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LAS VESTIDURAS SAGRADAS, UN TEMA SERIADO

FRAILE GIL, José Manuel

Publicado en el año 1982 en la Revista de Folklore número 22.

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El carácter mistérico de la religión cristiana ha quedando bien patente durante siglos al estar teñido, en ritos y liturgias, de un fuerte sentido apolíneo que, tras una breve etapa de orientación dionisíaca, parece volver por sus antiguos derroteros. Al igual que otras religiones venidas de Oriente, invasoras de los últimos siglos de la cultura romana, tiene el cristianismo un profundo sentido iniciático en busca de la catarsis; ningún reflejo hay más claro de todo ello, aún en nuestros días, que las palabras que el sacerdote pronuncia al comenzar la misa: "Vamos a celebrar los Sagrados Misterios..." .

Así pues, este sentido de comunicación con la Divinidad a través, siempre, de pasos o intermediarios tiene su traducción en el uso de una lengua bien pronto extraña para el pueblo: el latín; en complicadas ceremonias litúrgicas y, sobre todo, en la figura del sacerdote.

La figura del Ministro de Dios debe, pues, diferenciarse del grupo social donde se mueve; no debe hablar, comportarse, vestirse, ni siquiera peinarse igual que los demás hombres. El sacerdote es "nuestro Embajador" que se adelanta para hablar con el Señor; pero todo este carisma tiene su contrapartida popular -como sucederá con todo lo que se intente dignificar en exceso- de crítica que, a veces infundada y a veces no tanto, ha sido base de infinidad de temas, cuentos, dichos y mil especies en el ámbito folklórico.

Pero dejando aparte el tema del vestido, que trataremos más adelante, el peinado del sacerdote, la "corona", ha sido atributo inseparable de chanzas y bromas; su primitivo origen, representar la corona de espinas que llevó Cristo, se perdió bien pronto para llegar a ser el distintivo sacerdotal por excelencia. En el tema de "La mujer del molinero y el cura" o "El Entremés", el marido burlado descubre la identidad de su molesto huésped porque:

"...Al desatar el costal
la corona se le ve..." (1).

Otras veces reflejan tan sólo la dignidad de su portador:

"El Señor cura no baila
porque tiene la corona,
Señor cura, baile usted,
que Dios todo lo perdona" (2).

Pero dejemos ya la figura del cura que, por otro lado, tantos y tantos romances y canciones ha inspirado en el ingenio popular desde temas tan antiguos como "El Paipero" (3), muy cantado entre los sefardíes, hasta romances de ciego del corte de "El cura y su penitencia" ( 4); pero siempre girando alrededor del cura y esa otra figura, ya tradicional, del ama y las posibles relaciones pecaminosas entre ambos personajes.

En cuanto a la liturgia y al conjunto de ceremonias que la Iglesia celebra (algunas suprimidas desde el Concilio Vaticano II), tanto en el ámbito urbano como en el rural, es en este último donde, quizá por menos comprendidas, fueron más satirizadas; véanse si no temas como los recogidos en Extremadura por Bonifacio Gil (5) o el llamado "Bilibóm", recogido por él mismo, o para la misma región los temas recogidos por la Capdevielle (6). Todos ellos satirizan misas y procesiones a la manera que Cadalso utilizó en sus "Cartas Marruecas", es decir, usando las descripciones que un profano haría de tales ceremonias.

Es indudable que los largos Oficios de Cuaresma y Semana Santa, o las misas interminables, ejercían en el pueblo una especie de atracción que lo desconocido despierta siempre en las mentes sencillas. El ingenio popular siempre salió beneficiado de todo ello y hasta los pequeños aspectos formales de la liturgia inspiraron a la musa popular:

"Cantador que estás cantando
y te tienes por cantista,
dime las cruces que hace
el sacerdote en la misa.
Si quieres que te lo diga
cantando te lo diré:
el sacerdote en la misa
cruces hace treinta y tres" (7).

Pero no cabe duda que son dos las épocas del año especialmente ricas en temas que interrelacionan aspectos profano-religiosos, éstas son: Navidad y Cuaresma-Semana Santa. Abundan en estos períodos del calendario dos tipos de canciones, las llamadas "seriadas" y las "enumerativas", aunque para algunos éstas no son sino un grupo dentro de aquéllas.

