más instrumentos musicales como flautas, dulzainas, organillos, zanfonas, etc. Se puede nombrar también a Fernando Macías Segurado, músico gaitero constructor de gaitas de fole, que no sólo construye sino también enseña, en un módulo de Formación Profesional en la Universidad Laboral de Zamora, la fabricación-mecanización de instrumentos de viento. También se ha puesto en funcionamiento otro módulo por el Ministerio de Educación y Cultura para la exclusiva fabricación de gaitas de fole, donde algún día saldrán de él constructores artesanos.

Actualmente, se conservan la mayoría de las técnicas antiguas ayudadas con la introducción en el proceso de fabricación de mejoras mecánicas como la sustitución del torno y taladro manual por el mecánico, que facilita y mejora sensiblemente la fabricación.

Se pueden mencionar también otras iniciativas para la conservación y potenciación de este instrumento, como la creación de la Escuela de Gaitas de Puebla de Sanabria, que va a hacer que este instrumento no desaparezca y resurja como lo que es, una reliquia musical artesana.

También, el concurso concentración de gaiteros de fole de Mombuey celebrado en Agosto de 1999, o algunos grupos musicales que emplean esta gaita como Habas Verdes o La Musgaña. Finalmente, se pueden nombrar algunos gaiteros de fole ilustres, aunque no estén todos, como: Agapito de Rábano, Alberto Jambrina, Ceferino Espada, Femando Macías; Francisco de Val Santamaría, Juan Antonio de Dornillas; Juan de Pedralba, Julio Prada, Manuel de San Juan, Picholo de Ribadelago o Toribio de Avedillo