La Navidad, época de alegría general, es marco adecuado para cánticos jocosos dentro y fuera del ámbito religioso, siendo en éste el villancico la expresión más característica y fuera de ellas canciones de ronda o de reunión. En este último grupo podrían encuadrarse los cantos enumerativos como el "Talandar" (8) o "Las Doce palabras" (9). En cuanto a las canciones seriadas, son aquéllas en las que se da una seriación de objetos, que a veces integran un todo que da nombre al tema. Pero estas canciones de ronda navideñas tienen por objeto imágenes coloristas y amorosas; así Mandamientos y sacramentos comparten su mensaje doctrinal con símiles de amor o con flores y plantas exaltando sus virtudes.

La Cuaresma prepara con su larga cuarentena un período de ayunos y tristezas que culminarán en la Semana de Pasión. Cantan entonces las mozas por Castilla demandando a los hombres algún dinero con el que, convertido en cera, se alumbrará el Monumento de Jueves Santo. Piden y piden con canciones que la imaginación popular ha creado "ad hoc"; así en Adrada de Haza (Burgos):

"Echa mano a ese bolsillo
mozo no seas cobarde
que somos las del Señor
que pedimos pa alumbrarle.
...Ha sacado Dios la pluma
papel y tintero hermosos
para apuntar las limosnas
que nos han dado los mozos.
Ya nos han dado limosna
estas manos generosas,
Dios les dé salud y gracia
después una buena novia" (10).

Pero los mozos también pedían, pedían el cántico que correspondía al domingo celebrado por la Iglesia; así cada domingo de Cuaresma recibía un nombre según el Evangelio del día: "Domingo de Demonio", "de Tabor", "del Mudo", "de Peces", "de Lázaro" y de "Ramos" (11). Cada domingo tenía su oración con la que, salmodiándola, comenzaban las mozas su petición matinal; al finalizar ésta, los mozos solicitaban los "cantares de Cuaresma": El Arado, La Baraja, El Reloj..., cantos seriados rebosantes de imágenes y comparaciones, henchidos de metáforas, teñidos del ambiente lastimero.del momento (11).

Menos conocido que los anteriores es el tema denominado "Las Vestiduras Sagradas", el tema fue recogido en Rello (Soria) por RAICES en 1977 (12), y era usado allí como canto cuaresmal.

Tienen estas vestiduras sagradas un doble significado que, en parte, trata de aclarar el canto; es de todos sabido que en las ropas rituales usadas por el sacerdote para celebrar hay un trasunto de instrumentos y vestidos integrantes de la Pasión de N. S. Jesucristo; pero esconden además las vestiduras litúrgicas un significado más hondo, más místico que acaso a los más se les escape. Hoy día las cosas se han simplificado, ya no es necesario revestirse de pies a cabeza para celebrar y algunas piezas como el amito y manípulo han caído en definitivo desuso; por ello bueno será que fijemos usos, significados y formas. En esquema general el vestido sería del siguiente modo: sobre la sotana se colocaba el sacerdote en primer lugar EL AMITO, después EL ALBA y LA ESTOLA, luego EL CINGULO, LA CASULLA, MANIPULO y BONETE.

Pero antes de seguir adelante, echemos una ojeada al texto:

LAS VESTIDURAS SAGRADAS

Las vestiduras sagradas
humilde voy a cantar
para que con humildad
las podamos contemplar.

El AMITO que te pones
que antes de ponerlo besas
como a Cristo lo besaron
aquellas gentes perversas.

Luego te pones el ALBA
que te arrastra por el suelo
como a Cristo lo arrastraron
por burla y escarneciendo.

La ESTOLA es la soga al cuello
muy gustoso se la pone
como a Cristo le pusieron
aquellos fieros leones.

El CINGULO que te pones
alrededor de la cintura
como a Cristo le pusieron
y ataron a la columna.

Ya se pone la CASULLA
aunque trabajo le cuesta
como a Cristo le pusieron
después una cruz acuestas.

El MANIPULO que lleva
en el brazo izquierdo puesto
con que le ataron las manos
a Cristo redentor nuestro.

Luego se pone el BONETE
al salir la sacristía
como a Cristo le pusieron
una corona de espinas.

Sale de la sacristía
se presenta ante el altar
representa a Jesucristo
cuando salió al huerto a orar.

Jesucristo dice misa
con grande solemnidad
tiene la Hostia en la mano
y la lleva a consagrar,
consigo trae a San Pedro
consigo trae a San Juan,
consigo a los Doce Apóstoles
que en su mesa comen pan.

Hagamos una pequeña distinción por partes: los cuatro primeros versos cumplen la función de presentación, les siguen treinta y dos versos con la narración propiamente dicha, quedando ocho versos al final que yo estimo son un cruce con otro tema como luego veremos.

El AMITO es materialmente un lienzo cuadrado de lino fino con una cruz bordada en su centro; simboliza entre los elementos de la Pasión el velo con que los soldados taparon el rostro a Jesús para abofetearle mientras le preguntaban: "Adivina, quién te dio". El sacerdote lo coloca bajo el alba y sobre sus hombros a modo de yelmo de salvación (según la oración que recita al colocárselo) contra los ataques del enemigo. También es símbolo de la moderación en la voz.

El ALBA representa la vestidura blanca que por escarnio mandó colocar Herodes a Cristo cuando le tachó de loco y de necio. Suele ser amplia (hasta arrastrar), de lino y siempre inmaculadamente blanca; el sacerdote se la introduce recogida por la cabeza. Su color le da su significado: la pureza, la que consigue el alma por la sangre del Cordero derramada. Del alba derivan el Sobrepelliz y el Roquete usados por las órdenes menores.

La ESTOLA simboliza la soga que echaron al cuello del Señor cuando llevaba la Cruz a cuestas y de la que tiraba un sayón. Consiste en una banda de seda que se pasa por el cuello y se cruza por delante, ajustándola al cuerpo con el cíngulo. Es un signo de dignidad y poder sacerdotal, representa el yugo de Cristo según el significado que el sacerdote da a la palabra estola = vestido de gala, en la oración que reza al ponérsela. Es la vestidura de la inmortalidad y de la Gracia Santificante.

El CINGULO representa los cordeles con que maniataron a Jesús cuando le llevaron preso a Jerusalén desde el Huerto. Es un cordón con el que rodeándose la cintura se ajusta el sacerdote el alba y la estola. Por ceñir los riñones (asiento de la concupiscencia) se le tiene por símbolo de la castidad.

La CASULLA viene a simbolizar el manto de púrpura con el que los soldados de Pilatos reverenciaron a Jesús como a Rey. Tiene el significado simbólico de protección y caridad cristiana; al colocarse sobre las demás vestiduras litúrgicas es, en la ordenación, el símbolo de la caridad que cubre los pecados y al ser a manera de yugo sobre los hombros, el yugo de Cristo. En la espalda lleva la casulla una cruz que representa la que llevó Cristo al Calvario.

El color de la casulla es exponente fiel del momento que según el Calendario Litúrgico vive la Iglesia; así en el Antiguo Testamento se alude ya al color de los ornamentos sacerdotales, ya en el S.IX hay reglas para el uso de los distintos colores, pero hay que esperar el S. XII para que se establezca canónicamente un color para cada tiempo litúrgico; estas reglas fueron aplicadas con uso general y uniforme gracias al Misal de Pío V. Cinco son los colores usados:

El blanco: en él se expresa la pureza y la limpieza del alma. Se usa en Navidad, Jueves Santo, Corpus Christi, Sábado Santo, Resurrección, Ascensión, Transfiguración, Trinidad, día de Todos los Santos, fiestas de la Virgen, Santos Confesores, Vírgenes, San Juan Bautista y San Juan Evangelista.

El encarnado simboliza la caridad. Se usa en la Pascua del Espíritu Santo, Santa Cruz, San Juan Ante-Portam-Latinam, Apóstoles, Evangelistas, Mártires y Santos Inocentes.

El verde significa la esperanza en los bienes del cielo. Se usa desde la Octava de la Epifanía hasta la Septuagésima.

El morado simboliza la aflicción de la Iglesia. Se usa desde la primera dominica de Adviento hasta la misa de Vigilia de Navidad, en la Septuagésima hasta la Vigilia de Pascua, en las Témporas, en la fiesta de los Santos Inocentes (si no cae en domingo), en las procesiones de la Candelaria y de Ramos y en todas las procesiones que no sean de la Virgen, Santísimo Sacramento o Santo Patrón o Tutelar.

El negro expresa llanto, tristeza y mortificación y sólo se usa en Viernes Santo, entierros y misas de difuntos.

El MANIPULO tiene forma de banda y se sujeta al antebrazo izquierdo; representa la soga con que maniataron al Señor para ser después azotado en la columna y presentado por Pilatos al pueblo con las palabras: "Ecce Homo". Dice el sacerdote al colocárselo: "Merezca ¡oh Señor! llevar el manípulo del llanto y del dolor para recibir con gozo el premio del trabajo", por ello se le considera por muchos símbolo de la laboriosidad, la penitencia y el llanto.

El BONETE es una especie de gorra con cuatro picos y una borla central roja; simboliza la corona de espinas con que coronaron a Cristo. El sacerdote salía con él de la sacristía y se lo quitaba al comenzar la celebración.

En cuanto a los últimos ocho versos, pienso si no serán cruce de alguna oración o salmodia popular, pues sin ellos la composición tendría sentido completo y resultan algo superfluo. A este respecto recogí en Guadix de la Sierra (Madrid) esta oración que según la informante es "útil" al acostarse:

"Jesucristo va a la ermita
con grande "solucidad"
lleva la Hostia en la mano
que la quiere consagrar,
consigo lleva a San Pedro
consigo lleva a San Juan,
consigo a los doce Apóstoles
que en su mesa comen pan.

Venid acá, hijos míos
que os quiero confesar
mañana por la mañana
Comunión "sos" he de dar.

El que esta oración dijera
tres veces al acostar
las puertas del Paraíso
abiertas las hallará,
quien la oiga y no la aprenda
quien la sepa y no la diga
el día del juicio verá
el misterio que le pasará" (13).

Pero toda esta hermosa e ingenua manifestación de fe popular tiene su reverso, no por ello menos válido y auténtico, en el tema de las vestiduras del sacerdote "a lo profano" por darle alguna denominación. En efecto, el tema ha sido muy difundido por todo el ámbito rural; son ahora los vestidos corrientes aunque a veces anacrónicos como estos zapatos "turrutacos" (que deben ser los zapatos currutacos puestos de moda en el S. XVIII). Unas veces como canción infantil (14), otras como canción de reuniones bullangueras gozó de la máxima aceptación. He aquí una versión recogida en Cañamero (Cáceres) (15):

EL CURA YA NO VA A MISA

El cura ya no va a misa
la niña dice: ¿Por qué?
Porque no tiene zapatos.
Zapatos yo le daré.
Los zapatos turrutacos
con su hebilla y su tacón
el cura ya no va a misa
a cantar el Krieleysón.
El cura ya no va a misa
la niña dice; ¿Por qué?
Porque no tiene camisa
Camisa yo le daré.
La camisa larga y lisa
los zapatos turrutacos
con su hebilla y su tacón
el cura ya no va a misa
a cantar el Krieleysón.
El cura ya no va a misa
Los calzones con botones
El chaleco con sus flecos
La chaqueta con soleta.

____________
(1) Para consultar versiones completas del tema, consúltense entre otras: MANUEL ALVAR, Romancero Viejo y Tradicional, nº 197 y 197a; BONIFACIO GIL, Cancionero Popular de Extremadura, tomo I, pág. 36; ARCADIO LARREA, Romancero de Tetuán, pág. 281.

(2) Recogí la copla que era usada como canto de ronda, de Francisca Gil Rubio de 67 años de edad, en Guadalix de la Sierra (Madrid), en 1981.

(3) Paipero es contracción de Padre Pedro, para ver versiones completas, ver: ARCADIO LARREA, Romancero de Tetuán, pág. 286-7.

(4) Para consultar y oír versión completa, puede escucharse la de Joaquín Díaz, en "Romances Truculentos". Movieplay S-32,699. Año 1975.

(5) BONIFACIO GIL, Ops. Cit., pág. 40, t. II, año 1975.

(6) ANGELA CAPDEVIELLE, Cancionero de Cáceres y su provincia, págs. 193-94. Edit. Diputación de Cáceres, 1969.

(7) Recogí la copla como canto de ronda, junto con Antonio Lorenzo Vélez, en Valdemanco (Madrid) en febrero de 1981, de boca de Dionisio López Frutos.

(8) Para documentarse sobre el tema véase el articulo de: ANTONIO LORENZO VELEZ, "Fuentes documentales de algunos temas seriados profano religiosos". Revista de Folklore, Valladolid, nº 20.

(9) Para este tema ver: LUIS DIAZ VIANA, "Las doce palabras: romance y leyenda". Revista de Folklore, Valladolid, nº 0.

(10) Recogido de Teresa Arranz Lázaro, de 48 años de edad, en junio de 1982.

(11) Los apelativos y las oraciones para cada domingo las recogí en Quitanarraya (Burgos), en febrero de 1982, de Concepción Pascual Rica -46 años- y de Isabel Peñalba García, de 40 años de edad.

(12) Antonio Lorenzo Vélez, María Luisa García Sánchez y Javier García Sánchez, en el verano de 1977.

(13) Antonio Lorenzo Vélez y yo recogimos el tema de Benita Gamo García, de 61 años de edad y natural de Guadalix de la Sierra, en diciembre de 1981.

(14) BONIFACIO GIL, Cancionero Infantil, Editorial Taurus, pág. 131.

(15) Recogido con A. Lorenzo Vélez, en diciembre de 1981, de Carmen Diosdado y Juana Morales.